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Cada uno de nosotros vivió la fidelidad o no de muchas personas, aquí la vemos encarnada en distintos personajes de la Biblia. Es "precaria" porque encierra una fragilidad muy humana. Las reflexiones siguientes giran en torno a experiencias que hacemos con frecuencia. Son "comunes" en un doble sentido: porque somos muchos los que las compartimos, y porque pertenecen a la vida cotidiana, no tienen nada de raro o inusual. Una de estas experiencias es la de la fidelidad con todos los componentes que la acompañan. ¿Por qué nos decidimos por este tema? Porque no es solamente un tema a tratar, sino que está referido a una experiencia de capital importancia en la vida de cada persona que el paso del tiempo permite calibrar cada vez mejor.
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Seitenzahl: 194
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Horacio E. Lona
Reflexiones sobreuna experiencia común
Editorial Claretiana
Legales
Lona, Horacio E.
Fidelidad precaria : reflexiones sobre una experiencia común / Horacio E. Lona.- 1a ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Claretiana, 2020.
Libro digital, EPUB - (Espiritualidad bíblica)
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-762-071-9
1. Espiritualidad Cristiana. 2. Biblia. I. Título.
CDD 230
Editorial Claretiana es miembro de Claret Publishing Group
Bangalore • Barcelona • Buenos Aires • Chennai • Colombo • Dar es Salaam • Lagos • Madrid • Macao • Manila • Owerri • São Paulo • Warsaw • Yaoundè
Diseño de tapa: Equipo Editorial
Primera edición en formato digital: noviembre de 2020
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto451
Queda hecho el depósito que ordena la ley 11.723
© Editorial Claretiana, 2016 ISBN 978-987-762-071-9
EDITORIAL CLARETIANA
Lima 1360 – C1138ACD Buenos Aires
República Argentina
Tel: 4305-9510/9597 – Fax: 4305-6552
E-mail: [email protected]
www.claretiana.org
A lo largo de la vida son muchos los temas que nos interesan y preocupan. A medida que pasa el tiempo, el número se reduce como en un proceso de selección natural, y al final quedan aquellos que, posiblemente, reflejen las preocupaciones más profundas y los interrogantes más genuinos.
Las reflexiones siguientes giran en torno a experiencias que hacemos con frecuencia. Son “comunes” en un doble sentido: porque somos muchos los que las compartimos, y porque pertenecen a la vida cotidiana, no tienen nada de raro o inusual. Una de estas experiencias es la de la fidelidad con todos los componentes que la acompañan.
¿Por qué nos decidimos por este tema? Porque no es solamente un tema a tratar, sino que está referido a una experiencia de capital importancia en la vida de cada persona que el paso del tiempo permite calibrar cada vez mejor.
El que, mirando hacia atrás, descubre que su vida pasada ha sido guiada y sustentada por la fidelidad de muchas otras personas, sabe bien lo que les debe, y sabe del valor de la fidelidad más allá de cualquier discurso explicatorio.
El que, en sentido contrario, ha sido víctima de la infidelidad por parte de otras personas, conserva por largo tiempo el sabor amargo que dejan tales experiencias que se resisten al olvido y se mantienen frescas.
Es posible que un balance valorativo del propio pasado se decida en un sentido u otro según la magnitud de las fidelidades o infidelidades en las cuales uno ha sido el sujeto pasivo o activo: o porque las ha sufrido o porque las ha hecho sufrir a los demás.
La fidelidad no es una realidad que se posea de una vez para siempre. Más bien, habría que verla como una tarea a realizar día a día, venciendo las distintas “tentaciones” que la amenazan y pueden llevarnos a la infidelidad. Es “precaria” porque pareciera que siempre es escasa, incompleta, necesitada de mejoras y nuevos cuidados.
Abordamos el tema desde personajes e historias documentadas en la Biblia. Habría muchas otras posibles formas de aproximación. Elegimos esta por el simple motivo de que hemos trabajado muchos años con textos bíblicos y estamos convencidos de la riqueza de sus contenidos. En todas ellas aparecen los mismos elementos: el llamado a la fidelidad y la vigencia de circunstancias que la ponen en peligro y evidencian su fragilidad. También las historias de manifiesta infidelidad dicen mucho sobre la tarea de la fidelidad.
