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Ante las pequeñas o largas separaciones, los deberes, las horas de comer y de acostarse, la timidez o la agresividad en el colegio, los celos, la insolencia o la mentira..., ¿qué palabras utilizar para animar y transmitir amor? ¿Qué palabras no debemos decir? ¿Cómo darles puntos de referencia que les construyan? Este libro ofrece a los padres sugerencias para gestionar las tensiones y educar sobre la belleza, la verdad, la libertad, la autonomía, el respeto, etc. Lejos de hacer que los niños se empequeñezcan y se sientan culpables, estas palabras positivas los harán crecer y potenciarán una buena confianza en sí mismos. Serán un regalo para toda la vida.
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Seitenzahl: 151
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Bernadette Lemoine
Diane de Bodman
Frases clave para ayudarles a crecer
Ilustraciones de Laetitia ZINK
EDICIONES RIALP
MADRID
Título original: Petites phrases à leur dire pour les aider à grandir
© 2018 by Éditions Albin Michel
© 2023 de la edición traducida por Gloria Esteban
by EDICIONES RIALP, S. A.,
Manuel Uribe 13-15 - 28033 Madrid
(www.rialp.com)
Preimpresión: produccioneditorial.com
ISBN (versión impresa): 978-84-321-6387-6
ISBN (versión digital): 978-84-321-6388-3
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita reproducir, fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Introducción
1. Palabras amables y actitudes para transmitir el amor
Hablar implicándose personalmente
Hablar de modo que tu hijo se sienta único
Hablar motivando
Hablar sin «etiquetas» que encorsetan y envenenan
Hablar respetando que tu hijo rechace tus muestras de cariño
Hablar en tres fases fomentando conversaciones de calidad
Hablar, aunque no sea el mejor momento (y cuando no sabes qué decir o no aciertas con las palabras)
2. Palabras que tranquilizan para preparar las (largas o breves) separaciones
Cuando llega la hora de irse a la cama o de dormir la siesta
Cuando tu hijo se pone a llorar nada más cerrar la puerta
Cuando tu hijo se despierta por las noches
Cuando tu hijo tiene pesadillas
Cuando tu hijo va a tener un hermanito o una hermanita
Cuando tu hijo se separa de su madre nada más nacer
Cuando destetas a tu hijo
Cuando cuidan de tu hijo fuera de casa, o cuando va a la guardería o al colegio
Cuando tu hijo no se quiere quedar con su cuidadora
Cuando tu hijo cambia de cuidadora o se separa de ella
Cuando tu hijo cambia de guardería o de colegio
Cuando dejas a tu hijo en casa con un canguro
Cuando tu hijo se va de vacaciones con los abuelos
Cuando hay prevista una mudanza
Cuando la enfermedad de tu hijo altera la relación familiar
Cuando la enfermedad de un ser querido altera la relación familiar
Cuando tu hijo se enfrenta a la muerte de un ser querido
3. Palabras de emergencia para aplacar las tensiones diarias
Si a tu hijo le apetece todo o lo quiere todo
Si tu hijo quiere saberlo y entenderlo todo
Si tu hijo se enfada
Si tu hijo se pone a llorar a la mínima
Si tu hijo monta en cólera y se coge una rabieta
¿Y después de la rabieta?
Si tu hijo no obedece a la primera
Si tu hijo contesta: «¡No quiero! ¡No me apetece!»
Si tu hijo ha cometido un (grave) error
Si tu hijo miente o no se reconoce culpable
Si tu hijo tiene celos de su hermano o de su hermana
Si tus hijos se pelean entre ellos
Si tu hijo os insulta y os lanza reproches
Si tu hijo tiene miedo
Si tu hijo no sabe perder
¡Si se te acaba la paciencia!
