Entre caída y despertar - Domenico Cosenza - E-Book

Entre caída y despertar E-Book

Domenico Cosenza

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Este libro reúne un conjunto de textos escritos por Domenico Cosenza, caracterizados por su claridad y precisión. Su lectura es fluida, pero no deja de sorprender el bien decir con el que aborda temas de gran densidad. Aun cuando se trata de trabajos sobre distintos temas –desde su experiencia analítica hasta teoría de la clínica y de política– y de distintas fechas, siguen un fino hilo de acero. Fino, porque hay que encontrarlo, y de acero, porque una vez localizado, se revela firme y consistente. ¿Cómo podría alguien ubicar estas cuestiones cruciales si no ha logrado salir de sus identificaciones, de sus versiones imaginarias, en fin, de la selva de su fantasma? Ese es el nudo entre lo individual y lo político en el ser hablante, del que Cosenza nos da su anatomía y su funcionamiento.

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Seitenzahl: 252

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Este libro reúne un conjunto de textos escritos por Domenico Cosenza, caracterizados por su claridad y precisión. Su lectura es fluida, pero no deja de sorprender el bien decir con el que aborda temas de gran densidad. Aun cuando se trata de trabajos sobre distintos temas –desde su experiencia analítica hasta teoría de la clínica y de política– y de distintas fechas, siguen un fino hilo de acero. Fino, porque hay que encontrarlo, y de acero, porque una vez localizado, se revela firme y consistente. ¿Cómo podría alguien ubicar estas cuestiones cruciales si no ha logrado salir de sus identificaciones, de sus versiones imaginarias, en fin, de la selva de su fantasma? Ese es el nudo entre lo individual y lo político en el ser hablante, del que Cosenza nos da su anatomía y su funcionamiento.

Domenico Cosenza

Psicoanalista milanés, Analista Miembro de la Escuela de la Scuola Lacaniana di Psicoanalisi (SLP) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Fue Analista de la Escuela (2017-2020) y presidente de la SLP (2013-2016) y de la EuroFederación de Psicoanálisis (EFP) (2017-2021). Es docente del Instituto Freudiano y de la Universidad de Pavía. Entre sus publicaciones en español se encuentran Jacques Lacan y el problema de la técnica en psicoanálisis (2008), El muro de la anorexia (2021), La comida y el inconsciente (2019) y Clínica del exceso (2024).

Serie: Tyché

Directora: Damasia Amadeo

Cosenza, Domenico

Entre caída y despertar : un final de análisis / Domenico Cosenza ; Compilación de Domenico Cosenza ; Prólogo de Gustavo Stiglitz. - 1a ed. - San Martín : UNSAM edita ; Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Fundación CIPAC, 2025.

Libro digital, EPUB - (Tyché / Damasia Amadeo)

Archivo Digital: descarga y onlineTraducción de: Damasia Amadeo ... [et al.]

ISBN 978-631-91210-8-7

1. Psicoanálisis. I. Cosenza, Domenico, comp. II. Stiglitz, Gustavo, prolog. III. Amadeo, Damasia, trad. IV. Título.

CDD 150.195

1a edición en español, agosto de 2025

© 2025 Domenico Cosenza

© del prólogo: Gustavo Stiglitz

© 2025 de la traducción: Agustina López, Silvia Grases, Constanza V. Meyer, Alba Cifuentes, Silvia Grases, Gabriela Medin, Alin Salom, Rosa Vázquez, Damasia Amadeo

© 2025 UNSAM EDITA de Universidad Nacional de General San Martín

© 2025 Pasaje 865

UNSAM EDITA

Edificio de Containers, Torre B, PB · Campus Miguelete

25 de Mayo y Francia, San Martín (B1650HMQ), prov. de Buenos Aires, Argentina

[email protected] · www.unsamedita.unsam.edu.ar

Pasaje 865 de la Fundación Centro Internacional para el Pensamiento y el Arte Contemporáneo (CIPAC)

Humberto Primo 865 (CABA)

[email protected]

Corrección: Wanda Zoberman

Maquetación: María Laura Alori

ilustración de tapa: Francisco-Hugo Freda, Líneas (fragmento), 2013

Queda hecho el depósito que dispone la Ley 11.723

Editado e impreso en la Argentina

Prohibida la reproducción total o parcial, incluyendo fotocopia, sin la autorización expresa de sus editores.

