Hacedor de sentido - José Luis de Leonardo - E-Book

Hacedor de sentido E-Book

José Luis de Leonardo

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Beschreibung

Lorién es un joven que vive en el total sin-sentido de la vida en una pequeña y aislada localidad de España. Durante su primer año de universidad conoce a un especial profesor, quien le encomienda una misión para preservar el mas importante y mejor guardado patrimonio de la humanidad: "Las cuatro Disciplinas de acceso a Lo Profundo".

A partir de ese momento comienza su enfrentamiento a los dueños del mundo, quienes quieren apropiarse de las Disciplinas para seguir controlando nuestras conciencias y evitar que el ser humano, como especie, pueda dar el salto cualitativo que necesita para resolver esta crisis de la civilización.

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Veröffentlichungsjahr: 2017

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Lorién es un joven que vive en el total sin-sentido de la vida en una pequeña y aislada localidad de España. Durante su primer año de universidad conoce a un especial profesor, quien le encomienda una misión para preservar el mas importante y mejor guardado patrimonio de la humanidad: "Las cuatro Disciplinas de acceso a Lo Profundo".

A partir de ese momento comienza su enfrentamiento a los dueños del mundo, quienes quieren apropiarse de las Disciplinas para seguir controlando nuestras conciencias y evitar que el ser humano, como especie, pueda dar el salto cualitativo que necesita para resolver esta crisis de la civilización.

HACEDOR DE SENTIDO

© José Luis de Leonardo Ferrer

Contacto con el autor: www.hacedordesentido.net / [email protected]

Este libro está publicado bajo licencia Licencia de Uso Creative Commons Atribución - No Comercial - Compartir Igual versión 4.0

ePub I.S.B.N.: 978-956-7483-67-9

Se autoriza el uso de su contenido siempre que se cumplan las tres siguientes condiciones: (1) que sea sin fines de lucro;(2) que se cite claramente la fuente;(3) que el producto derivado de su uso se comparta en las mismas condiciones.

Ilustración Portada: Morgana Miranda

Producción gráfica: Virtual ediciones

Santiago de Chile; Septiembre de 2017

Basta con que una generación despierte
para que haya despertado el Universo.

Para Silo, el mayor de los poetas.

Para los jóvenes, constructores del nuevo Mito Mundial.

Este es su tiempo.

Para los Mensajeros de la nueva vida.

A mi Propósito por traerme hasta aquí.

A mis padres, yo soy su continuidad en el tiempo.

Capítulo 1: Teruel

No imagines que estás solo en tu pueblo, en tu ciudad,

en la tierra y en los infinitos mundos…

En el primer día de universidad. En ese otoño deprimente y colorido. Lorién caminaba desganado por el campus, con sueño y con sed, producto de la jarana de la noche anterior, la boca como un trapo y la cabeza como un tambor.

No podía imaginar, desde ese oscuro estado en el que se encontraba, que ese día iba a comenzar una profunda y total transformación de su vida, que daría sentido a su existencia y provocaría una poderosa reacción en cadena que afectaría a toda la humanidad.

Tras una seguidilla de clases cuál de todas más aburridas y tediosas llegó a la última clase del día arrastrando el cuerpo, era un optativo, Antropología Cultural.

Había solo seis personas, a cuatro los había visto antes, aunque nunca había hablado con ellos a los otros no los conocía. Claro. ¿Quién se iba inscribir en esta gilipollez?

El profe entró justo detrás de él, un tipo de unos sesenta y cinco años, alto, con gafas, con el pelo negro y con algunas canas. Sorprendentemente, para la edad que parecía tener se movía con una agilidad extraña, con un dominio inusual de su cuerpo y con una extraña mirada que te hacía sentir que te conocía. Su sonrisa contagiosa lo confirmaba. Los encontró a todos con la misma desgana, echados arriba de las mesas y sillas, cada uno metido en su móvil, todos aislados.

Saludó y se presentó muy sucintamente.

—Soy Federico Arcos y vamos a estar juntos todo el año con este interesante tema. ¿Lo escogieron por lo apasionante, verdad? —dijo con un ligero acento sudamericano mientras se reía con una contagiosa risa.

Por un lado, se sintió predispuesto a reír con él, le gustaba su desenvoltura, esa de la que el carecía y solo salía a flote con unos tragos en el cuerpo. Eso mismo le molestó y decidió que le caía mal.

Sin decir nada más se fue a la pizarra y escribió:Conciencia-Mundo.

—Conciencia y Mundo es una sola estructura, —dijo con su expresión cómplice y divertida.

Eso fue un aguijonazo para Lorién, un despertón, inmediatamente levantó la mirada del teléfono y cambió la postura, de estar tirado en el asiento pasó a estar en una postura erguida y atenta.

—Veamos qué es conciencia para ustedes y qué es mundo.

Nadie dijo nada, los demás seguían igual de tirados y aburridos escribiendo mensajes en el móvil. Solo Lorién había agudizado los oídos y el profesor lo notó.

—¡Eso quería! Una clase protagónica y participativa —se rió él, inmune al desaliento—. ¿Pero antes, qué les parece si nos presentamos?

—No, qué lata, qué aburrido, avance y déjenos tranquilos… —se escucharon las expresiones de molestia y de queja de todos los presentes.

—Bien, nos vamos a presentar de la siguiente forma. Primero, mi nombre, en segundo lugar, por qué escogí este optativo, y, en tercer lugar, van a decir, al menos, tres virtudes propias. ¿Quién parte? Vamos a partir con este voluntario, —dijo indicando a uno de los asistentes, que puso mala cara.

—Mi nombre es Kiko y estoy aquí porque me equivoqué y virtudes no tengo, —comentó con desplante un flaco alto, desgarbado, con el pelo ondulado, castaño y con cara sonriente sin levantar la cabeza del móvil.

