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Los Escritos de Gobierno, redactados en estrecha correspondencia con los acontecimientos en los que Florencia, Italia y Europa se vieron implicadas, nacen de la directa experiencia de un testigo de excepción, Maquiavelo. Son un conjunto de documentos, escritos en italiano y destinados a distintas instituciones del gobierno de Florencia, textos relacionados con la política florentina en Toscana, la milicia y defensa de Florencia, la diplomacia, la legislación, el Estado y la administración, en una etapa decisiva de la historia de Italia. En ellos la historia se convierte en tema recurrente y proporciona diferentes exempla de los que extraer conclusiones y enseñanzas. Los Escritos de Gobierno son heterogéneos, tanto por las fechas de redacción -la primera serie en 1499-1512 y la segunda en 1515-1527-, como por cómo han llegado a nosotros, -parte gracias a la recopilación de sus nietos, Julian de Ricci y Nicolás de Bernardo Machiavelli, parte a través de fuentes documentales muy dispares-, lo que ha causado errores de edición pero ha permitido que su obra perdida siga saliendo a la luz -como Discursus de pace inter imperatorem et regem (1501), inédito hasta 1966. Heterogénea es, así mismo, su contenido que recoge documentos muy diferentes: originales o borradores, redacciones definitivas o copias posteriores. Y heterogénea es también, su tipología estilística que varía según la finalidad de cada texto: informes o proyectos de ley destinados a ser leídos o discutidos.
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Seitenzahl: 638
Veröffentlichungsjahr: 2013
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NICOLÁS MAQUIAVELO
ESCRITOS DE GOBIERNO
Estudio preliminar, traducción y notas de
MARÍA TERESA NAVARRO SALAZAR
Estudio de contextualización
FÉLIX GILBERT
Traducción del estudio de contextualización
MARÍA TERESA NAVARRO SALAZAR
Estudio preliminar
1. Italia en la edad moderna
1.1. Una península fragmentada
1.2. Los cinco Principados
1.3. Los pequeños Estados
2. Florencia, entre Toscana y Europa
3. La injerencia extranjera
3.1. El Imperio
3.2. Francia
3.3. España
3.4. La expulsión de los ejercitos extranjeros
4. Nicolás Maquiavelo
4.1. Juventud y vida familiar
4.2. Maquiavelo al servicio de la República Florentina
4.3. Post res perditas. El confinamiento en el Albergaccio
5. El taccuino del secretario
6. La experiencia de la guerra contra Pisa
7. La práctica diplomática
7.1. Diplomacia y política
7.2. Diplomacia y acción
8. Alguna consideración en torno a Maquiavelo y su obra
9. Los Escritos de Gobierno
9.1. Heterogeneidad de los Escritos de Gobierno
10. Clasificación temática de los Escritos de Gobierno
11. Bibliografía
12. Cronología
ESCRITOS DE GOBIERNO
1. La política florentina en Toscana
1.0. Escritos relacionados con la política florentina en Toscana
1.1. Discurso sobre Pisa
1.2. De rebus pistoriensibus [De los asuntos de Pistoia]
1.3. De la manera de tratar a los pueblos sublevados del Valle del Chiana
1.4. Medidas para la reconquista de Pisa
2. La práctica diplomática
2.0. Escritos relacionados con la práctica diplomática
2.1. Discursus de pace inter imperatorem et regem [Discurso sobre la paz entre el emperador y el rey]
2.2. De natura gallorum [Del carácter de los franceses]
2.3. Informe sobre los asuntos de Alemania realizado por Nicolás Maquiavelo en el día 17 de junio de 1508
2.4. Discurso sobre los asuntos de Alemania y sobre el emperador
2.5. Retrato de los asuntos de Francia
2.6. Retrato de los asuntos de Alemania
2.7. El modo que utilizó el duque Valentino para asesinar a Vitellozzo, Oliverotto de Fermo, al Señor Paolo y al duque de Gravina Orsini en Senigaglia
2.8. Instrucciones para uno que vaya como embajador a algún lugar
3. La milicia y la defensa de Florencia
3.0. Escritos relacionados con la milicia y la defensa de Florencia
3.1. Algunas palabras que decir acerca de la disposición del dinero luego de un breve proemio y una disculpa
3.2. Cuál es el motivo de las Ordenanzas, dónde se encuentra y que se debe hacer
3.3. Provisión de las Ordenanzas
3.4. Discurso sobre la milicia a caballo
3.5. Fantasía sobre Jacobo Savello. Razones por las que convendría nombrar comandante en jefe de la infantería al señor Jacobo Savello
3.6. Ordenanzas de caballería
3.7. Fantasías sobre las ordenanzas
3.8. Informe sobre una visita efectuada para fortificar Florencia
3.9. Minuta de provisión para la institución de la magistratura de los cinco curadores de las murallas de la ciudad de Florencia
3.10. Disposiciones militares para el asalto a Cremona
3.11. Distribución de las nuevas protecciones en San Miniato
4. La justicia y la organización del Estado
4.0. Escritos relacionados con la justicia y la organización del Estado
4.1. A los Palleschi
4.2. Alocución dirigida a una Magistratura
4.3. Sumario de los asuntos de la ciudad de Lucca
4.4. Discursus florentinarum rerum post mortem iunioris Laurentii Medices [Discurso sobre los asuntos de Florencia despues de la muerte de Lorenzo de Medici, el Joven]
4.5. Recuerdo al cardenal Julio sobre la reforma del Estado de Florencia
4.6. Minuta de provisión para la reforma del Estado de FLORENCIA. Año 1522
Estudio de contextualización
Créditos
La conciencia política de italianos ilustres, como Dante y Petrarca, había defendido la unificación1 de Italia como única medida capaz de evitar la continua presencia de ejércitos extranjeros en la península. En 1347 el tribuno Cola de Rienzo, inspirándose en Tito Livio, había instaurado una fugaz república romana2, y había justificado su posterior tiranía sobre Roma, con la excusa de querer unir a todos lo estados de la península y liberar del yugo imperial a las ciudades de Italia.
Nicolás Maquiavelo, el Secretario de la República Florentina, apoya las teorías sobre la unidad de Italia expresadas por ambos escritores, hasta el punto de hacer suyos algunos versos de la famosa canzone de Petrarca: Italia mia3, para la desgarradora conclusión del último capítulo de El Príncipe: «Exhortación a gobernar Italia y liberarla de los bárbaros»4. Con el tribuno comparte el modelo ideal de sociedad, la «república perfecta»5 encarnada en la república romana y, además, determinados comportamientos y actuaciones de los romanos le servirán de ejemplo sobre el que edificar parte de sus concepciones —reflejadas luego en sus obras mayores— referentes a la organización y funcionamiento de milicia y estado.
Al empezar la Edad Moderna la Unificación de Italia seguía siendo todavía un problema sin resolver, y siguió siéndolo hasta bien entrado el siglo XIX. La segunda mitad del siglo XV es testigo de los constantes enfrentamientos, entre diferentes estados italianos en guerras como la de Lombardía o Las Marcas, mientras el rey de Nápoles ataca ciudades en Toscana o a Génova por mar, y dos ejércitos extranjeros se disputan el Reino de Nápoles. Florencia tiene que afrontar graves disensiones internas en 1466 y parece que con el gobierno de Lorenzo el Magnífico en la ciudad se abre un periodo de relativa calma que dura solo hasta su muerte en 1492. También había sido efímera la paz firmada después de la caída de Constantinopla en poder de los turcos (1453), cuando los cinco mayores estados de Italia: la Serenísima República de Venecia, el Reino de Nápoles, el Estado pontificio, el Ducado de Milán, y Florencia habían constituido la Liga Itálica (1454), que nacía con el objetivo primordial de mantener unida a toda Italia y defenderse de posibles agresiones extranjeras.
