Fenómenos del poder - Heinrich Popitz - E-Book

Fenómenos del poder E-Book

Heinrich Popitz

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Beschreibung

La presente obra es el resultado de la investigación sociológica que Heinrich Popitz realizó con miras a proponer una respuesta a la interrogante de qué es el poder. Partiendo de analizar los elementos intrínsecos de éste, que van desde el carácter creativo hasta su dimensión conservadora que tiende a normalizar e instaurar un orden, el autor nos presenta las expresiones y los mecanismos bajos los cuales funciona y opera el poder.

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Seitenzahl: 397

Veröffentlichungsjahr: 2019

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HEINRICH POPITZ nació en Berlín el 14 de mayo de 1925 y murió en Friburgo de Brisgovia en abril de 2002. Con formación en filosofía, historia y economía, en 1949 obtuvo el doctorado en filosofía (bajo la tutela de Karl Jaspers) y en 1957, el de sociología. Su pensamiento se enmarca dentro de la etapa de reorientación y reforma de la sociología alemana que tuvo lugar después de la segunda Guerra Mundial. Sus principales estudios se han enfocado en cuatro conceptos fundamentales: el poder, las normas, la tecnología y la creatividad.

 

Fenómenos del poder

Sección de Obras de Sociología

 

Traducción Alexis Emanuel Gros

Revisión técnica de la traducción: Silvana Karina Figueroa-Dreher

Editores: Jochen-Dreher y Andreas Göttlich

Heinrich Popitz

Fenómenos del poder

Primera edición en alemán, 1986 Segunda edición en alemán, 1992 Primera edición en español, 2020 [Primera edición el libro electrónico, 2020]

© 1992, Mohr Siebeck in Tübingen Título original: Phänomene der Macht

D. R. © 2019, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 Ciudad de México

Comentarios: [email protected] Tel. 55-5227-4672

Diseño de portada: Teresa Guzmán Romero

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc., son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicanas e internacionales del copyright o derecho de autor.

ISBN 978-607-16-6611-6 (ePub)ISBN 978-607-16-6439-6 (rústico)

Hecho en México - Made in Mexico

Índice

Nota preliminar del traductor y los editores

Introducción de los editores

Biografía

La obra de Popitz:hacia una teoría sociológica general

Fenómenos del poder

Popitz y las discusiones clásicasy contemporáneas sobre el poder

Bibliografía

Prefacio a la segunda edición

I. El concepto de poder

Premisas históricas de la problematización del poder

Formas antropológicas fundamentales del poder

PRIMERA PARTE. FORMAS DE IMPOSICIÓN

II. Violencia

III. Amenazar y ser amenazado

IV. El vínculo de autoridad

V. Necesidades de autoridad: la transformaciónde la subjetividad social

VI. Acción técnica

SEGUNDA PARTE. FORMAS DE ESTABILIZACIÓN

VII. Procesos de conformación de poder

VIII. Poder y dominación: nivelesde la institucionalización del poder

Índice analítico

Nota preliminar del traductor y los editores

La presente edición de Fenómenos del poder es una traducción directa del alemán de la segunda edición ampliada de Phänomene der Macht, publicada en 1992 por la editorial J. C. B. Mohr (Paul Siebeck) en Tubinga, Alemania.

Con el objetivo de facilitar el cotejo de la traducción con la versión alemana, hemos decidido mantener inalterada la numeración original de las notas al pie, por lo que las notas destinadas a clarificar la traducción de conceptos teóricos clave y a remediar ciertas omisiones en las citas bibliográficas del texto original usan una numeración distinta y se identifican por estar referidas como nota del traductor [N. T.] o notas de los editores [N. E]. Al traducir las citas que realiza Popitz de otros pensadores recurrimos a las traducciones disponibles en español, las cuales se ubican entre corchetes con el número de página correspondiente, en caso de que ésta haya sido la edición utilizada. Cuando se realizó la traducción directamente del alemán, sólo se ubicó la edición en español de la obra (si es que hay) sin consignar el número de página de ésta.

ALEXIS E. GROS, ANDREAS GÖTTLICH y JOCHEN-DREHER

Introducción de los editores

A pesar de gozar de un gran prestigio en Alemania, el pensamiento sociológico de Heinrich Popitz (1925-2002) es prácticamente desconocido en el mundo de habla hispana.1 En la presente introducción, nos proponemos revertir esta situación. Comenzaremos brindando un breve bosquejo biográfico del autor y una visión de conjunto de su producción teórica. Luego, nos concentraremos en su teoría del poder, analizando sus vinculaciones y contrastes con otras concepciones clásicas y contemporáneas sobre la temática.

BIOGRAFÍA

Heinrich Popitz nace en Berlín, Alemania, el 14 de mayo de 1925. Con ocasión de una conferencia de la Asociación Alemana de Sociología en 1998, se describe a sí mismo como parte de una “generación en el margen” que había atestiguado “con algo de conciencia” los tiempos del nacionalsocialismo.2 Como muchos miembros de su generación, Popitz intenta explicarse las causas de esta catástrofe de la civilización. Sin duda, esta inquietud juega un rol decisivo en la gestación de sus aptitudes teóricas para analizar estructuras sociales ocultas.

El joven Heinrich crece en un hogar burgués, pero desde pequeño muestra gran interés por el mundo de la clase trabajadora. Su padre, Johannes, un político destacado de la República de Weimar, se cuenta entre los conservadores alemanes que primero colaboraron con el nacionalsocialismo para luego volverse un duro crítico de él. En la década de 1940, Johannes Popitz se une al movimiento de resistencia alrededor del conde von Stauffenberg. Luego de un intento fallido de asesinar a Hitler es sentenciado a muerte y ejecutado en 1945. Heinrich vive la trágica muerte de su padre con sólo 19 años de edad.

