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En este segundo tomo del libro Formar-se en psicología: Conversaciones con maestros de la disciplina, de nuevo hemos invitado a renombra¬dos autores de la psicología que han hecho contribuciones relevantes en asuntos epistemológicos, teóricos, metodológicos y de formación de varias generaciones de psicólogos, y hemos conservado el espíritu y el aliento con que elaboramos el volumen inicial: que personas, tanto del campo de la psicología como de otras áreas, puedan dialogar con ellos. Las conversaciones sobre ese proceso formativo versan sobre cuatro ejes de reflexión: el contexto y la inter/ transdisciplinariedad como aspectos clave, la. crítica y la reinvención de la psicología como referencia, y los desafíos e implicaciones a los que se enfrenta hoy. Esperamos que esta obra contribuya y continúe el debate crítico y sen¬sible sobre 10 que significa e implica formar-se en psicología. Los editores
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Seitenzahl: 789
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Formar-se en psicología: Conversaciones con maestros de la disciplina. Tomo II / Valéria Mori… [et al] ; Johnny Orejuela Gómez, José Fernando Patiño Torres, editores académicos. -- Medellín: Editorial EAFIT, 2020.
406 p. ; 24 cm.. -- (Colección Nodum)
ISBN 978-958-720-693-7
ISBN 978-958-720-694-4 (versión EPUB)
1. Psicología – Enseñanza. 2. Psicología – Orientación vocacional. 3. Psicología como profesión. 4. Psicólogos – Entrevistas. I. Mori, Valéria. II. Orejuela Gómez, Johnny Javier, edit. III. Patiño Torres, José Fernando, edit. IV. Tít. V. Serie
150.7 cd 23 ed.
F723
Universidad EAFIT – Centro Cultural Biblioteca Luis Echavarría Villegas
Formar-se en psicologíaConversaciones con maestros de la disciplinaTomo II
Primera edición: diciembre de 2020
© Johnny Orejuela, José Fernando Patiño–Editores académicos–
© Editorial EAFITCarrera 49 No. 7 sur - 50Tel.: 261 95 23, Medellínhttp://www.eafit.edu.co/fondoeditorialCorreo electrónico: [email protected]
ISBN: 978-958-720-693-7
ISBN: 978-958-720-694-4 (versión EPUB)
https://doi.org/10.17230/9789587206937lr0
Edición: Marcel René Gutiérrez
Diseño y diagramación: Alina Giraldo Yepes
Imagen de carátula: Woman Torso, 1932. Kazimir Malevich (1879, Kiev, Ucrania - 1935, San Petersburgo, Rusia) (INTERVENIDA)
Universidad EAFIT | Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto Número 759, del 6 de mayo de 1971, de la Presidencia de la República de Colombia. Reconocimiento personería jurídica: Número 75, del 28 de junio de 1960, expedida por la Gobernación de Antioquia. Acreditada institucionalmente por el Ministerio de Educación Nacional hasta el 2026, mediante Resolución 2158 emitida el 13 de febrero de 2018
Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio o con cualquier propósito, sin la autorización escrita de la editorial
Editado en Medellín, Colombia
Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions
Miembros Junta Directiva 2020 Ascofapsi
PresidenteNELSON MOLINAUniversidad del Valle
VicepresidenteOSCAR UTRIAUniversidad de San Buenaventura, Bogotá
SecretariaYADIRA MARTÍNEZUniversidad Simón Bolívar
TesoreraIDALY BARRETOUniversidad Católica de Colombia
VocalRODRIGO MAZOUniversidad Pontificia Bolivariana, Medellín
Directora EjecutivaASTRID TRIANA
Presentación
Johnny Orejuela y José Fernando Patiño
El contexto como punto de referencia clave en la formación
Formar psicólogos implica colocar a realidade social dentro da aula
Ana Bock conversa com Valéria Mori
Los intricados caminos de una formación histórica y socialmente situada
Wanda C. Rodríguez Arocho conversa con Tania García Ramos
La formación de los psicólogos, una cuestión de rigor científico, responsabilidad social y atención al contexto
José María Peiró conversa con Juan Pablo Gamboa Navarro
Una formación plural, antidogmática y sensible a las culturas, las realidades y las comunidades
Marco Eduardo Murueta Reyes conversa con Juan Diego Lopera Echavarría
Lo fundamental: una formación metodológica, teórica y de reconocimiento a las comunidades y sus experiencias
Carlos Arango Cálad conversa con Juan Gabriel Arcila
La crítica y la reinvención de la psicología como referencia de formación
Criatividade e compromisso social: bases para pensar uma formação em psicologia não institucionalizada
Vannúzia Leal Andrade conversa com José Fernando Patiño Torres
Lo humano hoy pasa por lo máquico y lo terrorista. Renovando la psicología desde la tiranía de la escritura
Joel Otero Álvarez conversa con Norman Darío Moreno Carmona
La formación consiste en poner a los estudiantes en posición de sujeto, en un ámbito de libertad y reflexión
Leonardo Schvarstein conversa con Lina Marcela Gil
Cada psicólogo debe convertirse en autor
Mónica Schnitter conversa con Andrés Vásquez
No podemos confundir formación en psicología con formación en medición
Carlos Bolívar Bonilla Baquero conversa con Wilmar Reyes Sevillano
La inter/transdisciplinariedad: clave en la formación
Hay que superar todos los dualismos: somos criaturas biológicas, pero también culturales y sociales
Martin Packer conversa con John Alexander Quintero Torres
Entrecruzamientos discursivos en la formación del psicólogo y en el ejercicio de la psicología educativa
Miralba Correa conversa con Mario Fernando Gutiérrez
Uno no puede hacer psicología sin entender la biología y la sociología
Raimundo Abello conversa con Horacio Manrique
Un grave desacierto en la formación: no abrirse al diálogo con otras disciplinas
Amelia Imbriano conversa con John Alexander Quintero Torres
Desafíos e implicaciones de la formación
Para una mejor formación hace falta más cultura del profesor-mentor
Bernardo Useche Aldana conversa con Johnny Orejuela
Apuestas y retos para el futuro de la psicología en Colombia e Iberoamérica
Wilson López López conversa con María Constanza Aguilar
Una necesaria autocrítica de los formadores: impacto de sus acciones e interacciones
Angela Uchoa Branco conversa con Mónica Roncancio
La psicología entre la polisemia conceptual y la consolidación profesional
Telmo Eduardo Peña Correal conversa con Irene Barbieri y Andrés Pérez-Acosta
Desafíos en la formación del psicólogo en realidades complejas
Germán Benavides conversa con Alejandro Riascos e Iván David Jojoa
El desafío de la psicología es ir contra corriente
Mario Elkin Ramírez conversa con Carlos Calle
Colombia necesita replantear la formación de psicólogos
Martha Restrepo Forero conversa con Carlos Mario Henao Galeano
Notas al pie
Un maestro deja una huella para la eternidad; nunca puede decir cuando se detiene su influencia.
Henry Adams
A todos los maestros, incluidos los nuestros, y a todos los estudiantes de la psicología como ciencia y profesión, nuestra gratitud, admiración, respeto y aprecio.
Parafraseando a Gabriel García Márquez en El mejor oficio del mundo (1996) diríamos:
La psicología: una pasión insaciable, un estilo de vida… La psicología es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido en carne propia puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de éxito de una intervención pertinente, el orgasmo de la interpretación acertada, la demolición moral de un fracaso terapéutico. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir solo para eso, podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada caso, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el caso siguiente.
