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En esta acuciosa investigación Oreste Plath recorre la geografía chilena recogiendo mitos y leyendas de la memoria colectiva en una verdadera incitación a imaginar y soñar con aquello que nos conecta con lo más profundo de nuestras raíces: En esta Geografía se han ordenado mitos pascuenses de la isla chilena etnoarqueológica que proporcionan una gravitación polinésica; mapuches que dan a conocer la genealogía de sus deidades, con la explicación de los atributos peculiares de cada uno de ellos; los chiloenses con personificaciones constituidas con elementos que tienen relación con salud, enfermedad, muerte y animales que conforman un bestiario fantástico; y la cosmogonía de la cultura patagónica con sus espíritus del mal y del bien, con sus sueños y presagios, con sus genios poderosos que maniobran a su arbitrio a los hombres y a los elementos naturales.
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Seitenzahl: 456
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Primera edición, FCE Chile, noviembre 2008
Octava reimpresión, FCE Chile, diciembre 2020
Plath, Oreste
Geografía del mito y la leyenda chilenos / Oreste Plath ; ed.corregida y anotada por Karen Plath Müller Turina ; ilus. de AJíCOLOR. – Santiago de Chile : FCE, 2008
342 p. : ilus. ; 23 × 17 cm – (Colec. Biblioteca Chilena)
ISBN 975-956-289-068-7
ISBN digital: 978-956-289-269-8
1. Chile – Mitos y leyendas 2. Folklore – Chile 3. Chile – Vida social y costumbres I. Plath Müller Turina, Karen, ed. II. AJíCOLOR, il. III. Ser. IV. t.
LC GR118.C5 Dewey 398.2 P625g
Distribución mundial para lengua española
© Karen Plath Müller Turina
Segunda edición, Grijalbo, mayo 1995 (siguientes noviembre 1995, diciembre 1996, noviembre 1997, septiembre 1999, junio 2000 (Biblioteca Oreste Plath N° 2), julio 2001, octubre 2003, mayo 2007, junio 2008 Random House Mondadori S.A.).
Primera edición, Nascimento, 1973 (siguiente 1983).
D.R. © 2020, Fondo de Cultura Económica Chile S.A.
Av. Paseo Bulnes 152, Santiago, Chile
www.fondodeculturaeconomica.cl
Comentarios: [email protected]
Teléfono: (562) 2594 4132
Fondo de Cultura Económica
Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 Ciudad de México
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Registro de Propiedad Intelectual Nº 174663
Coordinación editorial: Fondo de Cultura Económica Chile S.A.
Diseño de colección y portada: AJíCOLOR
Foto solapa: Juan Domingo Marinello
Ilustraciones: AJíCOLOR
Diagramación: AJíCOLOR
Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra –incluido el diseño tipográfico y de portada–, sea cual fuera el medio, electrónico o mecánico, sin el consentimiento por escrito de los editores.
ISBN 978-956-289-068-7
ISBN digital: 978-956-289-269-8
Diagramación digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com
ÍNDICE
RETABLO DE LO FABULOSO
MITOS Y LEYENDAS
PROVINCIA DE TARAPACÁ
PROVINCIA DE ANTOFAGASTA
PROVINCIA DE ATACAMA
PROVINCIA DE COQUIMBO
PROVINCIA DE ACONCAGUA
PROVINCIA DE VALPARAÍSO
ISLA DE PASCUA
PROVINCIA DE SANTIAGO
PROVINCIA DE O’HIGGINS
PROVINCIA DE COLCHAGUA
PROVINCIA DE CURICÓ
PROVINCIA DE TALCA
PROVINCIA DE MAULE
PROVINCIA DE LINARES
PROVINCIA DE ÑUBLE
PROVINCIA DE CONCEPCIÓN
PROVINCIA DE ARAUCO
PROVINCIA DE BÍO-BÍO
PROVINCIA DE MALLECO
PROVINCIA DE CAUTÍN
PROVINCIA DE VALDIVIA
PROVINCIA DE OSORNO
PROVINCIA DE LLANQUIHUE
MITOLOGÍA ARAUCANA
PROVINCIA DE CHILOÉ
PROVINCIA DE AISÉN
PROVINCIA DE MAGALLANES
MITOS FUEGUINOS
ANTÁRTICA
BIBLIOGRAFÍA DE AUTORES POR PROVINCIA
ÍNDICE GENERAL
RETABLO DE LO FABULOSO
Sabemos que los mitos pertenecen a una época en que la inteligencia del hombre primitivo no era apta para desentrañar la explicación de los fenómenos que en torno suyo se desarrollaban.
El mito no es, pues, más que una explicación de la causa o del origen imaginado de tal o cual ser, cosa, fenómeno o hecho.
El hombre mitológico sintió que el mundo vivía. Pero no interpretó esa vida como nosotros.
Los fenómenos de la naturaleza que se presentaban no eran el resultado de una ley natural, sino actos de personajes divinos, o al menos sobrehumanos, de poderes buenos o malos.
Era el tiempo de la fantasía, de la expresión poética, de las impresiones producidas por los fenómenos de la naturaleza en la sensibilidad virgen de los hombres primitivos.
El mito entrega el conocimiento de la vida del hombre antiguo y la interpretación de su pensamiento y de sus acciones. Es una clave que permite reconstruir, trozo a trozo, el tiempo sin escritura. El dato mitológico pasa a ser el auxilio para muchas disciplinas humanísticas y científicas que exploran el origen, el ambiente y el quehacer natural e intelectual del hombre.
Por estas razones, merece igual respeto la relativa inexactitud de un texto mitológico que la exactitud relativa de un texto histórico.
La leyenda responde a los estímulos de la naturaleza circundante, tiene implicaciones de variadas índoles, logra variantes, matices diferentes conforme al medio. Puede tener una razón, una verdad y decir relación con la geografía, con un hecho histórico, con un acontecimiento que repetido y exagerado integra el acervo folclórico, conformando el leyendario.
En la leyenda se está a corta o mucha distancia de las fuentes, pero la imaginación popular teje la aventura y la desventura. La imaginación avasalla y colorea la realidad.
En esta geografía se han ordenado mitos pascuenses de la isla chilena etnoarqueológica que proporcionan una gravitación polinésica; mapuches que dan a conocer la genealogía de sus deidades, con la explicación de los atributos peculiares de cada uno de ellos; los chilotes con personificaciones constituidas con elementos que dicen relación con salud, enfermedad, muerte y animales que conforman un bestiario fantástico; y la cosmogonía de la cultura patagónica con sus espíritus del mal y del bien, con sus sueños y presagios, con sus genios poderosos que maniobran a su arbitrio a los hombres y los elementos naturales.
Las leyendas se presentan por su vigencia en cada provincia, aunque a veces algunas tienen figuración en otro territorio provincial, pero la mayoría tiene acción localizada.
En otras ocasiones, también, se registran más de una variante para no romper la secuencia temática.
No se desaprovecharon sucesos nacionales, acontecimientos de gran contenido social, lo mismo que personajes que no han entrado a la historia, pero que el pueblo los elevó a la categoría de figuras legendarias, como bandidos justicieros, que robaban a los ricos para ayudar a los pobres.
Mucho de este material fue recogido de viva voz por el autor, numerosas versiones fueron entregadas por escritores y otras fueron tomadas de publicaciones.
