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En este libro, en el que se combinan la prosa y el verso, Claudio Castilla nos relata en primera persona cómo logró sobrellevar un diagnóstico positivo de cáncer y cómo superó el tratamiento. Por la llamativa descripción de sus estados emocionales y de sus pensamientos, el lector será capaz de captar exactamente lo que él sintió en cada momento significativo de la experiencia: desde los instantes de sufrimiento y desesperación hasta los de alegría y triunfo por haber vencido a la enfermedad. Tal como él mismo lo cuenta, la función de este texto es la de ayudar a soportar los malos momentos a quienes están atravesando situaciones similares.
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Seitenzahl: 40
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Claudio Andrés Castilla
Castilla, Claudio Andrés
Escribí para vivir / Claudio Andrés Castilla. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Tercero en Discordia, 2024.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-631-6540-57-7
1. Superación Personal. 2. Poesía. 3. Cáncer. I. Título.
CDD 808.883
© Tercero en discordia
Directora editorial: Ana Laura Gallardo
Coordinadora editorial: Ana Verónica Salas
www.editorialted.com
@editorialted
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor.
ISBN 978-631-6540-57-7
Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723.
Impreso en Argentina.
A mi familia. A mis amigos. A mi coach. A mis ángeles. A mi historia. A mis deseos de vivir.
Es mi historia desde que supe que tenía cáncer, contada en primera persona. Es un libro dedicado a ayudar a aquellas
personas que están atravesadas por una enfermedad.
Todo estaba bien. El invierno pedía permiso, suave, sin violencia. El olor a la semana, una brisa. Tenues gotas sobre el parabrisas. La quietud de la mañana llamaba al mediodía. Lo que venía. Solo un trámite hasta llegar a ese sobre, sin remitente, con un logotipo. Me esperaban los negocios de otros. El papel iba sobre el asiento. Mi profesión de esposo, de padre y otras se detenían. Abrí despacio hasta dar con él. Una voz interior me lo decía. Tal vez sin saber lo que diría, el cielo, por las dudas, me cubría. Para mí era mentira. Mis estudios de sangre fría. Para que todo encajara con la vida. El sol, sin nombrarlo, me esperaba. Mi mirada rota vio el resultado. En esa lenta melodía, ese juego de letras coincidía. Yo era testigo del silencio. La piel seca de la mano tocó esa noticia. Llegó el ruido hasta adentro como una queja. ¿Qué hice mal? Los signos de la mañana que se alejaban. Él estaba ahí. Lo que te mata. Esa porquería. Todos sinónimos contrarios a la vida. No lo sé, o sí. Todo estaba ahí.
El contorno de los árboles de la esquina ensanchaba la sombra que me inspiraba. Estaba estacionado en la ochava prohibida. Las mil multas que vendrían no se comparaban con la herida. Los pliegues de la frente también veían. Yo no estudié medicina, pero lo sabía. Él estaba ahí. Lo presentía. Se amplificaban los sonidos de las campanas que decían: “Para mí es mentira”. La mala palabra me llevaba, había sudor en las axilas. Él me esperaba y esta era mi respuesta: “¿Por qué a mí? ¿Cómo se sube esta cuesta?”. En el umbral de la vida, me tocaba esta. El enemigo invisible estaba ahí y yo, en la esquina. El reloj se detuvo para mí.
La foto en blanco y negro jamás tendrá color. Las antorchas quemaban mi traje. Plegando las piernas, vi crujir mi alma, y levanté los hombros. Ahí solo había figuras blancas. ¿Ángeles despeinados? “¿Qué hago? ¿A quién llamo?”. El sobre seguía ahí, en el asiento del auto. La boca seca, sin nadie a la derecha. “¿Me llaman? ¡No iré! ¿Qué hago en la esquina?”. Ese oscuro designio, una apariencia. El sobre seguía ahí, con la solapa abierta. Mi vida se detuvo en esa esquina. “¿Será verdad?”. Mi rostro congelado era el espejo del pasado que ya no era. Como un barco, esperaba en un muelle de madera, amarrado a un ancla que se enterraba. Ya no habría playas ni palmeras. La quietud del día desesperaba, y el aliento de la edad se aceleraba. Un ardor me atravesaba como una lanza rompiendo todo eso que yo era.
Solo un estudio de rutina y en mi poesía: “No quiero irme de esa esquina donde se cruzan las calles de mi vida”. No había respuestas ni salida. El cáncer estaba ahí como una espina. Vestido con buena tela me acorralaba un sabor a despedida. “Me está pasando a mí en esta esquina”. Tan solo lo viví, pálido, sin saliva. Las escamas del miedo me abrazaban pinchando como vidrios que por dentro me rompían. “¿Me está pasando a mí? ¿O es mentira?”. Mis ojos oscuros nunca vieron sombras, estaban custodiados por pestañas que no sobraban. Qué poder tiene una hoja escrita cuando de sorpresa te intercepta. Se acabaron las recetas de lo que con soberbia me jactaba.
