Evo en la mira - Stella Calloni - E-Book

Evo en la mira E-Book

Stella Calloni

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De esa historia de dominación y telarañas es que trata Evo en la mira. Con abundante documentación, investigaciones, entrevistas a Evo Morales y al vicepresidente Álvaro García Linera, testimonios y crónicas de la realidad, Stella Calloni demuestra cómo un país inmensamente rico en recursos humanos y naturales, pudo ser convertido en un laboratorio de proyectos neocoloniales y recolonizadores. Pero también de qué manera el pueblo boliviano desenterró sus espejos para que nos miremos en ellos en los tiempos de la dominación y en el esplendor de las resistencias.

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Veröffentlichungsjahr: 2021

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Sobre este libro

“El que ha tenido todo siempre no puede entender lo que significa que el Estado diga ‘mira, esto es tuyo’, por primera vez en su vida. Nadie puede imaginar hasta qué grado llega la injusticia en Bolivia. El pueblo siente que ha llegado a la presidencia, al parlamento, que tiene quien escuche y quien interprete lo que está pasando”, explica conmovido Evo Morales, el primer presidente indígena de Bolivia.

Lo escucha Stella Calloni, periodista, escritora y corresponsal desde 1993 del periódico La Jornada de México. Sus entrevistas al jefe de Estado boliviano y una extensa investigación de años, componen este libro revelador sobre la injerencia de Estados Unidos en Suramérica y, particularmente, en Bolivia.

Figura clave en el proceso de integración regional de los últimos años, Evo habla desde las páginas de este libro para contarle al mundo su lucha contra el imperialismo. “Yo sólo gobierno obedeciendo al pueblo que me eligió para representarlo y no para engañarlo. Esta historia oculta de Bolivia debe ser escrita y contada para todos nuestros pueblos hermanos. Por eso puedo decir que esta es la hora de los pueblos y los que no lo entienden fracasarán una y otra vez”.

Índice

Sobre este libro

Evo en la mira

Introducción a la presente edición

Bolivia

Prólogo

Introducción

La simbólica asunción de Evo

Evo desafía al neocolonialismo

Parte I

Evo en la mira, 1983-2005

Capítulo 1

Evo Morales: un blanco de Washington

El Chapare: un antes y un después para Evo

Las duras enseñanzas de la injusticia en El Chapare

Las nuevas rebeliones

Cronología de una persecución anunciada

Intentos fallidos de asesinar a Evo

Morales acusado de sedición

Capítulo 2

Evo en los tiempos de Banzer

Del sindicalismo a la organización política partidaria

La persecución al diputado Morales

En la mira del presidente Quiroga

Quiroga cumplía órdenes del Departamento de Estado

Capítulo 3

Injerencia abierta y resistencia

Elecciones 2002. Evo, un blanco de EE.UU.

La explosión social

La campaña contra Evo no se detiene

Un plan para matar al candidato Evo Morales

Las derrotas de la injerencia de Washington (2003, 2004, 2005)

Actividades y presiones de EE.UU.

Grandes protestas populares

Estados Unidos fracasa otra vez

Capítulo 4

La conspiración: el robo de los misiles

La trama

El operativo secreto

Estados Unidos desarma al ejército boliviano

Recordando 1952

Parte II

Atentados, golpismo y desestabilización, 2006-2009

Capítulo 5

Los 400 golpes contra Evo

Antecedentes

Cronología de una injerencia anunciada

Acto segundo

Tercer acto y epílogo

Antecedentes de Sucre

Sucre: días de furia

De espionajes y otras cuestiones. Casos emblemáticos

El triunfo de Morales en agosto de 2008 y la violencia de una oposición antidemocrática

Cronología de un golpe “cívico-prefectural” que fracasó pero dejó desolación34

La masacre de Pando. Un antes y un después

Los factores de la derrota del golpismo

La mano que mece la cuna

Capítulo 6

Antecedentes del atentado frustrado

Hoja de ruta

Capítulo 7

Del golpismo al intento de magnicidio

Empresarios, gobiernos y medios derechistas: actuación cómplice

Mercenarios contratados

El atentado contra la casa de Terrazas

Las investigaciones

Capítulo 8

Los viejos terrorismos y las redes del sur

Conexiones criminales

Fundación UnoAmérica o el regreso de la Operación Cóndor

La conexión ustacha

De la conexión ustacha a la red fascista

Capítulo 9

De Salvador Allende a Evo Morales

El asesinato de Schneider

Las empresas cómplices

Parte III

LA CIA en Bolivia

Capítulo 10

La injerencia

Los fundamentos de la injerencia

El papel de la embajada de Estados Unidos

Injerencia de la USAID

Decisiones históricas del gobierno boliviano

La respuesta de Estados Unidos

Los trabajos de la USAID en Bolivia

La injerencia: entre la cooperación y el complot

Los condicionamientos impuestos por la USAID

CIA: la verdad

Empresas contratadas por USAID

Capítulo 11

Los pasos de la injerencia

La intervención de Estados Unidos en el siglo XXI

Nace la CIA

Capítulo 12

Las “democráticas” fundaciones golpistas que operan en Bolivia

El IRI y sus financiamientos

Objetivo: Bolivia

De golpes suaves y otras cuestiones

Golpes suaves. Jugar con fuego

El caso Bolivia

Capítulo 13

La CIA al descubierto

La revolución del 52: un hito en Bolivia

Otro hito en la historia: la CIA en la captura y asesinato del comandante Che Guevara

Parte IV

La guerra por otros medios

Capítulo 14

Contrainsurgencia mediática

Confesiones de ex agentes

Las acciones de la CIA en los medios

Un modelo: los medios en Bolivia–Sucre 2007

La sociedad de los magnates

Capítulo 15

Propaganda y contrainsurgencia

La guerra psicológica y sus mecanismos

El presidente Morales y la SIP. Un hecho insólito

Capítulo 16

Falsedades y mentiras en descubierto

Los dueños del poder mediático en Bolivia

David contra Goliat

Parte V

La DEA en Bolivia

Capítulo 17

La guerra de baja intensidad contra las drogas

Nace la DEA

El gobierno boliviano anuncia el reemplazo de la DEA

Capítulo 18

Una larga historia de injerencia

Las denuncias contra la DEA de políticos, legisladores y militares

Confesiones de Michel Levine

La DEA sin máscaras

Capítulo 19

Evo Morales ratifica la expulsión de la DEA de Bolivia

Caso Huanchaca

Algunas opiniones

Capítulo 20

Casas de torturas y miles de víctimas

Represión a campesinos

Las casas del horror

Evidencias

Parte VI

“Detenerse es ir para atrás”

Capítulo 21

Bolivia: dominación y resistencia

Capítulo 22

El gran paso emancipador y la derrota de la injerencia

“El mundo se ha puesto de cabeza o lo que estaba de cabeza se ha puesto de pie”

Parte VII

Evo Morales: la hora del pueblo

Capítulo 23

Bolivia: decidir escuchando

Bolivia y las derrotas imperiales, un hombre en su tiempo

De Isallavi a la presidencia. El duro camino

Parte VIII

Bolivia hoy

Capítulo 24

Acerca de la actualización

Algunos hechos clave en la historia breve de los últimos tiempos

El injerencismo de Estados Unidos

Capítulo 25

El rol de las ONG en el conflicto TIPNIS

Capítulo 26

Nuevas estrategias de la derecha.

