Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
l libro En extrañas circunstancias. Tratamiento de la violencia de género en cinco medios online de Colombia busca conocer cómo fue abordado este grave problema, considerado por muchos como una pandemia, en los medios colombianos en El Tiempo.com, El Espectador.com, El Heraldo.com, Vanguardia.com y El Colombiano.com en los años 2018 y 2019. Igualmente, buscamos establecer diferencias y semejanzas en el tratamiento de los medios mencionados sobre actos de abuso sexual, acoso sexual, violencia intrafamiliar, agresión sexual, violación, explotación sexual y feminicidio. Nuestro interés parte del precepto de que los medios se constituyen en importantes escenarios de exposición de conflictos sociales y en elementos que contribuyen a formar ideas, creencias y valores en las audiencias que los consultan.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 326
Veröffentlichungsjahr: 2023
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
González M., Victoria E.
En extrañas circunstancias : tratamiento informativo de la violencia de género en cinco medios de comunicación online de Colombia / Victoria E. González M. -- Bogotá : Universidad Externado de Colombia. Facultad de Comunicación Social-Periodismo. 2022. -- Primera edición.
313 páginas : gráficas ; 21 cm.
Incluye referencias bibliográficas.
ISBN: 9789587909517 (impreso)
1. Violencia contra la mujer -- Cubrimiento periodístico -- Aspectos sociales – Colombia 2. Delitos contra la mujer -- Cubrimiento periodístico -- Aspectos sociales – Colombia 3. Medios de comunicación de masas y mujeres -- Aspectos sociales – Colombia 4. Comunicación social y periodismo – Colombia 5. Tecnologías de la información y la comunicación -- Aspectos sociales – Colombia 6. Derechos de la mujer – Colombia 7. Mujeres -- Condiciones sociales -- Aspectos jurídicos -- Colombia I. Universidad Externado de Colombia II. Título
302.2308 SCDD 21
Catalogación en la fuente -- Universidad Externado de Colombia. Biblioteca. Área de Procesos Técnicos.
noviembre de 2022
ISBN 978-958-790-951-7
© 2022, VICTORIA E. GONZÁLEZ M.
© 2022, UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA Calle 12 n.° 1-17 Este, Bogotá Teléfono (+57) 601 342 [email protected]
Primera edición: noviembre de 2022
Diseño de cubierta: Departamento de Publicaciones
Corrección de estilo: Javier Correa Correa
Composición: David Alba
Impresión y encuadernación: Imageprinting Ltda.
Tiraje de 1 a 1.000 ejemplares
Prohibida la reproducción o cita impresa o electrónica total o parcial de esta obra, sin autorización expresa y por escrito del Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas en esta obra son responsabilidad de la autora.
Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions
A mi madre, a mis abuelas, a mis tías, a mis primas, a mi cuñada, a mis amigas, a mis estudiantes, a Lucía Carvajal y a todas las mujeres víctimas de violencia de género en el mundo.
CONTENIDO
AGRADECIMIENTOS
PRESENTACIÓN
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO 1 APUNTES PARA UN MARCO TEÓRICO
1. Investigaciones en busca de delimitar el objeto de estudio
2. Ejes temáticos
2.1. Violencia
2.2. Violencia de género
2.3. Violencia sexual
2.4. Acoso sexual
2.5. Violencia intrafamiliar
2.6. Violación
2.7. Feminicidio
2.8. El papel de los medios de comunicación
3. Metodología
Referencias
CAPÍTULO 2 GENERALIDADES
Generalidades por medios
El Tiempo.com
El Espectador.com
El Colombiano.com
El Heraldo.com
Vanguardia.com
CAPÍTULO 3 ABUSO SEXUAL
Abuso sexual en relación con la totalidad de registros por medio
Frames
Frame Atribución de responsabilidad
Frame conflicto
Frame Interés humano
Conclusiones
REFERENCIAS
CAPÍTULO 4 ACOSO SEXUAL
Acoso sexual en relación con la totalidad de registros por medio
Frame atribución de responsabilidad
Frame de moralidad
Conclusiones
Referencias
CAPÍTULO 5 AGRESIÓN SEXUAL
Agresión sexual en relación con la totalidad de registros por medio
Frames
Atribución de responsabilidad
Frame Moralidad
Conclusiones
Referencias
CAPÍTULO 6 EXPLOTACIÓN SEXUAL
Explotación sexual en relación con la totalidad de registros por medio
Frames
Frame atribución de responsabilidad
Frame Interés humano
Frame Moralidad
Conclusiones
Referencias
CAPÍTULO 7 FEMINICIDIO
Feminicidio en relación con la totalidad de registros por medio
Frame Atribución de responsabilidad
Frame Conflicto
Frame Interés humano
Frame Moralidad
Conclusiones
Referencias
CAPÍTULO 8 VIOLACIÓN
Violación en relación con la totalidad de registros por medio
Frames
Frame contexto
Frame atribución de responsabilidad
Frame Conflicto
Frame Interés humano
Frame Moralidad
Referencias
CAPÍTULO 9 VIOLENCIA DE GÉNERO
Violencia de género en relación con la totalidad de registros por medio
Frame Atribución de responsabilidad
Frame Moralidad
Conclusiones
Referencias
CAPÍTULO 10 VIOLENCIA INTRAFAMILIAR
Violencia intrafamiliar en relación con la totalidad de registros por medio
Frame Atribución de responsabilidad
Conflicto
Frame Moralidad
Conclusiones
Referencias
NOTAS AL PIE
AGRADECIMIENTOS
Agradezco inmensamente a mis estudiantes que contribuyeron al desarrollo de este libro con su trabajo y sus preguntas, algunas veces, incluso, sobreponiéndose a sus angustias y miedos producto de sus dolorosas experiencias personales. De igual manera, gracias totales al Grupo Recasens de Investigación en Comunicación (GRIC) de la Facultad de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Externado de Colombia, en cabeza de mi querido amigo y colega Daniel Aguilar, por el permanente apoyo a mis investigaciones. A mi amado esposo Abel Pérez, por sus aportes, sus lecturas, sus estadísticas y sus recomendaciones siempre tan pertinentes y, en particular, a todas las mujeres con las que a lo largo de la vida he intercambiado historias injustas y dolorosas tratando de hacer una especie de catarsis sorora, como víctimas de una violencia de género que ha marcado nuestras vidas para siempre, violencia contra la cual seguimos luchando.