El libro que aquí presentamos se trata del segundo tomo de la obra Formar-se en psicología: Conversaciones con maestros de la disciplina. Durante el año 2019, la primera parte fue lanzada en eventos nacionales e internacionales, a saber: el Congreso Colombiano de Psicología en Barranquilla y el II Simposio Nacional de Epistemología Cualitativa y Subjetividad, en Brasilia (Brasil). Estos espacios de difusión del conocimiento académico-científico fueron escogidos de forma intencionada, teniendo en cuenta dos aspectos complementarios: por un lado, que una parte significativa de autores se encontraban presentes en dichos eventos, lo cual le dio un resalte mayor a la difusión; y por otro, que Colombia y Brasil han sido los dos países por donde los editores académicos de esta obra han transitado con mayor expresividad, coyuntura que ha favorecido la construcción de redes, proyectos, eventos y productos de colaboración internacional. Los dos tomos de esta obra son un ejemplo claro de ello.
En esta segunda parte hemos invitado nuevamente a renombrados autores de la psicología, como ciencia y profesión, y hemos conservado el espíritu y el aliento con que elaboramos el volumen inicial, tras su buena recepción y éxito. Por eso podemos decir que Formar-se en psicología: Conversaciones con maestros de la disciplina. Tomo II también nació como emergen muchos de los proyectos de los investigadores en psicología y ciencias sociales: a partir de la amistad, el debate y la motivación por crear nuevos espacios de reflexión. Los editores comenzamos a soñar con la publicación desde el año 2013, por coyunturas académicas que nos hicieron pensar sobre la formación en psicología. Un tema que nos convoca como docentes de la disciplina y una necesidad sentida en el país, reconocida incluso por la propia Asociación Colombiana de Facultades de Psicología (Ascofapsi) y por el Colegio Colombiano de Psicólogos (Colpsic), pues existe muy poca investigación y publicación al respecto. Excepción hecha, claro está, por la Editorial Alfepsi que produjo el libro Formación en psicología: sreflexiones y propuestas desde América Latina (de libre acceso), bajo la coordinación del profesor Edgar Barrero,1 y El reto de la educación universitaria: experiencias desde la psicología, bajo un equipo editor del que hizo parte la destacada profesora Wanda C. Rodríguez, aquí también entrevistada.2 Debemos admitir que la mayoría de quienes somos profesores, formadores de psicólogos, nos hemos formado en la práctica misma, a partir de la buena voluntad y la intuición, intentado imitar quizás lo mejor (o lo peor) de cada uno de nuestros propios maestros; muchos de los cuales están reunidos en sus voces en este volumen. Y a quienes con el presente también queremos rendirles un tributo, más que merecido.
Con el pasar de algunos años, comenzamos la labor de conversar con diversos autores de la psicología iberoamericana e inglesa y cuyos aportes han sido notables a nivel profesional y científico. La selección e invitación a estos autores fue posible gracias a una extensa y fructífera red de colegas que se dispusieron, de forma generosa y gentil, a contactarlos y entrevistarlos, lo cual fue potenciado por la vida académica, la amistad, la admiración y el deseo de reconocer tanto a las figuras que aquí presentamos, como su legado para la psicología. Esta red internacional de colegas nos permitió enfrentar un desafío enorme: la deslocalización de los autores que queríamos que estuvieran en el libro. De allí, que todos tuvimos que realizar entrevistas en diversos países y ciudades, a saber: Puerto Rico (San Juan), Brasil (Brasilia y São Paulo), México, España (Valencia), Inglaterra (Manchester), Colombia (Cali, Bogotá, Medellín, Barranquilla, Neiva y Pasto), Argentina (Buenos Aires), etc. El libro también ha sido posible por el hecho de contar con jóvenes investigadores y estudiantes de pregrado y posgrado de diversos países, que se han dispuesto con altas dosis de entusiasmo y disciplina a contribuir con el desarrollo de esta obra.
Vale la pena resaltar cómo ha sido de bien recibido este proyecto por los colegas invitados como entrevistadores, pues asumen con entusiasmo la tarea de entrevistar a una figura de la psicología, generalmente su propio maestro, y la manera como igualmente con humildad y alegría cada uno de los entrevistados, maestros de la disciplina, ha asumido el ser invitado al libro como un acto de reconocimiento, lo que refrendamos aquí sin duda.
Nuestro objetivo principal es que diversas personas, tanto las que están por dentro de la psicología como aquellas interesadas en ella, pero de otras áreas, puedan entrar en diálogo con autores que han generado contribuciones históricas en términos epistemológicos, teóricos, metodológicos y de formación de varias generaciones de psicólogos. Por tal motivo, el tema central del libro es la formación en psicología, a partir de los siguientes ejes temáticos:
• Trayectoria formativa del entrevistado.
• Comprensión del estado actual de la formación en psicología.
• Formarse en la psicología: aspectos y procesos nucleares.
• Perspectivas de la disciplina y la formación en ella.
El formato que hemos elegido, la entrevista, posibilitó abordar temas de alta complejidad para la formación en psicología, con la levedad y recursividad que imprime una conversación íntima, profunda y emocionalmente comprometida. Y aunque los ejes propuestos fueron iguales para todos los autores, cada entrevista abrió un mundo dialógico singular, sin duda movilizado por la relación previa que ya existía entre los actores de cada encuentro, lo que le dio a esta obra un carácter original, reflexivo y afectivo.
A continuación, y con la intención de ofrecer un panorama general de la obra, presentamos agrupadas en cuatro ejes de reflexión y de manera sucinta, las principales ideas respecto de la formación en psicología propuestas desde cada entrevista, a saber: el contexto como punto de referencia clave en la formación; la crítica y la reinvención de la psicología como referencia de formación; la inter/transdisciplinariedad como aspecto clave en la formación; y los desafíos e implicaciones de la formación.
Ana Bock, reconocida profesora e investigadora de psicología sociohistórica y social de la desigualdad en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo, en su interesante entrevista, nos recuerda poner el acento en la realidad como contexto cuando se trata de la formación con compromiso social de los psicólogos; nos exhorta a mantener la investigación y la reflexión actualizada sobre las directrices curriculares en dicha formación, como estrategia para mantener el avance continuo de la disciplina.
La profesora jubilada de la Universidad de Puerto Rico, Wanda C. Rodríguez, una de las más distinguidas docentes e investigadoras de la psicología del desarrollo y el aprendizaje desde una perspectiva histórico cultural en América Latina, exsecretaria y vicepresidenta para Centroamérica y el Caribe en la Sociedad Interamericana de Psicología, aboga por una formación amplia que permita apreciar su complejidad, y argumenta que debe propiciar la construcción de conocimientos en ciencias sociales, ciencias biológicas y humanidades. Hace una apuesta por la pedagogía crítica como método de enseñanza-aprendizaje y por la indagación dialógica como estrategia para hacer posible una conciencia reflexiva, crítica, que exprese compromiso ético y sentido de responsabilidad social.
El profesor de la Universidad de Valencia (España), José María Peiró, pionero de la psicología del trabajo y las organizaciones iberoamericanas, enfatiza diferentes elementos en la formación de psicólogos, entre ellos: la relevancia de los conocimientos y las competencias incluidas en la formación para dar respuesta a las demandas sociales; el rigor científico de los conocimientos transmitidos; la ética profesional en la aplicación de los mismos; y la especial atención que ha de prestarse al contexto en el que se aplica la disciplina.
El profesor Marco Eduardo Murueta, profesor titular de la carrera de psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, Iztacala, miembro fundador y expresidente de la Asociación Latinoamericana para la Formación y Enseñanza de la Psicología (Alfepsi), enfoca la formación del psicólogo desde la teoría de la praxis, basada en el diálogo interteórico, la vinculación con la comunidad, la rigurosidad y la cooperanza (en oposición a competencia). Considera que los exámenes han de ser instrumentos didácticos y no categorizaciones, que la relación del maestro con el estudiante sea amigable y de apoyo.
Carlos Arango Cálad, profesor jubilado de la Universidad del Valle y pionero de la psicología comunitaria en Colombia, nos incita a poner énfasis en la formación metodológica, el reconocimiento de la comunidad como una unidad de análisis psicosocial específica y relevante, y la propia experiencia, las necesidades sentidas, como puntos de partida para la intervención profesional.
