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Vivimos en un mundo que nos empuja a la prisa y a la distracción constante. Las preocupaciones por el futuro y la carga del pasado nos impiden disfrutar plenamente de la vida, afectando nuestra paz mental y emocional. Estoy presente es una guía práctica para reconectar con la vida cotidiana a través de la psicología positiva y el mindfulness. Con historias personales, referencias de expertos y ejercicios sencillos, este libro brinda herramientas para entrenar la atención plena, reducir el estrés y cultivar una existencia más consciente y significativa. Más que teoría, encontrarás invitaciones a la práctica diaria: pequeños gestos que pueden convertirse en oportunidades para vivir con calma, claridad, propósito y bienestar integral. Este libro es un recordatorio de que la verdadera plenitud no se encuentra en lo que pasó ni en lo que vendrá, sino en lo que está sucediendo aquí y ahora. Porque cuando habitamos el presente, dejamos de sobrevivir… y comenzamos, por fin, a vivir.
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Seitenzahl: 157
Veröffentlichungsjahr: 2026
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NANCY gutiérrez
ESTOY
PRESENTE
Un viaje hacia la consciencia,la esencia y la presencia
dr 2025Nancy Gutiérrez
dr 2025 Ponle Acento
Primera edición ebook, diciembre 2025
isbn: 978-607-69333-0-5
Publicado por Ponle Acento
Ontario 1292
Colonia Providencia
Guadalajara, Jalisco, México
www.ponleacento.com
Corrección de estilo
Andrea Orozco
diseño editorial
Antonio Marts | Antígrafo ediciones
Queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de la autora, la reproducción total y parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento.
editado en méxico
Contenido
Prólogo
Introducción
1. El arte de «darme cuenta»
La capacidad de estar en consciencia
Mis despertares
La consciencia, donde comienza todo
Escucha consciente, escucha desde la verdad
La desconexión y la «ausencia» en la vida cotidiana
Anclajes para el desarrollo de la consciencia
2. Ego
Una lucha constante con la realidad
Si el ego tuviera forma
Desarmando las trampas del ego: expectativas, control y miedo
El rol del ego en mi percepción de la vida
Anclajes para el desarrollo de la consciencia
3. Fluir con la vida
Suelta, acepta y disfruta
Más allá del ruido mental: la conexión con nuestra esencia
La autenticidad como clave para la felicidad
Fortalezas personales: identifica, potencia y disfruta
Anclajes para el desarrollo de la esencia
4. Psicología positiva en acción
Una vida con sentido
La intención como eje
Una vida con sentido se revela en el camino
Cuando tu propósito se conecta con el corazón
Anclajes para el desarrollo de la esencia
5. Estoy presente
Un estilo de vida
Fortalece los vínculos: confianza, empatía y comunicación auténtica
¿Cómo me fortalece estar presente?
Rituales para la presencia: prácticas sencillas para anclarse al momento
El arte de soltar y confiar: aprender a dejar ir para vivir con mayor plenitud
Viviendo con gratitud: cómo la gratitud nos ayuda a estar más presentes
Anclajes para el desarrollo de la presencia
Agradecimientos
Bibliografía
A quienes han sido faros y raíces en mi camino:
A mi madre, por sus manos abiertas y su corazónsiempre dispuesto a dar.
A mi padre, por enseñarme a amar la vida;incluso en la despedida.
A mi esposo, por ser refugio y horizonte…
Y a mis hijos, por recordarme cada día que la verdadera plenitud está en el aquí y el ahora.
A ti, que lees estas páginas, para que encuentres en ellasun espejo donde tu alma se reconozca y se abrace.
Prólogo
Hay momentos en la vida en los que nos detenemos —aunque sea por un segundo— y nos hacemos preguntas profundas: ¿Estoy viviendo como realmente quiero? ¿Por qué siento que algo me falta, si en teoría tengo «todo»? ¿En qué momento me desconecté de mí? Si alguna vez te has hecho alguna de estas preguntas, este libro es para ti. Y si nunca lo hiciste pero algo dentro de ti te impulsó a abrirlo, seguramente es porque este es tu momento. Este libro es una invitación: a mirar hacia dentro, a detenerte un poco, a escucharte con más atención, y, sobre todo, a volver a ti.