Después de la guerra, Popitz estudia filosofía, historia y economía en Heidelberg, Gotinga y Oxford y, en 1949, se doctora en filosofía en Basilea bajo la tutela del famoso filósofo Karl Jaspers. A pesar de carecer de formación profesional como sociólogo, en 1951 recibe una oferta de trabajo como investigador social en Dortmund. Gracias a esta experiencia profesional, obtiene luego una beca de la Fundación Rockefeller para realizar una investigación sobre la percepción de la sociedad de los trabajadores industriales.

Al reflexionar retrospectivamente sobre esos años, Popitz afirmará que él y sus colegas del proyecto aprendieron sociología mientras la practicaban. El éxito de este proceso de aprendizaje se ve reflejado en la gran repercusión de las publicaciones que resultaron de la investigación,3 publicaciones que se convirtieron en escritos fundamentales para el desarrollo de la sociología cualitativa en Alemania, alcanzando un estatus similar al que obtuvo el Campesino polaco en Europa y América de Florian Zaniecki y William I. Thomas en los Estados Unidos.

En esas publicaciones puede observarse ya un rasgo típico del abordaje sociológico popitziano. El proyecto de examinar empíricamente la teoría de la alienación desarrollada por Marx bajo nuevas circunstancias históricas estaba guiado por un escepticismo respecto de la ideología en general. Para Popitz, la derrota del régimen nazi significó una cesura radical. Si Alemania quería avanzar como sociedad, las tendencias ideologizantes debían ser opuestas también dentro del pensamiento sociológico. Por tanto, tal como otros sociólogos de posguerra, el autor berlinés optó por un cambio de paradigma: se alejó de la sociología cercana a la historiografía idealista para desarrollar una ciencia empírica y pragmática de la realidad social.

En 1957 Popitz recibe su Habilitation en sociología en Friburgo de Brisgovia bajo la supervisión de Arnold Bergsträsser. Luego de una estancia de cinco años en Basilea, donde obtiene su primera cátedra, retorna a Friburgo en 1964 para convertirse en el primer profesor ordinario del flamante Instituto de Sociología. Allí transcurre el resto de su carrera académica hasta su retiro en 1992, con sólo una corta interrupción en 1970-1971, periodo en que ocupa la cátedra Theodor-Heuss en la New School for Social Research de Nueva York. Popitz muere en 2002. Su legado científico —manuscritos inéditos y cartas— se conserva en el Archivo de Ciencias Sociales de la Universidad de Konstanz desde 2005.

Si bien no fundó una escuela de pensamiento —como sí lo hizo, por ejemplo, Niklas Luhmann—, Popitz aún sigue ejerciendo una influencia notable en la sociología germanoparlante. Varios de los profesores de sociología alemanes que ahora rondan entre los 60 y 70 años acudieron a sus seminarios en Friburgo, y todavía hoy alaban sus habilidades para introducir a los estudiantes en el pensamiento sociológico. Sus escasas pero muy bien elaboradas publicaciones tuvieron aún mayor repercusión, convirtiéndose en parte del canon nacional de la sociología alemana. La más significativa de ellas es, sin duda, Fenómenos del poder.

LA OBRA DE POPITZ: HACIA UNA TEORÍA SOCIOLÓGICA GENERAL

El pensamiento de Popitz se enmarca dentro de la etapa de reorientación y reforma de la sociología alemana que tuvo lugar después de la segunda Guerra Mundial. Como se señaló, esta etapa se caracteriza por el pasaje de una sociología con rasgos idealistas hacia una ciencia sociológica pragmáticamente orientada. Popitz pertenece a una generación de sociólogos que, debido a sus experiencias con el nacionalsocialismo, se oponen a las orientaciones ideológicas y luchan por un nuevo comienzo intelectual.4 Estos sociólogos realizan un “giro hacia los hechos” a través de la investigación empírica. En otras palabras, parten de la convicción de que la focalización en la realidad concreta y observable es una precondición de toda sociología.5 Popitz también muestra escepticismo respecto de los constructos teóricos especulativos desarrollados por la filosofía de la historia. Oponiéndose a la misma, propugna la investigación basada en la experiencia controlada de la realidad. Esto se ve reflejado en dos de los mencionados estudios de sociología industrial, Das Gesellschaftsbild des Arbeiters y Technik und Industriearbeit.6 En estas investigaciones, llevadas a cabo en la región carbonífera del Ruhr, Popitz y sus colegas emplean formas innovadoras de recolección de datos —la observación fenomenológicamente orientada y las entrevistas interpretadas hermenéuticamente— con el objetivo de investigar la concepción idealista-marxista de la alienación en relación con la técnica y el trabajo industrial. Partiendo del individualismo metodológico de Max Weber, Popitz aboga por una formación de teoría empíricamente orientada y concentrada en la relación entre individuo y sociedad. El análisis de las entidades sociales complejas tiene que ser puesto en vinculación con las acciones concretas y observables de los individuos, las cuales son el verdadero objeto de estudio de la sociología.

