3,99 €
ScaforínT (Terrícola), uno de los protagonistas, es un personaje soñador que resulta elegido para embarcarse en una aventura extraplanetaria en busca de una experiencia de cambio gracias a la invitación de una patrulla de exploradores, viajeros de un planeta desconocido, aventurando un futuro de cambios fundamentales. Ese planeta es el Planeta Tierra2, Planeta Verde. Los habitantes de este "Planeta Verde" han evolucionado hacia una "especie hermafrodita característica". No hay competencia de sexos ni estándares familiares. ¿Cómo pensar en una familia? Las nacionalidades son "estatales", con sus dialectos e idioma común. Desde niños, la educación se orienta en la obligación de una formación vocacional para la realización personal eficaz, con capacitación para la autodeterminación e independencia familiar. La religión no se vive en la competencia de credos diversos sino como compromiso fundamental de búsqueda de un principio de realización integral universal. Si no, no vale la pena. ScaforínT se va convirtiendo, gracias a la compañía de reso Lhadro, su gomia, coprotagonista, en testigo curioso de un mundo en el que no existe el dinero, no se dan las excentricidades de las clases sociales y se cuida mucho la propiedad privada productiva. Todos tienen derecho a una vida social digna. Y la vida social concienciada con el transporte público y vehículos automatizados, alcanzan una sensibilidad especial por la no contaminación. Marcas de distintivo utilitario adaptadas a los diferentes servicios. ScaforínT cree que ha encontrado gran parte de lo que buscaba y ya no quiere volver a la Tierra. Se ha encariñado con este nuevo estilo de vida. Le ata el cariño a su gomia Lhadro y a su ahijado Scalhadro pero ha de despertar. Dedicado singularmente a mis hijos y familia joven.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Veröffentlichungsjahr: 2019
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© HALGILAR
Diseño de edición: Letrame Editorial.
ISBN: 978-84-17818-40-1
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
Letrame Editorial no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones del autor o con el texto de la publicación, recordando siempre que la obra que tiene en sus manos puede ser una novela de ficción o un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales y subjetivas.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
VOCABULARIO:
— Reso/a: señor/a.
—Mina: amigo tuteo.
—Gomi: amigo respetuoso.
—Crider: director.
—Tréxo/a: experto.
—Macos: mecánicos.
—Freso/a: profesor, profesional.
—Délo/as: delegado/as electos de Gobierno.
—Ocilas: policía secreta.
—Provato: portavoz.
— Pridens: presidente.
—Stola: reverendo.
—Cupilo: cura, pope, imán, pastor, lama…
—Lengua ficial: guale.
Nota: Nombres o cargos terminados en –oa quiere indicar que han sido progenitoras, madres.
PERSONAJES
PRÓLOGO
Son muchos los caminos que pueden o podrían conducirnos a proyectos, mundos soñados que dibujan nuestras ilusiones, realidades que nos gustaría cambiar, superar. Soñamos, idealizamos y nos dejamos transportar en nuestras fantasías para llevarnos tan lejos de nosotros mismos que no aceptamos reconocer el mundo en que vivimos. Porque es muy difícil «tragar entero» y lograr una digestión saludable. Ensayamos derroteros que pueden llegar a ser precipicios o senderos de reencuentros humanos entrañables.
El mundo de la imaginación es el primer mundo que habitamos desde niños para aprender a vivir, para ensayar ejercicios de convivencia y poder empezar a creer con cada pedazo de vida que compartimos, vamos asimilando, asumiendo como nuestra. Nunca mejor que de niños para crear sueños. Sueños de paz, de amor, de esperanza, de futuro… que a veces te despiertan en vivencias amargas, insomnios perversos que se empeñan en destrozar todos los sueños posibles de infancia dejando un lastre de incredulidad humana.
Un día rompes esquemas y te olvidas de todo lo que te rodea; te dejas influenciar y respiras profundo. Es el quedar al desnudo para sentirte como un ave sin fronteras, sin limitaciones, sin perjuicios para poder recuperar con los años lo que aún te queda de infancia como esquejes de lo mejor de ti mismo. Y te pones en camino saboreando el reencuentro en espacios del pasado que son bellos recuerdos, añoranzas, descanso, creyendo a tope que aún es posible encontrar lo que siempre has hecho por conquistar.
Y caminamos a pie, contando pasos andados y por andar, buscando más allá lo que no vemos cerca. Se llama cambio: romper moldes, programar, diseñar, afrontar y comprometerse. Creer y confiar que hay cosas posibles por las que vale la pena luchar. Por eso, el paseo hacia cualquier parte nos puede conducir a lugares inimaginables de la fantasía o del descanso, relajo, reencuentro con nosotros de una forma más saludable.