Índice

Prólogo

Caer fuera del propio inconsciente

Nota del autor

PASE

Capítulo 1

El pase como acontecimiento irrepetible

Capítulo 2

Otro respiro

Capítulo 3

Caer en el análisis: entre fantasma y acontecimiento de cuerpo

Capítulo 4

Un deseo más allá del fantasma

Capítulo 5

De la caída al temblor de la tierra, y retorno

Capítulo 6

El pase: entre acontecimiento e interpretación

Capítulo 7

Entre caída y despertar. Identidad viril y feminización en un análisis

Capítulo 8

El momento de concluir. Una experiencia de ultrapase

Capítulo 9

El acto analítico en la pandemia

TEORÍA DE LA CLÍNICA

Capítulo 10

El psicoanálisis y las transformaciones contemporáneas del síntoma

Capítulo 11

La transferencia analítica hoy

Capítulo 12

El dialéctico, el muerto y el maestro zen: figuras del analista en Lacan

Capítulo 13

El comienzo de los análisis a partir de lo real

Capítulo 14

La dinámica de la transferencia: entre pasaje al acto y acting out

PSICOANÁLISIS Y CIVILIZACIÓN

Capítulo 15

El malestar en la civilización contemporánea y los foros europeos de psicoanálisis

Capítulo 16

Lacan y la disyunción entre saber y poder

Capítulo 17

Autoritarismo

Capítulo 18

Letra/carta y destino. Una querella entre Lacan, Althusser y Derrida

Capítulo 19

Experimentum mentis y matematización de lo real

Prólogo

Caer fuera del propio inconsciente

Domenico Cosenza es un autor muy leído por sus contemporáneos, entre los que me incluyo. Por eso es un gusto prologar este libro, es decir, dar a ustedes, los lectores, un aperitivo antes de lo que sigue.

Al leerlo, tuve una experiencia, simple y contundente, de esas que dejan una marca. Pude constatar algo, y fue lo siguiente: lo que se extrae de la experiencia íntima de un análisis se irradia hacia la vida del analizante, hacia sus lazos, hacia su relación con la práctica, con la política y los discursos contemporáneos.

Este libro reúne un conjunto de textos caracterizados por su claridad y precisión. Su lectura es fluida, pero no deja de sorprender el bien decir con el que aborda temas de gran densidad. Si bien encontrarán una serie de trabajos sobre distintas temáticas y de distintas fechas, todos siguen un fino hilo de acero. Sí. Fino, porque hay que encontrarlo, y de acero, porque, una vez localizado, se revela firme y consistente. Si bien pueden leerse sin un orden establecido, ya que cada uno tiene su propio peso, recomiendo seguir el propuesto aquí, es decir, empezar por los textos sobre su experiencia analítica, porque así se capta cómo lo que extrae de dicha experiencia irradia su luz sobre los otros dos apartados que tratan de teoría de la clínica y de política. Esto conduce a un punto fuerte de la enseñanza de Lacan, desarrollado por Jacques-Alain Miller en “La doctrina secreta de Lacan sobre la Escuela”.1 Lo diré así: el analista es el ser hablante que sirve al discurso analítico para, a partir de allí, leer la clínica y la civilización más allá del consultorio, la política del psicoanálisis y la ciudad; él se sostiene en dicho discurso, a la vez que lo sostiene.

