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La Ética de Nicolai Hartmann (1926) es una de las obras capitales, junto con la de Max Schler (1913) y la de Dietrich von Hildebrand (1953), de la ética axiológica, caracterizada como el esfuerzo por fundamentar los preceptos morales en el reino del valor. La presente edición es la primera traducción al castellano de esta obra fundamental de la filosofía del siglo XX. "La ética material del valor (...) ha llevado a cabo la síntesis de dos clases de ideas básicas crecidas históricamente sobre suelos muy diferentes y formuladas en mutua oposición: la aprioridad kantiana de la ley moral y la diversidad del valor, contemplada por Nietzsche sólo desde lejos (...) devuelve al apriorismo ético su rico contenido originario y auténtico; y a la consciencia del valor, la certeza del contenido invariable en medio de la relatividad de la valoración humana. De este modo queda indicado el camino. (...). De todas las evidencias que me ha proporcionado el nuevo estado del problema, apenas ninguna me ha resultado más sorprendente y a la vez más convincente que ésta: que la ética de los antiguos era ya ética material del valor muy desarrollada, no en cuanto al concepto o en cuanto a una tendencia consciente, pero sí en cuanto a la cosa misma y al proceder efectivo. (...) Nos encontramos aquí con un engranaje insospechadamente profundo de viejas y nuevas conquistas intelectuales; y en el giro de la ética ante el que estamos, se trata de una síntesis histórica de mayor calado que la síntesis de Kant y Nietzsche: de una síntesis de la ética antigua y moderna". (Del prólogo del autor a la primera edición)
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Seitenzahl: 1763
Veröffentlichungsjahr: 2011
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Ensayos 435
Filosofía Serie dirigida por
NICOLAI HARTMANN
Ética
Presentación y traducción de Javier Palacios
ISBN DIGITAL: 978-84-9920-603-5
Título originalEthik © 4. Aufl. 1962 Walter de Gruyter GmbH & Co., KG Berlín All rights reserved © 2011 Ediciones Encuentro, S. A., Madrid
Diseño de la cubierta: o3, s.l. - www.o3com.com
Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de la propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (arts. 270 y ss. del Código Penal). El Centro Español de Derechos Reprográficos (www.cedro.org) vela por el respeto de los citados derechos.
Para cualquier información sobre las obras publicadas o en programa y para propuestas de nuevas publicaciones, dirigirse a: Redacción de Ediciones Encuentro Ramírez de Arellano, 17-10.ª - 28043 Madrid Tel. 902 999 689www.ediciones-encuentro.es
Índice
Presentación del traductor
Prólogo
Prólogo a la segunda edición
Prólogo a la tercera edición
Introducción
1. La primera pregunta básica
2. El Demiurgo en el hombre
3. El sentido de lo «práctico» en la filosofía
4. Plenitud de valor de lo real y participación en ella
5. La segunda pregunta básica
6. Contenido de valor de la persona y de la situación
7. Del pasar por alto
8. El hombre moderno
PRIMERA PARTELa estructura del fenómeno ético (Fenomenología de las costumbres)
Sección I: Ética contemplativa y normativa
Capítulo 1. La cuestión de la competencia de la filosofía práctica
a) Índole universal y pretensión de validez de los mandatos morales
b) Relativismo ético
c) Absolutismo ético
Capítulo 2. De la enseñabilidad de la virtud
a) La afirmación de Sócrates
b) El concepto cristiano de «pecado»
c) La ética de Schopenhauer de la teoría pura
d) El «Menón» de Platón y la solución de la aporía
Capítulo 3. El sentido legítimo de lo normativo
a) Lo indirectamente normativo
b) El campo de trabajo manifiesto y la idea de la ética
c) Ética y pedagogía
d) Apriorismo teorético y ético
Sección II: Pluralidad de las morales y unidad de la ética
Capítulo 4. Diversidad y unidad en la consciencia moral
a) Diversidad histórica de los mandatos morales
b) Moral vigente y ética pura
c) Ulteriores dimensiones de la diversidad
d) La unidad buscada y la investigación del valor
Capítulo 5. El saber sobre el bien y el mal
a) Mandatos, fines y valores
b) El mito del árbol del conocimiento
c) El descubrimiento de Nietzsche y el error del descubridor
Capítulo 6. Del camino para el descubrimiento del valor
a) Revolución del
ethos
y estrechez de la consciencia del valor
b) El portador de ideas y la multitud
c) Ética retrospectiva y prospectiva
d) Investigación teorética e investigación de los principios éticos
e) Categorías y valores, leyes y mandatos
f) Realidad ética y el
factum
de la consciencia primaria del valor
g) Posibilidad de engaño y consciencia moral inauténtica
Capítulo 7. Los campos de orientación del fenómeno moral
a) La extensión de lo dado en la investigación del valor
b) Derecho y ética
c) Religión y mito
d) Psicología, pedagogía, política, historia, arte y configuración artística
Sección III: Caminos errados de la ética filosófica
Capítulo 8. Egoísmo y altruismo
a) La moral de la autoconservación y del afirmarse a sí mismo
b) Sentido y contrasentido de la teoría del egoísmo
c) Metafísica del altruismo
d) Empatía y retroempatía
e) La relación básica del «yo» y el «tú». Conflicto y valor de ambas tendencias
Capítulo 9. Eudemonismo y utilitarismo
a) Aristipo y Epicuro
b) La
Stoa
c) Cristianismo y neoplatonismo
d) El eudemonismo social de la Edad Moderna
Capítulo 10. Crítica y sentido ético del eudemonismo
a) El límite natural del utilitarismo
b) Derechos y límites de la ética del resultado
c) La devolución de los valores sustraídos
d) El engaño sobre el valor en el eudemonismo social y su peligro
e) El valor de suyo de la
eudemonía
y su relación con los valores propiamente morales
f) Tendencia a la felicidad e idoneidad para la felicidad
Sección IV: La ética kantiana
Capítulo 11. El subjetivismo de la razón práctica
a) La doctrina de Kant del origen «subjetivo» del deber
b) Subjetivismo transcendental y libertad de la voluntad
c) La alternativa kantiana
d) El razonamiento erróneo en el apriorismo kantiano
Capítulo 12. La crítica de Scheler al formalismo
a) El sentido de lo «formal» en el imperativo categórico
b) El prejuicio histórico a favor de la forma
c) Formalismo y apriorismo
Capítulo 13. La crítica de Scheler al intelectualismo
a) Intelectualismo y apriorismo
b) La sensibilidad, el darse y la aposterioridad
c) Pensamiento, entendimiento y aprioridad
d) El apriorismo emocional del sentimiento del valor
e) La idea de la ética material del valor
Sección V: De la esencia de los valores éticos
Capítulo 14. Los valores como esencialidades
a) Sentido provisional de esencialidad
b) Bienes y valores de bienes
c) La relación de aprioridad y el carácter absoluto de los valores
d) Voluntad, fin y juicio de valor moral
e) Modelo e imitación
f) La configuración del ideal ético y la consciencia del valor
g) Imputación, responsabilidad y consciencia de culpa
h) Conciencia y
a priori
ético del valor
i) El concepto antiguo de virtud como concepto material del valor
Capítulo 15. Relatividad y carácter absoluto de los valores
a) Subjetividad y relatividad
b) Relatividad de los bienes al sujeto y estructura relacional de la materia de valor
c) Carácter absoluto de los valores morales y relatividad de los valores de bienes dependientes
d) Relatividad material de los valores morales respecto a las personas como objetos
e) Relatividad material de los valores morales respecto a la persona como sujeto