El autor deja especial constancia de su profundo reconocimiento a las personas de cuyos labios recogió versiones, lo mismo agradece a los escritores que le permitieron reproducir las suyas y a los que cogió sin su autorización, ya que todos ellos hicieron posible este Retablo de lo Fabuloso.
¡JURASI! ¡JURASI!
Una ñusta o princesa gobernaba la región en años remotos.
Tuvo la suerte de no envejecer nunca, porque le fue revelado el poder misterioso de ese manantial de la montaña, cuyas aguas discurrían sin cauce, agradablemente temperadas.
La princesa enterró a numerosos maridos que se hacían viejos a su lado, mientras ella mantenía una envidiable juventud.
Como era de buen corazón, cuidó a un niño sin hogar y lo educó con el mayor esmero. Creció fuerte y gallardo y, ya mozo, se enamoró de él y se desposaron.
Como notara el joven que su consorte no aumentaba en años, y en cambio él ya le estaba superando la edad, se puso receloso y trató de averiguar la causa de tan prolongada lozanía. Descubrió sus furtivas escapadas a la fuente y dedujo que, dado el secreto con que procedía, debía existir en ella algún poder.
A su vez usó de esas aguas y consiguió disfrutar los dones de la edad juvenil sin menoscabo físico ni incertidumbre del mañana.
No se escapó a la ñusta la influencia del hechizo vital en su compañero, y sus sospechas la condujeron a espiarlo hasta que lo encontró sumergido en las tibias aguas.
Ciega de indignación se puso a gritar: ¡Jurasi! ¡Jurasi!, que quiere decir: ¡Hirviente! ¡Hirviente!, logrando que las aguas se caldearan hasta producir vapor, característica que todavía subsiste y que ocasionó al infeliz marido la muerte más dolorosa.
Ya la princesa no pudo bañarse más y se marchitó casi de golpe su inexplicable juventud.
Versión de Luis Urzúa Urzúa
LA NIÑA DE MIS OJOS
Una princesa incaica que comenzó a enceguecer fue traída a una laguna enclavada entre los cordones cordilleranos que bajan por los Andes hasta la Pampa del Tamarugal, a tres mil metros, donde se sumergió en sus aguas por varias veces; al poco, notó que recuperaba la vista. Los descendientes del Inca llamaron al lugar Mamiña, que quiere decir, la niña de mis ojos.
Y Mamiña, durante años, vio llegar caravanas incaicas con el propósito exclusivo de encontrar alivio y remedio en sus aguas.
Versión de Oreste Plath
POR QUÉ EL TACORA SE APAGÓ
Las aguas del mar de Arica eran las predilectas de uno de los incas más famosos del Perú. Todos los años bajaba a la playa rodeado de un séquito cortesano, celebrándose con tal motivo fiestas interminables. Las mujeres más hermosas y divinas se deleitaban en las tranquilas y tibias aguas del puerto, y eran tan bellas, que las sirenas les tenían envidia y celos. Seres marinos acudían también a admirar corte tan vistosa y feliz. Mas en una de aquellas noches de orgía y locura, sirenas y caballos marinos formaron tal alboroto con las olas, que crecieron y se extendieron en tal forma que arrasaron con incas, doncellas y cautivas. Desde entonces el Tacora apagó sus fuegos. Miles de aves aparecieron en los aires a contemplar desde arriba una corte tan brillante sepultada en el fondo del mar.
Versión de Oreste Plath
LOS PAYACHATAS
a) Los Payachatas: el Parinacota y el Pomerame, que levantan sus cumbres a más de seis mil metros de altura, guardan un tesoro incaico, esto es: las estatuas de oro de los monarcas, que adornaban los nichos del Templo del Sol, en el Cuzco; las de plata de las reinas, del Santuario de la Luna y multitud de otras riquezas.
El tesoro de los incas que se salvó del rescate de Atahualpa está escondido en su cumbre y cuando la montaña está escasa de nieve se ve perfectamente la escalinata que fabricaron los siervos del inca para sepultar las riquezas de su amo en el cono medio truncado del volcán.
Versión de Luis Urzúa Urzúa
b) Los Payachatas representan a una pareja de enamorados: un príncipe y una princesa de dos tribus antagónicas que quisieron contraer matrimonio. Para evitar esta unión fueron muertos, pero la naturaleza en venganza de aquello sepultó a los dos pueblos formando dos lagos: el Chungará y el Cota-Cotani. En el lugar donde fueron enterrados los príncipes se elevaron los dos hermosos volcanes: el Parinacota y el Pomerame.
Versión de Pedro Rosende Hevia
LA PRINCESA Y EL TORO
En el cerro La Gloria, en la Pampa Soronal, algunas noches aparece una princesa cubierta con una especie de túnica blanca, con un gran lazo en la cintura, sus pies con sandalias y sus cabellos adornados con una diadema que resplandece en mil colores; mas, su rostro joven y hermoso refleja una gran angustia.
Ella pide con acento de súplica que no la dejen sola, que la defiendan de un gran peligro que la acecha.
Hombres le han preguntado cuál es su temor y se han puesto a su disposición.
—¡Me he extraviado! –es su respuesta–. Y sé que desde arriba de este cerro vendrá el peligro, no sé cuál es, pero será mortal para mí si no me defienden.
La joven entrega al hombre un puñal que saca de sus vestimentas, para que se enfrente con el peligro.
Al cabo de un momento se oye un ruido ensordecedor y se ve bajar a velocidad endemoniada un enorme bulto rodeado de fuego y polvo. Es un gran toro con piafar estremecedor, que viene echando fuego por ojos, cuernos y hocico. El espectáculo es terrorífico y espeluznante.
Al ver la visión demoníaca, el sujeto da media vuelta, bota el puñal y huye hasta desaparecer en la noche para siempre.
Con una gran explosión, el toro se estrella contra la joven y ambos se esfuman tras una gran nube de tierra.
Versión de Moisés Tello Poblete
EL PADRE DE CAMIÑA
Dos indios en la pampa de Tarapacá fueron sorprendidos por la noche. Los caminantes, temerosos del frío, prendieron una fogata. No bien abrió esta su rosa de luz, cuando el fuego caminó.
—¡Ay Dios, el fuego anda, el fuego corre...! –gritó despavorido uno de ellos.
—¡Huyamos, hermanito, huyamos! –propuso el otro. Y, veloces, enfilaron su miedo a la parroquia de Camiña. Tocaron a sus puertas, agitados y convulsos.
El cura se sobresaltó: ¿qué pudo imprimir tales gestos en feligreses tan mansos, qué visión infernal...?
Aventuró una pregunta. Los indios, a coro de pavor, no articularon sino este lamentable estribillo:
—¡Ah, taitita, por Dios...!
—¡Ah, taitita, por Dios...!
El cura fue calmándoles y supo que el Diablo habíase metido en una fogata y corría a la siga de ellos.
El cura, sin perder minutos, invitó a los indios a caminar con él hasta el lugar demoníaco. Llegados, le bendijo y sustrajo terrones de “esa tierra” para analizarla con tranquilidad. En la paz de su parroquia, la escarceó y terminó por descubrirle nitrato de potasio. Una sana inquietud le guió a su jardín.