Pero esto no es todo. En términos aún más precisos, Popitz pretende desarrollar una sociología dirigida a la realidad empírica que, a la vez, se encuentre teoréticamente fundada en la antropología filosófica y la teoría de la acción. La influencia de la antropología cultural (Bronislaw Malinowski, Ruth Benedict, Margaret Mead, etc.) y la antropología filosófica (Max Scheler, Helmuth Plessner, Arnold Gehlen) influyen decisivamente en el proyecto popitziano, el cual puede ser caracterizado como una “sociología antropológica”.7 La preocupación central de Popitz es desarrollar una teoría sociológica general capaz de analizar las estructuras fundamentales y transculturales de la socialidad humana.8 En este sentido, puede afirmarse que el interrogante central de su obra es el siguiente: partiendo del supuesto de que el ser humano co-crea la sociedad mediante su acción, ¿de qué manera puede deducirse la socialidad de una concepción del ser humano?9 Sustentado en investigaciones antropológico-filosóficas, Popitz analiza los cuatro fenómenos esenciales de la socialidad humana, a saber: las normas,10 el poder,11 la técnica12 y la creatividad.13 La socialidad humana no es concebible sin normas, estructuras de poder, artefactos técnicos ni creatividad; esta última es una cualidad que se manifiesta en la exploración, el juego y la creación de sentido. Los cuatro pilares fundamentales del pensamiento de Popitz refieren, entonces, a dimensiones medulares de lo social. Para analizar estas dimensiones, el autor parte de supuestos antropológicos: la relativa “desligazón de los instintos” [Instinktentbundenheit] del ser humano, su facultad de habla y el carácter ilimitado de su imaginación e inteligencia corporal. Esto es, la variabilidad y la maleabilidad del aparato sensomotor.

Es fundamental señalar que la concepción teórica de Popitz no se concentra únicamente en el establecimiento del orden social, es decir, en la construcción normativa de la sociedad y la constitución de estructuras de poder. Su teoría brinda también un análisis sociológico del potencial humano para el desarrollo técnico y la acción creativa. Por un lado, Popitz describe el condicionamiento cultural y la relatividad de las normas sociales como “plasticidad social”, aludiendo al potencial de los seres humanos para reaccionar a diferentes concepciones del orden. Por otro, pone de manifiesto la productividad social en referencia al poder de creación e imaginación con el cual los seres humanos construyen sus órdenes vitales. Los seres humanos están capacitados para interpretar las condiciones biológicas, reformarlas y estilizarlas a través de su comportamiento.14 Esto significa que la condición humana incluye, además, la capacidad de confrontar flexiblemente los requerimientos normativos. La teoría tardía de la creatividad de Popitz se concentra en el análisis de la productividad individual y social de los seres humanos, y en el potencial de estos últimos para trascenderse a sí mismos. En contraste con las teorías del poder y las normas, la teoría de la creatividad reflexiona sobre fenómenos que están más allá del reino de la coacción.15 Esta posición subraya el poder de subjetivación del individuo y su potencial de confrontarse con órdenes sociales establecidos, descubriendo y estableciendo nuevas soluciones.

Sustentado en estas ideas fundamentales, Popitz busca desarrollar una “teoría sociológica general” focalizada en el campo de tensión entre la coacción normativa y la libertad de acción. Dado que no poseen instintos fijos, los seres humanos están obligados a (re)configurar su mundo circundante mediante la acción para lograr satisfacer sus necesidades vitales fundamentales. Sin embargo, su condición biológica no dicta de qué manera concreta deben hacerlo; por tanto, están obligados a crear su mundo vital. Sin la capacidad de saber instintivamente cómo actuar y sin conocer los límites dentro de los cuales pueden actuar, reaccionan a sí mismos actuando. En síntesis, la teoría sociológica general de Popitz, basada en sus cuatro pilares —normas, poder, técnica y creatividad—, no se limita a explicar la construcción y el sostenimiento del orden social por medio del establecimiento de normas y jerarquías de poder y el perfeccionamiento del mundo humano a través de logros técnicos; también da cuenta de la resistencia y transformación del orden social mediante la acción creativa.

FENÓMENOS DEL PODER

Las consideraciones realizadas hasta aquí dejan en claro que el poder constituye una preocupación fundamental en la obra de Popitz. Durante las más de tres décadas en que enseña sociología, el autor dedica regularmente lecciones a este tópico. Estas clases le brindan la ocasión de pensar y repensar sus ideas, mejorando y refinando así su comprensión del poder. El presente libro, la segunda edición de Fenómenos del poder, publicada originalmente en 1992, representa la cúspide de sus reflexiones sobre el tema. Fenómenos del poder contiene ensayos publicados anteriormente, por ejemplo Prozesse der Machtbildung (“Procesos de la conformación de poder”) de 1968,16 y textos hasta ese entonces inéditos como “Das Konzept Macht” (“El concepto de poder”).

Tener en mente la génesis de Fenómenos del poder dentro del contexto de la enseñanza universitaria permite comprender mejor sus características estilísticas. Se trata de un libro escrito en un estilo lúcido y a la vez sofisticado que evita, dentro de lo posible, la jerga sociológica. Esto puede ser explicado por necesidades didácticas, dado que el autor deseaba volver accesibles sus reflexiones a los jóvenes estudiantes de sociología. Popitz, además, no se adentra en discusiones histórico-intelectuales acerca de lo que otros autores escribieron sobre el poder. Antes bien, conduce al lector directamente, in medias res, al análisis del fenómeno mismo. Esto demuestra su extenso y muy avanzado conocimiento sobre el tema, conocimiento que le otorga la seguridad suficiente para confiar en sus propias reflexiones. Debe destacarse, asimismo, que se trata de una obra con una estructura clara y precisa, cuyas secciones se encuentran estrechamente vinculadas entre sí. En este sentido, Fenómenos del poder posee un alto grado de consistencia.

