Era cronal - Nagi Julies - E-Book

Era cronal E-Book

Nagi Julies

0,0
13,99 €

-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

¿Alguna vez te dijeron que todo está guionado? Posiblemente, el universo que conocemos esté grabado y escrito en los libros que se presentan como pruebas del juicio que permite determinar y editar, presentar y volver a crear. Todo es un juicio determinista. Toda historia se conecta y todo el universo tiene muchas caras que mostrar.

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB
MOBI

Seitenzahl: 690

Veröffentlichungsjahr: 2022

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Rejala Sánchez, Miguel Ángel

Era cronal : Juicio determinista / Miguel Ángel Rejala Sánchez. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2022.

512 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-817-801-1

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas Fantásticas. 3. Literatura Juvenil. I. Título.

CDD A863.9283

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2022. Rejala Sánchez, Miguel Ángel

© 2022. Tinta Libre Ediciones

Esto está dedicado a los que me criaron: los momentos.

Muchas gracias por existir, bellos y malos momentos, ustedes me formaron y aquí me presento.

Era cronal. Juicio determinista

Juicio

Episodio 1 [Juicio]

—Miren a los dos sujetos. Bueno, a tres de ellos porque él no cumplió su trabajo: la pelimorada vestida elegantemente, el que es su novio, además del rufián que no los atrapó solo. ¿Qué piensan de esto? —dice el abogado litigante.

Me invitaron a ver el juicio hacia Nothing y su ¿la llaman novia? Veo su nombre, es una tal Abigail. Es una mortal del segundo plano existencial. Él tiene buen gusto, aunque un tanto plana se la ve. En fin, me causa intriga lo prometido por el abogado al inicio: ver recuerdos de los tres.

—Pero ya empezaremos a ver primero cómo lo veía ella a él, para que ustedes decidan si esto ha sido alguna clase de adulterio del señor Nothing —el abogado ha hablado mirando al público donde estoy yo con otras diez personas. Nos invitaron de varios universos por menciones. “Universo 9”: así ha llamado al mío, para ver esta escena de esa chica que en su identificación tiene el título de princesa. Están dormidos a la vista de gente muy bien vestida, entre los que veo hasta un vampiro. Veamos qué tienen que decir mientras tocan la cabeza de ella para ver la pantalla de ¿recuerdos?

—Empieza la película —dice mientras cambia de forma y a mi lado hace aparecer un sombrero que parece de piel en su cabeza.

3, 2 y el 1 hará iniciar el cine. ¿Qué es lo que veo?

Recuerdos de Abigail y Nothing. Confía

El rey y la reina están esposado por una mano de cada uno. Como si nada pasara en el juego, ven cómo debajo de ellos habrá en el ejercicio… solo un montón de púas y mucho ácido.

 —¡Ya estamos listos! —dicen juntos. Sesenta años con ellos y siempre me pregunto cómo pueden matar de diabetes a alguien de tan dulces que pueden ser. Conmigo lo han sido al punto de que la plantación de tomates tenía envidia de mi color, de tanto amor que recibía.

—¿Afirman que están listos? —responde el señor N, mientras vuela con sus cuatros alas. Al caer veo cómo desaparecen. Es extraño contemplar cómo cambia tanto de forma.

—¿Abigail aún no hará la prueba? —menciona el señor N.

Death parece que quiere que no sea la princesa sin príncipe.

—A mi hijita no le interesan los chicos. ¿O sí, mi bonita hija Rylin? —madre reina habla de forma que se puede malinterpretar.

—No, madre, me interesa solo estar sola y fiel a… ¿Por qué me llamaste por mi segundo nombre, madre? «¿Por qué me callé a la mitad de mi frase? La cabeza se me vació en un segundo. Como si me hubiera olvidado de qué decir».

—Mmm… eso sonó raro igual. Ignoremos eso y empecemos, Abigail —exclama N, en medio de un silencio extremo e incómodo mientras mi cara muestra el rojo que es capaz de tomar. Espero que no se vea cómo mis cuervos me la muestran sobre mi vestido de princesa, violeta oscuro, el clásico.

—¿Solo es soportar unos minutos ahí arriba? —dice el rey, y mira el madero que, con cualquier sobrepeso de cualquiera de sus lados, caerá por su propia gravedad.

—Claro, ¿los subo o se suben solos? —responde el señor N y sonríe, tiene una cara particular a veces. Hoy parece que no durmió y no ha notado que lleva una barba como si tuviera veinte años más de los que tiene realmente.

—Haz los honores —responde la reina. Aunque él nunca mostró negatividad hacia ellos y ha dicho una vez que los ama mucho. Esta vez iba todo normal hasta que la reina habló así y él lloraba. A pesar de ser un dios, tiene cosas dentro que no muestra, más allá de guardar las almas negras.

—Go!

Dicho esto, aparecen el rey y la reina con las manos atadas hacia arriba y apuntando hacia el camino direccional, de forma tal que quedan colgados uno del otro.

—Si me muevo un poco para atrás, cae. Si ella para adelante, igual.

—Pero te olvidas de algo… quizá si hubiera una falla, no lo pensarías. ¿No, Nothing Death? —dice la reina y mira al rey, quien normalmente le dice “Ella” cuando están por jugar a algo.

—Quiero ver qué falla dices, señorita Sofía —Nothing empieza a volar hacia una madera en la pared. Parece un pájaro a veces, así que supongo que le gusta parecer uno.

—¡Podemos, simplemente! —el rey exclama esto y entonces ambos dejan caer la madera y se acercan uno al otro hasta quedar en el aire. Puedo ver cómo sus piernas quedan conectada piel con piel. De ese modo, dejan ver cómo la unión entre sus piernas evita que caigan por más peso de un lado que del otro. Están tomados de las manos y con sus labios tan cerca uno del otro que apenas se puede ver la diferencia entre la ropa del rey y la de la reina. Ella suele usar más blanco en su camisa y él más negro, sin embargo, ahora es la unión perfecta: hacen un símbolo en el aire mientras flotan y están esposados uno al otro.

—Me han hecho plantearme otra vez algo importante, ya pueden irse. ¿Quieren que los baje yo o ustedes solos? —el señor N se escucha sorprendido, al parecer, y no puede simular algo falso en su cara.

—Mi chico quiere que lo baje yo —responde el rey Nyu mientras con una mano sube su guadaña hasta lo que mantiene las esposas unidas. Evita romper algo y estoy viendo cómo su reina se agarra a eso mismo. Mientras tanto, se balancean de un lado a otro, tienen hasta sincronía en sus acciones. Por lo que veo, no quieren salir de esa posición.

—Genial, me gustaría intentarlo, pero no creo tener con quién —mi voz es baja, espero que no me escuchen. Bloquee hasta el sonido para evitar mi ilusión. Ambos caen frente de mí con una sonrisa muy especial, y aún se tienen de las manos.

—Veo que lo quieres hacer igual.

Espera eso vino de detrás de mí, es la voz del señor N. Según mi padre, él puede escuchar lo que pensamos.

—Para nada, solo lo veo divertido supongo —digo así porque sé que me habrán escuchado mis padres, después de negar que me gustaría de forma indirecta.

—¿Te gustaría intentar conmigo, señorita? —responde mientras pasa delante de mí, de una forma delicada como siempre. No vi cuándo bajó.

—Oh, ya veo. ¿Pero podemos poner condiciones? —dicen mis padres como si ellos ya hubieran aceptado por mí. «¿Desde cuándo eso es buena idea? Yo no hago nada sin quererlo».

—No, solo lo vi divertido. No es necesario —espero que mi tono no parezca enojado o que me estoy negando.

—Entendemos eso, igual queremos que lo veas como algo de confianza. Hace tiempo que no te vemos confiar en nadie más, ¿por qué no confiar en él? —me habla la reina madre con esa sinceridad tan característica en ella. «Bien, creo que no hará nada malo».