En su entrevista, Vannúzia Leal Andrade, distinguida profesora de la Pontificia Universidad Catolica de Goias, cuyo foco de investigación se centra en la subjetividad en relación con el desarrollo de la personalidad y la educación de la familia, nos presenta desafíos para la formación en psicología a partir de su experiencia como autora, entre los que se destacan tres núcleos fundamentales: primero, la relación entre la riqueza de la biografía personal y el desarrollo profesional; segundo, las cualidades de la relación entre profesor y alumno; y tercero, la imaginación y la creatividad como recursos para superar la institucionalización de la psicología.
Joel Otero, profesor jubilado de la Universidad del Valle y fundador de los programas de Psicología de la Universidad de Antioquia en Medellín y San Buenaventura en Cali, nos recuerda que, desde sus inicios, la psicología en Colombia evidencia la tensión entre la teoría y la práctica y entre modelos teóricos y metodológicos. Señala además que los primeros programas funcionaron con profesores egresados de otros programas, ni siquiera graduados, y en su mayoría de otras disciplinas diferentes. Desde su propia formación multidisciplinar, Joel intentó dos modelos formativos que aspiraban a una psicología transdisciplinar con pertinencia histórico-social en Medellín y Cali.
Por su parte, Leonardo Schvarstein, distinguido profesor de la Universidad de Buenos Aires, nos cuenta su experiencia en enlace con la ingeniería, de donde se deriva su propuesta de psicología social de las organizaciones. Su trayectoria nos muestra un modo de hacer de gran valor para la psicología, independiente de la doctrina o el marco teórico de referencia: convocar la posición de sujeto en el otro, pese a las resistencias generadas, es el eje de cualquier proceso formativo, en la libertad, la autonomía y la reflexión.
De otra parte, Mónica Schnitter, profesora de psicología clínica con orientación psicodinámica de la comunidad profesional de Medellín, nos plantea que de cara a la formación, la clínica es más amplia que los campos ocupacionales. Los programas son rígidos para pensar las regiones o contextos y para la movilidad de profesores, que están absorbidos por lo administrativo. Se debe entrar en lo transteórico o transdisciplinar sin olvidar la propia historia: la formación nunca termina, pero el docente debe ir un paso adelante y ser humilde para co-construir, llevar una vida rica (pasatiempos, amigos), descubrir el propio talento.
Para el profesor jubilado de la Universidad Surcolombiana, Carlos Bolívar Bonilla, referente histórico en la formación de psicólogos en Neiva y el suroccidente colombiano, la tarea de enseñar esta disciplina demanda la trasmisión de una técnica que no puede desligarse, bajo ninguna circunstancia, de las dimensiones ontológica y epistemológica propias de ella misma, puesto que ello favorece el desarrollo de prácticas educativas conducentes a la compresión no solo de cómo sino, además, de por qué y para qué “se hace” psicología y cuál es su lugar en el escenario social.
El profesor jubilado de la Universidad de los Andes, Martin Packer, nos presenta su trayectoria en la psicología y el modo en que fue formando una línea de pensamiento a partir de sus experiencias en universidades de Inglaterra, Estados Unidos y Colombia. Su trabajo ha estado influenciado por la antropología y la filosofía, especialmente por la fenomenología. Considera que el desafío más importante de esta disciplina y de la formación de psicólogos es superar los dualismos.
En la entrevista a Miralba Correa, profesora distinguida y titular de la Universidad del Valle en las áreas de lenguaje y cognición, se destaca el abordaje sistemático y reflexivo de una interdisciplinariedad que enriquezca la noción de sujeto psicológico. Asumir interdisciplinarmente el estudio de dicha noción pasa por tres grandes ejes articuladores: la naturaleza semiótico-discursiva del ser humano, la relevancia social del conocimiento operacionalizado en la investigación formal y la búsqueda de un reflejo concreto de dicha investigación a través de la formación y el acompañamiento de todos los participantes del acto educativo, en especial los docentes. Dando lugar a la emoción y el afecto como una necesidad transversal en la formación de los profesionales en psicología, la profesora Miralba destaca también la necesidad de crear en ellos una mirada crítica frente al accionar en su profesión y frente a los nuevos retos que nos propone la sociedad actual.
En su entrevista, el profesor Raimundo Abello, Premio Nacional de Psicología en 2015 y actual director de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) en la Universidad del Norte, plantea que la educación del psicólogo debe estar basada en la interdisciplinariedad con la biología, la sociología, la ingeniería, entre otras, pues esto permite comprender otros aspectos de la realidad que son inaccesibles desde una sola perspectiva. Asimismo, posibilita que se estudien los problemas con una aproximación práctica, proyectando soluciones concretas y creativas.
La profesora Amelia Imbriano, psicoanalista y doctora en Psicología Clínica, actual directora del Instituto de Investigaciones en Psicoanálisis Aplicadas a las Ciencias Sociales de la Universidad Argentina John F. Kennedy, nos presenta su amplia trayectoria en psicoanálisis. Su formación y su práctica las ha llevado a cabo en importantes centros hospitalarios y universidades de Europa, Norteamérica y Argentina, con prestigiosos expertos e intelectuales. Desde su experiencia como docente y decana, señala que una formación en psicología que no abra las puertas al diálogo con otras disciplinas es un grave desacierto.
El presidente del Colegio Colombiano de Psicólogos (Colpsic), graduado en las primeras generaciones de psicólogos de la Universidad Nacional de Colombia y uno de los primeros doctores en psicología de la sexualidad del país, Bernardo Useche, nos presenta una visión crítica de la actual generación de estudiantes de esta disciplina y nos exhorta a desarrollar más la cultura del profesor-mentor, como en Estados Unidos, por ejemplo, la cual reconoce como una clave estratégica de formación de las nuevas generaciones de psicólogos.
En su entrevista, Wilson López, profesor titular de la Pontificia Universidad Javeriana, uno de los líderes editoriales más reconocido en el ámbito académico latinoamericano e investigador en el tema de cultura de paz, nos invita en su reflexión a una formación que conecte la investigación contemporánea en la ciencia psicológica y el mundo aplicado, con pertinencia social. Además, esta debe enfatizar en una ética de acción sin daño y centrada en el cuidado por el otro, cuyo ejercicio esté centrado en la acción transformadora orientada al bienestar social; una formación en la que el mundo aplicado gire en torno a la evaluación basada en la evidencia, que incorpore conocimientos interdisciplinarmente y permita, a la vez, producir conocimiento. Aboga por un psicólogo que pueda desempeñarse trabajando en equipo con otros profesionales y construir con y para las comunidades, que pueda moverse desde lo individual, lo relacional, lo grupal, intergrupal y lo societal.
Por su parte, Angela Uchoa Branco, destacada profesora del programa de posgrado Procesos de Desarrollo humano del Instituto de Psicología de la Universidad de Brasilia, nos habla de los retos a los cuales se enfrentan los profesores en el día a día del proceso formativo en psicología. Hay un especial interés de la profesora Angela por valorar las relaciones interpersonales en los procesos de construcción académica para así contribuir a la formación de nuestros estudiantes; nos invita a trabajar en equipo y a colaborar para construir mejores psicólogos.
Telmo Peña, distinguido profesor de psicología experimental y comportamental de la Universidad Nacional de Colombia y Universidad del Rosario, nos plantea respecto de la formación del psicólogo un punto de vista pesimista, argumentando que esta disciplina es una gran Torre de Babel. A su juicio, la psicología no es una profesión sino múltiples profesiones, sin embargo, la formación disciplinar –particularmente en Colombia– tiende a ser regular y los vacíos se llenan con cosas que no son psicología, particularmente con discursos reduccionistas hacia abajo (lo biológico) o hacia arriba (lo social).