Entrevista al vicepresidente Álvaro García Linera

Calloni, Stella

Evo en la mira : CIA y DEA en Bolivia / Stella Calloni. - 1a ed revisada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Punto de Encuentro ; Buenos Aires : La Página , 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-4465-50-4

1. Geopolítica. 2. Bolivia. 3. Política Latinoamericana. I. Título.

CDD 327.101

Editorial La Página

Venezuela 365

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

(54-11) 3221-8760

www.pagina12.com.ar

© Punto de Encuentro 2021

Av. de Mayo 1110

Ciudad Autónoma de Buenos Aires

(54-11) 3382-1630

www.puntoed.com.ar

Foto de tapa: Adrián Pérez

Conversión a eBook: Daniel Maldonado

Queda hecho el depósito que establece la ley 11.723.

Libro de edición argentina. o se permite la reproducción total o parcial, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito de los editores.

Stella Calloni

Evo en la mira

CIA y DEA en Bolivia

Introducción a la presente edición

Esta es una introducción necesaria para la edición actualizada de Evo en la mira, CIA y DEA en Bolivia, ante el nuevo golpe de Estado cívico, policial y militar ocurrido entre octubre y noviembre de 2019 en ese país. Su preparación data de los primeros meses de 2018, cuando comenzó a endurecerse la campaña contra el mandatario boliviano con las constantes denuncias ante el Congreso de los Estados Unidos, por parte de la representante de La Florida, Ileana Ros Lehtinen del grupo cubanoamericano de Miami, que hostiga a Cuba y a todos los gobiernos progresistas.

Ros Lehtinen integra el grupo de representantes cubanoamericanos que preside Marcos Rubio, junto a Bob Menéndez y Ted Cruz, como asesores del presidente Donald Trump para América Latina y el Caribe, junto a personajes siniestros para nuestra región como Roger Noriega y Elliot Abrams, entre otros.

De esta manera, el golpe de Estado en Bolivia comenzó con el disparador de la palabra “fraude” que el secretario General de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro —considerado un traidor en América Latina— pronunció sin sustento alguno, dando la señal esperada por los complotados para actuar. Esta es la continuidad del golpismo de Estados Unidos: eterno allí, en Venezuela y en otros países del continente.

Desde que Estados Unidos logró desarmar las estructuras de la revolución nacionalista de 1952 en Bolivia, hecho en el que tuvo un rol decisivo el embajador estadounidense Spruille Braden, los organismos de Inteligencia como la CIA y luego la DEA permanecieron allí hasta la llegada de Evo Morales al gobierno en enero de 2006.

Braden fue también el instigador del golpe militar que derrocó el 16 de septiembre de 1955 al general Juan Domingo Perón de su segundo e histórico mandato presidencial, imponiendo la dictadura de la “Revolución Libertadora” popularmente conocida como “fusiladora”.

Asombra el modo en que muchos analistas niegan el rol de Estados Unidos como artífice del actual golpe en Bolivia, cuando en realidad fue diseñado, impulsado, financiado y dirigido desde Washington al igual que el de septiembre de 2008, cuando los mismos grupos supuestamente “cívicos” de Santa Cruz de la Sierra —que conforma la llamada “Media Luna”, la zona más rica de Bolivia, junto con los departamentos de Pando y Beni—, expertos en paramilitarismo, quemaron ciento setenta y un edificios y produjeron la masacre de los indígenas que marchaban en apoyo del presidente Morales, a quien intentaron acusar de la matanza. Fue la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) la que en esos momentos denunció la verdad de los hechos, ayudando a frustrar y derrotar el golpe.

El escenario de fines de 2019 marca otro momento en la vida política del continente. El golpe se produce con la complicidad de los gobiernos ultraderechistas de Jair Bolsonaro en Brasil y Mauricio Macri en Argentina, que han colaborado activamente como países con fronteras maleables con Bolivia.

También en momentos en que Estados Unidos está en abierta ofensiva para avanzar sobre América Latina con el proyecto geoestratégico de la recolonización continental. Como expresó públicamente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo que se está aplicando a América Latina en su conjunto es la Doctrina Monroe de 1823: “América para los americanos, desde Alaska hasta Tierra del Fuego” (es decir, para los norteamericanos) en su esencia imperial.

Desde fines de los 90, el proyecto para América Latina en el siglo XXI era nada más y nada menos que la recolonización regional, y el control efectivo de sus recursos naturales y su territorio. Convertir a la región en una especie de “estados libres asociados” que de libres y socios no tienen nada. Basta ver al pueblo de Puerto Rico.

Por todo esto, invadieron América Latina con sus “fundaciones” a lo largo del siglo XX, las que conformaron una red de arañas en el continente, mediante las llamadas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que, en algún tiempo, cuando en Europa se jugaba a la socialdemocracia, fueron interesantes para resolver algunas situaciones en nuestra siempre resistente región.

También a fines del siglo XX trasladaron al Comando Sur, ubicado en la zona del Canal de Panamá, hacia Fort Bening en La Florida. En el Comando Sur tenían una serie de importantes bases militares, y entre sus formidables creaciones estaba la Escuela de las Américas, cuna de la formación de militares y paramilitares para sembrar el terrorismo de Estado en nuestro continente. No es que se fueran de nuestra región, sino que ante sus proyectos bélicos para el siglo XXI, el Comando Sur resultaba más que obsoleto, un blanco muy atractivo para una posible respuesta militar o “retaliación” como se dice en sus términos.

La estrategia fue “sembrar” el Comando Sur en Sudamérica, Centroamérica y el Caribe con bases militares terrestres, aéreas y navales. Desde el comienzo de la expansión a fines del siglo XIX y principios del XX, comenzaron esparciendo dictaduras brutales en Centroamérica y el Caribe y hasta allí donde alcanzaran sus tentáculos. Todavía sus tanques pensantes no pueden explicar cómo en medio de esas dictaduras, en 1959, en una isla pequeña —especialmente si uno la compara con la sede imperial— a noventa millas de sus costas, surgió la Revolución Cubana que es, hasta ahora, el único país independiente de la región, a un costo muy alto, por cierto.

Después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la aplicación de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, nuestra región debió someterse a las necesidades de lo que llamaron “Occidente”. Nos aplicaron la Doctrina de Seguridad Nacional y nos instalaron dictaduras en todo el continente.

A partir de los años 60 y en los constantes y dialécticos cambios, aparece el trazado de la guerra contrainsurgente que nos aplican con todo rigor. La misma doctrina —aunque modernizada— es la que hoy regresa a la región para instalar “democracias de seguridad nacional”: de su seguridad nacional y de nuestra inseguridad colonial.

Bolivia

Es imposible entender lo que sucede en Bolivia sin la visión de este escenario geoestratégico, en que se aplica un golpe de Estado contra el primer presidente indígena, Evo Morales.

Tampoco puede entenderse la situación actual si no se conoce la historia profunda de ese país andino tantas veces olvidado y recuperado para su población mayoritaria y para el mundo, por el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) con el triunfo de Evo Morales a fines de 2005 y su llegada al gobierno el 21 de enero de 2006.

Uno de sus logros más importantes fue establecer constitucionalmente la primera república plurinacional, con lo que esto significa a nivel universal.

Entre 2006 y 2019, el gobierno de Evo Morales Ayma logró un giro de ciento ochenta grados en lo social, económico y político, pero esencialmente una revolución cultural que conmovió las profundas raíces coloniales.

Por primera vez, más del 62 por ciento de los habitantes de los pueblos originarios de Bolivia, verdaderos dueños de esos territorios, fueron reivindicados con esta revolución que además recuperó la cultura soterrada de tantos años de exclusión, humillación y olvido.

Los pueblos originarios estaban sometidos a un apartheid que solo puede asimilarse al sudafricano en tiempos de las luchas de Nelson Mandela.

El contenido racista de este golpe de Estado es un elemento básico para entender también a qué responden las elites ultraderechistas fascistizadas de Bolivia, las que ni siquiera pueden ser comparadas con las oligarquías regionales.

