Eres inmortal - Vicente Merlo - E-Book

Eres inmortal E-Book

Vicente Merlo

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En las últimas décadas se han multiplicado los testimonios acerca de las ECM (experiencias cercanas a la muerte), algunos de los cuales se recogen aquí. También ha crecido el número de investigaciones académicas al respecto, desembocando algunas de ellas en un escepticismo que cuestiona la autenticidad de dichas vivencias, otras abriendo el camino hacia un nuevo paradigma científico que explique mejor la relación entre la mente y el cerebro. La física cuántica se muestra, en este caso, capaz de ofrecer una hipótesis sugerente. Sin embargo, el libro no se limita a las ECM y las interpretaciones de estas, sino que, en una última parte, más atrevida y muy interesante, el autor nos muestra diversos enfoques que afirman poder describir qué ocurre más allá de las ECM y más allá de la muerte, llegando a la conclusión de que nuestra alma es inmortal, es eterna.

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Seitenzahl: 234

Veröffentlichungsjahr: 2024

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ERES INMORTAL

 

 

Experiencias cercanas a la muerte y un mapa del más allá

 

 

Vicente Merlo

 

 

Prólogo: Dra. Luján Comas

 

 

 

 

 

 

 

Siglantana

 

 

© Vicente Merlo, 2024

 

Para esta edición:

© Editorial Siglantana S. L., 2024

 

www.siglantana.com

 

Instagram: @siglantana_editorial

YouTube: www.youtube.com/siglantanalive

 

Ilustración de la cubierta: José Esteban Basso

©José Basso

Instagram: @josebassopintor

 

Maquetación y preimpresión: José Ramón Viza

 

Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).

 

Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar a través de la web www.conlicencia.com o por teléfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47.

 

ISBN: 978-84-10179-12-7

 

Para mis tres hijos:

Miquel, Clara, Elías

y a mi mujer Che,

primer círculo de mi amor.

 

 

Y para toda la

humanidad sufriente,

horizonte del amor.

 

- ÍNDICE -

 

 

Prólogo

de la doctora Luján Comas

Prefacio

 

PARTE I

Descripciones de las ECM

 

1.      Introducción

2.      Antecedentes históricos

3.      Hacia la descripción de las ECM

4.       ECM en invidentes y en niños

5.       Experiencias de muerte compartida

6. De los estudios retrospectivos a los estudios prospectivos

 

PARTE II

Escepticismo, hipótesis científicas, y búsqueda de un nuevo paradigma

 

7. Hipótesis y teorías científicas para explicar las ECM

8. Sobre la relación entre cerebro y conciencia

9. ¿Nos ayuda la física cuántica a comprender cómo son posibles las ECM?

10. Retos terapéuticos antes las ECM

11. Algunas reflexiones filosóficas acerca de las implicaciones de las ECM

 

PARTE III

Más allá de las ECM

 

12. ¿Sabemos algo de lo que hay más allá de la muerte? Algunas consideraciones

13. El original caso de Billy Fingers:

una descripción de su experiencia post mortem

14. Templos de sanación, bibliotecas y otros lugares del más allá

15. Aprendizaje y entrenamiento en los períodos entre vidas:

Reinos astrales y reinos de luz.

 

Epílogo

Bibliografía

 

- PRÓLOGO -

 

Doctora Luján Comas1

 

 

Cuando Vicente me pidió prologar su libro sobre experiencias cercanas a la muerte, me llenó de honor y de placer.

De honor, porque creo que es la persona de las que conozco, que más sabe relacionar el mundo del alma, la muerte, y la sabiduría oriental, entrelazando y unificando todo, debido quizá a la permanente búsqueda que le llevó a vivir en India y estudiar las diferentes religiones, en especial el hinduismo y el budismo durante mucho tiempo.

Y un placer, porque le conozco desde hace años y es un ser de gran conocimiento y espiritualidad, que unidos a su bondad y humildad le confieren la sabiduría que tiene.

