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Tras casi siete años escribiendo columnas y crónicas en CTXT, Gerardo Tecé nos trae un libro en el que deja claro que esas crónicas urgentes que todos hemos tuiteado alguna vez forman, todas juntas, una de las obras periodísticas más lúcidas y relevantes de esta época. Prólogo de Pilar del Río. Epílogo de Miguel Mora. Editado por Escritos Contextatarios.
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Seitenzahl: 237
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Gerardo Tecè
España, óleo sobre lienzo
Crónicas contra el ruido
Primera edición enero 2022
© del texto Gerardo Tecé
© del prólogo Pilar del Río
© del epílogo Miguel Mora
© de las ilustraciones Alberto Fernández
© Revista Contexto, S.L.
Editorial Escritos Contextatarios. Director de la colección: Miguel Mora. Diseño de la colección: Alberto Fernández
Maquetación de la colección: Monchi Álvarez
Epub: Ignacio Rubio
Revista Contexto [email protected] www.ctxt.es
ISBN: 978-84-09-36790-0
DL: M-35600-2021
Hecho en España
Texto publicado bajo licencia Creative Commons. Reconocimiento no comercial. Sin obra derivada 2.5. Se permite copiar, distribuir y comunicar públicamente por cualquier medio, siempre que sea de forma literal, comunicando la autoría y fuente y sin fines comerciales.
Gerardo Tecè
España, óleo sobre lienzo
Crónicas contra el ruido
Introducción
La honestidad es fundamental para la buena relación entre quien escribe y quien lee. Por eso quiero empezar siendo honesto: yo no quería publicar este libro. Para alguien como yo, llegado a los medios de comunicación en la era de las crónicas y las columnas digitales, vivas, compartidas, comentadas en redes sociales, lo de tallar en papel un trabajo ya hecho me suena a tradicional alimento para el ego. Por otra parte, si llevo siete años escribiendo en CTXT es, entre otras cosas, por la filosofía del medio: publicar en abierto para todos, para quienes pueden financiarnos mediante su suscripción, pero también y especialmente para quienes no pueden. Si el suyo, por cosas de la vida, es el segundo caso, piratee el libro sin remordimientos.
Después de dos semanas sufriendo el horror de tener que releer y revisar cosas escritas por uno mismo años atrás —debería ser denunciable en Estrasburgo—, no me pregunten el cómo ni el porqué, pero en mitad del proceso le he acabado cogiendo mucho cariño a este libro. Viajar a través de las crónicas de estos años y este país ha sido mirar fotografías antiguas recordando buenos momentos que tenía olvidados. Ha sido también pelearme conmigo mismo, reconciliarme, volverme a pelear, recordar vivencias propias y ser consciente de la cantidad de palabras que llevo juntadas. Yo, que llegué a esto antes de ayer cuando Magda de La Marea me preguntó si sabía juntar quinientas y le dije que sí sin estar seguro.
Siete años publicando semanalmente en CTXT, el mejor lugar en el que alguien puede escribir. No por la calidad del medio, que también. Ni por el respeto al trabajo, ni por el original nombre, bien definido por José Luis Cuerda: «Usted pide en el kiosko ‘cé té equis té’ y le mandan a una farmacia». Por mis compañeros, que son amigos. De esos con los que disfrutas los días normales y con los que te abrazas los días que lo necesitas. A mí me han abrazado mucho. Uno de esos compañeros, que también es jefe, Miguel Mora, es responsable de este libro. «Gerardico, venga, no remolonees más que lo vamos a sacar». Como tantas otras veces en este tiempo, el empuje de Miguel.
España, óleo sobre lienzo es un retrato a contracorriente de la España de los últimos años. Un dibujo que comienza con las plataformas ciudadanas post 15M llegando a las alcaldías de las principales ciudades del país y que acaba con la expulsión del Congreso de un diputado de Unidas Podemos condenado sin pruebas. Entre medias, la España secuestrada por unas élites al borde de un ataque de nervios. En la selección de textos hay crónicas que tratan de definir la época, columnas que reflexionan sobre las piedras que han aparecido por el camino, retratos de los personajes que han protagonizado algunos capítulos de la historia reciente de este país y hay también mucha opinión personal. Siguiendo con la honestidad, estoy contento con el resultado de esto que tiene usted entre manos a pesar de mis muchas reticencias. Creo que es un buen dibujo de este tiempo. Y no sigo divagando porque divagar es, básicamente, lo que hago a lo largo de todo el libro.
