Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
"Para quienes concebimos lo trágico no como un desenlace catastrófico, sino como un repertorio de conflictos que no logran encontrar un cauce hacia su resolución, el libro de Mariano Qualeta no puede menos que resultar revelador, cercano y estimulante. La soledad estéril, el dolor que ciega y paraliza, el íntimo desencuentro con el propio deseo, conforman, entre otras, las situaciones existenciales que, a lo largo de estas páginas y configuradas como relatos clínicos, le permiten al autor poner de manifiesto tanto su orientación terapéutica como las aspiraciones y valores personales que se juegan en su práctica profesional. Meditada invitación a reconsiderar críticamente las condiciones de posibilidad de nuestros padecimientos y los eventuales caminos que lleven a su reversión. Mariano Qualeta nos invita a la auto interrogación, a hacer de lo que parece terminal un nuevo punto de partida hacia la reconciliación con nosotros mismos y ya no la expresión de un desenlace sin remedio. Es este, en consecuencia, el libro de un auténtico orientador terapéutico. Y también y ante todo, la voz de una sensibilidad abierta al prójimo concebido como interlocutor indispensable" (Santiago Kovadlo).
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 156
Veröffentlichungsjahr: 2024
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Mariano Qualeta
Qualeta, Mariano
Entre : del dolor a la reconstrucción : historias reales de psicoterapia en crisis / Mariano Qualeta. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Vértice de Ideas, 2024.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-631-90552-0-7
1. Psicología. 2. Psicoterapia. 3. Psicoterapia Individual. I. Título.
CDD 152.46
Diseño de cubierta: Rodrigo Broner
Diagramación: Cutral ediciones
Edición: María Laura Ferro
© Ediciones Deldragón
Queda hecho el depósito que prevé la ley 11.723
Digitalización: Proyecto451
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor.
Portada
Portadilla
Palabras preliminares
Introducción. La tragedia como camino
Fascinación
Qué es el “entre”
Un juego entre el miedo y el amor
¿Cómo abordar ese desamparo de nosotros mismos?
Hacia un nuevo relato
¿Cuál es la función del terapeuta?
Cuerpos llenos de vacío
Primera parte. Silencio ensordecedor
Capítulo 1. Desbarranco
Agua de borrasca
Primer contacto
¿Adónde va la pena? ¿Por dónde?
Diez años después
Seguir con la vida
Capítulo 2. Amnesia
Disidencias
No morir con sus muertos
Un vínculo descontracturado
Creer en los pacientes
Artemisa, diosa de los nacimientos
Capítulo 3. El niño salvaje
La terapia del miedo
Proceso de desfragmentación
Un personaje a medida
Intermezzo
El embajador
Viaje de ida
Un hombre por la mitad
Aceptar el extravío
¿Cuándo comienza el duelo?
La libertad de desear
Segunda parte
¿Qué pasa cuando la identidad perfeccionista ya no sirve?
¿Para qué exigir al cuerpo?
¿Hasta cuándo la mente puede exigirse a sí misma?
Capítulo 4. Corazón coraza
Medellín, 1950
La Habana, 1971
Selva colombiana, 1984
San Martín de los Andes, 1998
Buenos Aires, 2011
Apuntes de la clínica
El puercoespín
Compromiso de trabajo
Desarmar la guerra interna
Héroe de la propia película
Capítulo 5. Imposible atrapar el cuerpo
De una infancia
La enfermedad: la omnipotencia
De un paisaje
Reflexiono sobre Emilse
Abrirse a lo nuevo
¿Por qué nos atrae la nostalgia?
De una paradoja
Capítulo 6. Ganar la calle
El impulso de una ilusión
Deriva
Un sueño y un despertar
Estar abrumado, una forma de vida
Anestesiado
El triunfo
Por qué la calle
Capítulo 7. Mendigo de amor
Allá lejos y hace tiempo
Salir al mundo
La huida
Noches blancas
Esas luces que a lo lejos…
Finalmente, la consulta
“Busco mi destino”
Reflexiono como terapeuta
Epílogo
El duelo no tiene fin
Zona de negociaciones
Una matriz para gestar lo nuevo
Agradecimientos
Bibliografía
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
37
38
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
51
52
53
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
67
68
69
70
71
72
73
74
75
77
78
79
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
101
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
137
138
139
140
141
Portada
Portadilla
Índice de contenidos
Introducción
Comienzo de lectura
Epílogo
Bibliografía
Agradecimientos
A Adriana Romero Bentos con quien nos acompañamos, entre el amor y el temor, desafiando la inercia y comprendiendo que el sentido de nuestras vidas se ubicaba ahí, “entre” ambos. Y a mi hija, Mercedes Belén Qualeta Romero, el ser que me ayudó a recrear las ganas de vivir y me enseñó a contar historias.