Vicente estuvo unos años viviendo en India como decíamos antes, estudiando las diferentes culturas y religiones. Vivió también su experiencia en Auroville (Ciudad de la Aurora), país independiente dentro de India, experimento de ciudad del futuro, creada por Sri Aurobindo y la Madre (Mirra Alfassa), dos espíritus muy elevados.

El proyecto era crear un lugar comunitario internacional donde sus habitantes aprendieran a vivir en paz y en armonía, más allá de todas las creencias, culturas, religiones, nacionalidades o ideas políticas.

Este proyecto fue aprobado por la ONU y la Unesco.

Es una ciudad que pertenece a la Humanidad, un lugar de educación permanente uniendo pasado y futuro y un lugar de experimentación e investigación material y espiritual.

Tiene forma de mandala y su centro, el Matrimandir, es una gigantesca esfera de cristal por donde entra el sol, iluminando el lugar donde se medita y que no pertenece a ninguna religión. Alrededor del Matrimandir están las diferentes zonas de la ciudad de manera radial. A mí me parece la forma del Ojo del mundo con el globo ocular mirando al cielo y trayendo hacia el interior toda la luz de esferas superiores.

Es un foco de unión de culturas y espiritualidad, lo mismo que encontramos en las numerosas obras de Vicente, que nos aportan una gran riqueza y son alimento del alma.

El tema de este libro es que somos más que un cuerpo, y que la energía sigue en otro plano de conciencia después de la muerte física (la del envoltorio). Siempre me ha interesado su estudio y divulgación, y desde que estoy como presidenta de Fundación Icloby, (creada originalmente por el Dr. Xavier Melo tras una ECM), aún más, ya que uno de sus pilares es la investigación de la conciencia durante el paro cardiaco en hospitales de habla hispana. Ya tenemos siete hospitales que han entrado, superando todos los comités de ética y de investigación, y otros tantos hospitales a las puertas.

Creo que somos seres perfectos potencialmente, que involucionamos para conscientemente evolucionar a través de distintas encarnaciones que van engarzándose como las perlas de un collar, entendiendo que la maravilla de la perla surge de la dificultad producida por una pequeña piedra en la ostra, y para superarla, la acepta y va creando capas de nácar envolviéndola, hasta transformar aquella dificultad en algo precioso y de enorme valor.

El camino evolutivo tiene como meta un retorno consciente a casa, a nuestra casa, al Hogar de donde salimos y que en las experiencias cercanas a la muerte (ECM), tanto describen esa sensación de sentirse de regreso en casa. Un lugar muy conocido donde te sientes enormemente amado, reconocido y valorado como de la familia, donde sientes tanto amor, que como me decía una persona que tuvo una ECM y a quien entrevisté, hay tanto amor, que es un lugar como si todo estuviese construido con él, como si el amor fuesen los ladrillos de esa vida del más allá. El amor no es un sentimiento, sino que es la esencia desde la que todo está formado.

Vicente cita los trabajos presentados científicamente y comprobados por pares, sobre las ECM, uniendo las investigaciones y estudios de personas muy preparadas que nos hablan de los resultados de sus pesquisas y que lo que demuestran es lo que la sabiduría eterna decía, miles de años atrás.

Es un libro que aporta a las ECM, en su tercera parte, esta vertiente tan importante de la espiritualidad atemporal y lo compagina todo para que veamos que la sabiduría de épocas remotas donde no había tanta evolución tecnológica era lo mismo que se están encontrando en la ciencia hoy día a través de las comunicaciones de las ECM y sus experiencias.

Es entrar en un lugar fuera de espacio y tiempo, al que no le podemos llamar cielo porque tiene unas connotaciones religiosas. Es un estado de felicidad, es un plano de conciencia donde todo es amor, paz, unión, donde bajo la supervisión de seres de luz y amor revisas tu vida y sientes el daño que has hecho a otros, sean personas, animales o naturaleza.

Esta revisión no la haces con el sentimiento de que estás pecando o que mereces un castigo, sino que estás tomando consciencia de que has ido en contra de la ley Universal del Amor, de ese tejido en el que está construido todo y comprendes que la vida tiene un significado y que todo tiene un para qué dentro de un orden perfecto.