PRESENTACIÓN
Hace algunos años, en un momento inesperado, como si saliera de un oscuro recoveco de la mente, vino a mí un aterrador recuerdo de la infancia. Estaba jugando con mi muñeca en el zaguán de viejo edificio donde nací, en el barrio Santafé, en pleno centro de Bogotá; tendría entonces cuatro o cinco años y en un descuido de la portera del edificio, un hombre se coló por el portón entreabierto y se me acercó. Yo tenía un overol de cuadritos blancos y azules y el hombre se agachó, me sonrió y me preguntó si sabía que en ese edificio iban a poner un colegio. Le respondí que no y entonces él puso su mano en mi entrepierna y me dijo “sí, sí, justamente esta es la tela que van a usar para los uniformes del colegio”. En ese momento la portera salió del fondo del zaguán en donde tenía su pequeño apartamento y, al verla, el hombre salió corriendo. No recuerdo si ella me preguntó quién era esa persona o qué estaba pasando, lo que sí tengo claro es que me sentí confundida y asustada. A partir de entonces, tuve la inexorable convicción de que jamás debía contarle a nadie lo que me había ocurrido.
Han pasado más de cincuenta años de ese episodio y cada tanto me pregunto qué hubiera sucedido si la portera no hubiera salido o cuánto daño pudo hacer a mi persona ese breve momento en el que fui ultrajada. Luego de la aterradora experiencia que narro públicamente por primera vez en estas páginas seguí viviendo la vida de una niña normal que desde los diez años tuvo que soportar muchas veces palabras lascivas y soeces, insinuaciones, e incluso, ataques en la calle, cuando tenía que pasar cerca de algún hombre, o peor aún, de algún grupo de hombres; la misma niña que cuando empezó a usar el transporte público recibió de su mamá un alfiler para que pudiera defenderse cada vez que alguien se acercara a manosearla.
Experiencias como estas han sido y siguen siendo la constante de millones de mujeres en el mundo. Algunas tenemos el privilegio de contarlas para tratar de conjurar los malos recuerdos, pero muchas, muchísimas otras, no pueden porque ya no están o porque tienen tanto miedo que prefieren callar. Esto, porque fueron secuestradas en los zaguanes, perseguidas y agredidas en callejones, golpeadas hasta morir por sus parejas, violadas por extraños y por conocidos o arrojadas a los ríos o a los basureros. Este libro es un homenaje a las mujeres del mundo que, en silencio, o volcadas a las calles con sus pañuelos verdes y violetas, han sido víctimas de violencia de género.
INTRODUCCIÓN
De manera permanente escuchamos casos de violencia de género contra las mujeres en los medios de comunicación, tantos que a veces se pierde la cuenta. Además de la reseña mediática constante, varias organizaciones no gubernamentales y entidades supranacionales periódicamente entregan cifras que muestran la alarmante situación que padecen las mujeres de todos los lugares del mundo como víctimas de esta violencia.
Nuestro interés por trabajar en este complejo tema parte de una frase de Aremy y García (2019): “quien investiga la violencia de género contra las mujeres, desafía la normalización y naturalización del fenómeno, lo que constituye un obstáculo para aproximarse a su existencia y magnitud”. Lejos de que esta frase se convierta en una advertencia, lo que buscamos es que se manifieste como un aliciente, como un reto.
