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El malvado no es el malo si el bueno no sabe ser bueno. Leylei the Devil es la historia de una hija olvidada, una princesa marcada por la verdad oculta. En un mundo construido sobre mentiras, Leylei descubre la realidad y se conduce hacia un destino inevitable. En su viaje, Leylei abraza su papel como The Devil, el ser que carga con la maldad para que el bien pueda existir. Porque el verdadero bien no es aquel que ignora la oscuridad, sino quien la enfrenta y la acepta. Su camino la llevará de la soledad a la sangre, de la desesperanza al renacer, hasta un último encuentro con el cosmos mismo. Una novela que explora la dualidad del bien y el mal, el peso del destino y la búsqueda de identidad en un universo donde lo que se ve es lo único que existe... y lo que no, jamás fue.
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Seitenzahl: 165
Veröffentlichungsjahr: 2025
Producción editorial Tinta Libre Ediciones
Coordinación editorial Gastón Barrionuevo
Diseño de interior Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones
Diseño de tapa Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones
Rejala Sánchez, Miguel Ángel
Leylei the devil / Miguel Ángel Rejala Sánchez. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2025.140 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-631-306-627-8
1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Novelas Fantásticas. I. Título.CDD A860
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Hecho el depósito que marca la Ley 11.723 Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2025. Rejala Sánchez, Miguel Ángel© 2025. Tinta Libre Ediciones
En la más profunda soledad ha transcurrido su vida desde siempre y hasta el presente. Sus sueños y pesadillas lo atormentan, mientras busca el lugar perfecto que nunca quiera dejar, un lugar aislado con felicidad en su gran mente. Todo lo que es un anhelo por prever, lo que ella contaba, él lo quería vivir y creer.
Me hubiera gustado estar ahí, dibujar su rostro con motivos nuevos y cruzar la montaña hasta ver lo prometido para solo encontrar sangre en el camino, sangre en completa libertad. Luego, una pisada en falso y ella se dañaría sin más. Quiere recorrer lo que leyó como conocimiento. Sin reconocer más su nombre, cruzó a otro plano del que no piensa regresar y, aún con fuerzas, aún conserva el optimismo para recuperarse de sus heridas, para sonreír de nuevo para ti.
Realmente me hubiera gustado vivir. Ahora, todos me verán sentada en un lugar sin experimentar las cosas nuevas que el mundo espera de mí. Partieron todos rumbo de lo desconocido, y qué felicidad saber que cumplen sus deseos y que las heridas quedan atrás, en el camino.
No saben mi nombre, solo que aún no tengo fuerzas y cuando sane lo volveré a intentar. No me olvides, porque mi esperanza es eterna. Mi imagen vivirá por siempre, conoceré lo que me hubiera encantado y acompañaré a quienes pude leer en el deseo. Ya no puedo más, anhelo que me cuiden. Siempre una sonrisa para mí y para ti. El sueño que quiero ver está más allá de la nieve y las flores. Te preocupas e intentas hacerme reír. No me olvides, Mara. Eres mi única esperanza.
Sin saber mi nombre, solo mi título será recordado y sabrán quién formó la imagen que habrán visto, la de un ser solo y atrapado. Como un mago quiero recorrer lo que antes un libro me ha contado.
El resto del personal está simulando, actúa y recrea las acciones propias de cada día: una obra de teatro mediocre en una sala del trono lo suficiente grande para varias docenas de personas solo para… ver a…
—Leylei, intenta prestar atención a nuestra madre.
—Perdona, solo… —respondí dejando de ver a los demás. Adaida es mi hermana mayor, tiene el cabello rubio y una altura superior a la mía, lo que remarca su puesto porque mide 1.84 m y yo 1.75 m. Siempre la menor mide eso. Solo se permiten dos hijas de los seres que gobiernan todo el cosmos, manipulan y transforman esta Creación. Mi hermana mayor no sonríe, solo busca el motivo que tengo para estar viendo a la multitud, estoy sentada y ella es tan diferente a mí, su piel es menos pálida, la mía es casi blanca. Soy única—. ¿No lo notas?
—No hables tanto, nuestra madre sabe todo y lo…
—… ve todo, pero no ve nada cuando quiere. Y no le importa que su pequeña… —recibo un golpe de mi hermana, se hace silencio en la sala. Otra vez han golpeado a la pelinegra de la hija menor. La mano abierta para que haga ruido sacudió mi cabeza al estar en mi espalda—. Como sea.
Se vuelve a hacer silencio. Mi madre se había detenido en su discurso sobre los cambios de poder. Cada tanto le gusta hablar con sus súbditos al frente, todos los representantes de “hasta la muerte” e ideas propias de la misma particularidad que quiso cuando fue joven, y ahora modifica hacia la neutralidad. Me perdí medio discurso y no me interesa, ni por qué le harían recordar las palabras que usa con los Habits.