Todas las historias narradas en este libro son reales, sin embargo, se han cambiado nombres y algunas circunstancias para proteger la identidad de las personas.
Entre. Del dolor a la reconstrucción. Historias reales de psicoterapia en crisis es un recorrido, a través de casos verídicos, de distintos seres humanos, cuando abordan una crisis totalizadora que sobreviene a una catástrofe inesperada.
“En este libro se habla de aquella soledad que nos deja encerrados como en un desierto, fuera del alcance de todo paliativo, sucedáneo o consuelo: cualquiera de nosotros podría encontrarse en esa instancia de extrema intemperie. La paradoja reside en que, tal vez, desde allí podamos crecer, pues allí podemos ver que la libertad condicionada que habíamos comprado a bajo precio —en la creencia de que éramos lo que hacíamos y lo que teníamos— no funcionó como garantía”, anticipa Mariano Qualeta en la introducción.
El libro explica con extrema originalidad y gran pericia narrativa en qué consiste el lugar intersticial que se crea cuando esos seres humanos paralizados por el sufrimiento se dejan ayudar por un terapeuta.
Se trata, por lo tanto, de un libro que reúne historias cuyo común denominador es la intensidad del dolor que las personas deben atravesar en un momento de sus vidas sin ningún preaviso y, muchas veces, sin ninguna preparación para enfrentarlo.
La narración, por lo tanto, da cuenta de los distintos procesos necesarios para que un individuo tome conciencia de su estado crítico, adopte todos las estrategias puestas a disposición para la tormenta y, por fin, emerja para autorreconocerse renovado en el seno de la familia y de la sociedad.
Pero aquello que más llama la atención, desde la introducción misma del libro, es la puesta en escena de una visión del terapeuta que no es nunca presuntamente objetiva, aséptica o distante, como muchos lectores podrían pensar respecto de la conducta de un especialista. Al contrario, a medida que uno avanza con las historias, sorprende la capacidad de escucha que subyace a cada caso, la plasticidad o elasticidad con que el terapeuta se sumerge en el desastre y, en fin, la voluntad de encontrar un camino que resulte dialógico, esto es, fruto de un intercambio fructífero y certero.
Lejos de proponer recetas analíticas ortodoxas o discutir cuestiones académicas de su especialización, Mariano Qualeta guía al lector a través de los paisajes del miedo en los que vivimos y propone un sendero de sanación en el que convergen el lenguaje del cuerpo y de la mente.
Por todo ello, este libro no se dirige solamente a quienes trabajan o se mueven en un determinado campo del saber específico, sino a todos aquellos que, leyendo, deseen aprender del dolor ajeno y vislumbrar en la sombra el deseo de curación toda vez que la vida nos pone frente a una dura prueba.
Alejandro Patat(1)
1. Enseña Literatura Italiana en Siena y Buenos Aires. Ha sido director de la Dante Alighieri de Buenos Aires y coordinador del Proyecto Lengua Italiana para América Latina en la Dante de Roma. Ha dictado clases en varias universidades de Europa y América. Ha escrito numerosos libros de su especialidad y traducido a Leopardi y Montale. Escribe para el diario La Nación de Buenos Aires.
Toda crisis nos exige separar
aquello que debe conservarse
de aquello que debe morir
,
de Brother David, en
Celebración.
Vida y muerte transitan juntas, apoyándose una en la otra. Lo perdido da sentido a lo nuevo y a lo distinto.
Vivimos en contexto, en un espacio de rituales y costumbres. Interactuamos con la realidad, buscando esas coordenadas que nos orienten en todos los espacios: nuestro esquema de creencias, nuestras rutinas cotidianas, la cronología, los ritmos, nuestros afectos, el valor que aportamos, nuestro sentido… son nuestros puntos cardinales. Es todo lo que nos sujeta a la vida.
Suponemos que el entorno está, o debería estar, quieto por defecto, aunque los ecologistas nos recuerden a diario que esto no es así. El contexto se mueve y nos demuestra que también nosotros lo hacemos a cada instante para seguirlo.
Pero cuando ese orden se destruye de repente, se nos rompe el sistema en el que confiamos y perdemos la coherencia de nuestra vida consciente, caemos a un vacío.
¿Qué nos sucede cuando nos toca atravesar la situación más adversa y complicada de toda nuestra vida? ¿Qué ocurre cuando el absurdo de un acontecimiento traumático amenaza todo aquello que le daba sentido a nuestra existencia? Esclavos de los límites del cuerpo y ya habitados por el trauma, ¿cómo seguir adelante cuando no encontramos nada que pueda satisfacer nuestras ansias y expectativas de vivir?
Uno puede ser fondo o figura en su vida.