Como nunca ganaré un Goya y no me he visto en otra como esta, quiero agradecer. A la gente que cree en un periodismo libre y que lo apoya. Sin estas personas, estos años de crónicas y columnas de opinión no hubieran existido. He tenido mucha suerte porque la suerte la da el cariño y yo voy bien servido. Que tengas esto entre manos lo entiendo como un acto más de cariño que recibo. Gracias. A mis compañeras y compañeros de CTXT, que son familia. A Pilar del Río. Como amiga que es, ha hecho un prólogo mintiendo muchísimo por mí. En plena celebración del centenario de Saramago, única persona de la que he sido groupie en esta vida, Pilar sacó el tiempo que no tenía para que este libro tuviera la madrina que necesitaba. A Alberto —La Boca del Logo— por años de complicidad y por la gran portada de este libro. Aún no la he visto mientras escribo esto, fíjense si es de confianza el tipo. A mucha buena gente con la que me he cruzado durante estos años gracias a poder dedicarme a este oficio. A mi familia y a mis amigos, por la vida en general y en particular por confiar cuando estaba perdido y les conté la enésima ocurrencia: quiero dedicarme profesionalmente a esto. A Elena por ser casa. Y a Lorenzo. Si un día pregunta a qué carajo se dedica su padre, igual este libro le ayuda a hacerse una idea.
Prólogo
Para quien nada es indiferente
De verdad lo digo, no pierdan el tiempo con el prólogo, queridas amigas y queridos amigos, lectoras y lectores de Gerardo Tecé, no se entretengan en esta declaración de admiración, salten por favor la página y vayan a lo que interesa, la forma de mirar de un hombre lúcido que ve y, porque ve, sabe contar. Y de qué manera cuenta este torbellino de ideas y de libertad que va por la calle con aire desmayado, como si estuviera un poco perdido o se hubiera dejado olvidadas las gafas en un bar cualquiera, si es que fuera a bares y llevara gafas. Sin embargo, el despiste es sólo aparente, al hombre torbellino no se le escapa el sentido de las cosas ni las cosas mismas, basta preguntarle qué ha visto hoy en la calle o en el mundo y él organizará el caos en cuando se siente ante el ordenador y se ponga a escribir con la precisión del poeta o del científico y con el sentido del humor que ambos querrían para ellos y solo Gerardo tiene.
Hasta leer a Gerardo Tecé creíamos que se podía mirar de frente o de soslayo, desde arriba o desde abajo, ahora sabemos que también se puede mirar dentroy así enseñar el mundo y a quienes lo habitamos,con nuestros usos, maneras y contradicciones. Mirar dentro no es fácil, hay que tener habilidad para hacerlo, preparación y una dosis fuerte de valor para afrontar las consecuencias. Mirar dentro implica ver las tripas del sistema, sus amaños y sus operaciones estéticas para parecer bonito. También se ve el uso torticero de las palabras que el sistema propone y nosotros asumimos como si fuera verdad revelada, día a día vamos acarreando conceptos y palabras que nos inoculan hasta que, de pronto, irrumpe Gerardo en nuestra mañana y con su crónica desmonta seguridades, resquebraja las murallas de Jericó y nos pone a pensar, pese a estar embotados de tanta comida rápida, perdón, embotados de tantas ideas prefabricadas como se distribuyen a diario en el mundo. El trabajo de Gerardo lleva filosofía dentro.