—Leylei, retírate.
—¿Madre? —mi hermana protesta, siempre que me castigan lo hace. Le importo en gran medida, o que se mantenga la imagen de la reina en su lugar, sin alteración—. Nadie debe salir por respeto hacia ti.
—Ella no se merece el castigo que es escucharme. Leylei, quítate ese vestido en tu habitación.
—Vale —digo sin dar un “pero”, solo caminando hacia la entrada más cercana, de la que diré que el hecho de que esté justo al lado de su trono hace imposible que yo no sea notada por los seres sin rostro ni personalidad, o que, por lo menos, ante mí no la tienen. Los miro en cada fila, pasando por el medio como es necesario para salir, y la puerta se abre a la orden de la reina. Parece madera, es un material que no respeta la física de los planos inferiores, solo se visualiza similar. Llego al pasillo desde donde el bosque se visualiza, el lugar más alto. Una montaña imposible de ver, el cielo y la tierra para mí son lo mismo, como para estos árboles que flotan… Al dar el primer paso detecto una falencia. Con mis pies detecto lo que se mete en mis dedos—. Entiendo, se volvió…
—Solo vuela…
Escucho la voz de mi madre en mi cabeza, al instante comienzo a volar para evitar su castigo. A madre superior no le gusta que tengamos los pies sobre la tierra, ni que los usemos, porque eso sería algo que nos hace iguales a ellos. Dios es dios según ella y por ende…
—Este lugar es un asco —me limito a volar tras ver que, por decir eso en voz alta, la gente se separa de mí. Los demás no lo hacen por términos como odio o rencor, ni por ser una bicho rara con pelo negro entre rubios, sino por la acción de mi madre de poner en mi camino vidrios para castigarme. Avanzo por el bosque, ignorando a los seres con lo que me topo. Las hojas caen desde los árboles… Llego a la torre propia, de dos pisos donde el segundo permite ver hacia todas partes. Ingreso, cierro la puerta de forma lenta como he pedido para no molestar a nadie. A cada torre la separan muchos terrenos entre sí—. Y… vestido fuera… —dejo caer el vestido lo que deja ver mi forma de cuerpo natural, mesomorfo le llaman algunos. El vestido era negro y gris, aunque este último color únicamente en las mangas. Espero que madre no me esté mirando ahora, sé que lo hace todo el tiempo. Pero odio la idea de que me vea sin casi nada. Tomo un traje más adecuado: una falda medio larga con cinturón negro que cubre hasta por debajo de las rodillas, tiene líneas verticales blancas. Mi cabello, al fin, lo arreglo con las trenzas que me gustan para crear una corona. Me miro al espejo más cercano, el único al frente de la puerta donde apreciar mis ojos de color marrón. En la parte superior llevo una camisa negra casi gris con abrigo suave de tela gris. Otra extraña naturaleza al ser la única con ojos, el resto solo muestra líneas que forman un fondo negro.
—El Asesino del Espejo, la imagen del interior —me doy esa expresión a mí misma, madre dijo que me retire… Nunca que no me fuera a un mundo que visualizo en lo que otros llaman mente. En mi caso no es una mente, es solo donde observo lugares lejanos como esa extraña área olvidada, un pueblo cerca del mar. Hay estructuras muy retrasadas para el resto del universo, al punto que van en caballo, un animal que corre bastante rápido. En ese lugar usan ropa como la que llevo, ahí la vi y prefiero usarla a los vestidos. Todo está hecho de madera, en un bioma que es cálido esto es perfecto. Solo yo puedo aparecer y dejarme ver sin llamar la atención: los ojos hechos de línea solo los asustan—. No existe ser hermoso en este mundo. Ni en ese todavía para mí…
Hablando sola otra vez, pequeña Leylei, eres imposible WinWin.
Nuestra madre está molesta con la actitud de Leylei, hace unos instantes terminó de hablar para echar a todos y demostrarse en privado con su única hija. En unas pocas palabras más: solo yo debo ser considerada su hija. Soy su viva imagen hasta en expresiones y en el cuerpo más perfecto. Mi hermana igual lo posee, pero los vestidos de madre se verán mejor sin ese cabello negro con peinados extraños que se hace. Es una maldita…
—Deberías apreciar más a tu hermana, Adaida, una futura naturaleza no puede maldecir a sus no iguales. eso es…
—Madre, lo siento, solo me dejé llevar por mis pensamientos como Leylei.
