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En este libro estimulante y combativo, Helen Beebee y Michael Rush rompen nuevamente una lanza para rescatar a la filosofía de los estereotipos que han querido y quieren sepultarla en las etiquetas de lo nebuloso, de lo abstruso y de lo inoperante. Pero, justamente al contrario, la filosofía toma su objeto de reflexión de situaciones reales y trata de asuntos de orden práctico, ya sea el examen de la naturaleza humana, la participación en el debate político, la relación que ha de tener con la ciencia y la religión, o la naturaleza de nuestras elecciones morales: los cuatro ejes sobre los que los autores hacen girar su exposición. La filosofía importa porque trata de cómo vivir y de otorgar un sentido al mundo que habitamos mediante una serie de herramientas y técnicas que nos ayudan a examinar nuestros argumentos y a desvelar nuestros prejuicios ocultos, a fin de poder hacer elecciones mejor informadas acerca de lo que creer y de cómo actuar.
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Seitenzahl: 142
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Helen BeebeeMichael Rush
Filosofía:¿Por qué importa?
Agradecimientos
Introducción
1. Comprendernos a nosotros mismos
2. Comprender el debate público
3. Comprender el mundo
4. Comprender cómo debemos comportarnos
Conclusión
Lecturas relacionadas
Créditos
Queremos dar las gracias a Pascal Porcheron y a Ellen MacDonald-Kramer, de Polity, por su apoyo, su entusiasmo, su eficiencia y sus buenos consejos, así como a tres críticos anónimos cuyos comentarios y sugerencias hicieron mejorar enormemente este libro.
Gracias a Al Baker por las conversaciones sobre una idea para un libro que condujeron a la idea para otro libro, que a su vez condujo a la idea para un libro distinto que terminó dando lugar al libro que estás leyendo. Gracias también a las siguientes personas por su lectura y comentarios sobre el borrador: Sammy Boardman, Matthew Elton, Harry Gray, Jasmine Hay, Anneli Jefferson, Pauline Kwiat-Hodson, Emilia Meissner, Matthew Rush y Ema Sullivan-Bissett. Sois todos geniales.
Dedicamos este libro a la memoria de Harry Lesser (1943-2015): un profesor inspirador, un colega generoso y un amigo.
Quizá estés leyendo este libro porque te interesa saber más sobre cómo la filosofía puede ser relevante para tu vida y para la comprensión del mundo que te rodea. Quizá estés leyendo este libro para ayudarte a decidir si quieres pasar a un estudio más formal de la filosofía; tal vez estés dudando qué asignaturas escoger en la universidad. Nosotros creemos firmemente en el valor y el interés de la filosofía en todas las etapas dentro de cualquier profesión. La filosofía importa.
La filosofía importa porque busca y promueve la comprensión y el pensamiento riguroso, y porque es útil en la práctica, interesante en sí misma y cultural e históricamente relevante. Sin duda, estas son afirmaciones grandilocuentes, pero a lo largo de este libro te explicaremos por qué las tenemos por ciertas. Claro está que la filosofía no es la única disciplina valiosa; cada una tiene su propio papel en el esfuerzo colaborativo por entender el mundo, pero, como veremos, la filosofía desempeña su propio e importante papel.
A menudo, además de importante, la filosofía es también una incomprendida: puede que no sea lo que tú crees que es. La buena noticia es que está en todas partes y es más que probable que ya te hayas hecho preguntas característicamente filosóficas, aun cuando no supieras que eso era lo que estabas haciendo. Si alguna vez te has preguntado si los padres deberían tener derecho a exigir que sus hijos sean sometidos a intervenciones quirúrgicas arriesgadas y costosas, si has tenido una apasionada discusión sobre si Rachmaninoff es realmente mejor que Rage Against The Machine; si te has devanado los sesos preguntándote cómo podemos saber si nuestros dirigentes electos nos están mintiendo en su propio beneficio y si debería preocuparnos que lo hagan; si te has preguntado si se puede creer en Dios y, al mismo tiempo, creer que la física nos explica cómo es realmente el mundo; si te has puesto a especular acerca de si tenemos libre albedrío y alguna clase de control sobre nuestras acciones o si estamos a merced de procesos naturales inconscientes –igual que cuando te resbalas en el hielo o las hojas caen de los árboles–, en tal caso ya has dado tus primeros pasos en la filosofía. Todas estas son preguntas filosóficas, y todas ellas podrían presentársete en tu camino por la vida.