f) El engranaje de las relatividades y el carácter absoluto que se encuentra detrás de los valores morales
Capítulo 16. Del ser en sí ideal de los valores
a) El ser en sí gnoseológico de los valores
b) Realidad ética y esfera éticamente ideal
c) Del ser en sí ideal en general
d) El ser en sí ético-ideal de los valores
e) Engaño sobre el valor y ceguera para el valor
f) El deambular de la mirada para el valor y los límites del conocimiento del valor
Capítulo 17. Los valores como principios
a) La relación de los valores con la realidad
b) Los valores como principios de la esfera ética ideal
c) Los valores como principios de la esfera ética actual
d) Los valores como principios de la esfera ética real
e) La metafísica teleológica de los valores y el fenómeno del valor ético
Sección VI: De la esencia del deber
Capítulo 18. La relación entre valor y deber
a) Deber ser ideal
b) Deber ser actual
c) Extensión de la tensión, grado de actualidad y dimensión ética del deber ser
d) Pluralidad de las dimensiones y diversidad de los valores
Capítulo 19. Posición del deber respecto al sujeto
a) El anclaje del deber ser en el ser real
b) El papel del sujeto en la metafísica del deber
c) Deber ser y deber hacer. Debilidad metafísica del principio y fortaleza del sujeto
d) Valor y fin, deber y querer
e) La apariencia de subjetividad en el deber y la determinación axiológica
f) Sujeto y persona
g) El estar condicionada la personeidad por el valor y el deber
Capítulo 20. El deber y el nexo final
a) El análisis categorial de valor y deber
b) Determinación primaria y secundaria
c) El nexo final como vinculación triplemente estratificada
d) Determinación hacia delante y hacia atrás en el nexo final
e) Desdoblamiento e identidad del fin
f) Providencia y predestinación del hombre
Capítulo 21. Teleología de los valores y metafísica del hombre
a) Teleología natural y teleología del mundo
b) Antropomorfismo filosófico y primacía de la determinación axiológica
c) Aniquilación del hombre e inversión de la ley categorial básica
d) Ética y ontología, hombre y naturaleza
e) La teleología del hombre y el «azar»
Sección VII: Perspectivas metafísicas
Capítulo 22. Interacción teleológica
a) Entrelazamiento causal-final de las series
b) Comunidad homofinal y heterofinal
c) Contradicciones de los fines y conflictos de valor
Capítulo 23. La estructura modal del deber
a) El problema de la modalidad en la esencia de valor y deber
b) Necesidad ontológica y efectividad
c) La supresión del equilibrio entre posibilidad y necesidad en el deber ser actual
d) Modalidad del deber ser ideal y del ser en sí de los valores
e) Las aporías de la libre necesidad
f) Libertad, realización y posibilitación
Capítulo 24. Metafísica de la persona
a) Metafísica personalista
b) La doctrina de Scheler de la persona y el acto
c) Actos y personas como objetos
d) Personeidad y subjetividad. «Yo» y «tú»
e) Persona y mundo
Capítulo 25. El personalismo metafísico
a) Idea de mundo e idea de Dios
b) Persona concreta y persona colectiva
c) «Personas de orden más alto» y consciencia de orden más alto
d) Órdenes ascendentes de colectividad y órdenes descendentes de personeidad
e) Ética y teología
SEGUNDA PARTEEl reino de los valores éticos (Axiología de las costumbres)
Sección I: Puntos de vista generales para la tabla del valor
Capítulo 26. De la posición de los valores morales en el reino de los valores
a) Investigación del valor y dominio del valor en la ética
b) Relación de fundamentación entre los valores morales y los valores de bienes
c) Diferencia con otras relaciones de fundamentación
d) El intento de Scheler de una fundamentación inversa
Capítulo 27. Fin de la acción y valor moral
a) El desconocimiento de los valores morales en la ética de fines
b) Los límites del deber hacer en el reino de los valores
c) El límite de la pretendibilidad de los valores morales
d) Relación entre pretendibilidad y realizabilidad
e) El límite de la realizabilidad de los valores morales
Capítulo 28. De la jerarquía de los valores
a) La aporía metodológica del principio ordenador
b) Consciencia del valor y consciencia de la jerarquía
c) Sentido axiológicamente irreductible de «más alto» y «más bajo»
d) Polidimensionalidad del reino del valor
e) Fortaleza de valor y altura de valor. Infracción y cumplimiento
Capítulo 29. La pregunta por los criterios de la altura de valor
a) Los cinco rasgos distintivos en la jerarquía de Scheler
b) Valoración de estos rasgos distintivos
c) La teoría de Hildebrand de la «respuesta al valor»
d) Los predicados de valor de la
Ética Nicomaquea
e) La teoría de Scheler de las leyes de la preferencia y el carácter absoluto de la jerarquía ideal
Capítulo 30. El problema del valor supremo
a) La exigencia de unidad del principio ético
b) La incognoscibilidad en contenido de lo «bueno»
c) Los tipos posibles de monismo en el pluralismo dado de los valores
d) El monismo de la ética en el pluralismo de los valores
Sección II: Las oposiciones más universales del valor
Capítulo 31. La antinómica de los valores
a) Oponibilidad positiva como peculiaridad de los valores más elementales
b) El conflicto moral y las antinomias del valor
c) El sistema dimensional de las oposiciones del valor como ideal «espacio del valor»
Capítulo 32. Oposiciones modales del valor
a) Antinomia del valor de necesidad y libertad
b) Antinomia del valor del ser y el no ser reales de los valores
c) Formulaciones y modificaciones de esta antinomia
Capítulo 33. Oposiciones relacionales del valor
a) La antinomia del portador del valor
b) La antinomia del valor de actividad e inercia
c) Altura y anchura del tipo
d) Armonía y conflicto
e) Simplicidad y complejidad
Capítulo 34. Oposiciones cualitativo-cuantitativas del valor
a) Universalidad y unicidad
b) La síntesis del valor en el «tipo»
c) Relación categorial entre totalidad y universalidad, individualidad e individuo
d) La oposición del valor de totalidad e individuo
e) La antinomia en la oposición cuantitativa del valor
f) Los límites de la antinomia
g) Los elementos antinómicos generales en el reino del valor y en lo ónticamente real
h) El miembro axiológico intermedio. Comunidad más reducida y partido político
i) Humanidad y pueblo
Sección III: Los valores básicos condicionantes en cuanto al contenido
Capítulo 35. Carácter universal del grupo de valores
a) Concreción y riqueza de contenido
b) Las series fragmentadas del valor y su relación con las antinomias
c) El segundo subgrupo complementario
Capítulo 36. Los fundamentos de valor inherentes al sujeto
a) El valor de la vida
b) El valor de la consciencia
c) El valor de la actividad
d) El valor del padecer
e) El valor de la fuerza
f) El valor de la libertad de la voluntad
g) El valor de la previsión
h) El valor de la actividad para un fin
Capítulo 37. Los valores de bienes
a) La posición de la tabla de los bienes en la tabla universal del valor de la ética
b) El valor básico universal del existir
c) El valor de la situación
d) El valor del poder
e) El valor de la felicidad
f) Clases más especiales de bienes
g) El límite del problema de la ética frente a la tabla de los bienes
Sección IV: Los valores morales básicos
Capítulo 38. De los valores morales en general
a) El estar referidos los valores morales a la libertad
b) Los valores morales básicos y los grupos subordinados
Capítulo 39. Lo bueno
a) Lo bueno como valor moral básico