A veces la imagen de Gerardo Tecé se me confunde con la de Goya. Los veo a los dos trabajando, queriendo poner más luz en la tela o en la pantalla, pero la obstinada realidad se impone, una y otra vez Saturno sigue devorando a sus hijos y experimentando placer por eso. Lo pintó Goya, lo describe Gerardo cuando habla de Salvini, por ejemplo, o de los mil Salvinis que habitan nuestro entorno y que han decidido que el otro, el pobre, es el enemigo, que hay que echarlo porque nos quita trabajo, aunque lo veamos trabajando en los lugares que no queremos para nosotros. También los Salvinis del mundo nos dicen que tenemos que protegernos de quienes podrían ser nuestros vecinos, para eso crean empresas de seguridad que nos venden a base de atiborrarnos con la publicidad más generadora de baja estima nunca diseñada. «El otro es como yo y tiene derecho a decir yo», repetía José Saramago. Los Salvinis y sus cuerdas de seguidores han rebajado el nivel de humanidad hasta lugares que pensábamos desechados tras la experiencias del siglo XX, ahora otra vez el otro es alguien a quien hay que eliminar si no sirve para los intereses del sistema, por eso Gerardo Tecé asume la tarea de desmontar con sus reflexiones la banalización del mal que se extiende, empequeñece y asfixia. Y sigue pintando, como Goya escribía. No dudo de que ambos, si tal cosa les fuera pedida, se autorretratarían como dos perros intentando no hundirse en un monte de tierra que el sistema ha preparado porque nos quiere sepultados y silenciosos, muertos en vida, aunque el perro de Goya —y el de Gerardo también— mantenga levantada la cabeza y los ojos tremendamente abiertos y brillantes para ver por dentro y no callar. También para no cumplir el destino que nos trazan quienes de humanidad no saben ni escribir la palabra.
Las crónicas de mi amigo Gerardo llevan mucha gente dentro y a esas personas les podemos poner nombre, a ellos y a las funciones (políticas, sociales, caritativas, solidarias, creativas, abyectas) que les hacen llegar hasta nosotros. Que no nos asuste la tarea de leer en complicidad, ver y analizar son atributos humanos, nombrar lo que vemos es una exigencia, Dios lo hizo el primer día, las academias el segundo y el tercero, ahora nos toca a nosotros diseccionar y darle nombre a quienes pretenden, una y otra vez, ocupar nuestras vidas y conducirnos hasta un estadio de simple estadística. O por el contrario, como quieren los mejores, a ser protagonistas de una sociedad que creíamos nuestra y tantas veces nos la secuestran mientras discutimos si son galgos o podencos. Gerardo Tece nos dice que algunas de las personas que han pretendido dirigir nuestras vidas no saben ni repartir caramelos en las cabalgatas de reyes que se montan cada Navidad. También nos habla de otras personas, levantadas y principales, que se construyen a sí mismas desde las orillas del sistema y se convierte en puerto de salvación. ¿Un ejemplo? Varios. Las mujeres que saben nombrarse en femenino y que al día siguiente de la huelga general feminista intentarán, una vez más, enseñar a colocar la funda nórdica en el edredón, cielo santo, que no es tan difícil… Gerardo nos habla también de los trabajadores de la sanidad pública que, pese a tantas deficiencias, saben curar y a veces hasta acarician porque descubren que tenemos miedo y que ellos y nosotros, todos, somos mortales y necesitamos sostenernos. Y escribe mucho nuestro hombre de las campañas de publicidad electoral, del concepto democracia, «gobierno del pueblo para el pueblo», tan demodé, tan mal explicado en la antigüedad, según dicen los técnicos, con lo claro que lo tienen los dueños del sistema aquí o allí, y en otros artículos Gerardo Tecé se ocupa de un partido de fútbol o un concierto que reclama atención porque se está dando mucho. En la viña que es este libro vamos a encontrar muchas castas de uvas, algunas nos darán ganas de no volver a beber, otras nos proporcionarán el placer de la mejor copa, esa que al saborearla se siente la compañía del texto y del autor, este hombre joven que ya se nos acerca, está ahí, sonriente y casi pidiendo perdón, sabio, dinámico, pensador irredento, escritor como pocos, desmitificador bienhumorado y amigo del alma para el que nada es indiferente. Bendito sea.
