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¿Cambió nuestra vida el internet? ¿Nos cambió a nosotros? ¿Emparejó el terreno en cuanto a la desigualdad social, o surgieron nuevos privilegios? ¿Fortaleció, enriqueció o cuestionó nuestro sentido de comunidad? ¿Creó nuevas formas de identidad? ¿Nos permite ser mejores? El internet hoy está -o es- incorporado, personificado y cotidiano, y en su horizonte promete: computadoras portátiles de vestir; internet móvil a más gente y en más actividades; internet de las cosas expandido, incorporado y capaz de decidir sobre objetos y tareas; big data aplicados a la vida cotidiana y, en fin: reducir la frontera entre lo digital y lo cotidiano. Ante un desarrollo vertiginoso e impredecible del internet, cabe preguntarse cuál es el futuro de la etnografía, un método que busca llegar al corazón del significado para entender -en conjunto y a profundidad- cómo la gente da sentido a su vida. Este libro de Cristine Hine, socióloga de la ciencia y la tecnología, aporta -con vastas descripciones nuevos métodos etnográficos para abordar la sociedad contemporánea, en condiciones de creciente saturación de la vida cotidiana por múltiples formas de comunicación mediante computadoras. A través de estudios de caso, ilustra adaptaciones creativas en el método etnográfico, acordes a los acomodos sociales contemporáneos que surgen en y en torno del internet.
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Seitenzahl: 488
Veröffentlichungsjahr: 2023
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ETNOGRAFÍA para el INTERNET: INCORPORADO, PERSONIFICADO y COTIDIANO
CHRISTINE hINE
Traducción
RICARDO RUBIO

Universidad Veracruzana
Martín Gerardo Aguilar Sánchez
rector
Juan Ortiz Escamilla
secretario académico
Lizbeth Margarita Viveros Cancino
secretaria de administración y finanzas
Jaqueline del Carmen Jongitud Zamora
secretaria de desarrollo institucional
Agustín del Moral Tejeda
director editorial
Título original: Ethnography for the Internet: Embedded, Embodied and Everyday
© Todos los derechos reservados
Traducción autorizada de la edición en inglés publicada por Routledge, sello de Taylor & Francis Group
Primera edición, 14 de noviembre de 2023
D. R. © Universidad Veracruzana
Dirección Editorial
Nogueira núm. 7, Centro, cp 91000
Xalapa, Veracruz, México
Tels. 228 818 59 80; 818 13 88
https: /www.uv.mx/editorial
ISBN electrónico: 978-607-8923-68-7
Maquetación y collagedigital de forros: Enriqueta del Rosario López Andrade
Cuidado de la edición: Ignacio Aguilar Marcué
Producción de ePub: Aída Pozos Villanueva
Las ideas que se presentan en este libro tomaron forma en el transcurso de muchos años, y es por ende imposible consignar a toda la gente que contribuyó, a lo largo de este tiempo, con comentarios e ideas útiles sobre las diversas maneras de estudiar el internet. Por tanto, me disculpo por no poder, de forma individual, agradecer a tanta gente. Estoy consciente de la enorme deuda que tengo, tanto con los numerosos colegas de círculos académicos con quienes interactué y comenté estas ideas a lo largo de los años, como con los muchos participantes en los sitios de campo que describo en los capítulos iv, v y vi; muchos de ellos me brindaron, generosamente, sus opiniones y estuvieron dispuestos a otorgar su valioso tiempo y esfuerzo con el fin de ayudarme a entender lo que, desde su punto de vista, sucedía. Estoy particularmente consciente de una deuda con Nicola Green, por una introducción a Freecycle y por tantas conversaciones ilustrativas al respecto durante ese tiempo; con Vince Smith por compartir su visión de las posibilidades y peligros de la cibertaxonomía, y con Thordis Sveinsdottir por las fascinantes ideas de lo que puede ser sumergirse en el campo de trabajo en internet. El campo de trabajo que se describe en el capítulo v se financió con la beca Economic and Social Research Council rooo271262-A.
Aunque no puedo enlistar aquí todas las conferencias y talleres de trabajo académicos que influyeron en mi forma de pensar sobre la etnografía para internet, me gustaría mencionar tres actos que en particular tengo presentes. Nanna Schneidermann y Elizabet Williams Orberg, con Steffen Dalsgaard, organizaron un taller de trabajo en Facebook: Fieldowork at Aarhus University; escuchar las experiencias de los participantes en esa reunión me brindó una gran cantidad de ideas. Janet Vartesi reunió a una estupenda variedad de expertos en el acto Ethnographer in the Network at Princeton University; ahí, de nuevo, la interacción con los participantes fue enormemente estimulante. Por último, la serie de talleres sobre Digital Methods as Mainstream Methodology (http://digitalmethodsnmi.com/), financiada como Network for Methodological Innovation por el esrc National Centre for Research Methods, y organizada por Steve Roberts, Yvette Morey, Helene Snee y Hayley Watson, brindó una serie de ocasiones verdaderamente útiles para reunirse con expertos en el ramo, y saber sobre algunos ejemplos fascinantes de investigación digital.
Como siempre, estoy en deuda de gratitud con mi familia: con Simon por su paciencia y apoyo para otro “condenado” libro, y con Esther e Isaac por aceptar mis aburridos fines de semana y permitirme acaparar la computadora cuando en realidad debería usarse para ver videos de pandas que se caen de los árboles o para jugar Club Penguin.
Desde un punto de vista, el de los libros de texto, hacer etnografía es establecer buenas relaciones, seleccionar informantes, transcribir textos, tomar genealogías, ubicar campos, mantener un diario, y así sucesivamente. Pero no son estas cosas, técnicas y procedimientos recibidos lo que definen esta empresa. Lo que la define es la clase de esfuerzo intelectual que es: una elaborada aventura, para tomar prestada una noción de Gilbert Ryle, en una “descripción abundante”.
Geertz, 1973: 6
Hacer etnografía es como tratar de leer (en el sentido de “construir una lectura de”) un manuscrito foráneo, borroso, lleno de puntos suspensivos, incoherencias, correcciones sospechosas y comentarios tendenciosos, pero escrito no en gráficas convencionalizadas de sonido, sino en ejemplos pasajeros de conducta moldeada.
Geertz, 1973: 10
Este libro es una exploración de algunos pasos para adaptar el ya complejo y difícil proceso de efectuar etnografía en busca de “descripciones abundantes” que se ajusten a las condiciones de la sociedad contemporánea, en particular a las condiciones creadas por la creciente saturación de la vida cotidiana con variadas formas de comunicación mediada por computadoras. La etnografía se precia de ser un método para llegar al corazón del significado y permitir entender, en conjunto y a profundidad, cómo la gente da sentido a su vida. Así, este libro promete ciertamente abrir un camino hacia la comprensión de algunos temas recurrentes y relevantes. ¿Nos cambió la vida el internet? ¿Nos cambió a nosotros en lo fundamental? ¿Emparejó el terreno de juego en cuanto a la desigualdad social, o surgieron nuevas formas de privilegios? ¿Nos adaptamos más, o menos, a las normas sociales en la era del internet? ¿El internet fortaleció, enriqueció o cuestionó nuestro sentido de comunidad? ¿Engendró el internet nuevas formas de identidad o nos permitió ser mejores? El interés etnográfico en la comprensión holística parece adecuado para responder estas preguntas y contribuir a evitar una frívola simplificación. También es muy adecuado para darnos una postura crítica respecto de suposiciones demasiado generalizadas sobre el impacto de las nuevas tecnologías. Adoptar una postura multifacética, como hacen los etnógrafos, y centrarnos en cómo se vive la vida, cómo se adoptan y se adaptan a la vida las tecnologías, así como de qué manera están conformadas las estructuras sociales, parece una forma prometedora de captar lo distintivo de nuestra forma de vida contemporánea, y lo que es perdurable de los desafíos que enfrentamos y nuestros medios para afrontarlos.
