Flora Tristán - Cristina Cassina - E-Book

Flora Tristán E-Book

Cristina Cassina

0,0

Beschreibung

FLORA TRISTÁN (1803-1844) es considerada una de las predecesoras del feminismo contemporáneo. Entre las cuestiones centrales de su obra se encuentran la reflexión sobre las condiciones de las clases populares y la emancipación femenina. Para lograr estos objetivos, durante el último año de su vida viajó a Francia para tratar de difundir sus ideas en los círculos obreros. En este libro, Cristina Cassina explora la vida y las vivencias de una autora que, de manera innovadora, denunció aspectos de la sociedad de su época que entonces ninguna mujer se había atrevido a señalar. El volumen traza además una exhaustiva panorámica del original pensamiento político de una intelectual adelantada a su tiempo y considerada una de las protofeministas más influyentes. La colección MUJERES Y PENSAMIENTO POLÍTICO ofrece una serie de estudios dedicados a pensadoras y teóricas de la política, fruto de recientes investigaciones confiadas a estudiosas y estudiosos de la disciplina, con el objetivo de paliar la falta de reconocimiento femenino en el canon del pensamiento político contemporáneo.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 97

Veröffentlichungsjahr: 2026

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Autora

 

 

 

 

 

 

Cristina Cassina es profesora de Historia del Pensamiento Político en la Universidad de Pisa.

 

Nota de los editores

 

 

¿Cómo y hasta qué punto han contribuido las mujeres a conformar el pensamiento político? Quien busque la respuesta a esta pregunta en los manuales universitarios quedará perplejo: aparte de en contadas excepciones, es muy díficil encontrar nombres femeninos en los textos que recorren la historia del pensamiento político moderno y contemporáneo. Una ausencia aún más llamativa si tenemos en cuenta el gran número de trabajos especializados hoy disponible, dedicados a figuras relevantes, en particular a las mujeres que, desafiando el tradicional monopolio masculino, supieron hacerse notar en los ambientes socio-culturales y en los sectores profesionales —desde la ciencia a la política, del deporte al mundo empresarial— de los que por tanto tiempo fueron excluidas a causa de los prejuicios.

De la constatación de esta ausencia, que testimonia un retraso no exento de culpa, nace la idea de esta colección: una serie de estudios dedicados a pensadoras y teóricas de la política, redactados de manera depurada y eficaz, fruto de recientes investigaciones confiadas a estudiosas y estudiosos de la disciplina. De esta manera se bosqueja una primera panorámica de la fundamental contribución femenina al desarrollo teórico y conceptual, a la deconstrucción y resignificación de los grandes temas que atraviesan «lo político». Un trabajo que aproxima, aunque no siempre coincide, a la historia del pensamiento feminista, de la perspectiva de género y de la emancipación de la mujer, y que permite formar un enfoque novedoso, quizás solo por desconocido, de la instauración de la «modernidad política» que —bajo la mirada de estas pensadoras— se muestra todavía más condicionada por una miríada de aporías.

 

Cristina Cassina,

Giuseppe Sciara,

Federico Trocini

Cronología esencial

 

 

 

1803   Nace en París Flora Célestine Thérèse Henriette, primera hija del coronel de los dragones al servicio del rey de España don Mariano Tristán y Moscoso y de la francesa Anne-Pierre Laisnay.

1807   Muere el padre de Flora.

1808   La familia se ve obligada a dejar la casa de Vaugirard mientras los bienes de don Mariano, cuyo matrimonio no es reconocido, pasan a ser gestionados por el hermano don Pío, que vive en Arequipa, Perú.

1821   Flora, tras encontrar un empleo de obrera, se casa por lo civil con su jefe, el litógrafo André-François Chazal.

1825   Mientras descubre que está de nuevo embarazada (tres veces en cuatro años), Flora decide abandonar el domicilio conyugal. Para mantener a la familia (el marido está ahogado por las deudas) se ofrece como dama de compañía a las inglesas que aman viajar.