Además de conocer el tema de la violencia de género contra las mujeres, calificado con mucho acierto como una pandemia mundial, nos resulta indispensable, desde nuestra mirada de comunicadores y comunicadoras, conocer cómo es el tratamiento informativo que le han dado nuestros medios de comunicación a este problema, dado que estos se constituyen en importantes escenarios de exposición de conflictos sociales y en elementos que contribuyen a formar ideas, creencias y valores en las audiencias que los consultan. Igualmente, buscamos establecer diferencias y semejanzas en el tratamiento sobre actos de violencia de género, abuso sexual, acoso sexual, violencia intrafamiliar, agresión sexual, violación, explotación sexual y feminicidios en cinco medios online de Colombia, El Tiempo.com, El Espectador.com, El Heraldo.com, Vanguardia.com y El Colombiano.com, durante los años 2018 y 2019, elegidos al azar conscientemente para determinar que, sin importar el año que se estudie, el fenómeno sigue siendo grave1. Por último, es muy importante mencionar que esta investigación se realizó con el apoyo de dos grupos de estudiantes de séptimo semestre de la Facultad de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Externado de Colombia de la cátedra Práctica Investigativa, conformado por los siguientes estudiantes:
Laura Catalina Ariza, Diana Gabriela Castro, Valentina Chacón, Andrés Felipe Fonseca, Yarley García, Verónica Luisa Gregochuk, Danna Valentina Márquez, Laura Patricia Millán, Nataly Lorena Mostacilla, Laura Camila Orjuela, María José Pulido, Juan David Suárez, Yeimy Carolina Báez, Laura Benavides, Cinthya Yuliana Corredor, Sara Valentina Espitia, Angélica Isabel Giraldo, Valentina González, Iván Felipe López, Andrés Felipe Moreno, Giselle Alexandra Murillo, Natalia Olaya, Laura Juliana Palacios, Nicole Peñalver, Ana Lucia Rodríguez, Luisa Juliana Rubiano, Andrés Felipe Sarmiento y Laura María Villanueva. También contó con la colaboración invaluable de la asistente de investigación Alexandra Puccini.
CAPÍTULO1APUNTES PARA UN MARCO TEÓRICO
1. INVESTIGACIONES EN BUSCA DE DELIMITAR EL OBJETO DE ESTUDIO
En nuestra exploración inicial sobre el tema violencia de género contra las mujeres determinamos que son muchos los estudios realizados, en particular en la última década. Un país que se destaca en este tipo de investigaciones es España, porque allí el fenómeno de violencia de género tiene gran dimensión y porque los medios han sido prolíficos en la exposición de los casos. En otros países en donde el problema también ha cobrado relevancia, igualmente encontramos la disposición de muchos investigadores a abordar el tema en sí mismo como fenómeno social o desde la mirada que proponen los medios.
De las muchas investigaciones consultadas a modo de estado del arte estudiamos, en primer lugar, el trabajo de Mireia Llopis Susierra (2014), Evolución histórica del tratamiento periodístico de la violencia de género en España (1997-2013), en el cual analiza el tratamiento en la prensa española entre 1997 y 2013 para determinar si ha habido una evolución en la construcción mediática del problema y cuáles han sido las causas que la han provocado. El corpus está constituido por los tres diarios de mayor tiraje en España (El País, El Mundo y ABC) y la metodología elegida es el análisis de contenido. La hipótesis que plantea este trabajo es que “los medios, entendidos como una parte y reflejo de la sociedad, construyen la violencia machista basándose en un conjunto de rutinas que han ido variando a medida que se iba institucionalizando y legitimando el problema y se iban tomando medidas para combatirlo, como la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género 1/2004. Creemos que, aunque se mantiene el carácter androcéntrico de las prácticas profesionales, el tratamiento mediático ha experimentado una importante evolución cualitativa desde 1997”.
En segundo lugar, la investigación de Natalia Fernández Díaz (2003)La violencia sexual y su representación en la prensa, que analiza las estrategias lingüísticas y discursivas que utilizan los medios para hablar de la violencia sexual para determinar cuál es la posición ideológica que estos tienen. El corpus está conformado por 89 noticias de los periódicos españoles El País, La Vanguardia, El Mundo, ABC, El Independiente, El Caso y El periódico de Cataluña, publicadas entre 1989 y 1993. La hipótesis planteada en esta investigación es que quienes producen discursos recurren entre sus herramientas a sus propios valores, intereses y creencias.
La tercera investigación consultada es Construcciones de sentido sobre violencia de género. El caso del diario argentino Clarín, de Ana Soledad Gil (2015). El trabajo busca entender cuáles son los sentidos que se le dan a la problemática de la violencia de género por parte de la prensa argentina, en particular, los concernientes al diario argentino Clarín. El corpus está compuesto por noticias publicadas durante los años 2012 y 2013, y se justifica porque durante este periodo de tiempo se produjo la mayor cantidad de muertes de mujeres a manos de hombres en ese país. La hipótesis que aquí se plantea es que cuanta mayor visibilidad adquiere el tema de la violencia de género, mayor es la naturalización de esa violencia: “porque los enfoques carecen de una mirada del problema desde su complejidad en cuanto a las estructuras socioculturales que lo hacen posible”.
La cuarta investigación es de Alicia Portillo Cancino, Alejandro Aguirre Guerrero y María Flores Collins (2009) y se titula Los medios de comunicación frente a la violencia de género. Estudia la violencia de género como una violación a los derechos humanos y una ofensa a la dignidad humana. Se desarrolla en México y sus autores la justifican porque consideran que en dicho país no hay suficientes estudios sobre la que denominan disfuncionalidad de los medios al abordar dicha problemática. Aquí se estudia también la violencia de género desde la comunicación interpersonal en el ámbito familiar. Además, tiene en cuenta la magnitud social de dicha problemática, ya que hay más probabilidad que las mujeres maltratadas necesiten tratamiento psiquiátrico, y, en situaciones de maltrato extremo, generen distorsiones cognitivas que no les permitan reconocer la magnitud del peligro que corren. La investigación se desarrolla con base en el análisis de medios impresos con mayor lecturabilidad en las diferentes zonas del Estado de Veracruz.