En lugar de buscar un índice temático adecuado para hablar de la fidelidad, nos hemos dejado guiar por estas historias alejadas de nosotros en el tiempo, pero cercanas por su contenido. Esta elección hace que la exposición carezca de un orden sistemático. No nos parece que esta carencia sea significativa a la hora de reflexionar sobre la fidelidad.
Reconocemos que la selección de las figuras que hemos elegido, como los temas que sirven de base a la reflexión, tiene mucho de subjetivo. ¿Por qué estos y no otros? No siempre podemos justificar en cada caso las opciones hechas. Si no hay ningún párrafo sobre María o sobre Pablo es porque escribimos sobre la “fidelidad precaria”, y porque ninguno de ellos muestra indicios de que su fidelidad haya sido precaria. Sólo esperamos que, a pesar de lo discutible que pueda ser la selección, sea útil al objetivo que nos hemos propuesto.
Aunque el material esté sacado de textos bíblicos, el lenguaje no es el de la exégesis clásica, sino el de la reflexión que se enfrenta con un tema rico en matices, que exige un cierto esfuerzo para acceder a su comprensión. Quisiéramos evitar caer en la banalidad que se queda en lugares comunes. Esperamos que el lector esté dispuesto a hacer ese esfuerzo.
Sería recomendable tener a mano una Biblia para seguir más de cerca los pasajes que tratamos. Los capítulos no desarrollan una línea temática, de manera que la lectura puede abandonar el orden de los capítulos que presentamos para seguir un orden determinado por el interés o la curiosidad del lector.
Los relatos de Gn 12, 10-20 y Gn 20, 1-28 que nos ocupan en este capítulo, tienen un tono muy arcaico. El episodio principal revela su origen en una cultura de costumbres elementales, en la que las leyes de la convivencia pueden resultarnos no sólo extrañas, sino también chocantes y de mal gusto. También el comportamiento de las personas que intervienen puede suscitar la misma impresión.
Lo extraño de ambos textos es que el mismo episodio se repite en la vida de Abraham y de Sara en lugares diferentes pero bajo circunstancias semejantes. Para facilitar su comprensión presentamos a los dos relatos en forma paralela o sinóptica que deja ver los elementos comunes y las diferencias.
Génesis 12, 10:
Hubo hambre en el país, y Abram bajó a Egipto a pasar allí una temporada, pues el hambre abrumaba al país. 11 Estando ya próximo a entrar en Egipto, dijo a su mujer Saray: Mira, yo sé que eres mujer hermosa. 12 En cuanto te vean los egipcios, dirán: Es su mujer, y me matarán a mí, y a ti te dejarán viva. 13 Di, por favor, que eres mi hermana, a fin de que me vaya bien por causa tuya, y viva yo en gracia a ti. 14 Efectivamente cuando Abram entró en Egipto, vieron los egipcios que la mujer era muy hermosa. 15 Viéronla los oficiales de Faraón, los cuales se la ponderaron, y la mujer fue llevada al palacio de Faraón. 16 Este trató bien por causa de ella a Abram, que tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, siervas, asnas y camellos. 17 Pero Yahvé hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas por lo de Saray, la mujer de Abram. 18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es lo que has hecho conmigo? ¿Por qué no me avisaste de que era tu mujer? 19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, de manera que yo la tomé por mujer? Ahora, pues, he ahí a tu mujer: toma y vete. 20 Y Faraón ordenó a unos cuantos hombres que le despidieran a él, a su mujer y todo lo suyo.