—¡Bien, ese es el espíritu! Perfecto, ya que él es un tanto tímido le vamos a ayudar, quiero que cada uno afine su intuición y lo conozca o no, le digan una virtud, parto yo —dijo. — Directo y claro, creativo. Ahora ustedes —insistió él.

A Lorién le estaba empezando a divertir, su tono desenfadado, grandilocuente e histriónico, sobre todo por el contraste con los estudiantes, todos desmotivados, aburridos y perdidos en sus teléfonos. Mientas los otros tres compañeros protestaban y se quejaban, él observó a Kiko y le llamó la atención, porque sin conocerlo también le dio la impresión, sin saber por qué, de que era creativo, además de inteligente pese a su actitud. Así que dijo:

—Inteligente y valiente.

Kiko se le quedó mirando con los ojos a cuadros y los otros igualmente sorprendidos, con cara de¿qué le pasó a éste que le está siguiendo el juego al tonto del profe?

Al dar el primer pie Lorién facilitó que una de las chicas se animara a decir:

—Yo lo encuentro ingenioso.

Los otros dos dijeron que no sabían.

El profe miró a Lorién, guiñándole un ojo y dijo:

—Bien, vamos con el segundo voluntario.

Me sonreí ante su divertida ironía, aunque a los demás no les hacía ninguna gracia, exceptuando a Kiko que ya estaba un poco más metido en el juego y que estaba un poco asombrado de que hubiéramos acertado con sus virtudes.

—Mi nombre es Lorién.

Miró alrededor a ver si se reía alguien por su nombre raro. El profe primero se puso serio y después sonrió con una enorme sonrisa, que lo mosqueó un poco.

—Lorién, un nombre con raíces, con sonoridad, un nombre especial, habla de delicadeza y fortaleza a la vez.

Esto le gustó a Lorién, aunque se ruborizó ligeramente, pero siguió con su aparente tono de desidia.

—Estoy aquí porque el día que me matriculé estaba borracho. ¿Virtudes? soy bueno para chupar, tengo una buena postura en la barra y soy de los más brutos del pueblo.

Esto despertó un griterío divertido en sus compañeros.

—¡Buena colega, grande tío!

El profe se le quedó mirando con mucho, mucho afecto y dijo suavemente:

—Te olvidaste de la sensibilidad, eres un ser sensible y luminoso, eres una buena persona, eres leal y tienes muchas inquietudes internas, seguro que te gusta leer…

Lorién se puso rojo y no dijo nada, solo quería desaparecer para no pasar vergüenza delante de los compañeros. Estaba impresionado. El profe lo había calado en una mirada. Los compañeros se le quedaron mirando sin cachondeo, con cara seria y concentrada. Después volvieron la atención al profe. Ahora estaban todos atentos y se notaba, había otro tono en la clase, los teléfonos habían desaparecido por arte de magia.

—Bien, vamos contigo—dijo señalando a la chica que había hablado antes.

—Mi nombre es Maribel y la verdad no se mucho por qué estoy aquí, me gusta la geología, la arqueología y los misterios del pasado. También me gusta mucho leer —terminó ella con desplante.

—¡Eso es! ¡Maravilloso! —dijo el profe—, el que no conoce el pasado no puede sentar las raíces para construir el futuro. Es una mujer con una base sólida. ¿Veis qué seguridad, qué solidez? Una mujer audaz. Sin duda tienes el futuro abierto y lograrás todo lo que te propongas, tienes, además, mucha fuerza de voluntad.

A Maribel se le cayó la mandíbula y parpadeó rápidamente, un poco recelosa, sin saber si le estaba hablando en serio o no.

—¡Qué grandes virtudes! —acotó el profe.

—Mi nombre es Juan Pablo —dijo el compañero de aspecto recio y simpático—, tampoco sé mucho de qué trata esto, pero me suena también como conocer algo de nuestras raíces. Mi virtud es ser buen amigo y el sentido del humor.

—¡Qué bien, apareció la alegría! ¡Si no hay más que verlo!, ¿Quién no le va a creer que es alegre? Y, además, tiene aspecto de ser un tipo noble, confiable con buen carácter y generoso.

—¿Supongo que no me estarás tomando el pelo, verdad? —dijo Juan Pablo con su sonrisa franca.

—De ninguna manera —le devolvió la sonrisa el profe—. ¿O es que me equivoco en lo que digo? Vamos contigo —le dijo a una chica, delgada, bonita y de pelo castaño.

—Mi nombre es Paula, me gusta bailar y cantar, la verdad es que no sé mucho porque estoy aquí —dijo con una amplia sonrisa.

—¡Grandioso! —dijo el profe—. El canto es divino, es la forma de agradecer a los dioses por estar vivos. ¡Qué buena virtud! Y el baile, la forma de hacer el ritual de conexión con lo divino. Buenísimo. Vamos contigo —invitó a otro compañero.

Este tenía bigote y barba muy cerrados, de aspecto serio y daba la impresión de ser un poco mayor que el resto.

—Me llamo José Ignacio, tampoco sé mucho a donde va esto, pero me suena a entender lo que hay detrás de las cosas. Mis virtudes: soy reflexivo y tengo buen sentido del humor.

—Qué buenas virtudes y juntas mejor todavía —exclamó el profe—. Reflexivo y con buen humor, fantástico y es otro que tiene inquietudes profundas. Un buscador —afirmó—. Bien, nos queda nuestra última compañera.

—Mi nombre es Iovanka —expresó ésta con voz suave, la típica persona que uno siente cercana y agradable, con cabello a media melena y ojos oscuros como árabes. — Soy honesta, empática y buena amiga y estoy aquí porque algo me resonó cuando vi el nombre de la asignatura, es más una intuición que otra cosa.