La quinta investigación está localizada en Colombia. Se denomina Calidad periodística en el tratamiento de la violencia de género contra las mujeres, y sus autores son Miguel Aviuth Mejía García, Claudia Helena Beltrán Romero y Vanessa de Jesús Marroquín Escalante (2019). Resulta de importancia para nuestra investigación, dado que es la única encontrada en el país referida a análisis de medios. Su objetivo es caracterizar el tratamiento periodístico de Caracol Noticias sobre el tema violencia contra la mujer. El corpus elegido es el noticiero Caracol, por ser el de mayor rating en el territorio. Para la investigación, se llevó a cabo un barrido del contenido emitido por el noticiero entre los años de 2013 y 2014 subido al canal de YouTube. La muestra estuvo compuesta por un total de 41 notas periodísticas.
Sumadas a las investigaciones anteriores, también podemos reseñar algunas otras que, si bien no utilizan una estrategia metodológica referida al análisis de medios, si tiene como tema de investigación ejes como feminicidio, violencia sexual, violencia de género, etc. Así encontramos los trabajos referidos a continuación:
En primer lugar, el trabajo Violencia de género contra mujeres, niñas y adolescentes en Moa. Estudio de caso en espacios de ruralidad, incesto y pactos de silencio, de Yuliuva Hernández García (2017). Se trata de una investigación sociológica sobre la violencia contra mujeres, niñas y adolescentes en Moa, un municipio de Cuba, cuyo objetivo es “mostrar y discutir la compleja y polémica situación de violencia contra mujeres, niñas y adolescentes en el espacio geográfico de Moa”. Para lograrlo se plantea una triangulación metodológica y teórica y un “Estudio de caso único inclusivo tipo 10”. En la introducción se plantea la importancia del artículo y del tema, ya que, según la investigadora, en Cuba las informaciones sobre casos de violencia contra la mujer son escasos, incluso por parte de las entidades oficiales encargadas de su recolección. En el texto también se definen ciertos conceptos como violencia contra las mujeres; cultura patriarcal y violencia física, psicológica, sexual, económica y la patrimonial.
En segundo lugar, la investigación Violencia de género y frontera: migrantes centroamericanas en México hacia los EE.UU., de Almudena Cortés (2018), que tiene como objetivo principal realizar un análisis acerca de los regímenes de movilidad de Estados Unidos-México-Centroamérica y cómo estos están permeados por la violencia sexual y de género, mostrando el sufrimiento al que se ven sometidas las mujeres, pero también su papel activo y agente para resistir y afrontar el mismo. Para esto, la autora, a través de entrevistas, recopila experiencias de mujeres migrantes centroamericanas, al tiempo que realiza un análisis feminista de la frontera, permitiendo entender la experiencia de las mujeres migrantes en el espacio fronterizo atravesado por un “continuo de violencia”. Durante el desarrollo del texto, la autora se centra en explicar “los elementos que comprenden el régimen de movilidad como lo son los actores, las causas, características y consecuencias, y cómo la violencia de género se encuentra presente en cada uno de ellos”.
En tercer lugar, tenemos La oportunidad en los delitos de violencia de género, de Juana Dolores Hernández (2018). Esta investigación tiene como objeto estudiar de qué manera se usa la criminología desde la oportunidad por parte del agresor en casos de violencia de género. La autora afirma que “para cometer un delito siempre existe la oportunidad, sin embargo, las oportunidades en cada delito son específicas. Los delitos se pueden evitar reduciendo las oportunidades de este, aclarando que la oportunidad no es toda la causa del crimen”. A partir del estudio de sentencias, el equipo investigativo analiza las estadísticas referida al estado civil de los detenidos por violencia de género, la convivencia, si tienen hijos, el tiempo que llevan de relación, dónde y por qué se realizan las agresiones, qué hace el victimario antes, durante y después de su delito y cómo la víctima se defiende, para así entender en qué casos hay más oportunidad para el agresor de cometer sus delitos.
En cuarto lugar, encontramos la investigación de Angélica Aremy y Evangelista García (2019) titulada Normalización de la violencia de género como obstáculo metodológico para su comprensión, en la cual se busca analizar de qué forma la naturalización y normalización de la violencia de género hacia las mujeres afecta la producción de información desde el punto de vista metodológico, y, por tanto, las inferencias de las investigaciones en la materia. La investigación se desarrolló mediante la aplicación de entrevistas a estudiantes universitarias en el sureste de México, víctimas de violencia sexual en el ámbito escolar y en el ámbito público durante las actividades de vinculación en su formación profesional.