Génesis 20, 1:
Trasladóse de allí Abraham al país del Négueb, y se estableció entre Cadés y Sur. Habiéndose avecindado en Guerar, 2 decía Abraham de su mujer Sara: Es mi hermana. Entonces el rey de Guerar, Abimélek, envió por Sara y la tomó. 3 Pero vino Dios a Abimélek en un sueño nocturno y le dijo: Date muerto por esa mujer que has tomado, y que está casada. 4 Abimélek, que no se había acercado a ella, dijo: Señor, ¿es que asesinas a la gente aunque sea honrada? 5 ¿No me dijo él a mí: Es mi hermana, y ella misma dijo: Es mi hermano? Con corazón íntegro y con manos limpias he procedido. 6 Y le dijo Dios en el sueño: Ya sé yo también que con corazón íntegro has procedido, como que yo mismo te he estorbado de faltar contra mí. Por eso no te he dejado tocarla. 7 Pero ahora devuelve la mujer a ese hombre, porque es un profeta; él rogará por ti para que vivas. Pero si no la devuelves, sábete mucho. 9 Luego llamó Abimélek a Abraham, y le dijo: ¿Qué has hecho con nosotros, o en qué te he faltado, para que trajeras sobre mí y mi reino una falta tan grande? Lo que no se hace has hecho conmigo. 10 Y dijo Abimélek a Abraham: ‘¿Qué te ha movido a hacer esto? 11 Dijo Abraham: Es que me dije: Seguramente no hay temor de Dios en este lugar, y van a asesinarme por mi mujer. 12 Pero es que, además, es cierto que es hermana mía, hija de mi padre aunqueno de mi madre, y vino a ser mi mujer. 13 Y desde que Dios me hizo vagar lejos de mi familia, le dije a ella: Vas a hacerme este favor: a dondequiera que lleguemos, dices de mí: Es mi hermano. 14 Tomó Abimélek ovejas y vacas, siervos y esclavas, se los dio a Abraham, y le devolvió su mujer Sara. 15 Y dijo Abimélek: Ahí tienes mi país por delante: quédate donde se te antoje. 16 A Sara le dijo: Mira, he dado a tu hermano mil monedas de plata, que serán para ti y para los que están contigo como venda en los ojos, y de todo esto serás justificada. 17 Abraham rogó a Dios, y Dios curó a Abimélek, a su mujer, y a sus concubinas, que tuvieron hijos; 18 pues Yahvé había cerrado absolutamente toda matriz de casa de Abimélek, por lo de Sara, la mujer de Abraham.
Las cosas toman un giro sorprendente cuando, justamente en Canaán que es la tierra prometida, irrumpe una gran hambre en la región que lo obliga a ir hacia el sur hasta llegar a Egipto (Gn 12, 10). Allí se desarrolla el episodio que nos ocupa.
La conducta de Abram carece de nobleza y muestra falta de fortaleza para afrontar una situación que podía volverse peligrosa para él. Sabiendo de la belleza de Saray – su nombre se cambiará en “Sara” en Gn 17, 15 – y calculando que los egipcios lo podrían matar para apoderarse de ella, le pide que se presente como su hermana y no como su esposa (Gn 12, 12-13). La propuesta es ingeniosa, pero el precio es muy alto: él puede salvar su vida, pero en cambio entrega a su mujer en las manos de los egipcios.
Y eso es lo que sucede: Saray se convierte en mujer del faraón, y Abram recibe muchos beneficios de este para recompensarlo por la posesión de la bella mujer que le había sido presentada como la “hermana” de Abram.
La historia está narrada sin poner en cuestión la inmoralidad de Abram. Tampoco se dice nada sobre la reacción de Saray al ver que su esposo, haciéndola pasar por su hermana, posibilita que sea entregada al faraón.
Solamente la intervención de Yahvé, que hiere al faraón y a su casa con grandes plagas “a causa de Saray” (Gn 12, 17), indica que lo ocurrido ha sido una trasgresión a una norma elemental aunque no se precise su carácter.
El final de la historia es sorprendente. El faraón le reprocha a Abram porque le dijo que Saray era su hermana y no reconoció que era su mujer. Sus palabras dejan entrever que, de haber sabido la verdad de su relación de parentesco, no hubiera tomado a Saray como mujer propia (Gn 12, 18-19). En otras palabras: su comportamiento muestra una conciencia ética que está ausente en Abram.
El relato concluye sin dramatismo: el faraón ordena a sus hombres que despidan a Abram, a su mujer y a todos los suyos. No se narra ningún gesto de arrepentimiento por parte de Abram ni ningún castigo por su infidelidad por parte de Dios. Este es uno de los rasgos más peculiares del relato que lo distingue de muchos otros. Gn 13 ubica a Abram nuevamente en Palestina, al norte de Jerusalén, muy rico en ganado, oro y plata (Gn 13, 2). Nada se dice sobre el episodio narrado en el capítulo anterior.