En las páginas de este libro, cohabitaremos con el dolor y el sufrimiento de personas que, al permitirse perderse en fuertes tormentas de arena, lograron reconstituirse.
Aquí me parece importante hacer una aclaración: hablamos de dolor y sufrimiento pensando en una relación complementaria indisociable para la configuración o reconfiguración de la persona singular. Intento trabajar justo ahí donde la circunstancia interna extrema encarna ese lugar del que habla Santiago Kovadloff en su libro El enigma del sufrmiento, esa transición donde el dolor de una circunstancia pone fin a la hegemonía de aquel que hasta ese momento fuera uno consigo mismo. Es ahí donde aparece la oportunidad de otro.
El ser relativamente homogéneo, en el que nos creemos consistir, retrocede, nos advierte Santiago. El entre del que se habla en este libro consiste en la co-existencia y co-gobierno de la tensión del dolor (el ser homogéneo que se quiere reivindicar ante la derrota) junto al sufrimiento (la persona que inscribe ese dolor como propio). Entre esa tensión es donde aparece el estado de existencia, infortunio ordinario de la condición humana. La crisis como hecho de autoconocimiento de nuestra singularidad en el dolor para pasar a ser persona. Cae la hegemonía de ese ser monolítico y comienza un trabajo de colaboración entre el ser homogéneo y el dolor singular, tensión colaborativa y creativa.
La repercusión del dolor desgarra la trama monolítica del yo ideal. Mi trabajo consiste en ser acompañante testigo de la vergüenza al desnudo de esa pérdida omnipotente en el camino del descubrimiento de la condición humana singular.
Personas que fueron atravesadas por lo absurdo, por lo inesperado, por lo disruptivo. Embargadas de impotencia, o ciegas de omnipotencia, tuvieron que aprender a declinar la ambiciosa pretensión del control y del poder absoluto. Quedaron deshabitadas de sus sistemas básicos de creencias y debieron aprender a elaborar una nueva narrativa para relacionarse mejor con sus circunstancias.
Veremos cómo cada una de ellas comprendió la situación que le tocaba atravesar, y qué sentido y respuesta le otorgó a su encrucijada.
Antes del infortunio, como la mayoría de las personas, transitaban sus días arropadas por espejismos estandarizados: un sueldo, la nueva tecnología, la calidad de vida como una meta… Indiferentes al darse tiempo, absortas en esas figuraciones de un sistema que entretiene y que no propicia la pregunta de cuestiones esenciales. Hasta que sucede aquello que las saca de la huella cosmética… Y entonces, todos los órdenes se desatan, y comienza una hora muy larga de desorientación y perplejidad.
La intención de compartir estos relatos es, entonces, quitar el velo al artificio que, algunas veces, comprende el modo en que interpretamos la vida. Permitir una vinculación plena con el sentido profundo que declama un destino azaroso.
Desde las diferentes miradas protagónicas, este libro intenta dar cuenta de ese estado que sobreviene al vuelco, al derrape en la autopista de la existencia; revelar el carácter del dolor y de la pena que, en un primer momento, nublan la razón y nos alejan de nuestra conexión verdadera con el ser de cada uno, ya que, en una constante que a todos nos alcanza, tendemos a polarizarnos entre la heroicidad y la victimización.
Cuando comencé mi vida adulta, le otorgué una gran importancia al efecto y, por qué no, a la llamada de atención que yo pudiera producir sobre los demás mediante mi actividad profesional. Quizás, como cualquier persona nacida en los 60, como yo, tal vez por la influencia del desarrollo industrial y tecnológico de la época o debido a la admiración vocacional que sentía por mi padre, vi el sentido de mi existencia muy asociado a la subsistencia y al sacrificio, al poder dar en la tecla, como si vivir se tratase de una cuestión de suerte y de reconocimiento al esfuerzo independiente y no un proceso dialéctico, de deconstrucción y construcción constante, producido entre varios.
Las ilusiones que reproducía el entorno estaban definidas por la palabra éxito o excelencia. Y ese espejismo, que funcionaba a la vez como motor y como ancla, generaba un contrasentido, una gran presión en la mayoría de los jóvenes de entonces.
Particularmente, este efecto me quitaba la posibilidad de disentir conmigo mismo, de permitirme contrariarme, como si algo así no fuera admisible en el intrincado proceso de maduración. Esto me llevó a pensar en la capacidad que tenemos las personas para aceptar nuestros errores y, también, para poder ver cómo nuestras discrepancias nos constituyen.
En la lucha contra la injusticia, la desigualdad y la deshumanización, los seres humanos hemos logrado hacer que desaparezcan las brechas que enmarcan las diferencias necesarias para que el mundo prospere. Esa grieta es el “entre”, es lo que constituye el espacio donde ocurren los intercambios conversacionales, gestuales y emocionales, donde reside lo invisible de los vínculos, la confianza, la atención, sin lo cual el mundo humano sensible perdería su sentido.
