Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Estamos hechos de fragmentos entrelazados unos con otros para así formar nuestra historia. Cada uno de ellos puede contener diferentes sentimientos, decisiones, personas, circunstancias. Algo tan sencillo como una maqueta, tan nostálgico como un peculiar amigo de la infancia o tan impactante como romper lazos con quienes nos han dañado. De estos pequeños fragmentos se conforman los relatos que habitan en este libro. Voces que letra a letra escriben un fragmento de su historia para hacer eco en la nuestra.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 69
Veröffentlichungsjahr: 2022
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Sun-Mi Laurie
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1144-055-4
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
Letrame Editorial no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones del autor o con el texto de la publicación, recordando siempre que la obra que tiene en sus manos puede ser una novela de ficción o un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales y subjetivas.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
.
Gracias:
A mi madre por creer en mí, por luchar por nosotras. A Camila y Alexa, seres comprometidos y entregados que me inspiran y me dan fuerza. A Danny por ser mi corazón y la voz de confianza que me acompaña a cada paso del camino. A Eric, por ser mi faro en la tormenta. A mamá Cata y papá Poncho, por darle tanto amor y dedicación a esta mente inquieta.
A Historias compartidas, por ser el preámbulo de dos de estas maravillosas historias y parte eterna en mi corazón.
A ti, querido lector, por regalarme algo sumamente valioso, tu tiempo. Prometo hacerlo rendir.
Introducción
Estamos hechos de fragmentos, pequeñas partes de historias, las que hemos vivido, las que nos han contado. Estamos hechos de pedacitos que pertenecen a personas que nos han dejado habitar en ellas, que han habitado en nosotros.
Bajo esa idea nace el presente libro, descubrir algunos de esos fragmentos que nuestros protagonistas llevan dentro, acompañarlos en un tramo de su existir o en alguna circunstancia que nos han querido contar.
Siéntete libre de disfrutar, llorar o sonreír con cada una de las historias que aquí se presentan. Ahora ambos somos parte de este fragmento de vida.
1.- Espejo
Estoy parada viéndola de frente, tiene una mirada de cristal adornada por esas pequitas en las mejillas y los hoyuelos que cuelgan en cada una de ellas. Está escribiendo en una hoja, no se da cuenta de su entorno, la pluma parece tener vida propia. De pronto se escucha un golpe fuerte en la puerta, ambas volteamos y lo vemos entrar, comienzan a discutir, no escucho nada de lo que dicen.
Ella comienza a agitarse, va dando pasos hacia atrás mientras él con su rostro lleno de furia avanza sobre ella. En un movimiento tira la mesa en la que ella trabajaba, recoge la libreta y la rompe, por instinto ella corre hacia él para que pare, pero con el puño en su rostro la detiene. Ambas gritamos, la veo tratando de huir sin darle la espalda, es inútil, la alcanza fácilmente y la jala del cabello, mi piel se eriza, la veo tirarse en el piso, buscando refugio bajo la cama. Él la toma por las piernas y la pone encima del colchón mientras golpea cualquier parte de su cuerpo que las manos encuentran. Comienzo a gritar más fuerte, quiero empujarlo, quitarlo de allí, abrazarla a ella, cubrir los golpes que recibe. Tan solo veo cómo él comienza a reírse mientras la pone de nuevo frente a mí, se ríe gritándole al oído, su aliento casi la embriaga a ella también. Al fin se va dejándola sobre el suelo frío, ella se hace bolita sin parar de llorar, lloramos juntas.
Una mano toca mi hombro y me saca del recuerdo, volteo rápido hacia el espejo pero ya no la veo, solo es mi reflejo, ya no hay sangre escurriendo por mis labios, no hay lágrimas en mis ojos, quedan solamente las cicatrices, las de las piernas cuando no estaba la comida lista, las de las manos cuando se me ocurría gastar de más en mi ropa, las de mi entrepierna cuando no saciaba sus ganas en la calle, las de mi cuello aquel día, cuando pensó que al fin me había matado.