A mediados del siglo XV el territorio italiano aparece fragmentado en diferentes Estados. Por un lado, los cinco grandes Estados regionales o Principados que, en diferentes momentos, impondrán su influencia en la península. Por otro, un número de Estados de menor peso político como Ferrara6, Modena, Reggio, Verona, Faenza, Mantua, Urbino, Forlì, Bolonia, Imola, Pesaro, Rimini, Perugia, o Piombino, que vivían a expensas de alianzas con los grandes y, en ocasiones, jugaron papeles relevantes en el equilibrio político peninsular. Hacia finales de siglo, César Borja7 crea en el centro de Italia un nuevo Estado, el Ducado de Romaña, de efímera existencia, pero que, paradójicamente, se revelará fundamental en el desarrollo de la historia italiana de principios del siglo XVI, a causa de los serios conflictos que lo enfrentan con los grandes y pequeños estados de la península.
1.2.1. La Serenísima República de Venecia
En su Historia de Florencia escribe Maquiavelo que la Serenísima República de Venecia es «...una República que, por su organización y por su poderío, debe ser considerada como la primera de Italia» (Maquiavelo, 2009: 64) y añade, posteriormente, que llegó a conseguir una neutralidad duradera y un prestigio tan grande que los venecianos «casi siempre eran árbitros en todas las controversias que surgían» (Ibid., p. 65) en la península.
La fortaleza y autoridad de la Serenísima se sustentaba en dos elementos: la supremacía en el mar, una vez derrotada Génova su más directa rival en 1380, y la posesión de un gobierno estable, dominado por la oligarquía y dirigido por el Dogo. En tal situación Venecia sintió la necesidad de buscar su expansión por tierra y, a finales del siglo XIV, los venecianos habían conquistado Verona y Vicenza, en 1420 habían arrebatado el Friuli a Austria, y se habían enfrentado con Milán por la conquista de Brescia y Bergamo y otros territorios de Lombardía. Posteriormente la confrontación fue con el papado por la posesión del puerto de Rávena y con Nápoles por los puertos de Bari y Brindisi, aprovechando las guerras en las que estos Estados se encontraban inmersos. Para cercenar su poder se formó contra ella una poderosa coalición, la Liga de Cambrai8 (1508), que consiguió la derrota y la humillación de Venecia.
1.2.2. El reino de Nápoles
A propósito de Nápoles refiere Maquiavelo en la Historia de Florencia (I, XXXIX) que «la reina Juana poseía el reino de Nápoles» (Ibid., p. 74)9. Su voluble comportamiento hizo que, al morir en 1435, se revitalizara la antigua rivalidad existente entre aragoneses y angevinos, desde que la corona de Aragón se estableció en Sicilia y, con la Guerra del Vespro10 en 1282 expulsó de la isla a la dinastía francesa de Anjou. Antes de morir la reina Juana llamó a Alfonso V de Aragón solicitando su ayuda contra los ataques de Luis III de Anjou, lo nombró duque de Calabria y heredero del reino de Nápoles. El aragonés aceptó porque Luis de Anjou era aliado de los genoveses, sus enemigos. Pero, una vez tomada la decisión, la reina se volvió atrás y nombró como su sucesor a Luis III, lo que dio origen a la guerra por la posesión del reino de Nápoles. Aragón se alió entonces con el duque de Milán y, a pesar de los esfuerzos conjuntos del Papa, Génova, Florencia y Venecia, Alfonso V entró en Nápoles en 1443.
1.2.3. El Estado Pontificio
El Estado Pontificio había iniciado su expansión territorial en el último tercio del siglo XV, bajo el pontificado de Sixto IV, pero en 1492 llega al solio el español Rodrigo Borja, Alejandro VI11, que con la ayuda de su hijo César, el duque Valentino12, consolida el poder temporal del papado conquistando Imola, Forlì, Pesaro y Rimini en tierras de Romaña, territorios que pasan a formar parte del recién creado Ducado de Romaña. Julio II13, sucesor de Alejandro VI, endiez años al frente de la Iglesia (1503-1513) afronta las iras de Venecia que había visto con malos ojos la expansión del papado por tierras de Romaña, y por ello se había aliado con el emperador Maximiliano en contra del papa. Julio II fue, además, el impulsor de dos coaliciones14: con la primera consiguió la derrota de la poderosa República de Venecia, y con la segunda, la expulsión de los franceses de Italia, a la vez que permitía la vuelta de los Medici a Florencia.
1.2.4. El Ducado de Milán
A la familia Visconti, que regía el Ducado de Milán, alude Maquiavelo en su Historia de Florencia afirmando que éste fue «uno de los cinco principados que más tarde gobernaron en Italia» (Ibid., p. 61). A finales del siglo XIV los Visconti habían llegado a conquistar todo el valle del Po y soñaron con dominar Italia, sueño que se eclipsó al morir Juan Galeazzo en 140215. Con su muerte, parte del territorio volvió a manos de sus antiguos dueños, y Venecia hizo frente a las pretensiones expansionistas del ducado. En 1447 muere Felipe María Visconti sin sucesor, y Francisco Sforza16, condotiero al servicio de Milán, se hace con el poder. Con el apoyo de Cosme de Medici y el visto bueno del papado impulsó la paz de Lodi17 que, aunque en principio tenía como finalidad imponer límites a la expansión de Venecia, concedió a la península un período de estabilidad. Su segundo hijo, Ludovico, apodado el Moro, asumió el título de duque de Milán, después de haber usurpado el poder, al despojar al legítimo posesor, su sobrino Juan Galeazzo María Visconti. Más tarde fue apresado por los franceses y desposeído del ducado, título con el que fue investido el rey de Francia Luis XII18, de acuerdo con el emperador.
1.2.5. Florencia
De Florencia, dice el Secretario en su Historia que, ya a finales del siglo XIII, la ciudad «[...] no solamente se convirtió en capital de Toscana, sino que se la consideró como una de las primeras ciudades de Italia» (Ibid., p. 86). Después de la revuelta de los ciompi19 la oligarquía florentina se fue haciendo con el poder utilizando el mecanismo de inscribirse en las corporaciones gremiales para así poder participar en la vida pública. Por entonces la ciudad experimentó un período de estabilidad interna. Pero la Señoría había tenido que hacer frente a la guerra de expansión de Milán, que en 1402 había llegado a sitiar la ciudad, y solo la muerte del duque Juan Galeazzo pudo salvarla. La paz con Milán se firmó en 1428 y, despejado el peligro de la invasión, a partir de 1434 el poderío de los Medici se fue afianzando en Florencia.
Cosme de Medici rige, pues, los destinos de la Señoría hasta 1464 y convierte a Florencia en una ciudad próspera en la que se desarrolla un comercio continuo, universal, así que en los libros de Contabilidad del Mercado Nuevo se anotaban «las deudas de los nobles y de los prelados de Nápoles, Inglaterra, Francia, el Tirol, Bohemia y Dalmacia» (Marcu, 1945:14). Este rico comerciante, que ya controla los bancos de algunas ciudades de Toscana, consigue que Florencia amplíe sus dominios en la región y gobierna bajo el signo de la «apariencia»(Ibid., p. 18): de libertad, de resolución, de igualdad.
Después del breve paso de Pedro el Gotoso (1464-1469), se hace cargo del gobierno su hijo, Lorenzo el Magnífico, humanista y mecenas, que ejerce como Señor de Florencia y la convierte en emblema del Renacimiento, rodeándose de artistas y pensadores. Su política de gasto quiebra las finanzas familiares y las de la Señoría, ello le obliga a crear nuevos impuestos, lo que fomenta la enemistad de familias adversarias como los Pazzi que, apoyados por personajes influyentes dentro de la Curia romana, planean el asesinato de los hermanos Lorenzo y Julián de Medici. Después de la conjura de los Pazzi, en la que Julián es asesinado, Lorenzo no solo concedió a Florencia una etapa de paz sino que consiguió mantener un equilibrio político en la península que se resquebrajó a su muerte en 1492. La debilidad de su hijo Pedro frente a Carlos VIII20 de Francia, que había entrado en Italia con su ejército, propició la caída de la Señoría y la vuelta a la República, a la que Maquiavelo servirá fielmente, desempeñando diferentes cargos y misiones.