Su diestra empuñaba tierra de aquella. Cavilaba:
—¿Qué pasaría si la arrojase a mis plantitas...?
Y, persignándose, la tiró satisfecho. No tardó la sorpresa: las plantas crecieron, vigorosamente. Era como una primavera demás que embelleciese la parroquia.
Las comadres fuéronse de suposición en suposición, ¡aquello era milagroso!
—El jardín del señor cura está bendito –murmuraban. El murmullo irritó al buen cura de Camiña, medio sabio y medio santo.
—No, hermanas –adoctrinó–, nada de milagros... Entrad a mi cuarto y os enseñaré algo para calmar vuestras lenguas...
Abrió una caja y exhibió la tierra fortificante:
—Esto que veis no guarda magia alguna. Llamaremos a esta tierra bendita, si os agrada: “Tónico para el Reino Vegetal”. Os repartiré un puñadito y, luego, me contaréis cómo se hermosean vuestras hortalizas y sembrados.
Camiña ondeó gracias nuevas y cegadoras. El “Tónico para el Reino Vegetal” permitió, desde 1879, que el nombre de Chile viajara en los sacos salitreros, como sinónimo de Patria de la Felicidad.
Versión de Andrés Sabella
UN PUEBLO DE INDIOS
A tres kilómetros al sudeste de Matilla, existió hace siglos un pueblo de indios que fue destruido por un terremoto, no quedando hoy día, ni el más remoto vestigio de su existencia, pero al pasar por este sitio, se oye un ruido extraño y parece que la tierra se fuera a hundir.
Versión de Oreste Plath
LOS SOCAVONES DE PICA
Cuando los españoles vinieron a establecerse en estos lugares, no tuvieron acogida por los indios piqueños, por lo que se trasladaron a Matilla, donde fundaron una población.
Uno de estos pobladores se enamoró de la hija del cacique de Pica, solicitándola a su padre para contraer matrimonio, a lo cual se negó el cacique. Dámaso Morales, que así se llamaba el español, insistió en su petición, obteniendo esta vez mejor resultado, pero con una condición tan difícil como imposible.
Díjole el cacique a Morales que no tendría inconveniente en cederle la mano de su hija, siempre que le hiciera florecer el valle entre Pica y Matilla, lo cual fue para este más terrible que la simple negativa anterior.
Y Dámaso Morales se puso a construir el primer socavón que se hizo en estos lugares, obtuvo agua, hizo florecer el valle y se casó con la hija del cacique.
Los indios a ciertos hilos de agua los juntaban en unas represas que llamaban cochas, el español siguió esta veta horadando la piedra y la hizo seguir un cauce hasta las cochas que se vieron aumentadas en su caudal, el valle reverdeció y fue una flor en la arena, lo que quiere decir Pica.
Versión de Oreste Plath
EL ESTANQUE DE JASJARA
En Jasjara hay un estanque de aguas profundas consideradas maléficas. Está habitado por sirenas, que son apariciones. En las noches se oye música indefinible. Si se deja cerca una guitarra desafinada, al día siguiente aparece a punto para ejecutar un concierto.
Versión de Luis Urzúa Urzúa
EL PASTO DE JASJARA
Cerca del estanque había un sembrado; pero el pasto desaparecía continuamente, sin poderse averiguar quién era el visitante nocturno que se tomaba el empeño de cortarlo. El propietario decidió quedarse una noche en vela para sorprender al ladrón. A eso de las diez divisó un bulto, preparó su revólver y le dirigió la palabra sin obtener respuesta; por el contrario, avanzaba directamente hacia él. Por segunda vez le habló con el mismo resultado, por lo que disparó su arma al aire. Notó que caía el intruso pesadamente al suelo, y se asustó ante el temor de haber muerto a un hombre, por lo que arrancó precipitadamente.
Al otro día no encontró huellas de que alguien hubiese estado en el lugar, salvo las señales de sus propios pasos.
Versión de Luis Urzúa Urzúa
EL RÍO DEL VALLE DE AZAPA
Antes corría por el valle un río caudaloso que satisfacía con exceso las necesidades de sus cultivos. Con motivo de la llegada de los españoles, los indios naturales de la región, cansados de sufrir el duro trato de los conquistadores, y a modo de venganza, torcieron el curso de las aguas de ese río, dejándolo en seco.
Versión de Oreste Plath
EL DIABLO DISFRAZADO DE GUAGUA
Regresaba de noche de las fiestas del Carmen de Chitita, después de la tinca o baile campesino que sigue a la procesión, y frente a Jasjara sintió el llanto de una criatura y pronto avistó una guagua abandonada en las piedras del camino. Se bajó del caballo, la recogió y le hizo mimos para tranquilizarla.
La aderezó en el cabezal de la montura, con solicitud paternal, mientras pensaba que debía ser de alguna forastera venida a la fiesta, la que fatalmente se embriagaría sin atender a su obligación natural. A poco andar la miró para comprobar si estaría dormidita y se asustó al ver que echaba candelas por la boca, mostrando unos dientes de bestia.
¡El Diablo!, dijo y la botó al fondo de la quebrada, convencido de que era el mismo demonio, mientras sujetaba la cabalgadura, presa de espanto, en un sendero tan estrecho como peligroso que pudo acarrear una caída mortal.
Versión de Luis Urzúa Urzúa
LEYENDARIO
La Cueva del Inca. En el morro de Arica, por la cual recibía el inca el pescado en el día. Jamás se sabe más de la gente que intenta penetrarla, porque el aire en el interior está envenenado por maldición de los incas.
Abracadabrantes corsarios. Los piratas más famosos detuvieron sus naves frente a la ciudad de Arica: Francis Drake, Thomas Cavendish, Georg Spilberg, Wotling y Bartolomé Sharp, entre las zozobras de los ariqueños, pues incendian, capturan barcos y recogen un buen botín.
Oro blanco. Años de vida salitrera inflan las velas de los veleros de todo el mundo. El mariscador, el pescador, se convierte en pampino y se fragua en las calicheras el nortino de ñeque, que le da al norte una fisonomía rebelde que ensangrienta la pampa y anima una fuerza social.
Ciudades fantasmas. Oficinas salitreras que cierran y que el hombre abandona después de haber vivido intensamente una vida de trabajo. Sus habitantes desmontan las casas: techos, puertas, ventanas, y quedan los muros como seres desollados. Restos de edificaciones en la soledad y el silencio. El personaje más interesante es el viento que ulula sobre los pueblos inanimados. Ladran los perros entre los escombros, pero éstos se comen por hambre los unos a los otros y ya no se siente su aullar.
Relatos dramáticos y novelescos se escriben en oficinas abandonadas, que son fantasmas de una época.
Donde mueren los enfermos y los viejos. Al interior de Laguna se encuentra un sitio donde los indios entierran a los enfermos y a los ancianos a fin de mantener un pueblo sano.
El baño del inca. Hay un túnel en la cordillera que se adentra más o menos tres kilómetros; en el fondo de él hay unos baños con asientos de piedra que eran utilizados por el inca en los viajes a sus dominios que se extendían hasta Atacama. Desde la cumbre de uno de los cerros se ve el camino hacia los baños, pero cuando se baja por las quebradas, este desaparece por uno de los tantos senderos.
El Toro Fantasma de la laguna de Caquena. Sus mugidos hacia la medianoche, producen extrañas perturbaciones.
