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Podrás encontrar en estas páginas un reflejo de lo que quizás te esté pasando. Sin prejuicios, con total empatía. Podrás descubrir un sinfín de historias vividas y tal vez llegar a encontrar tus respuestas a algunas de las preguntas que muchos tenemos: ¿La vida sin ti será posible? ¿Cómo continuar después de la muerte de quienes amamos tanto? ¿Nos volveremos a encontrar? ¿Existirá en la oscuridad un haz de luz que nos ilumine y nos ayude a continuar?
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Seitenzahl: 64
Veröffentlichungsjahr: 2025
Producción editorial Tinta Libre Ediciones
Coordinación editorial Gastón Barrionuevo
Diseño de interior Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones
Diseño de tapa Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones
Enhebrando letras / Clelia Inés Arevalo ... [et al.] ; Coordinación general de Clelia Inés Arevalo. - 1a ed - Córdoba : Tinta Libre, 2025. 146 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-631-306-557-8
1. Talleres Literarios. 2. Cuentos. 3. Poesía. I. Arevalo, Clelia Inés II. Arevalo, Clelia Inés, coord. CDD A860
Prohibida su reproducción, almacenamiento y distribución por cualquier medio, total o parcial, sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor. Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.
La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723 Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2025. Tinta Libre Ediciones
Índice
Mirta Beatriz Delgado de Alarcón 13
Verdad cruel 15
¿Por qué llora la niña? 16
Ganó el fantasma 17
Aire nuevo 18
Tú duermes 19
Tu mirada no está 20
Río y alma 21
Prolongando la despedida 24
Adriana Alvarez 25
Tic-tac, tic-tac 27
Siente… solo siente 28
Palabra 29
Tiempo 30
¿Existe? 31
Amar 32
Una mañana 33
Hay un lugar 35
Sin ti 37
Clelia Arevalo 39
Muriendo 41
La vida sin ti 43
Quisiera 45
La rosa blanca 47
Paz en mi vida 48
Soledad 50
Astrid Jaime 51
La luna descalza 53
Estoy feliz porque estás aquí 54
Bajo el árbol del ciruelo quedó impregnada tu imagen 55
Si tuviera alas, ¿de qué color serían? 56
En la próxima vida me gustaría ser un animal 57
La luna refleja tu figura 58
Me dices que mis ojos hablan 59
La luz me hace sombras 60
Podemos captar los pensamientos al viento 61
Estoy y no estoy en tu corazón 62
Edith Liotta (ReneÉ) 63
Vacío 65
Amor 66
Sobreviviendo 67
Un volcán de amor 68
Romper la rutina 69
A mi niño 70
Regresa 71
Sepultura en el mar 73
Hubo 75
Tu puerto 76
Aníbal Meotto 77
Papá Noel ¡de acá! 79
Antimuestra 81
Deseo 82
Otro síntoma 83
Silvia Noemí Moreno 85
Manos 87
El Paraná es testigo 88
Amor idílico 89
Silencio 90
Soneto a la palabra 92
Luxury tres tramos 93
Alabanza 94
Mis niños 95
Juan Rodríguez 97
Ella viene hacia mí 99
Un carrusel 100
Amo 101
Sus noventa 102
Gracias por su atención 103
Osvaldo Rodriguez 105
Una pasión 107
El mate 108
Los trigales 109
Por los caminos 110
Delia Tolosa 111
Querido soldado 113
Si tú quisieras 115
Besos 116
Volver a empezar 117
Alas al viento 119
Mis manos 121
Llévame a volar 123
Mirtha Traviesas 125
Orillando el tiempo 127
¿Por qué la magia descansa? 128
Gratitud 129
Duermo, amor 130
Juan Carlos Vitale 133
Mi sortija invencible 135
Relato a mi viejo amigo 135
Cuando el agua cae 139
La palabra 142
Soñar despierto 143
Enhebrando letras
Mirta Beatriz Delgado de Alarcón
Santafesina, hija de padres entrerrianos. Madre. Estudiante de diversas expresiones holísticas.
Verdad cruel
El pasado se tragó su nombre, su apellido, sus huellas dactilares. Como secuestrada por el vacío y oscuro transitar de una noche, ya no estaba. ¿Pero dónde se había ido? ¿Con quién estaba? Alguien tenía que saber la verdad.