. . . . . . . . . . .
Hace años que vengo escaneando el mundo de los jóvenes, determinado por el esqueleto de la vida que, poco a poco, va configurando un cuerpo en desarrollo capaz de sustentar enanismos, gigantismos, atletas y obesos. Se reviste de ilusiones, modelos a imitar, capacidades ilimitadas de vida, mientras la experiencia a cada uno le va determinando su estatura y su peso, parte por su propio compromiso de desarrollo, parte por herencia, cultura, determinismo social. Lo cierto es que van moldeando una identidad personal más o menos «tostada» en ilusiones, idealismos, y que motiva a creer que se puede cambiar el mundo porque para eso han nacido y se constituyen en nuevas generaciones.
Ese nuevo planeta adonde poder viajar, escapar y en el que refugiarse para ensayar realidades cuyas claves de cambio aprende cada quien, pertenece al mundo de las utopías pero es, al mismo tiempo, un programa de compromisos de cambio que ha de ayudar a creer en un futuro sin dejarse vencer por el conformismo. Es la esencia del joven a quien va dedicado este viaje al «Planeta Verde».
CAPÍTULO I. VIAJE AL PLANETA VERDE
El pueblo es el oasis al que solemos recurrir para huir y reencontrarnos un poco con nosotros mismos, bosquejar futuros, revivir pasados en años cumplidos y/o volver por caminos andados hacia el resumen extracto de lo que pudo ser y no fue y de lo que fue y añoras.
Te dedicas a andar, caminar hacia ninguna parte o reandar lo mejor que intentas evocar para revivirlo, redisfrutarlo y confiar en que aún hay vida por recuperar. El paseo es la mejor terapia para recomponer y diseñar mundos para tus hijos y nietos.
Caminando una de esas tardes por el campo, retomando el sendero de Las Cárcavas hacia el mirador de la cuesta que otea el horizonte perfilado por el curso del río Duero hacia occidente, iba pensando en la posibilidad de un mundo utópico en el que no hubiese ni clases sociales ni discriminación, labrado con el esfuerzo de todos pero nunca con el abuso sobre el débil y competencia de clases sociales. Me hice un sitio entre los riscos y me acomodé deteniendo el tiempo y abandonándome a la contemplación y el descanso. Un atardecer con su infinidad de colores y sonidos que brinda generoso el campo en tiempo de época primaveral. Después de mirar al infinito, de repente observé, con extrañeza, una luz muy fuerte, como de un meteorito que fuese a caer por los alrededores. Seguí extrañado por el fenómeno, no pudiendo entender qué podría ser. Pero se fue acercando tanto que llegó un momento en que me cegó. Me restregué los ojos e inmediatamente pude ver una nave en forma de avión tipo Mirage, cuyas alas veía desplegarse en actitud de planear, deteniéndose frente a mí. Inmediatamente se abrió una puerta, y vi aparecer ante ella un personaje raro, pero similar a un ser humano, dirigiéndose a mí. Me saludó diciendo:
—¡No se asuste! Venimos en son de paz. Hemos seguido de cerca «sus ensueños». Le elegimos para brindarle la posibilidad de conocer otra forma de vivir en línea con lo que suele diseñar como posible. Tendrá la oportunidad de viajar con nosotros y conocer otras formas de vida y nosotros, acercarnos algo más a ustedes.
—¿Quiénes son ustedes? ¿De dónde vienen?
—Venimos de otro planeta, evocándonos su mundo, períodos de nuestra historia y usted podría ser un eslabón .
—¿Qué esperan de mí? No soy ningún niño ni ningún curtido veterano, como pueden ver. Me gusta soñar pero no concilio el sueño fácilmente. Quiero decir, que no soy un prototipo humanoide modélico.
—No tendrá ningún problema ni le afectará de ningún modo. Nuestro viaje es ajeno al tiempo. Ir y volver, a lo que nos comprometemos, será muy breve en el cómputo de tiempo que les rige. Considérelo un sueño.
—¿Qué se supone que debo hacer?
—Nada. Confíe y relájese, si así lo desea.
—Quiero confiar en su invitación. Me gusta la aventura como forma de descubrir posibilidades nuevas. No me conformo y sigo buscando. No sé si Uds. pueden ocupar parte de ese objetivo.
—Por favor —me dijo—, si así lo desea, debe confiar en nosotros. No hay tiempo. Ahora o nunca porque no tendrá otra oportunidad como esta. Suba con nosotros, porque el tiempo se va.
E inmediatamente vi extenderse una pasarela hacia mí. No lo pensé dos veces para subirme a ella. Y no percibí miedo alguno sino todo lo contrario; me transmitían una sensación de confianza y paz algo envidiable.