—En ese caso, acepto. Solo quiero decir que no quiero que me toque de la forma más obvia —termino de hablar con un fuerte sonido de mi respiración.

—Calma, confiamos en él que no tocará nada. ¿No, Nothing? No le harías nada a Abigail según el código —dice el rey y observa al dios, espero que nadie vea esto o romperá mi status de “no se toca”.

—Claro, nunca tocaría a Abigail, por nada del mundo. Soy un caballero y tú como tal entenderás eso, rey Nyu —responde con una reverencia. Siempre es educado.

—Bueno, basta de palabras. Quiero ver si mi hija confía en alguien.

Parece que es una prueba de la reina, mi madre.

—Go! Ahora, vamos —parece que mi exclamación los asustó, no se esperaban que gritara y diera un pequeño salto a la vez.

—En ese caso… —el señor N levanta su mano y muestra lo que nos ata.

—Esta puesta de forma tal que mi mano no se escape ni me moleste —al decir así, le muestro mi mano con el anillo y la esposa.

—Exactamente, ¿quieres que empecemos? Ya la madera está en su lugar.

«Lo noto, señor N. Eres rápido para reparar las cosas sin mover un dedo».

—Vamos, respeta las reglas, ¿vale? —respondo, mientras él levanta su mano para cambiarnos de lugar, supongo. Ahora la madera es un poco más grande. «Seguridad», pienso.

—Yes.

El movimiento nos dejó arriba de la madera como el rey y la reina. Tenemos la piel firme y debemos movernos en sincronía para evitar accidentes.

—Princesa, es como bailar. Usted tiene los ojos para copiar mis movimientos y yo los de usted. ¡Ahora! —menciona esto mientras sus ojos cambian de color y de pronto son iguales a los míos.

—¿Bailaría conmigo, usted, esta noche?

Quiero ver cómo reacciona. Me gusta recordar el momento cuando le digo estas cosas en voz alta a alguien. Piensan que soy coqueta, pero no, solo lo menciono en broma y en mi círculo más íntimo.

—Claro, solo quiero preguntar antes de eso: ¿qué mirará en mis ojos la chica que me mira? —dice esto mientras hacemos un paso hacia delante. No nos falta sincronía por ahora.

—¿Qué clase de pregunta incómoda es esa? —no hay que mentir: me incomoda que me pregunte eso en esta situación.

—Puede ser que me interese saber qué piensa usted de mí, de allí sale la confianza, ¿no? —responde sin perder la calma. Tiene la mano un tanto elevada como yo. Puedo notar que su peso de es 72 k y el mío 62 k… eso provocaría cierta dificultad.

—Me agrada en parte. Es una persona tan educada como mi familia y dedicada como persona para preocuparse por nosotros.

Espero que mis padres me escuchen, aunque no puedo verlos ahora que debo dar atención a la madera.

—Es un gusto saber eso. Yo pienso de ti que eres una chica bonita, que disfruta mucho de estar sola y con su familia a la que tanto quiere —responde mientras nos tomamos del otro para tener equilibrio. Está siendo delicado, apenas toca mis manos por respeto.

—Te concedo el permiso de tocar mis manos completamente. Confío en ti —le hablo así al advertir cierta desconfianza, mejor dicho, su empeño en mantener su palabra.

—Muchas gracias —dice al tomarme de la mano, con lo cual la madera se deje de mover. Parece que desde esa distancia es más fácil mantener el equilibrio, realmente dudo de que se caiga.

—¿Cuánto mide la cadena? —pregunto mientras se para como yo. Parecemos uno el espejo del otro en todo sentido: lleva hasta un anillo parecido al mío.

—Lo suficiente para que nos podamos sentar, si quieres nos sentamos y hablamos —responde aún tomado de mi mano.

—Me parece bonito esto, pero ¿cuánto tiempo hay que estar aquí? —tengo dudas acerca de cuánto debo estar en esta posición al frente del señor Nothing.

—Hasta que usted quiera. Lo aceptaré, si usted se quiere bajar —habla y notamos que la madera está congelada en el aire, entonces nos quedamos quietos.

—Me gustaría que nos sentáramos a hablar como amigos, pero abajo. Creo que ya sé qué quieren enseñarme: el valor de confiar, ¿no? —espero que esa sea la respuesta. Pienso que ellos vinieron a mostrarme eso más que cómo pueden no caer por estar unidos.

—Puede ser… Aceptaré eso como tomar el té, señorita Abigail.

La madera ha comenzado a descender con seguridad. Acabo de aceptar una amistad, al parecer, con alguien más.

Recuerdos de Abigail y Nothing. Sin ruido

A simple vista, toda la gente se prepara para salir en unos siete días: irán a cenas o parecidos, porque cada uno tiene algo que hacer con alguien especial. Hasta Azul y Violet tienen planes. Soy casi la menor en edad y también la sin amigos. Política: eso es a lo que me dedico algunas veces. Durante las cenas, a veces controlo que las mentes de niños no se escapen, aunque me doblen en edad. Linda vista ver cómo en esta mesa preparan el siguiente 14 de febrero.

—¡Ey! ¡Abigail!

Es Loki. Parece que se ha fijado en mi cara. Ahora que la veo desde el cuervo, estoy amargada. Como siempre, al parecer, nada fuera de lo común.

—¿Sí, hermano?

—Me preguntaba, ¿no quieres venir con nosotros al paseo a las montañas? O supondría que tienes planes de algún tipo con N, ¿no? —al mencionar a N, Loki mira en dirección contraria a donde yo me encuentro. Creo que ha soltado una sonrisa cuando me recordó que sí tengo planes. Yo sé que los tengo. Y él también lo sabe, porque no espero menos de mi mejor amigo.

—Puede ser que sí, o que no. Nada es seguro —respondo enigmática mientras me levanto. Iré a mi habitación, igual no será ningún problema para ellos que no esté aquí.

—¿Te molesté en algo? Abigail, no quería decirlo de esa forma —me pregunta Loki al revisar mis emociones, supongo. Creo que de nuevo mi cara no deja de expresar que siento algo diferente a lo que digo. «O quizá a lo que pienso realmente». Se dieron la vuelta para verme, todos.

—No, Loki Jack, para nada. Solo quiero ir a mi habitación, solo estoy molestando aquí. No estoy haciendo nada y debería estar trabajando en alguna cosa…

«Quisiera salir directo a hacer arte para mis estudios. Incluso, estudio de nuevo teatro para divertirme de alguna forma sola», pienso así mientras hablo.

—Está bien, Abigail Rylin, puedes ir a hacer las pinturas —Loki ha dicho esto justo antes de que cierre la puerta. Después de todo, el castillo no está tan vacío. Pero lo siento aburrido, al ser todos en algunos aspectos parecidos. Quiero hacer arte y solo mi trabajo, no quiero estar como el resto mirando el paisaje y sin hacer nada más que planear.

Mis cuervos me avisan que han llegado invitados, son tres por lo que puedo ver. Están pasando por el bosque lentamente y uno con sus cuatro alas. Te veo y no te esperaba.

—¡Hola! —apareció detrás de mí. Sabía que haría eso, siempre lo hace. Sus hijos han desaparecido, parece.

—Nothing, ¿sucede algo? Ha venido sin avisar —lo menciono como al pasar y me doy la vuelta. Debo mostrar los modales correctos ante él: solo afuera me puedo comportar de otra forma.

—Nada en especial, solo quería visitar el lugar y pasear por aquí. Por qué no —así habla mientras guarda sus alas. Es el pajarito gigante con forma de humano elegante y no se preocupa, al menos conmigo, por esconderlo.

—Entonces, le debo dar yo el paseo, si me lo permite —respondo con los modales correspondientes, hay gente viendo y es código de la casa. Muevo mi falda en reverencia hacia él.

—¡Ey, señora! ¿Es un nuevo rey? —dice un guardia.