La elite de Santa Cruz de la Sierra y de otros departamentos de la Media Luna está conformada por grupos medioevales, aliados con las mafias y con todas las dictaduras que se sucedieron en ese país, ejecutores de un accionar tan brutal que su existencia pareciera imposible en el siglo XXI.

Washington estuvo involucrado en cada golpe de Estado de nuestro continente y la dependencia continúa. Por ello, nuestro gran proyecto de integración, partiendo de los cambios políticos del Mercado Común del Sur, con la llegada del aire nuevo de los gobiernos surgidos de las grandes luchas de los pueblos latinoamericanos contra el neoliberalismo desde fines de los 90, siguió siendo la emancipación independentista.

Durante el período transcurrido desde principios del siglo XXI, los presidentes de la “época de la resurrección” popular, paridos por sus pueblos en las calles y las carreteras de la región, apuntaron a recuperar las demandas históricas de la unidad latinoamericana y crearon organismos de integración como la Unasur, hasta la más acabada integración, por su pluralidad, que fue y es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Evo Morales fue y es uno de los líderes de estas alianzas como la Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos, ALBA.

Sobre ellas se ha lanzado la furia imperial en estos tiempos, en su desesperada carrera para el apoderamiento recolonizador de América Latina, su llamado “patio trasero”, un continente que es un reservorio de recursos naturales que “necesitan” controlar en su etapa decadente y brutal.

En Bolivia, Morales estuvo en la mira de Washington desde que fue dirigente cocalero. En su condición de diputado y candidato presidencial incluso intentaron asesinarlo. De estos atentados también hay registros y testimonios en este libro.

Todas las indagaciones sobre golpes como el de 2008 y los intentos de 2011 y 2012, llevaron hacia los autores intelectuales, y a investigar las rutas del dinero enviado desde Estados Unidos y destinado a los opositores bolivianos mediante la Fundación para la Democracia (NED en sus siglas norteamericanas) y la Agencia Internacional para el Desarrollo, la vieja AID, que ahora llaman USAID.

La implicación documentada del embajador de Estados Unidos, Philip Goldberg, en el golpe de septiembre de 2008, condujo al gobierno del MAS a expulsarlo del país, como antes lo había hecho con la agencia antidrogas estadounidense, DEA. También en 2009 ordenó la salida de la Central de Inteligencia, CIA, por su infiltración en la recuperada Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos. Conocía, sin embargo, la infiltración y el poder de la embajada especialmente en las fuerzas policiales y en la permanencia de algunas fundaciones.

El golpe contra el presidente paraguayo Fernando Lugo en 2012, la llegada de Macri al gobierno de Argentina en 2015, el golpe de Estado mediático, judicial y parlamentario de 2016 contra Dilma Rousseff, y luego la llegada al gobierno de Jair Bolsonaro en enero de 2019, afectaron profundamente las relaciones con estos gobiernos. Pero el peligro mayor estaba en las fronteras permeables y en lo que serían las constantes maniobras de los ejércitos de estos tres países más Chile, planteando la posibilidad de una mayor cooperación de estas administraciones con los sectores de la derecha fundamentalista de Bolivia.

Las fronteras se convirtieron en una amenaza constante para el gobierno de Morales.

A pesar de esto, el gobierno boliviano producía avances fundamentales, y dejaba atrás la mayor pobreza de la región después de Haití. En 2019 se convirtió en un país dueño de sus recursos naturales, en trámite de industrialización, de redistribución de los millones de dólares recuperados por el Estado como dueño de sus propios recursos, en especial del litio, el mayor descubrimiento de los últimos tiempos, con sus mayores reservorios en territorio boliviano.

Esto acrecentó el interés de Estados Unidos por derrocar a Morales, quien había logrado sacar a la población boliviana de los grandes arrabales de la miseria, de la exclusión y la marginación y rescatar identidades y culturas que agonizaban ante la destrucción colonial, siempre en manos de los poderosos, asociados al poder hegemónico, aunque la resistencia logró sobrevivir más de setecientos años.

En este golpe de Estado, Washington contó con la colaboración especial de los gobiernos de Macri en Argentina y Bolsonaro en Brasil, no solo en lo político sino en lo militar, con el paso de armas, equipos y fuerzas especiales a través de las fronteras permeables que tienen con Bolivia.

El golpe de Estado se produce además en medio de una debacle del neoliberalismo, con los pueblos en las calles de Haití, Honduras, Guatemala, Ecuador, Chile, Colombia y otros países resistiendo el proyecto geoestratégico de Estados Unidos de avanzar hacia la destrucción de los Estados nacionales, endeudarlos, empobrecer a los pueblos, acabar con los proyectos de desarrollo y, en especial, acabar con todos los procesos de integración que se habían logrado con la Unasur y la CELAC. Un marco “necesario” para apoderarse de nuestro continente.

Otra consideración ante esta situación, que se evidencia en las páginas de Evo en la mira, es que América Latina no puede seguir mirándose en el espejo de las falsas democracias europeas o de las grandes potencias. Nuestras “democracias” no se pueden adaptar a los términos también falsamente “institucionales” de los grandes países.

En el caso nuestro, no puede haber democracia si somos dependientes y menos aún si nuestros ejércitos y fuerzas de seguridad son instruidos y manejados por Washington y sus socios cercanos.

Nosotros estamos en un largo proceso de liberación e independencia y por lo tanto, de descolonización profunda de nuestras culturas, nuestras academias, nuestro entorno, nuestra economía.

La lucha es por soberanía, independencia económica y justicia social. No podemos convertirnos en las “democracias de Seguridad Nacional” de Estados Unidos, como antes nos impusieron las dictaduras.

De eso hablaba Evo Morales para explicar el enorme proceso de descolonización que tenemos por delante. Estamos viendo la resistencia heroica de nuestros pueblos que, hay que reconocerlo, en los últimos años entendieron que era nuestra hora: independencia o recolonización. Esa es la verdadera elección.

Evo Morales lo sigue sosteniendo en estos días, después de ser forzado a renunciar, por coacción las fuerzas armadas, la policía, los opositores y con la imprescindible “ayuda” de la OEA.

Teníamos un país que había avanzado como nunca en su historia. Que ese avance lo lograra un indígena del altiplano era demasiado para el imperialismo. Y más, si este presidente indígena que solo soñaba la justicia para su pueblo, era abiertamente antimperialista, como debemos ser todos los que estamos en dependencia. No son años para la dependencia. Voy a volver a la lucha, no importa si soy otra vez presidente o no. He aprendido mucho, hemos aprendido mucho. No tenemos la maldad de ellos. Estamos acostumbrados a luchar por siglos, nuestros padres lucharon. Tupac Katari nos inspiró siempre. Y sabemos trabajar para la unidad de nuestros pueblos. Hemos caminado kilómetros de carreteras para luchar contra el neoliberalismo en los años 2000, luchar contra el colonialismo y el racismo que es muy fuerte en Bolivia. Ahora ya sabemos que lo podemos hacer. ¡Hemos muerto y resucitado tantos siglos! Y nunca dejamos de respetar la vida y de cumplir con nuestros padres: no matar, no mentir, no robar. Los aymaras tenemos muchos recuerdos y muchas fortalezas. Somos y vivimos como somos (Evo Morales desde su exilio en México, 22 de noviembre 2019).

Stella Calloni

Noviembre 2019

Prólogo

El libro Evo en la mira. CIA y DEA en Bolivia de la periodista y escritora Stella Calloni, es un trabajo que reúne cronologías imprescindibles, producto de investigaciones acuciosas, testimonios y entrevistas para relatar todo lo actuado por la injerencia externa sobre Bolivia a lo largo de la historia, y en los últimos años intentando impedir la llegada al gobierno de Evo Morales, el primer presidente indígena elegido por un pueblo silenciado durante siglos.