—Excelente, además de ser un gran ser humano se le ve que es muy compasiva. ¿Quién no quisiera tenerla como amiga o compañera verdad, amigos?

¡En pocos minutos había cambiado radicalmente el clima de la clase! A todos les gustó. Aunque no sabían mucho de qué iba el tema, todos sentían lo mismo: que habían acertado plenamente al matricularse en esa asignatura.

—Este tema de las virtudes es de importancia vital. Desde niño nos han entrenado para ver lo negativo en nosotros y en los demás. Todo el sistema educativo se basa en la idea de que educar es corregir. No hemos sido educados en una cultura que refuerce lo positivo. Lo positivo era lo obvio, lo que se daba por supuesto, nadie se fijaba en lo que ese niño tenía, lo que ya sabía, sino en lo que faltaba. Así que, desde pequeños, estamos más que entrenados para ver lo peor en nosotros —comentó el profe mirándolos divertido—. ¿Os acordáis cómo era cuando éramos pequeños? ¿Si Federico era tranquilo, qué le decían? Que parecía medio tonto, que se moviera un poco, que hay que ver a este niño, que está todo el día sin moverse. ¡Jajajá! —se reía y los estudiantes con él—. Mira a Antonio, él sí que se mueve y juega y hace cosas. ¡No como tú! Uno siempre estaba mal. ¿Y a Antonio, qué le decían? Hay que ver este niño, qué revoltoso, qué travieso, no para nunca, ¿por qué no te estás quieto un rato como hace Federico? ¡Juajuajuá! —Ahora todos se reían con ganas—. Uno siempre estaba mal, hiciera lo que hiciera. Estamos súper entrenados para ver nuestros defectos. Si en lugar de pediros que me contarais algunas virtudes os hubiera pedido un listado de defectos, ahí tenemos para no parar. ¿Verdad? Sin titubear hubiéramos podido hacer una lista de cien. Pero hay que ver lo mucho que nos cuesta hacer una lista de diez virtudes —recalcó un tanto serio—. ¿Os habéis fijado? Todos somos distintos, cada uno con sus virtudes, qué maravilla podernos mirar así. ¿Verdad? Decidme, ¿quién de todos vosotros es el mejor?

Se quedaron mirándose unos a otros en silencio.

—Nadie —dijo Maribel con frescura—, todos somos iguales en valor, pero distintos en lo que cada uno aporta.

—¡Excelente, Maribel! Efectivamente eso es lo grandioso de la diversidad: que todos somos extraordinarios y, además, maravillosamente distintos. Cada uno aporta algo que nadie más aporta. ¿Os imagináis lo aburrido que sería que todos fuéramos iguales? Ocho mil millones de Federicosjajajá—se rio con ganas, siendo coreado por el resto de la clase.— ¿Cómo me voy a enamorar de otro Federico? ¡Qué espanto!

Toda la clase estalló en risas.

—Cada uno de nosotros —prosiguió, después que se acallaron las risotadas, con tono reflexivo—, cada ser humano es algo enorme, un verdadero milagro. Nunca más dejéis que os hagan creer que no valéis nada, que sois un mero número. Cuando se trabaja en torno a las virtudes, a la mirada positiva, muchas veces queda la sensación interna de irrealidad. Pareciera que cuando se habla de los aspectos negativos, mi parte rabiosa, mi angustia, mi depresión, mi apuro, etc., tuviera más realidad interna que mi capacidad de organizar, mi bondad, mi creatividad, mi inteligencia, mi generosidad, mi amabilidad, etc. Esto tiene su raíz en que los defectos tienen un asidero corporal más nítido. La rabia, la pena, la angustia, se las percibe claramente en el cuerpo y se sienten como más reales, se sienten más parte de uno, ese sí soy yo. Qué triste. ¿Verdad?, que me identifico más con mis defectos que con mis virtudes. ¿Cierto? —Los estudiantes asintieron pensativos—. En cambio, las virtudes parecen no tener asidero físico, son tan livianas como plumas. Así los problemas y defectos son más fácilmente reconocibles. El reconocimiento y expresión de las virtudes es una tarea difícil, pues hay que lidiar con esta trampa y con un fuerte condicionamiento social e histórico, que resalta los defectos y carencias del Ser Humano. ¡Qué mal nos lo han enseñado todo! —se exaltó Federico—. En general, podemos tomar dos caminos: martillar nuestras cabezas y culparnos para intentar cambiar todo lo que no nos gusta de nosotros mismos, o reforzar lo que sí tenemos. Esta es la propuesta, potenciar al máximo lo positivo que tenemos, observarnos y conocernos. Somos seres maravillosos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, hacemos miles de cosas bien y por un pequeño error que cometemos en algún momento del día, nos tratamos muy mal. ¿Por qué no agradecer y valorar todas las cosas que hacemos bien? —Nos guiñó un ojo cómplice—. A ver contadme. ¿Hay alguna relación entre el reconocimiento de las propias virtudes con la autoestima?

Se quedaron en silencio mirándose unos a otros.

—¡Coño, claro! Si no me veo virtudes tampoco me quiero —saltó Juan Pablo espontáneo como siempre.

—Qué interesante lo que acabas de decir, efectivamente, si uno no reconoce en sí mismo un mínimo de virtudes, de algo que haga bien. ¿Cómo se va a querer un poco? ¿Cómo va a tener la mínima autoestima? Es decir, que puedo llevarme bien conmigo mismo o llevarme mal. Si me reconozco algunas virtudes seguramente me llevaré bien conmigo, si no, seguramente me llevaré bastante mal. Terrible. ¿No? El enemigo en casa, no tengo peor enemigo que yo mismo. ¡Nadie me trata tan mal como yo mismo! —se quedó mirándolos con profundidad—. Esto es lo que quiero que cambiemos a partir de hoy día, que comencemos a tratarnos como el mejor amigo que las circunstancias de la vida, por algún motivo, por algún malentendido, nos alejaron de él. La única forma de reconciliarse consigo mismo es ver lo mejor que cada uno tiene.