Los siete peñascos de Pachama. Serpiente de siete cabezas que se convierte en peña.
La piedra del Padre. Perdida entre los barrancos está la piedra gigante, que corresponde al encantamiento de un sacerdote conocido por el padre Inune. Cuando se pasa por este sitio a horas avanzadas, se aparece sobre la piedra con sotana y breviario.
El volcán Guallatire. Cuentan de él que es un galán que pretendió de amores a una cumbre vecina, y fue vencido, por eso lanza resplandores de furor en las noches de invierno. Estos resplandores se vuelven sangrientos y se sacuden con rabia como si fueran a lanzarse contra su odiado rival.
Altiplano ariqueño. Las poblaciones de Putre, Socoroma, Chapiquiña, Pachama, Belén, Tignamar, Timar, Timanchaca y Codpa que fluctúan en tres límites, mantienen en medio de su espantosa soledad, sus fiestas y tradiciones, y en su memoria revolotean consejas y leyendas.
TOPONIMIA
Tarapacá. Voz quechua: descubrir un secreto. Se traduce también como zona tapada por árboles tara. Para otros, esta voz es cunza y sería: pampa, llanura blanca.
Arica. Voz quechua: Bahía Nueva, Puerta Nueva. Un cacique de la comarca del morro se apellidaba Ariacca, pero sería mucho suponer que de aquí se derivara la palabra Arica.
Azapa. Voz aymara:1quebrada Sana.
Esquiña. Voz aymara. Iquiña. Pequeño.
Mamiña. Voz aymara: pupila Curada, Niña de mis Ojos, Luz de mis Ojos.
Matilla. Voz quechua: angostura.
Payachatas. Voz aymara: dos paridos, mellizos. Los Payachatas son dos imponentes volcanes apagados: el Parinacota (6.380 m.) y el Pomerame (6.250 m.).
Soronal. Sorona, planta (Tessaria Absinthioides). Abundancia de sorona. Un diccionarista dice: “Corrupción de Coronel, cambiado por algunos en Soronal”.
EL ESPÍRITU DEL VOLCÁN LICANCABUR
En los tiempos en que los incas dominaban el norte y centro de Chile, para calmar los arrebatos coléricos del Dios, se echaron a la espalda piedras recortadas y otros presentes para el espíritu del volcán Licancabur –ahora apagado–, y comenzaron a trepar los 2.400 metros de la llanura, a la cima misma de 6.000 m. Construyeron allí sus pircas, depositaron sus ofrendas, hicieron sus oraciones y descendieron con el alma ligera. Los descendientes de aquellos indios todavía temen y reverencian el espíritu del volcán y las gigantescas pircas existentes en su cumbre.
Versión de Evelio Echeverría y Ricardo Cruzat
EL CARBUNCLO (CARBUNCO-CLARUNCO)
a) Es un animal que tiene la forma de un choclo y posee más de cuatro patas. Tiene coyunturas por las cuales sale una luz que se ve hasta de una legua de distancia. En su interior este animal fantástico tiene mucho oro y otras riquezas.
Es muy difícil atraparlo porque tiene finísimo oído y se cierra cuando siente algún ruido, quedando a oscuras y confundiéndose con una piedra común.
El que tiene la suerte de tomarlo, queda rico, tiene la fortuna en sus manos.
b) Es un pequeño cuadrúpedo del tamaño de un gato. Dicho animal lleva debajo de la barba un mechón luminoso. El que se hace dueño de dicha barba no conocerá la pobreza. A muy pocos es dado hacerse de tan precioso amuleto.
EL ALICANTO
Es un pájaro que se alimenta de oro o de plata y cuyas alas fosforecen durante la noche; si el animal come oro, aquéllas despiden áureos destellos o argentados, si es goloso de plata. El Alicanto, a causa de sus comidas tan pesadas, no puede volar. Los que divisan un Alicanto en su camino y deciden seguirlo, seguros de que los conducirá a un fin venturoso de fortuna, deben actuar con muchas precauciones para no ser advertidos por el pájaro, porque este, que es muy celoso, pliega las alas brillantes si descubre que le persiguen, confundiéndose en las sombras y desorientando al minero avaricioso.
Versión de Andrés Sabella
LA LOLA2
En la provincia de Antofagasta, en la época de los descubrimientos, fue muy conocida una mujer de rara belleza llamada Lola. Para el que no la conocía, su fama misteriosa y vaga era como de una mujer de embrujo.
Su padre, llamado Pedro, vivía para cuidar a su hija y distanciarla de sus enamorados. Este hombre era conocido por el apodo de Vagabundo, por sus búsquedas de minas en una época, y después por sus viajes por la costa en un barquichuelo de su propiedad.
La hija, vigilada de cerca y de lejos por su padre, sembraba entre los hombres ilusiones y desengaños; y entre las mujeres, envidias y rencores. Hasta que un día un joven es su preferido, pero él veía en ella la figura querida de una ausente. Mas, llegó la mujer que ocupaba su corazón, y al verse Lola desplazada, despechada, pronto se transformó en la más terrible celosa.
Vivía odiando a la rival, que era una hermosa rubia.
Atisbaba día y noche a la feliz pareja y se consumía de celos y pasión.
Una noche, descalza y silenciosa, llegó a la pieza donde dormía tranquilamente el hombre que la hacía sufrir y hundió profundamente en su corazón un puñal, y huyó hacia los cerros dando gritos, alaridos.
Al día siguiente, conocido ya el crimen, el padre sale en busca de la hija y el sol, la sed y el silbido del viento terminaron con él.
Después de mucho tiempo regresó ella al poblado víctima de la locura, sólo sabiendo reír, hasta que murió.
Desde entonces la Lola y su espíritu vengativo recorren los cerros.
Versión de Oreste Plath
EL PUEBLO DE LAS CABEZAS
En San Pedro de Atacama acampó don Diego de Almagro 18 días en 1536; en 1540, don Francisco de Aguirre aguardó aquí la llegada de don Pedro de Valdivia y, para evitar contratiempos, emprendió la tarea de un degollamiento de notables de un pukará, fortaleza atacameña vecina.
Cuando don Pedro de Valdivia llegó, su lugarteniente le mostró 25 cabezas que pertenecían a cabecillas rebeldes del pueblo vecino. En recuerdo de este degüello, los atacameños hablaron mucho tiempo del pueblo de Las Cabezas que, según parece, no fue otro que el pukará de Quitor.
Versión de Salvador Reyes
LOS HERMANOS JOSÉ Y MANUEL
En Toconao, a orillas del tranque se armaron en pelea dos hermanos, José y Manuel Chocorba, todo esto originado por una mercadería que debían vender en el pueblo de Socaire.
José empujó al tranque a Manuel y este, desesperado, le hacía señas para que lo sacara. José, arrepentido y desesperado, trató de sacarlo y pereció también.
Desde ese día, para San José y para San Manuel se ven brazos que hacen señas en la noche y la arena se pone más resbalosa que de costumbre, a la vez que corre mucho viento.
Versión de Dina Rivera Álvarez
EL HUERTO INVISIBLE
Un arriero que llegó a un pueblo montañés que no conocía, tomó fruta de un huerto y, al llegar a Toconao, convidó de esas dulces uvas a unos amigos. Éstos quisieron conocer el huerto que las daba.