Mientras los grandes Estados sobrevivían luchando «sin ejércitos propios», en las regiones de Emilia Romaña y Las Marcas existían otros Estados menores (MAQUIAVELO, 2009: 74-75) que estaban, bien bajo el dominio de la Iglesia, o de sus vicarios, bien controlados por el poder de familias de la nobleza: Ferrara, Modena y Reggio obedecían a los Este, Bolonia a los Bentivoglio, Faenza a la familia Manfredi, Imola dependía de los Alidosi, Forlì, situado en posición estratégica entre Venecia y Florencia, era feudo de Catalina Sforza, Rimini, de los Malatesta, Pesaro, de los Sforza y Camerino, de los Varano. Mantua estaba gobernada por los Gonzaga y, más al sur, Perugia estaba regida por la familia Baglioni.
En realidad esta zona de la península, parte de la cual pasó a integrar más tarde el Ducado de Romaña, era «el territorio políticamente más salvaje de Italia» (MARCU, 1945: 114) ya que sus Señores estaban inmersos en luchas continuas entre ellos. Al invadir César Borja Imola, Forlì, Pesaro, Rimini, el Ducado de Urbino y Camerino, con la ayuda de lo que Maquiavelo define como una «perpetua fortuna»21, sus víctimas buscaron otras alianzas. Olvidando viejas rencillas, los antiguos enemigos se unieron para poder guerrear contra su nuevo Regidor: el Pontífice, que dominaba también Perugia y Piombino y, dentro de Roma, controlaba a las familias nobles influyentes, como los Colonna y los Orsini, además del Colegio Cardenalicio y la Curia.
En 1469 —año de especial relevancia para la vida de la ciudad, ya que Lorenzo de Medici se hace cargo de la Señoría—, nace en Florencia Nicolás Maquiavelo, testigo y en parte notario de hechos que transformaron la historia de Florencia y la de otros Estados de Italia, y modificaron el curso de los acontecimientos europeos. Como tantos otros florentinos, vio con dolor la desaparición del Magnífico en 1492 y cómo con la huida de Pedro, hijo de Lorenzo, el poder de los Medici se diluía y se instauraba una República popular, favorecida por el Papa Sixto IV y Ferrante de Nápoles, tradicionales enemigos de los Medici, a los que acusaban de haber usurpado el gobierno de la ciudad. En 1494, con la entrada en Italia del rey francés Carlos VIII, Florencia perdía Pisa, y aunque en teoría volvía a recuperarla en 1499, con el laudo del Duque de Ferrara, para reconquistarla fue necesario desplegar las armas, en una larga y ruinosa guerra. Con objeto de favorecer la estabilidad de la República22, en 1502 Florencia nombró como Jefe de Gobierno a Pedro Soderini23 con el título de Confaloniero vitalicio, y éste se mantuvo en su cargo hasta agosto de 1512, después del saqueo de Prato24 por las tropas imperiales. Dos días después de que Soderini hubiera cedido el poder, los Medici volvían a Florencia.
Una de las más graves consecuencias de la muerte de Lorenzo fue la directa injerencia de Estados extranjeros —el Imperio, Francia y España— en los asuntos de Italia. Además, durante el período republicano (1494-1512) Florencia tuvo que hacer frente a conflictos armados con algunas ciudades de Toscana: Pisa, Pistoia y Arezzo. La tradicional alianza y la ayuda prestada por los franceses entró en crisis cuando estos tuvieron que atender sus propios asuntos en el Milanesado y Nápoles, y Florencia se resintió ante la inestabilidad de tales pactos.
Respecto a la inestabilidad de las alianzas florentinas se manifiesta Maquiavelo en 1503 y, ante la actitud remisa de sus conciudadanos a votar una ley que financiara un ejército para su territorio, el Secretario advierte del peligro que supone carecer de una milicia propia. En el escrito Algunas palabras que decir acerca del dinero, luego de un breve proemio y una disculpa,recuerda a la Señoría la situación de Florencia:
Salid ahora de casa y mirad a vuestro alrededor: os encontraréis rodeados por dos o tres ciudades que desean vuestra muerte más que su propia vida. Id más allá, salid de Toscana y considerad Italia en su totalidad: os daréis cuenta de que está dominada por el rey de Francia, los venecianos, el duque Valentino y el papa.
Con acertadas palabras, consigue trazar un breve y agudo perfil de la situación política de Florencia, de sus relaciones con los demás Estados italianos y las grandes monarquías europeas.
Maquiavelo analiza así la situación de la República: en Toscana, Florencia está empeñada en una gravosa campaña militar para reconquistar Pisa25, sin olvidar Pistoia26, y con la amenaza larvada de una sublevación en Arezzo y los territorios del valle del río Chiana «que, a causa de sus continuas sublevaciones nos ponen en peligro»27 y pueden unirse a las tropas del enemigo.
Fuera de Toscana, en Italia los rivales son Venecia, el papa, César Borja, el Ducado de Milán y el Reino de Nápoles y, además, se ve obligada a protegerse de Francia, España y el Imperio, que dirimen militarmente sus querellas en suelo peninsular, desplegando sus poderosos ejércitos y amenazando a los Estados italianos.
Si, siguiendo la descripción de Maquiavelo, se observa el panorama de la península, se ve cómo a los tradicionales enemigos de Florencia dentro de Toscana, se unen otros Estados italianos y la ambición de César Borja, espoleada por su padre, con la anuencia del rey de Francia. Por si la situación italiana no fuera ya suficientemente compleja en sí misma, sobre rencillas, desacuerdos, pactos y ligas entre unos y otros Estados, planean las ambiciones y los intereses no solo del rey de Francia, sino de otros Estados europeos como Alemania y España. Prosigue el análisis en estos términos:
Tal y como os sucede en el presente: no pensáis que el duque Valentino puede mandar a su ejército contra el vuestro antes de que transcurran ocho días, y los venecianos antes de que transcurran dos; no consideráis que el rey se encuentra detenido por los suizos en Lombardía y que todavía sus asuntos no están seguros ni en España ni en Alemania y que está en condiciones de inferioridad en el Reino28.
De tal manera, Maquiavelo delimita el escenario en el que van a moverse todos los actores —«que se definen en razón al poder que poseen» (POCOCK, 2008: 255)— del drama italiano que se representa desde finales del siglo XV, con la entrada de Carlos VIII de Francia en Italia en 1494, hasta bien entrado el siglo XVI. Con la paz de Cambrai en 1529 se confirma el dominio español sobre Italia, ratificado posteriormente por el tratado de Cateau-Cambresis (1559). El Secretario, entre bambalinas, actúa como fedatario, lega su visión de los hechos y dado que «la historia es maestra de nuestras acciones»29 exhorta tanto a contemporáneos como a futuros ciudadanos a aprender de los errores ajenos.
Los problemas dinásticos planteados en el ducado de Milán y en el Reino de Nápoles son la excusa en la que se escudan los ejércitos extranjeros para penetrar en Italia. Los episodios armados irán modificando la composición de los Estados italianos y la alternancia de fuerzas dominantes entre el Imperio, Francia y España, cuyos ejércitos se verán obstaculizados en más de una ocasión por las milicias suizas30. Se trata de un ejército mercenario que Maquiavelo «ha visto actuar en Italia, ha podido observar durante sus viaje a Alemania y cita constantemente como el único ejemplo verdadero de milicias en su época» (WITCH, 1966: 236). La paz de Lodi, que, como ya se ha dicho, en principio había supuesto el fin de las guerras intestinas entre distintos Estados de Italia, no fue duradera, porque otros acontecimientos vinieron a complicar el panorama político-militar de la península.
Francia y Alemania aspiraban a la posesión del Estado de Borgoña, pero la balanza se inclinó del lado del Imperio al casarse Maximiliano31 con María de Borgoña, hija de Carlos el Temerario, duque de Borgoña y recibir el Emperador los feudos en cuestión. Maximiliano pensó entonces en dirigirse a Italia para ser coronado emperador por el Papa. Desde principios del siglo XIV los emperadores mantenían ciertos derechos sobre algunas ciudades de Italia, razón por la que Maximiliano intentó recuperar los territorios venecianos que habían pertenecido al Imperio. Francia, que se oponía a sus designios, y las milicias suizas, que le obligaron a reconocer la independencia de la Confederación y a cederles Basilea, complicaron todavía más el proyecto del emperador. Todo ello, unido a los problemas que le creaba la propia estructura de su Imperio32, se lo impidió. El sueño de Maximiliano se hizo, sin embargo, realidad para su nieto Carlos I33 de España y V de Alemania.