3. El trasfondo histórico. Para entender el significado de esta historia extraña, hay que tener en cuenta el trasfondo histórico y literario.El libro del Génesis, la obra inicial de toda la Biblia, encabeza un grupo de cinco libros que se ha llamado “Pentateuco”: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Cada uno de estos libros contiene tradiciones de diferente antigüedad que fueron coleccionadas gradualmente hasta formar grandes unidades narrativas. El libro del Génesis reúne los relatos referentes a la historia de los patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob (Gn 12-36), a la que se agrega la larga historia de José (Gn 37.39-47.50).
Esta colección nace como literatura recién después del exilio en Babilonia (del 587 al 538 a.C.), cuando Israel había perdido la monarquía y la continuidad de una dinastía real. En los siglos siguientes, el pueblo, que ya no es una nación sino una comunidad religiosa, va a vivir dominado por las potencias que se suceden: babilonios, medos, persas, griegos, hasta concluir perteneciendo a una provincia del Imperio Romano.
El retorno del exilio en Babilonia es el comienzo de una nueva etapa en la historia del pueblo que lo enfrenta a un gran desafío. ¿De dónde sacar las fuerzas para comenzar la reconstrucción después del desastre? ¿Cómo asumir la identidad propia de una comunidad de fe, cuando eran muchos motivos como para dudar de la protección del Dios que los había elegido y destinado a ser una gran nación, pero que parecía haberlos abandonado a sus fuerzas en el momento de la lucha por la subsistencia? ¿Cómo seguir creyendo en Yahvé después del drama traumático del exilio?
Israel no plantea estas preguntas en forma explícita ni responde a ellas en la forma de un desarrollo temático apoyado en una argumentación elaborada de acuerdo a las reglas de la lógica. La respuesta se da recordando y volviendo a contar la propia historia desde los más remotos orígenes. En este amplio marco que comienza con la creación del mundo y con la narración del crecimiento progresivo de la humanidad, se inserta la historia de los orígenes del propio pueblo con la elección de Abraham y la promesa de que de él iba a nacer una gran nación (Gn 12, 1-2). En esas historias y en esos personajes, los patriarcas, los creyentes pueden encontrar algo de sí mismos y reconocer el sentido de los caminos tortuosos que han tenido que recorrer en el tiempo. Estos son los presupuestos para entender Gn 12, 10-20.
4. El sentido de Gn 12, 10-20. No sabemos cómo nació la narración contenida en Gn 12, 10-20, aunque es seguro que pertenece a los estratos más antiguos de las tradiciones contenidas en el libro del Génesis. Sin duda, se trata de una pequeña historia aislada que en algún momento fue unida a la primera fase de la historia de Abraham, después de abandonar Ur, la tierra de sus antepasados. Tampoco hay dudas sobre el interés en contar esta historia. De otro modo no podría explicarse que el tema se repita en Gn 20, 1-18, como hemos visto más arriba. Aún más: el mismo se repite una vez más en la historia de Isaac, el hijo de Abraham (1).La clave de sentido de Gn 12, 10-20 la brinda la unidad contextual que forma con Gn 12, 1-9, el relato de la elección y del llamado de Abraham. Sólo esta relación permite descubrir la infidelidad en su conducta frente a Dios y a su mujer.
Abraham ha sido obediente al llamado de Dios y ha abandonado su tierra. Se ha desarraigado, pero no se ha convertido en un aventurero sin ningún rumbo fijo. Su derrotero está determinado por la palabra de la promesa hecha por Dios. Si ha abandonado seguridades al dejar su tierra, puede confiar ahora en la fuerza protectora de la bendición de Dios.
Todo esto, que es el mensaje central en Gn 12, 1-9, queda de lado en la situación que Abraham vive al llegar a Egipto (Gn 12, 10-20). La preocupación por la propia seguridad desplaza la vigencia de la palabra de la promesa y lo lleva a buscar una solución inmediata considerando el momento que le toca vivir. Ahí se da cuenta de que la belleza de su mujer es un posible peligro para su vida.
Posiblemente, su valoración de la situación no es equivocada. Abraham presume que los egipcios, al ver la belleza de Sara, van a matarlo para apoderarse de ella con más facilidad. La solución que busca al problema al hacerla pasar por su hermana es muy realista, pero se trata de ese tipo de realismo que se convierte en un valor absoluto que anula la dimensión de la fe en la palabra escuchada.