Hasta cierto punto, podemos abordar esas preguntas sin necesidad de tener un profundo conocimiento de la filosofía. Eso es lo que hace la mayoría de la gente. No obstante, también es posible abordar esas mismas preguntas de manera más fructífera, más plena y más satisfactoria con un cierto conocimiento de las teorías y métodos filosóficos que permiten definir las preguntas y delimitar la clase de respuestas que es razonable proponer. La filosofía te permite seguir interesándote por todas las cosas que ya te fascinan, implicándote en ellas en mayor profundidad. Por eso la filosofía es importante para ti. Cuando todos nos implicamos en profundidad en las preguntas que se nos presentan, nuestra vida se vuelve más rica y podemos comenzar a desenmascarar la clase de razonamientos poco rigurosos que obstruyen el buen funcionamiento del mundo y que algunas personas utilizan para mantener posiciones de poder e influencia sobre los demás. Por eso la filosofía es importante para todos.
Hay varias razones legítimas por las que podrías haberte hecho una idea equivocada de qué es la filosofía. Quizá en tu escuela no se impartiese; su enseñanza en las escuelas no está demasiado extendida. En el imaginario popular, la filosofía ha llegado a ser lo bastante conocida para ser caricaturizada, pero no lo suficientemente comprendida para que las bromas a sus expensas se interpreten siempre como tales. La filosofía se ocupa de preguntas abstractas, que no siempre se prestan a una conversación casual.
Como consecuencia, tal vez pienses que la filosofía es solo cuestión de dar tu opinión, o que implica pasarte el día sentado, preguntándote si tu silla existe. Tal vez pienses que, en realidad, la filosofía es igual a la teología o a alguna otra práctica religiosa, y que consiste principalmente en la meditación. Tal vez incluso confundas filosofía con psicología, lo cual no sería absurdo desde el punto de vista histórico, puesto que la psicología se inició como una rama dentro de la filosofía, pero los caminos de ambas se separaron hace más de un siglo. O tal vez pienses que la filosofía es cosa de épocas pasadas o que, aunque se siga cultivando en la actualidad, no es más que un capricho de gente que vive encerrada en bibliotecas polvorientas, donde no puede hacer daño ni molestar a nadie.
La palabra «filosofía» tiene una acepción en el uso corriente, que es la que la gente tiene en mente cuando dice cosas como «“Vive el momento”: esa es mi filosofía», o cuando pregunta «Entonces, ¿cuál es tu filosofía?». Estos son usos legítimos de la palabra, pero no es a eso a lo que los filósofos se refieren cuando la utilizan. Tampoco, al emplear el adjetivo «filosófico», quieren decir lo mismo que tú cuando observas que alguien se ha tomado una mala noticia «con mucha filosofía».
A lo que los filósofos se refieren por «filosofía» –y sabemos que esto no te va a resultar de mucha ayuda ahora mismo– no es más que al conjunto de principios, teorías, técnicas, métodos y preguntas que esperamos darte a conocer a lo largo de este libro. Este conjunto está cohesionado por algunos ejes temáticos comunes, como la investigación racional, la reflexión crítica y el pensamiento sistemático, pero su contenido, como veremos, es espléndidamente variado.
Lo que es importante recordar es que no hay un tipo concreto de persona que tenga el monopolio del potencial filosófico. Mírate al espejo: si lo que estás viendo no es todavía un filósofo, es un filósofo en potencia. Tanto si estás planteándote emprender el estudio formal de la filosofía como si estás ya estudiándola o si solo te interesa averiguar por qué no sería la filosofía una actividad absurda, este libro es para ti.
Quizá te esperes que un libro sobre filosofía esté plagado de nombres de filósofos con las listas de sus logros, pero aquí hemos reducido todo eso al mínimo, porque lo que nos interesa es que veas cómo puedes adoptar los métodos y técnicas de la filosofía y aplicarlos a las cosas que te importan o te interesan. No se trata de las personas, sino de las ideas.
Sería un error sugerir que solo quienes estudian filosofía de manera rigurosa y guiada puedan tener pensamientos filosóficos, o que solo ellos puedan beneficiarse de la filosofía. Como hemos dicho, la filosofía está ya presente en tu mismo entorno. Sí que es cierto, no obstante, que hay un compendio de conocimientos y un conjunto de métodos sistemáticos que es posible aprender; las habilidades de reflexión y análisis filosóficos se pueden dominar mejor o peor. Este libro no es un manual que pretenda darte una visión de conjunto de todo el compendio del conocimiento filosófico o de la historia de la filosofía desde sus inicios en la Antigüedad, ni tampoco una monografía sobre alguna de las grandes tradiciones filosóficas que se desarrollaron en Grecia, la India o China.