Una vez unificada toda Francia bajo el reinado de Luis XI34, su sucesor, Carlos VIII, quiso extender sus dominios fuera de las fronteras francesas a costa de Italia. Ludovico el Moro, usurpador del Ducado de Milán, le brinda el pretexto. Dado que el duque desposeído, Juan Galeazzo María Visconti, estaba casado con la hija de Ferrante de Nápoles35, Ludovico el Moro, para evitar el peligro de la intervención del monarca napolitano en apoyo de su hija, llamó al rey de Francia para que éste hiciera valer los antiguos derechos de los angevinos sobre el reino de Nápoles. Carlos VIII no dejó de aprovechar la oportunidad que se le ofrecía para pasar36a Italia y con la ayuda de los suizos, los Saboya, el duque de Ferrara y el papa Alejandro VI, que le facilitó el paso hacia el sur, en 1495 fue coronado rey de Nápoles.
Los Reyes Católicos, que habían firmado con Carlos VIII un tratado de no agresión37, a menos que tuvieran que defender al papa, alegaron que Nápoles era feudo del pontífice y la unión de las fuerzas de la Liga Santa38 derrotó al rey francés en Fornovo (1495). Cuando Luis XII subió al poder, no olvidó que la traición de Ludovico se había interpuesto en los planes franceses para Italia. Hizo valer entonces sus pretensiones sobre el Ducado de Milán39 y, siendo ya Señor de Milán, pactó con Alejandro VI y facilitó las conquistas de César Borja en el centro de Italia. Firmó en 1500 el tratado secreto de Granada con Fernando el Católico, por el que se repartían el reino de Nápoles, pero en 1502 volvieron a enfrentarse en el Reino. Por el tratado de Lyon (1503), Nápoles quedaba asignado a España y Francia tenía que defender Milán de los intereses de los suizos, que querían extender hacia el sur el control de sus pasos fronterizos entre el Tirol y Saboya.
Contra la permanencia de los ejércitos extranjeros en suelo italiano reaccionó el papa Julio II que, una vez doblegado el poder de la Serenísima República de Venecia, se prepara para arrojarlos de Italia. Los franceses son derrotados en Rávena y abandonan el Milanesado en 1512, hecho del que sacan partido los suizos, ocupando el Milanesado hasta 1515, a pesar de que el ducado había sido puesto bajo la legítima autoridad de Maximiliano Sforza.
La derrota de los franceses consolidaba el predominio español en Italia. Los franceses, sin embargo, no renuncian al Milanesado y Francisco I penetra en Italia, conquista Milán y sitia Pavía, donde es hecho prisionero por las tropas de Carlos I. Se firma el tratado de Madrid, por el que Francisco I renuncia en Italia a Milán, Nápoles y Génova, pacto que incumplirá posteriormente.
Despejado el peligro francés, el nuevo papa, Clemente VII40, decide que ha llegado el momento de echar de Italia a Carlos I y a las tropas imperiales, pero éstas saquean Roma en mayo de 1527, justo un mes antes de la muerte de Nicolás Maquiavelo. Dos años más tarde se firma la Paz de Cambrai41 y en 1530 Carlos I de España y V de Alemania es coronado emperador en Bolonia por el mismo Clemente VII.
Nicolás Maquiavelo (Florencia, 1469-1527) vivió sus años de adolescencia y juventud en la Florencia culta y humanista regida por Lorenzo el Magnífico, pero son escasas las noticias sobre su infancia y juventud42. Hijo de Bernardo, doctor en leyes, tuvo más de un «maestro de gramática» con los que aprendió algo de latín, pero no consta que fuera a la universidad o alcanzara el grado de Doctor. Fue testigo del vigoroso cambio que se verificó en su ciudad natal, favorecido por el «progreso de las oligarquías mercantiles y financieras» (LARIVAILLE, 1948: 258) y de la transformación arquitectónica iniciada con la construcción de la extraordinaria cúpula de Santa María del Fiore, obra de Brunelleschi. Al igual que sus contemporáneos pudo gozar de las obras de arte con las que Pollaiuolo, Ghiberti, Donatello, Masaccio, Botticelli, Bramante o Sangallo, entre tantos otros, habían engalanado Florencia. Pero el joven Maquiavelo mantuvo siempre el contacto con la calle, y «de las críticas en los graffiti esparcidos por los muros de Florencia» (MARCU, 1945: 44-45) nacieron su amor por lo concreto y el interés por la realidad cotidiana.
En 1501 se casa con Marieta Corsini, con la que tendrá dos hijas, Primerana y Bartolomea (Baccina), en cuya dote invertirá el dinero recibido por la Historia de Florencia, y cuatro hijos: Bernardo, que le seguirá en el trabajo de las fortificaciones de Florencia, Ludovico, violento y rebelde que se las verá con la justicia, Pedro y Guido. Se habla también de un último hijo, Totto, que nació a finales de 1525 o principios de 1526 y murió poco después, de cuyo nacimiento «da noticias indirectamente»43 una carta de Felipe Nerli a Maquiavelo. Se trata de un matrimonio sometido a numerosas crisis, marcadas por las continuas ausencias que el trabajo impone a Nicolás y reforzadas por sus múltiples infidelidades. A pesar del ajetreo en el que vive, Maquiavelo encuentra tiempo para ocuparse de sus hijos: a Guido, el hijo estudioso e inteligente, con el que sentía más compenetrado, le escribe en estos términos:
si Dios te da vida suficiente, y a mí, creo que haré de ti un hombre de bien, si por tu parte haces lo que debes [...] Vivid alegremente y gastad lo menos posible [...] Cristo os proteja a todos44.
En momentos en los que el padre ejercía «una autoridad patriarcal que no le impedía poder, incluso, pegar a su mujer y a sus hijos» (LARIVAILLE,1984: 266), Maquiavelo se ocupa de su formación y los trata con cariño.
También en el trato con los desfavorecidos el Secretario demuestra ser persona sensible ya que, en medio de los quebraderos de cabeza que la guerra le proporciona es capaz de proteger a los más afectados por esta y atender a sus peticiones. Escribe a los comisarios del frente pisano45, para que se haga justicia con un pobre barquero al que los soldados han requisado la barca que utilizaba como transporte entre las dos orillas del río, y solicita que le sea devuelta la embarcación, para que pueda seguir trabajando. Además, entre misiva y misiva referentes a las cuestiones relativas a la guerra, Maquiavelo no olvida intercalar una dirigida al Podestà de Fucecchio46, en la que le recuerda el valor que hay que otorgar a la palabra dada, y le obliga a que devuelva una mula y un caballo requisados a sus legítimos dueños, «porque queremos salvaguardar nuestro honor y la palabra empeñada».
La historia burocrática de Maquiavelo en la administración florentina se inicia en junio de 1498 —año de la muerte del predicador Savonarola47—, al ser elegido Secretario de la Segunda Cancillería de la República de Florencia, que tenía a su cargo los asuntos referentes a la guerra y a la seguridad del territorio. Posteriormente el nombramiento se refuerza con el de secretario de los Diez de Bailía, también llamados Diez de Libertad y Bailía48. Parece ser que entre sus méritos para tal elección contaron «el pertenecer a una familia ni rica ni influyente, la marginación política y la curiosidad intelectual» lo que hacían de él un homo novus (Bausi, 2005: 35). La Segunda Cancillería tenía a su cargo los asuntos internos del dominio49 por lo que sus competencias eran dirigirse a los funcionarios del territorio florentino50, cumplir las «comisarías y legaciones» con la función de «observar y referir» (Ibid., p. 36). Ambos nombramientos fueron ratificados en 1502.