b) Indefinibilidad e irracionalidad parcial de lo bueno
c) Las equivocidades de lo bueno
d) La distancia axiológica de lo bueno frente a los valores de acto condicionantes
e) La teleología de los disvalores y la idea de «Satanás»
f) Lo bueno como teleología de los valores
g) Intención del valor y valor de la intención en la teleología de los valores
h) El estar referido materialmente lo bueno a la jerarquía de los valores
i) Graduación del sentido para la altura de valor y el «orden del corazón»
j) El carácter universal en el deber ser de lo bueno
Capítulo 40. Lo noble
a) La relación de lo noble con lo bueno y de lo vulgar con lo malo
b) Relación de lo noble con el valor vital
c) La teleología de lo extraordinario
d) Selección del valor y selección de individuos (aristología)
e) Ascenso ético y la moral del grupo
f) Los rasgos morales distintivos del noble
g) Diferenciación y clasificación
Capítulo 41. La plenitud
a) Relación respecto a lo bueno y a lo noble. El pasar a segundo término la teleología
b) La síntesis del valor en el
ethos
de la plenitud
c) La amplitud anímica y su relación con lo malo
Capítulo 42. La pureza
a) Oposición a lo bueno y a la plenitud
b) Cristianismo y Antigüedad. La pureza como valor básico
c) La pureza como poder moral
d) Formas de aparición de la pureza
e) Posibilidad de pérdida e irrecuperabilidad
f) La dialéctica interna de pureza y plenitud
g) Pureza y libertad, fe y
ethos
Sección V: Valores morales especiales (primer grupo)
Capítulo 43. De las virtudes en general
Capítulo 44. Justicia
a) Derecho, igualdad y el ser justo de la persona
b) Hacer lo injusto y padecer lo injusto
c) La justicia como el más bajo y elemental valor de virtud
d) Legalidad y moralidad
e) Justicia y solidaridad
Capítulo 45. Sabiduría
a) Sentido ético de σοφία y
sapientia
b) El ideal de vida socrático
c) Optimismo ético e idoneidad para la felicidad
Capítulo 46. Valentía
a) Intervención de la persona y riesgo moral
b) Coraje moral y alegría por la responsabilidad
Capítulo 47. Contención
a) Σωφροσύνη y ἑγκράτεια
b) Obediencia, sujeción, formación del carácter
Capítulo 48. Las virtudes aristotélicas
a) La teoría de la μεσότης
b) La σωφροσύνη a la luz de la μεσότης
c) ’Ελευθεριότης, πραότης, μεγαλοπρέπεια
d) Φιλοτιμία y μεγαλοψυχία
e) Νέμεσις
f) Αἰδώς
Sección VI: Valores morales especiales (segundo grupo)
Capítulo 49. Amor al prójimo
a) Orientación hacia la persona ajena
b) Contenido positivo y espontaneidad creadora
c) Relación antinómica con la justicia
d) Resentimiento, amor inauténtico y compasión
e) Transcender emocional de la esfera del yo
f) Apriorismo y metafísica del amor al prójimo
g) Autonomía del valor moral en el amor al prójimo
Capítulo 50. Veracidad y sinceridad
a) Verdad y veracidad
b) Conflicto de valor de la veracidad y la llamada «mentira necesaria»
Capítulo 51. Fiabilidad y fidelidad
a) La capacidad para prometer
b) Identidad y carácter sustancial de la persona moral
c) El
ethos
de la fidelidad
Capítulo 52. Confianza y fe
a) Riesgo, coraje y fuerza anímica en la confianza
b) Fe ciega
c) Solidaridad y poder educativo de la fe
d) El momento de fe en la amistad
e) Optimismo vital y esperanza
Capítulo 53. Modestia, humildad, distancia
a) El
ethos
de la mirada de abajo a arriba
b) Humildad y orgullo
c) Salvaguardia de la distancia
Capítulo 54. Los valores del trato exterior
a) Carácter moral de los valores de las formas convencionales
b) Las «costumbres existentes»
c) Las virtudes aristotélicas del trato
Sección VII: Valores morales especiales (tercer grupo)
Capítulo 55. Amor al más lejano
a) Los valores límite de la contemplación del valor ético
b) El estar vinculado de modo natural el tender a lo que se halla más próximo
c) El ἔρως platónico
d) Mirada humana a lo lejano y solidaridad histórica
e) Amor al prójimo y amor al más lejano
f) Amor al más lejano y justicia
g) La formación del ideal ético
h) Del contenido de los ideales prospectivos
i) El carácter de valor moral del amor al más lejano
Capítulo 56. La virtud de obsequiar
a) Los bienes espirituales y el hábito de la persona conforme a la esencia de esos bienes
b) Obsequiar y recibir. La virtud sin sacrificio
c) «Una virtud inútil»
d) Donación del sentido de la vida y antropodicea
Capítulo 57. Personalidad
a) Relación con la individualidad
b) Ser real y
ethos
ideal de la personalidad (carácter inteligible)
c) Universalidad subjetiva e individualidad objetiva
d) Universalidad objetiva e individualidad en el valor de personalidad
e) La ley de la preferencia del valor del ethos individual y su relación con la jerarquía universal de los valores
f) Altura de valor etica de la personalidad
g) Doble variabilidad de la altura de valor
h) Relación antinómica con los valores universales y la inversión del imperativo categórico
i) Personalidad auténtica e inauténtica
j) Cognoscibilidad y aprioridad de los valores de personalidad
Capítulo 58. Amor personal
a) El cumplimiento del sentido del ser personal
b) Vida peculiar y valor de suyo del amor
c) El valor de fuerza y de firmeza en el amor
d) Más allá de la felicidad y la infelicidad
e) Hondura anímica y honda vinculación
f) El valor de conocimiento en el amor
Sección VIII: La legalidad de la tabla del valor
Capítulo 59. La deficiencia de la imagen sistemática
a) Los límites de la visión de conjunto
b) Resultados para la jerarquía de los valores
c) Los tipos de legalidad en la tabla del valor
Capítulo 60. Relación de estratificación y relación de fundamentación
a) La ley dialéctica de la συμπλοκή
b) Implicación de los disvalores e implicación de los valores
c) La relación de estratificación y las leyes de la estratificación
d) Los límites de la validez de las leyes de la estratificación en el reino del valor
e) Inclusión de la relación de fundamentación en la relación de estratificación
f) Relación de los valores éticos y de los estéticos
g) Consecuencias
Capítulo 61. Relación de oposición y síntesis del valor
a) Los cinco tipos de oposición axiológica
b) Reducción de la tabla de la oposición
c) Relación formal de los tipos de oposición axiológica y su referencia recíproca
d) La antitética de los disvalores y la teoría de la μεσότης
e) La μεσότης como síntesis del valor
f) La transferencia del principio de la síntesis a los más altos valores morales
g) La tiranía de los valores y sus límites en la síntesis del valor
h) «Unidad de la virtud» y mirada al sistema ideal de los valores
i) El retroceder la antitética desde los valores a los disvalores
j) La cuestión de la autenticidad de las antinomias del valor
Capítulo 62. La relación de complementariedad
a) Cumplimiento recíproco del sentido de los valores
b) Extensión de la relación a los valores más bajos
c) Independencia de la relación de estratificación y de la de fundamentación
d) La referencia a la relación de oposición
e) La síntesis interpersonal del valor
Capítulo 63. Relación de altura de valor y de fortaleza de valor
a) Relación de altura y relación de estratificación
b) Altura de valor y síntesis del valor
c) La ley categorial básica y sus corolarios
d) La ley de la fortaleza de valor
e) El sentido del ser más fuerte en la esfera de los valores de bienes
f) Fortaleza y altura en la esfera de los valores morales
g) El doble rostro de la moral
h) La antinomia en la esencia de lo bueno
i) La idea de la síntesis de las dos tendencias de preferencia
Capítulo 64. Valor e indiferencia al valor
