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Una aproximación a la naturaleza de la lógica desde un punto de vista cognitivo. Se examinan cuestiones como la naturaleza cognitiva de la lógica, el debate clásico y actual sobre el antipsicologismo lógico, la cuestión de si la lógica versa esencialmente sobre enunciados, lenguajes, formatos o realidades como las cogniciones. Aquí se pretende continuar el camino ya previsto por autores actuales como R. Hanna, Stennings y Van Lambalgen, P. Wang, McNamara y Reyes, entre otros.
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Seitenzahl: 406
Veröffentlichungsjahr: 2022
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160
R173fRamírez Figueroa, Alejandro.
Filosofía de la lógica: un punto de vista cognitivo /
Alejandro Ramírez Figueroa.
1ª ed. – Santiago de Chile: Universitaria, 2018.
216 p.; 15,5 x 23 cm. – (El saber y la cultura)
Incluye índices.
Incluye notas a pie de página.
Bibliografía: p. 209-216.
ISBN Impreso: 978-956-11-2587-2
ISBN Digital: 978-956-11-2679-4
1. Lógica.2. Filosofía.I. t.
© 2018, ALEJANDRO RAMÍREZ FIGUEROA.
Inscripción Nº 290.693, Santiago de Chile.
Derechos de edición reservados para todos los países por
© EDITORIAL UNIVERSITARIA, S.A.
Avda. Bernardo O’Higgins 1050, Santiago de Chile.
Ninguna parte de este libro, incluido el diseño de la portada,
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procedimientos mecánicos, ópticos, químicos o
electrónicos, incluidas las fotocopias,
sin permiso escrito del editor.
Texto compuesto en tipografía Bembo 12/14,5
Se terminó de imprimir esta
PRIMERA EDICIÓN
en los talleres de Salesianos Impresores S.A.,
General Gana 1486, Santiago de Chile,
en julio de 2018.
imagen de portada
Photo-Jope/Shutterstock.com
diagramación
Yenny Isla Rodríguez
diseño de portada
Norma Díaz San Martín
www.universitaria.cl
Diagramación digital: ebooks [email protected]
ÍNDICE
Introducción
1. Filosofía cognitiva de la lógica: apoyos, respuestas, reformulaciones
1.1. Naturaleza de la filosofía cognitiva de la lógica
1.2. Esbozo de las teorías cognitivas del razonamiento
1.3. Enfoques de la filosofía estándar de la lógica. Frege-Wittgenstein
1.4. La filosofía cognitiva de la lógica y sus ámbitos: apoyos, respuestas, reformulaciones
1.5. Bases de la posibilidad de una filosofía cognitiva de la lógica
2. Apoyo a problemas clásicos de filosofía de la lógica
2.1. Teoría prototípica de los conceptos y la visión cognitiva de la lógica fuzzy
2.2. Lógica heterogénea. Cognición dual S1-S2, cognición distribuida
2.3. La cognición y la preeminencia de la visión sintáctica de la lógica
3. Reformulaciones de los enfoques tradicionales de filosofía de la lógica
3.1. Inteligencia artificial, demarcación, monotonía y Default
3.2. Lógica y razonamiento
3.3. Certeza, a priori, percepción
4. Respuestas posibles a problemas clásicos de la filosofía de la lógica
4.1. ¿Unidad o pluralidad de sistemas lógicos? R. Hanna y el cognitivismo lógico
4.2. La Lógica: ¿canon u órganon de la razón? Sobre la inalterabilidad de la lógica
4.3. El reposicionamiento del debate psicologismo-antipsicologismo lógicos
4.4. La justificación cognitiva de la deducción y el problema del logocentrismo. Una cuestión epistemológica
4.5. ¿Lógica y aumento de información? La respuesta de M. Bremer
4.6. ¿Trata la lógica esencialmente con enunciados? La respuesta desde los modelos mentales, la teoría de los prototipos y la cognición distribuida
Referencias bibliográficas
Índice analítico
INTRODUCCIÓN 1
La naturaleza de la lógica es significativamente revelada por la psicología cognitiva.
R. Hanna, 2006, p. XII
Estoy proponiendo explicar la naturaleza de la lógica tomando la racionalidad humana en serio.
R. Hanna, 2006, p. XVIII
… debemos considerar una noción de lógica más abierta que la imperante…
F. Soler, 2012, p.12
El objetivo central que se persigue en esta investigación2 es examinar las relaciones entre la filosofía de la lógica y los estudios cognitivos acerca del razonamiento. De acuerdo con ello, se pretende defender la tesis según la cual, dados los avances observados en la ciencia cognitiva, por un lado, y el propio estado actual de la lógica y de las teorías epistemológicas y ontológicas acerca de lo que es la lógica, por otro, es plausible esperar que al menos algunos de los problemas clásicos acerca de la naturaleza de la lógica, especialmente en sus expresiones contemporáneas, puedan ser posiblemente apoyados, reformulados o respondidos en alguna medida si se adopta un punto de vista mixto, esto es, con la concurrencia de la filosofía tradicional de la lógica y de la ciencia cognitiva. Son tres, pues, las relaciones examinadas y sus combinaciones: a) cómo algunas teorías de la ciencia cognitiva del razonamiento pueden dar apoyo, dar fundamento o justificación a problemas de la filosofía de la lógica; b) de qué manera puede entenderse que esas teorías cognitivas puedan ofrecer bases suficientes para reformularlos en cuanto problemas; c) en tercer término, cómo pueden, dichas teorías, significar una respuesta a nivel filosófico a aquellas cuestiones aún abiertas de la filosofía de la lógica. Así, asuntos como el de la justificación de la deducción y el logocentrismo, el debate sobre el antipsicologismo lógico, los fundamentos de la diversidad de sistemas o de una lógica universal, la cuestión de la preeminencia de la visión sintáctica por sobre la semántica o viceversa, si la lógica versa en definitiva y en esencia sobre enunciados, sobre el lenguaje, y otros problemas similares, constituyen los objetos de estudio que se examinarán bajo la mencionada perspectiva mixta.Varios autores han emprendido hoy este camino, y desde esa inspiración se acomete en parte esta investigación. Algunos de ellos, que se mencionarán en lo que sigue, son por ejemplo Hanna (2006), Stennings y Van Lambalgen (2008), McNamara y Reyes (1994), Fisher (2008), Shushan (2009). El epígrafe de Hanna a esta introducción guía este proyecto: la naturaleza de la lógica es revelada si se asume un punto de vista cognitivo acerca de la racionalidad humana en su expresión argumentativa.