Durante sus años de trabajo en la Cancillería, Maquiavelo redacta miles de notas, misivas, informes, etc., y solo «en el Archivo de Estado de Florencia en la Serie Archivos de la República, cerca de dos mil seiscientas minutas autógrafas» (FACHARD, 2001: 87) siguen estando inéditas. Se trata de documentos51 de muy diversa índole que envía y recibe mientras cumple distintas misiones oficiales, lo que le permite conocer la situación política de las diferentes cortes italianas y europeas. A partir de 1499, cuando César Borja empieza a conquistar tierras en Romaña, Maquiavelo lleva a cabo ya sus primeras misiones diplomáticas. Durante los años de la campaña de Pisa (1499-1509) realiza distintas legaciones, de las que envía regularmente informes a la Cancillería. En los informes, antes de mostrarse a favor o en contra de un determinado proyecto, informa no solo de lo que ve y oye, sino también de las circunstancias y acontecimientos en los que sus informantes se han basado, porque:
el papel más importante que se le encomienda a un legado que está fuera de su país al servicio de un príncipe o de una república es el de hacer conjeturas acertadas sobre lo que pueda suceder en el futuro [...] porque el que conjetura con tino e informa a su superior como conviene, le brinda la ocasión para que éste pueda sacar ventaja de la situación y prepararse con el debido tiempo52.
Sobre la importancia de realizar conjeturas acertadas, relacionadas con asuntos en vía de resolución, volverá todavía en 1522, en el escrito dedicado a Rafael Girolami53, nombrado embajador en España ante Carlos I.
Simultanea su cometido en la Segunda Cancillería —mientras atiende a los asuntos de estado, recorre Toscana reclutando soldados para la milicia o visita las Cortes italianas y extranjeras—, con la composición de parte de sus obras, como el Decenal primero (1494-1504), obra histórica compuesta en tercetos, que narra la historia de Italia durante esa década y fue publicado en 1506 a instancias de Agustín Vespucci. El Decenal segundo (1504-1509) quedó incompleto. Gran parte de las obras redactadas durante esa época tienen su fundamento en la experiencia militar y diplomática, vivida antes de 1512, fecha fatídica para el Secretario que, con la caída de la república y la vuelta de los Medici al poder es acusado de haber conjurado contra ellos. Los decretos del 7 y 10 de noviembre lo destituyen de su cargo, y lo condenan a un año de confinamiento en territorio de la comarca y al pago de mil florines de oro. El 17 del mismo mes otro decreto le prohíbe la entrada en el Palacio de la Señoría durante un año.
A pesar del trato recibido, Maquiavelo siguió siendo un fiel servidor de su patria. Su fidelidad al Estado y sus profundas convicciones republicanas no le impidieron en 1512, viendo en peligro la estabilidad de su amada Florencia, firmar el decreto54 por el que se permitía a los Medici volver a la ciudad y por el que se reintegraba a los herederos de Lorenzo de Medici el derecho a recuperar sus propiedades y volver a ejercer cargos públicos. Documento que, por otra parte, significó su retirada de la vida pública.
A partir de 1513, «después de perderlo todo» el periodo de confinamiento en su casa del Albergaccio, en Sant’Andrea in Percussina, supone para Maquiavelo la etapa ideal para ordenar y sistematizar sus conocimientos. Las reflexiones cruzadas en el epistolario con Francisco Vettori56 (Machiavelli, 1989), le ayudan a desentrañar y exponer una nueva concepción del Estado y sus ordenamientos en obras fundamentales como los Discursos sobre la primera Década de Tito Livio57 y El Príncipe58, que no debe ser entendido como «una obra ideológica», ni tampoco como «un tratado formal o analítico» (POCOCK, 2008: 245-246). Su amigo Francisco Vettori le anima también a tratar el tema de las Ordenanzas militares. En 1514, una vez cumplido el periodo de ostracismo, vuelve a Florencia y durante los años 1515 y 1517 frecuenta las reuniones de los Orti Oricellari —los jardines de la familia Rucellai—, donde convivían humanistas políticos y literatos, en las que tratará de lograr su objetivo: volver a gozar de la proximidad de los Medici. En 1517 escribe el poema El asno y lee el Orlando furioso de Ariosto del que se queja amargamente en una carta a su amigo Ludovico Alamanni59 porque éste no lo cita entre los autores conocidos. Un año después, redacta el relato Belfagor, sátira un tanto misógina, y la comedia La mandrágora que fue ampliamente representada en las diferentes Cortes de Italia y alcanzó un enorme éxito.
A pesar de que no era ni abogado ni contable, en 1520 fue enviado a Lucca para informar sobre la quiebra de Miguel Guinigi, que dejaba a sus acreedores florentinos un gran crédito impagado. La visita da origen a dos escritos, uno de carácter político sobre la organización de su Estado: Sumario de los asuntos de la ciudad de Lucca, y otro histórico: Vida de Castruccio Castracane de Lucca, concebido como modelo para la Historia de Florencia, ambos fechados en 1520. Por entonces el cardenal Julio de Medici, que tiene a su cargo el gobierno de la ciudad, le pide que analice la situación del Estado de Florencia, Maquiavelo redacta entonces el Discursus florentinarum rerum post mortem iuniores Laurentii Medices (1520-1521). Escribe también el capítulo De la ocasión y antes de que termine el año el Estudio de la ciudad le encarga una obra histórica de gran importancia: los Anales de la ciudad o Historia de Florencia. En el contrato se especifica que podrá escribirla en lengua «latina» o «toscana» y cuando Maquiavelo escoge la lengua de su patria para escribir sobre la historia del pueblo de Forencia, se ve obligado a soportar las críticas de quienes achacan la elección a su poca familiaridad con el latín. Crítica que supone no solo «aislar a Maquiavelo del mundo intelectual de su época»60, sino alejarlo de la «cultura historiográfica florentina de los siglos XIII y XIV» (ZABBIA, 2012: 139)61, así como de la tradición, que en Florencia está constituida por un «amplio uso del vulgar»62 para la redacción de obras historiográficas.
Uno de los editores más prestigiosos de Florencia, Giunta, publica en 1521 El arte de la guerra, donde Maquiavelo sistematiza sus conocimientos activos del arte militar y, a pesar de ser un reconocido teórico en asuntos militares, y haber sido el creador de un ejército para la República, es conocida la anécdota que le sucedió en el campamento de Juan de Medici, conocido como Juan de las Bandas Negras. Se trata del famoso condotiero, hijo de Catalina Sforza, al que Maquiavelo consideró capaz de unificar Italia. Según cuenta Matteo Bandello en sus Novelle, durante el asedio de Milán, Maquiavelo estaba en la brecha y aprovechaba la ocasión para tomar nota de lo que veía y oía entre los pabellones del campamento. Estaban también allí Francisco Guicciardini y Aretino. Maquiavelo, seguro de sus argumentos, discute con Juan sobre técnica militar; este lo desafía a que ponga en práctica las figuras correspondientes a las distintas formaciones de batalla que sugiere en el Arte de la guerra, mandando formar a los tres mil infantes del campamento. Maquiavelo suda, grita, da órdenes y contraórdenes, maldice, pero el tiempo va transcurriendo y él se revela incapaz de conseguir que formen ordenadamente. Los soldados sudan bajo el sol de mediodía y Nicolás está empapado de sudor frío. Juan de Medici, cansado de tanto jaleo, se levanta de repente y dice: «Voy a libraros a todos de semejante lío, para que vayamos a comer» (RIDOLFI, 1978: 358), y en un abrir y cerrar de ojos, con la ayuda del tambor, forma impecablemente a sus soldados haciendo que representen en perfecto orden determinadas formaciones y figuras63.
Después de la muerte del papa León X, el Cardenal Julio de Medici vuelve a pedirle parecer sobre la reforma del Estado en 1522; redacta entonces la Minuta de provisión para la reforma del Estado de Florencia (año 1522).Un año antes había escrito un Recuerdo al Cardenal Julio sobre la reforma del estado de Florencia. Por entonces trata con el historiador Guicciardini asuntos relativos a la redacción de la Historia de Florencia.