Sin embargo, lo que a primera vista parece obvio –que los etnógrafos proporcionen explicaciones útiles de los modos de vida que surgen en torno a comunicaciones mediadas por computadora– se complica cuando comenzamos a reflexionar sobre a qué lugar enviar a nuestros etnógrafos y qué es lo que harán cuando lleguen allí. La sensación de que quizá las cosas hayan cambiado motiva el interés etnográfico, pero, al mismo tiempo, genera desafíos para la formulación de proyectos etnográficos que de verdad cumplan la promesa en cuanto a la profundidad de comprensión que la etnografía puede brindar. La proposición fundamental de este libro es que para vencer estas dificultades y cumplir esa promesa es necesario realizar algunas adaptaciones creativas en el método etnográfico. Tales adaptaciones pueden alejarnos de una forma convencional de etnografía, pero, aunque cambiemos nuestras estrategias, aún será posible, en el proceso, conservar un compromiso con algunos principios fundamentales de la etnografía, como modo distintivo de producción de conocimiento. En el resto de este libro delinearé por qué se requieren estas estrategias, mostraré dónde son novedosas y cómo se relacionan con los principios metodológicos fundamentales, e ilustraré, con estudios de caso, cómo estas estrategias adaptables nos ayudan a aclarar los acomodos sociales contemporáneos que surgen en y en torno del internet.
En el resto de esta Introducción se presenta la estructura de esta obra y se describe el internet contemporáneo, que proporciona el estímulo y el desafío para hallar nuevas formas de ser etnográfico. Este internet es muy distinto, de muchas formas, al internet sobre el que escribí en Virtual Ethnography en 2000 (Hine, 2000), sin embargo, es también reconociblemente el mismo. Por tanto, a lo largo de estas páginas iré destacando algunos puntos clave donde el enfoque aquí elaborado tiene que ver con el texto anterior, y también donde se desvía de él, en tanto que fue un texto escrito para una era previa de internet.
Debo decir, desde el principio, que rechazaría cualquier noción de que la comunicación mediada es de alguna manera inadecuada o insuficiente como medio para efectuar un estudio etnográfico. La etnografía, sin duda, se fundó en su origen a partir de la premisa de que es importante ir a donde está la gente y dedicarle tiempo, interactuar con ella y vivir entre ella, y generar un entendimiento de primera mano sobre su forma de vida. La comprensión etnográfica se desarrolló en proximidad, en cercanía, y los primeros etnógrafos evitaron la noción de que se podía depender únicamente de testimonios de oídas y relatos secundarios. Este compromiso fundamental con la participación y la construcción de conocimiento de primera mano, puede hacer ver un tanto problemático el prospecto de efectuar un estudio etnográfico con comunicaciones mediadas. De hecho, depender solo de un medio cuando los participantes tienen muchas maneras de comunicarse y representarse entre sí, puede ser problemático y poner en riesgo ese entendimiento holístico y exhaustivo que los etnógrafos pretenden lograr. Pero esto no significa, en sí mismo, que los etnógrafos no deban tomar parte en comunicaciones mediadas, cuando eso es lo que hace la gente a la que estudian. Cuando las comunicaciones mediadas son una parte significativa de lo que hace la gente, creo que debe ser obvio que el etnógrafo necesite tomar parte en esas comunicaciones mediadas, junto con cualesquiera interacciones personales que pudiesen ocurrir, así como tomar nota de cualesquiera otras formas de documentar y de registrar que realicen los participantes. En los siguientes capítulos exploraré las diversas clases de contribución que la participación de un etnógrafo en comunicaciones mediadas puede hacer para desarrollar entendimiento, y cómo se reconcilian, o mantienen en tensión productiva, las diversas formas de entendimiento que se obtienen de diferentes medios.
Así, es importante que los etnógrafos tomen parte en las distintas formas de comunicación e interacción que emplean aquellos a quienes estudian, y que no descarten ninguna de estas formas de comunicación como algo menos informativo o no etnográfico. Sin embargo, aceptar este punto causa algunos problemas para un proyecto etnográfico, porque desafía la capacidad del etnógrafo de comprender situaciones como un conjunto unificado. Las comunicaciones mediadas son problemáticas para los etnógrafos porque, a menudo, parecen dejarnos incapaces de entender una situación como una entidad singular, con todas sus ramificaciones, y descubrir lo que significa para sus participantes. No podemos estar, al mismo tiempo, con ambos participantes en una conversación telefónica, y así solo veremos las cambiantes expresiones faciales, las múltiples actividades simultáneas y la respuesta posterior a la conversación desde alguna perspectiva particular. Cuando uno de nuestros informantes actualiza su estado en Facebook, quizá nos revele lo que quiere decir con eso, pero no podemos estar del todo seguros de loque sus amigos entienden por lo que escribe, ni tampoco podemos saber cuál de sus amigos pudo haber visto la actualización de estado, más allá de lo que entendemos –como nos lo recuerda Geertz (1973)– a partir solo de la observación de la acción, cuando alguien cercano hace un guiño. Cuando observamos una pelea en Twitter, no podemos estar seguros si alguno de los seguidores de los involucrados está viendo la misma pelea al mismo tiempo y la entiende de la misma manera que nosotros. La noción misma de una “situación” singular como objeto preexistente colapsa cuando se observa de cerca. El internet nos ha reunido en miríadas de nuevas formas, pero gran parte de la labor interpretativa que tiene lugar para incorporarse en la vida de la gente aún no es visible desde el mismo internet, dado que sus usuarios tejen patrones muy individualizados y complejos de significado, a partir de estos hilos de interacción públicamente observables. Un etnógrafo en tales circunstancias debe acostumbrarse a una sensación perpetua de incertidumbre, de preguntarse qué es lo que pasó por alto, e intentar elaborar interpretaciones de sucesos con base en evidencia incompleta.
Desde luego, siempre ha sido cierto que los etnógrafos tienen una capacidad limitada de ver y participar en actos. Incluso en una aldea, al efectuar un estudio convencional basado en interacciones personales durante un periodo prolongado, un etnógrafo establecerá conexiones cercanas con una familia, mientras se pregunta qué sucede en la casa de al lado. Incluso sin una comunicación mediada, los etnógrafos tienen una capacidad limitada de abarcar la totalidad de la situación: la etnografía se lleva a cabo en una escala determinada por la capacidad de percepción humana. Por más que se esfuerce el etnógrafo, no puede ser omnisciente, y siempre escaparán a su comprensión algunos aspectos de la situación que estudia. Tal preocupación es de larga data, y precede a la llegada de la comunicación mediada. Sin embargo, el giro a la comunicación mediada en una escala tan dominante agrega efectivamente una nueva complejidad a las actividades etnográficas, y genera una preocupación real de que las restricciones de percepción dentro de un paisaje mediado amenacen la contribución que puede realizar la indagación etnográfica, o limiten la capacidad del etnógrafo para llegar a conclusiones sólidas. Los etnógrafos no pueden evitar verse afectados por la corriente cultural general de preocupación respecto de que las comunicaciones mediadas pueden no ser tan claras y efectivas como las reales, y por tanto generar duda sobre la solidez de las formas de conocimiento que puede adquirirse con estos medios.