Ante un mundo cambiante y lleno de incertidumbre, donde cada vez es más difícil lograr la calma y la claridad interior, se hace necesario reencontrarnos con el verdadero sentido de nuestra existencia. Vivimos rodeados de estímulos, expectativas y ruido. Vamos por la vida haciendo cosas, cumpliendo con lo que se supone que «deberíamos» hacer, sin darnos cuenta de que en el camino muchas veces nos vamos perdiendo a nosotros mismos. Dejamos de habitar el presente; el único momento que realmente existe, y funcionamos en piloto automático.
Estoy presente nos plantea la posibilidad de reencontrar el balance para habitarnos desde nuestra verdadera humanidad, a partir de técnicas de mindfulness y prácticas de psicología positiva que hoy están presentes en diversos ámbitos para ayudarte a reconectar contigo y con tu bienestar y, así, tener una vida más plena.
Su autora, Nancy Gutiérrez, nos comparte desde el corazón algunos momentos de crisis que marcaron su vida y que la llevaron a una introspección profunda para reinventarse desde un observador diferente. La descripción de su travesía personal nos invita a trabajar en la mejora de nuestro bienestar personal, a través de tres palabras claves:
Consciencia, entendida como el conocimiento inmediato o espontáneo que tenemos de nosotros mismos, de nuestros actos y reflexiones, para identificar cómo nos percibimos en el mundo: «El arte de darnos cuenta».Esencia, aquello que constituye nuestra naturaleza humana,permanente e invariable de nosotros mismos, lo verda-deramente único que habita en cada uno: «Fluir con la vida».Presencia, como una invitación a contemplarnos desde el interior para darnos cuenta de nuestro estado personal actual, en el aquí y ahora: «Estar presente».Con estos tres conceptos, el libro nos da la oportunidad de reconocernos y trabajar intencionalmente, para construir una mejor versión de nosotros mismos, pese a cualquier entorno difícil.
A través de estas páginas vas a aprender a cultivar una mirada más amable y compasiva hacia ti mismo, a gestionar tus emociones de forma más consciente y a estar más presente con lo que te rodea. Y si en algún momento te sientes perdido, abrumado o desconectado, recuerda esto: Tu presencia es tu poder. Tu consciencia es tu guía. Tu esencia ya sabe el camino.
Así que no dudes en tomar la iniciativa y aventurarte en la lectura profunda de esta obra, que, sin duda, te dará valiosas herramientas para mejorar tu salud emocional y mental.
En palabras de Wayne Dyer: No puedes controlar lo que ocurre fuera, pero puedes controlar lo que ocurre dentro.
H. Susana López Bustamante
Máster en Psicología Positiva Aplicada
Introducción
¿Cómo lograr la armonía y el equilibrio entre lo que doy al mundo y lo que necesito para mí? ¿Cómo cubrir tantas demandas sin perder la salud física, mental, emocional y espiritual?
Vivimos en un mundo acelerado, donde las exigencias externas y las voces internas no siempre están en armonía. Las responsabilidades, los compromisos y las expectativas —propias y ajenas— a menudo nos desconectan de lo más esencial: de nosotros mismos.
Este libro nace como una respuesta a esa desconexión, como una invitación a hacer una pausa, a mirar hacia adentro y a reencontrarte con lo más auténtico de tu existencia: tu esencia.
Dicen que a los 30 años entramos en una crisis existencial, un fenómeno psicológico que se caracteriza por la reflexión y el cuestionamiento de la vida. Es un periodo de introspección que puede ser angustioso, pero también una oportunidad para crecer, y justo ese fue mi caso.
No es por presumirte, pero a mis 40 años he tenido 14 cambiosde casa, sin contar los seis meses de vivir en una casa rodante y, sinceramente, me he considerado una persona muy adaptada a los cambios. Sin embargo, entre la mudanza número 10 y la 11 sucedió algo que modificó el rumbo de mi vida; no sólo fue la casa, sino la ciudad, la rutina, el estilo y mi propósito.