a) Diversa altitud de las escalas del valor y unidad de la indiferencia al valor
b) Relatividad de las alturas de valor y de las profundidades de disvalor a la indiferencia al valor
c) Lo absolutamente indiferente al valor y lo absolutamente valioso
d) Comienzo y fin del reino del valor
TERCERA PARTEEl problema de la libertad de la voluntad (Metafísica de las costumbres)
Sección I: Cuestiones críticas previas
Capítulo 65. Enlace del problema
a) La instancia que toma posición en el hombre
b) El hombre como mediador entre el valor y la realidad
c) Independencia del estar referido por principio a la libertad respecto del decidir actual en el caso concreto
d) Los casos extremos como prueba mediante el ejemplo
e) La posición metodológica del problema de la libertad
Capítulo 66. Desarrollo histórico del problema de la libertad
a) Los antecedentes
b) Separación del problema ético de la libertad del problema religioso
c) La antinomia kantiana de la libertad
Capítulo 67. El error en la captación conceptual de la libertad
a) Las tres típicas fuentes de error en el tratamiento del problema
b) Libertad moral y jurídica. Ser capaz y estar permitido
c) Libertad de acción y libertad de la voluntad
d) La libertad «exterior» erróneamente entendida
e) La libertad «interior» (psicológica) erróneamente entendida
f) El error básico de la libertad negativa de elección
Sección II: La antinomia causal
Capítulo 68. El sentido de la solución kantiana
a) El surgimiento del mundo inteligible en el fenómeno
b) El nexo causal y el plus en determinación
c) Disociación del pensamiento kantiano del idealismo transcendental
d) La dualidad de estratos del mundo. Nexo causal y ley moral
Capítulo 69. Determinismo e indeterminismo
a) Supresión radical de los errores conceptuales
b) El error del naturalismo y del psicologismo éticos
c) El error del indeterminismo
d) La problemática reivindicación de una imagen teleológica del mundo en la cuestión de la libertad
e) El error del determinismo final
Capítulo 70. Determinismo causal y determinismo final
a) Paradojas metafísicas
b) Regreso a las leyes de la dependencia categorial
c) Dependencia ontológica del nexo final del nexo causal
d) Libertad categorial de la teleología sobre el nexo causal
e) Inversión de la ley categorial de la libertad en el monismo causal
f) Inversión de la ley categorial básica en el monismo final
g) Mecanicismo metafísico y panteísmo
Capítulo 71. Legalidad ontológica como base de la libertad
a) La apariencia de dualismo determinativo
b) Relación universal de estratificación ontológica de los tipos de determinación
c) La constante doble legalidad de la fortaleza y la libertad
d) Los niveles constantes de la libertad categorial y el caso especial de la libertad de la voluntad
Sección III: La antinomia del deber
Capítulo 72. Crítica de la doctrina kantiana de la libertad
a) Los límites del problema de la antinomia causal
b) El πρ῭ωτον ψεῢδος de la «libertad transcendental»
c) Deber y querer. La segunda antinomia de la libertad
d) El problema kantiano de la libertad y el escolástico-religioso
Capítulo 73. Vías erróneas de demostración de la libertad de la voluntad
a) Sobre las denominadas «demostraciones» de la liberad de la voluntad
b) La libertad de Fichte detrás de la consciencia
c) La «aniquilación de la libertad» en el Fichte maduro
d) Libertad fenoménica y libertad absoluta en Schelling
e) La teoría de Leibniz del autodesarrollo absoluto de la mónada
f) La doctrina de Schopenhauer del carácter inteligible
Capítulo 74. El nuevo estado del problema
a) Consecuencias concernientes a la esencia de la libertad
b) Aporías de la libertad moral
c) La tercera antinomia de la libertad detrás de la segunda
Sección IV: La fuerza demostrativa de los fenómenos éticos
Capítulo 75. De la «demostración» de los objetos metafísicos
a) Indemostrabilidad de la libertad de la voluntad
b) Fenómenos y objetos metafísicos
c) Los tipos de demostración posible
Capítulo 76. Juicio moral y consciencia de la autodeterminación
a) El argumento del juicio moral
b) La consciencia de la autodeterminación como universal fenómeno acompañante de la acción
c) La consciencia de la autodeterminación y la autodeterminación de la consciencia
d) El otro lado de la alternativa y la carga de la prueba del escepticismo
e) Importancia metafísica del fenómeno
Capítulo 77. Responsabilidad e imputación
a) La responsabilidad como hecho ético-real
b) La señal de la libertad personal al asumir la responsabilidad
c) Imputación, capacidad de imputación y reivindicación de imputación
d) La capacidad ética básica de la persona
e) Autoanulación categorial del escepticismo ético
f) Ser y apariencia de la libertad. Importancia metafísica del argumento
Capítulo 78. La consciencia de culpa
a) Sentimiento de culpa, conciencia, arrepentimiento y voluntad de culpa
b) La fuerza del argumento
c) Núcleo esencial ideal y real de la persona concreta
Capítulo 79. Grupos complementarios de hechos
Capítulo 80. Deber y querer
a) El hueco de la argumentación
b) El impacto de la no identidad entre deber y querer
c) El papel de las antinomias puras del valor y del conflicto empírico del valor
d) El papel de los valores de personalidad como base de la libertad
e) Autonomía real e ideal de la personalidad
f) Libertad bajo la ley y libertad sobre la ley
g) La antinomia de las autonomías
Sección V: Posibilidad ontológica de la libertad personal
Capítulo 81. Autonomía de la persona y determinación de los valores
a) La cuestión de la posibilidad de la libertad personal
b) La triple estratificación de los tipos de determinación
c) La aporía final de la libertad y su solución
Capítulo 82. Solución de la antinomia del deber
a) La contradicción interna en la voluntad libre en tanto que voluntad moral
b) Disolución de la contradicción. Descubrimiento de las equivocidades
c) La contradicción de los dos momentos en la esencia de la libertad moral
d) La relación de complementariedad tras la aparente contradicción
e) La reaparición de la libertad «negativa» en la antinomia del deber
f) El espacio de juego de la libertad «negativa» y su verdadera relación con la «positiva»
g) Recíproco estar condicionada la libertad positiva y la negativa en relación con los valores
h) Libertad bilateral en la autodeterminación de la persona
Capítulo 83. El resto problemático irresuelto
a) La aporía de la individualidad de la libertad moral
b) Relación positiva entre la autonomía universal e individual
c) La pregunta por la esencia del determinante individual
d) La teleología de la persona como modo de determinación de la libertad positiva
e) La aporía ontológica de la libertad personal
f) Estructura categorial de la compleja relación de condición
g) Libertad moral y categorial
h) El límite del problema
Sección VI: Apéndice a la doctrina de la libertad
Capítulo 84. Debilidades aparentes y reales de la teoría
Capítulo 85. Libertad ética y religiosa
En la corriente que traza la ética axiológica a lo largo del siglo XX, hay tres obras capitales: la Ética de Scheler, aparecida por vez primera en el 19131; la de Hartmann, que vio la luz en 19262 y la de Dietrich von Hildebrand, en 19533. De la primera y de la tercera, poseemos traducción al castellano; no así de la de Hartmann. Por tanto, el libro que ahora tiene en sus manos el lector viene a llenar un hueco llamativo en la literatura filosófica en lengua española.