Sobre el mismo tema, Magali Barreto Ávila y Natalia Flores Garrido (2016), en su investigación Institucionalización, violencia de género y demandas desde la base plantean la necesidad de crear espacios que impulsen procesos políticos que garanticen la igualdad de género en los entornos universitarios, ante una problemática que afecta a la mitad de los estudiantes (en especial mujeres) por acoso y hostigamiento sexual. Para ello, dan cuenta de una serie de pasos que han llevado a cabo estudiantes, profesores y trabajadores dentro de la Universidad Autónoma de México (UNAM) encaminados a la institucionalización de la perspectiva de equidad de género (PEG) a través de una Red conformada principalmente por estudiantes que se reconocen como afectadas por la violencia de género y resaltan la importancia de transformar rutinas y prácticas sociales, poniendo el tema de la violencia de género en la agenda universitaria.
2. EJES TEMÁTICOS
En el desarrollo de nuestro marco conceptual, los ejes temáticos que tuvimos en cuenta fueron violencia, violencia de género y medios de comunicación en la sociedad.
2.1. Violencia
Para hablar de violencia citaremos inicialmente a Fredric Wertham (1966), quien la define como un fenómeno especial con diferentes manifestaciones y conexiones. El autor afirma además que la violencia individual y la colectiva tienen tres períodos: la fase de acción violenta misma, la fase de previolencia y la fase de posviolencia. Es decir, la intención, el acto y las consecuencias. Para el autor, la posviolencia es muy importante, porque permite resolver y explicar los factores que produjeron el acto violento.
Vicente Garrido (2018), citando a Alan Page Fiske y Tage Shakti Rai (2015), explica la definición de violencia que plantean estos dos autores, llamada Virtuos violence1 vista como “la acción de herir, provocar sufrimiento o matar a alguien de forma intencional”. A lo anterior se suma la idea de que la mayor parte de la violencia tiene una motivación moral y que las personas se sienten impulsadas a actuar violentamente si sienten que es “necesario, natural, legítimo, deseable, justificable, admirable y éticamente gratificante utilizarla para regular su relación con los demás”. Sobre el mismo punto, Garrido (2018) menciona a Pinker (2012), quien en su libro Los ángeles que llevamos dentro expone que el componente moral de la violencia es innegable porque esta, en muchas oportunidades, nace del deseo de castigar a la víctima si el victimario considera que ha roto las reglas de su relación mutua. Pinker también manifiesta que “hay tres componentes en el acto de violencia: el agresor, la víctima y la audiencia o cultura de referencia a la que pertenecen los implicados, o al menos, el agresor que es quien actúa de forma violenta”.
Para Aróstegui (1994) es difícil encontrar una definición aceptable de la violencia, por lo cual sugiere adoptar una posición que denomina “convencionalista”, que lleve a acuerdos mínimos. Para tal fin, cita a C. A. T. Coady, y a Johan Galtung, quienes han defendido la idea de que todo intento de caracterizar la violencia debe hacer de ella un concepto lo menos extenso posible. Esto, debido a que ha llegado a hablarse arbitrariamente de varias supuestas caracterizaciones de la violencia, tales como “violencia explícita o implícita, física o psicológica, activa o limitativa, violencia en el sexo o en las compulsiones legales; política, social, ideológica; armada o civil, de intención y de acción, institucionalizada o coyuntural, «tranquila» (sic) o agresiva, etc.”.
Hanna Arent (2006) argumenta que es un lugar común señalar que la violencia surge frecuentemente de la rabia y la rabia puede ser irracional y patológica como cualquier otro sentimiento humano. La autora aclara que la rabia aparece cuando hay razones para creer que ciertas condiciones adversas se pueden modificar, pero estas no se modifican, por lo cual reaccionamos cuando sentimos que se ofende nuestro sentido de la justicia; apelar a la violencia cuando nos vemos inmiscuidos en hechos o condiciones vergonzosos resulta muy atrayente, gracias a la inmediación y celeridad que conlleva el acto de expresar rabia. En el ámbito de lo privado y de lo público se presentan situaciones en las que la única solución puede ser la premura del acto violento. Así las cosas, bajo ciertas circunstancias, la violencia que no tiene en cuenta argumentos ni considera las consecuencias se convertiría en el único medio de obtener la justicia que consideramos nos fue robada.
Johan Galtung (2016) nos aporta una mirada ampliada sobre la violencia, dado que habla de violencia cultural para referirse a “cualquier aspecto de una cultura que pueda ser utilizada para legitimar la violencia en su forma directa o estructural”; de la violencia simbólica que, introducida en una cultura no mata ni mutila como la violencia directa o utiliza la explotación como la violencia incorporada en una estructura, pero se usa para legitimar ambas o una de ellas, como por ejemplo en el concepto de raza superior; y de la violencia directa que se manifiesta en actos como la muerte, la mutilación o el acoso. Sumada a estos conceptos, explica la violencia estructural que se centra en el conjunto de estructuras que no permiten la satisfacción de las necesidades y se concreta, precisamente, en la negación de las necesidades.
Con base en lo anterior, retomamos importantes elementos que nos resultan de mucha utilidad para la interpretación de los resultados de esta investigación. Entre ellos destacamos las varias etapas de la violencia; la motivación moral que conlleva la violencia; los dispositivos que componen el acto violento; la explicación del surgimiento de la violencia, y, finalmente, los distintos tipos de violencia.