Se han descartado estas experiencias como estados alucinatorios por muchas razones, entre otras, porque hoy día las paradas cardiacas registradas ocurren en hospitales y podemos decir con total precisión, que el corazón está parado, no hay latido, no hay presión arterial y, por tanto, no hay perfusión sanguínea a los tejidos cerebrales, que son los más sensibles al déficit de oxígeno, de tal manera que a los 10-15 segundos de la parada cardíaca el cerebro deja de ejecutar su función: la consciencia.

Cae en inconsciencia y el trazado electroencefalográfico se apaga, dibujando una línea plana, es decir el cerebro no está funcionando.

Por tanto, en esas condiciones fisiológicas, no puede pensar, razonar, ver, oír, oler, o tener sentimientos de ningún tipo.

No funciona el córtex cerebral, tampoco el hipocampo, que es la zona de la memoria, y las personas que son resucitadas (podríamos decirlo así, ya que, debido a los avances tecnológicos en la reanimación, estos traen a la vida corazones que ya no funcionaban y que, sin la reanimación cardiopulmonar, hubiesen muerto).

Eran personas que tenían el corazón parado. En esas condiciones ninguna parte del cuerpo recibe sangre, hay cese de la respiración espontánea, necesitan respiración asistida con oxígeno a través de mascarilla o intubación; tampoco tienen reflejos medulares, como puede ser la reacción de las pupilas a la luz y tampoco reaccionan a estímulos dolorosos potentes.

Hasta ahora eran los tres elementos que definían la muerte clínica: la parada cardíaca, ausencia de respiración espontánea y de reflejos medulares.

Actualmente y debido a los controles previos a donación de órganos, el que dicta la muerte es el cerebro, con repetición de las pruebas y comprobación de la nula actividad eléctrica en el electroencefalograma a pesar del intervalo de tiempo.

Hay estudios científicos probados de que nuestra conciencia sobrevive a la muerte de nuestro cerebro, que nos hacen pensar que somos más que un cuerpo físico, y que la esencia que somos, sobrevive.

No podemos negar, bajo la mirada de la ciencia, que las ECM existen y que no son alucinaciones, porque las experiencias de las personas que han sufrido un paro y entran al hospital en coma, son luego capaces de reconocer a la persona que les intubó al llegar a urgencias o la conversación que mantenían en el quirófano cuando sucedió el paro, o cómo era el quirófano, el material quirúrgico utilizado, el calzado si era llamativo.

Lo que tenemos que averiguar es si el cerebro capta parte de la conciencia universal, ese campo cero, campo cuántico, campo akáshico como lo llama Ervin László, o el vacío. De cualquier manera, a ese Todo también lo podríamos llamar Fuente, Vida, Universo, Dios o el Uno.

Los físicos cuánticos para mí son los místicos del siglo XXI, están convencidos de que el Universo es ese Orden Bello, significado de la palabra cosmos, y sugieren que es creación de una Mente perfecta, que todo está entrelazado, que no existen las casualidades sino las causalidades, y además, todo está en evolución constante y es perfecto.

Decía Einstein que la casualidad era la manera que tiene Dios de permanecer en el anonimato.

Los nombres son lo de menos, parece que todos provenimos de una Energía que lo contiene todo, somos parte de esa energía y la transmitimos en nuestra vida a través de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Somos parte del Todo, y somos la manifestación del Todo aquí en la Tierra.

Pero además algo muy interesante en las ECM, que tanto las experiencias positivas como las negativas, todas, tienen efectos en las vidas de las personas que las experimentan. Ahí están los estudios y observaciones del doctor Raymond Moody, el doctor Ring o el doctor Greyson entre otros.

También son testimonios de que la vida sigue, las experiencias visuales que algunas personas tienen en el momento previo a la muerte, en las que se ha descartado sean alucinaciones producidas por la medicación o su patología previa, sino que son un componente intrínseco del mismo desarrollo organizado del proceso de morir, y nos damos cuenta de que tanto la muerte como el nacimiento, son procesos ordenados y tienen fases plenamente establecidas.