«¿Por qué siempre sucede esto? Solo soy formal. Ignoraré eso por ahora, después veré si hago rodar su cabeza».

—Como decía, yo seré su guía por hoy —digo mientras coloco la mano en el corazón, como el código de la casa dice.

—Acepto con gusto, princesa —responde mientras camina a mi lado. Se ha quedado contemplando el paisaje y su vista se pierde entre las bajadas a lagos del lugar. Mira uno en especial y pregunta—. ¿Es nuevo?

—Ah, ese lugar… no sabría decirte. Nunca lo vi antes —exclamo al verlo. Él abre la puerta al pasar y levanta la mano hacia mí. Sigue usando su traje negro y el pelo sobre uno de los ojos, como lo llevo yo también; pero mi ropa es la de una princesa con falda y una camisa al estilo más victoriano posible.

—¿Me seguiría usted para ver el lugar? —mientras habla su mano se mantiene delante de mí, en una posición que apunta hacia mi corazón. Puedo ver a través de mi ojo cubierto cómo está en estado neutro, aunque por momentos tira su emoción a otra cosa.

—Claro, con gusto. —Entonces, tomo su mano y camino hasta cerca del río del medio, dos árboles en cada orilla y una caída de agua que se ilumina.

—Dos lindas montañas —dice al sentarse, y me siento junto a él, debajo del árbol, dispuesto a contemplar el paisaje, según lo creo.

—¿Esto qué significa? —«¡oh, no, eso me salió sin pensar»—. Recién veo que es un cruce entre dos minis montañas.

—No me refiero a faltar el respeto. Es solo que me gusta ver el otro árbol en la sombra del día —mientras habla tiene la mirada quieta en lo que menciona: parece que sí hay paz. El sol cae de forma perfecta y da la sombra.

—Este lugar es especial, pero siento que quieres decir algo, Nothing.

Siento que mis ojos se cierran, cuando he terminado de hablar y pienso que no estoy durmiendo bien.

—Nada en sí. Hoy no estoy muy activo, pero tengo una duda… me pregunto… si el domingo que viene querrás ir a una salida conmigo. Es el día de la amistad, ¿recuerdas? —habla mirando el agua con uno de sus ojos. Siento que unas diez personas nos miran por detrás.

—Sí, estoy disponible como siempre en mis días libres. No tengo mucha gente para esos días, señor N —lo llamé N porque he notado que hay gente detrás de nosotros. Es una molestia que piensen que somos otra cosa.

—Excelente. Sabes, me puedes llamar Nothing frente de ellos, si gustas. Igual no nos están escuchando, no lo permito, solo pueden vernos aquí y si quieren escuchar tendrán que venir a dos pasos —responde mirando de reojo hacia atrás. Parece que no le importa que nos vean, aunque sea el código de la casa.

—Si me lo aseguras, lo creo, aunque no me gustan los chistes o lo que suelen pensar de mi mejor amigo. No eres triste ni amargado, ni yo lo soy… Solo somos… algo más.

—Somos amigos parecidos en la seriedad, nada más ni menos, princesa. ¿O hay algo más que le preocupe?

Nos levantamos sin tomarnos de las manos, eso haría ver otra cosa ante mis padres y quizá sea una falta de respeto.

Recuerdos de Abigail y Nothing. Día especial

—¡Ey! Hermana, estás muy distraída. ¿Sucede algo en esa cabeza?

Creo que me quedé mirando por la ventana. Ya casi todos se han retirado y solo permanecemos Natalia y Violeta (dos de mis hermanas) y yo. Parece que me esperaban… ¿O solo se olvidaron algo?

—Nada, solo veía al pueblo desde el Piso 45, como siempre. ¿No iban a salir?

—Sí, pero te vimos aquí todavía. ¿El señor N va a venir a por ti? ¡Ey! Hermana, igual te queríamos hacer una pregunta —Natalia lo dice como al paso. Me doy vuelta para mirarla directamente a los ojos, porque puedo ver todas las intenciones que puedan tener. Ahora está nerviosa por ¿molestarme?

—¿Cuál sería esa? —respondo al levantarme. Uso mi ropa de guardia con la falda larga y botas hasta las rodillas y la camisa oscura hoy, por la falta de ánimo.

—¿El señor N es tu amigo o mi cuñado? Hace siete días, en el árbol parecían otra cosa; y si quieres que la pregunta sea más seria, te llamaré Rylin —mientras ella habla, yo camino para ver al reloj. Habrá notado mi ropa, porque ella hoy usa el color blanco de estar feliz.

—Mejores amigos somos con Nothing Niebla; de hecho, debo prepararme para salir a verlo. Qué tengan un lindo día, hermanitas que me llaman por mi segundo nombre, Violeta Julieta y Natalia Victoria. Díganle también a Azul Jasón que deje de observar conversaciones ajenas.

Dicho eso, camino hacia la puerta, aunque antes me he asegurado de mirarlas a los ojos por la regla de la casa. Tengo frío en los dedos de las manos, estos guantes no son los que uso siempre, porque no combinaría el blanco con lo que hoy llevo puesto.

—Qué tengan una linda cita. Mucha suerte, hermana.

—Ustedes, igual. —Mi voz… ¿se habrá notado que no quería usarla? «Piso 45 debería tomar velocidad para bajar los siguientes cuarenta y cuatro pisos o, ya sé, veo la ventana ahí abierta. Cuánto tiempo me ahorraré, tomaré velocidad sin que nadie me vea. S, nadie me ve».

—Go!

Qué ánimo me ha dado hacer este salto por la ventana. Grité el “go!” al sentir el aire mientras caigo. No me alejé casi nada del muro, y eso es algo que aprendí hace tiempo para no causarme daño. Aun sin posibilidad de morir, no significa que me agrade curarme de un impacto desde el Piso 45. Mi cuerpo es energía. En este plano, por cuestiones de educación, me limito a no ser energía pura hasta el momento adecuado, cuando cambio de estado material.

—¡Esto!

Otro grito más. Me divertí bajando estos cuarenta y cuatro pisos, directo y desde la altura real. Un guardia me vio. Su cara demuestra que no pensó que fuera yo.

—Señorita, ¿está bien? —pregunta con preocupación. Por código de la casa, se debería evitar hacer estas cosas, para que luego no me vean peinándome por caer desde tanta altura sin impactar.

—Estoy perfectamente bien, no se preocupe y muchas gracias por preguntar —me ordené la falda mientras decía esto. Antes de casi impactar contra el piso, me tomé del muro o, mejor dicho, me pegué a él y apliqué un objeto debajo de mí para caer de forma efectiva, sin daños, como si cayera sobre el muelo fresco.

—Excelente, señorita, que tenga un lindo día —el guardia saluda y se retira.

Me dirijo hacia los exteriores del palacio mirando la dirección en mi cabeza… la he olvidado. «¿Cómo era el número? Puerta número…». No me recuerdo bien del número, mejor lo llamo directo por el teléfono.

Marca Abigail: marca a Nothing.

—¡Ey!

—¿Viniste antes? ¿O por mí?

Me doy cuenta de que me levanta y hay demasiada gente. Odio que me observen tanto.

—Nothing, hay mucha gente a nuestro alrededor —digo al ver que notaron que soy una de las princesas y me he reído, con voz baja y solo para él, pero me he reído, por alguna razón.

—No te preocupes, ahora ya no te ven —escucho a Nothing mientras me baja y todos cambian su cara, como si hubiéramos desaparecido o algo más.

—¿Ves? Ahora desaparecimos completamente de su vista —exclama con un tono feliz. Al mismo tiempo, un niño apunta en nuestra dirección y pregunta: “¿Dónde se metió la pareja de novios?”. La imagen que damos a veces para eso es extraña. Solo somos unidad perfecta.