Se quedó en silencio reflexivo mirando por la ventana hacia el río.

—Este cambio de mirada sobre nosotros mismos —continuó—, también nos lleva al cambio de mirada respecto a los demás. A ver. ¿Qué sucede cuando veo lo mejor en los otros y los demás ven lo mejor en mí?

—Pues que es muy fácil relacionarse así —dijo con su tono bajo y profundo José Ignacio.

—¡Muy bien! Efectivamente, cuando vemos lo mejor de los otros y viceversa, las relaciones se transforman en una danza. Nos podemos tropezar, podemos cometer errores, pero todo es divertido, se transforman en chascarros, en cosas graciosas con las que nos reímos junto con los otros y de las que aprendemos. Es como que fluimos fácilmente unos con otros. Por el contrario, ¿qué sucede cuando vemos lo peor de los otros y los otros lo peor de uno?

—Que la vida se transforma en un infierno, todos contra todos —expresó espontáneamente Paula.

—Así es. En esta situación ante el más mínimo roce discutimos y acabamos peleando, como bien dijiste, todos contra todos. ¿Os habéis fijado qué sucede cuando sentimos la mirada crítica de todo el mundo sobre nosotros, cuando sabemos que nos están despellejando?

—Claro, uno se pone torpe, se siente inseguro porque nadie confía en ti —respondió Iovanka con su tono calmado y mesurado.

—Sí, es como caminar por un campo minado, como andar pisando huevos. Andamos con la sensación de sentirnos acechados por todos lados y esto nos lleva a matar nuestra espontaneidad a perder nuestra autenticidad, nuestra frescura. —Se quedó en silencio mirándonos con atención—. Esto nos lleva a la hipocresía, a tratar de agradar a los otros, a tratar de ser como los otros nos piden o creemos que nos piden. Terminamos perdiendo contacto con nuestro ser interior y nos terminamos identificando con el ser que nos piden, o creemos que nos piden los demás. Es como la muerte del espíritu, es como morir en vida, quedarse sin brillo interior, como un zombi, que camina, come, duerme, pero sin vida, sin brillo en los ojos. Triste. ¿Verdad?

—Sí, triste y sufriente —comentó serio Kiko—. Después cuesta un mundo volver a ser uno mismo.

—¿Alguien nos quiere decir qué es la oscuridad? —preguntó Federico como saltando de plano con una gran sonrisa y un tono alegre.

Se quedaron mirando los siete hasta que finalmente Lorién dijo:

—Es la ausencia de luz.

—¡Bien, muy bien! —se entusiasmó —. Entonces podemos deducir que la oscuridad no tiene existencia propia. ¿Verdad?

—Claro —comentaron varios sin saber a donde los quería llevar el profe.

—¡Pero esto es muy interesante! —se entusiasmó de nuevo Federico—, quiere decir que la oscuridad aparece cuando la luz desaparece, si la luz no desaparece la oscuridad no aparece. Bien, eso pasa con las virtudes, exactamente lo mismo, mientras uno está conectado con sus virtudes, no aparecen los defectos. Todos tenemos experiencia de haber estado en algunos momentos, lamentablemente pocos —se rió divertido el profe—, con una gran sensación de bienestar, de alegría. Acuérdense, en esos momentos los defectos no tienen cabida, no aparecen por ninguna parte, NO EXISTEN —casi gritó—. Los defectos solo aparecen cuando las virtudes no están, es decir cuando desviamos nuestra mirada de nuestras virtudes, cuando nos distraemos de ellas. Ahí recién aparecen los defectos, pero no porque estos existan, sino porque desaparecen o se ocultan nuestras virtudes. ¿Está claro? Los defectos no existen —terminó con una sonrisa de oreja a oreja.

—Pero si no existen, entonces, ¿qué pasa con las cosas que hacemos mal, en las que somos torpes? —preguntó un tanto molesto José Ignacio.

—Bien, yo digo que los defectos no existen, lo que sí existe es nuestro campo de mejora, nuestro espacio de crecimiento, de desarrollo personal. ¿Verdad que suena bastante distinto a decir que estoy lleno de defectos como nos han hecho creer? no los quiero aburrir más con este tema. Dice un viejo dicho que quien persigue dragones, termina convirtiéndose en dragón. Si les creo a los defectos, termino solo observando los defectos en mí y en los otros. Por el contrario, si aprendo a rescatar mis virtudes aprenderé también a rescatar las virtudes de los demás. Ahora quiero que los siete conversen sobre como cambiarían las cosas si cada uno conectara con lo mejor de sí y con lo mejor de los demás.

Se quedaron todos mudos meditando en lo que les había dicho el profe. Lorién pensó que era verdaderamente revolucionario lo que él planteaba. Nunca se le había ocurrido ver las cosas así. Claro que estaba acostumbrado a ver lo peor de él y como esa mirada se le filtraba y terminaba criticando a los demás, aunque lo hacía solo dentro de sí. Era lo mismo, era estar pegado en lo peor de sí y de los otros. Así estábamos todos habitualmente. Sentía que un cabo de luz se había introducido en la oscuridad de su vida. Se veía conectando con sus virtudes y las de los otros y pudiendo construir una vida distinta, más feliz, amable y solidaria. Salió de su introversión al ver que los compañeros ya estaban conversando animadamente sobre las enormes implicancias en la vida y en la sociedad de lo que planteaba el profe.