2.2. Violencia de género
Si bien las Naciones Unidas declararon a 1975 como el “Año Internacional de la Mujer”, fue en la Conferencia sobre Derechos Humanos, celebrada en Viena en 1993, que la ONU reconoció que “los derechos humanos de la mujer y de la niña son parte inalienable, integrante e indivisible de los derechos humanos universales y, en consecuencia, la violencia ejercida contra las mismas será considerada una violación de los derechos humanos”. Esta Declaración de Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia contra la mujer permitió establecer además las distintas formas y los diferentes contextos en los que se produce dicha violencia, así como la responsabilidad que tienen los Estados en busca de prevenir, investigar y castigar a los autores y proteger y reparar a las víctimas.
Según la definición de la ONU, la violencia de género es “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se produce en la vida pública o privada”. Hablamos de violencia que se ejerce sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo y porque son consideradas por sus agresores privadas de los derechos a la libertad, el respeto y la capacidad de decisión. Este tipo de violencia puede ser ejercida por distintos actores; sin embargo, la pareja o expareja es quizá el actor que la practica con más frecuencia.
En 2006, el documento Poner fin a la violencia contra la mujer. De las palabras a los hechos, de las Naciones Unidas (ONU), explica que durante los conflictos armados y después de ellos, una gran cantidad de mujeres pueden sufrir múltiples formas de violencia por motivos de género, hecho que trae como consecuencias que su bienestar físico, psicológico y reproductivo resultan comprometidos de manera dramática. Las mujeres son objeto de violencia sexual, particularmente de violación, durante los conflictos armados. Como resultado de esa violencia pueden padecer infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados o forzados y la misma discriminación de su comunidad o de su pareja.
María Luisa Maqueda Abreu (2005) explica que el uso de la expresión “violencia de género” es reciente, quizá tanto como el reconocimiento del maltrato que están sufriendo las mujeres. Da cuenta de los años 90 y se abre camino gracias a iniciativas como la ya citada Conferencia Mundial para los Derechos Humanos de Viena (1993), la Declaración de Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia contra la mujer (1993), la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (1994) o la Conferencia Mundial de Mujeres de Beijing (1995). La importancia que tiene empezar a utilizar esta expresión radica en que permite establecer que la violencia contra las mujeres no es una cuestión biológica ni doméstica sino de género, es decir, que “nos hallamos ante una forma de violencia individual que se ejerce en el ámbito familiar o de pareja por quien ostenta una posición de superioridad física (hombre) sobre el sexo más débil (mujer), sino que es consecuencia de una situación de discriminación intemporal que tiene su origen en una estructura social de naturaleza patriarcal”.
Por su parte, Macías Jara (2019) aclara que “no es posible hablar de violencia de género, como se ha pretendido por algunas formaciones políticas, desde una perspectiva neutra o bidireccional. La violencia de género lo es porque se perpetúa contra las mujeres por el hecho de serlo”. Segovia (2017) afirma entre tanto que “la violencia de género no solo da cuenta de la violencia contra las mujeres en tanto expresión del dominio ejercido contra una mujer porque es mujer, con el supuesto de que las mujeres son inferiores y con el respaldo de una cultura de la desigualdad y discriminación, sino que, además, incluye las forma de violencia que, basadas en el predominio de la heterosexualidad y estereotipos de género, se ejercen hacia las lesbianas, gais, travestis y transgéneros y también entre varones”.
De acuerdo con información suministrada por ONU mujeres Colombia (2020), los tipos y formas de violencia contra las mujeres son2:
– Violencia sexual, que incluye violaciones a la pareja o dentro del matrimonio; violación como arma de guerra, acoso sexual, incesto, embarazos forzados, tráfico y explotación sexual en la industria del sexo.
– Violencia física, que incluye golpes, tortura y asesinato, lanzamiento de objetos duros, tirar del pelo, golpear con el puño o con un objeto duro, patear, quemar, ahogar o estrangular, cortar, apuñalar o disparar y golpear la cabeza contra algo.
– Violencia psicológica, referido a comentarios intimidatorios, acoso, amenazas, aislamiento, desprecio, humillación o insultos.
– Violencia espiritual, destinada a imponer a la mujer un sistema de creencias o una práctica religiosa específica. Igualmente, orientada a destruir las creencias culturales o religiosas de una mujer, utilizando para este fin la coacción o el castigo.
– Violencia económica, referida a la desigualdad en el acceso a los recursos compartidos. La negación del dinero o el control al mismo, la prohibición a acceder a un puesto de trabajo, a la educación o a los derechos de propiedad.
– Además de las tipologías de violencia, tal como se mencionó anteriormente, existe otra clasificación orientada a establecer el contexto en el que estas se producen.
– Hablamos entonces de violencia intrafamiliar, ejercida en el ámbito de las relaciones familiares, de pareja o empareja.
– La violencia social, que remite al aislamiento, la limitación de derechos o libertades, las agresiones sexuales, el tráfico de mujeres, la mendicidad y la explotación sexual.
– La violencia en el empleo, que se refiere a las burlas o desprecio frente al trabajo desempeñado y al acoso sexual.
