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Este libro tiene como objetivo socializar los resultados de la investigación doctoral (2015-2019) en el territorio de Montes de María (Sucre y Bolívar – Colombia), cuya propuesta central se basa en que la grupalidad curadora de las comunidades les ha permitido, por su propia cuenta y con lo que tienen a su alcance, mantener vivos sus saberes para hacerle frente a los dolores de la guerra. La grupalidad curadora, como alternativa a la perspectiva psicológica moderna/colonial, está estructurada en la multidimensionalidad terapéutica, emancipatoria y cosmológica-espiritual. Para rastrear lo silenciado de los saberes locales, la forma de estudiar la grupalidad curadora se centró en las propias prácticas de cura comunitarias campesinas y afroindígenas. Acercarme a la cotidianidad de las comunidades montemarianas me permitió estudiar un potencial terapéutico como el de la psicoterapia grupal. La inspiración para identificar la grupalidad curadora, en sus prácticas cotidianas, comunitarias y descoloniales, fue el encuentro con los líderes de Asocares, las mujeres campesinas de San Francisco, Medellín, Villa Colombia y los médicos tradicionales palenqueros y zenúes de Montes de María. Fue así como identifiqué tres prácticas de grupalidad curadora: 1) movilizarse como antibiótico para asimilar los dolores de la guerra, 2) cuidar y curar con plantas, y 3) velar las/los muertos. La grupalidad curadora, desde una perspectiva descolonial, problematiza el saber de la cura moderno/colonial y propone un campo de estudio capaz de movilizar la implosión disciplinar, el diálogo interdisciplinar y la apertura transdisciplinar. Se configura en un llamado urgente a la descolonización no solo de la Psicología y las Ciencias Sociales, sino también de las políticas públicas en salud, educación, investigación y reparación. El estudio transdisciplinar de la cura comunitaria implica una postura epistemológica y política, situada en el mundo de la vida.
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Seitenzahl: 288
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Grupalidad curadora.
Prácticas cotidianas, comunitarias y descoloniales
Grupalidad curadora.
Prácticas cotidianas, comunitarias y descoloniales
Liliana Parra-Valencia
Resumen
Este libro tiene como objetivo socializar los resultados de la investigación doctoral (2015-2019) en el territorio de Montes de María (Sucre y Bolívar – Colombia), cuya propuesta central se basa en que la grupalidad curadora de las comunidades les ha permitido, por su propia cuenta y con lo que tienen a su alcance, mantener vivos sus saberes para hacerle frente a los dolores de la guerra. La grupalidad curadora, como alternativa a la perspectiva psicológica moderna/colonial, está estructurada en la multidimensionalidad terapéutica, emancipatoria y cosmológica-espiritual. Para rastrear lo silenciado de los saberes locales, la forma de estudiar la grupalidad curadora se centró en las propias prácticas de cura comunitarias campesinas y afroindígenas. Acercarme a la cotidianidad de las comunidades montemarianas me permitió estudiar un potencial terapéutico como el de la psicoterapia grupal. La inspiración para identificar la grupalidad curadora, en sus prácticas cotidianas, comunitarias y descoloniales, fue el encuentro con los líderes de Asocares, las mujeres campesinas de San Francisco, Medellín, Villa Colombia y los médicos tradicionales palenqueros y zenúes de Montes de María. Fue así como identifiqué tres prácticas de grupalidad curadora: 1) movilizarse como antibiótico para asimilar los dolores de la guerra, 2) cuidar y curar con plantas, y 3) velar las/los muertos. La grupalidad curadora, desde una perspectiva descolonial, problematiza el saber de la cura moderno/colonial y propone un campo de estudio capaz de movilizar la implosión disciplinar, el diálogo interdisciplinar y la apertura transdisciplinar. Se configura en un llamado urgente a la descolonización no solo de la Psicología y las Ciencias Sociales, sino también de las políticas públicas en salud, educación, investigación y reparación. El estudio transdisciplinar de la cura comunitaria implica una postura epistemológica y política, situada en el mundo de la vida.
Palabras clave: afroindígena, cura, colonialidad/descolonialidad, grupalidad, prácticas, saberes.
¿Cómo citar este libro? / How to cite this book?