—Es bonito ver cómo piensan eso, no entienden el concepto de amistad pura —me mira a través de sus lentes de sol que le cubren hasta las ojeras, creo que hay algo que no me quiere decir. Hoy está vestido como para salir y nada más, no de traje, como siempre, mi pájaro.

—Lo sé. Hoy estás muy bonita, Abigail.

—Con permiso, no deberías escribirle “muerte a Ale” en el chat tan seguido en vez de dormir. Hay diferencia de horario —digo y tomo sus lentes y al tirarlos, lo veo reír. No tiene ojeras hoy, así que parece que durmió bien.

—¿Creías que había otra cosa? Te engañé, ayer no fui a su directo. Es mucha diferencia horaria para ver el directo del señor Ale y escribir, luego, “Muerte a Ale con Zonget” —mientras él habla, escucho que los lentes que tiré golpearon a alguien. Lentes que aparecieron de la nada: lo más normal con nosotros cerca.

—No, exactamente, pero me mola ver que duermes, ahora yo tengo ojeras. ¿Cómo se ven?, ¿bonitas? —digo para mostrar que ayer dormí poco, cinco horas y a causa de una fiesta. Aunque por la diferencia horaria él pensaría que dormí más, pero la verdad es me quedé pensando mucho en las cosas que debía estudiar.

—Siempre lo estás. Bien, ¿hoy quieres ir a pasear además de comer dulces? ¡Es nuestro día de la amistad! —exclama con una sonrisa notable.

—Está bien, Niebla. Me preguntaba si planeaste algo mientras saltaba por la ventana.

—¿Usted me daría este día especial?

—Como todos mis días libres, solo para ti, mi único amigo, fan del señor Ale —di mi respuesta con una sonrisa. Mientras hablo, me coloco la esposa y la otra parte va a su mano. Ese es el símbolo de nuestra amistad desde ese día, cuando pude conectar con mi mejor amigo.

Recuerdos de Abigail y Nothing. Gladiador

Comunicador. Podría solo hablar con ella por nuestras mentes. Mi hermano quiere evitar trampas así que debo usar un comunicador para hablar con ella… Ella será el gladiador de nuestra parte del juego. Un duelo a muerte, técnicamente, si no estuviera ya muerta desde hace tiempo.

Es la hora, debo llamar para preguntar cómo van las cosas allá arriba.

—Cariño, digo, Abigail, ¿cómo va todo ahí abajo? —Un poco de silencio, tarda en llegar siempre la respuesta de un lado a otro.

—Todo perfecto, queridito. Solo debo hacer palanca para subir. Por lo que veo, debo malograr fuerza para que funcione.

—Tienes fuerza inagotable de todas maneras; no te puedes agotar, a menos que sea tu hora de dormir, del resto ni agua ni comida ni aire.

—Lo sé. Te noto nervioso, Nothing, ¿sucede algo? —Abigail responde mientras veo cómo apenas faltan unos segundos para que todo esté listo. Ella será la primera en llegar arriba: un coliseo, a lo clásico. Entran cincos y sale uno, una muerte rápida.

—No es nada. Soy alguien a quien no le agradan estos eventos, Rylin.

—Niebla… No te preocupes. Me dieron un arma que puedo usar con mucha facilidad, una simple espada. Y para que te sientas feliz de verme, no usaré mis ojos.

—¿A qué te refieres? —replico para dar tiempo a que termine de estar lista. Se ha detenido, es decir, ya no sube y si dejara de usar fuerza caería por algunos pisos.

—Solo usaré el alfanje, con los ojos tapados, como si estuviera a oscuras realmente.

—Entiendo, iniciemos esto… —digo así al ver que Abigail se adelanta y sube tan rápido que golpea el techo y el impacto asusta a los que estaban arriba. Yo estoy separado del resto en el interior de un lugar con ventanas hacia afuera. No deben escuchar que hablo con ella.

—Vemos que han llegado casi todos, tendrán unos segundos de calma antes de que el último termine de levantar su ascensor. Se necesita una fuerza de levante de treinta toneladas para que se mantenga y unas cinco más para que suba…

Es mi hermano menor el que habla en su zona de honor en el mismo techo. Vocifera sus datos no tan interesantes, sé que ella levanta eso. Quizá ha hecho trampa porque ha estado ella dos veces en el lugar.

—¿Lista?

—Claro, ya solo escucho.

—Entiendo. —Veo cómo se abren las puertas. El último llegó más rápido de lo que creí, en un nanosegundo inicia.

—¡Empiecen! —escucho la voz de largada en la boca de mi hermano, mientras salen cuatro disparos de sus jaulas de metal. Buscan la puerta como si fuera una misión a la Luna. En la corrida, impactan contra dos sujetos cubiertos por sendas armaduras. De la misma jaula sale, con los ojos tapados, Abigail que viste su ropa clásica, falda larga, camisa gris y botas.

—¿Por qué no ve? —se preguntan muchos de la multitud. No saben que es para hacerlo más divertido. Abigail disimula que escucha todo. “Como si lo viera”, me ha dicho. Caminaba en la oscuridad de mi casa solo con guiarse por el sonido que producían las cosas. Un talento familiar, sin duda.

Con la esperanza de impactar en ella, se acerca uno de los sujetos. Abigail solo mueve su espada en dirección a él y lo para en el aire. Si quisiera, podría usar alguna magia básica para matarlos a todos, a lo sumo con tres podría terminar el combate, pero entonces sería aburrido.

—¿Sí ves?

—En HD veo todo y tus movimientos, muy lentos —al tiempo que dice esto, atrapa en el aire un hacha que desvía hacia la cabeza de quien empezó a dar estocadas, las cuales han sido detenidas por una única espada, por lo que sin perder tiempo se hacen a un lado. Tiene Abigail una copia de los movimientos, también puede ver qué harán y hasta anticipar las acciones que podrían hacer… como el padre.

—Hazlo, Abigail. Si quieres, ¡juega con ellos! —dicho esto, veo cómo desaparece de la vista de todos. Se movió a una velocidad cercana a la luz—. Algo natural en ti, tan… hermosa como siempre. —«¿Qué estoy pensando? Ahora hablo solo… Excelente, cada día más difícil de entenderme. Sientes algo por ella y eso está mal».

—Nothing, te escuché… —Abigail me responde por el comunicador. No recordé que debo apagarlo cuando no lo uso.

—No deje dé presionarlo, ¿no? —digo con pena.

—Yo siento lo mismo… digo, después lo hablamos, si quieres. Yo… —dice mientras le rompe el cuello a uno. Quedan tres más.

—Abigail…

—Terminemos con esto.

El lugar comienza a llenarse de agua. Todos van muriendo por la electividad tan efectiva, no queda ni polvo… Los ha destruido hasta en sus átomos.

—Nothing, tú, igual, estás bendecido por mis ojos…

Episodio 2 [Juicio]

Hay silencio en el salón. Los dos se ven atados y dormidos. Bastantes tiernos son, pero ese recuerdo, ni aún sacado de contexto, parece sostener la acusación (adulterio, cuando son una amistad confesa).

—¿Por qué hay tanto silencio? Yo diría que vayan votando, para saber si los condenamos.

Se levanta el abogado defensor y responde.

—Amistad es lo que veo. ¿Qué tiene de malo coqueteo y una amistad donde disfrutan más de su compañía que con la de sus familiares? La pregunta verdadera es: ¿qué cree el abogado atacante, cuando ataca tanto al señor Nothing? Han pedido que él no hable, ahora quiero oírlo a él.

Mientras respondía el abogado defensor, la cara del abogado litigante cambia y veo cómo se enoja un poco el señor All (es el buen abogado de Nothing; aunque según lo ha informado, su nombre es “Maybe”).

—Señor, tengo una pregunta, ¿por qué estamos aquí? —me pregunta el cambia-forma que se encuentra a mi lado (en realidad, cambia su piel como todos en este lugar, un don común entre los dioses).