La construcción, como se verá, fue lenta y laboriosa, con el ritmo propio y la paciencia revolucionaria de los pueblos originarios, de su cultura, pensamiento y filosofía de vida. Como bien dice Evo Morales, en alguna parte de sus relatos: “Hay tiempo largo para pensar en esa soledad” donde él vivió en sus años de niño en el altiplano. Lo dice desde su experiencia de vida, donde se formó en la dureza y en la resistencia frente a las injusticias.

Su vida de niño transcurrió en Oruro, un departamento boliviano de gran belleza y también de dureza, soledades y fríos, en las alturas altiplánicas. Evo no solo soportó pobreza y soledad, sino que esto mismo le permitió una verdadera comunicación y comunión con la Madre Tierra, la Pachamama, y con la belleza e intensidad del lugar.

La necesidad llevó a la familia a trasladarse a la zona cocalera, donde se trabajaba sin tiempo y sin descanso, pero en un clima más benigno. Allí nació su vocación de lucha, su rebelión contra las injusticias y sus primeras incursiones en el sindicalismo que lo llevarían a la organización política partidaria, al entender que era desde ese lugar donde podía ayudar a transformar un país que había vivido bajo colonialismos eternos.

El aprendizaje se fue forjando día a día desde las bases populares, acompañando y comprometiéndose con las causas sociales, con los pueblos originarios, campesinos, mineros, buscando fortalecer la identidad, valores y pertenencia de las comunidades.

Su militancia nació de la rebeldía justa ante el sufrimiento del pueblo, la discriminación de las que fue víctima y testigo en los centros mineros, en el sur de Potosí y en las zonas campesinas. El niño y su familia conocerían sobre la piel los dolores de discriminaciones y racismos, fundamentos básicos de colonialismos y neocolonialismos.

Evo fue creciendo en las luchas y la organización popular hasta llegar al lugar que hoy ocupa por decisión mayoritaria, pero también como el epílogo de una rebelión popular que viene desde lejos, de sus antepasados, de su pueblo siempre en resistencia.

En forma ágil, clara y precisa, uno puede ir siguiendo en este libro todos los avatares de los últimos años, donde la voluntad popular de liberación de viejas ataduras fue creciendo en esa resistencia cotidiana hasta hacerse vendaval.

Siempre me ha sorprendido la capacidad intelectual, humana, de investigación y militancia de Stella Calloni, su mirada clara y profunda para descubrir el caminar de los pueblos y sacar a la luz acontecimientos históricos de la resistencia y luchas por la liberación en el continente de la Pachamama.

Recuerdo cuando prologué con emoción su libro Nicaragua: el tercer día (1986), con la historia de ese país centroamericano y los cantares de la liberación.

Dice en la introducción de este libro sobre Bolivia que se trata de una historia de dominación y redes que se extienden como telarañas en todo el país, para dominar y controlar, impidiendo una independencia verdadera.

Stella habla de los espejos enterrados como una metáfora, y de cómo este hecho único en América Latina, de un pueblo marchando por calles, montañas y carreteras, comienza al fin a desenterrarlos para que “nos miremos en ellos en los tiempos de la dominación y en el esplendor de las resistencias”.

La decisión de Evo, al asumir como primer presidente indígena de la Nación Boliviana, de dirigirse a la pirámide de Akapana ese 21 de enero del 2006 en Tiwanaku, en el templete de Kalasasaya, donde lo esperaban los sacerdotes aymarás, reafirmando su identidad, origen y pertenencia, dejaba en claro que la lucha planteada era el inicio de una enorme ruptura histórica, asentada en el largo camino por la emancipación.

Allí mismo expresó su clara decisión de recuperar el derecho del pueblo boliviano y sus culturas originarias, participar y cambiar la situación de injusticia y dominación estructural y buscar el derecho e igualdad para todos. Allí, ante los suyos, se comprometió a cumplir verdaderamente la voluntad expresada por el pueblo y su programa de gobierno, respetando las profundas reglas culturales aymarás, de no mentir, de no robar, de fidelidad a los principios.

Esa decisión lo enfrentaría rápidamente, junto a su pueblo, con aquellos sectores de poder que se habían sucedido en los gobiernos de Bolivia, utilizando a un país rico en recursos para su propio provecho y dejando en la pobreza a la inmensa mayoría.

En Bolivia resistía el pueblo del continente más sumergido en la pobreza, después de Haití, a pesar de ser un territorio inmensamente rico en recursos.

Los sectores opositores, violentos y despiadados, como se han mostrado en sus acciones, están no solo protegidos, sino sostenidos económica, política y militarmente por una larga presencia externa.

Esos grupos de poder enriquecidos a costa de un pueblo y envilecidos por su complicidad con los ocupantes externos del país, que siempre dominaron Bolivia, fueron y son el factor interno del intervencionismo de Estados Unidos. Sus acciones son desestabilizadoras y golpistas.

Se intenta impedir el avance democratizador y participativo de ese pueblo sacrificado y heroico, se trata de impedir que un pueblo recupere sus derechos

En este libro se desnuda la esencia de colonialismos y neocolonialismos que imperaron a lo largo del siglo XX, frustrando el proceso de la independencia, como sucede en toda América latina.

El papel en Bolivia de la CIA y sus numerosas fundaciones, que conforman esa red de araña a la que se refiere Stella Calloni, se revela aquí también en todo su temible esplendor. La tragedia vivida por Bolivia es la misma que afecta a todos nuestros países, es la tragedia de América Latina y la dependencia de un poder imperial que impuso en otros tiempos las dictaduras de la doctrina de Seguridad Nacional, para sostener su dominación y frenar todo proceso de liberación.

Las campañas de la CIA, los crímenes de lesa humanidad cometidos por la agencia antidrogas la DEA (Drug Enforcement Administration), la utilización de los medios de comunicación masivos en manos de ese poder imperial-colonial inhumano y criminal, intenta detener este proceso luminoso de rescate del derecho a la vida y a una cultura milenaria que enterraron, pero no pudieron matar.

Aquí están narradas las intrigas, planes y acciones para impedir que Evo Morales llegara al gobierno, luego para tratar de derrocarlo, recurriendo a acciones tan trágicas y violentas como las de Sucre y Pando en el mismo año 2008, además de una cantidad de intentos por matar a Evo cuando era sindicalista, diputado y ahora presidente.

Es más que evidente la fuerte intervención de la CIA y la embajada de los Estados Unidos, de golpistas de organizaciones civiles, de fundaciones extranjeras invadiendo un país hasta en sus lugares más apartados, de paramilitares, empresarios, militares, políticos y policías retirados.

Como bien señala Stella en su profundo recorrido y evidencias documentadas, no se trata solo de destruir a Evo Morales, sino lo que representa su propuesta y programa de cambio para el país en todo lo que hace a la autodeterminación y soberanía y destruir el proceso de integración profundo y liberador en América latina.

A través de estas páginas, cada uno de nosotros en nuestros países puede verse reflejado como un espejo. Porque la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID) o la Fundación para la Democracia, en realidad para destruir democracias auténticas, NED en sus siglas en inglés (National Endowment Foundation), no solo operan y conspiran en Bolivia sino en todo nuestro continente.

Lo que surge de la intervención de USAID y los mecanismos utilizados para derrocar a Evo a través de los llamados “golpes suaves”, nos toca a todos en conjunto.