No alcancé a distinguir más que a los dos individuos que se acercaron a mí, si bien solo hablaba uno. Al fondo se divisaban complejos paneles electrónicos de pilotaje, suponía, frente a los cuales había, no sé si robots u otros individuos, porque no daban la cara para nada. Ambos tenían el aspecto de humanoides, con los ojos achinados que abrían a veces como platos según expresiones más comprometidas. Orejas como las de los murciélagos. Cabeza mediana y cráneo sin pelo. Piel morena. Altos, fuertes pero no gruesos.
Inmediatamente me proporcionaron una ropa de protección especial que me explicaron e indicaron cómo sobreponerme a la mía, indicándome el porqué de algunos elementos. Y de seguido me acomodé, según me indicaron. Me advirtieron de que no tomaría conciencia del viaje hasta no llegar al destino. Y se cerró la puerta de acceso automáticamente. Sin percatarme, inmediatamente entré en un sopor alucinante que me hacía ver como una película de ensoñaciones.
No sé cuánto tiempo pudo pasar pero, cuando creí despertar, lo hice en un mundo desconocido, un mundo extraño. Me quedé perplejo, pero me prometí no preguntar nada en ese momento porque no iba a comprender, limitándome a observar todo para informarme poco a poco sobre la marcha.
—Somos uno de los equipos encargados de atrapar prototipos en el Universos —me explicaron amablemente—, capaces de colaborar en la realización de sueños posibles. Siéntase como en su casa y disfrute esta oportunidad que le brindamos y que quiere ser respuesta a su conocida voluntad de encontrar ese mundo que considera utópico: el nuestro, su planeta soñado, nuestro Planeta Tierra 2. Y podrá constatar que hay realidades posibles si los seres salen de sí mismos y se comprometen en lograr mundos mejores para todos.
No había escuchado una sola palabra, sin embargo, entendí todo lo que me decían. Un lenguaje como telepático, constatando que, siempre que hablaban así, sus ojos estaban achinados. (Era una pista para mí porque en mi primer encuentro, el interlocutor sí me hablaba en mi lengua y lo hacía con los ojos bien abiertos. Así iba aprendiendo).
—Bienvenido a nuestro planeta. Soy Dievha —me dijo el supuesto jefe de la expedición con los ojos bien abierto, a quien no había visto antes. Tiene autorización para visitar y conocer todo cuanto pueda resultarle de interés durante el tiempo que merezca convivir con nosotros. Contará con un sistema de acreditación especial para desplazarse en nuestro mundo. Cuenta con una invitación para compartir vida con nosotros, si se le facilita la convivencia. Tendrá un tiempo razonable, después del cual será notificado para poderle retornar a su mundo. Nuestra gente ya ha aprendido a compartir vida con extraños, asumiéndolo como una clase más de aprendizaje.
Me registraron mediante la toma de mis huellas digitales y de mis facciones de cara así como mediante una fotografía electrónica.
—La identificación es para nosotros esencial, vital. —Y me entregaron un carnet de invitación.
Seguidamente me hablaron con simpatía, con los ojos bien abiertos:
—Contará siempre con un guía,mina (amigo), quien le informará de aspectos de nuestra vida en este nuestro planeta. En esta ocasión estará acompañado por reso(señor) Lhadro, quien lo presentará a grupos que, como usted, están deseosos de aprender, conocer otros mundos y comparar, disfrutando de ello.
Reso Lhadro, de quien no había oído pronunciar una sola palabra como a nadie de los demás acompañantes, se situó frente a mí poniendo sus manos sobre mis hombros, sorprendiéndome, diciéndome perfectamente en mi lengua ,con los ojos bien abiertos:
—Seré su acompañante por un tiempo. Seré el encargado de mostrarle y explicarle alguna de aquellas cosas que puedan ser de su interés, o presentarle a otras personas más idóneas a cada caso: Adelante.
Y me invitó a salir.
Fui descendiendo de la nave mirando a mi alrededor y traté de distinguir algún elemento de referencia conocido. Todo tan novedoso y extraño que instintivamente empecé a darme golpecitos, pellizcarme por comprobar que no estaba dormido. Dievha, paciente, me observaba.
Sorprendido, solo acerté a decir una palabra: Gracias. Y me miraron con una sonrisa de complicidad, despidiéndome levantando sus manos. Mientras contemplaba absorto la nave, desapareció como un rayo sin el estruendo de motores de nuestros aviones. Me consideré perdido, desconcertado.
Me encontré en un espacio abierto, con un paisaje increíble a pesar de reconocerlo como una infraestructura de aeropuerto, con sus dependencias de formato aduanero. ¿Cómo describirlo? Carecía de referentes con que comparar. Me quedé sorprendido, sin palabras en ese momento.
