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Gustav Klimt, maestro del modernismo vienés, es considerado una figura emblemática en el mundo del arte, con obras tan conocidas como
El beso,
Dánae o
Palas Atenea. Sus cuadros, con una carga erótica que no pasa desapercibida en la época, están plagados de elementos eróticos y sensuales, con el cuerpo femenino como tema central, y suscitan una gran polémica en la sociedad todavía conservadora de la época.
En tan solo 50 minutos te invitamos a descubrir:
• La vida y obra de Gustav Klimt, un pintor academicista que, con el paso del tiempo, evoluciona hasta desarrollar un arte simbólico inscrito en la corriente del modernismo
• Una Viena en plena transformación social, en la que Klimt expone unos cuadros cargados de erotismo que no siempre serán bien acogidos por la sociedad austriaca
• Las características de algunas de las obras más importantes de Klimt, como
El beso,
Palas Atenea o
Dánae, innovadoras en el tratamiento de los temas y en el uso de materiales nuevos
SOBRE 50MINUTOS.ES | Arte y literatura
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Seitenzahl: 31
Veröffentlichungsjahr: 2017
Gustav Klimt es uno de los miembros más importantes del modernismo que se desarrolla en Viena poco antes de 1900. Este movimiento, al que se denomina la Secesión vienesa en Austria, es el punto de inicio de una auténtica ola de cambio artístico en el país. Así, se considera que Klimt es un artista adelantado a su época.
Al principio de su carrera, se le conoce por sus decoraciones murales neoclásicas, pero rápidamente se aleja del estilo académico con el que alcanza su éxito para fundar junto a otros la Secesión vienesa. Sus obras incluyen pinturas sobre lienzo, frescos murales, dibujos y otros objetos de arte. Pero no solo se ciñe a esto, puesto que también es decorador, pintor de cartones para tapices y de cartones para mosaicos, ceramista y litógrafo. En sus obras, Gustav Klimt integra elementos sensuales y exóticos y toma como tema principal el cuerpo femenino, al que imprime un erotismo evidente. Su producción artística, innovadora y moderna, presenta toda una galería de personajes, de temas alegóricos, de desnudos, de retratos y de paisajes.
No obstante, el simbolismo sexual y la carga erótica de sus composiciones van más lejos de lo que la burguesía vienesa está dispuesta a aceptar, incluso si están presentadas en forma alegórica. Gustav Klimt, que se erige como el jefe de filas de la modernidad austriaca, choca a los conservadores, lo que genera fuertes polémicas, y recibe la admiración de una nueva generación de artistas de vanguardia. Su fama es tal que, actualmente, la mayoría de sus obras están consideradas piezas clave de la historia del arte.
El trabajo de Gustav Klimt se ve profundamente marcado por la efervescencia de la ciudad en la que vive: Viena. A principios del siglo XX, esta rivaliza con las grandes metrópolis europeas como París, Bruselas y Londres. En efecto, desde un punto de vista económico y demográfico, la capital austrohúngara no deja de crecer, influida por una expansión urbanística y por la inmigración. En 1900, está habitada por dos millones de personas y se encuentra dentro de un Imperio en el que viven cincuenta.
Entonces, el país está en manos del emperador Francisco José I (1830-1916), que reina de 1848 a 1916. Este último moderniza y centraliza la administración austriaca en Viena, que se encuentra en el corazón del Imperio. Al mismo tiempo, ordena que se destruyan las murallas de la ciudad, reduce los derechos de aduana, unifica la fiscalidad, contribuye a la creación de la Universidad de Viena y lleva a cabo otras acciones para situar a la ciudad como el centro económico, artístico y científico del país.
Esta transformación va de la mano con una evolución de las costumbres y de la sociedad vienesa. Muchos inmigrantes que llegan desde todo el Imperio y desde más allá de sus fronteras se instalan en esta metrópoli cosmopolita donde se mezclan pueblos con religiones y con tradiciones diferentes. Este mestizaje cultural contribuye al surgimiento de nuevas capas sociales y nacen los primeros sindicatos y partidos políticos. El emperador Francisco José I, animado por su pueblo, instaura el sufragio universal, aunque se oponga a él por principios. La burguesía creciente, que se convierte en una pieza imprescindible en el ámbito económico, impone su presencia a la aristocracia y desestabiliza a la monarquía.