En términos de contenido, el libro está dividido en dos partes fundamentales. La primera se ocupa de las formas de imposición del poder, mientras que la segunda aborda sus formas de estabilización. Las dos partes se encuentran precedidas por un capítulo que brinda un marco conceptual general para los análisis subsecuentes. En este capítulo, Popitz presenta su tesis fundamental: el poder se encuentra enraizado en la condición humana y, por tanto, forma parte de todas las relaciones sociales. En ese sentido, la idea de una sociedad libre de poder es una utopía, y esto en términos literales: se trata de un lugar que no existe ni existirá jamás. Tal punto de vista puede ser caracterizado como pesimista o, más bien, como realista. Lo importante, sin embargo, es señalar que Popitz no vincula esta posición con una tendencia al fatalismo. El poder puede ser limitado por un contra-poder; el “poder total” es frágil y pasible de colapsar con el correr del tiempo. Es decir, resulta posible combinar la tesis de la omnipresencia del poder no sólo con una posición crítica respecto de las manifestaciones concretas del poder, sino también con una perspectiva de modificación de las mismas.

Superar el trivial lamento sobre la depravación del poder y sus repercusiones inmorales, sin embargo, presupone lo que Popitz llamó una vez “un salto desde la mala universalidad al análisis detallista y puntilloso”.17 Su instrumento conceptual para este propósito es la distinción de diferentes formas de poder. Esta distinción le permite concebir los cambios sociales no meramente como un incremento o una merma de poder, sino más bien como modificaciones en sus formas de aparición. En este sentido, en la obra popitziana la perspectiva histórica se complementa con una posición antropológica.

La distinción entre las formas de poder antropológicamente determinadas —que es estudiada a fondo en la primera parte de Fenómenos del poder— es susceptible de ser leída como una respuesta a la observación weberiana de que el concepto de poder es “amorfo”. Puede afirmarse que la concepción de Popitz le brinda forma a un fenómeno que supuestamente carece de ella. De allí que hable de cuatro “formas” y no de cuatro “tipos” de poder.

1) En primer lugar, Popitz analiza el “poder de acción” esporádico y episódico, especialmente en la violencia. 2) A diferencia de la violencia —que está limitada a situaciones temporarias—, el “poder instrumental” es más persistente; incluye el poder de prometer y de amenazar: la zanahoria y el palo, que muchas veces son pensados por separado en la literatura especializada. 3) Por su parte, el “poder autoritativo” se funda en lazos socio-psicológicos específicos entre quien ejerce y quien sufre el poder, es decir, en un proceso de internalización de la perspectiva del primero por parte del segundo. En la medida que afecta la constitución “interna” de las personas, este tipo de poder trasciende la dimensión meramente comportamental de las otras dos formas. 4) Finalmente, Popitz analiza el “poder instaurador de datos”, esto es, la habilidad de influenciar el comportamiento de otros a través de la manipulación del entorno material compartido. Prestando especial importancia al crecimiento significativo que el procesamiento electrónico de información ha tenido en los últimos años, algunos argumentan que esta forma particular de poder podría ganar significación en el futuro cercano.18

Esta diferenciación de cuatro formas elementales de poder se sustenta en raíces antropológicas. Los individuos humanos se encuentran expuestos al daño y son capaces de infligir daño a otros. Hacen planes, están preocupados y ansiosos por su porvenir y, consecuentemente, pueden ser manipulados mediante la influencia sobre sus prospecciones. Los seres humanos, además, necesitan estándares y buscan la aprobación de los otros. Y también producen una “segunda naturaleza” compuesta por artefactos que pueden retroactuar sobre ellos. Estas cuatro formas de poder, afirma Popitz, forman parte de las experiencias básicas que cada niño realiza durante su socialización.19

Por su parte, las reflexiones sobre los procesos de establecimiento de poder de la segunda sección concretan las reflexiones anteriores, más abstractas, a través de análisis detallados de las interacciones sociales paradigmáticas en las que el poder emerge. El foco general está inspirado en David Hume,20 quien afirma que “nada es más sorprendente para quienes consideran con mirada filosófica los asuntos humanos que la facilidad con la que los muchos son gobernados por los pocos”. Popitz intenta echar luz sobre este enigma a través de la construcción de episodios ficcionales que, sin embargo, poseen un fondo realista.21 Estos episodios se dan en escenarios sociales circunscriptos y de un tamaño manejable, de manera tal que en ellos se puedan mantener ciertos presupuestos ceteris paribus. Permiten, además, realizar reflexiones sobre la emergencia del poder desde un estado inicial en el que todos poseen un igual poder, lo cual es imposible de llevar a cabo recurriendo simplemente a ejemplos históricos. El primer episodio, situado en un crucero del Mediterráneo, muestra la importancia de la capacidad superior de organización y retrata el surgimiento de la legitimidad a partir del principio de reciprocidad. El segundo, situado en un campo de prisioneros de guerra, muestra la superioridad productiva de los núcleos solidarios, dando cuenta del carácter escalatorio de la toma de poder. Por último, el tercer episodio, que tiene lugar en una institución educacional, muestra la reproducción del poder por medio de la redistribución y la importancia del orden en términos de una legitimidad básica. La idea común sugerida por estos tres ejemplos es que el poder surge siempre como resultado de la acción humana, lo cual implica que las relaciones de poder no deben ser reificadas por la reflexión sociológica. El poder en general es el destino insuperable de toda forma de socialidad, pero ninguna estructura concreta de poder es necesaria.