En 1525 escribe la comedia Clizia, en la que incorpora madrigales con música para que se luzca la actriz Bárbara Salutati Raffacani, de la que está enamorado, y durante el otoño escribe el ensayo titulado Discurso o diálogo en torno a nuestra lengua64. Durante 1526 visita las fortificaciones de la ciudad y redacta algunos documentos: Informe sobre una visita efectuada para fortificar Florencia y Minuta de provisión para la institución de la Magistratura de los cinco curadores de las murallas de la ciudad de Florencia. En 1527 se produce el saqueo de Roma por las tropas de Carlos V. Maquiavelo escribe la Exhortación a la penitencia. Muere el 21 de junio en Florencia, en la pobreza en la que siempre había vivido.
La tradición, dogmática, nos ha legado la imagen de un hombre perverso sentado en su mesa de la Cancillería maquinando insidiosas intrigas, representado con ese rostro anguloso de pómulos prominentes, labios finos y ojos oscuros, pequeños, pero vivaces, que tan bien captó en su retrato Santi de Tito66 y que vemos, con frecuencia, en la portada de sus obras o de estudios relacionados con ellas. Es una imagen que no se corresponde fielmente con la realidad, en primer lugar porque su supuesta «perversidad» reside fundamentalmente en la habilidad demostrada para retratar usos y comportamientos poco ejemplares practicados por sus contemporáneos y, también, porque el Segretario fiorentino no pasó todos los años al servicio de la Segunda Cancillería sentado ante su escribanía. Durante el periodo de 1500 a 1512, Maquiavelo desempeñó un número considerable de misiones diplomáticas y otras actividades y solo en los periodos de tiempo en los que permanecía en la ciudad se ocupó de los trabajos de la Cancillería.
Durante las muchas misiones realizadas, el Secretario fue anotando en su taccuino, con metódica precisión, las vivencias de las que fue directo testigo. Son apuntes tomados apresuradamente, en horas robadas al sueño, después de incómodos traslados a caballo, entre una misión y otra. Se trata de notas que, en un principio, le servirán para preparar comunicaciones de servicio dirigidas a la Cancillería, a la Magistratura de los Diez y a otras instituciones florentinas y, más tarde, convertidas en «lunga esperienza» (RIDOLFI, 1978: 28) serán el núcleo central sobre el que construye sus grandes obras.
Maquiavelo utiliza la información recogida directamente en sus misiones, para redactar múltiples documentos que, atendiendo a la estructura y a 1a forma de tratar los contenidos, dan vida a tres tipos de escritos diferentes. El primero, compuesto por despachos oficiales de redacción rápida e inmediata, que coinciden con el trabajo de campo. Están dirigidos a la Cancillería y son escritos concisos o misivas redactadas velozmente, mientras el mensajero estaba ya esperando con el pie en el estribo67. Un segundo tipo está constituido por un conjunto de documentos elaborados sobre experiencias recientes o proyectos futuros, que la tradición conoce como Escritos políticos68. Se trata de materiales a los que la crítica actual concede una notable relevancia como textos indispensables para analizar y comprender la progresión de su evolución política, reflejada en las grandes obras posteriores, «puesto que prácticamente cada uno de estos escritos representa una etapa determinante en la formación del pensamiento político de Maquiavelo» (MACHIAVELLI, 2001: 400). Por último, un tercer tipo de escritos, sometidos a un mayor grado de especulación, en el que se integran sus obras fundamentales. Son obras concebidas a partir del detenido análisis de los conocimientos acumulados, experiencias vividas, e hipótesis verificadas durante su intensa trayectoria como Secretario al servicio de la República de Florencia (1498-1512), sin olvidar el saber acumulado en sus lecturas de autores clásicos y contemporáneos. En tales obras sobresale, además, una profunda reflexión, sustentada en un riguroso orden expositivo. Información, experiencia y reflexión que, en sus años de forzado confinamiento político, post res perditas, le ayudarán a concebir y componer sus obras más emblemáticas, que ofrecen «en realidad una proyección de la práctica cotidiana en una “escena de escritura y de teoría” dentro de un pensamiento en el que participa todo el horizonte del comportamiento humano, verificado y comprobado en el terreno de la política» (FERRONI, 2006: 41): obras como El príncipe (1513), los Discursos (1517), el Arte de la Guerra (1521) o la Historia de Florencia (1525), entre otras.
Con objeto de mantener la supremacía centralizadora en el interior de Toscana, Florencia se vio obligada a emprender campañas militares contra Pisa, Pistoia y Arezzo, de distinto carácter y naturaleza, no solo por su desarrollo bélico, sino por las causas que motivaron los conflictos. Entre todas ellas, la contienda con Pisa fue la más larga y difícil y la que más problemas de orden militar y diplomático supuso para la República.
La reconquista de Pisa resultaba vital para Florencia, no solo por razones de tipo estratégico y comercial, sino porque la insumisión de la ciudad lesionaba su prestigio político en Italia y en Europa. Después de haber permanecido bajo el dominio de Florencia desde 1406, Pisa se había rendido en 1494 a Carlos VIII y Florencia se veía obligada a reconquistarla. Sobre la guerra de Pisa, Maquiavelo redacta dos escritos: Discurso sobre Pisa (1499) y Medidas para la reconquista de Pisa (1509).
El Secretario desarrolló un intensísimo y fecundo trabajo y los diez largos años de conflicto armado fueron una lección de vida, una fuente inagotable de experiencias, trasladadas al papel para dejar constancia del devenir de la historia, de la influencia que ejerce la «fortuna» en las actuaciones del hombre, de cómo este en su forma de proceder debe saber conjuntar «su manera de actuar con la época» (VIVANTI, 2013: 128) y de la «necesidad» de buenos ordenamientos que garanticen la estabilidad de los Estados.
Maquiavelo conocía ya la situación del frente pisano antes de que la Cancillería de los Diez lo nombrara secretario de Lucas de Albizzi69 y Juan Bautista Ridolfi70, comisarios especiales y responsables del cerco de Pisa, para que analizara in situ las circunstancias e informara sobre el desarrollo de la campaña. Mientras recorría el campo de batalla junto a los comisarios, tuvo ocasión de observar, juzgar y anotar en su taccuino situaciones, detalles y necesidades planteadas por la realidad que se presentaba ante sus ojos. Ello dio origen a una serie de misivas caracterizadas por una composición muy personal en las que domina la claridad expositiva y el rigor en la información comunicada, avalados ambos por un estilo conciso que facilita la rápida interpretación de los temas expuestos71. Para redactar tales escritos se vio obligado a cabalgar incansablemente en más de una ocasión a lo largo de distintos frentes, evaluar los hechos y poner en manos de la República los instrumentos necesarios para que, una vez ponderadas las informaciones aportadas, se tomaran las decisiones más favorables a los intereses de Florencia.
Pero la guerra de Pisa se fue alargando por diferentes razones, entre otras, la escasa fiabilidad de las tropas mercenarias asoldadas por Florencia, las desavenencias entre los condotieros que conducían la campaña y la inestabilidad de aliados como Francia, lo que obligó a Maquiavelo a actuar, simultáneamente, en dos escenarios: el bélico y el diplomático. El contexto en el que se desarrolla la campaña pisana es complejo, porque complejo, como ya se ha visto, es en sí el panorama de Italia en esos momentos y se complica todavía más cuando la República tiene que pactar con otros Estados italianos y extranjeros y suscribir inestables alianzas que, en más de una ocasión, dejaron Florencia en grave estado de indefensión. Maquiavelo diseña, en parte, y participa en la estrategia global que permitirá a Florencia dar el golpe de gracia definitivo a la ciudad rebelada.
Por otra parte, la guerra contra Pisa representa, no solo el bautismo de fuego de Maquiavelo, su inmersión en el campo de batalla, sino la resolución de problemas de orden práctico que exigen soluciones rápidas y acertadas. Interviene en la contienda planificando nuevas tácticas que puedan decantar la solución a favor de Florencia. Cumple numerosas misiones en el frente pisano72 —al que se dedicará casi en exclusiva desde mediados de 1508 a junio de 1509—, y se ocupa de la evolución del conflicto, atendiendo a las múltiples y variadas situaciones impuestas por la campaña.