El objetivo fundamental de la filosofía es llevarnos a una comprensión sistemática de nuestras ideas y a una valoración lógica de nuestros argumentos. Promueve la reflexión seria, el pensamiento riguroso y la expresión clara de ideas a veces complejas y difíciles. Si queremos que nuestras vidas sean inteligibles, si queremos discutir y debatir con otras personas de manera coherente cuestiones relacionadas con asuntos tan diversos como los que ya hemos mencionado, entre muchos otros, necesitamos tener la seguridad de que los propios términos y conceptos que estamos empleando en estas conversaciones son coherentes, y de que no estamos contradiciendo accidentalmente nuestros propios argumentos o hablando cada uno de cosas distintas.
Algunos de estos términos tienen un claro impacto sobre cuestiones sociales muy importantes. Si no tratamos de clarificar qué significan los términos «bien» o «mal», no podemos entender lo que está sucediendo en un debate acerca de si la propuesta de invadir otro país está bien o mal, o si está bien o mal ofrecer un servicio público que permita elegir la muerte por eutanasia. Si no valoramos de manera crítica qué es lo que hace que algo sea considerado una obra de arte, no podemos juzgar, comparar o apreciar del todo algunas de las más importantes contribuciones que han hecho a la civilización algunas de las mejores mentes de la humanidad.
O, por poner otro ejemplo, solemos dar por sentado que gozamos de libre albedrío. Quizá nunca te hayas parado a pensar expresamente sobre ello, pero es algo que asumimos de manera implícita cada vez que deliberamos sobre decisiones importantes o dedicamos tiempo a planificar qué vamos a hacer de cena. Pensamos que somos capaces de tomar decisiones genuinas, y solemos dar por sentado que ello implica que, antes de elegir, tenemos la capacidad de escoger un camino u otro. Sin embargo, resulta sorprendentemente difícil conciliar esa creencia con otras ideas filosóficas y científicas que son en apariencia coherentes.
Hacer justicia al mismo tiempo a nuestras creencias intuitivas sobre el mundo y a nuestros conocimientos científicos; decidir de qué manera modificar nuestras inclinaciones políticas de acuerdo con nuestros compromisos éticos; entender la diferencia entre creencia y conocimiento para ayudarnos a decidir con qué ideas comprometernos: todos estos, y muchos otros, son problemas filosóficos.
Como ya dijimos, la importancia de estas actividades no está restringida al estudio formal de la filosofía, pero una de las cosas que este puede proporcionarte es habilidad y familiaridad con una serie de técnicas, estrategias y herramientas intelectuales que pueden desarrollarse y perfeccionarse y que, en la práctica, pueden determinar la forma en que se planteen las discusiones y debates en muchos campos diversos.
Los distintos capítulos del presente libro abordan una serie de temas –aspectos de nuestras vidas o del mundo que nos rodea que podríamos querer entender en mayor profundidad– y explican cómo puede contribuir la filosofía a nuestra comprensión de los mismos. A medida que avanzamos, iremos presentándote algunas teorías filosóficas.
Conviene que advirtamos aquí –y que lo tengas presente durante la lectura de este libro– que todas estas teorías han sido seria y rigurosamente contestadas, y que no se ha llegado a alcanzar ningún acuerdo al respecto. Esto, lejos de ser motivo de preocupación, es fruto de evitar el dogmatismo y mantener la mente abierta para revisar nuestras teorías a medida que van apareciendo nuevas ideas y evidencias. Ese es uno de los puntos fuertes de la filosofía, que comparte con la ciencia cuando ambas se practican correctamente. Es probable que ya te hayas encontrado con algunas de estas teorías, pero quizá no te las hayan presentado como asuntos sobre los que pudieras hacerte preguntas, y casi con certeza habrán minimizado toda posible mención a la importancia de los debates al respecto que se desarrollan en la actualidad. También habrás estudiado –sobre todo, en las clases de ciencia del colegio– teorías que hoy en día cuentan con una aceptación general, y es comprensible que en estos casos hayas perdido de vista el hecho de que, en su día, esas mismas teorías coexistieron con otras muchas teorías alternativas. Esto es así aún más en el caso de la filosofía que en el de muchas áreas de las ciencias: hoy en día hay multitud de alternativas filosóficas posibles sobre las que debemos reflexionar. Evaluar por ti mismo la rivalidad entre estas teorías y explicaciones es una excelente manera de perfeccionar tus habilidades filosóficas y analíticas. De hecho, para mejorar tu dominio de las habilidades fundamentales para la filosofía, lo esencial es practicar la filosofía de manera activa, y no solo leer pasivamente lo que han dicho otros filósofos. ¡Tienes que implicarte!