Por su parte, el profesor Germán Benavides, psicoanalista pionero y profesor de la Universidad de Nariño, al sur de Colombia, nos plantea que el descubrir la responsabilidad de nuestra disciplina en el proceso de ser formador es ineludible; la formación de mentes que algún día aportarán teorías e investigaciones para la trascendencia de nuestro saber hacer desde nuestro rol docente debe ir más allá de transmitir un simple conocimiento. Debemos trascender y estar en continuo crecimiento científico, así como sostener el compromiso de ubicarnos en el momento histórico y de contexto en el cual formamos, puesto que ahí está la clave para que nuestro deseo de transmitir conocimientos y aprendizajes sea acertado y útil para la sociedad.
El profesor del Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de Antioquia, Mario Elkin Ramírez, reconocido en el ámbito nacional como uno de los más importantes investigadores de fenómenos sociales con perspectiva psicoanalítica, expone en su entrevista un desafío y una posición crítica: distanciarse del positivismo y del neoliberalismo. También propone que los psicólogos se formen menos técnicos y hacer lo posible por evitar que esta disciplina se convierta en una rama más de la medicina. Para ello plantea una formación más amplia en diálogo con otros saberes que haga posible dejar de ser una pieza dentro de una maquinaria comandada por la medicalización y la clasificación de las personas como usuarios, ir contra corriente de eso es el desafío de la psicología.
Y por último, la profesora Martha Restrepo, jubilada de la Universidad Nacional de Colombia y expresidenta de la Asociación Colombiana de Facultades de Psicología, nos comparte sus ideas en torno a repensar la formación de psicólogos en Colombia, la cual debe propender hacia una constante dialéctica entre las teorías y las formas de intervención. Asimismo, considera que la interdisciplinariedad es un medio idóneo para la resolución de problemas que aborda la disciplina.
Con ustedes dejamos una obra que pretende contribuir al debate sobre la formación de psicólogos, dirigida tanto a los que tienen experticia, como a aquellos que recién comienzan su proceso de vinculación a la disciplina. Este texto es una excusa para continuar el debate crítico y sensible sobre lo que significa e implica formar-se en psicología.
Johnny OrejuelaUniversidad EAFIT - MedellínJosé Fernando PatiñoUniversidad Federal do Tocantins - Brasil
https://doi.org/10.17230/9789587206937ch1
Ana Bock conversa com Valéria Mori*
Pontifícia Universidade Católica de São Paulo (PUC-SP) e Centro Universitário de Brasília (UniCEUB)
A professora Dra. Ana Bock é professora titular de Psicologia da PUC-SP, onde ministra aulas no curso de Graduação em Psicologia e no curso de Pós-Graduação em Psicologia da Educação. Tem várias publicações como organizadora, autora ou coautora. Participa de comissões editoriais de várias revistas na área de Psicologia. Tem experiência nesta área, com ênfase em Psicologia Sócio-Histórica, atuando e pesquisando principalmente nos seguintes temas: psicologia, educação, psicologia sócio-histórica, profissão e compromisso social, e dimensão subjetiva da desigualdade social. Coordena o grupo de pesquisa “A Dimensão Subjetiva da Desigualdade Social: suas diversas expressões”. Foi presidente do Conselho Federal de Psicologia por três gestões. Preside o Instituto Silvia Lane-Psicologia e Compromisso Social.
Valéria Mori: Ana, você poderia nos falar um pouco da sua formação em Psicologia?
Ana Bock: Eu fiz Psicologia de 1970 a 1975 na PUC-SP. Na época, o curso tinha seis anos. A antiga faculdade de Psicologia era o que hoje compõe o curso de Psicologia da Faculdade de Ciências, Filosofia... Nossa, agora eu já não sei mais. Ah, Filosofia, Ciências e Letras, é da PUC. E eram seis anos. Depois do meu ano, quem entrou em 1971 já fez o curso com a reforma, quando já totalizava cinco anos, mas no meu tempo ainda eram seis. A minha foi a última turma de seis anos da Faculdade São Bento, porque depois virou Faculdade de Psicologia. E tem isso: era um curso ainda com uma visão bastante relacionada a uma perspectiva positivista da ciência e da pesquisa. Era uma formação behaviorista forte. Inclusive, eu fui monitora na cadeira de comportamental.
Quando eu estava no segundo ano, havia um monte de professores, uma gente muito ativa dentro do curso. Mas a junção com a faculdade, com o Sedes Sapientiae – que era uma faculdade, um curso, com uma tradição clínica –, essa junção da São Bento com o Sedes Sapientiae traz pra dentro do curso uma diversidade muito interessante, porque continuavam lá aqueles professores. A PUC sempre teve uma perspectiva muito forte a respeito da diversidade. Mas enfim: essa junção trouxe um olhar clínico mesmo forte pra dentro do curso, um olhar que convivia com a pesquisa. Os behavioristas, naquela época, nem faziam formação em Psicologia, porque a gente fazia até a metade do quarto ano e, quando o concluíamos, a gente era bacharel em Psicologia. E depois nós fazíamos os dois últimos anos, quinto e sexto, pra virar psicólogos. E os behavioristas faziam só até o quarto ano (eu posso estar errada aí: talvez até o quinto e último ano. Mas eu sei que eles faziam só a formação do bacharelado, não faziam psicologia). E a junção trouxe a clínica, trouxe essa cara mais de profissão. Então, o resultado foi uma junção de uma coisa mais profissão, mais clínica, com uma coisa de pesquisa. Eu me lembro que entraram professores, por exemplo, da fenomenologia. Eles eram muito presentes no curso. Tinha uma diversidade. Nós já tínhamos os psicanalistas, os junguianos, os kleinianos, já era uma coisa muito diversificada. Enfim: o meu curso é o velho.
Mas por que que eu cito os dois? Porque, como alunos, nós fizemos um movimento para que, nos dois últimos anos, nós cursássemos junto com a turma nova. Então nós passamos, nós fomos um ano pra trás, né? Eram seis anos, mas no quarto nós fizemos de novo o quarto ano e o quinto com o pessoal que vinha já da reforma, que tinha um curso muito mais aberto, um curso politizado. Porque a PUC funcionou com o ciclo básico, que era muito interessante, foi uma experiência maravilhosa que a universidade fez. Havia, assim, disciplinas comuns em toda a PUC, para todos os cursos. Então, em uma sala de aula, às vezes tinha aluno do Direito, da Economia, da Psicologia, da Administração, da Fonoaudiologia. Eram cinco disciplinas básicas. E aí os alunos da Psicologia faziam três disciplinas, as chamadas específicas. Assim, essa experiência do ciclo básico trouxe diversidade para o ambiente universitário, algo fundamental no momento em que estávamos vivendo (eram os anos de chumbo, né?). Nós já tínhamos superado, passado a fase de uma ditadura mais tímida para uma muito firme, muito forte, muito violenta. Isso teve efeito no curso, na PUC: foi o momento de a Teologia da Libertação ir se desenvolvendo. A PUC foi um lugar de muita resistência e que tinha, portanto, uma perspectiva de formação muito progressista.
Valéria: Como Silvia Lane e Martin Baró entram nesse processo de formação na PUC?
Ana: Então, a Silvia era uma professora de Psicologia Social. Quando terminei a minha monitoria, em comportamental, eu estava no segundo ou no terceiro ano. Depois disso, eu saí dessa monitoria e fui pra monitoria de Psicologia Social, em que acompanhei a Silvia Lane. Eu fiquei muito tempo com a Silvia, porque ela foi minha professora, mas, como monitora, foi durante pouco tempo, porque ela foi convidada para abrir uma pós-graduação em Psicologia Social. Assim, ela foi embora pra pós. Mas eu fiquei com a equipe dela, com a qual eu passei a trabalhar. Mais pra frente eu iria me matricular na pós-graduação como aluna dela. A Silvia foi uma diretora muito interessante, muito inquieta. Ela fazia questão de produzir uma inquietação no curso. Nesse sentido, eu me lembro de ter sido representante dos alunos no conselho departamental. Ela sempre queria nos desafiar, ela desafiava aquele coletivo a pensar alguma coisa diferente no curso. Por isso, ela foi, de certa forma, a idealizadora dos núcleos. Eu diria até que a gente poderia dizer que ela efetivamente foi essa idealizadora, porque ela tinha a preocupação de que a prática dos estágios fosse sempre acompanhada pela reflexão teórica. Assim, ela trouxe essa preocupação e é o conjunto desses professores e alunos que vai inventar o que até hoje existe na PUC: trata-se dos núcleos, que consistem num estágio que você faz na instituição, acompanhado de disciplinas teóricas que subsidiam, que refletem, que questionam aquela prática. Nunca é uma prática solta. Muitos cursos têm os estágios soltos, isto é: depois que você fez todas as disciplinas teóricas, você faz o estágio. A PUC não. Ali, o estágio é acompanhado de disciplinas teóricas: são três, quatro disciplinas teóricas que o acompanham. E isso vem da preocupação da Silvia com essa ideia de que a prática nunca podia estar solta, porque o estágio não deveria ser pensado como uma aplicação da técnica, né?