Considera Maquiavelo que una defensa efectiva debe sustentarse en una información veraz, transmitida a tiempo, que permita actuar anticipándose a los movimientos del contrario. Por eso, cuando se decide sitiar Pisa por hambre, advierte al comisario de Livorno73: «averiguarás si llegan a Pisa bergantines cargados de trigo y nos avisarás de ello». Cuando los espías de Florencia comunican que los pisanos están tratando de «organizar una correría para abastecerse de carne»74, se mandan instrucciones precisas al comisario de Cascina para que se pongan los rebaños a buen recaudo. Atento, además, a todas las contingencias que pueden presentarse en tiempo de guerra y, dada la importancia del puerto, se advierte al capitán de Livorno75: «[...] queremos que no dejes entrar ahí a nadie con armas, ni circular con ellas a ninguno de los que ahí estuvieran». El Secretario se ocupa también de mandar instrucciones sobre la destrucción de las cosechas: «[...] porque proyectamos apretar el cerco a los pisanos siguiendo el camino de las destrucción de sus cosechas, o por cualquier otro medio76 [...]» y envía instrucciones al comisario general del campamento militar.
[...] porque queríamos enviarte la solución de cómo teníais que proceder ahí, máxime acerca de la destrucción de los cereales que los pisanos tienen en la otra orilla del Arno, como objetivo importante y que no admite dilación [...] queremos que se lleve a efecto la destrucción de los cereales, de inmediato [...]»77.
Con objeto de estar bien informado, solicita a los Podestà de Poggibonsi78 y Castelfiorentino que censuren el correo que circula entre Lucca y Roma, para saber lo que se dice sobre Pisa o sobre los «asuntos que atañen a nuestro Estado»79 ya que, por la información contenida en una carta interceptada, habían tenido noticia «de un navío que ha zarpado de Palermo cargado de trigo para Pisa que descargará en el estuario»80.
No obstante, para que la destrucción de las cosechas y el corte de suministros sean medidas efectivas para doblegar a los pisanos, deben ser reforzadas con maniobras complementarias. Por eso, Maquiavelo coordina directamente un amplio dispositivo de ejecución militar que incluye: el bloqueo del puerto de Pisa, la creación de una pequeña flota de hostigamiento, el desvío del Arno y la fortificación del puerto de Livorno. Para llevarlo a cabo proporciona instrucciones concretas a través de misivas y despachos. En documento dirigido al capitán de Livorno81 se le anuncia la llegada de un marino genovés, Mottino82, que se va a encargar del bloqueo del puerto de Pisa y en otro se hace referencia al contrato que se puede estipular con él y en qué consistirían sus obligaciones:
será cosa fácil convenir con el genovés Mottino la entrega de una determinada cantidad al mes, a cambio de la obligación de que recorra esos mares con una galera, una fusta y dos bergantines y vigile el estuario del Arno, en perjuicio de los pisanos83.
Respecto a la construcción de la flotilla, envía instrucciones a las autoridades competentes, solicitando que aporten los recursos necesarios:
Sabes que han sido encargadas dos fustas en Livorno y como hay que equiparlas, te imponemos órdenes de que mandes cortar la madera para confeccionar los remos de las mencionadas fustas84.
Y, meses más tarde, para recordarle la urgencia del asunto, se le mandan nuevas misivas a Antonio Paganelli:
En resumen ese trabajo de las naves nos corre bastante prisa y no queremos que se pierda nada de tiempo [...] y ya se te escribió en otra que vieras si ahí se pudieran comprar 4 o 6 naves y a quién y a qué precio [...] te 1o volvemos a repetir otra vez y esperamos respuesta a ello85.
Maquiavelo sigue muy de cerca el proyecto para desviar el curso del Arno, concebido para desecar el puerto de Pisa e impedir el abastecimiento por vía marítima. Leonardo diseña el proyecto (1503-1504) que, a pesar de todos los esfuerzos en dinero y en hombres, luego se revela inviable86. Se instruye a Antonio Giacomini sobre la decisión de desviar el Arno, justo inmediatamente después de la destrucción de las cosechas:
Ayer tarde se te escribió sobre la deliberación tomada por nosotros relativa a desviar el Arno en la Torre de Fagiana, y de cómo queríamos realizar tal acción inmediatamente después de la destrucción de las cosechas [...] y puesto que no deseamos que se pierda nada de tiempo, mañana por la mañana mandaremos ahí a Giuliano Lapi y a Colombo87, para que estén contigo y para que, una vez que te hayan enseñado el proyecto, podáis encargar todo cuanto sea necesario88.
Al día siguiente se le pide ya cuentas, solicitando que informe a Lapi sobre los preparativos realizados, de acuerdo con las peticiones formuladas en misivas anteriores89. A finales de agosto y principios de septiembre las autoridades reciben nuevas instrucciones:
Habiendo deliberado nosotros desviar el Arno hacia el estuario y necesitando a tal efecto realizar numerosas obras, te imponemos que tengas dispuestos 400 buenos obreros que traigan consigo 200 azadones y 200 entre palas, azadas y hoces, y tendrás a estos preparados para poder desplazarlos cada vez que Antonio Giacomini o Giuliano Lapi te lo ordenen90.
La construcción de las naves y su equipamiento y el tráfico de la flota aconsejan la fortificación del puerto de Livorno. Se sabe en Florencia que el Conde Checco ha realizado un diseño para fortificar el puerto; se le convoca con la esperanza de poder «concluir con vos un tipo de pacto razonable»91 y para que lleve a cabo la ejecución de su diseño.
La minuciosa planificación de las distintas formas de acoso, destinadas a forzar la rendición de Pisa, responden a su «capacidad para entender la guerra como una serie de acciones coordinadas al único fin de destruir al enemigo, coordinación que supone la base, precisamente de la estrategia de aniquilamiento» (MAQUIAVELO, 2008: XL), con la que se quería poner fin a la interminable contienda.
Al concluir la prolongada guerra de Pisa, el Secretario ha intervenido directamente en la campaña, recorriendo los frentes y visitando los diferentes campamentos, ha discutido con los Comisarios, junto al arquitecto Sangallo ha supervisado proyectos militares destinados a fortificar los campamentos, ha seguido de cerca los trabajos de Leonardo, se ha ocupado del equipamiento de las naves, ha atendido a las obras de defensa del puerto de Livorno, ha cubierto muchas millas a caballo reclutando soldados en el territorio de Florencia y ha adquirido y asimilado un conjunto de conocimientos empíricos que pocos servidores de la República podrían jactarse de poseer. Por fin el 4 de junio de 1509 se firma la rendición de Pisa y, cuatro días más tarde, Maquiavelo entra en la ciudad, orgulloso de su éxito personal, cabalgando entre los batallones que él mismo había reclutado para la República de Florencia, junto a los Comisarios Nicolás Capponi92, Antonio Filicaia93 y Alamanno Salviati94.
La campaña de Pisa le proporciona la ocasión de analizar los resultados obtenidos por las tropas mercenarias y de llegar a la conclusión de que es conveniente que éstas luchen al lado de las milicias ciudadanas. Las reflexiones sobre la composición y organización de la milicia son el fundamento de varios escritos sobre la Ordenanza militar: Cuál es el motivo de las Ordenanzas, dónde se encuentra y qué se debe hacer (1506), Provisión de las Ordenanzas (1506), Fantasía sobre Jacobo Savello. Razones por las que convendría nombrar capitán de la Infantería al señor Jacobo Savello (1511), Ordenanzas de caballería (1510-1511), Fantasías sobre las Ordenanzas (1515). Guardan estrecha relación con los escritos sobre la milicia los dedicados a la fortificación de Florencia: Informe sobre una visita efectuada para fortificar Florencia (1526) y Minuta de provisión para la institución de la Magistratura de los cinco curadores de las murallas de la ciudad de Florencia (1526).