4. Palabras-motor para educar en el día a día
Explica a tu hijo el significado de las «palabras mágicas»
Motiva a tu hijo cuando le cuesta levantarse
Motiva a tu hijo si se pone a jugar o a leer en lugar de arreglarse
Deja que tu hijo desarrolle su autonomía
Gestiona a tus hijos cuando tienen ritmos de sueño distintos
Enseña a tu hijo a respetar a los demás y el horario de las comidas
Enseña a tu hijo a comer de todo y a acabarse lo que hay en el plato
Recuerda que merendar no es lo mismo que malcriar
Despierta en tu hijo el espíritu de servicio
Educa a tu hijo en la higiene y el respeto a su cuerpo
Descubre a tu hijo la belleza del cuerpo y de la sexualidad
Enseña a tu hijo a ordenar sus cosas
Motiva a tu hijo si no tiene ganas de hacer los deberes
Ayuda a tu hijo si saca malas notas o es chapucero
Elige con tu hijo las actividades extraescolares
Usa con moderación las creencias infantiles: Papá Noel, los Reyes Magos, el Ratoncito Pérez…
Enseña a tu hijo a gestionar su dinero
Decídete a mantener a raya las pantallas
5. Palabras-roca para gestionar el miedo a la agresión y las agresiones reales
Si tu hijo es tímido
Si a tu hijo le falta autoconfianza
Si alguien se burla de un detalle físico de tu hijo
Si alguien se burla del dibujo / del trabajo de tu hijo
Si a tu hijo le insultan y/o le pegan en el colegio
Si tu hijo sufre los comentarios desagradables de su entorno más próximo
Si tu hijo se deja agredir sistemáticamente por un adulto o un compañero
Para proteger a tu hijo de los abusos sexuales y actuar en caso necesario
Conclusión: Las diez claves de la felicidad: transmitir el amor y muchos otros valores con nuestras palabras y actitudes
1. Aprender a respetar la verdad
2. Adquirir el sentido de la justicia
3. Construir su libertad interior
4. Decidirse por el buen humor
5. Saber reconocer los errores y desarrollar el sentido del perdón
6. Estimular el valor y la perseverancia
7. Desarrollar el sentido de la estética, de la belleza, del trabajo bien hecho
8. Adaptarse a cada momento y vivir el presente
9. Respetar los límites y a las personas
10. Fomentar la apertura a los demás
Agradecimientos
Cubierta
Portada
Créditos
Índice
Dedicatoria
Comenzar a leer
Agradecimientos
A todos los padres jóvenes y, en especial, a mis nietos mayores, felices de hacer crecer a Joffrey, Zoé y Olivia
Queremos hacerlo lo mejor posible para que nuestros hijos reciban una formación sólida y sean capaces de llevar en el futuro una vida feliz, con sus dificultades y sus alegrías.
Las condiciones de vida evolucionan, pero la naturaleza humana presenta ciertas constantes que conviene conocer y respetar. ¡Aunque los hijos perfectos no existen ni existirán jamás! Como tampoco existen los padres perfectos… Nuestro papel consiste en transmitir con cariño lo que nos ha permitido a nosotros ser felices, responsables y capaces de amar.
Lo que proponemos en este libro, pensado como un repertorio de situaciones cotidianas, es una línea general de conducta, un modo concreto de escuchar, hablar y reaccionar ante la conducta de los hijos. Para cada una de esas situaciones ofrecemos algunos consejos prácticos (enriquecidos a veces con apuntes sobre la psicología infantil) y frases-tipo elegidas con el fin de comunicarnos amablemente y ayudar a los niños a cooperar. Como es lógico, depende de cada uno adaptar y ajustar esas palabras a la edad y la personalidad de sus hijos. Bajo el título “No a…” se señalan las palabras y las actitudes que se deben evitar. Por último, proponemos algunas estrategias o trucos que os pueden resultar de ayuda.