Estados Unidos siempre consideró a América latina como territorio propio, su “patio trasero”, utilizó los instrumentos a través de la CIA y el Departamento de Estado, lo que derivó en una larga injerencia en los asuntos internos en los países del continente; es una historia que sembró el horror en la vida de los pueblos, como fue el golpe de Estado de Augusto Pinochet en 1973 contra Salvador Allende, la intervención del entonces presidente Richard Nixon y el secretario de Estado Henry Kissinger, la ITT, la imposición de las dictaduras militares con los altos costos en vidas humanas y la destrucción de la capacidad productiva de los pueblos.

En los cambios que se van produciendo en el continente y frente a la pérdida de la hegemonía continental y el desplazamiento a escala mundial, Estados Unidos no está dispuesto a ceder posiciones en América Latina y busca con la complicidad de los sectores reaccionarios someter a los pueblos. La serie de golpes de Estado en el continente contra el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, en Bolivia, la agresión militar de Colombia contra Ecuador, los intentos de golpe contra Evo Morales y el golpe en Honduras constituyen una derrota moral para Washington, ya que el pueblo sigue en las calles y nadie reconoce a los golpistas, un hecho único en la historia de los últimos tiempos.

Todo ese accionar intervencionista, conspirativo y criminal en sus consecuencias surge en este libro de Stella Calloni con diáfana claridad para ser comprendido por todos.

Estados Unidos ha trazado una serie de planes, entre ellos, los más conocidos a nivel popular como el plan Puebla-Panamá el plan Colombia, que ahora Washington busca fortalecer con la instalación de siete bases militares en Colombia, problema que llevó a los presidente del Unasur a debatir las razones por las cuales EE.UU., con el pretexto de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, busca asentar su poderío militar y control en la región y hay que sumar a este intervencionismo la Triple Frontera.

El libro de Stella nos permite comprender en profundidad la lucha por la emancipación de los pueblos y la necesidad de sumar fuerzas y voluntades en el continente a través de los hechos protagonizados por el pueblo boliviano y su presidente Evo Morales.

Estamos frente a grandes desafíos en momentos históricos de convergencia de voluntades, de ideales y fuerza de los pueblos, en la lucha por su liberación. Esa es la esperanza y realizaciones que debemos acompañar.

Adolfo Pérez Esquivel

Buenos Aires, 28 de agosto del 2009

Introducción

Cuando el 18 de diciembre de 2005, el Movimiento al Socialismo (MAS) ganó las históricas elecciones en Bolivia con su candidato Evo Morales Ayma, proveniente de una comunidad aymara en Oruro y orgulloso descendiente de los antiguos dueños de esos territorios, casi de inmediato comenzó un proceso de cambios de las viejas estructuras de un poder colonial, que perdura desde hace más de cinco siglos.

Solo estando en la piel de los que durante ese largo tiempo fueron perseguidos, humillados, desterrados en sus propias tierras, podría entenderse el significado de ese inédito triunfo, cuando algunos todavía preconizaban “el fin de la historia”. El ascenso de Morales fue visto como la virtual resurrección de una cultura milenaria, que los colonizadores se imaginaban desaparecida bajo el peso de colonialismos y neocolonialismos.

Se desenterraron los espejos de las antiguas culturas y comenzaron a brillar sobre los despojos del poder colonial en decadencia.

Detrás de ese triunfo estaba la historia de América latina y la lucha incansable por encontrar su camino. Había en esas horas un resplandor intenso, que solo podían ver los descendientes de Tupac Amaru, Tupac Katari, Bartolina Sisa y de otros símbolos de la resistencia y también de los horrores del colonialismo, que recurrió al descuartizamiento para matar a los líderes de la enorme sublevación anticolonial.

Curiosa imagen de aquella Bolivia que quisieron cortar en pedazos en la figura del resistente. La práctica española de desmembrar vivos, como escarmiento, a los dirigentes indígenas de la sublevación anticolonial es asimilable a los intentos del capitalismo de nuevo cuño tan especialmente feroz en Bolivia, como si con ello pudieran parar la lava del volcán.

Las de 2005 fueron las elecciones con mayor participación popular en las últimas décadas en Bolivia, país cuyo nombre estuvo inspirado en el fundador de la República en 1825, el libertador Simón Bolívar. Entonces se había expulsado al colonizador extranjero, pero los indígenas no participaron tampoco de aquella fundación. Aún sus espejos estaban enterrados, sus culturas aplastadas y sus cuerpos doblados en los viejos socavones de la devastación.

Potosí sigue siendo la memoria implacable de aquella voracidad imperial-colonial. “La población del territorio que hoy corresponde a Bolivia era superior a la que habitaba lo que es hoy Argentina. Siglo y medio después la población boliviana es seis veces menor que la población argentina”,1 escribió Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina, una insuperable mirada, un clásico sobre nuestra historia.

En el lenguaje real y no ficticio, “originarios” está referido a los dueños de estos territorios de luces y maravillas que han ido pasando de mano en mano, de amos colonialistas a poderes colonizados que se llamaron a sí mismos “democracias”. Ahora se puede ver que los resistentes nunca detuvieron sus pasos, ni su larga marcha de pies descalzos, que transcurre en nuestro continente en un suceso colectivo, con asombrosa imaginación y creatividad.

“Aquella sociedad potosina, enferma de ostentación y despilfarro, solo dejó a Bolivia la vaga memoria de sus esplendores, las ruinas de sus iglesias y palacios y ocho millones de cadáveres de indios”, continuaba Galeano, al describir la tragedia de Bolivia, simbolizada en Potosí, donde aún persisten los recuerdos coloniales.

En 1573 Potosí ya tenía 120 mil habitantes y en 1650 se mencionaban 160 mil. “Era una de las ciudades más grandes y más ricas del mundo, diez veces más habitada que Boston, en tiempos que Nueva York ni siquiera había empezado a llamarse así”.

Cuando Galeano se refiere a la sociedad potosina de entonces, habla de aquella que acompañaba a los colonizadores, disfrutando de las “buenas” migajas y caminando sobre la desolación de su pueblo. Podría referirse de la misma manera a la sociedad de los ricos y racistas actuales que controlan Santa Cruz de la Sierra, Beni, Pando, la llamada Media Luna boliviana donde se reviven aquellas escenas de los criminales conquistadores del pasado.

Potosí, “condenada a la nostalgia, alimentada por la miseria y el frío, es todavía una herida abierta del sistema colonial en América Latina: una acusación. El mundo tendría que empezar por pedirle disculpas”, escribió Galeano.

En realidad el mundo —y América Latina en especial— tendría que pedir disculpas a Bolivia por haber olvidado lo sucedido bajo la colonia y lo que sucedió luego cuando el país fue convertido en un laboratorio de experiencias contrainsurgentes y de nuevos sistemas neocoloniales e imperiales que subsisten hasta hoy.

De los tiempos del colonialismo español se dice que con toda la plata que este se llevó de Potosí podría haberse tendido un puente entre Europa y América. Fue una de las más grandes expoliaciones en la historia de la región, como sucedió en África con el asalto colonial de Europa, que dejó despojos en uno de los continentes más ricos de la tierra.

Toda esta historia de dominación y resistencia está detrás de la llegada de Evo Morales al gobierno.

La simbólica asunción de Evo

El primer presidente indígena de Bolivia no solo venía desde las más antiguas resistencias de padres que mantenían sus culturas ocultas pero vivas, sino también de la lucha por el derecho del pueblo boliviano a consumir su hoja ritual, alimento indispensable para la dura vida de las montañas. Las mismas donde Evo Morales, entonces un niño pastor, soñaba con otra Bolivia.

Elegido por las mayorías, y pese a los intentos del imperio estadounidense por detenerlo, a los 46 años Evo llegó al gobierno de un país rico en recursos, pero desgarrado y saqueado sin descanso durante más de quinientos años. Es el relato doloroso y contradictoriamente bello de un país donde el pueblo nunca dejó de resistir. Evo simboliza esa resistencia.