El resto de este libro aspira a darte una noción de algunas de las posibilidades y algunas de las herramientas, estrategias y técnicas que te ayudarán a implicarte de este modo en los debates filosóficos. En el capítulo uno reflexionamos sobre cómo podemos comprendernos mejor a nosotros mismos: ¿qué clase de ser soy? ¿Cuáles son los requisitos para ser un ser humano? ¿Podría seguir existiendo después de morir? ¿Tengo libre albedrío? El capítulo dos está dedicado al problema de comprender el debate público. ¿Cómo podemos saber si los políticos nos dicen la verdad? ¿Es relevante que así sea? También trataremos el problema más general de querer que, en la medida de lo posible, nuestras creencias sean verdaderas. El capítulo tres trata sobre la comprensión del mundo. ¿Puede decirnos la ciencia todo lo que necesitamos saber? ¿Existen verdades intrínsecamente religiosas? ¿Podemos creer en Dios y, al mismo tiempo, comprometernos con el avance de la física? ¿Qué sirve como evidencia en favor de las ideas científicas o de las religiosas? El capítulo cuatro se ocupa de la cuestión de cómo debemos comportarnos los unos con los otros. ¿Cómo se nos debería permitir tratar a otras personas? ¿Hacia qué derechos propios podemos exigir el respeto de los demás? La conclusión cierra el libro con una breve reseña de algunos de los temas sobre los que reflexionan los filósofos que no habrían cabido en este libro (¡que no son pocos!), y propone algunas maneras de responder a las grandes preguntas que planteamos al comienzo de esta introducción.
Esperamos que estos sean temas que conecten contigo. Todos hemos tenido contacto con alguna clase de práctica religiosa; hemos presenciado o, quizá, incluso tomado parte en algún debate público; nos hemos formado un juicio sobre el buen o mal comportamiento de alguien; hemos incorporado al menos algunas creencias científicas básicas, y nos hemos preguntado qué sucede después de la muerte. La filosofía es importante porque la mayoría de nosotros tenemos, en mayor o menor medida, una predisposición filosófica, aunque algunos no os hubieseis dado cuenta hasta ahora.
¿Qué soy? ¿Qué significa ser un ser humano? ¿Podría seguir existiendo aun después de morir, de modo que, al menos en principio, sería posible que fuese al Cielo o que me reencarnase en un burro? ¿Qué relación hay entre mi mente y mi cerebro?, ¿o son lo mismo? Si existen diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres, ¿significa esto que las diferencias en el comportamiento de hombres y mujeres son innatas y, por lo tanto, inevitables? ¿Tengo libre albedrío, o estoy simplemente programado por mi cerebro y mi entorno para comportarme de una determinada manera?
Todas estas son excelentes preguntas y, en un sentido amplio del término, son preguntas filosóficas –o al menos es posible que la respuesta que te satisfaga no te la puedan dar las ciencias, o al menos, no por sí solas–. Tomemos como ejemplos las dos primeras preguntas de la lista. Si le preguntas a un biólogo cuál es la respuesta a la primera, probablemente te mirará con cara rara. ¿Qué eres? Eres un ser humano, un miembro de la especie Homo sapiens. Listo. Siguiente pregunta: ¿Qué significa ser un ser humano? ¡Muy fácil! No es otra cosa que pertenecer a la especie Homo sapiens.
¿Ha respondido esto a tus dudas? Probablemente no. Probablemente ya sabías todo eso, así que, si de entrada has formulado esas preguntas, lo más probable es que no estuvieras buscando una respuesta de ese tipo. Probemos a hacerle la misma pregunta a un filósofo y veamos qué ocurre. Aún mejor, pídele a un filósofo que te dé unas herramientas básicas –algunos conceptos, algunas sugerencias sobre cómo abordar las preguntas, algunos argumentos que puedas examinar– e intenta luego hallar las respuestas por ti mismo.
Empecemos de nuevo, esta vez con un espíritu más filosófico. Nuestro biólogo tenía razón, por supuesto: todos somos seres humanos; esto es, miembros de la especie Homo sapiens