—Están aquí por orden de su subcreador, All.

—Intenta demostrar su punto, que Nothing está enfermo al tener una relación sentimental con una de las creaciones. Por eso mostraré la historia de una creación de él —responde el señor Maybe, ha mirado a todo el público y gira en el círculo Este con gente de varias razas. El silencio se hace presente de nuevo, porque quieren juzgar a alguien que está esposado a su mejor amiga, mientras se toman de la mano sin decir una palabra, atados y dormidos.

—También creo que usted puede responder a una duda más, ¿puedes decirnos por qué no tenemos ojos en nuestra forma natural?

—Los ojos son la ventana al alma, una idealización menor de todos nosotros. Sea de muerte o vida, nunca va a necesitar ojos, propios de especies inferiores a los creadores, para agradar. Somos más cercanos a una forma guapa y, sobre toda idea, seres sin tiempo, ni espacio ni forma. Entonces, llegamos ser unidades de ninguna clase y esto nos permite ser lo queramos y siempre o nunca mostraremos una forma, solo si queremos, porque somos omnipresentes. No hay necesidades, luego, la forma original de vida es él: morir no existe, si no naces ni te idean. Respirar no existe, si no tienes aires y crear es lo mismo que destruir como resistir el daño que causaría su acción y la creación del producto.

Apunta al lugar del señor juez, un lugar vacío, sin nadie, sin gente.

—¡Ahora verán los recuerdos de una creación de All! —exclama el abogado litigante mientras la pantalla se vuelve a prender.

—Tengo otra pregunta para ella —dice el Cambia-forma.

—¿Cuál ella? —responde Maybe, ante la pregunta del cambia-forma que observa al juez.

—Ella sí tiene algo parecido a un alma. Tiene dos… —Maybe mira de nuevo al juez por un instante.

—¿No eres Leslie Morgan mi padre…?

—No tengo forma real como ustedes, no le den vueltas al asunto, hijitos.

—¿Es en un cuerpo de mujer donde estás ahora?

—De tu madre, posiblemente. ¿Por qué te preocupas? Todos somos un montón de cambia-formas. No tenemos un aspecto definido y podemos entrar en el cuerpo falso de otro —responde el juez a Maybe, y deja notar su risa entre letra y letra.

—Iniciemos de una vez.

Recuerdos de tres días oscuros

Miro esta noche de lluvia por la ventana. Noto en el aire algo diferente. Hay una luna llena que ilumina un poco las calles, pareciera que ante mis ojos se mueve de un lado a otro, por momentos. Quizá sea la aurora que la rodea, un punto especial desde este ángulo… tomo algunas fotos y escucho la música del vecino a altas horas del jueves.

—¡Ey! Hace mucho que estás mirando por la ventana.

«¿Qué fue eso?». Normalmente vivir solo no genera eso, alguien se habrá metido a mi casa, ¿o lo estoy imaginando? El garrote de la puerta mostraría, efectivamente, si alguien se ha colado en el interior de la casa. Si avanzo hacia el ruido que viene desde mi baño, podré aplicar la Ley de Texas.

—Caminas muy lento, pero ya me voy...

«¿Eso fue afuera?». Solo estaba a tres pasos de la puerta del baño. Lo que sea está en mi mente. «¿Qué es ese ruido?». Una alarma de emergencia de la ciudad, parece que hubo un accidente como en las películas clásicas de Chernóbil.

—Se pide que se queden en sus casas y sepan soportar estos próximos tres días. ¡Tengan suerte, ciudadanos!

«Ese mensaje… no es muy extraño en el altavoz de la ciudad?». Veo cómo se corta la luz y queda todo a oscuras. Lo bueno es que, fuera de casa, tengo las luces de movimiento a batería por lo que duran horas. Alguien pasa corriendo bajo la ventana y activa la luz, va gritando, parece asustado.

—Me vieron de nuevo estas luces.

«¿Se refiere a mis luces?». Mientras se pierde en la calle oscura, noto que la luz de la aurora desapareció de un momento a otro. «¿Quiénes lo siguen?». No veo a nadie que lo siga, solo a alguien que acaba de encender una luz lejana y camina.

Desde la ventana del segundo piso, puedo verlo reaparecer. Camina con esa calma extraña de quien surge de la oscuridad, como si no tuviera miedo a nada. Su aspecto parece el de un sujeto bien vestido, con ojos de mapaches. Lleva en el ojo derecho un monóculo con luces, que brilla por momentos y toma fotos hasta con flash. Que ridículo se ve desde esta distancia. Por momentos, parece dirigir la mirada hacia arriba. Mira mis luces y toma fotos. Los vecinos se quejan de que no tienen música, no usan baterías estos tipos, y piensan que todo es responsabilidad del Gobierno.

—¡Ey! ¡Imbécil! ¿En qué momento vuelve la luz? Andábamos de fiesta y pagamos tu salario por un buen servicio —a los gritos, sale el padre de la familia tan molesto como siempre. Al parecer, tiene un machete para amenazar al sujeto sin pensar que puede ir a prisión. Ha empezado a llover, pero él parece ignorarlo: el sujeto es un mapache humano, raro. Veo cada vez más la cara de furia del fanático del fútbol profesional.

—Deja de hablar solo, imbécil, ve y haz tu trabajo —dice el vecino enojado. El sujeto, además de ignorar los gritos, habla solo, en voz baja. La lluvia aumenta su fuerza hasta mostrarse feroz, ya no es una lluvia de temporada.

El vecino regresa al interior de su casa, mientras le grita con furia al mapache humano. Se ve el enojo de la familia desde dentro de la casa. Desde aquí escucho: “Ese tonto trabajador nos está amenazando, a nosotros y a todos. Morirá aquí”. El mapache se coloca una capucha que llevaba oculta entre la ropa. No la había notado, a pesar de que llevo viéndolo hace tiempo.

—Ven para acá, imbécil. Nadie amenaza de muerte a mi familia. Maldito perro de la calle...

El vecino se enojó tanto que ha salido con una escopeta. «Esto va a terminar mal para alguien».

—Me vas a pasar con tu superior porque te voy a reportar, imbécil.

«Esa respuesta tiene más furia que la de los Titanes del dios de la Guerra». Todo queda registrado por mis luces, como si fueran una cámara. Le apunta con el arma amenazante, pero el sujeto con ojos de mapache ni se mueve; es más, pareciera ignorarlo peor. Pasa de largo incluso de la escopeta del sujeto borracho al que llaman vecino. Llegan algunos miembros de seguridad del barrio.

—Veo que hablamos el mismo idioma. Ahora arreglen la luz para que page sus salarios —el vecino menciona esto mientras apunta a dos sujetos que llegaron de la oscuridad vestidos como el mapache, se acercan a él para sacarle el arma de forma lenta, pero con calma.

—Prefieres morir, la ley me protege —dice y dispara su arma y al ver cómo… «¿No impactó?». Está cerca, de frente… Se podría decir que noto sus nervios desde arriba.

—Está vivo. ¿Cómo? Que mi arma fallara, hará que no me puedas denunciar porque sería falso, tecnicismos —dice riendo. Está muy borracho, pero ¿por qué se siguen acercando? Quieren volar su arma y lo mantienen con el cuello…

—Déjenme… Tienes la herida. ¿Cómo es que estás vivo? —le habla al mapache y lo mira a los ojos, entonces recibe dos golpes en la cara. «Abuso ¿policial? O mafioso». Entonces, el mapache le empieza a morder el cuello para chupar su sangre. «¡No puedo creerlo! Son… ¡¿vampiros?!». Se queda chupando hasta la última gota de sangre del vecino, mientras sus dos amigos entran a la casa. Y veo sangre que salta y se pega en las ventanas. Quedo congelado, no me puedo mover.

—¡Todos morirán aquí! ¡¿Me escucharon?! —grita el vampiro.