¿Por qué dedicar un libro sobre educación a la manera de hablar, al empleo de las palabras acertadas? «Las palabras mal dichas hieren el alma», decía Platón
Para crecer adecuadamente, el niño/a1 necesita adultos que le muestren el camino, lo motiven y le den confianza; adultos que le manifiesten su amor con palabras y con gestos, miradas y actitudes. Todos —bebés, niños y adultos— somos sensibles a las palabras, que actúan en nosotros bien activando nuestras energías, bien inhibiéndolas. El efecto de las palabras puede ser positivo o negativo. Según sean verdaderas o falsas, positivas o negativas, serán capaces de alegrar, infundir seguridad, llenar, hacer crecer, motivar…; o de agredir, entristecer, paralizar o hacer explotar.
Emplear palabras acertadas, sinceras, llenas de cariño y capaces de hacer bien es una clave esencial en materia de educación, y en ocasiones implica un aprendizaje para nosotros, los adultos, que no siempre hemos recibido formación para ser padres.
Si queremos ayudar al niño a crecer bien, a expresarse con claridad, a mostrar los gestos y actitudes adecuados para cada situación, los educadores, los padres y los abuelos hemos de permanecer alerta y ser exigentes con nuestras propias palabras, reacciones y conductas. Y, en medio de la vorágine del día a día, no resulta nada fácil. ¡Llega a ser incluso una auténtica proeza verbal y educativa! No intentes cambiarlo todo a la vez. Elige algún punto por el que empezar para modificar tus hábitos. ¡Será un primer paso! La idea es ir aprendiendo poco a poco a emplear las palabras y las actitudes más acertadas para cada niño y para cada situación.
Habrá momentos en los que nos seguiremos enfadando, hablando mal y antes de tiempo, y arrepintiéndonos de nuestra reacción. Pero también habrá momentos que nos sorprenderán: ¡no perderemos la calma! ¡Emplearemos las palabras acertadas!
Podremos estar orgullosos de nuestra conducta y la de nuestros hijos.
Ayudar al niño a darse cuenta de su valor, su grandeza y su dignidad, independientemente de lo que haga, y aunque no siempre lo haga todo bien (y sean cuales sean sus límites).
Habla con
espontaneidad
y
franqueza
, empleando
palabras claras, positivas y oportunas.
Implícate personalmente utilizando la primera persona.
Acompaña tus palabras con gestos de cariño, con algún contacto fíico
o mirándolo a los ojos. Las palabras no bastan. El niño tiene necesidad de
saber
y
sentir
que se le quiere.
¡Recuérdale a menudo que tu amor es in-con-di-cio-nal! Sobre todo, en situaciones en las que podría pensar que has dejado de quererle: por ejemplo, después de una trastada seria, una mentira, una pelea… Quererle incondicionalmente es quererle sean cuales sean sus cualidades y sus defectos. Eso no significa que te guste siempre su conducta: significa que no dejas de quererle nunca, ni siquiera cuando se porta mal.
FRASES CLAVE
Para implicarte utilizando la primera persona («yo», «me»…):
Te quiero mucho.Me ha dejado impresionado que… / me ha encantado que…¡Me parece fenomenal lo que has hecho!Estoy orgullosa de ti.Para expresar tus sentimientos, necesidades, deseos:
No me gusta nada lo que acabas de hacer / decir…, pero te sigo queriendo igual.No me gusta que hagas / digas…Te agradezco que… me gustaría que…Hazme el favor de irte a vestir / estudiar / a la cama…Las preguntas «es que», que suelen conllevar órdenes o mensajes acusadores que «matan» el diálogo. Por ejemplo:
¿Es que no puedes guardar la bici?
Guarda la bici, por favor.
¿Es que no has visto qué hora es?
Mira qué hora es.
¿Es que no me oyes?
Creo que no me has oído.
El empleo de «frases lamento» negativas como «¡cuánto te echo de menos!».
¡Qué ganas tengo de verte!
El empleo de frases fusionales del tipo: «Mamá quiere que… Dale a mamá… Ven con mamá…».