– La violencia en los escenarios de guerra, que incluye la violación como arma de guerra, el reclutamiento forzado, el aborto obligatorio y las agresiones sexuales.
– La violencia en las tradiciones, que se escuda en ritos o tradiciones, como por ejemplo la mutilación genital femenina.
Finalmente, la violencia en los medios de comunicación, que incluyen la persistencia de estereotipos o modelos patriarcales y la revictimización de las víctimas.
En Colombia existe la Ley 1257 de 2008, que dicta normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres. El objeto de esta ley es “la adopción de normas que permitan garantizar para todas las mujeres una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como en el privado, el ejercicio de los derechos reconocidos en el ordenamiento jurídico interno e internacional, el acceso a los procedimientos administrativos y judiciales para su protección y atención, y la adopción de las políticas públicas necesarias para su realización”.
2.3. Violencia sexual
La Organización Mundial de la Salud (OMS) (2013) define la violencia sexual3 como: “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”. El Estudio Multipaís de la OMS (2005) definió la violencia sexual como “actos en los cuales una mujer: fue forzada físicamente a tener relaciones sexuales en contra de su voluntad; tuvo relaciones sexuales contra su voluntad por temor a lo que pudiera hacer su pareja o fue obligada a realizar un acto sexual que consideraba degradante o humillante”. La misma OMS incluye en esta definición la violencia sexual infligida por la pareja; violencia sexual por personas que no son la pareja; iniciación sexual forzada; abuso sexual en la niñez; acoso sexual en la escuela o en el trabajo y violencia sexual contra niños y varones.
2.4. Acoso sexual
La Ley 1257 de 2008, en el artículo 210A del Código Penal Colombiano, tipifica el acoso sexual como una conducta delictiva. Para tal fin establece que “El que en beneficio suyo o de un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta o relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica, acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente, con fines sexuales no consentidos, a otra persona, incurrirá en prisión de uno (1) a tres (3) años. El acosador debe ostentar poder que se derive de las relaciones anotadas, pero no comete delito quien se encuentra en relación de igualdad o inferioridad con respecto de la víctima. Es por ello, que el acoso debe realizarse con intención lasciva, libidinosa y la ausencia de consentimiento de la otra persona. La víctima del acoso puede ser una mujer o un hombre, la norma no hace ninguna distinción”.
El acoso sexual se puede manifestar en el ámbito privado y en el público. En el ámbito privado se manifiesta principalmente en los espacios laboral, escolar o universitario y familiar. En el ámbito público se manifiesta en el espacio público y semipúblico, es decir, en las calles, centros comerciales y transporte público, entre otros.
En la encuesta realizada por Infométrika S.AS en el año 2014 para el Ministerio del Trabajo de Colombia, que buscaba conocer la percepción de los colombianos sobre el acoso laboral, se concluyó que “aunque el Código Penal colombiano establece que el delito de acoso sólo se configura si lo comete un jefe a un subalterno, en muchas ocasiones se da entre personas del mismo nivel jerárquico, seguido de personas externas a la empresa u organización”. En la misma encuesta se determinó que las conductas más comunes de acoso sexual en el lugar de trabajo en Colombia son: solicitudes o presión para tener sexo (82%); intento y ocurrencia de acto sexual (79%); correos electrónicos y mensajes de texto vía celular (72%), y contacto físico consentido que sobre pasa los límites (72%). Sobre los resultados presentados preocupa que tan solo cuando se les menciona a las personas encuestadas este tipo de conductas reconocen que muchas veces fueron víctimas de ellas, pero que no sabían que estas eran actos de acoso sexual. La encuesta también muestra que la mayoría de las víctimas de acoso son mujeres y que el 41% de ellas prefieren manejar la situación de manera personal porque teme denunciar y, a consecuencia de ello, perder su trabajo.
En relación con el acoso sexual en los espacios educativos, Cuenca Piqueras (2013), citando a Gruber y Fineran (2007), explica que estos autores analizaron las diferencias entre bullying y acoso a partir de una muestra de 369 alumnos en cursos intermedios de secundaria y 199 estudiantes que cursaban los últimos años de educación secundaria en New England. Los autores determinaron que, a diferencia del bullying, la frecuencia del acoso sexual aumenta a medida que los y las estudiantes avanzan en sus estudios secundarios. Igualmente, retoma un estudio presentados por Timmerman (1994), quien realizó una encuesta a 2.808 estudiantes de cuarto año de secundaria en 22 instituciones educativas de los Países Bajos, en busca de establecer qué tan adecuado es el ambiente escolar para denunciar casos de acoso sexual. Timmeman encontró que los estudiantes que sufrieron acoso sexual y compartieron sus experiencias lo hicieron con amigos (88%); sus padres (33%); sus profesores (8%); el consejo escolar (3%), y el doctor o la enfermera del centro educativo (1%), lo cual muestra la poca confianza que tienen los estudiantes en las instituciones educativas.