Estas visiones en el lecho de muerte se comprueban cada vez más cuando estamos observando a la persona que se va, en lugar de dar como establecido que son debidas a un proceso exterior.

Además, los pacientes, cuando las tienen, dejan de sentir dolor y son visiones muy claras de seres queridos que les vienen a acompañar en el viaje, que les llenan de confort, alegría y el miedo desaparece. En un porcentaje alto, según estudios de la Universidad de Virginia, suele aparecer la madre si ha fallecido previamente. Curioso, la madre presente en el nacimiento terrenal y también en el espiritual.

Si usted lector tenía alguna duda respecto a que somos más que un cuerpo físico y que la verdadera vida sigue, espero encuentre argumentos suficientes en este libro que le disipen ese concepto o si no, que le inquieten y siga buscando.

En cualquier caso, espero disfruten ustedes de esta obra, tanto como he disfrutado yo.

 

- PREFACIO -

 

 

¿Quién no se ha preguntado alguna vez en su vida si con la muerte termina todo o si algo de nosotros sigue existiendo? Quizás tú lo hayas hecho cuando asististe por primera vez a la muerte de un ser querido y lloraste su ausencia. O acaso simplemente cuando comenzaste a hacerte las preguntas esenciales, tan repetidas: “¿Quién soy, de dónde vengo, adónde voy?”.

Se ha dicho que la filosofía es, ante todo, una meditatio mortis, una meditación de la muerte, una meditación sobre la muerte. Y que las religiones han ofrecido su propia respuesta a esa pregunta, hablando de algún tipo de “salvación” o de “liberación”. Se ha creído en “la resurrección de los muertos”, así como en la “transmigración o reencarnación del alma”. Todo ello implica una concepción que podemos llamar “espiritualista”. Pero también ha habido quienes han vivido convencidos de que con la muerte termina todo, rechazando cualquier tipo de supervivencia post mortem. Esta concepción, que podemos denominar “materialista”, se fue imponiendo a medida que asistíamos al declive de la religión, e incluso de la metafísica. Desde la Modernidad occidental se fue fortaleciendo un cierto positivismo, que ha acompañado al anterior materialismo, y fue reforzado por una actitud cientificista que fue dejando de lado todo pensar que no se atuviera al método científico.

Platón dijo que la filosofía era un “ejercitarse en morir”. Comprender lo que quería decir, entender el significado de sus palabras solo es posible teniendo en cuenta su concepción del ser humano y de la realidad. La realidad no se agota, para Platón, en lo que vemos del mundo sensible. Al contrario, este es solo una copia, un reflejo pálido de otra dimensión de la realidad, a la que él llamaba “mundo inteligible”, pero que podemos entender como la dimensión espiritual de la realidad. El mundo físico, sensible, material es como el interior de la caverna, en su famosa alegoría, y sus cosas no son sino una especie de sombras que se reflejan en la pared de dicha caverna. Pero el sabio, el verdadero filósofo, es el que ha tenido experiencia de otro mundo, otra dimensión de la realidad, que está fuera de la caverna. Y allí encuentra la verdadera realidad, la realidad esencial, los arquetipos de todas las cosas que vemos en este mundo. En esa dimensión no existe ni el espacio ni el tiempo. Y es a esa dimensión espiritual a la que pertenece nuestra “alma”. Como al mundo físico-material pertenece nuestro “cuerpo”.

La muerte no es, para Platón, sino “la separación del alma respecto del cuerpo”. El cuerpo es pasajero, efímero, mortal. Pero el alma es eterna, no pertenece a este mundo, está fuera del espacio y es ajena al tiempo. Es infinita y eterna. El cuerpo es la vestidura que utiliza el alma para manifestarse en el mundo físico, pero ella existe antes del nacimiento y después de la muerte.