—Fin de la clase. Nos vemos el lunes que viene a la misma hora.

Sin darse cuenta la clase se había pasado volando y eso que era la última del día. Salieron conversando animadamente los siete, dejando atrás la clase y al profe.

—Es un tipo divertido. ¿Verdad? —dijo Juan Pablo.

—Sí, todo un personaje —comentó Lorién—, realmente.

José Ignacio seguía con su mirada como extraviada.

—Y tú, ¿qué opinas? —le preguntó Paula.

—No sé, lo único que sé, es que entré en un tono interno muy potente durante la clase, es como si algo se hubiera abierto dentro de mí, algo que estaba dormido…— dijo reflexivo.

—A mí me sucedió lo mismo, ahora que lo comentas, fue muy clara la sensación —manifestó Kiko.

—Sí, a mí también y a mí… —estuvieron de acuerdo el resto de los compañeros.

Se quedaron un momento todos en silencio parados en el patio.

—Nos vemos por ahí o en la próxima clase —dijo Maribel y mientras se alejaba resuelta.

Los demás caminaron reflexivos, en distintas direcciones.

Lorién se fue meditando respecto de lo mucho que había cambiado su estado anímico, de estar en un sinsentido total, a estar vibrando junto con sus compañeros, los cuales eran desconocidos un rato antes.

—Hay algo especial en este hombre —se dijo—, y al parecer él ve eso especial en nosotros también…

Pensó en cómo se sentía antes de entrar a clase, harto de todo, de sí mismo, de su vida, de esa ciudad pequeña y provinciana, del mundo. Nada lo entusiasmaba, todo lo sentía difícil y costoso.

—¿Qué tipo de vida era esa? —se preguntó. Había tratado de encajar una y otra vez, pero no le resultaba. Ni con las mujeres, ni con los estudios, ni con los trabajos esporádicos que tomaba en el verano. Todos parecían encajar bien menos él. Es como si los demás supieran una clave que él no conocía.

Cada cierto tiempo hacía un esfuerzo por encajar, por comportarse como se esperaba de él, por ser una persona normal. Era una vida insoportable.

—¿Cómo la gente podía vivir así?— Finalmente, siempre caía en el alcohol, las drogas, los botellones y se dedicaba a hacer todo tipo de locuras. Varias veces había estado a punto de perder la vida por las barbaridades que había hecho cuando estaba ebrio. Hace apenas un rato, le daba todo lo mismo vivir o morir, la sociedad en la que vivía lo tenía hastiado. Solo en los libros, de vez en cuando, encontraba algo interesante, gente que se hacía este tipo de preguntas, que habían encontrado algún sentido a su existencia, pero pasados esos momentos donde se disparaban algunas intuiciones dentro de él, volvía al sinsentido, al agobio de vivir, a los botellones. Durante el verano había estado de pueblo en pueblo, de fiesta en fiesta, sin volver por casa, tirado por cualquier lado en una borrachera eterna que duró casi tres meses, durante los cuales cada vez se había encontrado en situaciones más oscuras. En una despertó en una casa que no conocía, escuchaba voces fuera de la habitación, pero no tenía ni idea de quienes podrían ser, estaba totalmente desorientado. Todavía en medio de los efluvios del alcohol, cada vez que escuchaba a alguien pasar por la puerta, se apretaba y se encogía dentro de la cama. Hasta que entró una muchacha a la que tampoco conocía, aunque al parecer ella a él sí y por el trato dedujo que algo había pasado entre ellos. Se duchó y se escabulló de la casa lo más rápido que pudo, con la ropa echa un asco. Al salir a la calle y comenzar a caminar reconoció el lugar. Era un pueblo al que habían llegado la noche anterior a las fiestas. Ya iban pasados de copas y desde que entraron al pueblo se habían puesto a hacer barbaridades en los bares y en la calle, molestando a la gente. Varias veces habían estado a punto de partirles la cara, pero él tenía la habilidad de terminar haciéndose amigo hasta de los tipos que le querían golpear. Con unas copas en el cuerpo se volvía dicharachero y entretenido, se movía con una soltura total. Era como que aparecía otra personalidad.

Otra noche iban en una moto y él iba atrás tan borracho que se había ido hacia un costado arrastrando al piloto y terminando los dos con la moto en una acequia, donde perdió el móvil, que fue lo único que le molestó. De no haber caído al agua se podían haber matado.

En otra ocasión, después de andar dando tumbos, borracho como una cesta por la ciudad, había querido experimentar lo que se sentía al colgarse del viaducto, un puente de unos cuarenta metros de altura. Estaba pasando al otro lado de la baranda para sujetarse con las manos y quedar colgando en el vacío, cuando dos conocidos que lo vieron corrieron y lo agarraron para que no lo hiciera. Se fue molesto porque no se lo permitieron. Un rato después vio una grúa del tipo pluma, cuyo brazo horizontal estaba a unos treinta metros de altura en una obra. Subió por la grúa hasta arriba y cuando llegó al brazo horizontal, se colgó como un mono, recorriéndolo con el cuerpo colgando en el vacío. En un momento dado, cuando ya estaba llegando de vuelta para bajar, se le había soltado un brazo y de milagro no se había matado. Se le pasó la borrachera de golpe y quedó empapado de un sudor frío y angustiado. Cuando se le soltaba la mano que tenía agarrada y estaba a punto de caerse, sintió como que alguien a su lado lo sostenía y le permitía llegar a agarrarse con la mano que se le había soltado. Claro, seguro había sido una alucinación producto de las copas, ya que estaba solo. Pero le dio que pensar.