El presente proyecto se inscribe dentro del contexto de la crítica, en extensión y connotación, que la filosofía de la lógica ha llevado a cabo sobre el concepto clásico de lo lógico en las últimas cinco o seis décadas, en lo que hoy se denomina una situación de pluralismo lógico. De acuerdo con esto se asume aquí que el término lógico abarca no solamente la deducción (sea clásica o divergente), no obstante ese sea un asunto principal en los capítulos que siguen, sino que también da cuenta de las diversas formas de sistemas formales no deductivos, o con validez formal restringida, como son las inducciones, las abducciones, los razonamientos dialógicos, los razonamientos por default. De este modo, el objetivo de una filosofía cognitiva de la lógica es constituirse en un enfoque posible dentro del complejo panorama de la crítica a la lógica clásica que hoy se lleva a cabo. En este sentido una aproximación cognitiva a la comprensión de la naturaleza de la lógica solamente pretende ofrecer una mirada específica dentro de todas las posibles, esto es, el lugar que ofrecen los estudios cognitivos del razonamiento. Si los sistemas lógicos y las teorías de las ciencias cognitivas poseen algo en común, o sea, referirse al razonamiento humano, parece claro que deban esclaracerse las relaciones entre ambos campos.
Por lo anterior, y sin perjuicio de lo que se tratará en los cuatro capítulos del libro, se requiere un breve y preliminar esbozo de la situación de algunos desarrollos lógicos y de filosofía de la lógica actuales que atestiguan la diversidad de la crítica mencionada. Desde una perspectiva histórica, en las últimas páginas de su clásico libro,W. Kneale y M. Kneale se refieren a dos asuntos que resultan importantes para lo que se discutirá en el presente texto: en primer lugar, que el intento de Aristóteles de establecer las bases de la ciencia, en los Analíticos Posteriores, hizo que el estagirita concibiera la lógica como una disciplina referente a los patrones de argumentación. Ello muestra que, en su origen mismo, la lógica estuvo pensada como algo más que una formalidad. Fue ese rasgo, por lo demás, según los autores, el que dio pie para que sus sucesores relacionaran la lógica con la teoría del conocimiento y con la psicología del razonamiento, relación contra la que Frege y Husserl reaccionaran3. Por otra parte, y en segundo término, los autores plantean que con Aristóteles la lógica quedó establecida como disciplina concernida con, y restringida a palabras, pensamientos y cosas, a diferencia de los estoicos, que la concibieron relacionada con enunciados. Pero, afirman: “los desarrollos del último siglo han hecho imposible para nosotros mantenernos encerrados con un mero grupo tradicional de temas. Siguiendo las analogías sugeridas por el trabajo de Aristóteles y sus sucesores, los matemáticos y filósofos han usado la palabra lógica en contextos en los cuales los antiguos lógicos nunca hubiesen pensado” (Kneale y Kneale, 1962 / 2008, p. 738).
Los desarrollos críticos de la lógica, y de la filosofía de la lógica actuales dan cuenta de que la visión clásica ya no es preeminente y que ha sido sometida a revisión desde diversos enfoques hace ya varias décadas. Esta crítica, que, aun cuando es mucho más amplia que la que aquí propugnamos desde lo cognitivo, es un indicativo claro de cómo el problema filosófico sobre qué es la lógica ha tenido grandes desarrollos en la actualidad. Así, además de los sistemas no clásicos, o los sistemas subestructurales como la lógica abductiva o los formalismos default, la lógica imperativa, la lógica dialéctica, o el mismo intuicionismo, constituyen lo que hoy se caracteriza como un Pluralismo lógico4 (a la par, quizás, de lo que, en filosofía de las ciencias, hoy se denomina Pluralismo científico5). Así, por ejemplo, acerca de la abducción6 expresa F. Soler: “Para hablar de una lógica de la abducción debemos considerar una noción de lógica más abierta que la imperante, de tipo deductivo o analítico, dedicada únicamente a definir la validez de llegar a una verdad desde otra verdad” (Soler 2012, p. 12). La lógica imperativa, por otra parte, explora hoy las condiciones mediante las cuales un argumento puede mostrar validez cuando sus componentes premisas y su componente conclusión no son enunciativos, sino que son órdenes, pero también instrucciones, sugerencias y otros similares. Los imperativos, genéricamente, no son objeto de valores de verdad, sino que son objetos de obediencia o imposición. ¿Cómo puede ser válida una consecuencia imperativa de un argumento imperativo? De acuerdo con Peter Vranas (2011), el concepto de validez imperativa puede entendérselo según el mismo criterio de la validez de argumentos con enunciados declarativos. Afirma el autor:
Una razón típica, una validez de un argumento puramente declarativo es convencer a la gente que ellos deberían creer su conclusión. Similarmente, asumo, una razón típica para aducir una validez de un argumento puramente imperativo debería ser el convencer a las personas que ellos deberían actuar de acuerdo con su conclusión (el primer “debería” es epistémico, el último es práctico)” (Vranas, 2001, p. 374).
Lo que Vranas explicita es que cualquiera sea la definición formal que se construya para la validez imperativa, esta debe cumplir con esta condición: un argumento imperativo es válido si un sujeto que actúa según el imperativo de las premisas también actúa, necesariamente, según el imperativo de la conclusión.