Este discurso, como enseñó Lacan, es el único que no aspira a la dominación, y por ello es el envés –no el contrario– del discurso del amo, lo que permite ubicar luces y sombras en los discursos contemporáneos, especialmente en relación con el de la ciencia.

Desarrollaré esta idea a partir de un brevísimo comentario de la primera parte, su experiencia de análisis.

El analizante localiza tempranamente un significante mayor en su historia, “caída”. Lo ubica claramente en la historia infantil, en el cuerpo –caídas a repetición con fracturas óseas–, pero también en el amor y en la relación con su deseo, lo que precipita su demanda de análisis.

“Caída” se develará como el significante amo, punto de partida del hilo conductor en la vida y en el análisis, es decir, de su programa de goce.

Tras un largo trabajo analítico, una vez reducidas las versiones imaginarias que atribuían al Otro el malestar, las caídas, sus síntomas en el campo del amor y del deseo; una vez constatado que el saber no resuelve la cuestión del encuentro con lo real, el campo del Otro se ilumina y revela su estatus de ficción.

Hacia el final del análisis, por un encuentro contingente, el síntoma de la caída aparece ya no en su cara de ficción –caer para salvar al Otro–, sino en su cara real como efecto de un susurro de lalengua que lo esperaba desde antes de su llegada al mundo.

“Encuentro en el que se me apareció de modo sorprendente una ʻ‘revelaciónʼ sobre mi palabra, el marco en el que se había construido mi neurosis”.2 El marco era atravesado, cada tanto, con una caída a partir de la cual el analizante iba tomando ciertas decisiones en cuanto a su análisis: comenzarlo, darlo por terminado, recomenzarlo, al punto que puede formular su síntoma articulado al análisis como un “caer en análisis”, “caer en el amor de transferencia”.

Para constatar, al final, que “poder sobrevivir a la caída del Otro fue, en el fondo, lo que el trabajo del análisis hizo posible”.3

En ese trabajo, el analizante “trata de intentar bien decir lo más singular que se produjo en el trabajo analítico, discernir por la palabra cómo la diferencia absoluta que nos constituye pudo ser aislada, y cómo el análisis puso en evidencia nuestro extranjero interior que orientó nuestra economía de goce”.4

El significante amo “caída” ya no llama a más significaciones; se transforma en un significante solo, separado de todas las formaciones a las que los distintos significantes del saber habían dado lugar, fuera de la novela familiar, del fantasma, de los ideales y las identificaciones, fuera de la envoltura formal del síntoma. Justo antes del encuentro con el cuerpo y del consecuente llamado al S2, pura materialidad significante. En ese momento, el analizante cae fuera de su propio inconsciente, sin que se trate de un rechazo ni que se vuelva un desabonado. Simplemente –¡como si fuera simple!–, sale del laberinto de su inconsciente. Localiza la causa real del síntoma en ese significante, al desnudo.

Se atribuye a Freud la idea volcada en una entrevista realizada en 1926 por el periodista George Sylvester Viereck, que lleva por título “El valor de la vida”.5 Para Domenico Cosenza, es justamente dicho valor el que sufre un giro radical con el análisis. De una vida dedicada a sostener la supuesta garantía en el Otro, a un saber vivir, aliviado, con la sola garantía de su saber hacer.

Cito a Freud en la entrevista mencionada:

El psicoanálisis vuelve la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis después del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconsciente.6

En ocasiones, se duda de la veracidad de las entrevistas a Freud. No es el caso de esta, pero si lo fuera, contamos con otros dos apoyos: el del último Lacan, que define el psicoanálisis como una práctica para vivir mejor, y el famoso aforismo popular en la lengua de Domenico, Se non e vero, e ben trovato.