En la Grecia antigua existían ya corrientes y autores materialistas, como Leucipo y Demócrito, aunque estuviesen rodeados de espiritualistas como los órficos, los pitagóricos, los platónicos, etc. También en la India antigua hay referencias a los carvakas, los materialistas, pero estaban igualmente rodeados de espiritualistas que, ante la pregunta “¿quién soy yo?”, afirmaban que la esencia perdurable, inmortal, eterna del ser humano es el âtman. Al menos desde las Upanishads, y ya desde entonces, en la mayor parte de la tradición hindú, se impone la noción de que el cuerpo, pero también las emociones, los pensamientos, el ego, no son sino vestiduras que velan ―pero también expresan― la luz del âtman. La sabiduría hindú consiste, ante todo, en la experiencia del âtman, el conocimiento (directo, intuitivo, inmediato, evidente) de ese Ser, ese Yo, esa Esencia, ese Sí-mismo que es no nacido, inengendrado, no perecedero, inmortal, eterno.

Desde esos orígenes, platónicos en Occidente, upanishádicos en ese Oriente por excelencia (ni cercano ni remoto) que es la India, la humanidad ha atravesado multitud de caminos, ha creído en las más diversas ideas, acerca del mundo, de la existencia o inexistencia del alma y de Dios, pero la pregunta por la muerte y por la naturaleza de la identidad personal ha estado presente constantemente y las respuestas dadas han dividido a las gentes en los dos grupos antes insinuados: los que creen que toda identidad personal termina con la muerte (una concepción materialista) y quienes creen o saben que hay una dimensión esencial en el ser humano que no perece con la muerte: el alma, el âtman.

No vamos a detenernos en lo que las distintas tradiciones religioso-teológicas y las diversas corrientes filosóficas han opinado de todo ello. La literatura al respecto es abundante. Vamos a limitar el horizonte de nuestra mirada a lo que lleva medio siglo denominándose “experiencias cercanas a la muerte”, por una parte, y a lo que nos gustaría llamar “enseñanzas espirituales contemporáneas”, por otra parte.

Una primera parte estará centrada en reconstruir una ECM-tipo (o arquetípica, si se quiere) a través de los diez pasos principales señalados ya por Raymond Moody, pionero de la investigación sobre las ECM en su obra seminal de 1975. Nos detendremos en algunas de ellas, las que consideramos más representativas y significativas, de la mano de los más destacados investigadores de este campo (R. Moody, P. Fenwick, K. Ring, J. Long, B. Greyson, P. van Lommel y otros muchos), así como de multitud de testimonios que conservamos de sujetos que han tenido dicha experiencia (E. Alexander, A. Moorjani, etc.). Algunos de esos pasos son los que tienen que ver con: 1) La experiencia extracorpórea, con percepciones detalladas de lo ocurrido en la proximidad de donde se hallaba su cuerpo; 2) El sentimiento de profunda paz y bienestar; 3) El encuentro y la comunicación con seres queridos fallecidos; 4) La visión, contemplación o incluso, según los casos, unión o fusión con una Luz amorosa o un Ser de Luz espléndido que podría considerarse la cúspide de dicha experiencia; 5) La revisión de la vida, que es no solo un recordar multitud de sucesos de la vida pasada, sino un revivir con toda su carga emocional dichos momentos, con una asombrosa empatía o identificación con lo vivido por aquellos que se relacionaban con nosotros en tales situaciones; 6) La vuelta, elegida o no, al cuerpo y a la vida cotidiana.

Una segunda parte estará constituida, tras las descripciones fenomenológicas a las que habremos asistido ya, por las distintas hipótesis y teorías científicas que tratan de explicar lo tan vívidamente narrado por los sujetos de tales experiencias. Ahora bien, dada la dificultad de explicar satisfactoriamente, desde el paradigma científico dominante, la naturaleza y dinámica de tales experiencias, las fronteras de la ciencia tendrán que ser cuestionadas y esta dejar paso o admitir las distintas reflexiones filosóficas que puedan dar cuenta, de un modo suficientemente convincente, de tan asombrosas experiencias. Esto ha llevado a una parte de los científicos que han estudiado seriamente este tema a cuestionar algunos de los elementos del paradigma materialista hegemónico para poder comprender, de manera razonable, la posible autenticidad de las ECM, tal como son descritas y entendidas por quienes las han vivido y han visto radicalmente transformadas sus propias vidas.