En un ejemplo del autor, supongamos que se tiene un cuestionario con un conjunto P de 6 preguntas: P=(1,2,3,4,5,6), y se instruye: (i) Responda exactamente 3 de las 6 preguntas; (ii) No responda las preguntas 3 y 5; (iii) Responda al menos una pregunta numerada como par. Si se obedece (ii) quedan las preguntas 1,2,4,6; si se obedece (i) es manifiesto que se cumple inmediatamente con (iii). Por ello, se puede afirmar que (iii) se sigue de (i) y (ii)7. Como lo afirma Vranas, esto levanta varios problemas relacionados con el significado de términos como “seguir una instrucción” u “obedecer necesariamente” cuestiones relevantes para una lógica imperativa.
Otro planteamiento de relevancia en la crítica actual a la lógica en su naturaleza clásica la constituye la lógica dialógica, que se estructura sobre la base del concepto de juego y jugador.Tiene como característica dicho sistema lógico el rescatar un aspecto griego antiguo del sentido de la lógica, esto es, una concepción agonal y dialógica8, en la que dos discursos se contraponen en un juego en el que su participación se formaliza hoy como ganadores y perdedores. De acuerdo con el iniciador de este enfoque, K. Lorenz a comienzo del siglo xxi, desarrollado en la asctualidad por la escuela de Lille, Francia, pero también en el modelo denominado dinámico por Van Benthem, en el que lo central es comprender los procesos9 que constituyen una inferencia, más que las instancias estáticas o declarativas, un juego dialéctico se da entre dos personas respecto de una proposición P, proceso en el que, en un número finito de pasos, hay al final del juego una postura ganadora (validez) y otra perdedora (invalidez). Dichos pasos se dan de acuerdo con determinadas reglas que rigen el diálogo. De acuerdo con el planteamiento de Laurent Keiff (2009), la lógica dialéctica ofrece dos perspectivas centrales: una formal y otra que se basa en el estudio de diálogos concretos en la vida diaria y en el lenguaje natural. Es notorio considerar que en este último ámbito se encuentran obras pertenecientes a la nueva retórica, como la de Perelman y Olbrechts-Tyteca (1989), y la teoría de la argumentación de S.Toulmin (1993).
Pero hoy la disciplina muestra muchas otras aproximaciones críticas, de modo que esta situación queda reflejada en el pluralismo lógico: “El pluralismo lógico es la tesis que hay más de un lógica correcta. La principal visión opuesta, el monismo lógico, es la tesis según la cual solo hay una” (G. Russell, 2013, p. 1). Por su parte, Beall y Restall afirman: “El Pluralismo lógico es un pluralismo acerca de la consecuencia lógica. Dicho crudamente, un pluralista mantiene que hay más de una relación de consecuencia lógica” (Beall y Restall 2006, p. 25). El pluralismo constituye la imagen de la diversidad en conflicto en la filosofía de la lógica actual. El pluralismo se expresa, según G. Russell, en dos ámbitos al menos, uno formal y otro cultural. En la dimensión formal, como lo analiza Haack (1996), coexisten los sistemas clásicos con los no clásicos (especialmente los divergentes, en los que se pierden propiedades clásicas, por decirlo así), como son, por ejemplo, las lógicas fuzzy10, libre, relevante, paraconsistente. Es manifiesto que un sistema no clásico como el paraconsistente deja de reconocer como reglas válidas el silogismo disyuntivo o el principio de no contradicción, o el Ex falso quodlibet. El pluralismo lógico abarca muchos aspectos: la consecuencia lógica, los aspectos lingüísticos, las constantes lógicas, el problema de la normatividad de la lógica entre otros. Un punto interesante es el que liga la búsqueda de criterios de pluralidad lógica con algunas tendencias actuales en epistemología. Ese es el intento de considerar la caridad como virtud argumentativa11, capaz de ayudar a fundamentar el pluralismo en cuanto postura. Pero esto requiere por cierto examinar con mucho cuidado en qué casos y bajo qué condiciones la caridad se la puede considerar virtuosa, capaz de potenciar la amplitud plural de la lógica.
Siempre dentro del enfoque formal del pluralismo lógico, tal vez el sistema no clásico que más se acerca a una consideración cognitiva de la lógica sea el intuicionismo, aunque, a nuestro juicio, de manera solo lateral. El intuicionismo rechaza la validez del principio de tercero excluido y, finalmente, la bivalencia. Sin embargo ello no es el fondo de su crítica a la lógica clásica. Su postura significa dar un lugar al psicologismo, a las entidades mentales, a las acciones humanas en los actos lógicos. Desde un punto de vista clásico podemos suponer, aunque de hecho no lo sepamos y no lo podamos saber nunca, la existencia de un cierto objeto x con determinada propiedad P, o, alternativamente, la no existencia de dicho objeto con esa propiedad: ∃xP(x) v¬∃xP(x). Pero esa existencia es solo un supuesto si es que no realmente “probamos” que existe ese x. Suponer que algo existe o no existe, sin conocer fehacientemente alguno de los dos componentes equivale a dar por sentado que tales objetos habitan una suerte de mundo platónico. De acuerdo con los intuicionistas, los números son entidades mentales, subjetivas, producto de la acción humana de una prueba, de una “construcción”, de la intuición. Así, la forma en que el intuicionismo comprende las constantes, y la semántica para el sistema intuicionista, es muy ilustrativo: por ejemplo, la verdad de p ∧ q significa que debemos tener una prueba de p y una prueba de q. La verdad de p ∨ q para un clásico significa no saber específicamente cuál de ambos disyuntos es el verdadero: solamente basta con que uno lo sea. Para el intuicionista debe haber una prueba realizada de que uno de los dos sea verdadero; entonces y solo entonces puede afirmarse la verdad de la disyunción. En suma, el intuicionista de alguna forma hace entrar en la formalidad de la lógica elementos de la acción humana, un sujeto que hace una prueba, que produce, como producto mental, ciertos resultados.Tiene este enfoque una aproximación al cognitivismo, aunque sea indirectamente, por cuanto los elementos subjetivos, psicológicos, tienen un rol en la validez lógica12.