Un débil pulso me ayudó a llegar al hospital, mi madre preocupada viéndome y luego horrorizada al escuchar todas las historias que nunca creí vivir. Fue una travesía esconderme, luchar conmigo misma por no volver, cuando al encontrarme mandaba flores, regalos, también reclamos después de una borrachera. Solo una puerta separándome de los golpes y las palabras hirientes.
Mi madre me abraza mientras sostenemos el aliento. Hoy es sencillo, es el día después de la condena, años que vienen por delante con él tras las rejas, yo al fin liberada de ellas.
Tomo de nuevo mi libreta y comienzo a escribir, parece que la pluma tiene vida propia, parece que al fin yo también la tengo.
2.- Maqueta
La puerta se abre de par en par, su pintura roja recién puesta hace que el ambiente huela a algo más que a la humedad habitual. Héctor entra llevando de la mano a Elizabeth, quien, confundida, le sigue el paso. Nada más al cruzar el umbral de esa puerta se encuentran con mesitas de madera cubiertas con infinidad de figuras de cristal, bailarinas, aves, frutas, todas perfectamente acomodadas. Elizabeth las mira con tal curiosidad que sus ojos brillan tanto como el cristal mismo del que están hechas. Los ojos de Héctor también se iluminan, pero una vez que se encuentran con los de ella se da cuenta de que no ha funcionado el plan.
La toma de nuevo de la mano, Elizabeth protesta al inicio por querer seguir contemplando las figuras, se le olvida al instante que Héctor la conduce al lado izquierdo de la habitación, donde encuentran decenas de muñecas acomodadas en sillones, parecen estar compartiendo el té todas juntas. Ella se sienta en un espacio junto al sillón más grande, toma una y la comienza a observar. El corazón de Héctor se acelera, esa muñeca de piel morena, labios prominentes rojos y su sombrero de colores siempre lo lleva a los recuerdos de Cuba, bailando en calle 62 toda la noche, recorriendo de regreso las tranquilas calles y bebiendo un café bombón a mitad de la carretera. Observa a Elizabeth mientras niega con la cabeza, vuelve a tomar su mano para seguir el recorrido.
Se aproximan a los estantes de la siguiente habitación, cada uno lleno de libros, parece que no hay lugar para ninguno más, Elizabeth sonríe y se recoge el cabello en una coleta. Héctor percibe el olor a uvas que ella desprende al pasar sus dedos por la cabellera negra que brilla por el reflejo de la luz, que entra colándose por la ventana. Se tumban los dos en el piso, mientras ella pone una pila de libros enfrente, los comienza a hojear, algunas páginas tienen notas con tinta de colores, otras siguen con un separador sobre ellas. Se detiene a leer las que llaman más su atención, parece que podría pasar toda la vida en esa habitación recorriendo letra a letra cada libro. Después de un rato su mirada se llena de lágrimas, Héctor la abraza fuerte, aunque nota cómo ella tensa todo el cuerpo. Con cuidado la ayuda a levantarse y deja acomodados de nuevo los libros.
Esta vez el caminar de los dos se vuelve pesado, pasan lentamente por otros pasillos hasta llegar al fondo de una habitación repleta de maquetas, todas sobre el piso o mesas grandes. Elizabeth comienza a caminar entre ellas, deteniendo un poco la mirada en algunas, casi ignorando otras. Hay maquetas de edificios, jardines, casas y hasta librerías, pero ella se para en una que tiene una casa de tejas rojas. Recorre con sus dedos cada una de las habitaciones y los muebles hasta que llega a la habitación roja, desde arriba puede ver la puerta, los cristales, las muñecas y los libros a escala. Da un largo suspiro mientras voltea la mirada hacia Héctor.
Justo en ese momento él sabe que lo reconoce, lo mira con sus ojos brillantes y una amplia sonrisa, de pronto parece que todo se detiene y él al fin se tranquiliza, todo dura un instante, solo un instante. Elizabeth vuelve a vagar entre las maquetas con la vista perdida.
Finalmente Héctor la lleva fuera de esa habitación, la acuesta sobre su cama y le besa las mejillas. Se despide de las