De esta forma, parece que los etnógrafos contemporáneos están atrapados en una situación extraña. Culturalmente hablando, están sucediendo algunas cosas muy significativas, y los etnógrafos deben estar bien ubicados para, en cada caso, elaborar explicaciones perspicaces, detalladas y complejas de lo que sucede con exactitud, y de lo que significa. La comunicación mediada es una parte altamente significativa de muchos fenómenos contemporáneos de interés, y si bien la etnografía convencionalmente se ha inclinado por la comunicación personal, los etnógrafos que exploren estos fenómenos contemporáneos en general deberán aceptar la comunicación mediada, y entender cómo estos diversos modos de interacción contribuyen al entorno cultural. Sea lo que sea que haga la gente, un etnógrafo generalmente desea observarla haciéndolo, y si es posible, hacerlo con ella. Sin embargo, aceptar la comunicación mediada significa aceptar los límites a la percepción que implican diversas formas de mediación, y asumir alguna consecuente pérdida de capacidad de producir un entendimiento holístico y detallado. Hacer etnografía con interacciones mediadas significa la pérdida de un sentido de seguridad de un objeto de estudio geográficamente determinado, o implica abandonar la noción de que se estudia a un grupo o comunidad social definidos, conforme los patrones de comunicación van atravesando espacios geográficos y fronteras sociales. La etnografía es muy necesaria para entender el internet en toda su profundidad y detalle, y no obstante es difícil elaborar maneras de efectuar estudios etnográficos que acepten toda esa comunicación mediada, sin dejar de brindar ideas sólidas y confiables de un tema en particular.
De este modo, la etnografía de comunicaciones mediadas aparece como necesaria, y al mismo tiempo, como condenada al fracaso. Necesitamos la etnografía con el fin de entender qué sucede, pero la naturaleza misma del cambio que está teniendo lugar parece evadir la comprensión etnográfica. No obstante, hay optimismo, porque la etnografía es, en su escencia, un enfoque flexible que se ajusta a las condiciones que encuentra. Un estudio etnográfico no puede diseñarse por entero anticipadamente, pues los métodos de indagación que elabora un etnógrafo se ajustan de manera única a la situación específica que se estudia. Es un método de enganche, que se elabora desde cero en cada ubicación, con base en la comprensión que el etnógrafo obtiene de la situación. Por tanto, si aceptamos que en algunas circunstancias vivir con falta de certidumbre y una ambigüedad permanente sobre lo que significan las cosas, es parte inherente de las condiciones en las que los participantes se encuentran, entonces experimentar y aceptar esa incertidumbre se convierte en el trabajo del etnógrafo, y buscar alguna forma de certeza sólida y absoluta sobre una investigación singular se convierte en un despiste, eincluso en una amenaza, para la meta más significativa de averiguar cómo se vive la vida en esas condiciones en las cuales esa estabilidad es, en el mejor de los casos, un logro muy temporal. Así, la paradoja se esfuma: un etnógrafo se concentra mejor en entender los modos de vida mediante la sumersión en ellos, aprendiendo sus valores y prácticas desde dentro, y centrándose en elegir, de manera activa y estratégica, qué estudiar y cómo estudiarlo.
Este libro se centra en etnografía para el internet y no en una etnografía del internet, porque el internet no puede entenderse como una entidad completa que se pueda estudiar en su totalidad. No se puede hacer etnografía del internet como investigación significativa en sí misma, aunque a partir de él hay muchos objetos de investigación potenciales, ya sea contenidos en él, o conectados a él, de alguna manera. Asimismo, este libro no se centra únicamente en una etnografía a través del internet, pues con el fin de entender las comunicaciones mediadas a menudo es menester estudiar las ubicaciones personales en las cuales se producen y consumen, y comprender los escenarios en donde están incorporadas. Esta obra se centra en cambio en la etnografía para el internet, porque la etnografía es un enfoque flexible que es distinto en cada circunstancia en la que se encuentra, y para ello analizo las estrategias que pueden ser útiles en una etnografía adaptada a las circunstancias que proporciona el internet contemporáneo. En la siguiente sección describo brevemente algunos aspectos significativos de este internet contemporáneo, antes de pasar a una exposición más detallada de las formas distintivas de conocimiento que ofrece una aproximación etnográfica al internet contemporáneo.
Conforme entramos en la segunda década del siglo xxi, el internet devino fenómeno de masas. De acuerdo con la Oxford Internet Survey (Encuesta de internet de Oxford) bienal, que se basa en una muestra representativa de la población del Reino Unido, la proporción de individuos británicos con acceso a internet alcanzó 78 por ciento de la población mayor de 14 años en 2013 (Dutton et al., 2013). Esta cifra aumentó de manera sostenida desde que comenzaron las encuestas de internet de Oxford, en 2003, cuando 59 por ciento de la población afirmó ser usuaria de internet. Sin embargo, permanece un pequeño porcentaje de personas que nunca han usado internet ni prevén hacerlo, y también una cantidad pequeña pero significativa de exusuarios de internet. En 2003 había asimismo una brecha de género importante, con 64 por ciento de varones y 55 por ciento de mujeres usuarios de internet. Para 2013 esta brecha de género ya no era discernible estadísticamente: 79 por ciento mujeres y 78 por ciento varones en la encuesta de usuarios de internet, una diferencia dentro del margen de error de los datos. No obstante, hay algunas desigualdades más duraderas, con probabilidad de que el uso de internet se correlacione con la edad, el grado de escolaridad formal y el ingreso. En Reino Unido la demografía de internet, como la capta la encuesta de internet de Oxford (Dutton et al., 2013), refleja una población nacional para la cual diversas clases de oportunidades se estructuran por educación y accesos a recursos. El internet es un fenómeno de masas, pero no está disponible universalmente, y aún existen algunas desigualdades subyacentes que estructuran el acceso.
En todo el planeta se presenta una panorámica semejante de población de internet sostenidamente creciente, si bien la proporción de usuarios en diferentes países sí difiere ampliamente, según factores como recursos económicos, infraestructura tecnológica y niveles de alfabetización. La itu, International Telecommunications Union, estimó que en 2011 la penetración global de internet fue de 32.5 por ciento de la población, pero que esta estadística general se dividió en penetración de internet de 70.2 por ciento en países desarrollados y 24.4 por ciento en países en desarrollo (International Telecommunications Union, 2012). Las diferencias son en realidad profundas. Los datos de la itu de 2012 presentan una penetración de internet en Escandinavia de 90 por ciento de la población, mientras muchas naciones en África y Asia tenían menos de 20 por ciento de su población conectada. En ese mismo informe de la itu también se calculó que menos de dos por ciento de individuos en Somalia, Etiopía, Sierra Leona y Guinea tenía acceso a internet (International Telecommunications Union, 2012). El internet es en efecto un fenómeno de masas en América del Norte, Europa y Australia, pero mucho menos en África y gran parte de Asia, y en muchas áreas del globo aún es algo por completo fuera de alcance como propuesta práctica para un gran sector de la población.