Esto nos permitirá ver que, una vez más, el debate tiene lugar entre una concepción materialista del ser humano y de la realidad, que afirma que lo real se reduce a los fenómenos físicos y el ser humano a su organismo biológico, regido por su complejo cerebro, dando por supuesto que con la muerte llega el fin de cualquier identidad personal, y la concepción espiritualista que cuestiona la dependencia total de la mente y la conciencia respecto del cerebro, como si se tratasen de meros epifenómenos de este, y se inclina a aceptar la realidad, la verdad, de lo descrito en la mayoría de las ECM, que, como puede suponerse, se halla más cerca de la concepción platónica y upanishádica esbozada que de las visiones materialistas.

Una tercera parte nos parecía necesaria para complementar todo el debate habido en torno a las ECM. Y más que apoyarnos en las tradiciones religiosas antiguas y las corrientes filosóficas modernas hemos preferido ceñirnos a lo que hemos llamado “enseñanzas espirituales contemporáneas”. Cronológicamente, esto significa atender a algunas de las ideas que sobre nuestro tema han visto la luz en el último siglo y medio aproximadamente, y de manera muy especial a las expuestas en los últimos cincuenta años más o menos. Y en algunos casos pertenecientes a la última década.

En todas ellas se afirma estar en posesión de un “saber” que no es ni ciencia empírica ni creencia religiosa, que algunos podrían denominar “esotérico”, otros “gnóstico”, quizás simplemente “espiritual”, pero que, en cualquier caso, pretenden ofrecer un conocimiento cierto acerca de lo que ocurre más allá de la muerte. Son tantas y tan significativas las coincidencias que, aun conscientes de la fragilidad epistemológica de cuanto se afirmará aquí, creemos que merece exponerse para quienes no están familiarizados con tales enseñanzas, pues diríase continuación lógica y coherente de lo visto en las ECM. Por eso hemos subtitulado nuestra obra: “Experiencias cercanas a la muerte… y más allá”. Lo expresado en esta tercera parte está “más allá” de lo que sabemos a través de las ECM. Es, ciertamente, un saber de “el más allá”, tal como se ha denominado, en muchas ocasiones, ese “más allá de la muerte”.

Como puede verse, la unión de las experiencias cercanas a la muerte (primera parte), de la investigación científica sobre las mismas (segunda parte) y de las enseñanzas espirituales sobre lo que sucede más allá de la muerte (tercera parte), nos puede llevar al convencimiento razonable de nuestra supervivencia, acaso de nuestra inmortalidad, quizás de nuestra eternidad. Por eso hemos querido expresar con la rotundidad que merece que “tu alma es inmortal”, que “eres inmortal”.

 

- PARTE I - DESCRIPCIONES DE LAS ECM

 

- CAPÍTULO 1 -INTRODUCCIÓN

 

 

“Los físicos teóricos siempre me comentan lo bien que parece que entiendo las ciencias cuánticas cuando, en realidad, tan solo estoy citando comentarios que me han hecho algunos niños sobre su experiencia cercana a la muerte”.

Melvin Morse

 

 

Entre los lectores de esta obra, probablemente habrá quienes han escuchado o leído sobre las experiencias cercanas a la muerte (a partir de ahora ECM) o incluso saben mucho acerca de ellas, pero también puede que el libro caiga en manos de algunos lectores que se aproximan por vez primera al tema, así que me gustaría comenzar haciendo un resumen de aquello que entendemos por ECM.

¿Qué sucede en esos casos? Sucede algo tan extraordinario como que la persona está en una situación determinada (los casos más frecuentes son el hallarse en el quirófano de un hospital, en plena operación, o el tener un accidente) en la que parece que ha fallecido. Algo ha ido mal en la operación o ha tenido lugar un accidente grave y la persona se encuentra “fuera de su cuerpo”, como narrará ella misma más tarde, pues justamente si hablamos de “experiencias de casi muerte” –como a veces se ha traducido la expresión inglesa original near-death experience– es porque, a fin de cuentas, no se ha producido la muerte definitiva, y generalmente “ve” su propio cuerpo en el lugar del accidente o en la mesa de operaciones.