Valéria: E você percebe essa não dissociação do estágio com as disciplinas no curso da PUC ainda no momento atual?
Ana: Então, eu diria pra você que eu percebo essa tendência ali até hoje, mas como concepção. Isso não quer dizer que ali se configure o espaço de um núcleo, onde as disciplinas teóricas estão rodeando a prática, proporcionado efetivamente essa integração. Mas os professores mais antigos sabem disso. Os professores se preocupam com isso, os alunos cobram isso, porque é apresentado para eles que aquelas disciplinas teóricas deverão subsidiar a prática, tanto do ponto de vista técnico quanto da reflexão crítica. Então, os alunos cobram isso dos chamados núcleos. E até hoje isso funciona desse modo: quando você apresenta a proposta de um núcleo, é preciso mostrar uma ação existente entre a prática de estágio que você está oferecendo e as disciplinas teóricas que você está propondo. Então, a Silvia está na origem disso, porque ela tomava a ideia de práxis como uma ideia central. E isso é algo que ela, como diretora, vai incentivar, produzindo ali com aquele conjunto o que poderia ser o formato. Quando os núcleos se instalam, ela já não é mais a diretora, mas o trabalho dela estava na origem disso tudo. Estamos falando, portanto, de um período – esses anos de 1970 até 1975 – que tem o curso velho, que é o meu, e o curso novo, reformado, que tinha que ser pensado, instalado. Porque além do desafio de se pensar um curso novo, havia o de integrar o Sedes Sapientiae bem como o curso que vinha dele, que virava faculdade de Psicologia, sob o comando da Madre Cristina. Ela já tinha uma perspectiva crítica e trabalhava muito na clínica, mas carregava aquela preocupação de como fazer uma clínica para a população. Se junto isso com a perspectiva dos behavioristas –que, na PUC sempre foram behavioristas muito críticos, behavioristas de esquerda–, isso tudo forma um caldo fantástico, resultando numa inovação muito positiva para o curso. A isso tudo ainda se junta outra força positiva, progressista, que era a que vinha da Igreja. A PUC tem como um de seus cursos obrigatórios, que já passou por vários nomes, uma disciplina de Introdução ao Pensamento Teológico (acho que esse é o seu nome atual). Na época, chamava-se Problemas Filosóficos e Teológicos do Homem Contemporâneo, abrangendo um grupo que não era obrigatoriamente constituído de padres, pois havia inclusive mulheres, filósofas, além do Mário Sérgio Cortela e da Terezinha Rios, que trabalhavam nessa disciplina. Desse modo, havia toda a influência do pensamento progressista que a Igreja alimentava naquele momento. O setor mais conservador que a gente tinha ali era a Psicologia Organizacional e do Trabalho, que contava com professores mais críticos, mas que, em seu formato, era conservadora. Enfim, nós tínhamos uma formação bastante inquieta, bastante questionadora. O próprio ambiente da universidade era um ambiente que ajudava. Por isso, eu sempre digo: meu curso foi muito bom, mas a minha universidade foi muito melhor! Porque eu fiz teatro, eu fiz coral, eu participei do movimento estudantil, eu participei da fundação do centro acadêmico de Psicologia. Nós tínhamos uma atuação de todos os estudantes da universidade, o que formou um fórum de articulação dos estudantes dos vários cursos. O único que não participava era o centro acadêmico do curso de Direito, que era de direita, mas ainda assim participavam os estudantes de esquerda daquela faculdade. Então, tínhamos um grupo assim, bastante diversificado, de estudantes de vários cursos que faziam um movimento estudantil. E como o movimento estudantil era muito cerceado, muito visado e eu era mais ingênua...
Valéria: Mais ingênua como, Ana?
Ana: Já volto a esse ponto. A liderança desse movimento entendeu que tinha que disfarçar o movimento estudantil, então ela abriu o curso de teatro e o coral, sendo nesses espaços que a gente fazia discussão política. Eu era ingênua, porque tinha dezessete anos quando entrei na faculdade (faço aniversário em julho, no final de julho. Então, fiquei um semestre com dezessete anos). Assim, eu era ingênua. Eu vinha da escola pública, do ensino do clássico. E era muito estudiosa, aquele modo de ser colegial.
Apesar de a minha família ter até um certo nível de compreensão, de participação política (porque eu tinha amigos da minha mãe que eram perseguidos políticos, por exemplo um tio na Bahia e a esposa de um amigo dela que também era perseguido político e a quem a minha mãe escondeu) e como eu era jovem, a gente não era muito informado a respeito disso tudo, até porque era perigoso. Então, eu entro na universidade sem saber o que acontecia nesse país. Meu pai falava dos generais, o diabo. Mas assim, sem muita possiblidade de análise ou de compreensão disso. Quando eu entrei na universidade, não se discutia absolutamente nada disso, se discutia Psicologia. A Psicologia era muito fechada (ou eu não escutava, não tinha condições de escutar o que se podia falar, mesmo que disfarçadamente). Eu fui muito infeliz no primeiro ano do meu curso, eu não via a hora de voltar pra casa, eu odiava a PUC, eu achava tudo ruim, eu chorava, eu chegava em casa e chorava. E minha mãe me disse: “Mas não tem lá na universidade um coral, uma coisa pra você entrar? As universidades têm times. E se você jogar alguma coisa?” E eu então vi um dia lá, em 1972, quando estava no terceiro ano, uma placa em que se lia “Coral na Universidade Católica”. E eu fui lá e me inscrevi pra entrar no coral. E não percebi de imediato que o coral era um lugar de trabalho político das lideranças. Lá, eles me convidaram também para o grupo de teatro; eu fui para ambos e adorava. Comecei a adorar a viver na universidade, arranjei amigos, arranjei um marido. O Silvio era do centro acadêmico e era do curso de Pedagogia. Fizemos teatro juntos (ele era desse grupo). E eu tinha muitos amigos, meus amigos até hoje são feitos quase todos na universidade. Mas eu era bastante ingênua, eu tinha dificuldade de compreender do que se falava, então eu fiz um treinamento intensivo para em dois anos estar à frente do grupo que criou o centro acadêmico de Psicologia. Eu fui do grupo que fundou o centro acadêmico de Psicologia da Faculdade de Psicologia da PUC. Mas enfim: essa é que era a minha ingenuidade. Era ingênua porque eu não tinha discussão política acumulada, eu não participava de partido político. Eu só fui entrar em um partido clandestino no meu último ano de universidade. Nesse momento, passeia fazer parte de um partido que se chamava Liga Operária, e que depois vai se tornar a Convergência Socialista e, mais adiante, o PSTU, mas já não faço mais parte dele. E isso mudou a minha vida, mudou a minha vida! Porque eu passei a ser uma aluna cri-cri. Eu não aceitava qualquer coisa que se dissesse, eu achava a Psicologia reacionária, eu achava que a gente não tinha uma perspectiva teórica crítica da Psicologia. Claro, isso eu estou falando com as minhas palavras de hoje. Naturalmente, naquele meio em que isso ia se formando, haviatodo um grupo comigo, que foi me ajudando e, ao mesmo tempo, eu fui buscando uma formação que pudesse me inserir de outro jeito na Psicologia. Então, na altura em que me formei, em 1975-1976, eu já era professora. Aliás, eu já era professora desde 1974, porque me tornei bacharel antes, já reunindo condições para dar aula. E a equipe de Social, onde eu era monitora, me convidou em 1974 para ser professora da equipe de Social na UNIP, que na época chamava Objetivo. É nesse momento que eu viro professora. Quando fui fazer Psicologia, eu não almejava me tornar professora, eu não queria ser professora. Queria ser clínica, qualquer coisa, menos professora. E, como eu era monitora, a oportunidade que me aparece é que a equipe me chama pra ser professora. Fui professora da equipe e assim, depois que tive essa oportunidade, eu me formei e ingressei como professora na PUC de SP, isso em agosto de 1976.