Pilar del RíoPresidenta de la Fundación José Saramago
España, óleo sobre lienzo
Crónicas contra el ruido
13 de junio de 2015
Llegan los ayuntamientos del cambio a las principales capitales del país. Negación, ira, negociación… La vieja política pasó por todas las fases del duelo ante la aparición de la nueva política. Este artículo es el único que he escrito hasta el momento sin necesidad de poner una sola palabra de mi parte.
Cuatro perroflautas
Son cuatro perroflautas que se han juntado en la plaza a fumar porros. Esto lo ha organizado Rubalcaba. Hay proetarras entre ellos. En vez de protestar contra el sistema, lo que tienen que hacer es presentarse a las elecciones, como hacemos los demás. El Gobierno del PP es el primero que legisla contra los desahucios. Los escraches son nazismo puro. Las protestas de sanitarios y profesores son minoritarias, la mayoría silenciosa está a favor de las políticas del Gobierno. La recuperación económica es ya un hecho y empieza a notarse, los bares están más llenos y se nota más alegría.
Uy, qué susto, parece que van a sacar un escaño en las elecciones europeas, qué miedo nos dan... Han sacado cinco escaños porque en las elecciones europeas muchos se han permitido el lujo de votar a estos frikis porque en el fondo da igual. Todos los frikis acaban sobrevolando Madrid. Es porque los han sacado mucho por la tele. Estás muy gordita para el hambre que dices que se pasa. Esta tendencia que marcan las encuestas se debe a que quizá una parte del electorado no está entendiendo las medidas beneficiosas para la economía que estamos tomando, pero es cuestión de tiempo que esta situación revierta. ¿Sabe usted por qué no gobiernan en ningún sitio? Porque solo proponen medidas demagógicas. Sería una tragedia si pasa lo que dicen las encuestas. Los financian Venezuela e Irán. Tienen becas black. Los españoles no van a dejarse engañar con populismos. Si gana Ada Colau me voy de España. Asesinarán a gente si llegan al poder. Son unos nostálgicos, como los del Estado Islámico. Si ganan, probablemente, serían las últimas elecciones democráticas en nuestro país. Los presos de ETA quieren que ganen. Manuela Carmena quiere imponer un sistema bolivariano, quiere romper el sistema democrático y occidental. Los medios han martilleado con la corrupción. Quizá hemos cometido algún error de comunicación. Podríamos hacer un gobierno de unidad, incluyendo a Carmena.
Manuela Carmena toma posesión de la alcaldía de Madrid. Ada Colau toma posesión de la alcaldía de Barcelona. Joan Ribó toma posesión de la alcaldía de Valencia. Pedro Santisteve toma posesión de la alcaldía de Zaragoza. Xulio Ferreiro toma posesión de la alcaldía de A Coruña. José María González Kichi toma posesión de la alcaldía de Cádiz. Martiño Noriega toma posesión de la alcaldía de Santiago.
19 de junio de 2015
Cambios en el PP tras unas elecciones municipales marcadas por el triunfo de la nueva política. Caras nuevas, jóvenes, que se adapten a la estética del nuevo tiempo. Pablo Casado, quien fuera líder de las Nuevas Generaciones, se hace cargo de la comunicación del partido dirigido por Rajoy.
Pablo Casado el vaciador
En los inicios de la Guerra Fría, una de esas maniobras ideológicas tan bien trazadas que parecen fruto de lo natural situó en órbita al pintor norteamericano Jackson Pollock. Las guerras se ganan con batallas, y en la batalla del arte y la ideología el bloque socialista goleaba al americano. Los intelectuales y artistas más relevantes de la época simpatizaban con la idea de justicia social y llenaban sus obras de contenido. Mientras, los americanos se hacían la siguiente pregunta: ¿cómo competir contra el contenido desde un capitalismo cuya ideología es sálvese quien pueda? El principio de la solución pasó por patrocinar desde el Gobierno a aquel tipo que salpicaba pinturas sobre un lienzo y convertirlo, a base de talonario y exposiciones en el MoMA, en referente mundial. Para decirle así a toda una generación que se podía hacer arte que no dijera nada en lo social. Y que esas obras podían venderse a precios tan altos que si los tradujésemos en metros ninguna perra Laika subida al Sputnik podría alcanzarlos.