Llevados por el arriero llegaron al sitio indicado, pero sólo encontraron tierra del desierto, piedras y ruinas de un caserío que debió pertenecer a una civilización perdida en el tiempo.
Versión de Dina Rivera Álvarez
LA CADENA DEL INCA
En la laguna de Chiu-Chiu, cuyo fondo nadie ha podido encontrar, los hijos del incanato lanzaron una cadena de oro, para ocultarla de los españoles, y aquí se halla hasta ahora.
La cadena es la que se usaba en el Cuzco para contener a la gente en las procesiones de la coricancha.
Versión de Oreste Plath
EL ZORRO Y LA PIEDRA
En Caspana, el zorro apostó con una piedra en lo alto de un cerro que él era más rápido para llegar abajo al agua.
El zorro salió disparado corriendo cerro abajo y la piedra le seguía despacio por atrás. El zorro iba en la mitad y se puso a mirar si venía la piedra. Le iba ganando, porque la piedra venía despacio, pero la piedra comenzó a arrastrar a otras piedras y en un momento eran muchas las piedras que corrían juntas y aplastaron al zorro, así la piedra le ganó la apuesta.
Versión de Bernardo Tolosa
LAS TRES CIUDADES SAGRADAS
En Toconao, dicen que hubo tres ciudades, cuando los abuelos eran más fuertes: una era Toconao, que en lengua cunza significa rincón perdido; la otra está en el cerro Quimal, la tercera se escondió hacia la meseta de la cordillera. Como la tercera se escondió, sólo quedaron dos. Pero de ambas sobreexiste Toconao. La ciudad del Quimal se ocultó sin perderse, porque en ciertos días del año aparece y se ve claramente situada en la cumbre del cerro. Entonces es posible observarla desde distintos lugares. Y ahí se ven de nuevo sus grandes construcciones pétreas envueltas en una luz de fuego. Y aparecen sus grandes árboles y todo lo que ella contiene.
Así se queda visible para todos por mucho tiempo sin que sus formas pierdan la realidad. Hasta que alguien, atraído por su fantasía, quiera subir a tocarla. Y sólo entonces torna a desaparecer, hasta que las condiciones de tranquilidad le vuelven a ser favorables.
Aparece y desaparece, como la ambición humana.
Versión de Mario Bahamonde Silva
EL PASO DEL DIABLO
A orillas del río Loa en Chiu-Chiu, existe el llamado Paso del Diablo, por donde nadie transita después de las doce de la noche, porque del río sale el Diablo con un cuchillo en la boca bailando y convidando a irse con él a todos los que encuentra a su paso.
Versión de Dina Rivera Álvarez
EL DIABLO EN LA LAGUNA OJO DE MAR
En la laguna denominada Ojo de Mar, en Chiu-Chiu, sopla un fuerte viento que empuja hacia ella. Este viento es el Diablo que desea llevarse con él a los curiosos. El que logra caer en sus brazos no vuelve jamás, porque lo arroja al fondo de este ojo que no tiene fondo.
Versión de Dina Rivera Álvarez
LEYENDARIO
Cateadores del desierto. Van tras la riqueza del guano y el yacimiento de salitre, como también de la veta mineral de oro, plata y cobre. Desafían las inmensidades del desierto sin facilidades, sin locomoción, sin cartas geográficas, sin guías ni orientación alguna. Descubren riquezas, fundan pueblos, son comerciantes, empresarios de carretas, mineros, salitreros. Y dictan un curso de cateo del desierto como el que realiza Victorino Puig González que, aunque víctima de una cruel enfermedad, arteroma arterial, por lo que sufre primero la amputación de un pie, para evitar la gangrena y, después, diecinueve amputaciones más que lo dejan convertido en una efigie mutilada; sin piernas y sin brazos, es llevado en una mula o conducido en brazos para que continúe su peregrinaje por la pampa impregnada de leyenda.
Los carreteros. Realizan hazañas desmedidas con sus carretas, barcazas del desierto, las que se ocupan para el transporte de máquinas, salitre y plata.
Los empampados. Son los perdidos en la vastedad de la pampa, los que se extravían y mueren de sed y hambre, quedando frente al sol y expuestos al viento hasta que la arena los cubre y el tiempo los descubre con novelescos caracteres.
El espejismo. Casas que hacen soñar con el descanso; fuentes que acercan el agua; bosques con su frescor; y todo desaparece, produciendo la más tremenda angustia que mata de fascinación al caminante.
Peleas a corvo. Estas son de asombro entre los rotos bravos; rebasan la realidad y adquieren caracteres de leyenda.
Los bandidos. Protagonizan hechos fantásticos: el Rancho y el Picoteado, tienen su enemistad; un día se desafían a pelear a puñaladas y ambos luchadores rinden sus vidas. Minero, el Colorado, Salomón y Bruno Guerra, asaltan los retazos de carretas, amarran a los carreteros y pasajeros, violan a las mujeres y roban las alhajas y dinero que llevan consigo.
El Chichero. Célebre bandido, Silverio Lazo, que el pueblo lo presenta como un hombre bueno, pero un día se le maltrata tan injusta y cruelmente, que sale al camino transformado en un hombre lleno de venganza. Se hizo criminal. Se fuga de la cárcel y mata a sus carceleros. Tiene en jaque a la ciudad de Antofagasta, hasta que la población pone a precio su cabeza y lo declara fuera de la ley; todo el pueblo anda tras él, que permanecía dentro de un barril de chicha, hasta que después se le encuentra en Chañaral y se le da muerte.
La Carretera del Godo. La jornada heroica de la carreta la describe el español José Benito González, que atraviesa el desierto entre Antofagasta e Iquique, 530 kilómetros, con cientos de carretas y millares de mulas, en busca de nuevos horizontes con sus familiares y carreteros, trazando así la senda que se llama la Carretera del Godo o el Camino del Godo.
La ciudad encantada de Quimal. Sobre la cima del volcán Láscar, se ve sólo algunos atardeceres del año y se desvanece de repente.
La ciudad sagrada de Toconao. Data de la época preincaica y es una ciudad que sobrevive después del castigo divino que hizo desaparecer a otras ciudades. Toconao era la menor de ellas.
El descabezado. En Chiu-Chiu, le sale a las mujeres; los hombres no han logrado verlo, a pesar de que aparece a eso de las nueve o diez de la noche. Este descabezado no hace daño, fuera de asustar enormemente a las mujeres.
El destalonado. Aparece en Peine en el medio de los remolinos de viento, y se lleva a los niños en una bolsa que tiene en su vientre.
El gato negro. En San Pedro de Atacama, un muchacho que odia a los gatos, una noche ve pasar uno, le lanza una piedra y este se convierte en el Diablo y de miedo el muchacho se muere. Cuando alguien pasa en la noche por este lugar, siente una pedrada en la espalda, es la piedra que le fue lanzada al Diablo y al caminar unos pasos más se atraviesa el gato negro.
La carroza. De las cercanías de la plaza de Chiu-Chiu sale una carroza muy adornada y hace un recorrido por el pueblo. Esta carroza anda en busca de los agonizantes que hay en el pueblo.