Un caso notorio de crítica a los sistemas clásicos desde los elementos culturales del pluralismo lógico es el que se ha llevado a cabo desde actuales pensamientos de tendencia feminista. Por ejemplo, Val Plumwood ha realizado un examen a la negación clásica en la que advierte un compromiso de género en dicha constante. La negación clásica de p, esto es, ¬p, introduce distinciones entre objetos que poseen ciertas propiedades y otros que no la tienen. Lo que la autora plantea es que una negación significa una calificación de inferioridad respecto de la afirmación (p sería superior a ¬p, por lo que lo negado es expresión de una práctica social de exclusión. Laurence Goldstein et al. (2008) llevan a cabo una crítica a esta postura, postura que parece caer en algunas confusiones fundamentales. Si bien es cierto que ¬p podría considerarse como derivada respecto de p, en el sentido de que la negación se define mediante la afirmación, esto no autoriza a pensar que hay allí una relación de subordinación o devaluación. En realidad, p y ¬p no son en sí significativas en cuanto símbolos si no los cargamos con algún contenido. En realidad, la relación de inferioridad o dominio se constituyen cuando hay empiricidad, cuando hay alguien que es considerado en esa relación, pero no por el solo hecho de poder ello ser formalizado con determinados símbolos13.
De acuerdo con el espíritu crítico que anima a los desarrollos actuales de la filosofía de la lógica y de la lógica misma, un punto de vista cognitivo, creemos, puede ayudar en esa tarea y reconsiderar y retomar las visiones de los lógicos antiguos, especialmente Aristóteles y su seguidor Teofrasto, pero también de los megáricos y los estoicos, en el sentido de que la naturaleza de la lógica tiene que ver, también, con esquemas de argumentaciones de los sujetos reales, que se relaciona con una actividad humana que se da fundamentalmente en la cognición, que también persigue fines que no solo tienen que ver con la representación formal y simbólica. He allí la intuición de que la lógica tiene que ver no solo con palabras sino que también con pensamientos y con cosas. Dichos ámbitos, el cognitivo y el ontológico, pues, estarían presentes desde un inicio en la esencia de la lógica. Que ello haya dado lugar a una mera confusión posterior, a un malentendido acerca de lo que es lo lógico, y que Frege y Husserl14 habrían definitivamente solucionado, es una interpretación estándar que hoy, a la luz de los avances de la misma lógica desarrollada a partir de mediados del siglo xx hasta hoy, ya no pueden tener fuerza. Si, después de todo, la lógica sí tiene que ver, también, de manera lícita y provechosa, con el pensamiento humano y con la realidad del mundo, es algo que amerita hoy, al menos, una exploración, sobre la base justamente de la disciplina del razonamiento humano, esto es, la ciencia cognitiva junto con la lógica misma y la filosofía de la lógica. Es posible agregar hoy, o, mejor dicho, rescatar, esa es la tesis del libro, otra dimensión referida al estudio filosófico de la lógica, además de las palabras, los enunciados, las cosas: la dimensión cognitiva. El estado actual de los estudios cognitivos acerca de las relaciones entre lógica y razonamiento humano dan pie para pensar que ese nuevo uso debe y puede ser agregado a los anteriores.
Esta postura debiera dar lugar, entonces, a un proyecto incipiente todavía, como es el de una filosofía cognitiva de la lógica, o una filosofía de la lógica desde un punto de vista cognitivo. La tesis central que anima dicho enfoque es que la lógica sería la expresión formal de la cognición inferencial; hay una cognición inferencial; y la lógica no versaría, en última razón, exclusivamente sobre la forma de los enunciados y la forma de los argumentos que son válidos, sino también con las cogniciones ejercidas cuando razonamos.
Pero este enfoque mixto se enfrenta con un gran problema de entrada y que se mantendrá siempre presente: el “peligro” de confundir lógica con razonamiento, o de afirmar que la lógica no es formal, o que tiene que ver con objetos mentales. Mas, no se los confunde, como se verá en lo que sigue; se los pone a trabajar mancomunadamente. En otros términos, la tesis es que una filosofía cognitiva de la lógica no pretende un imposible, el imposible de postular que la lógica formal no es formal, esto es, que esté completamente determinada por objetos empíricos o mentales. El proyecto solo consiste en analizar en qué medida algunas posturas actuales acerca de procesos cognitivos y del razonamiento pueden ayudar a reflexionar acerca de algunos problemas tradicionales y aún sin solución de la naturaleza de la lógica. En otros términos, lo que se afirma es que la naturaleza de la lógica sería formal, pero no meramente formal. Muchos signos hay de esto, de una transformación en la concepción de la lógica. M. Hoffman (1998) aboga, por ejemplo, por una ampliación del concepto mismo de lógica, por una noción más abierta donde no solo entre en juego lo formal, con dedicación completa a la validez del paso de verdades a verdad. Sus trabajos sobre abducción son muestras de ello, en que esta inferencia, aunque inválida, es hoy considerada un sistema lógico formal que da cuenta de procesos cognitivos de creación de ideas nuevas.