Las consideraciones finales del capítulo “Poder y dominación” colocan las reflexiones antropológicas dentro de un marco histórico, lo cual Popitz entiende como una profundización de los desarrollos teóricos de Weber. Dentro del proceso histórico general de institucionalización del poder, el autor distingue tres estadios: 1) despersonalización, 2) formalización y 3) integración en sistemas abarcadores de orden. Popitz considera que el poder que hoy en día tiene lugar en nuestra vida cotidiana es un último estadio preliminar.

Mirado en su conjunto, Fenómenos del poder se muestra como un libro que merece su título. La intención de Popitz no es informar a sus lectores acerca de la manifestación concreta del poder en ésta o aquella situación histórica; los ejemplos de estas manifestaciones son sólo brindados como ilustraciones. El objetivo de la obra, más bien, es proveer una batería de conceptos fundamentales de validez general, los cuales puedan ser empleados por el lector para realizar estudios de caso de manifestaciones específicas del poder social. Esto refleja una actitud general de Popitz, quien no aspira a encontrar una explicación para una sociedad concreta —moderna, posmoderna, premoderna, etc.— sino de la sociedad como tal. Sus profundos conocimientos en antropología filosófica, así como sus habilidades precisas de observación, le permiten ir más allá de las apariencias empíricas del poder para descubrir su estructura desnuda, su fenomenalidad. Éste es el logro que, creemos, le da importancia a este libro.

POPITZ Y LAS DISCUSIONES CLÁSICAS Y CONTEMPORÁNEAS SOBRE EL PODER

Debe enfatizarse que el concepto de poder desarrollado por Popitz es de carácter antropológico. Desde esta perspectiva, el poder no sólo forma parte de las relaciones sociales, sino también de la confrontación humana con la naturaleza. Esto es específicamente importante en relación con la cuarta forma de poder, el poder instaurador de datos, ya que permite a los seres humanos dominar su entorno natural a través de la acción técnica y, al mismo tiempo, ejercer poder sobre sus congéneres. La idea popitziana del poder como consecuencia de la acción humana se encuentra en forma primigenia en la filosofía antigua. Más específicamente, las raíces de la posición de Popitz deben buscarse en Aristóteles, Platón y Tucídides. Estos pensadores desarrollan una “idea de lo político” que se ajusta perfectamente a los propósitos popitzianos, a saber: un concepto de poder basado en la asunción de que el orden político puede ser reordenado y modificado por la acción humana. Según esta “idea de lo político”, la mejor constitución puede ser configurada siguiendo los postulados de la justicia, el gobierno de la ley, la igualdad ante la misma. Es posible conformar la polis como una “comunidad de libres”, como una unión de ciudadanos “que ven la felicidad en la libertad”.22

El filósofo escocés David Hume influencia particularmente las reflexiones popitzianas sobre el poder, a pesar de que no emplee este concepto en sus obras. En efecto, puede afirmarse que Hume constituye la base teórica de la noción antropológica del poder desarrollada por Popitz. El filósofo inglés presupone que el poder pertenece esencialmente a la condición humana: los seres humanos establecen necesariamente jerarquías de poder cuando conviven. Popitz comienza el séptimo capítulo del libro —“Procesos de conformación de poder”— con la afirmación de Hume23 citada más arriba: “nada es más sorprendente para quienes consideran con mirada filosófica los asuntos humanos que la facilidad con la que los muchos son gobernados por los pocos”. La pregunta crucial de cómo los muchos son gobernados por los pocos es respondida por Popitz a través de su teoría del poder. Con base en sus acciones, el grupo más pequeño desarrolla mecanismos sociales de organización, especialización, división del trabajo, etc., para obtener poder sobre la mayoría. Toda forma de coexistencia social establece diferencias de poder. El poder no sólo es impuesto sobre los otros; también es aceptado y aprobado por éstos, quienes lo consideran legítimo.

A pesar de no ser mencionada explícitamente en Fenómenos del poder, también la filosofía vitalista de Friedrich Nietzsche ejerce influencia en Popitz. Nietzsche considera que los seres humanos son guiados por una “voluntad de poder” que aspira a una interpretación particular del mundo. En este sentido, estima que los filósofos están especialmente predestinados a aplicar su voluntad creativamente porque “su ‘conocer’ es crear, su crear es legislar, su voluntad de verdad es voluntad de poder”.24 La condición humana, entonces, está basada en la aspiración al poder sobre otros, aspiración que se ve expresada en toda forma de interacción. Para Nietzsche, aquellos que son exitosos en la autoconquista y logran definir una verdad reconocida son los “elegidos” que actúan exitosamente de acuerdo con su voluntad de poder. Debe señalarse que Popitz no comparte esta idea. Antes bien, se limita a integrar algunos elementos nietzscheanos en su propia concepción.

Sin duda, el autor más influyente en el pensamiento de Popitz, en general y en su teoría del poder en particular, es Max Weber. Weber25 trata el concepto de poder de una manera prudente y distanciada, describiéndolo como sociológicamente “amorfo”, esto es, como un tema difuso y carente de estructura. Por esa razón, se niega a tratarlo directamente. En vez de ello, se concentra en analizar la cuestión de la dominación como forma de poder político firmemente anclada en jerarquías e instituciones establecidas. El “poder”, de acuerdo con la interpretación de Weber, “significa la probabilidad de imponer la propia voluntad dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad”.26 El foco radica en la probabilidad de que un actor, siguiendo su propia voluntad, imponga su voluntad a otro.