Así, en una amplia parte del mundo el internet es un fenómeno de masas, pero esto aún depende del contexto nacional. Hay lugares en el mundo donde tal vez pueda suponerse con certidumbre un acceso a internet entre casi toda la gente que uno conozca, mientras que en otros países sería difícil encontrar a alguien, fuera de las ciudades principales, con acceso a él. Para un etnógrafo es importante advertir que el internet no siempre se ve como un fenómeno accesible, así como estar consciente de que habrá una diversidad de connotaciones culturales del acceso y de la falta de acceso a esta red. En algunas áreas la norma es no tener acceso a internet, mientras que en otras partes esto quizá se vea como indicador de pobreza extrema o acto deliberado de rechazo a la era moderna.
Incluso en las áreas en las que el internet es un fenómeno de masas, esto no implica que todo mundo tenga la misma experiencia ni espere lo mismo de él. En su informe de la encuesta de internet de Oxford de 2011, Dutton y Blank (2011) identificaron el surgimiento de la “siguiente generación de usuarios de internet” como un grupo de personas que tienen una relación marcadamente diferente con la tecnología de la que tuvieron los usuarios de primera generación (quienes coexisten con la siguiente generación). La “siguiente generación de usuarios de internet” constó de 44 por ciento de los usuarios de internet de Reino Unido en la encuesta de internet de Oxford de 2011 y 67 por ciento de usuarios en la encuesta de 2013 (Dutton et al., 2013); este grupo se define como quienes acceden a internet desde múltiples lugares y múltiples aparatos. Este grupo de usuarios se distingue por lo que hace en internet: sube más contenido que el grupo de usuarios de primera generación, quienes están más apegados a ubicaciones y equipos únicos, y tienen integrado el internet de manera más completa a su tiempo de ocio y entretenimiento, frecuentemente para bajar música y ver videos en línea. Aunque hay muchas similitudes entre los usuarios de primera generación de internet y los de la siguiente generación, como la de que ambos grupos cada vez ven más el internet como su primera opción para buscar información, también hay indicadores de que hay algunas diferencias fundamentales entre sus expectativas del internet y sus experiencias con él.
Así, el internet es escaso en algunas partes del mundo, pero en muchos lugares es ya un fenómeno de masas que se acepta sin mayor cuestionamiento. Incluso en los lugares donde está disponible para la mayoría, también es potencialmente un fenómeno fragmentado, con los diversos sectores de la población accediendo a él en una variedad de equipos, para hacer distintas cosas y también esperar de él cosas diferentes. Junto con la tendencia a la masificación que se ha presentado en muchos países y va en camino de presentarse en otros, hay una tendencia a la fragmentación en diferentes clases de experiencias. La etnografía para el internet tiene que, en consecuencia, proceder con mucha cautela para determinar lo que representa el fenómeno “internet” para el grupo particular de personas objeto de interés en cualquier estudio dado. Es importante reflexionar con particular cuidado sobre el grado en que el uso de internet es estándar en una población, sobre cuáles son sus connotaciones culturales y sobre la forma en que los aparatos disponibles para acceder a él moldean su significado para la gente. No hay una solución única para hacer etnografía para el internet, pues lo que es el internet puede variar drásticamente.
En áreas en donde el internet se convirtió en un fenómeno de masas, en cierta medida también se volvió algo ordinario y común, se banalizó. Puede ser difícil encontrar gente que hable sobre internet en sí en escenarios cotidianos, porque ya forma parte de la vida diaria, es decir, es un medio que se da por sentado para ser y hacer, socializar, comprar y pasar el tiempo, en vez de una actividad denominada “conectarse a internet”. El internet es a menudo una infraestructura que apoya las cosas que la gente hace, en lugar de ser una actividad particular que se emprenda como algo aparte. La gente suele hablar de modo mucho más natural sobre aplicaciones individuales, como Facebook, Twitter o correo electrónico, que del internet como tal. Conforme, poco a poco, se acepta en general que las cosas que se hacen en internet son actividades reales y socialmente significativas, es menos notable el hecho de que esas cosas sucedan en internet. En los primeros días de internet era común hablar de él como un “ciberespacio” lejano de la experiencia cotidiana. En ese momento aún era asunto de debate y comentario si las actividades que la gente efectuaba ahí eran realmente formas de actividad social. En esos días tempranos del internet aún se consideraba inquietante si alguien hablaba de “amigos de internet”, y sin duda habría provocado muchos comentarios si dos personas anunciaban que se habían conocido y enamorado por internet. Aún puede darse tal estigmatización del hecho de intimar en línea, pero sucede junto con una aceptación rutinaria de comprar un libro por internet, descargar una canción, revisar costos de seguros o inscribirse en un sitio de citas, como cosas muy comunes que todos pueden hacer sin necesidad de destacar que las hicieron por internet.
Así, el internet es con frecuencia banal o común y corriente en la vida cotidiana, al grado de que, en contextos en los que su uso es un lugar común, no solemos destacarlo mientras lo aplicamos en nuestras actividades diarias. La tecnología subyacente que permite las diversas formas de circulación, acumulación y comunicación de datos se aleja mucho de laexperiencia cotidiana. Algunos expertos se han propuesto colocar de nuevo en primer plano al internet y las diversas tecnologías que lo posibilitan, destacando el grado de ordenamiento y diferenciación sociales que proporciona. Sostienen que existe el riesgo de que este proceso de banalización (Graham, 2004) nos pueda volver ciegos ante los elementos indeseables de la nueva infraestructura, nos involucre en la aprobación involuntaria de aspectos no deseados de estas nuevas formas de circulación de datos (Beer, 2013), o nos lleve a aceptar sin el debido cuestionamiento nociones particulares de la forma como deberían organizarse las relaciones sociales, las cuales están incorporadas en el software (Mackenzie, 2006). Estos expertos destacan aspectos de nuevas infraestructuras tecnológicas que pueden estar realizando un trabajo invisible en un nivel social, moldeando conductas e implantando desigualdades.
El internet ahora con frecuencia se da por sentado sin mayor recelo, y pasa inadvertido en la existencia cotidiana; estas actividades de especialistas académicos asumen la responsabilidad de destacar o poner de relieve aspectos potencialmente significativos del mismo. Otra forma más ampliamente accesible de destacarlo, o de darle relevancia, se da en las noticias. Los medios noticiosos contemporáneos, de televisión e impresos, tienden a suponer que el internet es algo conocido y disponible para su público. Refuerzan la noción de un internet común y corriente, dando por sentado que es el modo de acceder a información y entretenimiento. Al mismo tiempo, el internet no deja de ser una fuente fructífera de historias para los medios de masas, los cuales suelen destacar las cualidades notables del internet como sitio para actividades sociales. En la figura i.1 se presenta una muestra pequeña y no sistemática de encabezados que abarca diversas circunstancias en las que los periódicos dieron relevancia al internet en el verano de 2013. Estos encabezados de periódicos sobre internet destacan las preocupaciones sobre el grado de acceso a internet y el potencial de exclusión social, junto con preocupaciones sobre pederastia en línea y pornografía en internet, sobre la posibilidad de controlarlo y ejercer censura en otras partes del mundo, y sobre el papel del internet como apoyo, o como una potencial amenaza para las relaciones íntimas.