TOPONIMIA
Antofagasta. Voz quechua: escondrijo del cobre. Para otros es voz aymara y querría decir yacimiento, mina de cobre. No faltan los que dicen que es topónimo de la lengua cacán o diaguita Katufayagasta, lo que sería Pueblo del Salar Grande.
Chiu-Chiu. Nombre onomatopéyico del jilguero (Crysomtiris), llamado también Shihu, en mapuche.
Toconao. Voz aymara: andar saltando por todas partes. Para otros vocabulistas es voz cunza: Rincón perdido.
EL ALICANTO
a) Es un pájaro fabuloso que vive entre los cerros de minerales y se alimenta de oro o de plata, según sea el metal del cerro donde mora. Sus ojos despiden extraños fulgores. Cuando camina por los peñascales, de sus alas se desprenden reflejos que lo envuelven en un halo luminoso. Si tiene su buche lleno, no puede volar debido al peso de los metales con que se alimenta, pero no le es difícil huir si alguien se atreve a perseguirlo, pues en cualquier recodo o grieta se oculta, sin dejar huella de su paso.
Si la persecución es mantenida, el Alicanto se perderá y aparecerá; caminará con un paso más rápido y a veces lento, hasta que por fin arrojará una luz fuertísima que traspasará y encandilará al perseguidor, dejándolo enceguecido en medio de un camino o al borde de un precipicio.
Versión de Oreste Plath
b) Cuando está en ayuno come con ligereza y cuando está harto, lentamente. Si se siente perseguido oscurece sus alas. Habita en pequeñas cuevas. Pone dos huevos, de oro o de plata. A veces lleva a sus perseguidores a la muerte y los arrastra a los bordes de los precipicios. Los mineros que tienen por guía a un Alicanto se enriquecen, ya que este los conduce a puntos donde existen ricos yacimientos o a los sitios donde hay algún tesoro enterrado.
c) Es un pájaro de plata y oro que orienta a los mineros hasta el filón del mineral que ellos buscan. Aparece solamente de noche y su cuerpo no proyecta sombra alguna sobre la tierra. Si el minero que lo sigue va poseído de una ambición desmedida, el Alicanto lo arrastra a un precipicio, donde perece.
LA BUENAMOZA
a) Mujer vampiro que maneja un fino puñal que lo hunde certeramente en el corazón de su víctima, a la cual le bebe la sangre caliente que escapa de la profunda herida inferida.
b) Es una mujer buenamoza, llena de encantos, vestida con un brillante traje negro y arrebozada con un pañuelo rojo, que se aparece a los hombres que se pierden en el desierto, o que se entregan a sus halagos. La Buenamoza es una bruja o el demonio mismo transformado en mujer.
EL BARRETERITO
Es un barreterito fantasma, cuyo martilleo suele oírse en el fondo de alguna galería, cuando la mina ha quedado en receso. Es el barreterito, especie de duende benéfico, que trae el anuncio de un alcance. No hay minero que no crea en su existencia y que no espere sentir los golpes misteriosos que le abrirán las puertas de la fortuna.
EL INSECTO RELOJ
El Insecto Reloj aparece en las alcobas de los enfermos condenados a morir. Denota su presencia haciendo ruidos semejantes al tic-tac del reloj.
El Insecto Reloj acompaña al enfermo y cuenta con su tic-tac los minutos que faltan hasta el cese de la vida.
Cuando los enfermos mueren, se les encuentra en la pieza a estos insectos, que son de un color verde, pero ya sin vida.
LOS CUEROS3DEL TRANQUE LAUTARO
En el fondo cenagoso del tranque Lautaro viven cueros o culebras acuáticas de dimensiones enormes.
El cuero es un tejido viviente, provisto de ventosas que atrae a cuanto bañista se aventura en la laguna Lautaro.
EL ZORRO COLORADO
a) En sus correrías por los cerros, el cateador de minas se encuentra con un zorro colorado que lo mira sin miedo ni temor, instintivamente se agacha y recoge una piedra para lanzársela al animal; el peso de la piedra le llama la atención y la mira detenidamente, ¡es de oro!
b) El zorro colorado se aparece a los buscadores de minas en el sitio exacto donde se encuentra el más rico yacimiento de este metal. Su presencia asegura al minero la riqueza y la felicidad para toda la vida.
Versión de Oreste Plath
EL VOLCÁN DOÑA INÉS
a) Al venir a Chile don Pedro de Valdivia, bautizó el volcán ubicado al interior de Atacama –5.070 m.–con el nombre de su compañera de conquista y aventuras: doña Inés de Suárez. Y así lo hizo porque ni el volcán ni la dama española tenían precisamente buen carácter.
b) Don Pedro, gran conquistador y amador, quiso ver perpetuado el nombre de su compañera en el país que venía a conquistar.
EL CERRO BRAMADOR
Es un imponente triángulo negro que descuelga por sus flancos torrentes de arenas movedizas y sonoras.
A sus pies se siente un sordo trueno subterráneo, por esto lo llaman el Bramador.
Si esta resonancia, mensaje de la roca, asombra, produce un nuevo viaje que emprenden las arenas; así como descendieron, ascienden perseverantes y perpetuamente faldas arriba.
Versión de Carlos María Sayago
LEYENDARIO
Un río de plata. Flora Normilla, india, y su hijo Juan Godoy, leñador, abren el cauce de un río de plata que corre por Chile, el mineral de Chañarcillo.
Un día, estaba Juan Godoy arreglando la carga a uno de sus asnos, cuando aciertan a pasar unos guanacos, y esto que ve, esperando hacer presa, anima a sus perros y comienza la persecución cerro arriba y cerro abajo.
Cuando Juan sentóse a la sombra de unas algarrobillas y reclinando su espalda contra las rocas, descubre la opulencia de una veta de plata.
Para otros leyenderos, el descubrimiento de este mineral no fue tal hallazgo, sino que Flora Normilla le revela a su hijo, a la hora de su muerte, el sitio de mayor riqueza de Chañarcillo.
Sigue la leyenda. Cuentan que la india Flora Normilla conocía desde pequeña el derrotero de Chañarcillo, pero que prefiere guardar el secreto hasta que se enamora.
Titanes de la minería. Chañarcillo, Tres Puntas, Caracoles y otros minerales, necesitan de titanes que son símbolos del empuje. Narran el relato fabuloso de las fundaciones de Chañaral, Taltal, Antofagasta. Las riquezas que entregan se reflejan en Chile en fundos, viñas, industrias, palacios, en el primer ferrocarril que corre en Sudamérica, en el segundo teatro del Pacífico y en deslumbrantes hazañas mineras que echan a rodar la leyenda de vidas fascinantes.
Aventureros de la riqueza minera. Ricos de la noche a la mañana. Las ambiciones se desbordan. Ilusiones, embarques de faldas, angustias, naipes, alcohol y el señor de las riñas, el puñal. Cangalleros y poruñeros, roban oro y plata para apagar la sed de codicia y aventura.
Mineros que vagan como fantasmas. Viven en soledad primitiva en medio de los cerros. Se racionan con charqui, té o café. Hablan de fabulosas riquezas. Pueblan su soledad dando vida a los objetos, llamándolos como personas. ¿Dónde te metiste, Berta..? ¿Qué te hiciste, Juana...? Trabajan en minas abandonadas en donde muchas veces mueren y sus cadáveres suelen encontrarse en el fondo del pique.