Reso Lhadro, según pude ir constatando posteriormente, era algo más que un simple acompañante, agente turístico. Tenía la función de abrirme mi base de datos, hacerme un retrato sicológico y registrarme. Imprescindible para delimitar la importancia y capacidad de movimiento de mi misión.
Me senté en el primer sitio que creí poderlos hacer y que reso Lhadro me señaló. Necesitaba reubicarme, preguntar muchas cosas, poner un poquito de luz, pero quería hacerlo despacio para ser capaz de poder irlo asimilando, comparándolo con mi experiencia. Ya había dado el primer paso hacia una aventura en la que una vez más me arriesgué, poniendo toda la carne sobre el asador. No era la primera pero esta sí que tenía visos de haberme pasado un pelín en mi pretensión de encontrar, a través del cochón esponjado de las nubes entre montañas, caminos de ensueños.
Yo no acertaba a decir ni preguntar nada. ¿Por dónde comenzar? Me resultaba imposible ubicarme, centrarme, buscar respuestas. Sentía que el reso Lhadro leía y seguía mis pensamientos, haciéndome comentarios sobre preguntas que me planteaba para mis adentros sin atreverme a cuestionarlas. Es decir, se me adelantaba siempre. Un asunto importante para hablar.
Fue el momento en que me propuse fijarme, observar el aspecto físico de los habitantes que, supongo, tendría posibilidad de ir conociendo. Me resultaba curioso que todos tuvieran el aspecto de hombres; su vestimenta similar en los estilos me daba pie a creer que podrían ser de cultura machista o qué se yo qué otro misterio me esperaba.
No podría ser que estuviese en un mundo en el que la mujer hubiese pasado a ser una cosa, a capricho del hombre, rompiendo cualquier esquema previsto de desarrollo porque no distinguía ninguna. ¿Y por qué no al revés y yo no me había dado cuenta aún? ¿Acaso había caído en un mundo de evolución matriarcal? En fin, qué importaba. Ya estaba aquí. Tendré tiempo de buscar y encontrar respuestas.
CAPÍTULO II. HACIENDO CAMINO AL ANDAR
Reso Lhadro se quedó mirándome con sus ojos de plato como dándome a entender que sabía que me había dado cuenta ya de su sistema de comunicación y lenguaje. Bosquejó una sonrisa y me señaló, invitándome a seguirlo. Y comenzamos a andar.
Cómo describir el aspecto del paisaje físico, arquitectónico, urbanístico, humano… Desde que bajé de la nave y pude mirar a mi alrededor, no sabía si quedarme absorto contemplando el paisaje o entretenerme en buscar nombres, símiles, imágenes comparativas para describir e interpretar lo que me resultaba tan extraordinario, novedoso. Lo mejor, por el momento era oír y ver. Callar no, porque había mucho que preguntar.
¿Qué hora podría ser si no tenía la referencia solar comparativa? Reso Lhadro se me quedó mirando, con sus ojos achinados e inmediatamente los abrió para decirme que aquí tendré todo por aprender pero cada cosa a su tiempo.
—Como puede ver, hoy, el clima es de tipo primaveral para vosotros. Dependemos de una estrella o Cyrus, similar a vuestro sol. Pero bueno, de esto tendrás información más despacio y a su tiempo.
Se divisaba desde donde estábamos un paisaje montañoso al fondo y un campo de vega, verde, con vegetación frondosa para describir y valorar más despacio. La posibilidad de una corriente de agua, la que fuese, discurriendo por la llanura y algún ave revoloteando. No podía distinguir más por comparación a nuestros paisajes en la Tierra. Mientras andaba distraído siguiendo a reso Lhadro, contemplando, queriendo no perder detalle, nos acercamos a uno de los vehículos aparcados a un lado de la vía o carretera. Un modelo de vehículo singular, sin ruedas, lo más parecido a un coche de choque de ferias pero más grande y cubierto. Reso Lhadro se sonrió, supongo que al venir leyendo mi pensamiento.
—Vamos, mire —me dijo—, vamos a usar este vehículo más adecuado para los dos e ir hacia el centro de la población. Es cómodo y práctico. —Me señaló. Porque había varios de diferente estilo y capacidad.
—¡Ojo, que no es mío!
—¿Y por qué coge este precisamente si no es suyo?
—Por ser lo más práctico para lo que nosotros necesitamos.
—O sea, que puede llegar y coger el que le parezca. ¿Cómo sabe que este no lo tienen aparcado provisionalmente? ¿Y si lo ha dejado el dueño mientras hace algunas vueltas?
—Cuando se aparca se deja una señal clara de que no lo necesitará por el momento y que está disponible. Fíjese en esto —me dijo.