Figura I.1. Selección de encabezados en periódicos británicos en el verano de 2013.
Políticos desean controlar internetThe Evening Standard (Londres), 23 de julio de 2013Prohibición pública de pornografía en internetThe Independent (Londres), 1 de julio de 2013Encarcelan a pederasta que se hizo pasar por estrella de pop en internet para atraer niñasYorkshire Post, 17 de septiembre de 2013Millones evitan el internetThe Express, 9 de agosto de 2013China renueva su lucha por controlar internetThe Daily Telegraph (Londres), 26 de agosto de 2013Irán: En vano los filtros en internet, dice presidente electoThe Guardian (Londres)-Edición final, 3 de julio de 2013La misión del fundador de Facebook es llevar el internet a todo el mundoYorkshire Post, 22 de agosto de 2013Hombre establece vínculos emocionales en sitios de internet con colegialas para abusar de ellasThe Northern Echo, 20 de julio de 2013Terry Gilliam culpa al internet por descomposición de “relaciones reales”guardian.co.uk, 2 de septiembre de 2013Internet “vital” para asilosThe Herald (Glasgow), 19 de agosto de 2013Jurados advertidos por investigación; desacato en internetThe Daily Telegraph (Londres), 31 de julio de 2013En estos encabezados el internet es puesto en un sitio de relevancia, y se le considera un lugar tanto de oportunidad como de riesgo, y como agente significativo en varias situaciones sociales. La forma precisa que adoptan los problemas es específica del internet en 2013 como fenómeno de masas, con persistentes y significativas desigualdades y una tecnología cada vez más global. Sin embargo, los problemas no son drásticamente diferentes de los que surgieron con relación al internet de 2000, en una época en que solo 28 por ciento de los adultos en Reino Unido afirmó tener acceso a internet en su hogar de acuerdo con una encuesta Oftel (Oftel, 2000).
Figurai. 2. Selección de encabezados de periódicos británicos en el verano de 2000.
Apuesta por generar confianza en el internetExpress & Echo (Exeter), 18 de julio de 2000Padre del internet defiende el comercio electrónicoAberdeen Press and Journal, 18 de septiembre de 2000Aprenda a navegar por internetEvening Herald (Plymouth), 12 de septiembre de 2000Se desacelera el avance del internetEvening Times (Glasgow), 11 de agosto de 2000Sospechosos de hackear bancos salen libres bajo fianzaEvening News (Edimburgo), 23 de agosto de 2000Los Corrs encabezan a estrellas del pop contra la piratería en internetThe Express, 14 de julio de 2000Vendido al que oprime el botón más rápido; comprar y vender en internet nunca fue más fácil o más rentable. David Emery analiza el mundo de las subastas en líneaThe Evening Standard (Londres), 7 de julio de 2000Jueces inician sesión para los primeros casos de internetThe Independent (Londres), 28 de junio de 2000Banquero pervertido cayó en la trampa; mordió el anzuelo de pornografía infantil en la redDaily Record, 20 de septiembre de 2000
En la figura i.2 se presenta una muestra no sistemática de encabezados de periódicos del verano de 2000. Un aire de novedad invade esta cobertura, como se denota por un interés en promover confianza y aprender habilidades, y una preocupación respecto de si el internet está alcanzando ya todo su potencial o punto máximo de importancia.
Los encabezados tienden a centrarse en Reino Unido, en contraste con la importancia global del internet como se describe en los de 2013. Las nociones de riesgo y de oportunidad son, no obstante, familiares. El internet de 2000 y el internet de 2013, con base en esta muy burda comparación, no son radicalmente distintos. Persisten temas semejantes en cuanto a la asociación del internet con varias formas de oportunidades económicas y sociales, y con diversos riesgos y peligros, acompañados de preocupaciones persistentes respecto de quién tiene acceso y quién tiene o debe tener el control de lo que sucede en línea.
Mientras tenemos un internet ordinario o banal que muchos de nosotros usamos para nuestras actividades diarias, también tenemos un internet extraordinario o puesto en relevancia, que deviene un foco de atención para expresiones de esperanza y ansiedad, y un lugar para lanzar juicios morales acerca de la clase de mundo en el que debiéramos vivir. Algunas de nuestras expectativas de lo que el internet puede significar para nosotros provienen de experiencias muy localizadas, conforme aprendemos a usarlo a partir de amigos, compañeros de trabajo y familiares, y aprendemos de ellos no solo qué hacer, sino lo que se considera aceptable, normal y deseable hacer. No obstante, más allá de nuestras experiencias individuales, los medios de masas hacen mucho por devolver un reflejo del internet bajo la forma de un objeto cultural, “el internet”, investido de esperanzas, temores y expectativas.
De este modo, el internet existe como un objeto cultural en tanto es una forma práctica de hacer lo que se desea. Este objeto cultural es un tanto reconocible como objeto estable en el transcurso de la década pasada y poco más, aunque hayan cambiado las cosas individuales que se pueden hacer con él. Sin embargo, un aspecto significativo en el que las expectativas del internet tal vez cambiaron de manera más radical sea la noción de que el internet es un lugar en el que la gente común puede “hacerse oír”. Desde años recientes es cada vez más fácil que la gente suba su propio contenido y sea parte activa del ambiente de la red, con la proliferación de sitios de interacción social, foros de discusión, sitios de calificación de audiencia y revisión, y blogs. Captada en la frase popular “Red 2.0” (O'Reilly, 2005), la idea de una segunda ola de desarrollo del internet, centrada en la participación, ha influido en la caracterización de un conjunto cambiante de expectativas acerca de la relación entre usuarios comunes y el internet. Desde un punto de vista sociológico, este desarrollo es particularmente interesante porque ofrece el potencial de remodelar radicalmente las relaciones de competencias o experticia, al colocar a personas comunes como expertos (Eysenbach, 2008a, 2008b) y relegar a sitios tradicionalmente considerados de autoridad.
El término Red 2.0 tal vez no resista un escrutinio detallado para diferenciar los usos originales del internet de los que tenemos ahora. Muchas de las facetas del actual internet participativo se ven en foros de discusión que se desarrollaron en la historia muy temprana del internet, y, como contraparte, aún hay muchas páginas web estáticas. Es difícil mantener una distinción estricta entre el internet de entonces y el de ahora. Sin embargo, el término sí tiene alguna utilidad, en gran parte porque ha sido tan relevante para tanta gente. Este enaltecimiento del desarrollo de una red participativa (Blank y Reisdorf, 2012) es significativo, tanto por el remodelamiento que hace de nuestras expectativas en torno a la relación entre el internet y los usuarios comunes, como porque describe los usos actuales y específicos que podemos dar al internet. En lo personal, tal vez yo no contribuyo mucho a la red participativa: tengo una escasa presencia social en la red, no uso mucho Twitter y muy pocas veces subo revisiones sobre productos que compro o lugares que visito. Sin embargo, la idea de que el internet es un espacio participativo es muy significativa para mí en tanto creo que el internet es un lugar donde alguien como yo puede contribuir, y esa expectativa moldea la forma en que leo el contenido de internet. Aunque yo no participe muy activamente, como lectora pasiva mi lectura se determina por la expectativa de que se trata de un espacio participativo. Considerar el internet un espacio participativo me permite verme reflejada en él y me motiva a apreciarme respecto de él. Así, los cambios en internet en tanto objeto cultural tienen la capacidad de influir no solo en las cosas activas que hacemos en línea, sino también en un conjunto más amplio de expectativas sobre lo que podemos hacer y lo que eso significaría. Estas expectativas moldean nuestra interpretación del mundo que encontramos en línea.