Fijémonos que, desde el comienzo mismo de esta historia, nos encontramos ante la cuestión de la “experiencia” y la “interpretación” de la misma. Y, como sabemos, buena parte de la neurociencia actual encuentra serias resistencias a creer que “uno” pueda “salir” de su cuerpo, ver este a distancia, desde un ángulo del techo o desde cierta altura no muy lejos del lugar en el que se halla el cuerpo maltrecho. Qué sea ese “uno” que presuntamente “sale” de su propio cuerpo y tiene la capacidad de percibir, de “ver” independientemente de los sentidos físicos e incluso del funcionamiento cerebral, en los casos en los que se constatará que ha tenido lugar una parada cardio-respiratoria, con el consiguiente cese de riego sanguíneo cerebral y por tanto con electro-cardiograma plano, como se podrá comprobar cuando se pongan en marcha los estudios prospectivos de las ECM, después de haber acumulado un importante número de estudios retrospectivos, qué sea ese “uno” ―decíamos―, nos remite a la cuestión de “qué soy yo” o “quién soy yo”, y más en general “qué es un ser humano”. Si queremos concretar más en los términos en que la neurociencia lo aborda, nos preguntaríamos por la relación entre el cerebro y la mente, que es un modo más actual de formular la cuestión clásica de la relación entre el cuerpo y el alma. Como consecuencia de todo ello, la pregunta acerca de si hay algo en el ser humano que sobreviva a su muerte o no, se sitúa en el centro de nuestro debate.

¿Hay algo así como una “esencia” del ser humano, un “yo” o “alma” que pueda existir independientemente del cuerpo que habría estado habitando? Desde los dualismos tradicionales, por ejemplo, en el propio Platón, en nuestra tradición occidental, hasta el monismo materialista de la identidad, que reduce la naturaleza humana a cuerpo biológico, y la conciencia y la mente a mecanismos neuronales del cerebro, se han dado posturas de distintos tipos, siendo estas dos las más extremas, por el lado espiritualista la una, por el lado materialista la otra. A nadie se le oculta que el paradigma científico dominante hoy (quizás a través de experiencias como estas y otras muchas que irán saliendo en estas páginas esté resquebrajándose) se halla más cerca de esta última opción y se resiste a considerar como verdades literales lo que la mayoría de los sujetos que han pasado por una ECM afirman.

Como veremos, la hipótesis de que las ECM no son sino una especie de “alucinaciones” generadas por determinadas sustancias químicas que se segregarían ante la posibilidad del fin de la vida y producirían contenidos fantasiosos muy condicionados por las creencias escatológicas y las expectativas personales, así como por los condicionamientos culturales, sigue siendo la hipótesis dominante, sobre todo entre muchos de los médicos y científicos que no han estudiado a fondo el tema. Estas cuestiones tendrán que ser abordadas más adelante, pero anticipemos ya que hay dos hechos que fundamentan argumentos importantes contra dicha hipótesis: por una parte, el que se haya comprobado repetidamente que las “percepciones” narradas al volver de la experiencia por muchos sujetos coincidan exactamente con lo sucedido de manera observable y observada entre quienes se hallaban en el quirófano o en el lugar del accidente; por otra parte, el que justo en esos momentos el sujeto presentase un electro-encefalograma plano, por lo cual no debería ser capaz de percepciones de ningún tipo, y menos todavía con la coherencia y el poder transformador de su vida que luego dicha experiencia mostrará tener.

Si además tenemos en cuenta las reiteradas afirmaciones de tales sujetos respecto a la evidencia personal del carácter “real” de sus experiencias, en la mayoría de las ocasiones consideradas incluso como “hiperreales”, “ultrarreales”, “más reales que lo que consideramos habitualmente real”, etc., la importancia y el alcance de tales experiencias salta a la vista.

Así pues, salen de su cuerpo y siguen sucediendo cosas. De hecho, desde la obra pionera de Raymond Moody, Vida después de la vida