Parra-Valencia, L. (2023). Grupalidad curadora. Prácticas cotidianas, comunitarias y descoloniales. Ediciones Universidad Cooperativa de Colombia. https://doi.org/10.16925/9789587604108
Abstract
This book aims to socialize the results of the doctoral research in the Montes de María territory (Sucre and Bolívar, Colombia), whose central proposal is that the curator groupality of the communities has allowed them, on their own account and with what they have at their disposal, to keep alive their knowledge to face the pains of war. The curator groupality, as an alternative to the modern/colonial psycological perspective, is structured from the therapeutic, emancipatory and cosmological-spiritual multidimensionality. In order to trace the silence of local knowledge, the way of studying curator groupality focused on the peasant and afro-indigenous community healing practices themselves. Getting closer to the daily life of montemarian communities allowed me to identify a therapeutic potential such as group psychotherapy. The inspiration to study the curator groupality, from its practices of everyday life, communitary and decolonial, was the encounter with leaders of Asocares, peasant women of San Francisco, Medellín, Villa Colombia and the traditional Palenquero and Zenú doctors of the Montes de María. Thus, I identified three curator grupality practices: 1) mobilizing as an antibiotic to assimilate the pains of war, 2) take care and heal with plants, and 3) wakes. The curator groupality from a decolonial perspective, problematizes the knowledge of the modern/colonial cure, and proposes a field of study capable of mobilizing disciplinary implosion, interdisciplinary dialogue and transdisciplinary openness. It is configured in an urgent call for decolonization not only of Psychology and Social Sciences, but also of public policies on health, education, research and reparation. The transdisciplinary study of community healing implies an epistemological and political stance, situated in the world of life.
Keywords: afro-indigenous, cure, coloniality/decoloniality, groupality, practices, knowledge.
Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia
Parra Valencia, Liliana
Grupalidad curadora -- Bogotá : Ediciones Universidad Cooperativa de Colombia, 2023.
216 p. – (Investigación en psicología)
Incluye datos curriculares de la autora. -- Incluye bibliografía. -- Texto en español con resumen en inglés.
ISBN 978-958-760-408-5 (impreso) -- 978-958-760-409-2 (pdf) -- 978-958-760-410-8 (e-pub)
1. Afrodescendientes - Aspectos psicológicos – Investigaciones - América Latina 2. Investigaciones - América Latina 3. Medicina tradicional – Investigaciones - América Latina 4. Etnopsicología – Investigaciones - América Latina 5. Psicología social – Investigaciones - América Latina. I. Título II. Serie
CDD: 155.849608 ed. 23
CO-BoBN– a1092835
Grupalidad curadora. Prácticas cotidianas, comunitarias y descoloniales
© Ediciones Universidad Cooperativa de Colombia, Bogotá, junio de 2023
© Liliana Parra-Valencia
ISBN (impreso): 978-958-760-408-5
ISBN (PDF): 978-958-760-409-2
ISBN (EPUB): 978-958-760-410-8
DOI: https://doi.org/10.16925/9789587604108
Colección Investigación en psicología
Proceso de arbitraje doble ciego
Recepción: 30 de mayo de 2021
Evaluación de contenidos: 14 de octubre de 2021
Corrección: 10 de diciembre de 2021
Aprobación: 1 de febrero de 2022
Fondo Editorial
Especialista en Edición de Libros Científicos, Camilo Moncada Morales
Especialista en Edición de Revistas científicas, Andrés Felipe Andrade Cañón
Especialista en Gestión Editorial, Daniel Urquijo Molina
Analista Editorial, Claudia Carolina Caicedo Baquero
Proceso editorial
Corrección de estilo y lectura de pruebas, María Elvira Mejía
Diseño y diagramación, María Paula Berón
Fotografía de portada, Archivo PsicoPaz
Impresión por demanda.
Impreso en Bogotá, Colombia. Depósito legal según el Decreto 460 de 1995
Nota legal
Todos los derechos reservados. Ninguna porción de este libro podrá ser reproducida, almacenada en algún sistema de recuperación o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio –mecánicos, fotocopias, grabación y otro–, excepto por citas breves en publicaciones científicas, sin la autorización previa y por escrito del Comité Editorial Institucional de la Universidad Cooperativa de Colombia.
Contenido
Prólogo
Introducción. La cura comunitaria
1. Capítulo. Perspectivas psicológicas modernas/coloniales
2 capítulo. La dimensión psíquica grupal
Sobre la grupalidad psicoanalítica
Corrientes de la grupalidad psicoanalítica
3 Capítulo. Grupalidad curadora. Alternativa cotidiana, comunitaria y descolonial para los dolores de la guerra
Multidimensionalidad de la grupalidad curadora
Prácticas de grupalidad curadora
4. Capítulo. Movilizarse como “antibiótico”
La organización comunitaria. Un espacio transicional
Apoyo mutuo, emancipación y transformación comunitarias
5. Capítulo. Cuidar y curar con plantas
Resistir y transformar desde la huerta
Mujeres y huertas: los primeros auxilios comunitarios
Plantas y emancipación: transformar el dolor desde la huerta
Plantas y oraciones para curar
6. Capítulo. Velar las/los muertos
“La presencia de uno anima al dolido”
“Trabajamos cantando”: deidades, rezos y plantas
Mujeres mediadoras ontológicas entre la vida y la muerte
Resistencia y emancipación para sentirse “dueños de sí mismos”
Vivos y muertos acompañan. Cura, más allá y espíritus
7. Capítulo. Ampollas y sapos auxilian la cura
Acompañamiento psicosocial y grupalidad curadora en la Clínica PsicoSocial
Para descolonizar las políticas públicas
La grupalidad curadora: un diálogo abierto
Conclusiones finales
Referencias
Autora
Liliana Parra-Valencia
Participantes
A las abuelas y abuelos en su fuerza, resistencia e infinita sabiduría.
A las mujeres de mi familia, en especial a Martha, María José, Ligia e Inés.
Prólogo
Un saber milenario, fue renovada en el siglo xix como ciencia empírica, desde este segundo comienzo la Psicología se debate en crisis de identidad -- plagada de dudas. Acerca de su adecuación o desvinculación relativa de un ideario científico; históricamente forjado por el éxito de otros campos de saber. Más recientemente, se ha visto presionada por el desacuerdo entre la representación de sí que se proporciona proporciona. Y motivada por el deseo de sanar sufrimientos, resolver conflictos y contribuir al bien-estar humano. Con fuertes indicadores de que su ejercicio profesional y científico pueda proporcionar exactamente lo contrario.
En particular, la psicología llamada social (como si las demás no lo fueran), aún más acentuada en su vertiente latinoamericana, aprecia presentarse como eminentemente crítica y dotada, si no de mucho rigor científico, de agudo sentido ético, con fuerte sentido del compromiso político, a contracorriente de las estructuras políticas y las matrices culturales modernas y coloniales que la financian, que son su cuna y le dan cobijo. Sin embargo, a esta supuesta superioridad moral, a menudo, se oponen no solo las voces disidentes, sino también la evidencia de que las cosas pueden no ser de esa forma. A pesar de sus mejores intenciones, el supuesto beneficio para la humanidad que se derivaría de la producción científica en psicología, con creciente insistencia, ha sido denunciado como exactamente lo opuesto: el conocimiento psicológico se alinea con prácticas de silenciamiento de objeciones, de asimilación étnica y epistémica, de represión y adaptación de las disidencias internas a una sociedad y de supresión de la diversidad cultural.
No es nuevo que esta situación haya agudizado el malestar entre profesionales e investigadores que se dicen críticos y alineados al compromiso con el buen-vivir y el bien-estar de la mayoría de las personas y defensores de la antropodiversidad. Las prácticas psicológicas y, sobre todo, sus metodologías y estrategias de investigación científica se ven confrontadas no solo por sus hechos, sino también por lo que dejan “pasar en blanco” e inadvertidamente, además de las afirmaciones y las explicaciones bien intencionadas. Asimismo, con las denuncias de situarse al servicio de la segregación, la exclusión, la agresión, el encarcelamiento conceptual y psicodiagnóstico e, incluso, por la pura y simple explotación del hombre por el hombre.
La construcción de una psicología efectivamente plural, antidiscriminatoria, beneficiosa para sus usuarios, que honre la memoria de los ancestros y se establezca como un frondoso camino para un devenir pujante de las generaciones futuras, es un trabajo arduo, intenso y, en cierto modo, continuo, que no depende (únicamente) de la orientación subjetiva y de la voluntad autodeclarada de las psicólogos y los psicólogos. Esas buenas intenciones pueden tropezar con construcciones teóricas que producen realidades y relaciones de poder deletéreas; muchas veces sin la comprensión de los profesionales que incautamente las operan.
No casualmente, las poblaciones cultural y étnicamente diversas o mestizas, al ingresar a la universidad y tener que dejar en la puerta sus vivencias y saberes, sienten un profundo mal-estar y conflicto. Y se dan cuenta de que, en el ámbito académico de la psicología, el mundo que habitan y de donde provienen, y particularmente la cultura etnopsicológica que les es propia, son implícitamente negados, desestimados, reducidos a creencias o supersticiones. Y, en el límite, asimilados a desórdenes, enfermedades, ignorancia o ilusión. En este contexto, hacer y producir conocimiento psicológico se convierte en un acto de guerra contra la alteridad y la psicología se convierte en una sutil pero poderosa arma de alienación y colonización.
En contrapartida, cada vez más se hacen oír esfuerzos y ensayos para resolver el dilema al que se enfrentan los psicólogos, como es el caso del presente libro, que tuvo su origen en una tesis doctoral y el cual enfrenta este desafío desde varios frentes.
Preliminarmente, tomando en serio que el “objeto” de la psicología no es una cosa inerte ni políticamente neutral. La vida anímica activa de las personas y comunidades, y su presupuesto abstracto en forma de “comportamiento”, en cuanto objeto de estudio científico, no se comporta tan pasivamente como sus contrapartes en las llamadas ciencias naturales, incluso, cuando está aislado y silenciado por “procedimientos metodológicos”. Es imprescindible prestar atención y escuchar el sentido de sus acciones, y para eso, el segundo paso, es subvertir la estructura piramidal de relaciones de poder y privilegios epistémicos de la ciencia psicológica y sus representantes, de modo que los dispositivos de curación y la producción de conocimiento por parte de los grupos estudiados sean realmente tomados en serio.
En el caso del presente estudio, los interlocutores son comunidades sometidas a prolongados y reiterados procesos de violencia, cuya experticia es reconocida como manantial de recursos psicoterapéuticos, independientemente de una validación académica previa que los legitime. De esta manera, el libro se inscribe en una tradición crítica de los modos habituales y coloniales de producir conocimiento en psicología. Puede considerarse un estudio etnopsicológico, aunque la autora no utilice el término, al privilegiar la narración y la voz de los interlocutores y el interés por escuchar los modos no académicos de producir saber y cuidado psicológico.
El problema específico abordado es una alternativa a la intervención psicológica tradicional en contextos de crisis, duelo y guerra, mediante el rescate, a través de la investigación de campo, de los modos de cuidado desarrollados y cultivados por los vivientes y sobrevivientes de estos conflictos. No se trata de revisar y proponer nuevas formas de intervención psicológica grupal, orientadas a estas poblaciones, sino de rescatar cómo los propios grupos promueven amparo, resiliencia y cura de los males que los asedian de modo permanente.
Para dar cuenta del problema propuesto, ofrece una fina revisión de lo mejor que se ha producido en la tradición psicológica para tratar los fenómenos grupales, así como su crítica, cuando lo amerita. En definitiva, en este caso como en otros, el intercambio acaba teniendo un efecto de innovación y renovación conceptual y epistémica, lo que es ampliamente demostrado por la valiosa revisión de la psicología de grupo y, en especial, del estrato psicoanalítico —el psicoanálisis es uno de las más antiguos y sofisticados abordajes psicológicos, también uno de los más críticos y criticados, y no solo en lo que se refiere al grupo—. Este se enriquece con esta investigación de prácticas y procedimientos grupales de las comunidades participantes, las cuales, en su conjunto, este estudio sitúa y concibe como la grupalidad curadora, definida como “una propuesta descolonial que amplía y abre las disciplinas psi, que escucha y dialoga con saberes silenciados por el talante moderno y colonial”. A través de una extensa e intensa inmersión en la investigación de campo, la autora rescata tres manifestaciones de lo que denomina grupalidad curadora: movilizarse como antibiótico para asimilar los dolores de la guerra, cuidar y curar con plantas y velar los muertos.
La primera es especificada como la grupalidad curadora de la asociación y se configuraría como un espacio de transición compartido. La relevancia de la movilización y participación política son cruciales en el contexto del afrontamiento del sufrimiento psíquico; en particular, cuando están en la agenda prejuicios y discriminaciones que afectan a las personas y que van mucho más allá de la interioridad psíquica. Es un consenso consolidado por la mejor literatura y tradición científica crítica al respecto, aunque tardía en ser reconocida y aceptada por las concepciones psicológicas hegemónicas, que por regla general persisten en escindir la esfera pública y la vida social de lo psicológico propiamente dicho, y suponer un divorcio entre lo psíquico y lo político.
En cuanto al segundo punto, el énfasis está en curar con plantas, aunque en un contexto amerindio o afroamerindio tiene sentido también al revés, plantas que curan. Mientras que la psicología moderna y colonial, dada su adhesión a los mitos antropocéntricos provenientes del Medio Oriente, sobrevalora y restringe la agencia a lo humano, tributaria de la estigmatización de concepciones diversas con la mancha del animismo, son cada vez mayores las evidencias de que en otras partes del mundo y en otros modos de vivir, se multiplican las entidades y seres sensibles reconocibles como dotados de agencia y, por lo tanto, sujetos psicológicos por derecho propio. En nuestro continente, esto es particularmente evidente en el caso de las plantas y quizás en ello reside una contribución amerindia fundamental para la interfaz entre la etnopsicología y la etnobotánica. Dado que, específicamente en lo que se refiere a la cura con plantas, existen evidencias de que buena parte de las especies más utilizadas provienen de Europa y el Mediterráneo. Las alianzas establecidas por una misma historia y opresión común entre las poblaciones originarias y africanas esclavizadas, trasladadas a nuestro continente, lograron también sabiamente incluir la participación femenina y popular de las mujeres europeas de estratos populares: “brujas” y herejes, quienes, aunque blancas, en esa condición vinieron aquí desterradas. Muchas plantas en uso hoy en día en la farmacopea popular, o más específicamente los conocimientos relacionados con su uso, llegaron con ellas.
Recientes investigaciones etnopsicológicas, articuladas con la etnobotánica y la etnofarmacología, han destacado que buena parte de los remedios fitoterapéuticos de uso tradicional, al menos en Brasil, provienen de una farmacopea europea y mediterránea. Este resultado pone de manifiesto la necesidad de prestar atención a la represión en todas las instancias, incluso, en la homologación de los blancos al polo de las élites; cuando aún hoy en Europa, en general, y en la Península Ibérica, en particular, se dan enfrentamientos entre la religión oficial de los sacerdotes y lo que podría llamarse una religión popular anterior, practicada principalmente aunque no exclusivamente por mujeres, y que se remonta a tiempos inmemoriales anteriores a la ocupación del territorio por el patriarcalismo monoteísta. Este ejemplo muestra cómo el uso simplista e irreflexivo de una categoría simple como “blanco” y “colonizador” —que de ninguna manera es el caso en este libro—, incluso en un contexto crítico, puede reprimir y producir daños colaterales a la intención. En este ejemplo se resuelve semánticamente el borramiento de estas mujeres y de sus compañeros “hechiceros” y su resistencia aliada a las plantas, algo que, en muchos cientos de años y hasta hoy, los patriarcas de las doctrinas oficiales y sus santos oficios en realidad no consiguieron de hecho cumplir. Los mismos que “bem disseram” (ben-dicieron) la empresa colonial no pueden salir victoriosos vicariamente y dejar pasar desapercibida la resistencia que todavía continúa en Europa hasta el día de hoy, aunque se pierde la memoria de sus primeras víctimas.
Finalmente, el tercer punto considerado en la grupalidad curadora, velar los muertos, tal como se enuncia, se centra en lo observable del ritual funerario, que incluye relatos de un acompañamiento de los muertos en otra dimensión. Por lo tanto, no se descuida la perspectiva del muerto, aunque la narrativa y las voces consideradas sean principalmente las de los vivos enlutados. Además, los medios para hacer el camino de rescate de su participación están claramente indicados, mediados por cosmologías y rituales que deben ser tomados en serio bajo pena de epistemicidio. De hecho, los muertos son interlocutores y ocupan un lugar fundamental en muchas etnopsicologías de nuestro continente, en particular, pero no exclusivamente, en aquellas marcadamente tributarias de matrices africanas.
Mundos distintos al occidental y cristiano, así autodenominado, tienen una profunda dificultad para ser admitidos en el club de la cientificidad de la psicología. Por el contrario y como lo requiere un abordaje etnopsicológico, con fines de diálogo y comparación que posibiliten una mediación intelectual, tanto para comprender mejor los procesos psicológicos involucrados, como para servir de puente que permita la circulación de métodos y concepciones nativas en el ámbito académico, los análisis de este libro se anclan en algunas de las producciones más críticas y sofisticadas de la psicología académica, que sirven de baluarte y referencia.
Siempre es loable el esfuerzo de ir al encuentro del otro, sus saberes y prácticas etnopsicológicas, sin sesgos de tutela ni de historia clínica, sin arraigadas concepciones para ser aplicadas a sujetos tratados como objetos inertes. Como es precisamente el caso de este libro.
Ciertamente, no es casual que tal aporte provenga de Colombia, un país cuyo nombre es un abrumador tributo a la colonialidad, atravesado por décadas de guerra, pero cuya diversidad geográfica y humana es notable; un verdadero y rico ensayo a gran escala sobre cómo los mestizajes y los hibridismos epistémicos y terapéuticos pueden promover el afrontamiento de enfermedades y miserias sociales y epistémicas comunes al continente y frecuentemente a toda la humanidad, puede ayudarlos a comprender mejor procesos similares en curso en otras áreas, incluido Brasil.
La obra comprende una amplia revisión y abundantes referencias críticas, algunas utilizadas en el trabajo y otras señaladas como referentes e intenciones futuras, lo cual demuestra que no se cierra en sí misma, por el contrario, forma parte de un programa de investigación abierto y en curso. Su criterio de selección deja en claro cómo se describe parcialmente a las comunidades campesinas cuando no se especifican los acentos étnicos y la cuestión de género. La propia autora se identifica como mujer mestiza, por lo que el libro también es sinceramente personal, como debe ser.
Miguel Bairrão
Faculdade de Filosofia, Ciências e Letras de Ribeirão Preto
Universidade São Paulo
Introducción. La cura comunitaria
En el corazón de los Montes de María (Ovejas - Sucre), entramos al caney de la Asociación de Campesinos Retornados (Asocares), de techo de palma amarga y con un hermoso diseño bien tejido. Allí, nos aguarda un amplio grupo de campesinos sentados en círculo, integrantes de la Asociación. La actitud y la atmósfera están dispuestas para escuchar y atender a quien habla. En ese momento y con ese ambiente cálido y de trabajo, fue inevitable recordar los grupos terapéuticos y la noción de setting del encuadre psicoanalítico de Donald Winnicott (citado en Bleichmar y Leiberman, 1997), en el sentido de aquella cualidad emocional del contacto que inspira confianza y tiene efecto curativo. Allí conocí a Asocares, creada justo 10 años antes, en marzo del 2004, como una iniciativa de las propias comunidades campesinas en situación de desplazamiento forzado; condición que motivó a treinta familias a unirse en una tarea compartida, crear la Asociación y emprender el retorno a su territorio en ese mismo año.
Asocares es heredera del movimiento campesino para la recuperación de tierras comunales, de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc1, línea Sincelejo), de la década del sesenta; es un hito de emancipación que está en la memoria de Améfrica Ladina. En ese marco, las comunidades campesinas, coautoras de la investigación, de las veredas Villa Colombia, San Francisco y Medellín, fueron reconocidas por el Estado como propietarias de estas tierras.
El desplazamiento forzado fragmentó a las familias que tuvieron que ir de un lugar a otro. Muchos de sus integrantes se vieron obligados a estar de tránsito por largos periodos, en otras veredas o municipios como Ovejas y El Carmen de Bolívar, ciudades capitales como Barranquilla, Cartagena y Bogotá, e incluso salir del país hacia Venezuela. En aquella visita de marzo del 2014, tuve el primer contacto con los líderes campesinos de Asocares, quienes se mostraron preocupados por ellos y sus familias, pues aún requerían atender la experiencia emocional de la guerra. En ese momento, los líderes contaron cómo estaban alertas todo el tiempo y experimentaban zozobra y miedo constantes, silencio y desconfianza hasta de las/los propios vecinos. Sumado a esto, dificultades de concentración y alteraciones del sueño, que era incluso ligero y, en ocasiones, con un despertar exaltado. Recordaban que el daño fue de una gran proporción, por no hablar de los efectos en la “intimidad” y en las relaciones de pareja. Asimismo, rescataban el papel de las mujeres —quienes no estaban presentes en la reunión en ese momento—, pues ellas eran quienes permanecían en las casas con las y los niños cuando los hombres debían meterse al monte, en las noches, para evitar que los grupos armados se los llevaran. “Ellas también daban consejo”, dicen. Señalaban, además, que la defensa del territorio es otro elemento que los mantiene unidos. Los líderes y las comunidades no esperan a que el Estado venga y les resuelva las problemáticas, sino que buscan las soluciones por sí mismos/mismas y de manera conjunta, como en el caso de la ausencia de agua en las veredas, el desabastecimiento de los jagüeyes y las sequías prolongadas en el territorio. Los líderes campesinos también se refieren a la importancia de una psicóloga, para ayudar a abordar los dolores de la guerra, como se escuchó decir a uno de los líderes campesinos en uno de los encuentros en el caney de Asocares.
En el contexto de la reparación estatal, a cargo de la Unidad de Atención y Reparación Integral de las Víctimas (Uariv), en el 2013, los líderes campesinos movilizaron la demanda de reparación no solo para Asocares, sino también para seis comunidades del municipio de Ovejas (Villa Colombia, San Francisco, Medellín, Borrachera, El Palmar y La Coquera); con el fin de que fueran reconocidas por el Estado colombiano como sujetos de reparación colectiva, amparados en el artículo 151 de la Ley 1448 del 2011 (Congreso de la República, 2011), conocida como la Ley de tierras y víctimas.
En Colombia, todavía se cree en las leyes y la justicia, a pesar de los manejos fraudulentos e interesados, como lo recuerda Julieta Lemaitre (2009), en su texto El derecho como conjuro. Pero, hasta ahora, el plan de reparación colectiva no ha sido implementado en su totalidad en las seis comunidades, por el contrario, se agudiza el grave problema de la falta de agua y la pobreza es una constánte. Con el agravante de las lógicas capitalistas de la agroindustria en el Caribe —con la siembra de monocultivos no nativos de palma aceitera y teca—, que contribuyen al calentamiento de la región costera2. Sumado a esto, la persecución de defensoras y defensores de derechos, la judicialización de la protesta, el proselitismo político y la presencia de la estructura paramilitar.
En otra publicación (Parra-Valencia, 2022), planteé como un problema grave para el trabajo psicosocial la tendencia de las perspectivaspsicológicas modernas y coloniales a reproducir lo que denominé el silenciamiento epistémico moderno/colonial de los saberes locales, campesinos y afroindígenas. Desde una mirada crítica y amorosa, interpelé este silenciamiento de los saberes otros, no solo de las ciencias sociales en la emergencia en la Universidad europea, sino también de las disciplinas psicológicas a finales del siglo xix. Propuse un acercamiento al territorio montemariano y la resistencia de sus comunidades campesinas desde y a través del recuento sociohistórico en ocho hitos, de interés para el estudio de la cura en comunidad. También expuse mi postura y las inspiraciones epistemológicas de la investigación, la metodología en espiral, el modo en el que el diálogo interdisciplinar, desde perspectivas críticas latinoamericanas, caribeñas y descoloniales,, y el trabajo de campo interrogaron mi formación psicológica y me abrieron a la transdisciplinariedad.
El diálogo interdisciplinar así como el afortunado encuentro con las comunidades campesinas y afroindígenas de Montes de María me permitieron plantear lo que denomino grupalidad curadora, como base de mi propuesta ante la problemática del silenciamiento epistémico moderno/colonial. En el territorio montemariano, encontré otras formas posibles de cura que no había advertido, las cuales me dejaron con gran inquietud e interés, y me llevaron a desear el acercamiento a Asocares y a las comunidades Villa Colombia, San Francisco, Medellín, San Basilio de Palenque y al resguardo indígena Monroy. Todas ellas copartícipes copartícipes de la investigación y del trabajo de campo de 8 años, que continúa en la actualidad, en el marco de otros proyectos internacionales. De la mano de las comunidades campesinas, me propuse como objetivo de investigación estudiar la cura en la comunidad en contextos de guerra, violencia política y reparación, desde las ciencias sociales y humanas, y la transdisciplinariedad.
Me interesa el estudio de la dimensión psíquica grupal, aquella a partir de la cual se estructura el psiquismo humano. Las disciplinas psi3 (Rose, 1996) han privilegiado el estudio del individuo, con algunas excepciones, como en el caso del psicoanálisis grupal; las corrientes comunitaria, crítica, de la liberación y psicoanalítica de la psicología social latinoamericana; la psicología política, así como los enfoques posestructuralistas, la etnopsicología y el etnopsicoanálisis, y otras perspectivas psi contrahegemónicas que dialogan con el pensamiento feminista, descolonial/contracolonial/anticolonial, afroindígena.
Mi apuesta es por el potencial de transformación colectiva, pues estoy convencida de que el grupo lo llevamos dentro, como lo sostienen los desarrollos de la grupalidad psicoanalítica, en sus corrientes latinoamericana, inglesa y francesa. Esta idea es heredera del psicoanálisis grupal que introdujeron en Argentina y Latinoamérica Enrique Pichon-Rivière; la psicoterapia grupal psicoanalítica de León Grinberg, Marie Langer y Emilio Rodrigué (1974); y la teoría de las relaciones objetales, la teoría del vínculo y del apego, y el psicoanálisis de pequeños grupos; corrientes en las que me formé. El mismo Sigmund Freud ([1929] 1976) reconoció que la estructuración psíquica de los individuos se origina en el vínculo con las y los otros; es decir, que a la psicología individual le antecede una psicología social, como afirma en Psicología de las masas y análisis del yo, así como en otros textos sociales de su obra.
El punto de partida de la investigación se refiere a que, a pesar de los intentos por silenciar los saberes otros, no modernos y no europeos, los saberes curadores de las comunidades continúan vivos en el territorio y presentes en prácticas cotidianas. Es decir, las comunidades articulan por sí mismas maneras creativas para curar los dolores de la guerra; mientras el Estado responde a su obligación de reparación y diseñar estrategias psicosociales, y la Universidad, por su parte, capacita en cátedras de paz e intervención psicosocial, campo en el que ya muchas y muchos colegas se dicen “expertos”. Estimo que este potencial de la cura comunitaria no se puede dejar pasar por alto y es a lo que le dediqué el trabajo de investigación doctoral (2015-2019).
La construcción teórica de la cura comunitaria fue posible en la articulación conceptual crítica y descolonial, con la experiencia de campo durante cinco años, con comunidades de Montes de María. Este encuentro me permitió pensar una propuesta epistemológica y metodológica que animó la investigación participativa de las prácticas de cura, en el territorio. El estudio de la grupalidad curadora se apuntala en el tránsito epistemológico desde la intradisciplinariedad hacia la transdisciplinariedad, inspirada en la idea, según la cual ningún problema social o humano puede resolverse desde una sola disciplina (Remolina, 2012). Se manifiesta en el compromiso y la relación entre conocimiento y experiencia, así como en otras formas de conocer, en la construcción conjunta de conocimiento. El enfoque participativo y la metodología cualitativa siguen las estrategias documental, discursiva y expresiva. La naturaleza del estudio de la grupalidad curadora hizo necesaria la construcción de una forma particular de proceder; doy cuenta de ello en la espiral metodológica y con los ires y venires, movimientos y giros del proceso de investigación; a estos ítems, en particular, dedico otra publicación.
Con las comunidades me di cuenta de que las disciplinas psi modernas/coloniales se quedan cortas al considerar lo que cura. El encuentro con ellas en su territorio me permitió advertir una capacidad para tramitar la experiencia emocional que denominé la grupalidad curadora, definida como la capacidad de ciertos grupos y comunidades que emerge en contextos de guerra para tramitar su experiencia emocional, frente a diferentes situaciones familiares, sociopolíticas, históricas y espiritual-ancestrales. Aquella grupalidad que, en Montes de María, tiene raíces en conocimientos campesinos, afrodiaspóricos e indígenas.
La propuesta central de esta investigación se refiere a que la grupalidad curadora de las comunidades les ha permitido, por su propia cuenta y con lo que tienen a su alcance, mantener vivos sus saberes para hacerles frente a los dolores de la guerra. Asumo que, de esta forma, las comunidades enfrentan la situación, incluso ante la finalización del mandato de la normativa de reparación del Estado (2011-2021) , la cual tuvo que ser prorrogada por 10 años más con la Ley 2078 de 2021, y en medio del declive de los Acuerdos de Paz.
Para rastrear lo silenciado de los saberes otros, la forma de estudiar la grupalidad curadora se centró en las prácticas campesinas y afroindígenas. Acercarme a la cotidianidad de las comunidades montemarianas me permitió identificar un potencial terapéutico como el de la psicoterapia grupal. La inspiración para estudiar la grupalidad curadora en sus prácticas cotidianas, comunitarias y descoloniales fue el encuentro con Asocares, las mujeres campesinas de San Francisco, Medellín, Villa Colombia y los médicos tradicionales4 palenqueros y zenú del territorio de Montes de María. Con ellas y ellos, identifiqué tres prácticas degrupalidad curadora: 1) movilizarse como antibiótico para asimilar los dolores de la guerra, 2) cuidar y curar con plantas y 3) velar las/los muertos.
Como veremos a lo largo del libro, la grupalidad curadora, como alternativa a las perspectivas psicológicas modernas/coloniales ante los dolores de la guerra, está estructurada en la multidimensionalidad terapéutica, emancipatoria y cosmológica-espiritual. Enfatizo que fue posible llegar a esta última dimensión cosmológica-espiritual, de la grupalidad curadora, gracias a la sensibilidad y mi acercamiento a las prácticas afroindígenas, en particular, a los rituales fúnebres. En el texto, entiendo lo afroindígena5 como noción que remite a un proceso en continuo cambio que, en lo teórico, se mueve entre la oposición y la identificación (Goldman, 2014); también, a un modo particular de articular diferencias, que no delimita lo afro o lo indígena, y ubica en el centro la agencia de afrodescendientes e indígenas (Goldman, 2017).
La forma de escritura, consecuente con la apuesta epistemológica, privilegia la voz de las mujeres campesinas, las niñas, niños, líderes campesinos y médicos tradicionales del territorio de Montes de María, quienes participaron en la investigación y fueron mi principal fuente de inspiración. Los últimos tres capítulos los encabezan, en particular, las voces de las y los actores campesinos, palenqueros e indígenas. Mi narración es el hilo conductor que orquesta la polifonía de voces, para la academia.
Me interesa advertir la capacidad de agencia y de resistencia de las comunidades campesinas montemarianas. Esta intención me llevó a hablar a su ritmo, a privilegiar su experiencia y su punto de vista en los análisis. De modo que, la temporalidad de las comunidades y los momentos en los que está estructurado el texto siguen las narraciones de las campesinas y los campesinos. Los relatos de viva voz de la comunidad están indicados con el tipo de letra Courier New. Incluir la palabra de las comunidades campesinas, coautoras de la investigación, a través de la cita literal, no puede leerse como falta de elaboración, sino como un recurso del estilo de escritura y de la narrativa como género de inspiración literaria. De esta manera, hilar a lo largo del texto las voces de las comunidades con la voz de la literatura académica y de la propia investigadora; esto, con la intención de no silenciarlas, como históricamente ha sucedido, y para dar cuenta de la construcción coparticipativa del conocimiento, que está presente en estas voces campesinas y afroindígenas en el texto académico. Más aún, en la construcción epistemológica, esta apuesta escritural la construí, de forma paralela, a lo largo de estos años de visitar a las comunidades y el territorio de Montes de María; pues, con sus palabras también escribí este libro.
En momentos espontáneos del texto traigo el lenguaje cinematográfico a la investigación. Con la colaboración de Martha Ligia Parra —crítica de cine colombiana, formada con Luis Alberto Álvarez, docente y quien publica en prensa desde hace más de 35 años de manera ininterrumpida—, a partir de las apreciaciones que la lectura de la investigación doctoral le generó. Su aporte se sintoniza con la inclusión de otras artes para sanar, entre las cuales no podía faltar el séptimo arte que integra las demás; y que Martha Ligia hizo posible. Otra voz con la que también dialogo es la de algunas referencias de Brasil, centro espiritual por excelencia, en particular, con las religiones de matriz afrobrasileras.
Para los capítulos sobre las prácticas degrupalidad curadora, en algunos apartes, propongo el uso de la narrativa, como herramienta literaria, que articula múltiples fuentes de lo cotidiano a la investigación (Galindo, et al., 2014). Diferente al relato etnográfico y desde una primera experiencia en el género, para hacer culto a la historia oral de las comunidades, como los llamados culebreros y contadores de cuentos. Este ejercicio narrativo se crea a partir de los relatos de cuatro personajes ficcionales6, que no necesariamente corresponden a una persona particular de la vida real, sino a muchas al mismo tiempo, aunque sus voces sí están inspiradas en relatos y anécdotas que conocí en las visitas de campo en el territorio de Montes de María7, a partir de las múltiples historias de quienes participaron de la producción de conocimiento en esta investigación.
Los personajes de las narrativas hablan en primera persona y su voz se indica con el tipo de letra Segoe Print. Estos cuatro personajes de las narrativas