La ética axiológica puede ser caracterizada como el esfuerzo por fundamentar los preceptos morales en el reino del valor. El reino del valor, concebido como un ámbito de la realidad transcendente al mundo que nos muestran nuestros sentidos, está constituido básicamente por las cualidades axiológicas que se nos ofrecen depositadas en los seres que forman parte del mundo sensible, así como por sus correspondientes esencias axiológicas y las conexiones aprióricas, universales y necesarias que se establecen entre ellas. Podemos verlo con un sencillo ejemplo. Abrimos una guía turística cualquiera de una ciudad castellana y leemos que el autor describe la torre de la catedral como «alta, enhiesta, berroqueña y elegante». De estos cuatro adjetivos, los tres primeros —alta, enhiesta, berroqueña— remiten a propiedades que forman parte efectiva de la constitución física de la torre: se refieren, por tanto, a propiedades naturales que la torre posee. Pero, ¿y el cuarto? ¿A qué alude el autor de la guía cuando, de la torre de la catedral, predica que es elegante?
Fracasan los intentos nominalistas de negar que los predicados de valor —como es el caso de elegante— sean términos que posean un referente objetivo y de reducirlos, en consecuencia, a esas exclamaciones e interjecciones que solemos emplear para exteriorizar las reacciones emocionales que suscitan en nosotros las percepciones de los objetos del mundo físico. Si nos atenemos a nuestra experiencia, hemos de reconocer que no es lo mismo exclamar cuando vemos la torre: «¡Ah!», que afirmar: «Esta torre es elegante». En el primer caso, estamos empleando el lenguaje en función expresiva; en el segundo, en función descriptiva. Y ocurre habitualmente que sólo tras contemplar la elegancia que muestra la torre experimentamos sentimientos tales que necesitamos de la interjección para darles rienda suelta.
Fracasan asimismo los intentos psicologistas de identificar el referente de los predicados de valor con el referente propio de los términos que nombran cualidades psíquicas. Si somos leales con nuestra experiencia, no podemos sostener que una proposición como «esta torre es elegante» se pueda equiparar con un enunciado como «la torre despierta en mí sentimientos de agrado». Con este último, estamos hablando de lo que ocurre en nuestra vida psíquica; con el primero, de lo que sucede fuera de nuestro psiquismo, en el mundo que nos rodea.
En definitiva, cuando el autor de la guía afirma de la torre de la catedral que es elegante se está refiriendo a un dato objetivo que aparece en el objeto mismo que mira; un dato objetivo que, sin embargo, es de índole distinta que la poseída por las cualidades naturales nombradas por los adjetivos alta, enhiesta y berroqueña. La torre, en efecto, es elegante, pero no lo es de la misma manera en que también es alta, enhiesta y berroqueña. Por eso podemos asegurar que la elegancia de la torre, siendo una propiedad suya, no es una propiedad de tipo natural. Hemos de denominarla de otro modo: propiedad axiológica. Así, pues, en la torre catedralicia que nos ofrecen nuestros sentidos encontramos, junto a las propiedades naturales, propiedades axiológicas.
Y del mismo modo que, apoyándonos en la percepción de las cualidades naturales, podemos acceder, por medio del proceso de reducción fenomenológica e intuición eidética, a la captación de sus correspondientes esencias (de la visión del rojo, a la rojez), así también, partiendo del descubrimiento de las cualidades axiológicas, podemos llegar a la intuición de las respectivas esencias axiológicas (desde la contemplación de la elegancia que en concreto posee esa torre a la esencia del valor «elegancia»). Y una vez en contacto con las esencias axiológicas, estaremos en condiciones de tomar nota de sus conexiones y de las conexiones que haya entre ellas y las esencias teoréticas. Así, por ejemplo, tras intuir la esencia de la elegancia y de la justicia, podremos afirmar con evidencia, de manera universal y necesaria, que es preferible ser justo que ser elegante. Del estudio de este tipo de relaciones esenciales, se ocupará una disciplina especial: la axiología, en la que podremos distinguir una parte formal y otra material. La axiología formal estudiará esas verdades esenciales que se cumplen en todo valor por el mero hecho de ser un valor. Así será una ley axiológico-formal la que dice que todo valor posee un rango. La axiología material, a su vez, pondrá de manifiesto esas otras verdades esenciales que se cumplen en un valor por ser precisamente ese valor y pertenecer a esa especie y a ese género de valores. Así será una ley axiológico-material la que afirma que todos los valores morales presuponen la libertad de sus depositarios.