Hay un saldo de este verse conducido a las afueras del inconsciente, que el analizante presenta a partir de la pregunta: “¿Qué queda de la caída después del análisis y más allá del fantasma? Es otro tipo de experiencia. Poder soportar la inexistencia y la ausencia de garantía del Otro tuvo un efecto de alivio”.7

Y es con ese alivio para soportar la inexistencia y aceptar la caída de las garantías –y con el plus de vida obtenido–, que Cosenza se dirige a la comunidad analítica para tratar sobre teoría de la clínica y sobre política en lo que sigue del libro.

Una lección, una mostración en acto, del nudo entre intensión y extensión.

Y es a partir de ahí, de ese punto de llegada en su análisis, que el autor puede localizar y, sobre todo, transmitir con una sencillez que no simplifica lo complicado cuestiones cruciales de la teoría de la clínica analítica y del carozo del lazo social.

Cito como ejemplo:

De hecho, la génesis del lazo social, condición misma de la política, tiene la estructura del síntoma: el lazo al Otro está condicionado por una pérdida estructural de goce. Una renuncia parcial a la pulsión se abre, así, a una satisfacción sustitutiva, metafórica, que para el sujeto está muy lejos de la satisfacción mítica originaria. En ese sentido, podemos decir también que el síntoma es el fundamento de la política, como lo es para las instituciones que, para ver la luz, deben refrenar el goce en exceso y transformarlo en un goce discursivo interno al lazo social.8

Tesis que conecta con lo formulado por Jacques-Alain Miller en Arcachon: “el lazo social es el síntoma”.9 Cosenza no se queda con la frase transformada en aforismo. La desmenuza, la hace hablar.

Al ser la política un asunto de cuerpos, concluye que “no existe, entonces, síntoma sin lazo social, y viceversa; no hay síntoma sin política ni política sin síntoma”.10

¿Cómo podría alguien ubicar estas cuestiones cruciales, si no ha logrado salir de sus identificaciones, de sus versiones imaginarias, en fin, de la selva de su fantasma?

Ese es el nudo entre lo individual y lo político en el ser hablante, del que Cosenza nos da su anatomía y su funcionamiento.

No los retengo más en el aperitivo y los invito a caer en esta obra profunda y esclarecedora.

¡Muchas gracias, Domenico!

Gustavo StiglitzBuenos Aires, junio de 2025

1. J.-A. Miller. “La doctrina secreta de Lacan sobre la Escuela”, El Caldero Nueva Serie 24, 2015, p. 2.

2. P. 21 de este volumen.

3. P. 36 de este volumen.

4. P. 67 de este volumen.

5. Esta entrevista, realizada en la casa de Sigmund Freud en los Alpes suizos, fue concedida al periodista George Sylvester Viereck en 1926. Se creía perdida, pero se encontró que había sido publicada en el volumen de Psychoanalysis and the Fut, en Nueva York en 1957.

6. Entrevista publicada en Virtualia. Revista digital de la EOL 12, 2006. Recuperado de https://www.revistavirtualia.com/ediciones/12.

7. P. 48 de este volumen.

8. P. 94 de este volumen.

9. J.-A. Miller y otros. “La conversación de Arcachon”, en Los inclasificables de la clínica psicoanalítica. Buenos Aires, Paidós, 2003, p. 347

10. P. 94 de este volumen.

Nota del autor

Este libro se presenta a mis ojos como muy diferente de los otros que he tenido la oportunidad de escribir. En primer lugar, porque aquí he decidido escoger algunos de los más significativos testimonios relativos al final de mi análisis y a la experiencia del pase y de mi enseñanza como Analista de la Escuela (AE). El hecho de que esto tenga lugar hoy, nueve años después del final de mi análisis, cinco años después del final de mi práctica como AE, me permite esa distancia histórica mínima para poder hacer esta transición.