Sus ojos me parecían familiares. «¡Te vi en el diario! Habías desaparecido hace algunos años y ahora volviste, por lo que veo». Veo que hay otros tres que caminan por la otra calle y toman fotos. Tienen una falta de sincronía, pero vienen. Debo esconderme, aunque siento que ya me vieron.

Enfermedad

Voy camino directo, en el transporte, hacia el lugar de estudio… El odioso lugar de estudio, con esa gente odiosa ante mis ojos, gente tonta y de existencia sin remedio. Al menos no hay ningún código que me obligue a hablar con ellos.

—Señor, ¿de dónde viene la sangre?

—Alguien se habrá cortado.

Escucho a un niño hablando con alguien a mis espaldas. ¿Qué me pasa que de pronto todo me molesta?

—Chico, ¿la sangre es de sus manos o de sus ojos?

Me acaba de tocar la espalda alguien. Mi camisa blanca tiene sangre de cuando… ¿me toqué el rostro? Estoy ¿sangrando?

—No es nada, será de mi nariz.

—No, cae de tus ojos.

Mi brazo no reacciona, parecen los síntomas de Bridge falling down.

—¿Esto será la enfermedad del Puente Caído?

—¡Si lo es, aléjate de mí!

Las personas de pie que están cerca de mí han comenzado a gritar. Se alejan en direcciones contrarias y opuestas. Hace cien años desde que se descubrió la enfermedad y aún no entienden que es una evolución del cáncer.

—No se preocupen, tanto Internet tienen y no saben que no se…

Siento cómo caigo. El efecto ha iniciado, definidamente.

Cantos

El puente va a caer, va a caer, los niños avisarán. Cada uno mencionará que el final esté allí…

El puente va a caer, va a caer, los niños avisarán. Cada uno mencionará que el final esté allí…

El puente va a caer, va a caer, los niños avisarán. Cada uno mencionará que el final esté allí…

«¿Quién canta?». Está demasiado oscuro. Abro los ojos y no veo nada, pero detecto algo sobre ellos. Alguien me los ha tapado antes de que despierte, estoy en el hospital o eso creo.

—Dejen de cantar, me molesta y no dejan dormir.

El ruido del movimiento de la camilla se detuvo al instante. Estaba en movimiento.

—¿Qué demonios hacen? No hagan silencio cuando hablo con ustedes.

—Nadie estaba cantando.

—Pero si escucho al niño hablando del puente. No me hace gracia que canten eso ahora.

—Chico, le quitaré eso para que vea el hospital —alguien me ha hablado, mientras me quitan la venda (casi negra por sangre seca) de mis ojos. Puedo ver el pasillo del hospital. No hay nadie cantando. «Solo médicos y el silencio de la muerte».

—Llévenlo rápido, ya ha vuelto en sí.

—No se tomen tanto del tiempo. Apuesto que mis ojos ya están negros y la piel a sus lados se volvió del mismo color.

Todos me observan e inician el camino hacia la habitación. Hay mucha gente en este lugar y puedo ver a algunos asustados al verme.

Ojos negros

Ya tengo otro síntoma, uno que durará los meses que me quedan de vida. ¿Eran ocho meses para morir? O quizá más. Ahora veo mejor la profundidad y hay algunas mejoras físicas para practicar determinados deportes. Con eso, la gente intenta que “vivas los mejores momentos de tu vida” pagando poco y sabiendo que morirás en unos meses. Buscan talentos “ocultos”, desde que sucede esto la gente no va a torneos o eventos. Es muy difícil estar al nivel de la enfermedad del Puente sin mucha práctica ni talento anterior.

La luz de las visitas da directo en esta habitación. Mi vecino está dormido y aislado de mí por el deseo de mucha gente. Aunque no sea más que transmisible por la comida, no quieren compartir nada con enfermos de Puente Caído.

—Ya vienen a verte, o a mí, compañero...

Se alejó otra vez. Cada vez que entran a verme se coloca en la punta de su cama, aun con todo el aislamiento que hay entre nosotros. Mi aire sale por la ventana entreabierta o a través del aire acondicionado. Es increíble todo el mecanismo implementado para separar a alguien que ha comido un activador de su adn de un sujeto con la pierna lastimada.

—Silencio. Espero que traigan la noticia de que tu pierna se infectó.

—No me hables. No hablo con infectados.

—Infectado me llama usted. Puedo verme mal ahora, pero a diferencia de usted puedo caminar. Y por cómo veo su pierna… tiene una factura y se han separado algunos nervios: nunca caminarás.

«¿Usé el “usted”?». Eso habrá reafirmado el silencio que apareció de nuevo. O quizá solo está cumpliendo su palabra de “no hablar con infectados”.

—Si se llevan así, vamos a tener que separarlos. Señor paciente, creo que su compañero le acaba de dar el informe, de todas maneras.

»Ahora, usted, señor, tiene la visita de su madre.

—Dile de mi parte que no estoy listo para eso. Mi aspecto, como se ve, es caótico, un desastre viviente camino a la tumba.

—No se preocupe. En realidad, ya se formó como pintura. Puede decir que es pintura y nadie notará la diferencia, al menos que lo vieran antes.

—Nunca fui emo. ¿Cómo le explicas a alguien que no estás enfermo de muerte? Son meses de vida firmados en mi rostro.

Silencio, otro sucio silencio incómodo de unos segundos.

—Ya, dejen que pase. Ya que… me verá igual que ahora en mi ataúd.

—No lo diga así, hay tratamiento.

—Para el aspecto dirá…

Se escuchan pasos de ida. Esperemos que la vuelta no sea con un entrenador estafador.

Entender

Escucho los pasos ahora de retirada. Al ver mi aspecto, solo me preguntó cómo estaba, si podía sonreír, dijo que hay tratamiento. Se vuelve a instalar el silencio al irse con tristeza, cuando notó que acepto ir con este aspecto oscuro. Aun con el problema, esperan que acepte los trabajos para que su gimnasio sea grande por unos meses.

—¡Ey! Disculpa por lo de hace rato. No pensaba que fuese de esa forma. Recién leí sobre el Puente Caído, deberían quitar las bolsas —mi vecino de habitación me habla, con su pierna destruida, después de estar con su teléfono. «Ya veo yo que leía».

—No te preocupes… La reacción natural de la gente.

—Tus palabras suenan. Mi hija tiene lo mismo, se lo detectaron hace un mes y ahora no me visita por que está con miedo de que la vean. El tratamiento no llega a darle el aspecto que ella lucía antes. Ahora parece que no duerme o que salió pintada.

—La entiendo, en todo caso. Mi piel se volvió pálida y mis ojos negros por los lados. Si estás a la moda, nadie notaría que estás por caer del mismo puente.

—¿Puedo preguntar cómo se siente realmente?

—Primero, antes de ayudarle a entender a su hija, dígame: ¿por qué ya no podrá caminar?

—Creí que mi hija saltaría. Llegué a tiempo, pero se movió al escucharme desde lejos. Pensó que no avanzaría más y caí desde la mitad del puente. ¿Por qué cree que estoy aquí, realmente?

—Supongo que usted intentó avanzar por el puente a medio construir, adonde se subió esa chica. Y con un pie, además del paso lento, caminó por las pequeñas partes a medio construir.

—Sí, ese mismo. ¿Usted no habría hecho lo mismo?

—Si quiere tratarme de usted puede, pero le aseguro que no sabré ayudarlo a entender a su hija. Solo dígale que quiere verla y ella va a venir.

—Muchas gracias por responder, usted sabe leer intenciones.

Silencio de nuevo. Quiero estar solo y no tener nada que responder.

Meses

El hospital ha vendido mi dirección y mi número telefónico a los entrenadores. ¿O lo hizo el lugar adonde voy a terapia grupal? Somos más de diez enfermos en una sala, hablando de cómo llevamos la vida de cada día, porque de pronto tenemos los músculos más fuertes, pero al final todos estamos débiles en los últimos meses. Vi morir a alguno que otro, por así decirlo. La silla vacía de uno nos acompañó durante el último mes, hasta que llegó otro.