Y será precisamente este entramado de conexiones axiológicas formales y materiales conocidas de manera apriórica el que nos permitirá establecer las leyes morales, que, como tales, gozarán de estricta necesidad y absoluta universalidad, encontrando de este modo la ética su fundamentación en la axiología. Ésta fue al menos la tarea iniciada por Scheler en las primeras décadas del siglo pasado si dejamos a un lado los precedentes que cabe encontrar en la obra de Husserl4 e, incluso, en la de Brentano5. Secheler descubrió el reino del valor e inició su exploración. Poco después Nicolai Hartmann y Dietrich von Hildebrand la continuaron, rectificando, cuando les pareció preciso, algunos de los caminos trazados en ese nuevo continente por su descubridor. Así Hartmann, por ejemplo, nos ofrecerá una concepción del conocimiento axiológico y de la naturaleza de las propiedades de valor distinta de la que cabe encontrar en Scheler —o al menos en la imagen que habitualmente tenemos de su pensamiento. Hartmann —como Scheler— considerará que el conocimiento axiológico es obra de determinados actos de nuestra vida emocional, aunque —frente a Scheler— subrayará el carácter enteramente apriórico del conocimiento del valor. A su juicio, no es de la experiencia sentimental de los bienes de donde extraemos el conocimiento de sus cualidades de valor y finalmente el de la esencia de estas últimas, sino, a la inversa, es preciso tener un previo acceso emocional a las esencias axiológicas —obtenido entonces al margen de los métodos fenomenológicos— para poder llegar a experimentar las cualidades axiológicas de los bienes, cualidades a las que, por otra parte, concibe como objetivas, pero también —a diferencia de Scheler— como no-independientes del acto de valorar del sujeto.
Nicolai Hartmann nació en 1882 en la ciudad báltica de Riga y, hasta su muerte, acontecida en 1950, pasó sus días entregado por entero al estudio y a la reflexión filosófica, pese a que le tocó vivir en el periodo más trágico de la historia de Alemania. En 1905 se trasladó a Margurgo para completar sus estudios de filosofía, que había iniciado en San Petersburgo. Como es sabido, la Universidad de esa ciudad alemana estaba dominada en esos momentos por el neokantismo y la figura intelectual de Hermann Cohen. Precisamente allí coincidió con nuestro José Ortega y Gasset, que también ampliaba sus estudios filosóficos en esa Universidad. Muchos años después, al escribir su célebre Prólogo para Alemanes, Ortega rememoraría aquellas tardes de Marburgo que ambos compartieron y esa buhardilla en la que Hartmann tocaba el violonchelo mientras hacían un alto en el estudio de la obra de Kant6.
Como Ortega, Hartmann se alejaría pronto de las corrientes neokantianas, alejamiento al que no debió de ser ajeno la lectura de las Investigaciones Lógicas de Husserl. Pero aunque Hartmann aceptó la existencia del ser ideal —al que acabaría concibiendo como la base estructural del ser real y del que gozaban, a su juicio, las verdades matemáticas y las lógicas así como las esencias y los valores—, no llegó nunca a formar parte del movimiento fenomenológico. Hartmann consideraba que el método fenomenológico recluía permanentemente al filósofo en el claustro de los fenómenos y le impedía acceder al ser en sí de lo real, salvo identificando ilegítimamente al fenómeno con el ser7. Y es que Hartmann, en su obra más célebre —los cinco volúmenes de su Ontología, publicados sucesivamente entre los años 1934 y 1950— defenderá un realismo filosóficamente fundado en el análisis del proceso de conocimiento y de los actos transcendentes emocionales
En efecto, Hartmann sostiene que el fenómeno del conocimiento —si queremos diferenciarlo de lo que sería un mero representar o un simple fantasear— sólo puede explicarse manteniendo que se trata de un acto que rebasa nuestra consciencia, sale de ella y se une con lo que existe en sí, independientemente de la consciencia, sea esto una cosa material o algo psíquico o espiritual. El conocimiento, a su juicio, ha de describirse como una relación que se establece entre un ente que es en sí lo que es y un sujeto cognoscente en el que dicho ente se obyecta, esto es, se convierte en objeto de conocimiento; de manera que el ente no agota su ser en ser objeto de conocimiento sino que posee un ser supra-objetivo, indiferente a su obyección en el sujeto. De no ser así —considera Hartmann— no se entendería que pudiera haber progreso en el proceso de conocimiento, pues el progreso en el conocimiento sólo es consecuencia —en su opinión— de la obyección en el sujeto de aspectos de lo existente que todavía no han sido obyectados o lo han sido insuficientemente. Y cabe pensar —añade Hartmann— no ya en un ente que no haya sido obyectado en el sujeto hasta ahora (un ente, por tanto, transobjetivo), sino en uno que sea inobyectable, que no pueda de ningún modo volverse objeto de conocimiento, esto es, que sea irracional. Ahora bien —puntualiza—, un ente así no será irracional en sí mismo; no podrá serlo, pues —afirma Hartmann— es de la esencia de todo ente poder llegar a ser objeto conocido. Pero un ente así será irracional «para nosotros», dada nuestra organización y conformación gnoseológicas8.
A juicio de Hartmann, la transcendencia del conocimiento queda reforzada cuando no lo consideramos un acto aislado (tal y como afirma que hace la tradicional teoría del conocimiento, tan vulnerable por eso, a su parecer, al escepticismo), sino que lo insertamos en su medio natural: todo ese abigarrado entramado vital constituido por todos esos numerosísimos actos que denomina «actos emocionalmente transcendentes»; actos como la consciencia de resistencia, el padecer, el ser afectados, el sucumbir y muchos otros más que, pese a su carácter emocional, configuran, según su modo de ver, un testimonio a favor del ser en sí de lo real aún más fuerte que el proporcionado por el propio acto de conocer. La alteración que se produce en el sujeto cuando los vive —nos dice— solo puede explicarse por la acción en él del ser en sí de la realidad9.
Así, pues, para Hartmann no puede negarse el ser en sí de lo real y la transcedencia del conocimiento. Es un hecho. Y lo que debe hacerse es explicar el hecho: cómo es posible que un sujeto aprehenda un ente que le es transcendente. He aquí un enigmático problema: un problema metafísico, el problema de la metafísica del conocimiento, como reza el título una de sus más conocidas obras10.
Entre la aparición de sus Rasgos Fundamentales de la Metafísica del Conocimiento en 1921 y el primer volumen de su Ontología, Fundamentos, en 1934, Hartmann publica en 1926 —como ya se ha dicho— su Ética. Por eso cabe encontrar en esta obra de manera sintética muchas de las ideas que desarrolla en esos otros dos libros. Pero la Ética está dedicada básicamente a defender la existencia de una singular parcela del ser —el ser en sí ideal— en la que se hallan los valores entendidos como esencias axiológicas, a estudiar la posición que en esa parcela del ser ocupan concretamente los valores morales, a clasificarlos y a analizarlos, así como a exponer las condiciones que requiere su realización en el mundo.
Ya en el Prólogo de la obra el propio Hartmann sitúa su Ética en el marco histórico de la filosofía moral. Frente a la ética filosófica del siglo XIX, interesada, a su juicio, fundamentalmente por el lado subjetivo de nuestra vida moral, su obra —asegura— presta atención al lado objetivo. En efecto, sin despreciar los problemas que suscitan los actos de la consciencia en los que se desarrolla nuestra experiencia moral, su investigación se centra en el estudio del contenido objetivo de esos actos, haciendo, por tanto, de la noción de valor el concepto ético básico. En este sentido, su ética es sencillamente ética material del valor o ética axiológica y sigue el camino emprendido por Scheler con la publicación de El Formalismo en la Ética y la Ética Material del Valor. Para Hartmann, Scheler es el pionero, la figura que nos indica el camino que debemos seguir en un nuevo continente, pero considera que sólo nos lo indica y no llega a recorrerlo plenamente, al menos no en lo que respecta a la exploración de los valores morales.