Así, el etnógrafo del internet se enfrenta a un terreno muy complejo y confuso. La gente hace muchas cosas en internet y lo reviste de diversos significados culturales conforme a sus experiencias directas con él y de acuerdo con las historias que cuenta de él con sus amigos, familia y compañeros de trabajo, así como las historias que recibe sobre él de los medios de masas. La gente lo usa para sustentar interacciones sociales a través del espacio y el tiempo, y en tiempo real con personas espacialmente cercanas. El internet es multiespacial, en las diversas formas nuevas de espacio que surgen en línea, en las conexiones que permite entre espacios geográficos y las formas de movilidad que sus usuarios emprenden, conforme lo encuentran en múltiples dispositivos. La experiencia del internet abarca diferentes formas de temporalidad a medida que emprendemos interacciones que, en ocasiones, son persistentes y quedan almacenadas en el largo plazo, y en otras, son efímeras, inmediatas y pasajeras, como una conversación en alguna esquina.
Todos estos aspectos del internet son muy interesantes fenómenos culturales por documentar, y demandan un detallado compromiso etnográfico, para averiguar lo que significan y cómo moldean nuestras nociones contemporáneas de subjetividad, personalidad y socialidad. El internet necesita etnografía, pero esos mismos factores que lo hacen fascinante constituyen también un desafío para los etnógrafos que buscan formas coherentes de forjar un objeto investigable, a partir de la masa de complejidad temporal y espacial y del entramado de procesos sociales y culturales que crean el internet y que lo incorporan en la vida cotidiana. El internet es inherentemente diverso, flexible y heterogéneo, y en consecuencia demanda una respuesta adaptable, situada y metodológica. Se requieren estrategias metodológicas creativas que nos permitan explorar las texturas de la vida social que resultan de que la gente combine experiencias en línea y fuera de línea de forma compleja e impredecible.
En el siguiente capítulo comienzo presentando un argumento para la comprensión del internet como un fenómeno incorporado, personificado y cotidiano (para abreviar, internet E3, por sus siglas en inglés: embedded, embodied, everyday), y del que podemos tener una idea más clara mediante un examen etnográfico serio. Estas cualidades del internet contemporáneo hacen de él un objeto de estudio particularmente interesante, pero al mismo tiempo exigen agilidad metodológica. En el capítulo ii se comienza por una revisión de la potencial contribución de la etnografía para entender el internet, y luego se abordan cada uno de los tres aspectos del internet contemporáneo, con una revisión de la bibliografía reciente y destacando los consiguientes desafíos metodológicos. En primer lugar, delineo las bases para pensar en el internet como un fenómeno incorporado. El internet no suele experimentarse como un “ciber-espacio” trascendente en la sociedad contemporánea, sino que se ha transformado en algo que está incorporado en las vidas de la gente de formas que son significativas dentro de contextos específicos (Bakardjieva, 2005). Este internet incorporado plantea un desafío metodológico, en tanto los marcos de elaboración de significado que se requiere busque el etnógrafo son al principio impredecibles, a menudo diversos, y requieren una considerable agilidad en el método y movilidad en el enfoque. En segundo lugar, abordo el internet personificado. De nuevo, en lugar de ser un lugar trascendente de experiencia ciberespacial, el internet se convierte cada vez más una parte de nosotros. No solemos pensar que “conectarse” sea una forma de experiencia discreta o apartada, sino que noshallamos conectados en una extensión de otras formas personificadas de ser y actuar en el mundo. En esta sección se explorará el grado al que la experiencia del ambiente en línea se integra sin problema alguno a otras experiencias personificadas. También reflexiono sobre las tensiones entre la representación pública de un “internet” universal y las experiencias tan personalizadas que podemos tener al considerar la obra de Tsing sobre la fricción entre lo universal y lo específico (Tsing, 2005). El desafío metodológico es reconocer las consecuentes diversidad y muy personal naturaleza de la experiencia en línea, lo que sugiere un desplazamiento hacia el reconocimiento de la diversidad ontológica del internet, y una aceptación de métodos reflexivos y autoetnográficos como componentes valiosos de una etnografía virtual.
El tercer aspecto metodológicamente complicado del internet contemporáneo que debe considerarse es la cotidianidad de nuestras experiencias en línea. Se colige de la bibliografía hasta ahora revisada que gran parte del uso de internet puede considerarse común y corriente y nada destacable, pues cada vez más lo empleamos simplemente como forma de hacer lo que deseamos, en lugar de remarcarlo como una forma relevante o excepcional de hacer cosas. El internet puede, de hecho, desaparecer como faceta notable de la vida diaria, conforme deviene simplemente una infraestructura que ofrece medios para hacer otras cosas. En esta sección se revisan obras sobre la sociología de la infraestructura (Bowker y Star, 1999; Star, 1999) y tecnologías fluidas (De Laet y Mol, 2000) para sostener que el internet cotidiano se mantiene como tecnología muy significativa y sitio cultural digno de una seria atención antropológica y sociológica. La dificultad metodológica resultante es captar y hacer visibles aspectos del internet conforme van dejando de ser notables, y examinar la especificidad de circunstancias en las que el internet recupera su primer plano cultural, a menudo como fenómeno notable para la atención política o mediática.
A partir de este esbozo de las cualidades del internet contemporáneo, particularmente complejas para un etnógrafo, en el capítulo iii se perfilan estrategias para abordar dicha complejidad. En este capítulo se recurre a ejemplos provenientes de diversos estudios etnográficos centrados en internet, con el fin de abarcar situaciones que van desde estudios etnográficos por entero en mundos virtuales, hasta enfoques de plataformas interconectadas y estudios de experiencias de internet móvil, mediadas por aplicaciones de teléfonos inteligentes. En la primera sección del capítulo se exploran los sitios de campo con los detalles prácticos para que el etnógrafo decida a dónde ir. Una parte de la dificultad al explorar el internet cotidiano es que no podemos concebir de inmediato el internet como objeto singular contenido en un sitio. A partir de la etnografía de múltiples sitios (Marcus, 1995), de métodos móviles (Buscher y Urry, 2009) y de la bibliografía de estudios de ciencia y tecnología centrados en la multiplicidad ontológica de objetos (De Laet y Mol, 2000; Mol, 2002), en esta sección se formula una estrategia para explorar el surgimiento del uso del internet como práctica significativa, en sitios en línea y fuera de línea. Este planteamiento se extiende en torno a la importancia de que el etnógrafo desarrolle sensibilidad ante las diversas posibilidades de conexión que ofrecen diferentes modos de presencia e interacción, y argumenta sobre la importancia de la atención a la cambiante textura de la existencia social, que proviene de algunas formas de conexión presentadas como obvias y sencillas, mientras otras se nos esconden o son difíciles de percibir. Las estrategias móviles se benefician de una atención reflexiva sobre hacia dónde el etnógrafo puede moverse y qué caminos parecen bloqueados.