El teléfono está llamando. Hay un pedido de comunicación.

—Hola. Usted está hablando con Jasón.

—Buenas noches, señor, le hablamos desde el gimnasio de ar…

Cambié de número dos veces este mes. Solo lo tienen en el hospital por los tratamientos y en mi trabajo, donde me tienen aislado por código social.

—¡¿Qué?! ¡¿Todos son idiotas o qué?! —mi grito se habrá escuchado hasta en el piso de arriba de donde se suelen quejar de mí apenas con verme. Tiro el plato vacío contra la pared, se hace pedazos, no queda nada parecido a mitades. Según él soy infeccioso, así que mostrarle los artículos y las firmas de los médicos donde dice que se puede infectar él solito al comer o tomar agua en una cantidad exacta es divertido. Pienso en cómo voy a sufrir del dolor, ahora, en mi brazo. No puedo moverlo, va a ser más fuerte que antes. Perdí el control por un momento a causa del dolor. Es el anteúltimo mes y ya se sienten los últimos momentos.

—Vecino, ¿ocurre algo? Escuché su grito —quien habla es la vecina del cuarto del lado derecho. Se ha preocupado por mí desde el inicio, cuando me vio volver con el rostro sin tapar y la mitad de él color negro pintura.

—No ocurre nada, un pequeño accidente. —No responde, no logré actuar la voz tan perfectamente.

—¿Puedo entrar?

—¿Le molesta, si pregunto por qué?

—Para hacerle compañía. Un rato entre vecinos, como puede haber, ¿no? —dicho esto volvió a golpear la puerta. Mientras tanto, en mi cuerpo ya se perdió el dolor y en unos minutos volverá a alguna parte diferente.

—Vale, solo diré que no estoy arreglado —levantarme y abrir la puerta, solo para ver que su cara está pálida como la mía. Con los inicios negros—. ¿Tú, igual?

—Sí, hace un mes comí mucho y se activó. Extrañaré las frutillas y no tardar una hora en evitar que mis ojos se vean negros.

—Puedes pasar.

El puente acaba de bajar

Últimos días. Me he mudado a la casa de mi madre, ya que, al perder parte de mi movilidad, debo estar en cama casi siempre. Pasé de “atletas súper especializados” a “gente que apenas se puede mover”. Debo ocupar mi tiempo en pensar. Durante el último mes he recibido muchos llamados de empresas económicas y científicas para que por una paga hagas cálculos. Nuestras mentes se afilan tanto que los avances de algunas tecnologías, que tuvieron lugar durante la última semana, fueron todos de los Puentes Caídos. «Espera, mi latido está fuera de lo regular. Puedo sentirlo venir». Hoy es 19 de julio, nublado, 17 °C y un poco de niebla en la Tierra.

—Madre, London Bridge Falling Down escucho sin parar. Ven rápido.

Sube las escaleras de madera hacia mi cuatro. Mi cama está ubicada de forma tal que pueda ver por la ventana. Solo 28 años y he visto caer el puente. Me pregunto cómo será el de ella. Esa tarde me animo y pregunto: “¿Puedo oír tu corazón?”. Lo escucho para ver la normalidad en la anormalidad de esta enfermedad: latidos más lentos es lo que causa la piel pálida.

—Disculpa, madre, no quise molestar tu hora de limpiar

La veo ahí, en la puerta, me contempla en mi lugar de descanso y en el que dormiré. Mi teléfono deja ver cómo se mueven las venas rojas por mi cara, dan cuenta del último patrón de la enfermedad.

—Pensé que moriría antes. Es doloroso verte de esta forma, pero, mi niño, creo que vas a dormir. Encontré esta foto que quería que vieras antes del Puente Caído.

—Es muy bonita, madre, aún puedo verla. —Uno de mis ojos se nubla, pero por el otro logro ver una foto familiar, todos juntos. Los cinco… Espera. Mi padre tenía Puente Caído, no importa ya eso.

—Dime, ¿estás listo? No hay vuelta atrás, aunque lo quieras. Y es hasta que intentes dormir lo suficiente.

—Claro, solo debo acostarme y dejarme ir a través de la canción que escucho. London bridge falling down, cantan sin parar.

Una luz al final del túnel, ya no veo más que oscuridad, como aquel día en el hospital. El puente ha llegado a su fin.

Próximo puente

Camino por el hospital. Cada paso me hace avanzar por fuera de una habitación. Solo es un dolor de brazos.

4 p. m. Han pasado tres horas después de mi ingreso tras perder el equilibro en medio de la clase. Según yo, solo fue eso, pero los testigos, mis amigos, dicen que me quedé dormido durante unos minutos con los ojos en blanco. Siento pasos cerca de mi destino, en las habitaciones cercanas a los pacientes de Puente Caído, una extraña clase de cáncer.

Mi doctor observa en su consultorio los papeles que están arriba de su escritorio. Son tantos papeles, que el seguro social no estará feliz de cubrir los gastos. Me detengo al frente de la sala del doctor y espero que me dé la orden de entrada.

Delante de mí está sentada, me mira observándola… no puedo describirla en mi cabeza de forma correcta. Tiene el cabello largo, castaño claro, lo lleva atado con una cola de caballo y sus ojos están entrecerrados, pero puedo percibir su color negro fuerte. Lo siguiente es su piel pálida y gris. En su ropa, observo detenidamente una camisa blanca estampada con flores, unos pantalones de jean y botas cortas. Pareciera que ha notado mi mirada, me devuelve la misma que le regalo… Es naturalmente bonita.

Mueve las manos como haciendo señas… es muda. Se levanta aún con los ojos fijos en mí. Se coloca al frente de mí y la supero por unos 6 cm, mido unos 1,82 m. La reconozco de otra institución, pasando media ciudad. Quedo atrapado, intentando entenderla.

—Espera, digo… —dejo salir un suspiro y busco algo en mi bolsillo—. Toma. —Le entrego una hoja de papel en blanco junto a un lápiz. Lo apoya a la pared y empieza a escribir.

Me devuelve el papel mostrándome una sonrisa. «Debo dejar de mirarla tanto. Parezco un stalker de forma única». Le recibo la nota y puedo leer:

Soy María, mucho gusto. Le voy a pedir el favor que deje de…

Termino de leer y le devuelvo una sonrisa. Anoto rápidamente y como puedo:

Lo siento, no quería incomodar.

Le devuelvo el papel y al leerlo ella ríe por lo bajo. La veo sonreír. Ingresa antes que yo, la llamaron por señas. «Ella ingresa, María es su nombre». Su forma de caminar para cerrar la puerta es…

—Disculpa, ¿en la Luna están ocupados para responder preguntas? —la enfermera mueve los dedos en frente de mí, me habla. He vuelto al momento del tiempo, estaba en un espacio alterno donde solo podía pensar en cosas mágicas y poesía. La enfermera, que está delante con unos documentos apilados en sus manos, espera una respuesta.

—Perdón, ¿qué debo responder?

Mueve la boca riendo entre dientes, pasa a la siguiente página.

—Primero, ¿conoce el Puente Caído?

—Claro, es una mutación cancerígena, sin cura ni tratamiento —ha anotado con una cruz alguna de mis respuestas en sus hojas.

—¿Usted conoce el aspecto de los afectados?

—Mmm… realmente, nunca vi uno.

—¿Seguro? —repregunta al tiempo que marca otra vez una respuesta en las mismas hojas—. La chica que acaba de ver es una. Siguiente pregunta: ¿conoce en qué lo afectará?

—¿Afectará? Explique, por favor —levanté una ceja al escuchar lo último, miro a la enfermera y busco con mi respuesta una explicación rápida.