Valéria: Então você começou na UNIP e depois foi pra PUC.
Ana: É, eu comecei na UNIP em 1974, quando fui professora da equipe do que naquela época se chamava Faculdade Objetivo. Depois, emagosto de 1976, virei professora da PUC, momento em que me desligo do Objetivo e viro professora só da PUC. Então você veja que, quando eu comecei a dar aula, em 1974, eu tinha exatamente vinte e dois, vinte e três anos. Eu devo ter começado em agosto... Eu tinha vinte e três anos, eu era muito jovem. Hoje os professores jovens que entram na universidade têm vinte e oito ou vinte e nove anos.
Valéria: É, você entrou uma menina!
Ana: Eu era uma menina! Sim, eu tive dificuldades para dar minha primeira aula. Eu tive dificuldades porque eu cheguei muito cedo, estava muito nervosa. Cheguei muito cedo, sentei em uma cadeirinha lá na UNIP e fiquei. Aí as meninas foram chegando, elas não perceberam a diferença que havia entre mim e elas. E u achando que existia uma diferença, mas que elas não tinham percebido. E aí elas foram conversando sobre as férias, foram conversando, conversando e não percebiam que eu, a professora, já estava lá, porque eu estava sentada nas cadeiras dos alunos. Eu não havia tido coragem de assumir a mesa, então tive que me apresentar como professora.
Mas enfim: entrei na PUC também muito jovem, fiz uma carreira. Nunca tive preguiça de chefiar, de me dedicar a um cargo, sempre aceitei isso. Então, virei chefe de departamento. Depois, houve uma pressão pra gente fazer mestrado e doutorado. Fui fazer meu mestrado com a Silvia e levei doze anos fazendo meu mestrado.
Valéria: Por que doze anos, Ana?
Ana: Porque não tinha pressa nenhuma. Não tinha pressão pra terminar, a CAPES não estava no pé da gente para acabar. Não existia esse tipo de avaliação. Eu me lembro que, quando a PUC pressionou seus professores a fazer mestrado, pós-graduação, já existia uma conversa qualquer de que o curso seria avaliado a partir do número de professores titulados, então a gente vai, se matricula, mas leva doze anos para acabar!
Eu me lembro que, no meio desse período em que desenvolvi minha pesquisa de mestrado, entrei para o Sindicato dos Psicólogos. Em 1979-1980, virei diretora no Sindicato dos Psicólogos, com um conjunto de professores da PUC. Eu fui então para o sindicato e a Silvia falava assim: “Não, agora você dá uma paradinha na sua pós-graduação! Não faça nenhuma disciplina. Venha, nós continuamos aqui a discutir o seu projeto e os textos”. Me lembro que ela estava trazendo aquela perspectiva marxista para pós-graduação e inclusive a gente estudava textos, mas ela dizia: “Não precisava cuidar da sua dissertação, você fica lá no sindicato... Eu acho que é muito importante isso que você está fazendo!”.
Então, eu levei doze anos para concluir o mestrado. E isso se não fosse a Mary Jane Spink ter assumido a coordenação da pós-graduação e ter dito “vamos parar com essa brincadeira, porque a Capes vai cortar as nossas bolsas”, exigindo que a gente se titulasse. Éramos eu, o Odair Furtado, a Junqueira, a Graça Gonçalves, um conjunto de professores de Psicologia Social, que estávamos nesse processo. A gente teve que correr, mas eu devo ter me matriculado em 1978 e me titulado, acho, só em 1990, se não me engano. Em seguida, me matriculei no doutorado e em 1997 eu sou doutora em Psicologia, mas em quatro anos. Então nós terminamos (na verdade, acho que eu me matriculei um pouquinho mais tarde... Caso seja preciso olhar as datas corretamente, a gente confere os documentos). Como aluna, eu tinha um pé no curso e um pé no centro acadêmico. Como profissional, ou seja, como professora, eu tinha um pé na docência do ensino superior e um pé no trabalho sindical, que depois vira conselho. Nessa trajetória, eu chego até o Conselho Federal. Na realidade, eu pulo: do Sindicato eu vou pra FENAPSI, que é a Federação Nacional dos Psicólogos, da qual eu fui a primeira presidente, e depois eu passo um tempo distante, terminando –(provavelmente) meu doutorado e aí sim eu entro no Conselho Federal. É nesse momento, e então, que eu venho para o Conselho Regional, volto para o Conselho Federal e me desligo para cuidar, com meus amigos, do Instituto Silvia Lane, que idealmente era pra ser uma coisa muito maior e de que a gente não dá conta, por conta de nossos trabalhos paralelos. Mas enfim, vamos levando.
A minha formação, em síntese, envolve toda uma mistura uma mistura que tem uma história. Naquele momento e naquele contexto, que empurraram meu curso para um lado progressista –por conta da Igreja, por conta da junção com o Sedes Sapientiae, por conta de um pensamento progressista que influenciava fortemente as universidades (em especial aquelas que já tivessem um terreno fértil para tanto, como a PUC)–, naquele momento e naquele contexto, enfim, eu também participei do coral e do teatro, fui representante dos alunos no Conselho Departamental da Faculdade e depois virei representante num órgão superior. Desse modo, eu tive uma vida estudantil de que uma metade era completamente alienada e calada, e a outra metade era bastante ativa, bastante interessada em tudo o que eu fazia. E tudo isso ia se juntando. Depois, no último ano, houve a participação em um partido político, e tudo isso se juntava sob o guarda-chuva da Psicologia. Eu acho que em momento nenhum eu abandonei a ideia de que eu fazia Psicologia. Só que não era aquela Psicologia que era majoritária e hegemônica a que eu queria fazer, eu tinha críticas a ela. Lógico, a esquerda dirá logo: “desvio burguês”. Falo dessa perspectiva burguesa, elitista, segundo a qual a gente chegava na sala de aula e o professor dizia: “Olha, isso é burguês, isso é elitista”. Mas tive professores como a Maria Nildes Mascelanio, que convidava pessoas como o Florestan Fernandes pra dar aula pra gente, Paulo Freire, e aquelas pessoas todas estavam na PUC. Então, havia no curso de Psicologia uma influência de professores mais da esquerda, bem como uma tendência progressista forte, mas a Psicologia hegemônica também estava lá e me incomodava. Não só a mim, aliás: essa presença incomodava a todos aqueles que faziam movimento político. Mesmo que fosse bom, a gente tinha que dizer que era elitista. E isso, então, me levou ao sindicato, me levou a um mestrado sobre a minha profissão, me levou a um doutorado sobre a minha profissão. Por isso tudo, acho que, de certo ponto de vista, eu estive sempre com a Psicologia, insatisfeita com ela, brigando com ela, dizendo: “você não é bonita, não gosto de você assim”, mas com o desafio de estar com ela e poder ajudar a transformá-la.
Valéria: Ana, você tem um texto (na verdade, um livro), que é o Aventuras do Barão de Münchhausen na Psicologia, no qual você já começava a fazer uma crítica a um tipo de Psicologia. Eu acho que esse livro me marca muito, porque nele você começa a falar de um tipo de Psicologia que começa a questionar que espécie de Psicologia nós temos, perspectiva que se ajusta perfeitamente ao percurso acadêmico que você acabou de recuperar nessa nossa conversa. Você sente isso?