En otra ocasión, yendo a las fiestas de otro pueblo, se habían empotrado, con el vehículo en el que andaban, con una casa al salirse de la carretera. El amigo que conducía había salido despedido por el parabrisas y estaba con la cabeza bajo el escombro de la casa, inconsciente. Él había tenido más suerte, había salido despedido por la puerta y solo tenía unas magulladuras en el cuerpo.

En el último accidente de automóvil que había tenido, casi estuvo a punto de perder el brazo al volcar el coche. Él llevaba el brazo con la ventanilla bajada, apoyado en el marco de la ventana. El coche, al volcar, se lo aplastó y le rompió el hueso por tres partes y al parecer la chapa, o algún hierro del coche, le había desgarrado el brazo. Pusieron unos ochenta puntos por dentro y por fuera, le colocaron tres varillas de titanio para permitir que las fracturas cerraran. En la cabeza tenía alrededor de cuarenta puntos, la tenía abierta desde la frente casi hasta la coronilla, la oreja también en dos pedazos.

A pesar de estas y de muchas otras historias de accidentes, roturas de brazos y piernas, nada había cambiado en él. Seguía con el mismo tedio hacia la vida, con una sensación de estafa existencial. Como si a él no le hubieran entregado algo que a los otros sí.

Caminó reflexivo durante un buen rato. Cuando iba por la calle del Óvalo, escuchó una voz que le hablaba.

—Hombre, Lorién, ¿cómo te va?

Se giró, era el profe Federico.

—Bien, bien —dijo él—, la verdad es que me ha llamado la atención su clase y estaba todavía masticando lo que me había pasado en ella.

—¡Qué interesante! No hay nada como que la gente reflexione, se haga preguntas, no podría pedir nada mejor. Me acabas de alegrar la noche, Lorién. ¡Jajajá! ¿Ves que tenía razón sobre tus inquietudes internas? —rió de nuevo—¿Quieres compartir conmigo algunas de tus reflexiones?

—Pensaba que la vida como se vive habitualmente no tiene mucho sentido, esto de dormir, comer, estudiar o trabajar y morir, que quizás sea posible estar de otra forma en el mundo, eso de las virtudes me hace sentir de otra forma, mirarme de otra forma y mirar a los demás de manera distinta. Sentir que mis acciones pueden tener un sentido más trascendente… En fin, no quiero aburrirlo con estas cosas.

—¿Cómo me vas a aburrir con ellas? No encuentro tema de conversación más interesante que el que estás comentando. Esas mismas preguntas e inquietudes son las que me mueven a mí, así que me siento hermanado contigo. No es que las cosas que comentas estén mal, eso de comer, dormir, trabajar etc. Solo que como vida humana es un poco pobre, es como si estuviéramos llamados a tener un destino superior y estuviéramos adormecidos. En algunos instantes esas inquietudes nos despiertan y nos permiten vernos y ver el mundo de una forma nueva, lo cual es muy interesante. ¿Verdad? ¡Jajajá!

A Lorién le llamaba la atención su buen humor, su risa fácil, su tono liviano a pesar de estar hablando de cosas muy profundas.

—Bueno, no quiero seguir interrumpiendo tus reflexiones. Adiós. —Y se fue con su paso elástico y alegre, mientras él se quedaba mirándolo absorto, sintiendo que una puerta se estaba abriendo dentro de sí, una esperanza que le abría el futuro, una nueva forma de ver el mundo, la vida, a sí mismo…

Pasó la semana y, a pesar de tratar de mantener ese tono interesante de los primeros días y de ver sus virtudes y las de las personas que lo rodeaban, de todas formas, le volvió el hastío, el aburrimiento y el sin-sentido. Así llegó el lunes con la desgana habitual. Finalmente, se hizo la hora de la clase de Antropología Cultural y allí se encontró con los otros seis compañeros. Al segundo de estar sentados entró el profe. Con un buenas tardes, queridos compañeros de viaje.

—Es simpático verdad esto de ser compañeros de viajes, de reflexiones, de aventuras internas y externas —se rió él—. Bien, ¿alguien quiere comentar cómo ha estado su semana?

—La mía estuvo muy interesante—dijo Paula—. Estoy en un grupo de baile y canto y estamos preparando una obra para un concurso en dos meses más. Además, les comenté a mis compañeros lo de las virtudes y se generó una cosa entretenida en los ensayos, me agradecieron por el aporte.

—Y a ti José Ignacio, ¿cómo te ha ido?

—Bueno, ha sido una semana un poco rara a raíz de la clase pasada, me he estado haciendo algunas preguntas respecto de la vida que llevo y del sentido…

—Jajajá! —rió el profe—, parece que no eres el único, Lorién, ¿qué te parece? Jajajá!

Lorién sonrió con un poco de rubor.

—Sí, también yo me he estado haciendo preguntas de ese tipo, pero me duró poco y volví a mi tono habitual aburrido y sin brillo…

—¡Joder! —saltó Juan Pablo—. Pues yo también me he estado haciendo algunas preguntas de esas. ¡Jajajá! ¡Qué divertido! ¿No?

—¿Y tú, Maribel?

—Yo he estado resolviendo algunos problemas en mi casa, no ha sido una muy buena semana.

—¡Pero mirar lo que comenta Maribel! —exclamó el profe—. Son los problemas, las dificultades, las resistencias las que nos fortalecen. Además, fijaros que buen ejemplo nos da. Nos dice que ha estado re-sol-vien-do problemas, no que ha estado aproblemada, no que ha estado preocupada, se ha ocupado y por lo tanto los problemas ya se están resolviendo, ¿verdad? O mejor dicho estás aportando para que se resuelvan.

—Así es—dijo Maribel un tanto confundida, pero agradada por el cambio de perspectiva.

—Interesante, ¿verdad? Apareció la intencionalidad humana, ¿No es maravilloso?