La ética material del valor, según Hartmann, consigue unificar dos líneas de pensamiento que parecían incompatibles entre sí: el apriorismo kantiano y las visiones nietzscheanas del universo del valor. A su juicio, Kant había visto perfectamente que el carácter absoluto que corresponde a las leyes morales exigía que su conocimiento fuera apriórico, pero, carente —afirma— de la «anchura de corazón» necesaria para contemplar toda la riqueza del reino del valor, había caído en el vacío formalismo con el fin de salvar dicho carácter absoluto. Nietzsche, por su parte —sostiene Hartmann—, tenía la mirada abierta para contemplar el mundo del valor en todo su esplendor, pero no pudo dejar de disolverlo en puro relativismo historicista. De manera que la ética del valor, evitando caer en el frío formalismo del primero y el marcado relativismo del segundo —nos dice Hartmann—, es capaz de dotar al carácter absoluto de la ley moral reconocido por Kant de una sólida base material encontrada en la contemplación del valor anticipada por Nietzsche. Y —en su opinión— aún consigue una unificación de mayor alcance: consigue fundir en una sola la ética antigua con la moderna, en la medida en que Hartmann cree haber puesto de manifiesto en su obra que la ética del mundo antiguo —particularmente la de Aristóteles— no era más que ética material del valor no consciente de serlo11. No se puede encarecer más, por tanto, la importancia histórica de la ética axiológica.
Hartmann divide su Ética en tres grandes partes. En la primera, comienza caracterizando la ética como una disciplina normativa, apríorica y fundada en la intuición del valor; esto es, como una disciplina con capacidad para influir en la vida del hombre al saca a la luz de la consciencia esos principios morales absolutos de los que tenemos noticia previa, aunque no plenamente consciente, gracias a que poseemos un contacto sentimental primario con el reino del valor. Tras examinar las diferentes doctrinas de la ética antigua, poniendo de manifiesto que el hedonismo y el eudemonismo que dominan en las más de ellas sólo son un ropaje que recubre —incluso a los ojos de los propios autores— profundas intuiciones axiológicas, Hartmann, siguiendo a Scheler, critica la concepción kantiana de la ley moral, que, como en su universalidad y necesidad denuncia que no puede haber sido abstraída de la naturaleza, concluye que ha de estar forjada por el sujeto transcendental, poseer un carácter meramente formal y sólo ha de poder ser descubierta por nuestra razón. Para Hartmann, los prejuicios propios de la tradición filosófica en la que se formó, impidieron que Kant pudiera concebir la existencia de principios morales objetivos, materiales y fundados en la intuición emocional del valor. De ahí que dedique la sección central de esta parte —la sección V— a defender el ser en sí ideal y absoluto del valor, y a mostrar su aprioridad tanto en el orden del ser como del conocer. Porque Hartmann sostendrá que, para que haya bienes en el mundo real, ha de haber previamente valores en el mundo del ser en sí ideal; y que tenemos que conocer primero esos valores para poder después tener experiencia de los bienes y desarrollar el resto de nuestra vida moral. Finalmente destacará el singular papel que le corresponderá jugar al hombre en tanto que sujeto personal como medio gracias al cual los valores han de realizarse en el mundo que nos rodea, esbozando así una antropología y una metafísica de la persona en clara oposición a las schelerianas.
La segunda parte está dedicada al estudio del reino del valor ético. Según Hartmann, este reino se compone de dos grandes grupos de valores: los propiamente morales y esos otros que, sin serlo, poseen algún tipo de relevancia moral. Los propiamente morales serán esos valores que sólo pueden ser realizados por un sujeto personal con ocasión de la persecución de valores por regla general de otro tipo: valores de bienes. Estos últimos formarán parte, a su vez, del grupo de los moralmente relevantes, integrado además, según Hartmann, por el conjunto de valores que inhieren en las cualidades constitutivas del sujeto personal como tal y, en un estrato más bajo, por el que denomina «grupo de las oposiciones del valor», que reúne valores elementalísimos y sin apenas contenido material, que, sin embargo, configuran, en la concepción de Hartmann, el entramado formal básico del reino del valor. Dentro de los valores propiamente morales, distinguirá cuatro valores basicos: lo moralmente bueno, lo noble, la plenitud y la pureza. Y además considerará que cabe establecer otros tres grandes grupos: los descubiertos por el pensamiento griego, los puestos de manifiestos por la sensibilidad cristiana y finalmente los que detectó la mirada de Nietzsche. Hartmann repasará uno tras otro todos los valores que cabe encontrar dentro de estos grupos, haciendo una glosa de cada uno de ellos en una prosa en la que a la profundidad filosófica se une en muchas ocasiones —como es el caso del análisis que dedica a la pureza— la calidad literaria, cosa llamativa en un pensador que siempre escribe de manera sobria y técnica.
Como los valores morales solo pueden realizarse en un sujeto personal y, por tanto, libre, la tercera parte de su obra está dedicada en exclusiva al estudio del problema de la libertad humana, planteado como la investigación de la posibilidad ontológica de la existencia en nosotros de una singular instancia que —requerida como condición por los más hondos fenómenos de nuestra vida moral— nos permita pronunciarnos a favor o en contra de un valor, introduciendo, de este modo, en el entramado causal que domina el mundo natural, determinantes de tipo axiológico, ajenos a dicho entramado. Y su planteamieto constituye un magnífico ejemplo del único modo admisible, a su juicio, de tratar una cuestión metafísica: a título de hipótesis asentada en los hechos y propuesta tras una discusión aporética del estado en el que se encuentra el debate filosófico del problema.
De las numerosas dificultades que ofrece la traducción de un texto tan extenso como éste, permítasenos explicar solamente dos de ellas.
Hartmann utiliza la palabra alemana Wirklichkeit en dos sentidos diferentes. Las más de las veces, para referirse con ella a la manera de ser de todo aquello que tiene en el tiempo su duración, su nacer y su perecer, sea una cosa material, una persona o el mundo en su conjunto. En este amplio sentido la traducimos como realidad. El ser real en este sentido es una manera de ser que se contrapone a la manera de ser del ser ideal. Pero hay parágrafos en los que se refiere con ella a sólo uno de los tres modos de ser que distingue dentro de la manera de ser de lo real. Los otros dos son la posibilidad y la necesidad. Sólo cuando indudablemente es empleada en este sentido estríctamente técnico, la traducimos —tal y como hizo José Gaos— como efectividad.
En nuestra traducción usamos dos grafías diferentes para un mismo vocablo: consciencia (con ese) y conciencia (sin ese). La primera traduce la palabra alemana Bewussheit, que alude a nuestra capacidad de tener fenómenos psíquicos y darnos cuenta de que los tenemos; la segunda, el término Gewissen, que se refiere a esa capacidad especial que tenemos los seres humanos —manifestada muchas vez en forma de voz interior— para saber qué debemos hacer. Es necesario hacerlo así, porque de emplear únicamente la grafía conciencia —la que habitualmente se usa en castellano— o de haber vertido el segundo término alemán como conciencia moral, habría parágrafos en este libro cuya inteligencia quedaría muy oscurecida.