Ana: Sinto sim. Você sabe que a minha dissertação de mestrado foi sobre a Psicologia, com a Silvia Lane. E a minha questão era o que os psicólogos pensam, o que eles fazem, motivo pelo qual entrevistei pessoas de reconhecimento na profissão, que tinham que ter publicação, um nome reconhecido, profissionais que seriam imediatamente reconhecidos pelas pessoas que viessem a ler aquelas entrevistas. Fiz um trabalho em que eu tinha um incômodo, porque comecei a perceber problemas entre os meus entrevistados. E aí eu dizia pra Silvia: “Eu sou parte disso. Eu não quero a arrogância de dizer assim: essa gente pensa que...” Que era um pouco a arrogância que a esquerda nos dava, né?
E a Silvia lidou bem com isso, e no fim das contas a minha dissertação de mestrado se intitula Estudando a psicologia: eu caçador de mim, que era o jeito com que eu me sentia à vontade para dizer aos colegas entrevistados por mim que eu também era objeto daquela crítica, isto é, que eu era a crítica, mas era também a criticada. E eu termino a minha dissertação dizendo assim: “Silvia, eu acho que os psicólogos não sabem o que é um fenômeno psicológico, eu acho que o problema está na concepção de problema psicológico”. E é isso que me levou ao Barão de Münchhausen porque eu fiz um questionário, mil questionários com o apoio do Conselho Regional de Psicologia (na época presidido, eu acho, pelo Adair Sás, que me acolheu), mandei mil questionários, o conselho me ajudou, a gente fez um sorteio aleatório... e eu recebi quarenta e quatro questionários de volta. E era um questionário que dizia assim: “O que é pra você um fenômeno psicológico?”; “Como você acha que esse fenômeno se constitui?”; “No seu trabalho, como você acha que ele está presente?”; “E o que você acha de saúde, do ponto de vista da Psicologia?”. E veja: eram apenas quatro perguntas! Alguns desses quarenta e quatro vêm respondidos, mas eu recebi mais uns vinte, talvez, em que as pessoas diziam assim: “Desejo pra você um bom trabalho, mas eu não soube responder ao seu questionário”. Era difícil aquilo... Aquilo ali foi comprovando que falar do fenômeno psicológico era uma coisa difícil. A Silvia, então, me disse assim: “É, mas quarenta e quatro questionários é pouco. Você tem que procurar uma outra fonte.” Aí eu fui atrás dos jornais, da revista Ciência e Profissão, e também dos jornais do sindicato. Peguei os jornais da FENAPSI, a revista Ciência e Profissão e fiz um estudo. A partir de então, fui percebendo, naquele estudo, que nós vivíamos então uma mudança de palavras, de discurso, sobre a Psicologia. Era interessante, porque era a ideia de comportamento, de controles, quando começam a aparecer a alienação, a consciência. Começava a aparecer um outro palavreado que me indicava a vontade de pensar o fenômeno psicológico de uma forma diversa. A seguir, fiz um contraponto da perspectiva liberal com a perspectiva que, na época, eu chamei de sócio-histórica. E eu acho que a experiência de ter feito o trabalho do Barão foi excelente, pois a Psicologia Social, com a Silvia Lane e com o grupo de pesquisa dela, era uma coisa que a gente nunca produzia sozinho. A Silvia fazia questão absoluta de ter grupos. Até hoje, na Psicologia Social lá na PUC, funcionam os chamados núcleos, grupos de pesquisa... Não tenho certeza do nome deles, acho que são núcleos de pesquisa. Neles, a gente tinha reunião semanal com todos os orientandos da Silvia Lane. E aquilo era um lugar muito interessante, porque eu tinha incômodos, eu tinha questionamentos, e aquele grupo ajudava a dar espaço para pensar isso. E eu acho que a partir dali (mas não que tenha surgido só a partir dali) surgiu em vários lugares o que a gente pode conceber como um embrião do que viria a ser a Psicologia do Compromisso Social, porque naquele espaço havia um questionamento sobre a formação, um questionamento sobre a visão liberal diante do fenômeno psicológico. Enfim, eu acho que o Barão do meu doutorado é realmente um salto, um amadurecimento importante no meu pensamento, na minha reflexão, no meu trabalho como professora, algo que vai se espalhar para outros colegas do curso de Psicologia. Eu já tinha me tornada diretora e aquilo que me deu um amadurecimento muito grande, ter que coordenar um curso com mil alunos, com grupos antagônicos, que disputavam espaço... Era um desafio fazer aquilo virar um espaço produtivo e de diálogo, aberto a perspectivas diversas. Eu me lembro que, na minha gestão, nós tínhamos um problema com uma cadeira que se chamava TPP, Teorias e Técnicas Psicoterápicas. Era um problema porque nós tínhamos psicanalistas, junguianos, fenomenólogos, psicodramatistas, behavioristas, toda aquela diversidade, enfim, e todo mundo queria a cadeira de TPP. Então, eu fiz uma reunião com todos os interessados e falei assim: “Não, gente, vamos dividir. Por que não ter mais do que um professor?...”. E eles concordaram. Daí resultou um formato que eu acho que vigora até hoje: as turmas têm quatro núcleos, dois no primeiro semestre, e dois no segundo. Um módulo é ministrado por um professor psicanalista, um módulo por um behaviorista, outro módulo por um fenomenólogo, e assim por diante. E é curioso porque a equipe se uniu. Assim, acho que meu desafio passava muito mesmo pela diversidade, porque eu não era bem vista, já eu vinha da Social e diziam que eu queria acabar com a clínica. Quem tinha sido colega meu no curso de Psicologia sabia que eu tinha aquela radicalidade contra o burguês elitista. Mas acho, enfim, que o Barão foi uma experiência bastante importante de reflexão, que ajudou nessa incursão no projeto do Compromisso Social. Depois, Marcos Vinícius, quando foi fazer o doutorado dele, disse pra mim: “Ana Bock, eu vou criticar o seu Barão”. Ué, criticar o meu Barão? Ele disse: “É, sabe o que acontece no seu trabalho? Você naturalizou a Psicologia, você fez um trabalho bárbaro, mas na hora em que você constata a existência da Psicologia, fazendo um trabalho bem interessante, você não questionou a existência dela. Então, eu vou fazer um trabalho no meu doutorado que é exatamente a instalação histórica no Brasil”. E ele fez, de fato, um trabalho muito interessante.
Valéria: E como você vê hoje, então, a formação em Psicologia?