En segundo lugar, se trata de un libro internamente heterogéneo: entre sus tres partes –la primera dedicada al pase; la segunda, a las contribuciones sobre la teoría de la clínica psicoanalítica; la tercera, a las intervenciones en el campo del psicoanálisis aplicado a la política y a las intersecciones con la filosofía y el discurso de la ciencia– no hemos intentado crear una interconexión a cualquier precio. En cierto modo, hemos mantenido a raya un afán de sistematización que ha encontrado más espacio en otras obras. En este libro ha prevalecido más bien la lógica de la sedimentación y la colección de piezas sueltas, en algunos aspectos más en sintonía con lo real de la experiencia analítica. Incluso cierta repetición, sobre todo en la primera parte dedicada al pase, hemos querido conservarla porque es propia de lo real de la experiencia analítica. A la superficie lisa, propia de las exigencias de la empresa científica y del ideal estético, hemos preferido el mantenimiento de una cierta fricción, en la que la inercia de lo real encuentra su lugar. Esto no significa que las contribuciones de estas tres partes del libro no hablen entre sí, ni mucho menos; pero dejamos al lector, si así lo desea, la tarea de encontrar intersecciones entre los textos incluidos en esta selección.

En tercer lugar, se trata de un libro que, a diferencia de los demás que he escrito, mantiene una relación fundamental con la dimensión de la palabra y de la enunciación. Por eso he querido preservar la dimensión de interlocución que atraviesa la mayoría de estas contribuciones, en particular las formuladas desde la posición de AE, pero no solo eso. Algunos de los textos reflejan también el ejercicio como presidente de la EuroFederación de Psicoanálisis entre 2017 y 2021, y son, en efecto, intervenciones políticas en el campo del psicoanálisis.

En cuarto lugar, he querido preservar la historicidad de estas contribuciones, que no pueden leerse sin tener en cuenta el momento histórico en el que fueron formuladas. Por eso he puesto especial cuidado a su datación, que nos devuelve la coyuntura precisa en que fueron enunciadas. Central en algunas de ellas es la referencia a la circunstancia pandémica en la que nos movíamos en nuestra función como AE, pero también como presidente de la EuroFederación de Psicoanálisis.

Mi agradecimiento a Damasia Amadeo, que ha hecho posible la construcción y publicación de este libro, cuya realización responde a un deseo que me acompaña desde hace tiempo, y que ahora por fin llega a su destino.

Milán, 22 de abril de 2025

PASE

Capítulo 1

El pase como acontecimiento irrepetible1

La invención del pase distingue a la Escuela de Jacques Lacan de cualquier otra en torno a la conclusión de un análisis y de su transmisión; introduce una ruptura con respecto a cualquier intento de reinsertar la formación del analista en el marco de un ideal al que corresponder. En su vertiente procedimental, en la cual cualquiera que lo desee puede solicitar el acceso después de haber considerado que ha llegado a la conclusión de su análisis, el pase inscribe la cuestión del final en un marco simbólico que encuentra su lugar en la Escuela, y lo lleva más allá de la lógica de la designación de un grupo de analistas expertos y de la identificación a un ideal de analista. Es, más bien, en su dimensión de acontecimiento donde el pase encuentra su corazón palpitante.

La función del procedimiento es dar lugar al acontecimiento de pase, permitir su aparición; donde existen las condiciones, en las palabras que resultan del encuentro de los pasadores con el pasante y de su intento de decirles lo esencial de aquello que ha sucedido en su análisis y en su momento de conclusión.

Este encuentro del pasante con los pasadores, que también puede tener lugar a través de una serie de encuentros, es decisivo: a la función del pasador como placa sensible se le confía la responsabilidad de captar, donde ocurrieron, el acontecimiento de pase y el pasaje acontecido en el análisis del pasante, de psicoanalizante a psicoanalista. Como escribe Lacan en la “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”: “El paso de psicoanalizante a psicoanalista tiene una puerta cuyo gozne es ese resto que hace su división, porque esa división no es otra que la del sujeto, cuya causa es ese resto”.2 De hecho, es con este resto que lo provoca con lo que el analizante tendrá que lidiar al final de un análisis, y verá flaquear la seguridad que derivaba del fantasma y comprendiendo, ante todo, que “el asidero [prise] del deseo no es otro que el de un deser”.3 Le corresponderá entonces encontrar otra manera de saber hacer con aquel resto que lo causa, una vez que se haya liberado de la confusión fantasmática en la que estaba atrapado.