—Tu hermana es buena, solo es un poco ella. Es especial en su forma, única en su clase, un ser que puede ser amado —madre me sonríe tras decir eso, se levanta de su trono con su vestido largo A-Line, una falda perfecta blanca con su parte superior negra, lo que representa el bien y el mal. La única que decide qué será malvado o bueno dará órdenes en los pisos inferiores. Como el castigo divino, el área llena de almas congeladas se organiza con su palabra. El lugar del sueño donde cada ser tiene su realidad soñada en forma de eso: una ilusión. El lugar donde caminan los gigantes que contienen el infinito cielo para otros. Mi madre es… demasiado asombrosa.
—Madre mía, ¿qué ocurrió en su rostro?
—Nada, un poco de preparación y… —lo que había visto era algo cercano a tejido viejo, no se vio tan joven como el resto. Estamos ahora en la sala vacía, así que pude darles más atención a algunos cambios notorios. Mi madre Hannah está…—. Estoy separándome lentamente del poder. Esperando un buen heredero, puedo elegir cuándo dormir en el eterno para nunca despertar.
—¿No quieres más este lugar? Creí que te había hecho cambiar de idea, tu Creación es…
—No es gran cosa, el poder del natural por mí se ha limitado. Poder crear un universo infinito, pero no varios lugares sinfín, y el comienzo soy yo. Y me siento aburrida, no encuentro que más hacer. Todo es soso y…
—Pero, madre, tú eres perfecta. Fuiste la nueva diosa más pura, tu visión de observador moldeó todo el cosmos en anarquía.
—Otra vez con eso. Mis dos hijas pueden crear algo mejor, más ordenado. Si escucharan a su vieja madre, serán las dueñas y yo las veré jubilada. Sé que ustedes pueden crear varios a la vez si se unen y aprenden cómo.
—No, mamá, no puedes dejarnos. —Me pone un dedo en la boca, me pide que haga silencio. Su pelo lacio cae a los lados tras quitarse la corona con la otra mano.
—¿Sabes que tengo una sombra? O poseía. Lo que llaman cosmos no está completo. —Abre los brazos tras yo escucharla sin entenderla. Una sombra no tiene sentido en esa frase. Ella no genera ni la tocan cosas inferiores como el concepto de luz. No depende ni del tiempo: ella es la misma realidad hecha en todas partes; y menos, de un adjetivo de poder compartido.
—¿Una sombra? —replico tras ver que ella esperaba que preguntara, se pudo notar cómo tuvo paciencia para esperarme. Mi madre se anima a seguir hablando, no se le ve muy animada hablando de temas banales exactos.
—La sombra del creador, un ser que fue atrapado en un lugar alejado por el mismo destino. O por mi yo joven para un cuento dulce: Mara, la tercera hermana Gorgona, es peligrosa, es el único ser que da el poder de controlar hasta el libro de la verdad. O sea, este.
—¿Mara? Cómo…
—Si como la santa Mara, ese mito para asustar a los niños pequeños: la menor que por maldición condenó a sus hermanas mayores y que mirarla a los ojos puede ocasionar que te conviertas en una piedra con la naturaleza propia perdida para unirse a su lista —mamá hace aparecer el libro infantil donde se contaba la creación de la sombra del bien y mal. Donde el ser y el nombre pierden su significado y la personalidad no existe ni en el recuerdo para ser uno solo. La dualidad del bien y el mal como necesidad fue diseñada tal como el hecho de la visión natural de los nuevos dioses y Habits—. Mara, como sabrás, es un mito nada más, un objeto que se dejó en una montaña y…
El rostro de madre cambia a uno perturbado, el libro parece más grande que antes, con suficientes páginas para ser una novela enorme y va aumentando. Solo madre puede escribir con su orden divina.
—Mamá, ¿qué pasa?
—Hay muchas páginas más, sin fin se producen. Cada letra se expande a resultados que en el universo natural no es controlable solo por mí y… ¡¿Dónde está tu hermana?! ¡Ella fue quitada hasta de mi visión!
Caminando por aquí, por allá, paso por el sol con un sombrero para estar a tono con el ambiente de las personas en esta playa, mientras sus pieles se queman y mejoran al estar más saludables en la arena. Es una multitud en un lugar con un monte a nuestras espaldas, que da sombra a unos pocos por la posición del sol. No hay suficiente sol para tener una excusa de estar aquí, pero no les importa. Son seres simples y…
—¿Qué es esa energía?
—¿Eh? —me olvidé de que estaba entre una multitud abajo de una sombrilla sin que ellos me notaran, pero debí desactivar la habilidad por error.
—Sí que eres bonita, pareces una diosa —me pongo roja al recibir un halago de inmediato al verme. Es extraño para mi recibirlo, en mi mundo dicen que soy fea por estilo y por mis diferencias. En este lugar es lo contrario. Soy una más, pero una más llamativa.