Siendo la cuestión principal aquí tratada, la de la naturaleza de lo lógico, siguiendo a Garnham y Oakhill (2004, cap. 5.1), la distinción comúnmente aceptada de manera absoluta entre la lógica como lo normativo y los estudios cognitivos como lo descriptivo, no es completamente insalvable. Dicha dicotomía es de ordinario entendida así: lo que Aristóteles o Boole pensaban que era la lógica correspondía a lo que la gente hace cuando razona idealmente, sin errores, como debe ser; en cambio, la teoría cognitiva del razonamiento, se afirma recurrentemente, tiene que ver con el razonar real, con la forma en que razonamos de hecho y no cómo deberíamos hacerlo. Mas dicha dicotomía hoy es cada vez más dudosa; porque la lógica, en la concepción aristotélica, estoica, medieval, también da cuenta de cómo razonamos realmente en muchas situaciones. Según Garnham y Oakhill, la lógica no es esencialmente una teoría del rendimiento, de cómo solo razonamos mejor con menos elementos y con los símbolos justos y esquemas válidos, sino que es una teoría que habla de una competencia, que captura una capacidad de razonar, como realidad humana, que describe cómo pensamos argumentativamente, sea ideal o realísticamente, que es simbólico-formal en su cara ideal pero que toma en cuenta situaciones como la memoria, los contextos, los tiempos o los intereses del sujeto, en su aspecto real. Así, una filosofía cognitiva de la lógica lo que hace es concebir la naturaleza de lo lógico como algo más complejo, unitario y amplio que una estructura inferencial vacía de contenido. Así, la filosofía de la lógica entenderá mejor la validez, el razonamiento, la argumentación, mediante el concurso de ambos aspectos: la simbolización formal y la cognición. Algo más se dirá sobre esto en el Capítulo 1.
Esquematizando, proponemos representar en tres instancias estas concepciones de la naturaleza de la lógica en la filosofía en su desarrollo histórico y el lugar que ocupa en él la concepción cognitiva que se explora en el presente libro. La primera instancia, A, corresponde a la visión que se puede denominar tradicional, en que había una unidad entre simbolismo formal y realidad del razonamiento, y en que la psicología estaba de alguna manera presente, en la idea de que la lógica se ocupaba de las leyes del pensamiento (por ejemplo, G. Boole, y Port-Royal). La instancia B corresponde a la escisión entre esos dos niveles, en que se instala la visión antipsicologista, que se termina de consolidar con Frege-Husserl. Finalmente, la instancia que denominamos C representa la situación actual producida en las últimas décadas, la de un pluralismo lógico, en que esa escisión vuelve a desaparecer para fundirse la disciplina en una nueva unidad, en que la lógica es concebida de manera más amplia, más compleja y diversa, en que la dicotomía descriptivo-normativa15 se debilita y en que lógica y razonamiento son considerados mancomunadamente. Como parte de la complejidad de C, entonces, se encuentra, proponemos, la posibilidad de una visión cognitiva de la lógica, que es la que específicamente se examina en este libro, y que se suma al proyecto pluralista de recuperar el espíritu originario de la lógica, centrada en el razonamiento, en que la cuestión central es la de la estructura del debate o del diálogo.
Así, debe considerarse que una filosofía cognitiva de la lógica constituye solamente un enfoque más dentro de la complejidad actual de C, por lo que en ningún caso agota todo el espectro de la lógica actual, de la filosofía de la lógica en curso y de su crítica.
Sin duda que muchos de los aspectos cognitivistas, como se verá en los capítulos que siguen, pueden tener puntos en común con otros enfoques críticos de la lógica clásica, lo que, en todo caso, no obsta para que pueda plantearse una filosofía cognitiva de la lógica en su propio mérito, objetivos y desarrollos. Según los planteamientos actuales, donde se inserta la visión cognitiva, la lógica trataría del razonamiento válido, pero entendiendo por ello un concepto más amplio de validez que el tradicional, que lo asocia a la deducción. Así, por ejemplo, como ya se ha afirmado, y tal como ya ocurre hoy en día, se habla –y se acepta–, el concepto de formalismo no derrotable, de lógica abductiva, de lógicas subestructurales, que no son sistemas monótonos, o que tienen una monotonía debilitada, o las lógicas heterogéneas, que trabajan con dos formatos, solo uno de los cuales es proposicional o lingüístico. A los casos anteriores se agregan las tesis cognitivistas de los modelos mentales, de la influencia de la inteligencia artificial, de los razonamientos visuales, del traspaso de información. No son, en suma, necesariamente válidos en términos clásicos, aunque pueden serlo, pero son aceptados como sistemas formales y lógicos. Esta situación de la filosofía de la lógica tradicional alienta a que, desde un punto de vista cognitivo, se avance en ampliar las ideas de lógica y validez, hasta incluir conceptos más flexibles de lo que es un buen argumento.
En esquema, dichos tres momentos propuestos se grafican en las figuras siguientes:
Esta investigación, que tiene carácter introductorio, de exploración de una posibilidad, se lleva a cabo en cuatro capítulos, que aglutinan categorialmente a un conjunto de problemas que se identifican como partes de una filosofía cognitiva de la lógica. El primer capítulo reúne temas que constituyen un intento por definir en forma amplia lo que sería una filosofía de la lógica desde un punto de vista cognitivo, sus principales ventajas y también dificultades. En el capítulo segundo se aglutinan aquellos temas de la filosofía clásica de la lógica que son apoyados por un enfoque cognitivo. En el tercer capítulo del libro se analiza aquellas cuestiones que pueden verse reformuladas si se las estudia desde aproximaciones cognitivistas. Finalmente, en el cuarto capítulo se intenta dar respuestas a diversos problemas de la filosofía de la lógica desde la aproximación cognitiva del razonamiento. Se deja para una investigación posterior las posibles combinaciones de aquellos tres ámbitos, pues en esta solo se los investiga por separado.Tambien se guarda para ulteriores indagaciones si esos tres ámbitos son o no los únicos posibles de plantear en este respecto.
De este modo, estos tres ámbitos, apoyos, reformulaciones y respuestas, constituyen las tres maneras en que entendemos que la ciencia cognitiva puede llegar a sumarse a las reflexiones actuales acerca de la naturaleza de la lógica. En cada uno de estos tres ámbitos se sustentan las siguientes tesis:
Tesis sobre los apoyos (cap 2):
T1 : La lógica multivaluada es apoyada por la teoría cognitiva de los prototipos. La lógica clásica se basa en una determinada teoría de los conceptos, concebidos como condiciones necesarias y suficientes de pertenencia. En cambio, la lógica fuzzy requiere una concepción de los conceptos como algo gradual, concepción develada por la teoría cognitiva.