La verdad solo es humanizada donde existe el vínculo entre las personas. Y lo que yo evidenciaba era que esos vínculos que permiten construir un espacio de encuentro no se manifestaban. En otros casos, lo que no ocurría eran los intercambios de esas diferencias. Para agradar o para no entrar en conflicto, decidíamos decir lo justo, lo esperable.
Las fallas que representaban las crisis que nos comprenden y nos habitan definían para mí el punto central de la vida sensible humana.
A mis veinticinco, sentía que el mandamiento de amar al otro como a uno mismo era imposible, debido a que, con estas expectativas ideales y sin entrar en contradicción, no podíamos amarnos a nosotros mismos. Tendíamos a intentar coincidir con los demás o a negar las diferencias, aplacando nuestras intenciones. Al mismo tiempo, negábamos esa sensación de frustración que sí podría unirnos al otro. Eso ahondaba la desconfianza, diluía las esperanzas de encontrarnos con alguien como nosotros en una mirada que nos sirviera de palenque, donde habitar juntos.
El “entre” no tiene solo que ver con los sujetos o con lo grupal, sino más precisamente con la escena, lo que recorre el contorno de la escena, los bordes. Es lo que pasa entre los miembros. Más allá de la mayor o menor integración de la persona (aspectos más heterogéneos y disociados) y de los integrantes de un grupo (de los conflictos que los constituyen), hay que entender lo que les está sucediendo con la circunstancia que les tocan vivir. Qué hacen todos los involucrados con la situación en ese tiempo y lugar que comparten.
Por ejemplo: ¿qué le pasa a una familia que sufre un accidente automovilístico en el que perecen tres de sus miembros? ¿Qué sucede con los sobrevivientes, y qué con quienes no viajaban allí? ¿Cuáles son sus planteos, si es que se los formulan? ¿Cuál es la explicación de cada uno para eso que están viviendo, de lo que pasó? ¿Lo transitan juntos? ¿Comparten su dolor y lo que representa para cada uno? ¿O lo hacen de manera disgregada, lo niegan e intentan simpatizar?
Pensar en el “entre” es dejar de pensar en términos de roles para pensar en términos de agenciamientos y vínculos: la relación de co-funcionamiento entre elementos heterogéneos que comparten un territorio. Todo agenciamiento es, en primer lugar, territorial, señalan Hernán Kesselman y Eduardo Pavlosky, y tiene un devenir. Los agenciamientos individuales ocupan aquellos lugares, se consustancian para complementarse en el poder hacer colectivo.
Los procesos vinculares son el tejido conectivo que aloja y sostiene a los roles, uniendo a las personas por necesidad gregaria de la especie, más allá de un sentido racional, emocional o espiritual.
¿Qué recursos tiene el sistema de relación de los integrantes del grupo familiar que atraviesa una situación adversa?
No somos seres aislados, sino modos de ser entrelazados en un contexto específico.
Cuando se viven situaciones críticas nunca se trata de problemáticas individuales, sino de una globalidad representada por dos o más personas que reproducen un escenario y un tiempo. Hay un sistema dramatizado que crea un estado, y ese estado juega “entre”el aquí y ahora, y la historia de cada uno.
Reconociendo la dimensión de extranjero, de ese otro que hay tanto en el prójimo como en el sí mismo, logramos darnos cuenta de esa zona, esa distancia necesaria que hace que evolucionemos juntos. Sobrellevar la tensión de ese desconocimiento nos permite comprendernos en la medida en que interpretamos y aceptamos la realidad que nos rodea.
La negación reniega de la ambivalencia acerca de ese otro al que temo y amo al mismo tiempo. Es como un juego de palabras: en un mundo positivo, huimos de lo oscuro y le tememos, pero ahí nos cubrimos y descubrimos. Y muchas veces, en la claridad, nos ahogamos de tanta coincidencia tranquilizadora. Esa oscuridad negada es proyectada sobre otro que nos contradice, se nos opone y nos pone límites. Esos límites nos salvan de quedar atrapados en un eco eterno de nosotros mismos.
La vida, al igual que este libro, se configura como un largo viaje que se inicia en una dirección y que, a medida que transitamos, va cambiando su destino. La idea del hombre que domina su porvenir y que es su estratega lo encuentra al final de sus viajes frustrado frente al condicionamiento de la experiencia que siempre sorprende.
Los procesos de cambio ocurren en la combinación entre miedo y amor, los dos motores complementarios de la vida.
Desde que nacemos, la mayoría de nuestro desarrollo está signado por un amor de apego, un amor por temor a perecer. La palabra amor se compone del prefijo a