En 2008 saltaba a la primera división de la política española Pablo Casado, un chico que a sus 27 años presidía las Nuevas Generaciones del PP de Madrid. Apadrinado por Aguirre y Aznar, subía al escenario en un mitin y, ante la cúpula del partido, marcaba las directrices de lo que debería ser una política del PP dirigida a esos jóvenes que, según las encuestas, querían contenido, para desgracia de los populares. Aquel día, en su presentación en primera división de la política, Casado pronunció aquella frase que hoy, nombrado vicesecretario de Comunicación, lo acompaña: «No se puede ser de izquierdas hoy día si eres joven, son todos unos carcas, todo el día con la fosa de no sé quién», decía sonriente. Los jóvenes no queremos saber de quién es la fosa, los jóvenes queremos cosas bonitas, como un trabajo —bien o mal pagado, qué más dará— para comprarnos un coche a plazos, venía a decir Casado, echando salpicaduras de pintura sobre el asunto de los 130.000 muertos en las cunetas.
En la misma intervención, la nueva figura del PP seguía exponiendo ante los líderes del partido su proyecto de vaciado de contenido para la próxima década. Cuando, en un momento dado, habló de Mayo del 68, lo resumió remangándose la camisa en un «jóvenes que destrozaban las calles en París porque se aburrían». Levantando los aplausos de sus mayores, que lo miraban orgullosos. Probablemente con cierta envidia: quién fuera joven para poder frivolizar con esa soltura. «La mayoría de los jóvenes son del PP, pero no lo saben», concluía Casado la intervención con la que se hizo un nombre dentro del partido.
Pablo Casado es desde hoy encargado de comunicación del partido en el Gobierno. El encargado de apagar incendios en un PP que tiene fidelizado el voto de cierta edad pero que necesita a unos jóvenes que le dan la espalda. Esos jóvenes que, cuando pregunten por Bárcenas y la corrupción institucionalizada, se encontrarán con el director de comunicación Casado respondiendo algo así como: «No seas carca, colega, hablar de corrupción no mola nada».
4 de diciembre de 2015
En pocos días se celebran elecciones generales y Mariano Rajoy aspira a renovar la presidencia. Con la muerte del bipartidismo sobrevolando el ambiente, el presidente del PP llega a la cita salpicado de casos de corrupción. Mientras huye de los debates con el resto de candidatos y de las preguntas de los periodistas que se empeñan en hablar de corrupción, Rajoy busca refugio en casa de Bertín Osborne. Aquí, una amplia crónica de la velada que debe ser leída con aquella voz nasal del NODO.
NO-DO: Bertín y Mariano
«Las coordenadas de la nación las dicta desde hace cuatro años Mariano Rajoy y lo hace con convicción, entrega y tesón. Fue el registrador de la propiedad más joven de la historia de España. Tenía una trayectoria brillante y una vida cómoda por delante. Pero llegó la Transición y, con ella, la vocación y la personal renuncia a tener una vida resuelta para tratar de contribuir a la mejora de su país. De su padre, un hombre recto, heredó el valor del esfuerzo y el sentido de la justicia. Caballero de buena estatura, barba cana, sonrisa amplia, hoy nos visita el presidente Rajoy».
Con estas hermosas a la par que sinceras líneas, el autor de éxitos musicales como Sabor a México o Como un vagabundo recibía en su chalet madrileño de tres plantas y mil metros cuadrados al presidente del Gobierno. Tras llamar al timbre y recibir el consejo de «dale un empujoncito fuerte a la puerta, que está dura», Rajoy accedió con paso firme hasta el recibidor del ciudadano Bertín. Te traigo un magnífico albariño «de primera categoría». El cantante, amante del vino, lo agradeció con sinceridad y anécdota. ¿Sabes Mariano que fui nombrado cabaleiro del Albariño en un emotivo acto presidido por don Manuel Fraga? El encuentro entre estos dos titanes echaba chispas.