Ana: Olha, eu acho que o movimento das diretrizes curriculares desencadeado por nós naquela época, foi um momento bastante importante. Eu diria que essa minha avaliação de que ele foi muito interessante se explica porque esse movimento aglutinou, trouxe para dentro do debate, não só professores da USP, da UNB, da UERJ, da PUC-SP, da PUC-MG. Ele trouxe aquele conjunto de professores e de coordenadores de curso que estavam aqui nas chamadas entidades de pesquisa, que iam se constituindo, multiplicando, e que tinham uma perspectiva mercadológica, mas cujos coordenadores eram os próprios alunos da PUC, da USP, da UERJ. Então, havia um interesse em produzir um curso progressista e aquele fórum foi uma coisa maravilhosa. Eu sempre brinco que, graças à professora Carolina Bori, se formava uma força, porque para combater as ideias da professora Carolina, que tinha um projeto diferente do nosso, tivemos que formar uma força, porque ela era uma pessoa de muita força, de muito poder, muita convicção, muito argumento, muita capacidade. Nós tivemos que constituir, do outro lado, uma força que precisou avançar para debater aquele projeto que ela nos apresentava com uma comissão de especialistas do MEC. E, com isso, os Direitos Humanos entraram com força nos cursos de Psicologia. Hoje você tem cursos lá na conchichina, no interior de não sei qual estado, que tem um curso de Psicologia com um pingo de aluno, mas que tem uma disciplina de Direitos Humanos. A ideia do Compromisso Social agora está presente em todos os cursos de Psicologia. Eles arrumam como tema da semana, eles arrumam como tema do congresso que vai acontecer, eles põem como tema de uma feira de trabalho... Enfim, eu acho que houve a possiblidade de avançar, de construir. Eu só considero que a gente avança efetivamente quando um conjunto grande, diversificado, é capaz de avançar junto. Sem anular as diversidades, sem anular as diferenças, mas a gente tem que avançar. Se não você não avançou, não produziu uma liderança. E eu acho que nós avançamos naquele momento das diretrizes curriculares, a gente avançou bastante, aglutinando, porque a gente tinha que fazer aqueles enormes fóruns... Em qualquer congresso que fosse ocorrer, a gente produzia lá uma mesa sobre as diretrizes curriculares. A gente passou a fazer pesquisa sobre isso. E eu acho que, com as diretrizes curriculares, houve um avanço geral na Psicologia. No entanto, eu às vezes tenho uma sensação de que esse momento está passando, de que a gente tem tido dificuldades para dar continuidade ao nosso avanço, sobretudo agora que passamos por um momento muito desavergonhado de expressão do pensamento conservador. Se você prestar atenção, nós já aprovamos a Lei Paulo Delgado, nós estamos em plena superação dos manicômios e ainda há professores, aqui na PUC, por exemplo, professores de Psicopatologia, por exemplo, que são médicos e que não têm nenhum prurido de dizer que são manicomiais.
Valéria: É, eu acho que a gente tem vivido essa onda bem mais conservadora... Em vista disso, até que é possível nos expressarmos e falarmos a respeito da diferença? Isso tem sido algo preocupante, não?
Ana: Sim, eu às vezes penso que o pensamento progressista está acanhado porque o outro vem com muita força. Voltou esse pensamento de que você faz política, e não Psicologia. E o pensamento mais conservador não tem mais vergonha de se expressar. Ontem mesmo eu estava em uma aula no curso de Psicologia Social com meus alunos do segundo ano e eles disseram assim: “A gente adorou!”; “Ah, que bom! Do que vocês mais gostaram? Por que gostaram?”; “Ah, porque aqui a gente fala da vida real do país”; “Como assim, gente?” “É, nas outras disciplinas a gente não fala. A gente analisa os sujeitos, a subjetividade, a dinâmica psíquica, mas ninguém toca na ideia de que a gente vive em um país que sofreu um golpe. Ninguém fala da juventude, ninguém fala do preconceito racial, ninguém fala do aluno do ProUni. E vocês, professores de Social, trazem isso”. Aqui a gente discute um tema, a gente elege um tema. No primeiro semestre, o tema é preconceito racial e, no segundo, a questão urbana (que é muito interessante, porque eles se dão conta de que vivem em uma cidade sobre a qual nunca pensaram em termos de mobilidade, trabalho e habitação. E a gente toma isso como um fenômeno da psicologia social pra estudar). Então, ao mesmo tempo que é muito bom o professor ouvir isso, de que ele é um professor que traz a realidade, é triste, porque eles estão me dizendo que eu sou a única professora que põe a realidade dentro da sala de aula!
Valéria: Então, você toca em um ponto que me chama bastante a atenção nossos colegas não têm se ocupado de discussões críticas a propósito da Psicologia e do próprio mundo.
Ana: É isso mesmo... Sabe, no Instituto Silvia Lane, junto com a PUC, nós estamos fazendo um esforço pra divulgar a ideia do pensamento crítico, porque nós fomos sempre muito identificados como sócio-históricos, até por causa da Silvia. Mas o Instituto não é exclusivamente formado de sócio-históricos, pois também abre espaço para psicanalistas e behavioristas, de modo que a gente tem feito um esforço para divulgar esta ideia de que é preciso construir uma Psicologia crítica, seja em que abordagem for. O que é uma Psicologia crítica? É uma Psicologia que vincula a sua construção teórica com a realidade em que ela se insere, uma Psicologia que não simplifica as explicações, pois analisa os fenômenos como multideterminados, segundo uma perspectiva de historicidade, uma perspectiva metodológica e epistemologicamente fundante. Então, essa ideia a propósito do que a gente precisa produzir hoje, por incrível que pareça, surgiu alguns anos atrás, de forma corajosa. Hoje ela está tímida, porque o outro lado resolveu dizer assim: “Não, não, pera aí que esse espaço também é meu!”. E não tem nenhuma vergonha de estar lá, de divulgar suas ideias entre os alunos. Há professores lá na PUC que falam assim: “Não, esse negócio sócio-histórico é bobagem. Esse negócio de Psicologia com compromisso com a realidade... Psicologia é uma só, a gente tem o fenômeno psicológico que é um fenômeno que a gente tem que estudar, pesquisar, mas ele independe das condições sociais”. Ao dizer isso para os alunos, eles passam uma ideia naturalizadora do fenômeno psicológico. E isso é inimigo do pensamento político, né? Eu acho que a gente vem vivendo isso... Interessante como o mundo, a exemplo de uma gangorra, sobe e desce. Porque, depois das diretrizes era de se imaginar, que não haveria volta. Mas houve. Houve volta. Eu acho que hoje nós temos espaços bastante conservadores dentro dos cursos. Acho que a maioria da categoria profissional ainda é uma maioria conservadora. Uma maioria conservadora que não está preocupada com as questões sociais e que aplica o modelito padronizado da Psicologia na população pobre!
E é interessante: outro dia mesmo uma menina apresentava um trabalho em sala de aula, e ela disse assim: “Então, mas acontece que a população, a moça que a gente entrevistou, uma pessoa pobre e com pouca escolarização, ela não entendia o que a gente falava, ela não tinha repertório pra responder à nossa pergunta. E aí a gente ficou duvidando, talvez fosse melhor entrevistar uma outra pessoa.” Eu e a Graça, que damos aula juntas, falamos assim “Não, tem que mudar o seu instrumento! Porque se você está querendo falar da pobreza, você tem que ter um modo de falar. Não é possível supor que a pessoa não está entendendo o que você fala e que, portanto, você não pode entrevistá-las”. Foi interessante a discussão, porque os alunos se deram conta disso, eles achavam que a população é que está errada.
Valéria: Ana, vamos para um outro ponto sobre o qual eu queria te ouvir um pouco. Como é que você tem percebido a formação em psicologia?
Ana: Então, eu acho que nós temos ainda uma Psicologia hegemonicamente bem conservadora, naturalizante, que naturaliza o fenômeno que ela estuda. Acho que nós vivemos um período histórico que diz assim: “Cada um pode ter a ideia que quiser e vocês têm que aprender a conviver”. Não é uma convivência dialogante, esse é o grande problema. “Temos que ter diversidade: tem pensamento que é progressista, pensamento que é mais conservador”. Gente, pelo amor de Deus, é isso aí! Agora, não incentivar o diálogo entre essas perspectivas é muito ruim. Antes, então, a gente fazia na PUC, por exemplo, um debate sobre como cada uma das perspectivas teóricas explica um determinado fenômeno. Eu me lembro até que eu participei de um que era a inveja. Me pediram para explicar a inveja ora sob a perspectiva sócio-histórica, a um outro sob a fenomenológica e a um terceiro sob a behaviorista. Hoje em dia você tem mesas só de fenomenologia, só de sócio-histórica. Então nós estamos nos fechando de novo nas casinhas, regredindo a uma época em que fazíamos isso para nos defender. Agora, entendemos que cada um pode ser o que quiser. Desse modo, você oferece essa diversidade e o aluno que se vire, o aluno que escolha. E isso é uma condição da perspectiva universitária, que é a da convivência, da diversidade, do diálogo. Eu tenho um amigo no Sul, em Santa Catarina, na Universidade Federal de Santa Catarina (UFSC)