T2: La lógica heterogénea es apoyada por las teorías de la cognición distribuida, la cognición dual S1 - S2, así como por la teoría de los razonamientos sobre la base de modelos mentales. La deducción puede estar basada en más de un formato: sentencial y cognitivo.
T3: La aproximación sintáctica acerca de la naturaleza de la lógica, frente a la semántica, es apoyada por la idea de proceso mental de razonamiento.
Tesis sobre la reformulación (cap 3):
T4: La Inteligencia Artificial puede ser base de reformulación de la idea de que la monotonía es la base de la deducción.
Tesis sobre las respuestas (cap 4):
T5: El cognitivismo lógico ofrece una respuesta, entre muchas, a la cuestión de la supuesta inalterabilidad de la lógica.
T6: El logocentrismo es superado por la abducción entendida como virtud argumentativa, por la lógica cognitiva de Hanna y por la teoría de la cognición dual.
T7: La lógica formal lo es respecto de la forma de las cogniciones, expresadas en enunciados. Pero la lógica no trabaja necesariamente, esencialmente,con formatos enunciativos sino, también, con elementos cognitivos.
El desarrollo de los cuatro capítulos que componen el libro permite finalmente afirmar la siguiente tesis general, que engloba las siete tesis particulares enunciadas precedentemente:
Tesis general: La lógica versa sobre la estructura de toda cognición posible relacionada con el razonar. La expresión lingüística es una cognición. Su base no remite solo a enunciados sino que también a cogniciones, formatos semánticos distintos en el razonamiento, como, por ejemplo, los modelos mentales, los objetos visuales, los objetos espaciales, la información, formatos que pueden ser abordados desde procesos protológicos, la arquitectura de lo mental, las formas de conceptualización, los diálogos, la cognición distribuida.
1. FILOSOFÍA COGNITIVA DE LA LÓGICA: APOYOS, RESPUESTAS, REFORMULACIONES
But, what about the speciphically philosophical question about the nature of logic? My answer is that the nature of logic is explained by the logic faculty thesis:logic is cognitively constructed by rational animals.
R. Hanna, 2006, p. XV
Cognition and logic mutually constrain each other.
J. McNamara, 1994, p. 31
1.1. Naturaleza de la filosofía cognitiva de la lógica
Cuál sea la naturaleza, alcances y fundamentos de la lógica ha sido una de las interrogantes filosóficas fundamentales desde Aristóteles y la escuela megárico-estoica. Hasta hoy la cuestión se sigue planteando sin que haya una respuesta satisfactoria. Si bien definiciones de lógica hay en cada texto de la disciplina, en la reflexión filosófica sobre la misma el asunto no parece admitir definiciones definitivas. Al respecto J. S. Mill, por ejemplo (1911), hablaba de que tantas ideas de lógica parecen haber cuantos sean sus cultores. Actualmente J. Hintikka y G. Sandu, por su parte, afirman que al parecer aún hoy lo que entendemos por lógica no parece estar nada de claro. En sus palabras: “No está nada claro lo que se entiende o debería entenderse por lógica. Lo que sí resulta razonable, sin embargo, es identificar la lógica con el estudio de inferencias y relaciones inferenciales” (2007, p.15). Pero, afirman los autores, esta respuesta genera más incertidumbre que soluciones:
A las reglas de inferencia se las considera el alfa y omega de la lógica. No obstante, la concepción de la lógica como estudio de la inferencia constituye tan solo un primer acercamiento al problema, por cuanto genera más preguntas que respuestas. Así, no está claro ni a qué se considera una inferencia ni tampoco el aspecto que pueda presentar una teoría que las concierna. ¿En qué se basan las reglas de inferencia? ¿De dónde vienen? (Hintikka y Sandu, 2007, p. 16).
Susan Haack tampoco es optimista respecto de encontrar y fijar la naturaleza de la lógica. Acerca del problema de la demarcación en lógica afirma:
La intención es distinguir entre lógica formal y los sistemas de aritmética, geometría o las axiomatizaciones de biología. La demarcación no se basa en ninguna idea verdaderamente profunda sobre la “naturaleza esencial de la lógica” – en realidad, dudo de que haya una tal “naturaleza esencial” (Haack, 1991, p. 24)16.
Haack no ve salida a los intentos de “definir” lo que es la lógica, que no sean los criterios de tipo pragmático. D. Christensen, a su vez, dice:
Pero Aristóteles no dio una clara cuenta del concepto, pues “Lógica” no es un término que es usado consistentemente, aun dentro de la filosofía académica. Los textos de lógica discuten asuntos que van desde el teorema de incompletitud de Gödel a las formas de identificar un argumento ad hominem. Lo que yo tengo en mente es la lógica formal. Por supuesto, aun el significado de ‘formal’ no es claro”. (Christensen, 2004, p. 2).
Kneale y Kneale hacen ver que esta situación de indefinición acerca de la naturaleza de la lógica viene desde lejos, desde el mismo Aristóteles. Así, afirman:
Pero Aristóteles no dio ningún claro enfoque acerca de la provincia de la lógica, y por esta razón importantes cuestiones acerca de sus relaciones con otras ciencias han permanecido en la discusión en tiempos modernos (Kneale y Kneale, 1962, reimpresión 2008, p. 737).