Las posibles derivas internas en el funcionamiento del pase, subrayadas recientemente por Jacques-Alain Miller, que han animado el debate en la École de la Cause Freudienne y en otras escuelas del Campo Freudiano, me parecen muy ligadas a cierta degradación reciente, hasta el punto de perder el significado esencial de acontecimiento de la experiencia del pase. La starización4 del Analista de la Escuela (AE) y el empuje-a-la-nominación aparecen como efectos de una caída a un segundo plano respecto de la apuesta del pase en favor de, como afirma Miller, la consagración del AE.5 Por esta razón es que devolver al centro de la experiencia del pase su dimensión irrepetible, única, fulminante como un destello, es una forma de redescubrir el pase como apuesta y como acontecimiento, más allá de sus posibles efectos imaginarios vinculados a la nominación. La propuesta de hacer el pase una sola vez va en esa dirección, la del pase como un acontecimiento irrepetible que se aleja radicalmente de la lógica de la tentativa.6

1. Texto presentado en Milán, en la Jornada Questioni di ScuolaVerso la SLPcf2, el 28 de octubre de 2023. Traducido por Agustina López.

2. J. Lacan. “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el Psicoanalista de la Escuela”, en Otros escritos. Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 272.

3. Ibíd.

4. J.-A. Miller. Cómo terminan los análisis. Paradojas del Pase. Buenos Aires, Grama/Navarin Éditeur, 2022, p. 20.

5. Ibíd., p. 16.

6. Una contribucción más articulada al reciente debate sobre el pase, impulsado por Miller y la École de la Cause Freudienne en todo el Campo Freudiano, la he dado en “Las antinómias fecundas del pase”, en J.-A. Miller y A. Glaze (comps.). La practica del pase en las Escuelas del Campo Freudiano. Buenos Aires, Grama, 2022, pp. 133-140.

Capítulo 2

Otro respiro1

Introducción

Estimados y estimadas colegas.

Me encuentro hoy ante ustedes para testimoniar mi experiencia analítica y de lo que he podido localizar en ella gracias al dispositivo del pase. Di de ello mi primer testimonio en mayo, en Turín, en el XV Congreso nacional de nuestra Escuela. Desde entonces, solo han pasado algunos meses; en el interín, di otro testimonio en España, en Alicante, antes del verano, en un diálogo con otros Analistas de la Escuela (AE) en ejercicio. Pero hoy es el momento de volver sobre aquel testimonio en Turín, para ofrecerles una versión más extensa, que incluye partes que, por exigencia también de tiempo, debí dejar de lado. Me complace que esta transmisión tenga lugar en Milán, que es mi ciudad, y en la comunidad milanesa de la que formo parte de diversas maneras, donde di mis primeros pasos en el psicoanálisis e inicié mi formación analítica y mi experiencia de analizante. Por esto agradezco al secretario de la Scuola Lacaniana di Psicoanalisi (SLP) de Milán, Andrea Gravano, y a los miembros de la Secretaría, esta invitación. Y agradezco a la presidenta de la SLP, Paola Bolgiani, que haya aceptado, a su vez, la invitación para participar en este momento de trabajo sobre el pase.

La dimensión reducida tanto del lugar que hoy nos aloja como del número de participantes, en línea con el dispositivo del pase en las ciudades que la Scuola ha querido promover, nos permitirá un trabajo sobre mi testimonio que no sería posible realizar en el contexto de un congreso. Quien lo desee podrá tomar la palabra sobre lo que ha escuchado, lo cual permitirá incorporarle el efecto de resonancia subjetiva que el testimonio de pase puede producir en quien lo escucha, a la luz del punto en el que él o ella se encuentra respecto de su propia experiencia analizante. Al mismo tiempo, esto valdrá también para mí, que testimonio mi experiencia analítica: lo que me ha sucedido en análisis podría resonar también de forma inédita a partir de lo que se diga en el curso de nuestra conversación.