Fue en esa parte de mi historia en que me cuestioné: ¿qué sentido tenía lo que estaba haciendo? ¿Hacia dónde iba con mi actividad profesional? ¿Cuál era verdaderamente el motivo de mi existencia y lo que deseaba dejar a mi paso?
Mi tiempo estaba lleno de actividades sin relación entre sí, como si sólo quisiera estar ocupada, en capacitación constante de uno y mil temas que sólo me confundían más. Me comparaba con otras mujeres, con otras profesionistas y sus logros, hasta que me di cuenta de que no se trataba de lo que me faltaba, sino de lo que necesitaba soltar.
Sin duda, la muerte de mi padre fue un parteaguas, un momento de desequilibrio por un tiempo en mi vida, pero encontré prácticas y herramientas que me han permitido ser una mujer más resiliente, más congruente y con paz en mi corazón.
Ahora y desde entonces, esas prácticas se han vuelto mi estilo de vida y parte de mi proyecto profesional desde el 2019. Este proyecto ha crecido, como yo también lo he hecho. Me he preparado para poder ofrecer lo mejor de mí a quienes me rodean y acompañar a otras personas en sus propios procesos desde mi consultoría.
Estoy presente no es simplemente un libro más sobre bienestar, es una experiencia transformadora que propone integrar consciencia, esencia y presencia en la vida cotidiana.
Consciencia, porque a través de «darme cuenta» de las cosas, las personas o las situaciones, como son, sin juicio, con aceptación, me permitiré tomar mejores decisiones y gestionar asertivamente mis emociones.
Esencia, porque en el andar por la vida voy perdiendo mi razón de ser y de existir al ir cubriendo las expectativas y demandas de otros, con el fin de pertenecer. Sin embargo, cada uno de nosotros viene con un propósito, talentos y dones para encontrarlo, desarrollarlo, compartirlo y disfrutarlo.
Presencia, porque la vida es un camino de transformación que incluye incomodidades, rupturas y errores, así como momentos felices, de regocijo y de plenitud. Desde este estado puedes recuperar energía, claridad, tranquilidad y fuerza interior. Puedes volver a ti, a lo esencial.
Cada capítulo ha sido diseñado para ofrecer no sólo conocimiento, sino también ejercicios prácticos, reflexiones y experiencias que te permitan vivir cambios tangibles en tu bienestar.
Hoy mi intención es acompañarte a ti, lector, en tu camino hacia una vida más consciente, más serena y plena.
Este libro es tuyo. Es tu espacio. Aquí no hay exigencias ni fórmulas mágicas. Sólo propuestas, prácticas, inspiración y presencia. Es una invitación a descubrir que la verdadera transformación ocurre cuando eres capaz de estar presente, con todo lo que eres, con tus luces y sombras, con tu historia y tus posibilidades.
Ser una persona feliz, auténtica, libre y consciente no es un ideal lejano. Es un camino. Y ese camino comienza con un paso: darte cuenta, detenerte, respirar… y estar contigo.
Bienvenido al viaje. Aquí comienza tu reencuentro con lo esencial. Aquí comienza tu práctica de presencia.
1. El arte de «darme cuenta»
La capacidad de estar en consciencia
Mis despertares
Estoy donde mi mente y mi cuerpo se funden.
Nancy Gutiérrez
—Hijos, su mami tiene algo que decirles —dijo mi esposo con una voz suave, intentando preparar el terreno.
Ellos acababan de llegar de la escuela, aún con sus mochilas colgando y la cabeza llena de tareas y juegos. Ese mes de abril de 2019, estábamos en la cocina, compartiendo el momento cotidiano de lavar los trastes de la comida, cuando la conversación tomó otro rumbo.
—Últimamente no se ha sentido bien —continuó él, mirándolos—. Necesita pensar muchas cosas, tomar decisiones que la ayuden a sentirse mejor. Y quiero que la apoyemos.
Mis hijos lo escuchaban con el ceño fruncido, tratando de descifrar lo que significaban esas palabras. Sus caras mostraban desconcierto. No entendían del todo lo que pasaba, pero asintieron con un tímido «ok», como si quisieran obedecer, aunque no comprendieran por qué.
Tomé aire, sabiendo que lo que estaba por decir también era para mí.