Este análisis del proceso de identificar sitios de campo conduce a explorar las actividades que efectúa el etnógrafo cuando llega ahí. Un repertorio etnográfico estándar de aprender haciendo, observación, registro de actividades y archivo de documentos, así como entrevistas a informantes clave, aplica también dentro de estudios etnográficos de actividades difusas, en múltiples sitios y multimodales, pero tal vez se requieran algunas adaptaciones creativas. A partir del entendimiento de que el mundo contemporáneo está conectado de diversas formas, compuesto de múltiples modos de presencia e interacción, también es útil contar con formas creativas de entender dónde estamos y qué territorio habitamos. El internet cotidiano ofrece una amplia variedad de experiencias y una profusión abrumadora de información e interacción, lo cual es un problema para el usuario del internet cotidiano, así como un desafío metodológico para el etnógrafo. La investigación social en años recientes desarrolló innovadoras formas de avanzar a través de la abundancia de datos que las interacciones en línea ponen a nuestra disposición, mediante una diversidad de métodos de agregación y visualización que quizá por sí mismos no sean etnográficos, pero que, no obstante, son compatibles con una urgencia etnográfica de entender el objeto de indagación desde múltiples perspectivas. En particular, las obras de Thelwall (2004, 2009) y de Rogers (2013) conducen hacia estrategias para orientar un trabajo etnográfico con el internet. Además de estas herramientas dedicadas a la investigación social, los diversos dispositivos disponibles con que cualquier usuario de internet puede navegar y visualizar el mundo en línea son particularmente interesantes en este aspecto. Se propone que las herramientas que ayudan al usuario del internet cotidiano a enfrentar esta vasta y diversa ecología de información, las cuales ofrecen formas diversas de visualización, resumen, búsqueda y análisis, sean también herramientas a la mano para el etnógrafo virtual, siempre que se preste la atención debida al grado con el cual estas tecnologías moldean experiencias bajo condiciones o supuestos que no están a la vista. En esta sección también se explora el papel de los archivos en la etnografía, y el grado en que el trabajo etnográfico puede apoyarse en ellos y ampliarse con utilidad, más allá de las interacciones en tiempo real.
En la siguiente sección se analizan los avances recientes en la etnografía reflexiva y la autoetnografía, como respuesta al desafío que presenta la naturaleza personificada del internet y su tendencia a incorporarse como parte cotidiana de otras instituciones y actividades. La muy individualizada experiencia del internet sugiere que es útil recurrir a la etnografía reflexiva (Davies, 2012) y a los avances en la investigación autoetnográfica (Ellis, 2004), para explorar la experiencia personificada e incorporada del propio investigador como fuente de conocimiento metodológico. Esta sección se basa y desarrolla argumentos adelantados en Virtual Ethnography (Hine, 2000), que sugería que el etnógrafo puede recurrir con utilidad a sus propias experiencias, como fuente de conocimiento de las incertidumbres y tensiones sin solución que pueden formar parte de la experiencia de internet. Sin embargo, la autoetnografía también ha sido un avance un tanto polémico y, al analizar la aplicación de esta estrategia a la etnografía del internet, también analizaré preocupaciones potenciales, como el exceso de indulgencia hacia los propios hallazgos del etnógrafo y la potencial falta de evidencia corroboradora. En una sección final del capítulo regreso a los “principios de la etnografía virtual” presentados en Hine (2000), y planteo hasta qué punto las estrategias aquí esbozadas se ajustan a dichos principios. En la sección final del capítulo se presenta un conjunto de principios metodológicos referentes a las oportunidades y desafíos que ofrecen, tanto los avances metodológicos contemporáneos como el internet E3 contemporáneo.
El capítulo iv es el primero de tres que aborda los principios metodológicos con ejemplos específicos de la investigación primaria de la autora. Analizar un interés sustantivo específico me permite demostrar, en detalle, la adaptación continua de las estrategias etnográficas a circunstancias emergentes que caracterizan la etnografía. Cada uno de estos capítulos termina con algunos puntos de reflexión que destacan las elecciones realizadas, y motivan al lector a explorar cómo puede trasladarlas a otros dominios sustantivos.
El primer capítulo sustantivo analiza la investigación basada en Freecycle, Freegle y otras listas de correo relacionadas que permiten el libre intercambio de bienes no deseados que, de otro modo, se destinarían a la basura. En el capítulo se evalúan diversas estrategias etnográficas con que he contribuido a entender el fenómeno, como autoetnografía, entrevistas por correo electrónico, entrevistas en persona y observación de discusiones en línea sobre Freecycle y Freegle en varios contextos, incluyendo las propias listas y conversaciones paralelas en Mumsnet, Facebook y Twitter. Se demuestra, además, que la etnografía es una herramienta muy útil para explorar las ambigüedades e incertidumbres inherentes al uso de internet, pero se advierte que depender solo de la etnografía limita los hallazgos de la incorporación del uso de internet en diversos sitios de elaboración de significado.
En el capítulo v, segundo de los que se basan en ejemplos, se defiende una estrategia etnográfica conectiva y multifacética para explorar un fenómeno representado en diversos sitios conectados de formas múltiples y complejas. El planteamiento implica el uso de herramientas fácilmente disponibles para la exploración de internet, complementado con la búsqueda de conexiones emergentes entre diferentes sitios y fuentes de interpretación; destaca en particular la importancia de entender estructuras institucionales, marcos regulatorios y culturas disciplinarias, conforme se representan y forman un telón de fondo para las prácticas cotidianas. Los ejemplos provienen de investigaciones etnográficas sobre el desarrollo de ciencia electrónica (e-science)en biología (Hine, 2007, 2008).
En el capítulo vi se explora el potencial del uso del internet como forma de método discreto (unobtrusive method) (Lee, 2000; Hine, 2011a) para explorar aspectos comunes y corrientes de la vida cotidiana. En particular, se centra en el potencial novedoso que ofrece internet al etnógrafo interesado en comprender cómo la gente interpreta la televisión y la incorpora a su vida diaria. El internet, se argumenta, ofrece una ventaja metodológica significativa para estos fines, pues permite al investigador observar, tanto sitios de intenso compromiso de los aficionados, como infinidad de menciones y referencias más casuales y espontáneas a la televisión, que hace la gente conforme realizan sus actividades cotidianas en línea. Un estudio observacional de estos rastros, si bien puede ser de sumersión y exploratorio, no es sin embargo necesariamente en sí mismo etnográfico, sin un esfuerzo adicional por comprender lo que significa para los participantes cada una de las prácticas observadas de esta manera. En el capítulo se destacan los distintos marcos de elaboración de significado con que un etnógrafo puede contar, para entender los rastros de consumo de televisión hallados en internet, y se subrayan, como en capítulos previos, las opciones abiertas con que cuenta el etnógrafo para llevar adelante el estudio en distintas direcciones. Los ejemplos provienen de investigaciones sobre la serie televisiva The Antiques Roadshow como aparece en línea (Hine, 2011b), lo que implica exploraciones de televisión entre plataformas mediadas por distintas formas de respuesta del público, como Twitter, foros propiedad de los productores y uso oportuno de foros de discusión existentes para comentar programas.