Mientras que Weber decide distanciarse del concepto vago y “amorfo” del poder, Popitz, como se afirmó, emprende la tarea de clarificar esta noción a través de la diferenciación de cuatro formas antropológicas generales del poder: “poder de acción”, “poder instrumental”, “poder autoritativo” y “poder instaurador de datos”. No se trata de tipos ideales desarrollados a partir de la comparación histórica y cultural, como sí lo son los tres tipos ideales weberianos de la “autoridad legal”, la “autoridad tradicional” y la “autoridad carismática”.27 En tanto tipos ideales, los mismos no ocurren en forma pura en el mundo empírico, son más bien construcciones y abstracciones realizadas por el científico social. Las cuatro categorías de Popitz, en contraste, son formas antropológicas universales que pueden tener lugar en toda sociedad. A pesar de esta diferencia metodológica y epistemológica, el “poder instrumental” parece derivarse de alguna manera de la definición weberiana del poder, en la medida en que está basado en la probabilidad continua de que el actor lleve a cabo su voluntad empleando la amenaza de sanciones o la promesa de la gratificación, con el efecto de mantener esta relación de forma continua. Además, el concepto popitziano de “poder autoritativo” está vinculado a la noción weberiana de “autoridad carismática”, pues está basado en la personalización del poderoso, que es respetado y reconocido debido a su supuesta y creída autoridad. Es importante señalar que, en lo que respecta a la legitimación del poder, Popitz continúa desarrollando la idea weberiana de la despersonalización de la dominación en la Modernidad, argumentando que en la época moderna el poder ya no se encuentra ligado a una persona específica, sino a la función de la posición de poder. De este modo, la persona que ostenta la posición de poder puede ser remplazada sin que se produzcan cambios dentro de la jerarquía.

Por otro lado, resulta significativo destacar que Popitz no cita la poco convencional teoría del poder de Hannah Arendt. Esto es curioso, dado que los dos sostuvieron una cercana amistad. Solían encontrarse regularmente en Friburgo y coincidieron en Nueva York durante la estadía de Popitz en la New School for Social Research. Arendt sostiene que el poder está basado en la condición humana y que sólo tiene lugar en el contexto de acciones e interacciones humanas: “emerge entre seres humanos que actúan juntos y se desvanece cuando éstos se dispersan”.28 De acuerdo con Arendt, el poder sólo ocurre en el momento de la acción, no existiendo en otro lugar. Las diferencias fundamentales de la concepción arendtiana con la de Popitz se vuelven manifiestas respecto al tema de la “violencia”. Para Popitz, la violencia es un estadio primario del poder, más específicamente, un poder de dañar, un “poder de acción”, que tiene carácter temporario y carece de intenciones de duración. Hannah Arendt se opondría completamente a esta idea dado que, en su propia concepción, la violencia no es una forma de poder. Aquellos que ejercen violencia demuestran, en última instancia, su carencia de poder.29 La autora está convencida de que “el poder y la violencia son opuestos; donde uno gobierna absolutamente, el otro está ausente. La violencia aparece cuando el poder se encuentra amenazado, pero dejada a su propio curso termina con la desaparición del poder”.30 Partiendo de la idea de que el poder es grandioso cuando controla la violencia, Arendt pretende establecer una concepción del poder con connotación positiva.

Una concepción del poder particularmente relacionada con la de Popitz es la desarrollada por Norbert Elias, quien, sin embargo, se distancia del individualismo metodológico weberiano. Tanto para Elias como para Popitz, las relaciones de poder están vinculadas al contexto social específico en el que ocurren, siendo producto de la interdependencia humana. De acuerdo con Elias,31 el orden social emerge a través del entrelazamiento continuo de acciones y experiencias, entrelazamiento que, a su vez, está basado en la interdependencia de los seres humanos. El poder no está ligado a una persona específica, “no es un amuleto que uno posea y otro no; es una peculiaridad estructural de las relaciones humanas, de todas las relaciones humanas”. Por tanto, proponiendo una teoría del juego, Elias32 decide remplazar el concepto de poder por la idea de “fuerza relativa” de los jugadores. En este sentido, la noción de equilibrio sirve para describir las relaciones de poder sin caer en la tentación de los términos sustantivos. Popitz también entiende los órdenes basados en el poder como realidades producidas por los seres humanos, es decir, como realidades que no están decretadas ni predeterminadas divinamente por mitos.33 Son, más bien, configuraciones absolutamente relativas y relacionales, puesto que constituyen un producto de la actividad humana. Los órdenes de poder, entonces, pueden ser construidos, reconfigurados y destruidos.

¿Quiénes están en las antípodas de la teoría popitziana del poder? Popitz considera el poder como un componente de todos los procesos sociales, esto es, como una constante antropológica que forma parte de toda situación social. Por esta razón, argumenta que “la búsqueda de un espacio exento de poder o de comunicación exenta de dominación se convierte en una pregunta especulativa”.34 Esta afirmación está claramente dirigida contra la ética del discurso de Karl-Otto Apel y Jürgen Habermas, una posición teórica según la cual las verdades éticas o normativas pueden establecerse mediante el análisis de los presupuestos del discurso.35 En la Teoría de la acción comunicativa, Habermas señala que el discurso es un proceso de negociación de las pretensiones individuales de validez sostenidas por los actores. Desde esta perspectiva, la racionalidad es inmanente al lenguaje, lo cual explica por qué los resultados de la comunicación son inevitablemente racionales cuando la misma se encuentra libre de poder y jerarquías. El “discurso libre de dominación”, como un ideal regulativo, ofrece la mejor posibilidad para alcanzar intuiciones verdaderas si está basado en normas discursivas tales como la igualdad fundamental de los participantes, la apertura a problematizar tópicos y opiniones, y la inclusión de los sentimientos auténticos.36 En efecto, el objetivo del “discurso libre de dominación” es alcanzar la racionalidad comunicativa. Desde la perspectiva de Popitz, que concibe el poder como omnipresente, ubicuo y existente en toda forma de interacción y comunicación humana, las reflexiones acerca de una ética discursiva se muestran como meras especulaciones.