Quiero que… Dame… Ven conmigo…
[Hacia los dos años, la madre tiene que empezar a diferenciarse de su hijo y hacerle comprender que también él es una persona plena].
El empleo de apelativos cariñosos que pueden sonar ridículos («gordi», «bichito»…) o indicar cierta preferencia («mi nene», «mi pequeñín»…).
El empleo del mismo apelativo cariñoso o diminutivo tanto para dirigirse al niño como a la madre y/o el padre: por ejemplo, «mi amor».
El empleo de expresiones infantiles que pueden retrasar el crecimiento afectivo y el aprendizaje de la lengua materna: por ejemplo, «¡mira el pipi /el guau guau…!».
Para que tus obras corroboren tus palabras:
Jugar con tus hijos los llena afectivamente y te permite conocerlos mejor.
Fomenta la costumbre de celebrar las cosas: festeja una buena nota, una victoria en el fútbol, la llegada de un amigo, etc. ¡No solo existen los cumpleaños!
¡Recuérdale que todo lo que haces por él, aunque le parezca lo más normal (trabajo profesional, comidas, actividades de ocio, invitaciones a amigos), demuestra que le quieres!
Adaptarse a cada niño/a y a cada situación. ¡Tus hijos no son un rebaño!
Pasa periódicamente momentos de calidad con cada uno de tus hijos por separado
: por ejemplo, en actividades deportivas o culturales, bricolaje, música, comidas, compras, etc. Por lo general, en esos momentos el niño se siente a gusto y suele hablar con libertad. Y es un buen antídoto contra los celos.
Marca diferencias
según la edad y el temperamento: en los horarios, en las actividades permitidas, etc. Por ejemplo, escalona la hora de acostarse de acuerdo con la edad; asume que por las mañanas un hijo necesite más tiempo que otro para arreglarse, etc.
Adapta los regalos
a la edad y al gusto de cada uno (¡no le regales una tableta al pequeño ni un peluche a la mayor!).
La gestión en grupo.
Interrumpir o no escuchar al más pequeño, pensando que merece menos interés.
Y al revés
: escuchar más al mayor, pensando que merece más interés.
Recurrir en exceso al mayor por el hecho de ser el mayor: ¡modérate!
Prepárate personalmente para los momentos de calidad que tienes previstos con cada hijo. Piensa qué es lo que te relaja y te ayuda a cargar las pilas (cambiarte de ropa al volver del trabajo, hablar un rato tranquilamente con tu marido o tu mujer, escuchar música, etc.) para, llegado el momento, dedicarle a tu hijo toda tu energía.
Aprovecha el rato de acostarlo para hablar con él. Es un momento ideal para captar su atención.
Organiza tu tiempo reservando una hora para cada hijo con una periodicidad sostenible (semanas, quincenas o meses).
Motivar significa hablar y actuar de manera que crezcan y no se extingan el estímulo y la perseverancia de la persona a la que nos dirigimos.
«La motivación es para los niños lo que el agua para las plantas» (Rudolf Dreikurs2).
Desarrollar en el niño la estima y la confianza en sí mismo.
Desarrollar su capacidad de perseverar y ser paciente.
Abre bien los ojos para descubrir y saber ver
lo que tu hijo ha hecho bien, lo que ha conseguido o en qué ha mejorado, y aprovecha toda ocasión que se presente para
elogiarlo, valorarlo y recompensarlo.
Así lo motivarás para que intente experiencias nuevas.
Expresa cómo te hacen sentir
un deber cumplido, un dibujo y un encargo bien hecho ¡y ese pequeño detalle positivo en una tarea plagada de errores!
Recuerda plantearle alguna mejora
que le exija esfuerzo.