Dudas como las ejemplificadas y otras muchas similares constituyen el núcleo, no de la lógica misma, sino de la filosofía de la lógica. En fin, una manera aceptable de acercarse al problema es el examen de las preguntas recurrentes acerca de la lógica: ¿Es una ciencia de símbolos? ¿Solo se define por su forma? ¿Es tan solo una herramienta, un órganon, como la concibió Aristóteles, su creador principal o, más bien, es parte de la filosofía, como pensaban los estoicos, o es un canon de la razón al decir kantiano? ¿Debe ser considerada la lógica como un arte, que consiste en tener un fin hacia algo, o más bien debe ser considerada como una ciencia, destinada a revelar la naturaleza de las cosas17? ¿Su objeto es el lenguaje, o los pensamientos, o las creencias o algún otro objeto, como preguntan Cohen y Nagel (1961)? ¿Dice o no algo del mundo la lógica, como interrogaron Wittgenstein y Russell, por ejemplo? ¿Se puede (y se debe) reducir lo lógico a lo deductivo? ¿Debe haber un solo sistema universal o una multitud de sistemas lógicos como acontece hoy? ¿Es un conocimiento a priori, o acepta alguna empiricidad? ¿En qué se fundamenta la validez sin caer en el logocentrismo? ¿Es defendible hoy el antipsicologismo lógico que Frege estatuyera casi como un dogma? ¿Qué son las constantes lógicas, la consecuencia lógica? Las preguntas pueden multiplicarse más y más. Cada sistema lógico que emerge, clásico o no clásico, significa nuevos problemas, más que dar respuestas a todo esto.
Hay dos cuestiones que pueden establecerse a modo de punto de partida para nuestro cometido:
(a) Los problemas de la filosofía de la lógica parecieron, en el siglo xx, tener una respuesta estabilizadora con la obra de Frege y Husserl. La lógica era, y debía ser, solo una disciplina formal cuyo centro es la relación entre símbolos y su esencia está dada por la doctrina del “antipsicologismo”. Por otra parte, los objetos lógicos habitan un tercer mundo, un mundo de objetividad, que no coincide ni con el mundo material ni con el de los contenidos mentales. Específicamente el antipsicologismo fregeano (no así su “platonismo”), reforzado con la filosofía de Husserl, formó lo que se podría denominar la visión estándar de la lógica, aceptada mayormente por todos los practicantes de la disciplina.
(b) Por otra parte, los análisis estándar de la filosofía de la lógica han sido llevados a cabo desde la epistemología y desde la ontología, en contacto con la metafísica y la filosofía del lenguaje, pero siempre desde una mirada formalista, casi con el mismo lenguaje de la propia lógica simbólica.
En relación con (a) y (b), el fundamento de lo que se expone en este libro es la hipótesis de que la lógica posee una naturaleza no solo simbólico-formal sino que, también, cognitiva. Según esto, lo que se plantea aquí es una reformulación tanto de (a) como de (b), esto es, avanzar hacia una mirada de la lógica más allá de Frege y, a su vez, considerar la naturaleza de la lógica no solo desde el punto de vista formal-simbólico. Mirar la lógica desde este punto de vista está basado en el hecho de que hoy la ciencia cognitiva, especialmente la psicología cognitiva y la inteligencia artificial, tiene un grado de desarrollo adecuado para poder constituirse en punto de referencia de una nueva reflexión para la filosofía tradicional de la lógica. La hipótesis de una naturaleza compleja de la lógica, esto es formal-cognitiva, no solo se basa en el desarrollo actual de las disciplinas involucradas, la lógica, la filosofía de la lógica, la ciencia cognitiva y la filosofía de la ciencia cognitiva, sino que, también, encuentra su fundamento en ciertas analogía con otras disciplinas filosóficas que se dan hoy, y que serán mencionadas más adelante en este capítulo, Sección 1.5.
El escollo inicial, como ya se indicó en la introducción, y muy recurrente que presenta un proyecto como el que aquí se defiende, salta a la vista: cualquier detractor dirá siempre que, si no se quiere malograr todo el análisis incluso antes de partir, no se debe nunca confundir razonamiento con lógica. Lo primero es una actividad humana, es un proceso subjetivo, psicológico, es una cuestión de hecho, un quid facti, que se da en el plano de lo contextual y cultural, mientras que lo segundo es una disciplina de derecho, el quid juris del asunto, que relaciona formalmente la derivación de un enunciado a partir de otros mediante ciertas reglas válidas, reglas que justamente conforman el corpus de la disciplina llamada lógica y que por ello, en estricto rigor, la lógica no puede tener vinculaciones teóricamente importantes con el razonamiento. Mientras la lógica simbólica es una disciplina creada por el hombre, tal como cualquier otra, el razonamiento es una realidad que se da en un sujeto real en circunstancias reales, aunque también es cierto que la lógica, en cuanto disciplina, puede influir en la formación de la subjetividad y de los “razonamientos naturales”. Todo esto es indudable y es un punto de partida aceptado en este libro. Pero de lo que aquí se habla no es de lógica en cuanto disciplina, sino de filosofía de la lógica. No se trata de que la ciencia cognitiva produzca nuevos métodos de derivación formal o de que la demostración de un teorema se haga por medio de reglas psicológicas o cosas por el estilo. Ello es realmente absurdo. Así como la filosofía de la ciencia no está destinada a producir nuevas leyes empíricas de la física o de la sociología; o como la filosofía del arte nuevas formas o técnicas de pintura o escultura; o la filosofía política nuevas leyes orgánicas específicas para una cierta sociedad, ni tampoco la filosofía de la técnica nuevos instrumentos de medición o de transporte, la filosofía de la lógica y la filosofía cognitiva de la lógica, tampoco puede tener por cometido producir nuevas leyes lógicas, nuevos teoremas, nuevas formas de evaluar enunciados o la validez de estructuras argumentales, etc. Lo que sí debe y puede hacerse es reflexionar acerca de dónde reside la naturaleza de lo lógico, y puede hacerlo desde un punto de vista no formal o simbólico solamente, sino que también cognitivo. Y aquí “cognitivo” debe entenderse no en términos “psicológicos”, como en tiempos de Frege, sino como se lo entiende hoy desde las teorías del conjunto de disciplinas que conforman la ciencia cognitiva. La filosofía puede, entonces, acudir a disciplinas y perspectivas que en principio parecen ajenas a la filosofía misma. Si bien una determinada tautología no ha cambiado como tal desde los antiguos, es indudable que lo que se entiende por ella y su rol en el pensamiento y en el conocimiento puede haber cambiado mucho desde los antiguos hasta Mill, Frege, Russell o lo que pensaba Wittgenstein al respecto.