Otra posición teórica contraria a la de Popitz es la de Michel Foucault, quien percibe el poder como el máximo desarrollo y principio de integración de nuestra sociedad. Desde su perspectiva, el poder está siempre relacionado con el conocimiento, lo cual se expresa en su reformulación de una reflexión nietzscheana: “la voluntad de verdad es una voluntad de poder” se transforma en sus manos en “la voluntad de saber es una voluntad de poder”.37 Según Foucault, el poder y el conocimiento son mutuamente inclusivos: “no existe relación de poder sin constitución correlativa de un campo de saber, ni de saber que no suponga y no constituya al mismo tiempo unas relaciones de poder”.38 En contraste con Popitz y Weber, quienes creen que los órdenes de poder son producto de los actores humanos siguiendo su propia voluntad qua sujetos actuantes, Foucault examina la fuerza de subjetivación de los discursos de conocimiento: los discursos de poder forman “subversivamente” e individualizan sujetos. En efecto, el filósofo francés investiga las tecnologías de poder que transforman a los individuos en subjetividades. Desde esta perspectiva, el término “sujeto” describe, por un lado, la subordinación del individuo y, por otro, el vínculo del individuo con su propia identidad a través de la conciencia y la autopercatación. En todo caso, se trata de un poder que produce, subyuga y oprime.

En el contexto de la presente edición en español de Fenómenos del poder, es relevante mencionar también la teoría del argentino Ernesto Laclau, un autor muy influyente en el pensamiento político y social latinoamericano. Partiendo de presupuestos postestructuralistas similares a los foucaultianos —aunque apoyándose principalmente en la obra de Jacques Derrida—, Laclau39 realiza una lectura novedosa de la teoría de la hegemonía de Antonio Gramsci. Para Gramsci,40 la hegemonía es la dimensión discursiva y cultural de la dominación. Se trata del proceso “mediante el cual una clase dominante establece su autoridad y naturaliza su dominación instaurando las presuposiciones de su propia concepción del mundo como el sentido común de la sociedad como un todo”.41 Provisto de las herramientas teóricas de la deconstrucción, el pensador argentino intenta depurar el concepto gramsciano de hegemonía de ciertos aspectos esencialistas y metafísicos que serían inmanentes a la concepción materialista de la historia. Para Laclau,42 Gramsci no fue lo suficientemente lejos en su valorización del rol que desempeñan el discurso y la cultura en la conformación de relaciones de poder y dominación. Efectivamente, de acuerdo con el pensador argentino, Gramsci sigue preso del esquema marxista base-superestructura, en la medida en que concibe la hegemonía discursiva como un mero epifenómeno de relaciones de clase económico-materiales de carácter prediscursivo y precultural. En términos afines —pero no idénticos— a Foucault, Laclau y Mouffe43 desarrollan una perspectiva posmarxista, según la cual los sujetos y los grupos sociales se conforman en y por medio de articulaciones discursivas hegemónicas y contrahegemónicas. A pesar de los innegables contrastes con la posición de Popitz, el concepto gramsciano-laclausiano de hegemonía puede ser puesto en relación con las ideas popitzianas acerca de la conformación de legitimidad de los órdenes de poder. A diferencia de Laclau, sin embargo, Popitz sostiene que la validez de la legitimidad surge a partir del principio de la reciprocidad, es decir, en tanto y en cuanto el orden de poder es aceptado recíprocamente por los superiores y los subordinados. Para el autor argentino, en contraste, la hegemonía cultural como base de la legitimidad se establece cuando el discurso logra, por lo menos transitoriamente, presentarse como universal y carente de alternativa, consiguiendo además instituirse. De este modo, las hegemonías mismas producen discursivamente el fondo del sentido de la definición de los intereses de los actores que son reconocidos como socialmente legítimos. En contraposición a Popitz, entonces, Laclau no le adjudica a la interacción recíproca entre los sujetos un rol fundamental en el establecimiento de la legitimidad de órdenes de poder.

Un teórico del poder de gran renombre en el mundo de habla inglesa es Steven Lukes. De acuerdo con este autor, el poder logra que los seres humanos no reconozcan sus propios intereses. Lukes44 describe tres dimensiones o “facetas” del poder a través del análisis de la siguiente fórmula: “A tiene poder sobre B en la medida que puede lograr que B haga algo que, de otra manera, no haría”. La primera “faceta” del poder es absolutamente compatible con las ideas de Weber y Popitz, puesto que refiere a la habilidad de afectar la toma de decisiones de los otros, es decir, influenciar a B para tomar una decisión que, de otra manera, no tomaría. La segunda “faceta”, por su parte, está más bien relacionada con los casos en que el poder no opera a través de una influencia directa en las tomas de decisión de B. En este caso, el poder funciona impidiendo que B se queje de las preferencias insinuadas por A. En lo que respecta a la “tercera faceta” —y aquí es donde la proximidad de Lukes con Foucault y Bourdieu se vuelve obvia—, A no sólo logra que B haga lo que no quiere hacer. También ejerce poder sobre B en la medida en que logra dar forma a sus pensamientos y deseos de tal manera que B esté convencido de estar actuando conforme a su voluntad libre y autónoma. En esta última forma de manifestación, el poder funciona a través del control y la manipulación, y puede provocar que alguien no actúe según sus propios intereses.