Todos se quedaron en silencio sin saber qué decir.

—Cada uno de vosotros es algo extraordinario, un verdadero prodigio. Lleváis dentro lo sagrado, lo divino, no sois un mero número estadístico, no sois un número de identidad, no sois un número de consumidor. Sois algo grandioso cada uno y quiero que os vayáis dando cuenta de esto. —Mientras decía esto sus ojos brillaban de una forma increíble e hipnótica, los tenía a todos enganchados y pegados a sus ojos y palabras, su tono de voz se hizo profundo y bajo—. Quiero que cada uno de vosotros vaya erradicando esa mirada de ser una hormiguita y se empiece a dar cuenta de la enormidad de lo que es y de lo que puede llegar a ser, del fuego sagrado que lleva dentro de sí. Y si comienza a compartir ese fuego con otros, y se va despertando mientras despierta a otros de este letargo, ya no habrá quien los pueda detener… —Dejó esas frases en el aire vibrando, mientras cada uno de los asistentes vibraba internamente—. ¡Nos han engañado!, ¡nos han estafado! ¡Nos han contado todo al revés!, ¡nos han hecho creer que no somos nada! Esto no ha sido casual. Hay intenciones detrás para controlar, manipular, mantener al Ser Humano, así con mayúsculas, dormido, creyendo que no puede hacer nada interesante con su vida…

Estaban todos anonadados, completamente pegados al profe, escuchándolo con todo su ser, nunca antes habían oído algo semejante, sentían cómo su cuerpo se energizaba y sentían algo grande y potente que se abría paso a través de ellos. Sentían como sus mentes se abrían y aparecían implicaciones que antes no se les había ocurrido. Era como si tomaran contacto con una parte de ellos que no sabían que estaba y ésta se iba desplegando desde adentro hacia afuera. Era como un parto interno.

—Si acaso te imaginas como un bólido fugaz que ha perdido su brillo al tocar esta tierra, aceptarás al dolor y al sufrimiento como la naturaleza misma de las cosas. Pero si crees que has sido arrojado al mundo para cumplir con la misión de humanizarlo, agradecerás a los que te precedieron y construyeron trabajosamente tu peldaño, para continuar en el ascenso.

Nombrador de mil nombres, hacedor de sentido, transformador del mundo... tus padres y los padres de tus padres, se continúan en ti. No eres un bólido que cae, sino una brillante saeta que vuela hacia los cielos. Eres el sentido del mundo y cuando aclaras tu sentido, iluminas la tierra. Cuando pierdes tu sentido, la tierra se oscurece y el abismo se abre.

¡Ama la realidad que construyes y ni aún la muerte, detendrá tu vuelo!

Se produjo un silencio épico, no hacía quince minutos que habían entrado a clase y ya había cambiado radicalmente su visión de la realidad, la percepción sobre ellos mismos, sobre los demás, sobre el mundo y sobre la vida. Estaban perplejos por un lado y por otro fueron conectando con una Fuerza Interior que los hacía sentir capaces de cualquier cosa, no había ni rastro del pobrecito ser humano, que había entrado en clases apenas unos minutos atrás. Los ojos del profe brillaban como luciérnagas, al igual que los de los estudiantes. Era como que estaban todos más grandes, más crecidos, hasta más altos, sus rostros estaban brillantes y hermosos, estaban todos transfigurados. Para Lorién fue el momento más mágico y poderoso de su vida y seguramente para los otros también.

El silencio habrá durado unos pocos segundos, pero fueron eternos, unos instantes que todos compartieron en una especial sintonía.

Poco a poco el momento pasó y se miraron entre sí sin poder creer lo que habían vivido.

—¡Qué fuerte tío! —exclamó Juan Pablo—. ¡No me había sentido así en mi vida! —poniéndole palabras a lo que todos sentían.

El profe se les quedó mirando con una sonrisa reflexiva.

—Ahora ya saben lo que son y el tremendo poder interior que tienen —dijo con una voz profunda, como más allá de él—. Bienvenidos a la vida con sentido y plenitud. El tema es… ¿qué hacemos con esto? Tenemos media hora para que conversen sobre el tema.

—Profe, pero ¿a qué se refiere con qué hacemos con esto? —preguntó Iovanka.

—No sé a qué me refiero, ¡Jajajá! Vosotros veréis si algo os resuena y qué os parece que se puede hacer con eso…

Después de una intensa conversación entre los siete, decidieron invitar amigos para compartir y llevar esta experiencia a otros y emprender acciones con sentido en el mundo. Acordaron darse esa semana para invitarlos para el sábado en la casa de José Ignacio, que vivía en una casona grande. Estaban todos eufóricos, con cientos de ideas en la cabeza, pero decidieron dejarlo todo para el sábado, a ver que salía del intercambio entre todos los que llegaran. Crearon un grupo en whatsapp para estar todos comunicados. Finalmente le dijeron al profe que les gustaría que asistiera.

—Bien dijo el profe, si eso es lo que queréis, estaré con mucho gusto el sábado en la casa de José Ignacio a las 10 de la mañana, ¡Jajajá! ¿Estáis seguros? Ahora estáis muy entusiasmados, pero acordaros del viernes por la noche…

Dijeron que sí, que era importante contar con la gente capaz de priorizar y salir de la mecanicidad.

—Bien amigos, se nos fue la clase. Nos vemos el sábado que viene.

Salieron de la clase conversando animadamente, con mucho entusiasmo. Sin saber por qué, al salir les dio por despedirse de un abrazo, era como un sello de compromiso entre ellos, como un propósito compartido.