No quisiera acabar esta presentación sin mencionar con gratitud al profesor Javier Olmo —que inicio esta traducción para dejarla después enteramente en mis manos— y a todos los demás compañeros del grupo Axía —organizado por los profesores Juan Miguel Palacios y Leonardo Rodríguez Duplá— , que han apoyado siempre este proyecto.
Javier Palacios
NOTAS
1 Max Scheler, Der Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik. Neuer Versuch der Grundlegung eines ethischen Personalismus en «Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung», tomos I y II, Halle, Max Niemeyer, 1913 y 1916. Actualmente en Max Scheler, Gesammelte Werke, Bern und München/Francke Verlag- Bonn/Bouvier Verlag, 1954-1997, 15 vols, vol. 2. Traducción al castellano de Hilario Rodríguez Sanz, Ética. Nuevo ensayo de fundamentación de un personalismo ético, Madrid, Revista de Occidente, 1941 y 1942, 2 vols., edición y traducción revisada por Juan Miguel Palacios, Madrid, Caparrós, 2001.
2 Nicolai Hartmann, Ethik, Berlín, Walter De Gruyter, 1926.
3 Dietrich von Hildebrand, Christian Ethics, David Mckay, New York, 1953. Versión definitiva en Dietrich von Hildebrand, Gesammelte Werke, herausgegeben von der Dietrich von Hildebrand Gesellschaft, Verlag Josef Habbel/Regensburg-Verlag W. Kohlhammer/Stuttgart, 1971-1974, 10 vols, vol 2. Traducción al castellano de Juan José García Norro, Ética, ed. Encuentro, Madrid, 1983.
4 Véase Edmund Husserl, Vorlesungen über Ethik und Wertlehre 1908-1914 (Husserliana XXVIII), Kluwer Academic Publishers, Dordrecht/Boston/London, 1988.
5 A este respecto, véase Juan Miguel Palacios, «Brentano en las inmediaciones del valor» en Bondad Moral e Inteligencia Ética, ed. Encuentro, Madrid, 2008.
6 Ortega y Gasset, Prólogo para Alemanes, parg. 1 en José Ortega y Gasset, Obras Completas, Revista de Occidente, Madrid, 1946-1983, 12 vols, vol. VIII.
7 Para conocer las objeciones que Hartmann hace a la fenomenología, véase Nicolai Hartmann, Zur Grudlegung der Ontologie, Walter de Gruyter, Berlín, 1934, cap. 9 a, 10 c, 17 f, 36 e, 39 d, 42 c y 46 a, así como el parg. 11 de la Introducción. De esta obra, hay traducción española de José Gaos, Ontología I. Fundamentos, F.C.E., México, 1954.
8 Para el estudio del análisis que Hartmann realiza del acto de conocer, véase Zur Grundlegung der Ontologie, tercera parte, sección I.
9 Para el estudio de los actos emocionalmente transcendentes, véase Zur Grundlegung der Ontologie, tercera parte, sección II.
10 Nicolai Hartmann, Grundzüge einer Metaphysik der Erkenntnis, Walter de Gruyter, Berlín, 1921. Trad. española de J. Rovira Armengol Rasgos Fundamentales de una Metafísica del Conocimiento, Losada, Buenos Aires, 1957.
11 En el Prólogo a la segunda edición de Der Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik, Scheler, en respuesta a Hartmann, rechazará esta interpretación de la ética antigua. Para él ni Aristóteles ni ningún otro pensador de la Antigüedad llegó a poseer —ni siquiera inadvertidamente— la noción de valor.
La ética filosófica del siglo XIX —fiel a las tradiciones del interés moderno por todo lo subjetivo— se agota en el análisis de la consciencia moral y de sus actos. Preocuparse por el contenido objetivo de exigencias, mandatos y valores morales, le quedaba lejos. Solitario, ahí está Nietzsche —un amonestador— con su inaudita afirmación de que nosotros no sabemos aún qué es el bien y el mal. Apenas oída, incomprendida tanto por los adeptos precipitados como por los críticos prematuros, se pierde la más seria llamada a una nueva contemplación del valor. Hasta que se nos ha formado el órgano para oírla desde la lejanía que se ha convertido ya en histórica, han pasado décadas. Y despacio, luchando contra duras resistencias, se abre paso en nuestros días la consciencia de un nuevo estado del problema de la ética en el que por fin se trata otra vez del contenido, de lo sustancial del ser y no ser ético.
En las investigaciones siguientes, situando en el centro un análisis en contenido de los valores, he comenzado a hacer frente a la tradición que ha discurrido de modo fijo desde hace mucho tiempo por un callejón sin salida y a tener en cuenta la nueva situación creada. Lo hice creyendo que desde aquí se ofrecerá la posibilidad en lo venidero de encauzar de nuevo también los problemas del acto. Pues ciertamente estos problemas no han de descuidarse, pero —tal cual es ahora el estado del problema— sí dejarlos a un lado para recobrar entonces lo por otro lado descuidado y más urgente por el momento.
Así al menos entiendo yo el estado del problema. Y no soy el único. Habérnoslo hecho palpable es el mérito de Max Scheler. La idea de la «ética material del valor» está muy lejos de agotarse con la crítica del «formalismo» kantiano. Propiamente es el cumplimiento de ese apriorismo ético que ya constituía en Kant la esencia de la cosa misma. En su fuerza para fundir orgánicamente lo aparentemente heterogéneo y antagónico, se reconocen evidencias pioneras. La ética material del valor, en la medida en que ha abierto las puertas del reino del valor, ha llevado a cabo de hecho la síntesis de dos clases de ideas básicas crecidas históricamente sobre suelos muy diferentes y formuladas en mutua oposición: la aprioridad kantiana de la ley moral y la diversidad del valor, contemplada por Nietzsche sólo desde lejos. Pues Nietzsche vio otra vez como el primero la rica abundancia del cosmos ético, pero se le derritió en el relativismo historicista; Kant, en cambio, tenía en la aprioridad de la ley moral el saber bien ponderado y depurado del carácter absoluto de las auténticas normas éticas; sólo le faltó la contemplación en contenido y la anchura de corazón que le hubieran dado entonces a este saber su pleno valor. La ética material del valor es la reunificación histórica de lo que se corresponde desde el comienzo según la cosa misma. En efecto, es, ante todo, el redescubrimiento de la correspondencia misma. Devuelve al apriorismo ético su rico contenido originario y auténtico; y a la consciencia del valor, la certeza del contenido invariable en medio de la relatividad de la valoración humana.
De este modo queda indicado el camino. Pero una cosa es indicarlo y otra seguirlo. Ni Scheler ni ningún otro lo ha seguido, al menos no en la propia ética —no de modo enteramente casual. Precisamente en este punto se pone de manifiesto que somos todavía muy novatos en el terreno del reino del valor; incluso que, con la nueva evidencia, que en principio nos llega como solución definitiva, estamos una vez más, en verdad, en el comienzo de un trabajo cuya magnitud aún medimos difícilmente.