Por otra parte, para comprender la naturaleza cognitiva de la lógica, un camino plausible consiste en analizar justamente la relación entre cognición y lógica, así como la actual filosofía cognitiva de la ciencia, de amplio desarrollo, analiza la relación entre ciencias y cognición, o la filosofía del arte, que reflexiona sobre las expresiones artísticas reales y su sentido. En suma, el impacto de la ciencia cognitiva es sobre la filosofía de la lógica, no sobre la lógica misma, en cuanto conjunto de procedimientos formales específicos. No puede soslayarse, por otro lado, que, si bien la lógica formal solo trata con un lenguaje artificial sobre el que aplica ciertas propiedades inferenciales, sintácticas y semánticas, la lógica trata de una manera u otra, aunque sea solo en su formalidad, con el lenguaje y con el razonamiento humano. Tal vez, después de Frege se ha ido olvidando este aspecto de la lógica: que es una disciplina que, después de todo, se refiere a algo propio de los seres que razonan; y el razonar es una actividad que conecta al sujeto con el mundo, sea fáctico o mental. El interés primigenio de los griegos por establecer la lógica como ciencia no fue otro que comprender el razonamiento. En el siglo xx la lógica simbólica se ha ido alejando cada vez más de esa perspectiva. El desarrollo de las ciencias cognitivas puede aportar hoy un regreso a ese sentido original sin negar su esencia formal y descontextualizada.
Se dice de ordinario que la lógica es un asunto normativo y que, por ende, no puede tener que ver con el problema del razonamiento, que es una cuestión que se ubica en el plano descriptivo. Sin embargo, la tesis de que la lógica es absolutamente diferente de los procesos cognitivos de argumentar no resulta hoy en día demasiado fuerte y da lugar al menos a la duda. Los dos campos, lógica y cognición del razonamiento, como dos conjuntos que son disjuntos, sin ninguna intersección, no se sostienen. La diferencia en cuestión es falsa; la idea según la cual la lógica estudia cómo debemos razonar en tanto que la psicología cognitiva cómo realmente lo hacemos ya no es tan clara como hace poco. En efecto, puede afirmarse que la lógica también estudia casos de “cómo realmente razonamos”, puesto que, aunque difícil, nada impide que en circunstancias fácticas se den razonamientos que sean válidos. Por ello, la lógica también se ocupa del razonamiento, aunque lo haga desde un punto de vista muy específico. El esquema, pues, no es el dos conjuntos disjuntos, A, sino que el de dos conjuntos que poseen una intersección, B. En esta se da la filosofía cognitiva de la lógica. La lógica, en esencia, es una disciplina que se ocupa del razonar, humano por lo pronto, del mismo modo que la ciencia cognitiva se ocupa del razonamiento humano. El esquema A, la disociación, sin ser falsa, no es absolutamente verdadera.
Si lo anterior, la superación del escollo inicial, resulta medianamente claro y posible, como tratamos de mostrar en este libro, se puede plantear el asunto central de la filosofía cognitiva de la lógica:
Cuál es la naturaleza de la lógica desde un punto de vista cognitivo; si existe algo así como una cognición inferencial, si la base de la lógica no sea tan solo el lenguaje y el símbolo sino que también la cognición.
Actualmente este problema central se presenta específicamente como la relación entre lógica y cognición, relación que se da entre los siguientes márgenes:
(i) No hay, y no puede haber, relaciones significativas entre ciencias cognitivas y la comprensión de la lógica.
(ii) Hay relaciones: las leyes de la lógica deben tenerse en cuenta en la comprensión del razonamiento.
(iii) Las ciencias cognitivas juegan un rol en la comprensión de la naturaleza de la lógica, por lo que, al igual que (ii), también hay aquí una relación significativa18.
La mayoría de los autores actuales suscribe y desarrolla teorías que se inscriben en la alternativa (ii). Con distinto grado de fuerza, los estudios cognitivos del razonamiento están sustentados por la idea de que la lógica como tal tiene algo que afirmar acerca del razonar o, también, que lo que la ciencia cognitiva debe explicar es cómo es que razonamos lógicamente y cómo nos equivocamos la mayoría de las veces en hacerlo. Son las posturas ya clásicas de Piaget (1967, 1969), Johnson-Laird (1983, 1991, 1998, 2000), L. Rips (1994, 2008), Christensen (2004), Shushan (2009), Manktelow (1999), Garnham y Oakhill (2004), Thomson (2010)19. Christensen, como un caso representativo de esta postura mayoritaria, expresa así su posición general:
Explicando la importancia de la lógica a los estudiantes, los filósofos a menudo afirman cosas como: “las creencias racionales deben ser lógicamente consistente unas con otras” o “si usted cree en las premisas de un argumento válido, entonces, si usted es racional, usted debe creer la conclusión”. Este libro se empeña en mostrar que la lógica juega realmente un importante rol en la caracterización de la creencia idealmente racional, pero que su rol es bien diferente al que es a menudo asumido (Christensen, 2004, p. vii).
Otros, en cambio, tal vez los menos, como Harman (1986) o Goldman (1986) suscriben y desarrollan posturas que tienen relación con (i), esto es, que la lógica no tiene en realidad providencia en nuestras formas de razonar, puesto que resulta muy estrecha para dar cuenta de los complejos procesos cognitivos y contextuales que se llevan a cabo al infereir.
Nuestro intento en el presente libro se inscribe, en cambio, en la alternativa (iii). Es principalmente esta última, aunque (ii) no está de ninguna manera ausente, la que puede ser base para formular y defender la tesis de una filosofía cognitiva de la lógica. Encontramos que esta postura es hoy aún más bien escasa, aunque es bastante fuerte en sus propuestas como para alentar que es un camino plausible para recorrer. Está sustentada actualmente, por ejemplo, por los trabajos de Stennings y Van Lambalgen (2008), o de R. Hanna (1993, 2006) MacNamara y Reyes (1994), Shushan (2009), Fisher (2008), entre otros.