El Tile Vallejo(Cayetano Vallejo). Personaje con altura de mito que aviva relatos, aventuras, embustes y hace florecer leyendas.
Tolopampa. Ciudad encantada donde vive la princesa Tololo Pampa, con su cuidador el Pata Larga y su ayudante el toro que tiene una estrella en la frente y cuernos de fuego. De esta ciudad se precisa el sector donde se yergue con su resplandor fosforescente, la risa de sus habitantes y la música de sus fiestas.
El pájaro azul. Se aparece a los mineros y luego se aleja rápidamente, pues sabe que su espléndida belleza conduce a la muerte.
La cabra negra. Vencida lleva al sitio donde se encuentran ricas minas.
El valle de las flores. Planicie de extrañas flores el cual al acercarse uno hace encontrar la muerte.
La mano negra. La mano que aparece en la vastedad produciendo espanto.
La piedra negra. Piedra que es como una esponja empapada en agua y que salva a los mineros sedientos.
La Martina. Codiciada mina por sus riquezas, pero resguardada por agua y culebras, la que una sola vez al año se seca y relucen sus paredes de oro.
TOPONIMIA
Atacama. Voz quechua: pastoreo malo. También se traduce del cunza, pato negro.
Lautaro. Voz mapuche: Traru, traro, ave de rapiña (Polyburus Trarus). Lautaro es traru desplumado.
DOÑA ANA
Hace muchísimos años, una ñusta enamorada se escapó con un guerrero y la pareja, huyendo de las iras del inca, terminó por refugiarse en la cumbre de una montaña. El guerrero era experto cazador y conseguía fácilmente guanacos y vicuñas que les proporcionaban carne sabrosa y abrigadas pieles. Decían que los fugitivos al partir del Perú o de donde fuere, habían cargado abundantes riquezas en catorce cogotes de guanaco convertidos en árguenas.
La pareja no podía vivir sujeta a las contingencias de la caza y pronto encontró la manera de proporcionarse los recursos que necesitaba. Desde las heladas cumbres los dos amantes atisbaban el paso de las caravanas que iban en busca de las milagrosas aguas del Toro. En cuanto alguna se divisaba, la ñusta corría ladera abajo, dejaba sobre el camino algo de oro o de plata y luego se escondía. Sin que mediaran palabras, los viajeros comprendían que se trataba de un trueque, recogían el valioso depósito y en su lugar abandonaban abundantes víveres frescos. A menudo al metal precioso se añadía alguna piel fina, especialmente la de cogote de guanaco, muy apreciada por los lazos y riendas de calidad que se sacan de ella.
Largo tiempo duró ese extraño comercio. Las gentes de los aledaños llamaban a la mujer Doña Ana y ese nombre le quedó no solamente a la montaña, sino a todo el elevado cordón conocido ahora como cordillera de Doña Ana.
Cuentan que la mujer, al principio, sólo salía de su escondite para recoger los víveres cuando ya la caravana había desaparecido entre los cerros. Con los años fue tomando mayor confianza, dejándose ver y hasta aproximar, pero sin cruzar palabra con nadie. El guerrero jamás fue divisado.
Dicen que el indio murió primero. Ella siguió realizando sus trueques durante algún tiempo hasta que un día desapareció. Los viajeros presumieron que había ido a reunirse con su amante en el seno de la Pacha Mama.
Versión de Marta Elena Samatán
LAS LABRANZAS DE OSORIO
a) Un oficial español llamado Osorio, que era joven, audaz y de buen porte varonil, por razones no muy claras hubo de refugiarse valle adentro, llegando al entonces cacicazgo de Huanta. Los indios lo acogieron con cierto recelo, pero no con hostilidad. Le permitieron quedarse y pronto se acostumbró a esa vida, tal vez acicateado por las miradas amorosas de una india joven que se había prendado de él. Compartía las actividades cotidianas del grupo que lo albergaba.
Un día le tocó asistir a los funerales de un miembro importante de la comunidad. Sus ojos asombrados vieron cómo los oficiantes llenaban vasijas de greda con figuras de oro puro trabajadas a martillazos.
Conocedor del carácter de los naturales, Osorio no se atrevió a hacer preguntas que hubieran despertado desconfianzas infinitas. Pero la codicia le había llenado el corazón y para satisfacer su curiosidad se acogió a los brazos de su india enamorada, apremiándola para que le revelara el secreto de tanta riqueza.
De nada le valieron sus artimañas. La india no podía traicionar a su gente. No cejando en su empeño, el español se repartía entre promesas de amor eterno para conseguir la revelación de labios de la mujer, y largas excursiones por los cerros vecinos, tratando de descubrir por sí mismo el escondite. Todo fue en vano.
Pero tantas fueron las súplicas y tan reiteradas y vehementes las promesas, que comenzó a desmoronarse la resistencia de la india. Cuando al final el caballero le juró solemnemente no abandonarla jamás y llevársela a España en calidad de esposa, la mujer accedió a entregar el secreto de su raza.
Salieron de Huanta mucho antes del amanecer y se fueron cruzando cerros hacia el norte del cajón del Río Turbio, se supone que por los ahora ocupados por la hacienda El Calvario. En aquellas soledades, la india sabía reconocer la senda sin vacilar y marchaba segura de sus pasos. Todavía brillaba el sol cuando llegaron a las labranzas. Desde un seguro escondite pudo ver Osorio cómo los indios extraían el oro de la montaña y allí mismo lo trabajaban a toscos martillazos, sin someterlo a ninguna fundición.
El español quedó deslumbrado y le pareció estar viviendo un sueño fantástico. Pero el tiempo apremiaba y la oscuridad que se les venía encima parecía magnificar los peligros que estaban en acecho. En cuanto lograron burlar la vigilancia de los cuidadores de la mina, la pareja cargó con todos los lingotes que consideró posible transportar y siguió su camino entre los cerros. Subieron y bajaron laderas que parecían multiplicarse al infinito, y cuando ya Osorio se creía para siempre perdido entre aquellos vericuetos cordilleranos, apareció una cinta verde ante sus ojos: era el otro valle, el de Huasco. Entonces la marcha se hizo más aliviada. Bajaron hasta el mar y se embarcaron para La Serena. Osorio se casó con la india y regresó a España con ella y sus lingotes.
b) Osorio llegó en su fuga a un impreciso lugar cordillerano, en las vecindades de las labranzas. Los indios moradores temieron que hubiera sorprendido el secreto de las riquezas y resolvieron darle muerte. La nieta del cacique miró con buenos ojos la arrogante presencia del español y le rogó al abuelo que se lo diera. El hombre le fue entregado, así como puede entregarse un perro o un caballo.
La india era hermosa, suave de modales y se enamoró locamente del oficial. Este se dejó ganar por el afecto ingenuo de la muchacha y aceptó casarse con ella según el rito indígena. De esa manera quedó incorporado a la tribu, aunque no del todo. Había secretos que aún se le ocultaban. No podían olvidar su doble condición de blanco y de conquistador.
Transcurrieron algunos años. Nacieron hijos. Un día, el viejo cacique llamó a Osorio y, guiándolo por entre los cerros, lo condujo hasta un venero de oro. Era un regalo que le hacía por la felicidad dada a su nieta.