1829   Conoce al capitán Chabrié, que le habla de la familia paterna. Decide escribir una primera carta al tío don Pío.

1830   Está en París cuando estalla la Revolución.

1832   La muerte del primogénito es motivo de la enésima pelea, muy violenta, entre Flora y Chazal. Este último decide dejarla libre a cambio de quedarse con el segundo hijo. Flora cede porque quiere reunirse con la familia en Perú para ser reconocida como hija legítima de don Mariano.

1833-34   Se embarca en el velero Mexicain, comandado por Chabrié. Empieza un largo viaje que la lleva a las costas de Chile, después a las de Perú y, finalmente, a través del desierto, llega a Arequipa. Allí permanece durante varios meses en la casa del tío; este, ateniéndose a la ley, le reconoce un quinto de los bienes paternos en calidad de hija natural. Flora se siente decepcionada y herida. Vuelve a París después de una breve estancia en Lima.

1835   Se publica en verano Nécessité de faire un bon accueil aux femmes étrangères, su primer trabajo. Mientras estrecha los primeros contactos con Fourier y los furieristas, la relación con el marido se vuelve aún más tensa.

1836-37   Publica artículos en la Revue de Paris que adelantan escritos de los años que están por llegar, entre ellos las Lettres à un architecte anglais, y colabora con otras revistas. Envía a las Cámaras una petición para restablecer el divorcio. Amplía el círculo de sus conocidos mientras el conflicto con el marido, que intenta quedarse con la hija Aline, se vuelve cada vez más dramático.

1838   Es el año del verdadero estreno literario, con Pérégrinations d’une paria y la novela Méphis, pero también el año del drama personal: Chazal intenta matarla de un disparo por la calle; no lo consigue, pero la bala permanecerá incrustada en el pecho, a pocos centímetros del corazón, comprometiendo para siempre la salud de Tristán.

1839   Proceso a Chazal, que es condenado a veinte años de trabajos forzados. Cuarto viaje de Flora a Inglaterra: esta vez para llevar a cabo una investigación sobre las condiciones de las clases obreras y de otras figuras marginales. Conoce a Owen y a muchos seguidores del cartismo.

1840   Con muchas dificultades, publica Promenades dans Londres, que obtiene un éxito considerable, también en cuanto a ventas.

1842   Sale una edición popular de los Promenades dans Londres con dedicatoria «a vosotros, trabajadores, a todos y todas». Flora entra en contacto con importantes figuras del mundo obrero parisino, como Perdiguier.

1843   Escribe Union Ouvrière y participa en reuniones obreras en vistas a un gran lanzamiento de su proyecto. En realidad, se topa con grandes dificultades para publicarlo. Lo conseguirá solo después de haber llevado a cabo personalmente una intensa campaña de recogida de fondos. El libro sale en mayo y Flora organiza la propaganda, con la ayuda de algunos discípulos, planeando un gran tour entre los obreros y las obreras de las provincias francesas. A finales de año realiza el primer viaje a Burdeos.

1844   El tour continúa en primavera, después de la salida de la segunda edición de la Union Ouvrière, visitando localidades del este y del sur de Francia. El 14 de noviembre, cansada, Flora Tristán muere en Burdeos. A su funeral, además de literatos y abogados, acuden numerosos obreros.

1973   Se publica Le Tour de France: état actuel de la classe ouvrière sous l’aspect moral, intellectuel et matériel. Journal inédit 1843-1844 gracias al trabajo de Jules-L. Puech.

1979    Se crea en Lima el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, una institución feminista que se propone «combatir las causas estructurales que restringen la ciudadanía de las mujeres y afectan su ejercicio».

 

I. Quiero ser una esposa perfecta

 

 

 

Flora Tristán nace en París el 7 de abril de 1803. El apellido es uno de esos importantes, pues su padre es don Mariano de Tristán y Moscoso, coronel al servicio del rey de España, perteneciente a una de las más antiguas y poderosas familias de Perú, además de descendiente (se dice) de Moctezuma. La madre es Anne-Pierre Laisnay, una francesa católica emigrada a España tras el estallido de la Revolución. Sobre esta unión enseguida se condensan muchas nubes. El matrimonio se celebró en España en casa de la esposa, fue oficiado por un cura refractario y, por lo tanto, de forma clandestina; y si el cierre del consulado francés en Bilbao impidió regularizar el acto en el momento, también hay que decir que don Mariano, por su parte, no había pedido al soberano la autorización necesaria.