El capítulo final reúne temas de los tres capítulos basados en ejemplos, para considerar el caso de un enfoque flexible con métodos de exploración de internet que sean ágiles frente a los avances continuos, tanto en la tecnología como en sus incorporaciones culturales, y que sean estratégicos en su orientación hacia diferentes formas de preguntas de investigación. Se exploran también los desafíos éticos y prácticos que enfrenta el etnógrafo, y las herramientas y habilidades que apoyan a la etnografía para internet. Una de las principales dificultades que el internet contemporáneo presenta al etnógrafo es su carácter de impredecible: los sucesos se desarrollan y se desvanecen con gran rapidez, o pasan, sin aviso, de ser incidentes menores e insignificantes a sucesos de masas, lo que implica combinaciones no previstas de diferentes formas de interacción (imponiendo una consecuente presión a la capacidad del etnógrafo para, sobre la marcha, moverse rápido, reconocer y captar distintas formas de datos). En este capítulo se plantea la cuestión de cuál debe ser la respuesta del etnógrafo a los vertiginosos e impredecibles sucesos que aparecen de pronto en internet y amenazan las nociones claras de sitio de campo o comunidad, para finalmente plantear la pregunta de si acaso se justifica una versión de etnografía “emergente” o “eventual”(pop-up), capaz de responder con rapidez a los sucesos emergentes.
Como método de investigación, la etnografía se distingue por cuanto hace uso de experiencias personificadas del investigador como uno de sus principales medios de descubrimiento. A diferencia de otros métodos de investigación, que pretenden elaborar instrumentos despersonalizados y estandarizados de recopilación de datos, la etnografía promueve la participación del investigador en todo el proceso de comprometerse con el campo, de reunir datos y de interpretar resultados. Del etnógrafo se requiere que se sumerja en el escenario y trate de ver la vida desde el punto de vista de quienes habitualmente pueblan ese espacio. Al hacer eso, puede estar en posibilidades de captar, de una forma particular, cuál es el sentido que tiene la forma de vida que estudia para aquellos que la viven. La sumersión del etnógrafo puede implicar tomar parte en las mismas actividades que efectúan las personas que viven en ese escenario, lo que le permite un conocimiento desde el interior, y le posibilita percibir, de primera mano, cómo son esas actividades y qué se logra con ellas. Incluso cuando el tipo de prácticas en el escenario impidan una participación completa, la sumersión del etnógrafo en el sitio le permitirá conocer a través de una observación muy próxima y estrecha, y confrontar constantemente sus interpretaciones con la gente involucrada. “Estar ahí” es el aspecto más significativo de la orientación metodológica del etnógrafo, pues permite una experiencia directa y personificada del campo, y previene contra la dependencia de explicaciones de segunda mano demasiado simplistas.
En los resultados escritos de la investigación, los etnógrafos a menudo sienten la necesidad de reflejar la cotidiana proximidad y el sentido de mutuo compromiso entre participantes y etnógrafo. En lugar de elaborar un estilo de informe distante o despegado, que podría marcar una separación artificial entre un investigador, que todo percibe, y un “nativo” estereotipadamente irreflexivo o falto de percepción, con frecuencia el etnógrafo está muy presente en el texto, junto a los participantes, quienes se presentan también en su complejidad e imposibilidad de ser conocidos de manera total. Un etnógrafo a menudo escribe informes con un estilo que deja clara su participación en la producción de conocimiento, analiza los deliberados pasos que tomó para generar los conocimientos de la cultura que describe, y examina abiertamente sus dudas sobre la solidez de las conclusiones, las contingencias de las decisiones que tomó, y las dificultades y frustraciones con que se enfrentó. Este estilo de redacción también reconoce una importante observación epistémica: todo conocimiento de un etnógrafo es en gran parte único para él, y no necesariamente se esperaría que otro etnógrafo en el mismo sitio produjera los mismos resultados. La convención etnográfica actual acepta que el etnógrafo aparezca de manera prominente en la historia, y que el autor etnográfico llame la atención sobre la naturaleza muy personal y contingente de su relato. La etnografía basa sus afirmaciones de autenticidad en el carácter directo de la experiencia que tuvo el etnógrafo con el escenario y en la intensidad de la sumersión en él, en lugar de aspirar a la producción de hechos objetivos, y este compromiso es visible en el texto etnográfico final. La etnografía no afirma que elabora una explicación objetiva e independiente de las especificidades de un compromiso particular del etnógrafo con el sitio de estudio.
La copresencia del investigador en el escenario puede provocar que el etnógrafo desarrolle solidaridad con los participantes en el escenario: el contacto cercano implica camaradería cotidiana y dificulta mantener una postura fría. El etnógrafo tiene que obtener su conocimiento sobre la marcha, y a menudo debe responder y opinar sobre lo que sucede antes de que se sienta listo para hacerlo. Como está ahí, visible para los informantes y desplazándose entre ellos, un etnógrafo desarrolla una forma de compromiso hacia quienes están en el escenario. Sus pronunciamientos sobre el escenario se dan a cada momento, y no están confinados solo a un informe, perfectamente presentado, al final de proyecto. Marcus (1998) describe el “activismo circunstancial” que desarrolla un etnógrafo para responder a la situación en que se encuentra, en particular cuando se desplaza entre distintos sitios. En cada interacción, el etnógrafo efectúa las intervenciones que parecen adecuadas en el momento, en lugar de esperar a hacer una declaración singular y distante sobre el escenario, una vez que se encuentre a una distancia adecuada de él. Lejos de preocuparse por influir en el objeto de estudio o alterarlo de alguna manera, el etnógrafo acepta las responsabilidades y los desafíos de estar presente en él.
En adelante abundaré sobre la noción de una etnografía corporalmente ubicada, circunstancialmente activa y experiencialmente centrada, y exploraré cómo fomentar y sustentar esta forma de entendimiento en un mundo atestado de comunicaciones mediadas. Se trata de un modelo de etnografía basado en el objetivo de comprender a partir de una experiencia directa y auténtica de fenómenos, sean estos los que sean y estén donde estén, por más difusos que se hallen o difíciles de ser definidos que sean. Para poder hacer esto, necesitamos alejarnos de la idea de “estar ahí”, que caracteriza a la etnografía, y según la cual se requiere una forma localizada de presencia (Beaulieu, 2010), ello con el objeto de centrarnos con más claridad en los aspectos experienciales de la metodología, donde la “experiencia” puede construirse de muchas maneras, incluso dentro de sus diversas y disminuidas formas de experiencias mediadas. Un etnógrafo, aun en la era de internet, no deja de desarrollar una forma distintiva de conocimiento a través de ser, hacer, aprender y accionar, y mediante una estrecha asociación con quienes lo hacen en el transcurso de su vida diaria. En un mundo repleto de medios, la asociación estrecha puede llegar a significar proximidad a través de interacción mediada, y la etnografía necesita estar lista para adaptarse a esa forma de proximidad, tanto como a la cercanía física, pero sin perder de vista los principios originales que motivan el compromiso etnográfico, y hacen de la etnografía una forma de conocimiento tan distintiva y perspicaz.
Schatzman y Strauss (1973) hablan sobre el investigador de campo como un estratega y pragmático de la metodología. Este amplio enfoque enmarca el análisis en este libro sobre el uso de varias estrategias para lograr una experiencia auténtica y reportable de fenómenos que de alguna manera tienen que ver con internet. En este modelo de etnografía, estar en el campo es cuestión de determinar cómo es mejor entender esa estadía:
