Globalifóbico - Cesáreo Naranjos - E-Book

Globalifóbico E-Book

Cesáreo Naranjos

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Beschreibung

Narrar la triste realidad de la justicia mexicana, cuesta mucho y arriesgas todo, pues en México, siempre se han violado los derechos humanos de las personas, aquí te presento una de las muchas atrocidades que cometieron los gobiernos, representados por los dos partidos políticos del país, (PRI y PAN). Una verdadera crónica de lo sucedido el 28 de mayo del 2004, en la (ALCUE).

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Seitenzahl: 57

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Dedicado a todos los presos políticos del mundo, los que están o han sido encarcelados injustamente, por tan solo defender la verdad y su derecho.

Eran las dos de la tarde del día 26 de mayo del año 2004.

Estábamos en la ciudad de Monterrey, esa ciudad que a cada verano arde, el sol penetraba cada poro de la piel, las personas que caminaban sin rumbo, se refugiaban bajo la sombra de los pocos árboles que hay en la ciudad.

Karla quedó en llegar a las dos y media, es por eso que ya la esperaba con ganas de poder abrazarla, ella sabía que me iría de viaje y vendría a despedirme.

Bryan llegó antes que ella a la casa de Xandra Xaavedra, donde yo vivía, nos bebimos una cerveza y hablamos un poco, él siempre me estaba insistiendo que no viajara, que me quedara en Monterrey, pero cuándo se es joven, es más fácil tener una mentalidad subversiva y los principios de la rebeldía, me instaban a estar allá, allá donde irían los activistas.

No viajaría solo, conmigo iría Harold, una persona que gracias a su interés en las causas sociales, se convirtió en un amigo en muy corto tiempo, su interés en la política y en las demandas de los ciudadanos, me parecieron muy interesantes y amables de su parte, pues en una ciudad como Monterrey, no hay muchas personas así.

Al llegar Karla, Bryan se despidió y me siguió insistiendo que no viajara. Karla y yo, nos fuimos a comer al “Neuquén”, un restaurante argentino que se encontraba a una cuadra de donde yo vivía, en el Barrio Antiguo de la ciudad.

Ella siempre sonreía, siempre me gustó mucho estar a su lado, me hacía feliz, ella era lo que en ese tiempo necesitaba y nada más, lo era todo, mi inspiración. Al salir del restaurante, nos regresamos a la casa, pues Harold llegaría a las cuatro y media. Ella me acompañó y esperamos juntos, después caminamos los tres hasta la calle Zuazua y Padre Mier, Karla me abrazó con mucho sentimiento, cómo si esa fuera la última vez que nos veríamos.

Harold y yo abordamos un taxi y nos dirigimos al punto de encuentro, donde un autobús esperaría a todos los que esa noche viajaríamos a Guadalajara.

La tarde era calurosa, los policías rondaban al rededor de las calles donde aún esperábamos. No sabíamos cómo es qué se habían enterado, pero ahí estaban, uniformados y vestidos de civil. Poco a poco fueron llegando los jóvenes con quienes viajaríamos, todo era armónico, las sonrisas, los abrazos, el poder escuchar “Me alegra mucho que vengas con nosotros”, vayámonos!

Eran las seis de la tarde cuando abordamos el autobús y nos fuimos, viajaríamos entre doce y trece horas hasta la ciudad sede del evento(ALCUE).

Atravesamos la ciudad tapizada de autos, por las calles, la gente se movilizaba más rápido caminando, que nosotros, dentro del autobús, empezamos a cantar las típicas canciones de protesta, los chistes, la convivencia entre los viajantes, era tan efervescente, nos compartimos la comida, nos organizamos en grupos para las diferentes actividades, planeábamos cómo interactuar con los demás asistentes.

Las risas poco a poco fueron mermando, el sueño fue venciéndonos dejando eco en la vigilia que unos cuantos hacían.

Viajar doce horas en un autobús sencillo no es nada cómodo, pero la atmósfera que allí dentro se vivía, hacía que se te olvidara lo incómodo de los asientos. Al final, todos nos quedamos dormidos unas cuantas horas, a veces, el conductor se paraba en alguna gasolinera, para que pudiéramos ir al baño.

Eran las seis de la mañana del día 27 de mayo del 2004, cuando entramos a los primeros metros del suelo tapatío.

Increíble, ya nos esperaban dos patrullas de la policía, nos preguntaron a dónde nos dirigíamos, nos escoltaron hasta otro municipio, donde ya nos estaban esperando otras dos patrullas llenas de policías armados, ellos no nos abordaron, solo nos escoltaron hasta llegar a la ciudad, por su puesto, ahí nos siguieron otros policías en motocicleta y nos fueron abriendo paso, entre todo ese tráfico que padece la hermosa ciudad de Guadalajara.

En cierta forma se veía interesante cómo las patrullas abrían paso al autobús donde viajábamos y me hacía sentir que era importante y que no pasaba desapercibido en una casi putrefacta urbe a la que le han castrado la imaginación y su interés a defender sus derechos.

Cuando llegamos al punto de encuentro, resultó que nos habíamos equivocado de sitio, que no era en “Las vías”, es así como le llamaban a ese lugar, nos dijeron que el encuentro sería en un parque ubicado en el centro de la ciudad, así que nos dirigimos al lugar acordado y efectivamente, allí ya había muchas Personas acampando, así que descendimos del autobús y buscamos un espacio donde pernoctaría nuestra caravana.

Todos estábamos cansados por las casi quince horas de viaje, así que descansamos un poco mientras desayunábamos, ya eran como las once de mañana cuando inició nuestra primera asamblea de organización, a algunos nos tocó conformar la comisión de seguridad, que consistía en hacer guardia mientras los demás descansaban, para después relevarnos.

Al parecer, los que conformaron la comisión de alimentos, no tenían nada de experiencia en cocinar, la Soja mal cocinada sabía muy mal y pues la verdad, yo no soy vegetariano así que, Harold y yo, decidimos ir a comer algo en un puesto de comida que estaba cerca del campamento.

Al regresar, las comisiones ya se estaban organizando para ir a “rescatar” a unos compañeros, que estaban siendo atacados por la policía, en el campamento asentado en un parque conocido como “Parque Azul”.

Unas cien personas salieron en grupo a su rescate y se las trajeron a nuestro campamento, el cual ya era muy grande.

Era bonito mirar lo que en el campamento pasaba, todo organizado, ni un solo papel se quedaba tirado, la comisión de limpieza y vigilancia, siempre estaban atentos, por su puesto, todos los que ahí estábamos, éramos conscientes del cuidado de nuestro suelo. Había grupos que cantaban, mientras otros preparaban sus pancartas, sus letreros grandes para mostrarlos en la manifestación que se estaba planeando para el otro día, un coro formado por unas seiscientas personas, coreaban al unísono, la canción “Bella Ciao”, mientras finalizaba, otro grupo iniciaba la primera estrofa de la canción “El Pueblo Unido”.

Poco a poco fueron llegando más personas, en su mayoría jóvenes, había gente de diferentes países, se vivía una armonía impresionante, todos alegres, interactuaban para conocerse y hacer nuevas amistades, sobre todo, porque compartían el mismo interés por una sociedad, que cada vez se convertía en más vulnerable y víctimas de los medios de desinformación.