Para el Observatorio contra el Acoso Callejero en Chile (2014), el acoso callejero se define como: “las prácticas de connotación sexual ejercidas por una persona desconocida, en espacios públicos como la calle, el transporte o espacios semipúblicos (un centro comercial, un parque) que suelen generar malestar en la víctima. Estas acciones son unidireccionales, es decir, no son consentidas por la víctima y quien acosa no tiene interés en entablar una comunicación real con la persona agredida. Las prácticas de acoso sexual callejero son sufridas de manera sistemática, en especial por las mujeres, ocurriendo varias veces al día desde aproximadamente los 12 años, lo que genera traumas no sólo por hechos de acoso especialmente graves, sino por su recurrencia”. Las prácticas que abarca este fenómeno son miradas lascivas, “piropos”, silbidos, besos, bocinazos, jadeos y otros ruidos, gestos obscenos, comentarios sexuales, directos o indirectos al cuerpo, fotografías y grabaciones del cuerpo, no consentidas y con connotación sexual, “agarrones”, “manoseos”, persecución y arrinconamiento, masturbación con o sin eyaculación y exhibicionismo.
2.5. Violencia intrafamiliar
La violencia intrafamiliar es una categoría que también se denomina violencia doméstica y abarca formas de violencia como el maltrato de los niños y niñas, la violencia contra la pareja y el maltrato de los ancianos. La violencia de género se diferencia de la violencia doméstica porque la una apunta a la mujer y la otra, a la familia.
Para Maqueda Abreu (2005), “las relaciones de pareja o de convivencia familiar son un escenario privilegiado de ese tipo de violencia, pero no pueden –ni deben– acaparar la multiplicidad de manifestaciones que se ocultan bajo la etiqueta de violencia de género. El reduccionismo a que conduce esa equiparación es necesariamente negativo, porque enmascara la realidad de un maltrato que victimiza a la mujer por el hecho de serlo, más allá de sus relaciones personales de afecto o sexuales, esto es, cuando transcurren en el ámbito profesional o laboral o social en su sentido más amplio. Y, además, contribuye a relativizar el origen y el significado de esa violencia al hacer partícipes de ella no sólo a la mujer –en la pareja– sino a esos otros miembros vulnerables de la vida en común –en la familia–, generalizando la idea de que todos son víctimas propicias de una agresividad ocasional y amorfa que se ejerce de modo natural por los miembros más fuertes del grupo sobre los más débiles”.
Nuria Varela (2019) manifiesta sobre el mismo tema que la violencia doméstica es un término similar a violencia callejera, es decir, que se refiere al lugar donde se ejerce la violencia, pero no aclara quién agrede ni por qué lo hace. Por violencia doméstica entiende “aquella que se desarrolla en el seno de las familias, de los hogares y puede ser ejercida por cualquiera de sus miembros y las víctimas pueden ser mujeres, hombres, menores, ancianos, es decir, cualquier miembro de la familia sin distinción de sexo ni edad”. Por lo anterior, para la autora, hablar de violencia doméstica para referirse a la violencia contra las mujeres es un error intencional y consciente que “busca de eludir la desigualdad estructural, en un intento de situar al agresor y a la víctima en el mismo nivel”. Sumado a lo anterior, el uso de la categoría violencia doméstica o intrafamiliar en lugar de violencia de género conlleva problemas como diluir la responsabilidad de los victimarios y enfatizar el hecho de que la violencia contra las mujeres o los hijos se circunscribe a un asunto privado en el cual nadie externo se debe inmiscuir.
En relación con la violencia intrafamiliar, la Ley 1959 de 2019 estipula que “El que maltrate física o psicológicamente a cualquier miembro de su núcleo familiar incurrirá, siempre que la conducta no constituya delito sancionado con pena mayor, en prisión de cuatro (4) a ocho (8) años. La pena se aumentará de la mitad a las tres cuartas partes cuando la conducta recaiga sobre un menor, adolescente, una mujer, una persona mayor de sesenta (60) años, o que se encuentre en situación de discapacidad o disminución física, sensorial y psicológica o quien se encuentre en estado de indefensión o en cualquier condición de inferioridad”.
Durante el año 2018, en el Informe del Instituto Nacional de Medicina legal presentado en el documento Forensis, Datos para la Vida, publicación anual que compila el comportamiento de las lesiones de causa externa a través de análisis descriptivos y según variables sociodemográficas, tiempo, modo y lugar: “se conocieron 28.645 casos de violencia intrafamiliar, correspondiente a la población adulta mayor, de 2.261 casos (7,8 %), población de niños, niñas y adolescentes con 10.794 casos (37,6 %) y por último violencia entre otros familiares con 15.590 casos (54,4 %). La violencia contra la población adulta mayor es más frecuente hacia la mujer y existe mayor maltrato en las edades comprendidas entre 60 y 64 años, así como en los grupos poblacionales que tienen menor nivel educativo. En la mayor parte de los casos estudiados no existe claridad acerca de un factor de vulnerabilidad definido. Lo que sí se logró determinar es que la mayor parte de los casos referidos a la violencia intrafamiliar se produjeron en la vivienda. La violencia contra niños, niñas y adolescentes (NNA), durante año 2018 mantuvo la tendencia a tener mayoría de víctimas de sexo femenino, en edad adolescente, y con bajo nivel de escolaridad.
2.6. Violación