Si bien lo que hoy les presentaré es una versión más extensa de mi primer testimonio de pase, en esta ocasión he querido dar un título nuevo a mi intervención. Elegí llamarlo “Otro respiro”, para subrayar, por un lado, la referencia al acontecimiento de cuerpo, un asma muy precoz, que desde el origen y durante largo tiempo caracterizó mi dificultad para estar en el mundo; y por otro, el efecto de alivio que el trabajo de análisis introdujo respecto a una misión fantasmática a la que me había encomendado: salvar al Otro de su caída quitándome la respiración.

Mi larga aventura en el análisis, un recorrido de más de veinticinco años, concluyó de repente en el encuentro con una voz, la del analista. Es la misma voz que encontré durante muchos años en cada cita, regularmente, y que cada vez se volvía una demanda para el siguiente encuentro. En primer lugar, en mi primera experiencia de análisis en Milán cuando era un joven estudiante de Filosofía, con un analista que se había formado con Lacan y que se volvería después un querido amigo, y del que he sufrido, como muchos, su desaparición. A continuación, en mi segundo y largo análisis que duró dieciocho años, que inició cuando me estaba acercando a la práctica clínica, me condujo a París y concluyó a finales del año pasado. “Sí”, escuché este sonido que, como siempre, acompañó el momento de la despedida del analista al final de las sesiones, antes de mi regreso a Milán. Pero esta vez este “sí” se me presentó por primera vez como algo radicalmente diferente de las otras veces. Despojado de repente de su valor de demanda, de su reenvío a otra cita, este “sí” se sintió como un abismo ante el cual el acto se precipita. Pagué y me fui sorprendido por lo que estaba sucediendo. No fue, sin embargo, la última sesión. Me faltaba un decir sobre lo que había sucedido y me estaba sucediendo, lo cual me condujo el día después a escribirle al analista para pedirle otro encuentro, otra serie de sesiones, que sería la última. Encuentro en el que se me apareció de modo sorprendente una “revelación” sobre mi palabra, el marco en el que se había construido mi neurosis.

El inicio del análisis

La demanda de análisis se precipitó cuando me aproximaba a concluir mis estudios universitarios de Filosofía. Estudios que tanto me habían apasionado y hacia los que, desde que era un joven adolescente, me había orientado con la convicción de querer hacer de filósofo en la vida. Una crisis radical se había abierto en mí, que ponía en cuestión este proyecto y me dejaba en el desconsuelo. De repente, advertía que el camino profesional de la filosofía, y del recorrido universitario que habría implicado, no se correspondía con lo que deseaba. A pesar de mi destacado interés por el saber, algo vital venía a faltar ahora, al emprender ese camino que tanto había imaginado para mi vida. Constataba también, cada vez más, que aquello a lo que me había aferrado hasta aquel momento, el saber, no conseguía por sí solo tratar mi malestar. La tristeza me asaltaba tras cada examen en la universidad, que superaba con el máximo puntaje. En paralelo a esto, me empujaba hacia el análisis una dificultad en la vida amorosa, que se expresaba en el problema para construir un lazo de amor. Varias aventuras, pero una inexplicable dificultad que reencontraba en cada ocasión para dar vida a una relación de amor con una mujer. Así, la convergencia de estos dos síntomas me condujo, en la primera ocasión, al primer psicoanalista.