Tras la anécdota inicial, el mandatario y el ciudadano Bertín se acomodaron en un sofá chaise longue de primer orden y comenzaron la acolchada charla abrazados a un cojín amarillo de grandes dimensiones. «Hay gente a la que le caeré mejor y otra gente a la que le caeré peor», declaraba el presidente antes de dar el primer titular de la noche: «Me gustaría poder hablar, uno a uno, con los 46 millones de españoles. Uno a uno. Lo que pasa es que es imposible. Es decir, es imposible». Tras esta demostración de llaneza y naturalidad, la conversación derivó hacia el asunto deportivo. El presidente aseguró que suele caminar a toda velocidad, afirmación que el ciudadano Bertín constató «es verdad, porque cuando he abierto la puerta te he visto andando muy rápido». «Y cuando voy de viaje también camino», ampliaba el foco sobre este asunto el presidente, para añadir que ha «caminado por los sitios más inverosímiles, en Malta, en Nueva York, ¿eh?».
«Me siento muy español porque he recorrido toda España», declaraba sobre su chaise longue Mariano, que aseguraba haber estado «en muchos lugares de España y de Andalucía, por ejemplo, en Cádiz». A pesar de los temores del cantante de rancheras ante la reciente llegada al Gobierno de la capital gaditana de los populistas de Podemos, el presidente Rajoy aportó tranquilidad como padre que es de todos los españoles y explicó que coincidió «con el nuevo alcalde y estuvo bien la inauguración», de lo cual el entrevistador dedujo que hay buena gente en todos lados. «Bueno, me dio unos papeles con unas reivindicaciones y le dije, yo haré lo que pueda, como cualquiera», aseguró el presidente del Ejecutivo ante el cantante de rancheras metido a presentador. Además de en Cádiz, también estuvo recientemente el líder de la nación en un pueblo de Almería, «donde caminó a toda velocidad a las siete de la mañana con el alcalde de la localidad», caminata en la cual se produjo la anécdota de que «el alcalde pinchó», provocando esta divertidísima historia la lógica carcajada sonora y prolongada en el tiempo del entrevistador Osborne.
Tras una sucesión de imágenes de la infancia, juventud y temprana adultez del presidente, introducidas las instantáneas por la extranjera canción Let It Be versionada por un coro de féminas, la entretenida charla bajo los cojines derivó con espontánea naturalidad hacia asuntos del mundo amoroso, dejando la conversación titulares como «No he sido de muchas novias, era de lo que me dejaban», «Conocí a mi mujer en un pub por la noche», «Tuve que dar allí algunos argumentos y razones para conquistarla», o «No hice despedida de soltero, porque me casé un 28 de diciembre y el día 27 eran los presupuestos». Después del paseo por el lado más romántico y donjuán de nuestro presidente, el ciudadano Bertín repasó junto a él cuestiones relativas a la dura y abnegada tarea de gobernar, que por el bien del país ha desempeñado y desempeña. «Ser presidente de España es la pera». Tras esta declaración, el ciudadano Bertín requirió al presidente de la nación que abandonaran el sofá para ir a la cocina a tomarse una copa, «que no puedo más ya».
Rodeados de magníficos fogones de primera categoría, el gobernante hizo entrega a Bertín Osborne, ya relajado por fin con una copa en la mano, de un segundo obsequio tras el primero del vino albariño: una empanada gallega, receta de su suegra, receta de la que en el Palacio de La Moncloa tienen conocimiento y poseen la pericia para reproducirla con éxito, según explicó el alto mandatario. El presidente, en audaz actitud, rechazó, a pesar de las advertencias del cantante de rancheras, colocarse un delantal para evitar manchas en la camisa de las que Viri, esposa del líder occidental, pudiera dar queja en su papel de mujer. «Le diré que fue culpa tuya», respondió desenvuelto y con sinigual gracejo el presidente Rajoy, broma que fue bien recibida por Bertín a juzgar por su sonora carcajada. A pesar de ser de primera categoría, como los dos comensales, no iba a ser la empanada tradicional gallega el plato principal de la velada, sino unos mejillones al vapor, que con auténtica impertinencia se resistieron a abrirse debido a un problema de inducción. «La inducción me tiene amargado», declaró el ciudadano Bertín, que requirió la ayuda del mandatario de la nación para encender los fuegos, «pues yo me temo que no puedo ayudarte a encender esto», dándose una escena en la que los dos simpáticos cocineros observaban de manera impasible, copa de vino en una mano y la otra a la cintura, la negra superficie eléctrica con figuras circulares que se negaba a desvelar sus secretos. Nadie dijo que fuera necesario saber de alta cocina para dirigir con eficiencia una nación centenaria.