—Lo tomaré como un no. Su cuerpo desmejorará durante estos meses. Su piel será pálida y tendrá aspecto de no dormir, hasta que llegue al mes ocho —respondió marcando otra respuesta. Entonces, bajó la hoja sin buscar más preguntas.

—Así que ella tiene lo mismo…

—Sí, señor Joseph.

Se abre la puerta y ella sale con una expresión nerviosa.

—Le daré un regalo poco profesional para pacientes —dijo la enfermera, toca la espalda de María que va saliendo y le hace unas señas para comunicarle algo. María le responde sonriendo y retira de su bolsillo un papel. Anota algo mientras me lo acerca. Me mira y se da la vuelta para alejarse caminando.

—Le mencioné que le pareces bonita. Te dio su número. Mucha suerte, se verán de igual forma muy seguido —menciona la enfermera mientras escucho cómo me llama el doctor. En el papel está escrito el número de teléfono de María.

Teléfonos

Días después me notificaron que podría irme, que debería tener ciertos cuidados las primeras horas, porque podría tener sangrados por la boca, por momentos escuchar voces hablando de un puente y perder la noción del tiempo. Me ha pasado seguido, mientras veo en el teléfono algún video, noto que la batería baja del 70 % al 45 % y la hora adelantada al momento anterior. Mi madre, preocupada, se ha preguntado cuándo reingreso.

«El reingreso será dentro de un mes como mínimo, para evaluar algunas reacciones del cuerpo». Lo pienso cuando me miro al espejo y noto que mi piel pierde color, cada hora, desde hace diez horas. La enfermedad avanza rápido según informes que leí. Recuerdo que tengo el número de ella, podría enviarle un mensaje ahora y no aburrirme tanto.

Noto ya las consecuencias de no dormir. Había leído hoy que una de las razones por las que se llama Puente Caído es la alteración de la percepción del día y la noche, lo que funciona en cada persona en relación con un puente temporal que se establece entre zonas horarias.

Tomo el teléfono, marco y la agrego a la lista. Aparece su foto, luce más normal, sin la piel pálida, pero reconocible ante mis ojos que, además, detectan una fecha del mes pasado en el marco de la fotografía de perfil.

Envío el primer hola, con mi explicación de quién soy. Observo que empieza a escribir, deja caritas para el primer mensaje y luego sigue una charla de ella presentándose.

Hi! Eres tú. Pensé que te tomaría menos tiempo por el interés que demostraste al analizarme en cada detalle con tus ojos. Ya notarás que hablo mucho y supongo que te disgustará.

Escribió en un momento, ¡tan rápido!, que demostró su práctica y celeridad en la forma de escribir. Intento escribir rápido para mantener su interés. Inicio:

Hi! Sí, soy yo, el interesado en observarte como si fueras una galaxia lejana en un evento único.

No me disgusta

¿Por qué lo haría?

Envié el mensaje. A los segundos ya noto que empezó a escribir su respuesta. Primero, un emoji sacando la lengua con un mensaje:

Vaya, qué forma de expresar las cosas. No serás de alguna profesión de Lenguas, ¿no? O será algo genético que se activa con Puente Caído.

Termino de enviar el mensaje y pienso rápidamente que nunca antes había usado ese tipo de palabras y analogías para hablar con alguien. Ni pensando como hoy en leer tanto sobre un asunto que no me interesa, vivir o morir, pálido con una enfermedad de dudosa naturaleza. Inicié el siguiente mensaje: borro dos veces en los siguientes los diez segundos, para recién mandar el tercero antes de los veinte segundos.

Nop, estudio para brindar servicios a empresas, más conocido como Administración y Control de Gastos. Y tú, ¿qué estudias?

Ni bien terminé de escribir y al darle confirmar, noté que ella había comenzado a escribir. ¿Qué tan rápido lee? Respondió al instante:

No estudio hace un mes. No vale nada intentar avanzar en algo que nunca terminarás, aun con potencial. Solo tendrás unos meses, para luego morir. ¿No te has preguntado qué sucede cuando uno se va?

Pienso rápido la respuesta, pasan solo diez segundos y creo que puedo razonar una respuesta.

Me lo he preguntado y solo puedo decir que me agradan los recuerdos que se dejan. ¿No te gustaría salir y ver el sol?

Estuvo en silencio un minuto, para luego volver a escribir. Borró y escribió varias veces. Pude notar que fueron en total cinco hasta que al fin envió:

Mañana a las 3 p. m., si quieres, hasta las 7 puedo estar fuera del hospital.

Al despedirse, me envió una foto suya frente del espejo vistiendo ropa del área de Puente Caído. Había cubierto sus brazos para evitar mostrar las venas marcadas. Muy bonita, se ven sus piernas.

Piano

Camino hacia el hospital, al área donde está ella. Resta una cuadra y ya escucho gritos de ¿celebración? Es como si hubiera un evento cerca del hospital, desde aquí y a través de una venta puedo ver la multitud.

Paso de largo, estoy en la puerta y noto que tengo nervios por movimiento de mis manos, son unos minutos.

—Son unos minutos…

«Ya comienzo a hablar solo, Joseph, no mejoras…». Llevo mis manos a los bolsillos e intento no hablar de nuevo, mis pensamientos se escapan en cantidades extremas. Un anciano que estaba sentado cerca de mí me mira al escuchar mis palabras al aire. Ingreso y noto que la recepcionista está con mucho trabajo. Solo la observo y veo cómo me reconoce.

—Está en la Puerta 40. Está dando un show. Solo pasa —me dice.

—¿Eh?

—María ha dicho que ibas a venir. No preguntes cómo sabemos de ti. Dejó esto para que tengas una ayuda extra —cuando terminó de hablar, levantó de su mesa una carpeta llena de hojas con un lápiz atado a ella y decorada con unas flores iguales a las que tiene la ropa de María.

—Muchas gracias, ya voy en camino. —La enfermera sonríe de nuevo, sin motivo.

—Ya tienen el mismo color, el Puente ha aparecido, ¿no? —dijo mientras ignoraba sus últimas palabras.

Hoy, al despertar después de dormir cinco horas, he notado que parezco un muerto: pálido, con ojeras oscuras por falta de sueño, como si fuera un vampiro. Avanzo sin verme en el espejo, cuando lo hago parece que solo puedo ver a otro. Tiene mi rostro, pero no mi ser. Un paso por el lugar donde ayer la vi, era la oficina número 29 y la Puerta 40 estaba ahí. ¿De dónde viene la música? Se escucha un piano, como si se tratara de un profesional en auge, al rojo vivo.

La puerta está a unos pasos y escucho cómo se detiene por un instante la música. Se empieza a abrir con María ahí sonriendo y haciendo la señal de que ingrese. Hago caso a su pedido, tomo asiento y mantengo la mirada en ella. Frente de mí hay de varios instrumentos musicales y ella, en el piano, hace música para un público que la mira desde afuera a través la ventana abierta: niños y adultos ahí esperando que ella siga,

Lleva una ropa casi idéntica a la de ayer, solo se diferencia por el color de la camisa y de las uñas, que hoy están pintadas de violeta y las mueve en cada movimiento con los que hace esa música que se escucha tan bonita. Se detiene un instante y la ventana se cierra mientras se escucha una alarma, como si hubiera terminado. La escasa luz apenas permite seguir sus movimientos. Se da vuelta para verme e ilumina mi rostro con una linterna que tenía en ¿sus mangas?

Con la luz cálida del lugar puedo ver cómo guarda, efectivamente, la linterna en sus mangas. Sale levantado la mirada en dirección a donde me encuentro. Sus ojos se juntan con los míos y parece que quiere decir algo. Debe dar el primer paso.

—¡Ey! ¿Quieres ir a alguna parte en especial? —digo, entregándole las hojas y sonriendo. Ella escribe tan rápido que dudo que se entienda—. ¿Un sí, únicamente?