Como hechizada por un dolor descomunal, las manos vacías, lloró y mucho, noche y día. ¿Qué haría ahora? Angustiada, total y completamente absorta imaginando distintas historias para justificar su ausencia.
Habían transcurrido ya muchas noches de llanto y amarga espera. Supo la verdad, como una tormenta inesperada que arrasa; así la realidad quería destruir sueños, planes, todo. Lloró aún más. Para que el sufrimiento fuera menor, un poquito menor. ¿Acaso se podría lograr? Imposible…
Entonces se creó mentalmente una realidad en donde ella aún esperaba certezas de lo acontecido. ¿Acaso no hay más evidencias que el sufrimiento?
Ya no sabe cuánto tiempo pasó, ya no entiende de mañanas. Quizá deba aceptar que ella en el cementerio está.
¿Por qué llora la niña?
¿Quién podría hacerle mal? ¿Por qué se ahoga en penas tan marcadas? Si su alma tan pura está, si los ángeles vienen a admirarla.
Tiene unos ojos tan dulces, pero la lágrima intacta; si hasta parecen destellos de noches solitarias.
Su madre la abriga, ella solo reclama. Su madre reza con ella. Ella no la llama, no quiere molestarla. En ese corazón de niña guarda solo esperas, tiene amargas las venas y no porque quiera.
Sí, ella extraña a su papá, con la misma intensidad con que el enojo se graba. Él nunca vuelve, ella llora clamando presencia. Sabe que quizás el regreso nunca suceda, cree que la desolación extrema rondará también esta noche sin cura y con pena.
Ganó el fantasma
Sin decir nada, gritabas un adiós anunciado. En la feroz lucha te encontrabas; trastabilló la fuerza, se golpeó la esperanza.
Cada día el doloroso lamento de tu fantasma rondaba; vos aún aquí, pero él ya te buscaba. Intentaba no verlo, no escucharlo. Con ruegos, oraciones y médicos lo espantábamos. Pero este espectro era cada día más sutil y muy voraz, se alimentaba de tu respiración entrecortada, en tus sueños intentaba convencerte de que cruzaras el umbral.
Días antes de tu partida, lo vimos a través de tus palabras: vos y él habían creado ese nuevo mundo que habitas, donde buscaron convencernos de que vives en paz.
Aire nuevo
Cuando sus ojos grandes y su piel rara se posaron sobre su pecho, creyó que estaba teniendo un sueño de ángeles. Se preguntó «¿quién me abraza?».
¡Sí, me abrazaste! Me cubriste el alma. Sentí que todo tenía un nuevo color.
Respiré tan profundo, me tomé el tiempo de exhalar lentamente, porque el aroma era de flores blancas.
Qué delicia, hijo mío, respirar tan cerca de ti. Qué obsequio tan exquisito tenerte durmiendo en mi calma como lo hacías en mi panza.
Tú duermes
Susurros frecuentes en noches fugaces, tú me hablabas al oído, tu voz era la más bonita canción, adornada con rosas benditas y pasión.
Hoy en la distancia recuerdo cada luna que nos admiró, pero sé que estás lejos, muy lejos ya tu voz.
Como sonámbula voy golpeando puertas y ventanas de un mundo que desconozco, pero encontrarte es mi misión. Camino, corro, todo es oscuro, frío; mis pies helados sienten lo volátil del espacio que habitas.
No te encuentro, tengo miedo, no escucho tu voz.
Tú duermes. Yo, ya no.
Tu mirada no está
Miro a través de los fragmentos de lo vivido. Me asomo al abismo que presume recordarte. Cada día sufro tu ausencia, se me congela la sangre de solo pensarte. Como intentando encontrar el final del mar desde esta orilla del universo, espero que en sueños me cuentes todo desmenuzando los detalles para saberte viva ahí, para que dures más tiempo aquí.
Qué hostilidad despertar. No viniste, no estás. Yo te extraño cada día más.
Río y alma
Con aroma a mierda de gallina, Teresa siempre desayunaba, mates de por medio, pan del día anterior. Ya el gallo había entonado su primera canción. La gallina culeca aún dormía; era clueca la gallina, pero en la familia de Teresa, algunas palabras las inventaban.
Para las nueve de la mañana corría una brisa pesada. Su preocupación era notable, pensaba: «Ya es mucha la demora»; eso solo significaba que el río en la noche a algún alma secuestraba. A veces la soltaba.