—Oh, gracias WinWin —replico tras ponerme de pie y caminar en silencio a otro lugar, a uno donde el viento frío llegue y permita no cocinarme al usar el color de la oscuridad. Soy de los pocos que lo usan en casi toda la ropa junto con el gris. Es un color especial para mí, y siempre me fue llamativo combinarlos.
—Eso estuvo… otra vez la siento cerca. Y es… —cierro la boca de inmediato para medirlo, es como tener a madre cerca. En este caso es diferente, está como llamándome. Demasiado cerca, el ambiente se me hace ahora pesado. Solo podemos sentirnos si otro lo desea y es más fuerte si se deja—. Y es al mismo tiempo muy WinWin en todo sentido…
El lugar se detiene, nada se mueve. No lo provoqué yo, en realidad, todo está controlado por mi madre y solo ella podría hacer tal cosa al tener que desafiarla para producir este efecto. Es algo controladora por momentos. En este caso me siento atraída, y está en… arriba del monte que hacía sombra: el objeto que siempre vi a lo lejos e ignoré me está llamando. El mundo se ha detenido al punto de que la física no sigue su curso, los habitantes en sus trajes de playa (básicamente, ropa interior más arreglada) se quedan en su lugar. Me gustaría ver otra forma que no sea la misma, distinta. Esto lo pienso al paso que llego a la mitad de la subida, paso rápidamente como si fuera un habitante por la gran escalera y tengo la vista lejana de la espada que brilla sobre lo negro. Nunca pudo ser retirada por su gran leyenda, un simple dicho: “Solo quien sea digno podrá tenerme y gobernar sobre el reino”. Una espada hecha de las virtudes del universo es para el portador adecuado, el que, finalmente, el anterior al siguiente, nunca pudo sacar la espada y volvería algún día. A ese ser se lo llamó Ser Único, acompañado siempre de una sombra que tendrá una copia de las doces lanzas que brindarán un poder cercano a su líder al ser su comandante. Él comparte sus bendiciones por completo con la Dama de la Victoria, el ente que es la Dama del Lago, su protector.
—Mito raro, tiene demasiados agujeros. Una trama tan indirecta que no se entiende el motivo de tener que ser tan… ¿Por qué hablo sola? —me acomodo la camisa al decirlo, es mi sentido de cuando sucede algo raro o me siento particularmente diferente. Lo suelo hacer al estar nerviosa, o cuando me siento extraña. En realidad, puedo ver un hilo, uno rojo que sale de mi ropa, exactamente de donde está mi corazón, hacia el arma en su puesto. Con cada paso, lo que algunos llaman “corazón” se acelera mucho, es como si me acercara a alguien especial, a quien me quita la sed, lo que madre muchas veces llamó el “hilo invisible del destino” que ella misma generaba para ciertos amores. Algunos especiales, en sus palabras. La última vez que dijo algo de eso mencionó que los crea de forma automática por un método que une la existencia de uno con…
—¿Qué haces tocando esa…? Nadie tiene permitido tocarla.
—Es tan perfecta… —respondo con la mano en el mango, acaricio el arma con forma de cesta, ignoro a una hermana con falta de ojos que aparece frente de mí. Tiene su mano sobre la mía porque quiere que la quite. Ni he prestado atención a cuánto caminé para llegar hasta aquí. Estaba perdida en mi objetivo: mantener mi pulso sobre esta leyenda y…—. Está adentro, lo que busco está…
—¡Aléjate de esta cosa! ¡No es un arma para nuevos dioses!
—¡No quiero! ¡A mí nadie me dará ordenes! ¡WinWin! —al responder eso, el ser divino, que lleva un vestido largo más parecido a un camisón, hace aparecer su arma y la dirige hacia mí, hacia mi cuello más exactamente. Y, al no tener miedo, no le respondo de la misma forma: su espada se coloca cerca de mi rostro. Hace un paso para atrás con el arma que puede ser tan larga como dos brazos de distancia. Su horrible rostro, tan normal, tan repetido que podría ser una máscara… La imagen de la belleza para algunas creaciones es deformar su aspecto para serlo—. Eres asqueroso como todos nosotros.
—¿Nosotros? ¿Tú como yo?
Dice en el instante en el que me analiza, se distrae y la espada de la piedra sale al fin. Es mía, es solo de mi propiedad. El rostro de mi enemigo ahora toma forma de miedo como respuesta al haber visto algo imposible. “Cualquiera hubiera podido quitar esta cosa”, al tenerla en mi mano puedo leerlo, también puedo leer al resto en el mismo instante y sin perder un solo objetivo. Estoy llena de poder, uno que solo es comparable con el de mi madre.
—Imposible, esa espada solo la puede mover… —