Son muchas las causas por las que tenemos que pedir perdón a Bolivia. El comandante Ernesto Che Guevara tuvo en su momento la visión de este país único en América, y su asesinato en octubre de 1967 en una pobre escuelita en las Higueras, en el territorio de un pueblo que fue inspiración revolucionaria en su vida, fue una forma de rescatarlo desde las honduras de un olvido imperdonable.

El 21 de enero de 2006 Evo Morales hizo su primera asunción presidencial en Tiwanaku, en el templete de Kalasasaya, situado a unos 70 kilómetros de la ciudad de La Paz, un lugar que expresaba todo el simbolismo de aquellos momentos. Asumía el poder y juraba ante los suyos, los que durante más de quinientos años habían estado sumidos en los arrabales de la injusticia, hasta ese momento inicial del siglo XXI.

El presidente llegó al mediodía a la pirámide de Akapana, donde ya lo esperaban los sacerdotes aymarás. Vestía a, la usanza de sus antepasados, un poncho rojo con franjas amarillas y el antiguo gorro ritual. Me contaron los que estuvieron, que solo los ojos ligeramente húmedos daban cuenta de su intensa emoción, mientras seguía respetuosamente la ceremonia preparada por los que habían ganado con él, los eternamente postergados, los que regresaban con el cantar de otros pájaros o las escritu­ras del pasado, los que renacían buscando la “tierra sin mal” de las leyendas guaraníes.

Miles llegaron a acompañarlo y también invitados internacionales congregados allí para la asunción al día siguiente en La Paz.

Muchos medios calificaron ese momento como “una ceremonia exótica”, desconociendo no solo el significado de la misma sino a toda una cultura que renacía, como renacía el pueblo de Bolivia.

Evo estaba poniendo de pie a todo un pueblo. Allí, en ese acto, pasaba toda su niñez como pastor de llamas, que nació y vivió sus primeros años en pequeña casita de adobe con techo de paja.

El niño que vivió en la desoladora pobreza, hijo de María Ayma Mamani y de Dionisio Morales Choque, que tuvo siete hermanos —cuatro de ellos murieron—, fue al principio un luchador sindical y, desde allí, creció políticamente en la acción constante, en la resistencia cotidiana.

La ceremonia tenía, además, otra reivindicación profunda para los suyos. El reencuentro con las antiguas culturas sobrevivientes, transmitidas por voces secretas y ceremonias cotidianas de los herederos de esos fuegos.

“Mi papá, cada mañana antes de salir del trabajo, hacía su convite a la Pachamama, que es la Madre Tierra; mi mamá también ch’aliaba con alcohol y hojas de coca para que nos fuera bien en toda la jornada. Era como si mis padres hablaran con la tierra, la naturaleza”.

Rodeado por los sacerdotes aymarás y por su pueblo, por las banderas wiphalas, el humo de los inciensos y las bendiciones, recibió Evo las ofrendas de los pueblos indígenas, aún asombrados por aquellos hechos. Al lugar llegaron también representantes de otras etnias y comunidades de América Latina, Canadá y Estados Unidos.

“En la alta meseta de los Andes, cual cóndor andino, en el misterioso Tiwanaku, Olimpo de los Dioses originarios, más de 100 mil personas esperan desde el día anterior, sufriendo granizo y viento, lluvia y frío altiplánicos, para presenciar la ceremonia de la Bendición de los Dioses a uno de sus hijos que asumirá la presidencia de Bolivia, después de quinientos años de sometimiento. Wiraqocha, Pachayachachij, y Pachakamaj, tres imágenes y un solo Dios verdadero. (...) Tiwanaku está cerca del cielo a 3885 metros sobre el nivel del mar. Las nubes cansadas deambulan cerca dispuestas a ser cogidas con las manos. Y a 50 kilómetros el mar interior más grande del mundo, el recóndito lago Titicaca. (...). Tiwanaku es un torbellino cósmico, capital del mundo, el cielo es la mansión del sol, del trueno y de los dioses tutelares, dueño celestial del universo”.2 Así describe el escritor boliviano Néstor Taboada Terán el lugar donde Evo asumió ante los suyos.

También relata que flanqueando a Evo se formaron “dos columnas, una de Amautas y Jilakatas, cubiertos de ponchos rojos y otra de mujeres Mamathajillas, agitando racimos de conchas marinas que producían sonidos roncos, y encargadas del sahumerio de Qhoas. (...) Con ofrendas y un mar de flores, los sacerdotes lo cubrieron con el Unku sagrado y le cambiaron los duros zapatos por las suaves abarcas (sandalias) campesinas para caminar por el templo de Kalasasaya. Le coloraron el gorro chucu de cuatro puntas que le permitiría el control en la lontananza del inmenso territorio que por estar muy lejano apenas se puede distinguir. Recibiendo el báculo de caminante, se dirigió lentamente a la pirámide de Akapana. Se detuvo un instante para arrodillarse y besar un desnivel del piso, que se había producido por realizar constantes sacrificios por los dioses”.3

Le entregaron “el más importante instrumento de gobierno el bastón de mando (...). ¡Jallalla!, hermanos, expresó Evo con vos tonante y miles le respondieron: ¡Jallalla, hermano Evo! La inmensa multitud, con presencia de representantes de muchos países, escuchó la invocación popular de Tiwanaku”.4

Taboada Terán nos acerca de alguna manera la intensa magia de aquel momento. Dijo Evo Morales entonces: “Hoy día, desde Tiwanaku empieza un nuevo año para los pueblos originarios del mundo. Un nuevo milenio para todos los pueblos. Una nueva vida en la que buscamos igualdad y justicia. Estoy con­vencido de que solo con la fuerza del pueblo, con la unidad del pueblo, vamos a acabar con el Estado caótico colonial, torcer las manos del imperialismo norteamericano. Los pueblos aymarás, quechuas, mojenios, chapacos y muratos, son los dueños absolutos de esta enorme tierra boliviana. La conciencia del pueblo ganó las elecciones y ahora esta misma conciencia va a cambiar nuestra historia. Queremos enseñar a gobernar con honestidad y con responsabilidad para transformar la difícil situación económica del pueblo boliviano. El año 1825, cuando se fundó Bolivia, después de que miles de aymarás, quechuas y guaraníes intervinieron en la guerra de la Independencia no participaron en la fundación. Por eso, los pueblos indígenas reclaman ahora refundar Bolivia. Estamos en tiempos de triunfo, estamos en tiempos de rebelión. Llegó la hora de cambiar esa mala historia de saqueo de nuestros recursos naturales, de discriminación, de humillación, odio y desprecio. Liberar nuestra Bolivia, América, es el legado que nos dejó Tupac Katari, el mismo que nos dejó el comandante Ernesto Che Guevara y estamos dispuestos a cumplir”.5

Al otro día la Plaza Murillo, en La Paz, desbordaba cuando Evo Morales y su vicepresidente Álvaro García Linera asumían el gobierno jurando con el puño izquierdo en alto. Fueron mensajes muy esclarecedores del tiempo de cambios que llegaba a Bolivia, y que se extendía por su misma fuerza vital a toda América Latina.

En el Parlamento, ya presidente constitucional, Evo denunció cómo a los primeros indios aymarás y quechuas que aprendieron a leer y a escribir, los conquistadores españoles les sacaron los ojos y les cortaron las manos. Habló también de todos los bolivianos que estaban fuera del país huyendo de la enorme pobreza a la que habían sido condenados en su propia tierra y de las consecuencias del modelo neoliberal impuesto.