Tras una pausa de unos minutos en los que posiblemente la esposa del cantante de rancheras tuviera que bajar a hacer la femenina labor de presionar el botón de la vitrocerámica, habilidad con la que Dios dotó a Eva, pero no a Adán, el fuego apareció encendido ante la cámara para lamento de los rebeldes mejillones atrincherados. «En Bruselas presumen de mejillones y les meten salsas y no. El mejillón de verdad es cocido y con limón», sentenció el presidente durante la cocción, asestándole un certero golpe al relativismo moral que devasta Occidente. No por relajada la comida, el presidente deja de ser presidente y, aun estando en mitad de la tarea de masticar mejillones, encuentra el mandatario un momento para recordarles a sus compatriotas sentados en el sofá de casa que «en España hay gente que hace muchas cosas, y que cada día debemos ser buenos haciendo cosas». En el ocaso de la interesante charla a la mesa, no por informal exenta de un cierto tono de análisis, ambos comensales llegaron a la conclusión de que es bueno saber idiomas. «Saber inglés es importante, ¿no?», dijo el mandatario. Tras esta declaración, el ciudadano Bertín requirió al presidente de la nación que abandonaran juntos la cocina para ir a echar un futbolín, no sin antes «pegarse otro lingotazo».
Tras decidir por razones geoestratégicas que el presidente hiciera el sacrificio de coger al Barça y Bertín al Real Madrid, la partida, cordial en línea con el resto de la velada, fue amenizada por las sonoras carcajadas continuas del insigne artista, víctima del enorme sentido del humor desprendido por el presidente. Serio y firme en su gestión de Gobierno cuando es necesario, divertido como pocos cuando la soga de la responsabilidad afloja. Tras cada gol, los eventuales rivales se lanzaban preguntas, provocando un simpático y novedoso juego, que con toda seguridad se popularizará entre los más jóvenes españoles. Del entretenido juego salieron varios titulares entre los que cabe destacar que el artista estaría dispuesto a ir a Eurovisión, escaparate de naciones sin igual, si el presidente mediara ante TVE para posibilitar un dúo entre Osborne y el humorista Arévalo para que ambos interpretasen ante los ojos de Europa «una canción que cantamos con una zambomba». A su vez, el presidente señaló como los tres países —países— más importantes para España: la Unión Europea, Marruecos, Estados Unidos y Latinoamérica. En el terreno local y vista la sintonía entre artista y estadista, Mariano Rajoy deslizó la posibilidad de ofrecerle al polifacético Bertín en un futuro ser alcalde de Jerez de la Frontera, localidad natal del anfitrión de la velada.
El tablero político es como la mesa de un futbolín y tal vez por eso no hubo rival para Mariano y su pericia. Agarrado a las barras, golpeando con puño de hierro y dirigiendo con muñeca de seda a los subordinados de madera, goleó a su anfitrión —ya se notaban las copas— que, a pesar de declarar en un principio que estaba «cabreado como una mona», supo encajar la derrota con la deportividad que se le supone a una persona de primera categoría: «Usted no me ha sorprendido porque es como yo esperaba antes de conocerlo: un tío estupendo. Eres un fenómeno, Mariano. En el terreno de juego y en las distancias cortas». La cita acabó, como no podía ser de otra manera, con un fraternal abrazo entre el presidente de la nación y el ciudadano Bertín Osborne, demostrándose así que no es incompatible la altura política con acercarse a la calle y sus variopintas gentes. Y que quién quiere hablar de corrupción pudiendo hablar de cosas más agradables.