—Quiero regresar a Guadalajara —les dije con la voz temblorosa—. Quizá por unas semanas. Me siento muy triste. No encuentro mi lugar. Siento un vacío muy grande en el corazón.
Mientras hablaba, me escuchaba a mí misma y me daba cuenta de cuánto necesitaba ese respiro. Unos días antes había soltado todo aquello que me mantenía ocupada: mis rutinas, mis compromisos, mis proyectos. Todo eso que, sin darme cuenta, le daba estructura y sentido a mis días.
Durante los casi cinco años anteriores había vivido sumergida en una dinámica que no me daba tregua: el trabajo, los niños, la escuela, sus deportes, mis emprendimientos, la casa, la vida de pareja. Y aunque todo eso era parte de lo que más amaba, en algún punto me había ido perdiendo a mí misma.
Por el lugar donde vivíamos antes de este último cambio de residencia, era casi imposible regresar a casa por algo olvidado una vez que salía de ella, pues las distancias entre todas esas actividades eran muy largas. Salía a las 6:30 de la mañana aproximadamente a dejar a mis hijos a la escuela; si era necesario, pasaba al súper o mercado por despensa; manejaba de cincuenta a sesenta minutos para llegar a mi trabajo, y de regreso, pasaba a casa sólo por la lonchera, que dejaba lista una noche antes. Comía con mis hijos en el carro, pues el fútbol de Damián nos esperaba después de cuarenta y cinco minutos de traslado. Aprovechábamos el tiempo: hacíamos tareas Ángela y yo hasta que fuera su turno ahora de llevarla a gimnasia, tomando el mismo camino y tiempo de regreso. Invertía los papeles ahora con Damián: mientras él hacía sus tareas, yo aprovechaba para hacer unas llamadas de filtrado con candidatos, pues también era freelance de reclutamiento para la consultoría de una amiga.
Recuerdo que, en cada clase de gimnasia, Ángela salía y me decía: «nunca me ves, siempre estás al teléfono». Yo sólo le explicaba que era por trabajo y que era importante para pagar su escuela y gimnasia, pero claro, obviamente no era justificable y así lo sentía. Y esto pasaba de lunes a viernes.
Llegábamos a casa y mi día terminaba poco antes de la media noche, después de hacer el aseo, la cena y la comida del día siguiente.
En esas fechas mi padre ya se encontraba muy enfermo de cáncer. Recuerdo perfectamente un tres de diciembre cuando lo llevé al hospital para ser atendido por un oncólogo después de varias visitas a hospitales y médicos particulares. Ya no había mucho que hacer, más que acompañar. Aunque, tanto mi madre como mis hermanos estuvimos muy involucrados en sus cuidados, decidí renunciar a mi trabajo de ese momento, pues no podía sentirme conectada en ningún lugar y quería pasar los últimos días con él.
A las tres semanas de mi renuncia mi papá falleció. Si hubieras conocido a mi padre, segura estoy de que te enamorarías de su personalidad. Además de su elegancia, caballerosidad, su talento para cantar y tocar el órgano, fue un hombre honorable, altruista, servicial, empático, con buena escucha, excelente consejero, amable, alegre, justo, perseverante, líder, visionario, humano, valiente, amoroso, humilde, con un gran sentido del humor, espiritual, compasivo, misericordioso; con sólo verlo te hacía sentir mucha paz.
Recuerdo uno de sus episodios de mayor lucidez unas semanas antes de partir. Veníamos de una reunión familiar. Había cantado, reído, abrazado con fuerza. Disfrutó tanto ese día, como si la vida se le desbordara por los poros. En el camino de regreso, con los ojos llenos de lágrimas y la voz quebrada, nos dijo algo que se me quedó grabado en el alma:
—No quiero morir, la vida es tan bonita. Quiero seguir cantando, ver el atardecer, meterme al mar, nadar en él. Quiero seguir viendo a la gente sonreír, saludar a mis amigos en el Mercado de abastos. Quiero ver a mis nietos crecer, y a ustedes, verlos felices.
Fue la última vez que lo vi con ese brillo en los ojos, con ese semblante radiante, como si su espíritu estuviera más vivo que nunca. Un instante de luz antes de la sombra.