Pierre Bourdieu, por su parte, desarrolla una muy influyente concepción de poder que se concentra en el agente subjetivo, colocando especialmente el foco en los conceptos de capital y poder simbólicos. El capital simbólico consta de propiedades —físicas, económicas, culturales o sociales— que los actores sociales identifican como portadoras de valor con base en determinadas categorías de percepción.45 En este sentido, resulta decisivo el reconocimiento y la apreciación de las diferentes formas de capital; el significado y el valor del capital simbólico está dado por el reconocimiento de los miembros de un determinado grupo social. Y este reconocimiento, a su vez, está basado en el habitus específico de los agentes sociales individuales. El “capital simbólico” es un término general que refiere al capital económico, cultural y social. Este concepto bourdiano refiere a los símbolos sociales operantes como signos de distinción que vuelven visible aquello que está dado en un nivel más profundo, muy real y, por tanto, experimentable en sus consecuencias, a saber: el nivel del orden social y, especialmente, el de la economía.46 Las relaciones de poder objetivas, por tanto, tienden a reproducirse a sí mismas en relaciones de poder simbólicas.47 Las raíces marxistas del pensamiento de Bourdieu —también relevantes en Popitz— son bastante obvias. Siguiendo a Marx, el sociólogo francés considera que las relaciones de poder basales y objetivas son las fundamentales. Los diferentes intereses de los poderosos determinan la forma y la sustancia de las teorías que desarrollan; los intereses materiales influencian la expresión de las teorías.48 De modo similar a Marx y Bourdieu, Popitz se interesa por desenmascarar las ideologías que apuntalan jerarquías de poder existentes con el objetivo de volver posible un contrapoder.

Para finalizar, debemos mencionar una teoría sociológica del poder muy influyente en Alemania: la esbozada por el teórico alemán Niklas Luhmann. Para Luhmann,49 el poder es un “medio de comunicación simbólicamente generalizado”, un código que hace la comunicación menos compleja. En efecto, los medios simbólicamente generalizados de comunicación, como el “poder”, el “dinero”, el “amor” y la “verdad”, facilitan los procesos de comprensión y motivan la aceptación de selecciones comunicativas realizadas por otros.50 Cuando el poder es aceptado como medio de comunicación en el sistema social, cuando las jerarquías concretas de poder —por ejemplo en una organización— son aceptadas, no todas las decisiones necesitan negociarse una y otra vez, puesto que la estructura de poder define claramente quién está al mando. El medio “poder” tiene una función de control y estabilización: vuelve posibles las decisiones políticas, regula la comunicación dentro del sistema y lo protege de las intervenciones externas. Tal como Popitz y Arendt, Luhmann sostiene que no hay poder sin la conformación de una comunidad. También considera que el poder es una condición de posibilidad fundamental para la conformación de los sistemas sociales. Resulta interesante señalar que, para Luhmann, el poder es una relación social posible de ser modificada por ambos extremos. Alter y ego siempre están capacitados para actuar de manera diferente. Esto es así porque el poder implica una “doble contingencia”.51 El poderoso y los subsumidos a su poder pueden comportarse de manera diferente a como lo hacen; las ofertas de selección potenciales dentro de una comunicación pueden ser aceptadas o rechazadas.

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Prefacio a la segunda edición

Los cuatro artículos de la primera edición son completados en esta segunda con cuatro más. De este modo, el círculo temático se ensancha y ojalá también la coherencia general se torne más clara.

El artículo introductorio, “El concepto de poder” (nuevo en esta edición, inédito), se pregunta, en primer lugar, por las premisas históricas de la problematización moderna del poder. Se hace evidente que en estas premisas subyace un presupuesto común: la obvia asunción de que el poder debe ser entendido como un elemento universal de la sociación [Vergesellschaftung] humana.*

Esta antropologización implícita del concepto de poder es explicitada en la pregunta acerca de cuáles son las capacidades de acción constitutivas del poder de los seres humanos sobre los seres humanos. La pregunta conduce a la diferenciación de cuatro formas antropológicas fundamentales (formas de imposición) del poder: poder de acción [Aktionsmacht], poder instrumental [instrumentelle Macht], poder autoritativo [autoritative Macht] y poder instaurador de datos [datensetzende Macht]. Los siguientes cinco artículos de la primera parte resaltan respectivamente temas centrales de estas formas fundamentales.

Poder de acción: “Violencia”.Poder instrumental: “Amenazar y ser amenazado” (nuevo, inédito).Poder autoritativo: “El vínculo de autoridad” y “Necesidades de autoridad: la transformación de la subjetividad social” (nuevo, publicado por primera vez en Kölner Zeitschrift für Soziologie und Sozialpsychologie, vol. 39, núm. 3, 1987).Poder instaurador de datos: “Acción técnica”.

Los procesos de imposición del poder conducen a consolidaciones típicas, a determinados niveles de aseguramiento de la superioridad alcanzada. Estas formas de estabilización del poder son el tema de la segunda parte.