Osorio empezó la explotación de su bien y no tardó en quedar extasiado entre los montes de oro puro que extraía. Una vez le dijo a su mujer: “Con esto tendríamos para irnos a España y vivir como príncipes”. Entonces ella tuvo la mala ocurrencia de contestarle: “Esto es un grano de arena al lado del oro destinado al inca”. Se encendió la curiosidad del español y de rodillas suplicó a la esposa que le dejara ver esos tesoros fabulosos.
Ocurría que los indios de los aledaños seguían pagando puntualmente el tributo al inca y este se iba amontonando en un lugar secreto a la espera de nuevos tiempos de esplendor para el imperio quechua.
Largo tiempo rechazó la india los ruegos desesperados de Osorio, hasta que al fin cedió, entre lágrimas y reproches, pues no se le escapaban los peligros mortales que ambos iban a correr. Una noche lo condujo por una quebrada hasta el recóndito lugar donde estaba almacenado el oro, listo para ser conducido sobre llamas a través de la cordillera en cuanto se diera la señal.
Osorio quedó absorto frente a lo que veía. Todas las leyendas de tesoros fabulosos que había escuchado en tierras americanas quedaron empalidecidas por esa soberbia realidad. Jamás hubiera creído que se pudiera mirar de una vez tanta riqueza junta.
No le fue dado al intruso disfrutar durante mucho tiempo de esa visión feérica. Eran muchos los centinelas apostados por la tribu para la custodia y defensa de tamaño bien. Uno de ellos, al percibir ruidos sospechosos, dio la voz de alarma. Entre sollozos la india le pidió al marido que huyera cuanto antes porque ya nada podría salvarlo de la furia de los suyos, ni siquiera la autoridad de su abuelo el cacique. Osorio vacilaba, pues el amor de la esposa y los hijos pesaba harto. Las súplicas de la mujer se hicieron más apremiantes. Comprendiendo, entonces, que ya no había esperanzas de detener los peligros desencadenados por su malhadada curiosidad, el español terminó por ceder y salió a la carrera por entre los cerros en la dirección indicada por su pobre mujer. Veinticuatro horas después estaba en Huanta, a orillas del río Turbio. Bajando por el valle de Elqui, se reunió con los españoles de la costa y les refirió su aventura. Pero nadie volvió a dar jamás con aquel lugar.
Versión de Marta Elena Samatán
EL “ENCANTO” DE TAMAYA
En el cerro de Tamaya, en un palacio oculto a cierta profundidad, en la cumbre, vive una princesa encantada. El encargado de su vigilancia es un gigante que tiene la forma de un potente toro negro.
De repente, el lomo del cerro empieza a iluminar su inmensa giba con una maravillosa fosforescencia. Poco a poco la extraña claridad va cediendo la cima y, entonces, se puede ver a la princesa sentada en su trono áureo, luciendo las joyas más hermosas. El trono resplandece al pie de un naranjo cuyos frutos parecen de oro macizo. El gigante, el toro legendario, recorre una gran cancha, lugar donde el trono se levanta a un extremo. El terrible vigilante observa inquieto y con ojo avizor el predio luminoso entregado a su custodia, dispuesto a clavar en su afilada cornamenta al minero audaz que tuviera la osadía de aventurar sus pasos por ese lugar en los momentos de la manifestación encantada, plena y maravillosa como un milagro.
Hay cierta losa que cubre la entrada a este palacio escondido en la entraña del cerro.
Un minero valeroso pagó con su vida su intento temerario de querer liberar de su encantamiento a la bella princesa, soñada y admirada por todos los mineros.
Versión de Homero Bascuñán
LA DESAPARICIÓN DE LA CIUDAD DE LA SERENA
La primitiva ciudad de La Serena era mucho más hermosa que la actual. Vivía en ella un joven bien parecido, pero pobre, a quien llamaban Juan Soldado, nombre que, en recuerdo suyo, se puso después al cerro cerca del cual aquella ciudad estaba edificada. Juan Soldado se enamoró de la hija única de un cacique riquísimo, que habitaba a tres leguas de la ciudad. Como el cacique era ambicioso, se opuso a que se casara con un pobre. Los enamorados resolvieron huir, para casarse en la iglesia de La Serena, pues la joven era cristiana. Así lo hicieron, y en el momento en que el sacerdote bendecía el matrimonio, gente del pueblo llegó a la iglesia con grande alboroto, diciendo que el cacique, a la cabeza de sus mocetones, se aproximaba a la ciudad, jurando destruirla, después de matar a los enamorados. Nadie sabe lo que pasó, pero lo cierto es que en el momento en que el cacique con sus guerreros pisó los suburbios, la ciudad se desvaneció. Recorrieron el campo donde estaba situada, pero no la encontraron aunque la andaban pisando. En ciertas noches, singularmente los sábados, los que pasan cerca del sitio en que estuvo edificada, oyen música y canciones, y el Viernes Santo la ciudad se hace visible a los que la contemplan desde lejos, pero se borra poco a poco ante los ojos de los que pretenden llegar a ella.
Versión de Julio Vicuña Cifuentes
EL BOSQUE FRAY JORGE
El año 1627 había llegado a las playas de La Serena una balandra tripulada por dos marineros españoles y un inglés llamado Jorge, que había sido tomado a bordo de la embarcación cuando luchaba con las embravecidas olas, después del naufragio que lo condujo a estas playas.
El inglés era católico, y mientras combatía con las olas, sin esperanza de salvación, hizo el propósito de vestir el hábito de la primera religión que al pisar tierra encontrase.
Cuando desembarcó, vio a un lego franciscano, teniendo del cabestro a un asno gordo y rollizo, que hacía recolección de pescados, mariscos y algas.
El inglés Jorge, firme en su propósito, le dijo:
—Hermano, deseo vestir el hábito que usted viste.
El lego lo miró y le respondió:
—Si tal es la vocación de su merced, véngase conmigo y suba en ancas de mi burro.
De esta manera llegó el inglés Jorge al convento de San Francisco y quedó en la comunidad.
Habían pasado seis años desde que el lego habitaba el convento; era un modelo de humildad y mansedumbre. Su fama llegó al extremo de que todos lo creyeran un santo.
Los franciscanos tenían su iglesia sin terminar por falta de madera; no podían proporcionarse las maderas largas para el techo de la iglesia. Los frailes se desesperaban, y esto lo conocía muy bien fray Jorge.
Una mañana se presentó fray Jorge ante su superior, contándole que había estado rogando a Jesús que le ayudara a encontrar una solución para concluir la construcción del templo, y que sintió una especie de sueño y en ese estado escuchó una voz que le decía: “Mañana toma una carreta con bueyes y sigue donde ellos te lleven”. Por este motivo se dirigía al prior y le solicitaba permiso para ausentarse de la Congregación, con una carreta de bueyes.
El prior lo autorizó y una mañana temprano partió sin rumbo, tal lo había escuchado; siguió a los bueyes, los que lo condujeron a un bosque. Fray Jorge cargó la carreta con largos troncos y se regresó a la Congregación ante el estupor de toda la población, a la cual no le cabía duda de que era un santo.
Desde entonces, el bosque lleva el nombre de Fray Jorge, por haber cortado allí las maderas para la iglesia de San Francisco, el beato lego.
Versión de Manuel Concha
LA AÑAÑUCA4