“Esta revolución cultural y democrática es parte de la lucha de nuestros antepasados, es la continuidad de la lucha de Tupac Katari, es la continuidad de la lucha del comandante Ernesto Che Guevara. Vamos a continuar la lucha hasta conseguir la igualdad en nuestro país. No es justo acumular el capital en pocas manos para que muchos se mueran de hambre. Eso tiene que cambiar en democracia...”.6

Los que apostaban a que estos discursos respondían a viejas demagogias o solo eran anuncios que nunca se cumplirían, vieron muy pronto que el cambio que Morales había prometido era lo que debía ser: un proceso revolucionario que revolvía de fondo las viejas estructuras de un poder brutal, responsable de dejar fuera de la vida al 80 por ciento de la población del país.

El libertador Simón Bolívar había anunciado proféticamente los tiempos de la resistencia al hablar de los sublimes desprendimientos del pueblo de Bolivia, cuando este decidió dar su nombre a la República naciente: “Tal rasgo mostrará a los tiempos que están en el pensamiento del Eterno, los que anhelabais la posesión de vuestros derechos, que es la posesión de ejercer las virtudes políticas, de adquirir los talentos luminosos, y el goce de ser hombres. Este rasgo, repito, probará que vosotros erais acreedores a obtener la gran bendición del Cielo —la soberanía del pueblo— única autoridad legítima de las naciones”.7

La llegada de Morales al gobierno de Bolivia es una ruptura histórica, asentada en una larga lucha por la emancipación.

Un mundo comenzaba a terminar en esos días febriles de los comienzos de la nueva Bolivia, pero pocos entendieron que ese proceso iba mucho más allá de las transformaciones domésticas. Bolivia era en realidad un laboratorio de la contrainsurgencia, del esquema de control neocolonial.

Evo desafía al neocolonialismo

Bolívar decía que la soberanía era la única autoridad legítima de los pueblos. Y Morales debía enfrentar en su país una larga dominación neocolonial que había reemplazado rápidamente al colonialismo descarnado del imperio español.

Desde comienzos del siglo XX, otros ocupantes llegarían a Bolivia y las resistencias continuaron. Los nuevos conquistadores comenzaron a caminar por esas tierras y el pueblo indígena mayoritario en Bolivia, debió enfrentar otros enemigos y preservar sus culturas de liberación.

La injerencia comenzaría en realidad con la expansión estadounidense hacia América latina a fines del siglo XIX y continúa hasta nuestros días.

Una consecuencia de esto fueron las guerras colonialistas de empresas extranjeras que llevaron a cruentos enfrentamientos entre pueblos hermanos, como sucedió en la zona del Pacífico, Chile contra Bolivia y Perú a fines del siglo XIX y la llamada Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay (1832-1835), dolorosa expresión de otros comienzos coloniales.

A partir de la década del 50, Estados Unidos entra de lleno en Bolivia. Con sus organismos de inteligencia como la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Buró Federal de Investigaciones (FBI) y la Drug Enforcement Agency (DEA o agencia de lucha contra las drogas), desde 1980.

La ocupación de Bolivia en esos años marcaría el inicio de lo que sería con el tiempo una “injerencia eterna”, que Evo Morales había conocido en su propia piel, en las luchas por la tierra y la justicia.

Llegaría luego la explotación del estaño, los minerales, el gas, el petróleo y la conversión de la milenaria hoja de coca en una droga maldita, gracias a los químicos elaborados por los países ricos que son también los grandes consumidores y los mayores beneficiarios de la venta ilegal, la distribución, el narcotráfico y el lavado de dinero.

Estados Unidos se había apropiado del verdadero poder y los gobernantes civiles y militares, en un país pleno de golpes de Estado —la mayoría propiciados y ejecutados por órdenes de Washington—, eran convertidos en simples gerenciadores de ese poder externo.

La profundidad de la injerencia externa, que se incrementó notablemente durante las dictaduras militares, especialmente las de dictador Hugo Banzer (1971-1978) o de Luis García Meza (1980-1981), continuada por la invasión neoliberal, produjo una serie de rebeliones imparables, que recogían todos los viejos esquemas de las resistencias en ese país, tan cuidadosamente ocultadas en la historia latinoamericana. Y nació un nuevo proceso emancipatorio.

Esta presencia extranjera humillante y depredadora se sentía en la piel de los bolivianos, pero la dependencia histórica comenzaría a romperse con las luchas populares de los últimos años. Las guerras del agua, del gas, la lucha contra los militares estadounidenses en El Chapare, el protagonismo popular en rechazo a los intentos de imponer la dictadura neoliberal, terminaron con un pueblo en calles y carreteras.

El derrocamiento del segundo gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003, dio cuenta de la intensidad de esa resistencia también eterna. Pero además, en Estados Unidos pronto advirtieron que con Evo llegaba no solo un discurso tradicional de izquierda, sino el rescate de nuevos elementos de un pasado de resistencias indígenas que enriquecía la formulación dialéctica de la realidad boliviana y añadía creatividad y audacia a la voluntad real de cumplir el programa anunciado.

No se trataba tampoco de las viejas formulaciones demagógicas, pues las medidas que comenzaron a tomarse rápidamente se hundieron como un filoso cuchillo en las propias entrañas de un sistema injusto.

Siguió luego el proyecto de una nueva Constitución, que significaba la refundación de un país, la transformación de las leyes que tenían una clara impronta colonial y ambigüedades neocoloniales, destinadas a perpetuar el sistema eternamente.

Discurso y acción no respondían solo a la historia más reciente; muchos espejos comenzaban a desenterrarse y a brillar tímidamente hasta convertirse en resplandor.

La metáfora más acabada es esa eterna marcha de los pueblos que hicieron imposible al sistema imperial mantener sus estrategias de dominación y sus intentos de extender la telaraña para imponer los nuevos esquemas de Guerra de Baja Intensidad (GBI).

En Bolivia el regreso de aquella vieja cultura soterrada constituye el del gobierno de Morales sobre todos los intentos por destruirlo en los últimos años, en los que Washington y sus socios gastaron millones de dólares conformando diversas oposiciones, violentas o falsamente democráticas.

Este nuevo proceso comenzó a tocar a fondo las fibras de la sociedad boliviana, condenada a los arrabales para convertirse en una voluntad revolucionaria, una revoltura que produjo la reacción desmesurada de los eternos dueños del poder.

A medida que se profundiza el proceso, en medio de dificultades extraordinarias, el viejo poder criminal, impune hasta ahora, resucita lo más recóndito del odio. El lenguaje es visceral, brutal, sin tapujos. Despojados lentamente de algunos de sus privilegios los sectores dominantes instalaron la ideología del odio, que los ha llevado a mostrarse en su verdadera naturaleza, como sucedió en la escenificación brutal de Sucre, donde humillaron y castigaron televisadamente a un grupo de indígenas desnudos, atados por el cuello entre sí con sogas, o en la masacre de Pando que intentan encubrir con cobardía e impunidad amparada desde el Norte. Los fantasmas de un fascismo envejecido, ya sin coberturas o disimulos, han actuado contra el pueblo y se han mostrado sin máscaras ante el mundo, como también lo han hecho sus poderosos protectores.

Desde que Morales era un dirigente sindical cocalero, Estados Unidos lo vio como un “peligro”, un enemigo potencial. Eliminarlo físicamente es uno de sus planes, nada novedoso si se estudia la cantidad de asesinatos políticos protagonizados por Estados Unidos en todo el mundo y en su propio país. Pero en Bolivia todo se les hace esquivo. No pueden entender los lenguajes de un mundo renaciente. Se obstinan en detener el proceso de cambio, la resurrección de las viejas culturas que deshacen los mitos de la impotencia. Ha cambiado Bolivia y el mapa de América Latina —que ellos trazaron en su imaginario imperial— se les deforma ante los ojos. Se les esfuma, se les va de las manos. A ciegas, el gigante golpea y tropieza una y otra vez. Washington estima que golpear a cualquiera de los países que conforman el hasta ahora mayor esquema de integración en América del Sur puede tener un efecto dominó.