FRASES CLAVE
Para elogiar, valorar y recompensar a tu hijo/a:
Estoy contentísimo / ¡qué alegría me das! / estoy encantado con estas notas, ¡cómo me gustan!¡Muy bien! ¡Lo has hecho fenomenal! ¡Lo has conseguido! ¡Qué nota / qué trabajo tan bueno!Te has esforzado muchísimo / has hecho todo lo que has podido… y ahí tienes tu recompensa. ¡Vas muy bien!¡Genial! Has escrito «vaca» con «v». ¡Sigue así!Estoy muy contenta con el esfuerzo que has puesto en este encargo.Ya he visto que te has acordado de hacerte la cama. ¡Fenomenal!Para sugerirle alguna mejora:
¡Casi lo consigues! ¡Sigue intentándolo! ¡No lo dejes!¡Qué contento estoy de que hayas mejorado! Te has esforzado mucho. ¡Felicidades! (sea cual sea la nota que haya sacado).Los elogios sistemáticos y exagerados: «¡Eres más fuerte que nadie!».
Decir: «¡Eres el mejor!».
¡Lo has hecho muy bien! (así evitas que piense que tiene que ser perfecto para que le quieras).
Sé muy preciso para hacer todo el hincapié posible en los esfuerzos y los logros de tu hijo.
Antes de decirle en qué ha fallado o qué le queda por hacer, recalca lo que ha hecho bien. Por ejemplo: «Ya veo que has recogido los platos y los cubiertos. Te falta meter los vasos en el lavavajillas».
Si el dibujo o la tarea no están del todo conseguidos, pero tu hijo se ha esforzado, elógiale y anímale a mejorar.
Dejar a tu hijo la posibilidad de cambiar sin estigmatizarlo.
Motivarlo en vez de desmotivarlo.
Evitar herirle.
Evita las generalizaciones.
Olvídate de las palabras negativas y humillantes. ¡Cambia de palabras!
Todo se puede decir con palabras motivadoras y oportunas.
Procura calificar siempre lo que hace la persona
, y no a la propia persona.
FRASES CLAVE
Para evitar las generalizaciones:
A nuestra familia no se le da bien el deporte / la ortografía…
En nuestra familia esto nos suele costar, ¡pero las dificultades están para vencerlas!Para evitar las palabras negativas:
¡Las matemáticas se te dan fatal!
Te cuestan las matemáticas, pero ¡ánimo! Acabarás mejorando.Solo te pido que te esfuerces todo lo que puedas. Ya irás mejorando poco a poco.Para calificar lo que la persona hace, y no a la persona:
¡Eres tonta!
No te has parado a pensar. ¿Quieres volver a pensar lo que acabas de decir?Lo deberías pensar un poco más.¡No eres más que un mentiroso/un ladrón/un perezoso…!
Lo que has hecho es mentir/robar/perder el tiempo…Eso que has hecho es una mentira/un robo/una pérdida de tiempo…¡Eres mala!
Eso que has hecho está mal.Saltar a la primera.
Emplear palabras como «siempre», «nunca», «por una vez», «totalmente», «incapaz», «otra vez»… Matizar para ajustarse a la realidad: «a veces», «muchas veces», «en parte»… Ejemplos:
¡Siempre te dejas abierta la puerta del cuarto de baño!
Te sueles dejar abierta la puerta del cuarto de baño. Procura tener más cuidado.
¡Por una sola vez, decídete ya!: ¿la piscina o el fútbol?
¿Qué prefieres hacer: ir a la piscina o jugar al fútbol?
El empleo de frases exageradas: «Me estás matando», «no lo conseguirás nunca», «estoy muerto de hambre/de cansancio», «me voy a morir, ¡qué espanto!», etc.
Los cumplidos ambiguos que no hacen mejor a tu hijo, como decir «tú vas a ser un buen negociador» a un niño que acaba de manipular a sus padres.
Si no te ha salido espontáneamente ¡atrévete a reformular enseguida tu frase en positivo y motivando!
Respetar a tu hijo si está enfadado o dolido, o es poco comunicativo.