Dicen que las personas tienen un último día así, antes de morir. Un día culmen donde pareciera que todo va a mejorar, donde la esperanza se confunde con la despedida. Pero, en realidad, es sólo un regalo. Un regalo del alma antes de partir.
Esa noche, con la melancolía apretándome el pecho, sus palabras se me quedaron en el corazón. Sentí que me había dejado una promesa: disfrutar de la vida como a mi papá le hubiera gustado hacerlo. Vivir desde lo que me apasiona, conocer personas nuevas, servir, ayudar, celebrar, amar, estar realmente presente. Sentir la vida.
Después de su fallecimiento, llegó una de esas preguntas que sacuden los cimientos: ¿Qué sigue? ¿Qué quiero hacer con mi vida ahora?
Decidí emprender.
Mi mente y mi cuerpo estaban tan acostumbrados al movimiento constante, a los días llenos de tareas y compromisos, que, naturalmente, comenzó la danza otra vez. Emprendí una marca de repostería, retomé mis actividades como freelance en reclutamiento, y también en capacitación. Abrí un showroom de artículos de decoración con mi hermana, y junto con mi esposo, empezamos a desarrollar nuestra consultoría. Además, lancé un proyecto de desarrollo personal enfocado en mujeres. Una vez más, la agenda se llenó.
El último año antes de nuestro cambio de ciudad, colapsé. Con lágrimas y cansancio le pedí a mi esposo que buscáramos una vida distinta. Anhelaba una mejor calidad de vida, un ritmo menos acelerado, más oportunidades que nos permitieran crecer y, sobre todo, estar más juntos como familia.
Sí, reconozco hoy que no se trataba sólo de la ciudad. Era algo más profundo: eran mis hábitos, mis formas inconscientes de mantenerme siempre ocupada. Pero ese entendimiento llegó después.
Mis peticiones fueron escuchadas, aunque nunca imaginé lo que significaría realmente ese cambio. Estaba por atravesar uno de los momentos de mayor movimiento interno de mi vida. Un antes y un después. Un punto de inflexión que cambiaría el rumbo que conocía hasta entonces.
A veces, el alma nos grita lo que el cuerpo ya no puede sostener, y sólo cuando nos detenemos comienza el verdadero viaje hacia nosotros mismos.
Después de la conversación en la cocina, con mi familia, comencé a hacer cosas diferentes, sin la necesidad de abandonarlos ni abandonarme. Entre los tantos cursos que tomé, encontré la práctica de meditaciones, retos de veintiún días y más. Me uní a dos comunidades cerca de casa: una de yoga y otra de funcional. Adopté una cafetería como mi oficina, y las respuestas comenzaron a llegar: mi vida comenzaba a tener un sentido más claro.
«La vida está afuera», fue una de las primeras respuestas que encontré en mi mente cuando comencé a adoptar una rutina que implicaba salir de casa y conectar con más personas. Siempre me encontraba a alguien con quién conversar, a quién saludar. Incluso confieso que me encantaba quedarme platicado con la señora Lulú de la frutería; sus conversaciones eran muy amenas.
Y es desde entonces que conozco a mi gran aliada la consciencia. La viví en ese instante donde mi alma ya no pudo sostener el peso de lo que estaba cargando. En medio de la cocina, mientras lavábamos los trastes, escuché mi propia voz temblorosa diciendo: «No estoy bien». Y por primera vez en mucho tiempo, me di el permiso de escucharla.
La consciencia no me llegó de golpe, no fue una epifanía. Fue más bien una serie de pequeños despertares. Estuvo en la mirada de mi hija reclamando presencia, en la ternura con la que mi esposo me apoyó, en el último canto de mi padre antes de partir. En el colapso de mi cuerpo y de mi mente, después de tanto tiempo de sostenerlo todo.
Comencé a darme cuenta de que el ritmo que llevaba no era sostenible, y aunque amaba profundamente cada rol que ocupaba, algo dentro de mí se había ido perdiendo en medio de tanta exigencia. Empecé a reconocer que estar ocupada no era lo mismo que estar presente. Que vivir a mil por hora no me hacía sentir más viva, sólo más cansada.