Pero sus movimientos ya no alcanzan los objetivos. Quedan en el aire, se les devuelven como un boomerang. El poder colonial envejecido está ciego como el gigante tambaleante que lo simboliza.

De esa historia de dominación y telarañas trata este libro. Con documentación, investigaciones, testimonios y crónicas de la realidad, se intentará demostrar cómo un país inmensamente rico en recursos humanos y naturales pudo ser convertido en un laboratorio de proyectos neocoloniales o recolonizadores. Pero también cómo Bolivia desenterró sus espejos para que nos miremos en ellos en los tiempos de la dominación y en el esplendor de las resistencias.

Stella Calloni

1. Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina, Siglo XXI Editores, México 1971.

2. Taboada Terán, Néstor, Tierra mártir. Del socialismo de David Toro al socialismo de Evo Morales, Editora H, segunda edición, Bolivia 2006.

3.Ibídem op. cit.

4.Ibídem op. cit.

5.Ibídem op. cit.

6.Ibídem op. cit.

7. Discurso de Simón Bolívar al Congreso Constituyente en la proclamación de la nueva Nación Boliviana. Documento histórico. Mayo de 1826.

Parte I

Evo en la mira, 1983-2005

Capítulo 1

Evo Morales: un blanco de Washington

“... Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez...”

Proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad de La Paz,

16 de julio de 1809

Hablar de Orinoca, del altiplano de Oruro, donde nació y creció Evo Morales, es decir dureza, frío, belleza majestuosa y soledad. Es una zona de grandes recursos mineros, de montañas y lagos que figuran entre las reservas más importantes de agua en el mundo, pero también de una población mayoritariamente pobre y de una realidad social injusta como pocas.

Huanuni, el centro minero más grande de Bolivia es la memoria viva del saqueo y de la resistencia. Las luchas campesinas en el lugar también son de larga data. De la misma manera lo es el carnaval de Oruro, el más famoso del mundo, reconocido por la UNESCO en 2001 como “Obra maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la humanidad” por su valor cultural, tradicional, religioso, donde el sincretismo se muestra en los coloridos juegos y bailes, escenografías que recuerdan al Tíbet o las diabladas, con su trazo africano junto a las tradiciones indígenas locales.

Esas caracterizaciones maravillosas, muy típicas y coloridas, puestas sobre un mundo yermo donde todo aparece cubierto de tierra llevan muchos mensajes detrás.

Sorprendente es la historia de Oruro y todo eso está también detrás de Evo Morales. Hay que ser muy fuerte y adquirir sabidurías propias para sobrevivir en el frío altiplano orureño, en la pobreza absoluta.

No fue un camino de rosas la vida de Evo hasta aquellos días de diciembre de 2005 cuando resultó electo con un apoyo popular abrumador.

“Cuando me preguntan sobre mi vida en otros tiempos y cuento lo que viví con mis padres y hermanos, con los compañeros comunitarios, jamás hubiera pensado que iba a ser presidente algún día. Trataba solamente de ser mejor cada día en mi trabajo sindical para luchar junto a los compañeros, exigir la justicia. Me costó mucho y debí tomarme tiempo para pensar cuando los compañeros me eligieron para que fuera a elecciones como candidato a diputado en 1997. Tampoco me podía imaginar que iba a ganar entonces con tantos votos y tan acompañado por las bases. Eso me decía que tenía más responsabilidad cada vez y que debía prepararme todo el tiempo y no defraudar nunca a los compañeros. Nosotros con la familia y los comunitarios en Oruro sabíamos lo que era la vida dura. Y también después la lucha en El Chapare”, diría Evo Morales.8

Desde ese altiplano salió Evo varias veces, en largas caminatas con sus padres que lo llevaron de niño incluso hasta Jujuy y Tucumán, Argentina, donde la familia trabajó un tiempo en la zafra. Esos caminos recorridos fueron extremadamente difíciles, aunque él relata el pasado con serenidad y dignamente, sin victimizarse jamás.

“Siempre, desde niño, me gustaba organizar cosas distintas. Pasaba mucho tiempo en un cerro cuidando las llanuras. Mi padre me llevaba, quedaba con algo de comida y esperaba que él volviera a buscarme para regresar a mi casa. Hay tiempo largo para pensar en esa soledad. Ese mes o algo más que me quedaba en el cerro, era duro. A veces bajaba a un pueblito lejos en la montaña, si faltaba algo de comida, pero volvía muy rápido.

“Cuando regresaba, quería hacer muchas actividades. Veía todo con otros colores. Cuando tenía como 13 años fui fundador de un equipo de fútbol (Fraternidad) en mi comunidad y eso nos permitía participar en campeonatos locales. Era capitán y delegado, y enfrentábamos a muchos equipos. A la vez trabajábamos fuerte, cuidando llamas, a las que había que trasquilar luego. Pero yo no dejaba de estudiar ni de jugar fútbol, porque eso nos hacía bien a todos y nos unía. Me gustaba la música y aprendí a tocar la trompeta. El fútbol y la música nos permitían compartir y hacer actividades colectivas. Mi padre fue muy compañero y nos alentaba en los deportes. Yo recuerdo que no paraba nunca y cuando tenía unos 16 años, los delegados (ayllus) de la comunidad ya me eligieron como director técnico de la selección de todo el cantón”.9

Para continuar sus estudios, Morales viajó a la ciudad de Oruro donde trabajó en muchos oficios duros y fue también trompetista, como lo había sido en Orinoca. La música es una parte importante de su vida. En la capital de Oruro tocaba en la banda Real Imperial, que era invitada a festividades en varias localidades. No olvida que la música lo llevó a recorrer centros mineros, especialmente, los del sur de Potosí.

“Tengo tantos recuerdos de esos viajes y de cómo iba conociendo otros com­pañeros y veía el trabajo de los mineros y sus luchas. Aprendí mucho y cada vez iba mirando los sufrimientos, pero también las rebeldías de nuestro pueblo”.10

En 1971 se enteró del golpe del general Hugo Banzer en una carretera por donde iban caminando con su padre hacia Cochabamba. Después del servicio militar obligatorio que cumplió en el Estado mayor de La Paz, y de vivir los golpes de estado, de Juan Pereda Asbún y David Padilla Arancibia en 1978 Evo volvió a su tierra (la historia de Bolivia registra unos 189 golpes). Pero una tragedia cayó sobre las comunidades de Orinoca cuando el fenómeno de El Niño se llevó más del 70 por ciento de la producción y más del 50 por ciento de los animales. Varias calamidades sucedieron en Oruro en los años 80, como las sequías y los miles de mineros que quedaron sin trabajo en los comienzos del aluvión neoliberal.

Desolados por las pérdidas, sus padres tomaron la decisión de irse. Y lo hicieron como tantos otros comunitarios y mineros sin trabajo, hacia el oriente. El camino recorrido por Evo resume un ejemplo de construcción de liderazgo surgido naturalmente —en lo social y político— en la lucha cotidiana, que lo llevó a resistir para sobrevivir en un país donde el colonialismo, con su carga feroz de racismo, perdura desde hace cientos de años.

Sería imposible entender cómo llegó a la presidencia de Bolivia si no se conoce ese período de su vida. A su inteligencia natural y el instinto de supervivencia, unió la militancia activa y permanente y fue uno de los dirigentes que más insistió en la organización y disciplina para enfrentar a un enemigo poderoso, que cada día asestaba golpes a las comunidades de humildes productores.