Ha quedado ilustrado cómo y en qué medida la guerra de Pisa fue para Maquiavelo una fuente incesante de nuevas actividades en el campo militar y en el de la gestión e innovación. A los problemas bélicos se van sumando otros aspectos que requieren intervenciones diplomáticas, ya que, de la misma manera que el enfrentamiento había impuesto al Secretario la resolución de problemas militares, el conflicto le obliga a cumplir determinadas misiones diplomáticas, nacionales e internacionales. En el transcurso de la campaña es enviado por la República de Florencia ante diferentes personajes y, desde sus primeras misiones, «tiene ocasión de experimentar hasta el fondo los secretos del poder, la falta de correspondencia entre palabra y pensamiento» (MATUCCI, 2006: 176). Vive la sensación de que lo que dicen los interlocutores no se corresponde con sus intenciones reales y se ve obligado a interpretar lo escuchado con el fin de poner en manos de la República las claves para que ésta resuelva los conflictos pendientes.
Según Burckhardt95, son Venecia y Florencia las iniciadoras de la nueva política europea. Si en épocas anteriores a los embajadores se les instruía casi exclusivamente para que transmitieran información y comunicaran mensajes, con la llegada de la Edad Moderna la misión de un legado o embajador se convierte en algo más complejo y personal, porque:
los hombres de negocios siempre han necesitado información sobre las plazas cuya actividad despertaba sus intereses, las regiones de las que procedían los productos que se intercambiaban, y agentes que protegieran sus intereses en sedes lejanas (Vivanti, 2013: 57).
por lo que los mandatarios solicitan de sus legados un tipo de misión más abierta, que dé cabida a noticias de todo tipo sobre el país en el que se desarrolla la embajada, sus habitantes y sus costumbres.
La percepción personal del legado adquiere, por tanto, una dimensión fundamental, tanto en la forma de procesar la información, como en las conclusiones extraídas. No es de extrañar, pues, que la agudeza y claridad de juicio de Maquiavelo fueran pronto utilizadas por el Gobierno de Florencia y que, a partir de 1502, cuando Pedro Soderini es nombrado confaloniero vitalicio, entre éste y Nicolás se estableciera una relación de confianza tan profunda que el alto Magistrado hiciera del Secretario el legado ideal para informar a la República.
Las legaciones que Maquiavelo realiza como enviado de Florencia no responden nunca a un mismo patrón, dado que las situaciones, países y ciudades que las generan son de carácter heterogéneo, de la misma manera que son diferentes los personajes ante los que tiene que cumplirlas. Son de primera importancia política las llevadas a cabo ante el rey de Francia, César Borja, el papa y el emperador, no solo por la categoría de las figuras a las que se enfrenta y por los escritos a los que dan lugar, sino por la huella política que tales misiones dejarán en sus grandes obras.
Las distintas legaciones que el Secretario cumple en Francia ante el rey Luis XII son misiones de gran envergadura, en primer lugar, por el peso político que ese Estado tiene en Europa, luego por tratarse del aliado preferente de Florencia y, además, por las implicaciones que la corona francesa seguía teniendo en los asuntos de Italia. Desde finales del siglo XV y durante la primera mitad del siglo XVI, Francia y España lucharon abiertamente en suelo italiano para tratar de imponer su hegemonía. Por otra parte, desde una perspectiva política, el concepto de estado moderno en Maquiavelo tiene mucho que ver con el modelo de organización administrativa centralizada del Estado francés.
Entre julio y diciembre de 1500, acompañando a Francisco de la Casa96, Maquiavelo realiza su primera legación en Francia; recibe instrucciones para que se encuentre con el rey Luis XII y discuta la grave situación creada en el frente de Pisa, al haber abandonado las tropas francesas el campo de batalla, lo que provoca una grave crisis entre los viejos aliados:
[...] le expondréis en nuestro nombre lo que os diremos a continuación. De lo que, sin embargo, no creemos poder daros ni más clara ni más cierta información de la que vosotros mismos poseéis por haberos encontrado ante los hechos, y haber concertado y actuado en gran medida lo que se debía hacer por nuestra parte [...] Vuestra primera exposición se limitará a enumerar todas las razones que han obligado a Monseñor de Beaumont97 a impacientarse con la iniciativa y al final a abandonar el asedio de Pisa [...]98.
El Secretario lleva a cabo su segunda legación ante Luis XII en enero de 1504. La misión está relacionada con la expulsión de los franceses del Reino de Nápoles, dominado ahora por los españoles, que van consolidando su poder en la península. Florencia solicita de Maquiavelo que sondee las intenciones del rey, ya que éste, preocupado por el cariz que tomaban sus propios asuntos en Italia, podía abandonarla a su merced, no cumpliendo los compromisos ya establecidos con anterioridad. La República necesitaba ayuda urgente, al estar amenazada por las tropas españolas, por Venecia y por la guerra de Pisa, todavía sin resolver. El rey da toda clase de garantías y Nicolás vuelve en marzo a Florencia.
Concluida ya la guerra contra Pisa, Maquiavelo cumple otras dos misiones en Francia. Realiza su tercera legación en 1510 con la misión de temporeggiare, es decir, de ganar tiempo, táctica de la que personalmente no es partidario y, de hecho, se manifiesta muy despectivo hacia quienes utilizan esa forma de actuar, porque no sabiendo «lo que puede deparar el tiempo, contemporizar es la menos apropiada de las estrategias» (POCOCK, 2008: 250). La realidad era que el rey de Francia estaba decidido a declarar la guerra al Estado pontificio, lo que colocaba a Florencia en una situación límite, ya que siendo como era aliada de los franceses tampoco podía enfrentarse al papa, prestando ayuda a sus aliados, por temor a sus inmediatas represalias.
Al año siguiente (1511) cumple su cuarta legación con instrucciones precisas de convencer a Luis XII para que no reúna a los cardenales cismáticos en un Concilio en Pisa y los convoque en otra ciudad, ya que el Papa había amenazado a la República, si éstos se reunían dentro de su territorio. El Secretario no pudo evitar el interdicto papal contra Florencia, pero consiguió que después de las primeras sesiones el Concilio se trasladara a Milán.
Situaciones, hechos y acontecimientos relacionados con la corte francesa han quedado registrados en los escritos: Discursus de pace inter imperatorem et regem (1501), De natura gallorum (1500-1503) y Retrato de los asuntos de Francia (1510-1512).
César Borja, el duque Valentino, una vez consolidada su posición en el centro de Italia, con la ayuda de su padre, el papa Alejandro VI, había puesto sus ojos en Florencia. Después de atravesar Toscana en septiembre de 1501, conquista Piombino, y meses después, en junio de 1502, su aliado, Vitellozzo Vitelli, ataca Arezzo y parte del Valle del Chiana, Cortona, Anghiari y Borgo San Sepolcro, ciudades y territorios que Florencia recupera gracias a la ayuda de sus aliados franceses. Francia que, en principio, no había obstaculizado las conquistas del duque Valentino, ahora reacciona y empieza a mostrarse temerosa del poder que está adquiriendo el duque, apoyado en todo momento por el Estado Pontificio.
Maquiavelo lleva a cabo su primera y breve misión ante el duque Valentino, junto a Francisco Soderini99. Llegan a Urbino el 22 de junio de 1502, precisamente el mismo día en que César había arrebatado la ciudad y el Ducado a Guidobaldo de Montefeltro. Borja los recibe el día 24 y, sin ceremonia, expresándose en términos poco amigables, les comunica que no le gusta el gobierno de la República y exige, de forma imperiosa, que se restaure el poder de los Medici en Florencia.
De su segunda legación ante el duque Valentino (octubre de 1502 a enero de 1503) el Secretario, que se desplaza junto al sequito del duque por tierras de Romaña, despacha noventa y cinco misivas. Soderini envía a Maquiavelo ante Borja que, crecido por el apoyo que le otorga Luis XII de Francia, ponía en peligro la estabilidad de la República. El duque Valentino recibe a Maquiavelo el 7 de octubre de 1502 en Imola, éste le informa de que Florencia no había tenido en cuenta la propuesta de alianza de los que, reunidos en Magione100, habían conspirado contra él. César Borja ofrece a Florencia su alianza y el Secretario sigue al condotiero hasta Senigaglia, donde es testigo del brutal asesinato de sus antiguos aliados, ordenado por el duque. El 1 de enero de 1503 Nicolás es sustituido por un embajador acreditado, Jacobo Salviati101.