La novela familiar y la apertura del inconsciente

Llegué a la cita con el psicoanalista con estos dos nudos para deshacer. Llevaba también conmigo una teoría imaginaria sobre la historia de mi vida, que ya en la segunda sesión empezó a tambalear. Fue la primera intervención del analista, durante las entrevistas preliminares, la que abrió de forma sorprendente una grieta que empezaría a deshacer mi construcción. Yo dividía mi historia en un antes y un después. En el medio, una línea divisoria correspondiente a un período preciso, al que le atribuía la causa de un cambio radical. Una metamorfosis de mi manera de ser. Fui un niño gravemente asmático desde los primeros meses de vida. En el curso de mi infancia, subsiguió una serie de ingresos en hospitales para enfermedades respiratorias graves, que hizo difícil la convivencia con los otros niños de mi edad. Era suficiente una pequeña sudoración para entrar en una condición crítica. Debía quedarme mirando a los otros mientras jugaban a la pelota, cosa que para mí era un gran sufrimiento. A pesar de ello, no conseguía renunciar, era un niño vivaz, aunque enfermo. A la edad de siete años, el médico de familia decidió, en acuerdo con mis padres, enviarme durante seis meses a un campamento de invierno junto al mar, para intentar así aliviar mi asma. De enero a junio me trasladé a Pietra Ligure, a un campamento para niños con problemas respiratorios, y allí hice el segundo grado de la escuela primaria. El día antes de mi partida, mientras toda la preocupación de la familia se dirigía hacia mi dolorosa separación, mi hermana resbaló y metió el brazo en una olla de agua hirviendo, lo que le ocasionó una grave quemadura que requirió una larga internación e intervenciones quirúrgicas. La familia estaba conmocionada. Entré, pues, en el campamento sufriendo mucho por la separación de mi familia y también sabiendo que el accidente de mi hermana no permitiría a mis padres venir a verme a menudo. Experimenté una soledad nunca antes sentida. El rígido régimen de vida en el campamento, con clases por la mañana y por la tarde y la misa todas las mañanas, y las reglas de la vida en comunidad me introdujeron de golpe en un mundo que no conocía. Esto produjo un efecto decisivo en la formación de mi carácter: reforzó mi tendencia a la introspección, a una cierta introversión, e introdujo la disciplina en la relación con el saber, que me llevó de allí en adelante a volverme un estudiante brillante y riguroso. Allí empezó también mi relación con la escritura como práctica íntima, desvinculada de la demanda del Otro.

Al relatar al analista, en la segunda de nuestras entrevistas preliminares, este difícil pasaje de mi historia infantil, se me ocurrió definir el período precedente al campamento, el de mi primera infancia, como una edad de oro, contrapuesta a la dureza del período siguiente. En el fondo, en mi reconstrucción, yo era un niño enfermo pero feliz. La intervención del analista introdujo el efecto sorpresa que insertó una grieta en la novela familiar. “¿Edad de oro? ¡Querrá decir edad de piedra! “¿Cómo?”, respondí asombrado. Y el analista: “¡Pietra Ligure, edad de piedra!”. Salí de la sesión desestabilizado, pero también con una extraña sensación de aligeramiento. El efecto de apertura del inconsciente se había producido. De allí en adelante el análisis pudo abrir esta grieta y mostrar, con el tiempo, el trauma petrificado en la supuesta edad de oro de la primera infancia.

A partir de allí, el análisis comenzó. Un sueño me dio la certeza de que la transferencia se había instalado: estoy en la sala de espera, entro al consultorio y mi analista está enfrente de mí, de espaldas. Gira de repente y me pregunta: “En fin, ¿qué quiere usted de mí?”. Pero su rostro no es el real, sino el de Fantomas. El analista encarna un ser enigmático, un rostro sin rostro, sin rasgos identificables, puro enigma.

El encuentro con el psicoanálisis

Había entrado en el análisis a través de la puerta del síntoma. La crisis de mi proyecto de vida hipotética, que se me aparecía de improviso mortífero y desenganchado de la dimensión incandescente de la vida, y el impasse