Abraham no toma una decisión en contra de la palabra de la promesa, sino que directamente la ignora como si nunca hubiera sido expresada. Actúa como una persona sin ninguna relación con Dios, que se conduce en la vida de acuerdo a lo que le parece inmediatamente conveniente.
Leyendo atentamente el texto de Gn 12, 1-20 se descubre un profundo contraste entre la primera parte (Gn 12, 1-9) y la segunda (Gn 12, 10-20). En la primera está la acción de Dios en el centro de la acción y el hombre juega un papel subordinado a esta acción; en la segunda es el hombre el que actúa y Dios desaparece de la escena hasta que castiga al faraón sin aviso previo.
No es que las dos partes no tengan ninguna relación entre sí. En la aparente falta de conexión entre ellas se muestra una forma elemental de infidelidad que no resulta de una reflexión y una decisión consciente, sino que responde a un impulso inmediato impuesto por las circunstancias. Esto no quiere decir que el texto esté interesado en caracterizar a Abraham como una persona impulsiva, que toma decisiones sin ponderar las circunstancias. Lo que se focaliza no es el perfil psicológico del personaje, sino el hecho de que su legítima búsqueda de seguridad le hace olvidar lo que era el sustento de su existencia y el rumbo de su historia: la palabra de la promesa.
Su conducta no es ejemplar en ningún sentido. Ni siquiera como ejemplo de que la infidelidad debe evitarse para escapar al castigo de Dios. Como hemos constatado en el punto anterior, falta tanto la expresión de reconocimiento de la culpa por parte de Abraham, cuanto el castigo por parte de Dios. El único castigado es el faraón que, en realidad, no merece ningún castigo porque obró con buena fe, convencido de que Sara era la hermana de Abraham.
En la figura de los ancestros, en este caso, de los patriarcas, Israel descubre rasgos de su identidad como pueblo de Dios, elegido para volverse a ser una gran nación y una bendición para todas las otras naciones (Gn 12, 3). Es justamente su identidad la que le prohíbe asimilarse en todo aspecto a los demás pueblos. Es verdad que el ser “diferentes” dificulta su existencia y la hace insegura, pero no debe olvidar que cuenta con la protección de un Dios que se muestra fiel al pueblo que ha elegido. La fidelidad de Dios hace posible que también su pueblo le sea fiel.
Al leer Gn 12, 1-20 el creyente puede encontrar mucho de su propia historia y de la historia del pueblo de Israel ante la tentación de optar por seguridades falaces, que no sólo lo alejan de Dios sino que tampoco le dan una seguridad estable.
En cuanto que la narración reduce los componentes de una historia de infidelidad a su núcleo más elemental, sin consideraciones morales ni exhortaciones adicionales, deja que el mensaje central pase a primer plano y pueda ser percibido por el lector con mayor claridad: el que ha sido elegido por Dios y ha escuchado su palabra puede confiarse plenamente al poder y a la fidelidad de Dios, y no necesita buscar su seguridad en otra parte.
5. La versión de Gn 20, 1-18.La misma historia, contada dos veces, ya no es la misma. Esta simple constatación se aplica muy bien a Gn 20, 1-18 como versión de Gn 12, 10-20. Alistamos las diferencias más notables.El contexto de Gn 20, 1-18 es muy diferente al de Gn 12, 10-20. Gn 19 narra la huida de Lot de Sodoma y el vergonzoso episodio de sus dos hijas que le hacen beber vino en exceso para unirse con él y asegurarse una descendencia. En Gn 21 se cumple lo que Dios había prometido y la anciana Sara da la vida a su hijo Isaac. De este modo, desaparece el contraste entre la palabra de la promesa a Abraham (Gn 12, 1-9) y su actitud cobarde al presentar a Sara como su hermana para estar seguro de salvar la propia vida (Gn 12, 10-20). Gn 20, 1-18 no es una historia de infidelidad a la elección de Dios, sino una muestra del ingenio de Abraham para evitar una situación que podía ser peligrosa para él. No sería exagerado caracterizar la relación entre ambos textos diciendo que de una historia de infidelidad ante Dios se pasa a una historia picaresca.