Los primeros años trascurren felices y despreocupados en la bonita finca que el padre ha comprado en la rue du Petit Vaugirard. En aquel tiempo, localidad de los alrededores de París; hoy, corazón palpitante del XIV distrito. Una casa alegre, acogedora y frecuentada por muchos viajeros. Entre otros, un jovencísimo Simón Bolívar pasará allí varias temporadas en diversas ocasiones.

La muerte repentina de don Mariano en el año 1807 da un vuelco a la situación. Una maraña de despistes o de ligerezas (en 1801 el padre de Flora había dado plenos poderes de la gestión de sus bienes al hermano Pío, que vivía en Arequipa, Perú) se desploma sobre una existencia hasta entonces serena. Las autoridades no reconocen el matrimonio y la madre, que entre tanto descubre que espera otro hijo, se ve obligada a dejar la casa de Vaugirard. En poco tiempo la familia se precipita hacia un abismo económico y social: dificultades enormes, mudanzas sin fin y, después, de nuevo, la muerte, que en 1817 se lleva al pequeño Mariano, de tan solo nueve años. Madre e hija terminan por instalarse en un modesto barrio de París, donde Tristán encuentra trabajo como empleada en el taller del pintor y litógrafo André-François Chazal.

Poco se sabe de su vida durante estos años y, para trazar un cuadro preciso, es necesario recurrir también a la imaginación. La hija de don Mariano es una chica amable pero poco instruida (sus cartas están —y seguirán estando— repletas de errores). No se sabe a qué edad comenzó a trabajar ni qué relaciones mantuvo con las demás empleadas. Lo único cierto es que el 3 de febrero de 1821 se casa por lo civil con su empleador. Será el gran error de su vida. Incapaz de manejar los negocios, con los acreedores siempre pisándole los talones, el marido no tardará en revelarse como un hombre posesivo, excesivamente celoso e, incluso, violento. Y, sin embargo, es a este hombre al que se dirige cuando escribe «quiero ser una esposa perfecta» [Tristán 1980:43]1 y hacia el que, a juzgar por el tono de otra carta escrita algunas semanas antes de la boda, parecería haber sentido una intensa pasión. Años después, Tristán atribuirá a las insistentes presiones de la madre la razón de esta unión infeliz. Ante la imposibilidad de saber la verdad, es mejor atenerse a los hechos, que, por otro lado, hablan bastante claro.

Afligida por el aumento de las dificultades no solo materiales, la esposa madura una decisión difícil, que va contra el dictado de la ley y ofende la moral de su tiempo. En 1825, después de haberse trasladado a un lugar más salubre para su primogénito, decide no volver a casa del marido cuando descubre estar embarazada por tercera vez en cuatro años (en esta ocasión espera una niña a la que llamará Aline).

¿Qué significaba tomar una decisión así en la Francia de los años veinte del siglo XIX? Significaba abrir un camino ante la ausencia de una calle principal que, sin embargo, pocos años antes, cuando el divorcio seguía en vigor, era accesible. La posibilidad de recurrir al divorcio había sido una de las novedades introducidas en Francia durante el periodo revolucionario, concretamente en el año 1792. Para ralentizar la impetuosa huida hacia delante —el divorcio era posible si el matrimonio se consideraba un contrato y los dos cónyuges figuraban como contrayentes al mismo nivel—, el Código Napoleónico de 1804 reguló la cuestión de forma desequilibrada, es decir, anteponiendo los derechos del marido (aunque el pensamiento jurídico dominante afirmara actuar en defensa de la integridad de la familia). Sin embargo, las novedades que se introdujeron con Napoleón no modificaron el cuadro general: el divorcio siguió estando mal visto por sectores importantes de la opinión pública, especialmente por el mundo católico. Por consiguiente, en 1815, uno de los primeros actos de las Cámaras una vez restaurada la monarquía fue decretar su abolición. De ello se ocupó personalmente Louis de Bonald, el profeta de la contrarrevolución. Después de esto, el divorcio no volvió a estar en vigor hasta 1884, durante la Tercera República.