Los días pasaron rápidamente. Ahora todo tenía un sentido, conversar con otros, invitarlos. El mundo se veía de otra forma, había algo más interesante que hacer con la propia vida y descubrieron otra forma de estar en el mundo, conectada, potente, intensa…

El sábado a las 10 fueron llegando todos. En total veintiuna personas más el profe, que comentó:

—Qué poder de convocatoria tienen.

Se respiraba una atmósfera fresca, entusiasta y con mucha chispa. Después de cinco minutos de intercambiar naderías, Iovanka tomó la palabra, dio la bienvenida y propuso que se presentarán todos. Primero con el nombre, en segundo lugar, por qué había aceptado la invitación y en tercer lugar dos virtudes propias por lo menos. Partieron ellos, el grupo convocante, incluido el profe, que dijo que estaba aquí porque lo habían invitado, como si él no tuviera nada que ver con el asunto…

La mayoría manifestó que estaban por curiosidad, que les había llamado la atención el cambio operado en sus amigos, que estaban distintos y querían saber qué les había pasado, por qué estaban cambiados; tenían otro tono y la invitación había sido un tanto intrigante, a cambiar la propia vida, a darle sentido. Nadie quería perderse esto.

El ambiente desde el principio fue muy bueno. Desde las motivaciones para asistir, hasta el tema de las virtudes, que puso un tono muy emotivo, cercano e inclusivo que abrochó de forma magistral José Ignacio con su rigor habitual. La acogida estuvo a cargo de Paula y Lorién con su cercanía y calidez y Juan Pablo y Maribel como maestros de ceremonias, con su simpatía y chispa habitual, marcando los tiempos. Fue divertido porque sin planificarlo, cada uno tomo un rol y funcionaron como si fueran un equipo largamente aceitado.

Terminó Kiko leyendo las frases que les había transmitido el profe y que les habían hecho vibrar a todos Nombrador de mil nombres, hacedor de sentido…. Lo hizo con un tono muy conectado, desde adentro, que los dejó a todos pasmados y que los volvió a meter en ese tono épico y trascendente que habían vivido el lunes en clase con el profe. Se volvió a producir el silencio perplejo y en sintonía al final de la exposición de Kiko, donde todos sabían lo que sentían los demás, sin necesidad de palabras. Todos se sentían vibrando a un nivel muy alto. Fue tremendo. Pasado ese instante varios amigos se emocionaron hasta las lágrimas. El ambiente que se había generado fue enorme, altísimo, multiplicado por cada uno de los asistentes.

Después de un rato fuerte y emotivo, Iovanka tiró la pregunta:

—¿Qué hacemos con esto?

Se produjo una lluvia de ideas y rápidamente acordaron que se iban a juntar en cuatro grupos para que cada equipo hiciera sus propuestas. Después de una hora, Juan Pablo les dijo que ya era tiempo.

—Bien, tenemos unos papeles kraft. Le vamos a dar uno a cada grupo para que anote sus propuestas y después nos las explicarán aquí adelante.

Después de que cada grupo hubo expuesto sus propuestas, se llegó a la siguiente síntesis:

Pedirle al profe Federico que nos oriente en esta dirección del sentido y despertar. Que nos siga nutriendo con información materiales y técnicas.Desarrollar actividades, campañas y proyectos que tengan que ver con superar el dolor y el sufrimiento en nuestra ciudad.Invitar a otros a esas actividades y a las reuniones organizativas.

Finalmente acordaron incluir a todos en el grupo dewhatsappal que bautizaron comoHacedor de Sentido. Además, difundir toda la experiencia que habían vivido por las redes sociales para que llegara a todos sus contactos e invitarlos a participar en los proyectos y actividades.

—Estas actividades y proyectos tienen que tener una característica: que no sean paternalistas y que pongan a las personas que se van a beneficiar de ellas, como protagonistas y no como pobrecitos que hay que ayudar. Facilitando que se hagan cargo, organizándose con otros para resolver sus propios problemas. — terminó Lorién.

Terminada la síntesis, le pidieron al profe Federico que los orientara en este proceso.

—¡Con mucho gusto! —respondió—. Nada me agradará más, aunque la verdad es que sin orientación habéis hecho muchísimo. Me pongo en disposición de aportar en todo lo que os parezca. Para ponerle ruedas a estas propuestas que tenemos, propongo que, para la próxima reunión, nos dediquemos a definir las actividades, campañas y proyectos a llevar a cabo. Propongo también que siempre en nuestras reuniones tengamos, además, una parte de trabajo interno para potenciar y fortalecer nuestra Fuerza, nuestro fuego interior. En esta dirección os quiero enseñar una técnica muy sencilla para conectar con la fuerza interior y hacerla crecer. Os invito a cerrar los ojos y a seguir las indicaciones que os voy a ir guiando. Es una experiencia para tomar contacto con la Fuerza Interior.

Comenzó a guiar la experiencia:

Relaja plenamente tu cuerpo y aquieta la mente...

Entonces, imagina una esfera transparente y luminosa que, bajando hasta ti, termina por alojarse en tu corazón...

Reconocerás que la esfera comienza a transformarse en una sensación expansiva dentro de tu pecho...

La sensación de la esfera se expande desde tu corazón hacia afuera del cuerpo, al tiempo que amplías tu respiración...

En tus manos y el resto del cuerpo tendrás nuevas sensaciones...

Percibirás ondulaciones progresivas y brotarán emociones y recuerdos positivos...

Deja que se produzca el pasaje de la Fuerza libremente. Esa Fuerza que da energía a tu cuerpo y mente...

Deja que la Fuerza se manifieste en ti...

Trata de ver su luz adentro de tus ojos y no impidas que ella obre por sí sola...

Siente la Fuerza y su luminosidad interna...

Déjala que se manifieste libremente...

Dejó transcurrir unos instantes en silencio.

Con esta Fuerza que hemos recibido, concentremos la mente en el cumplimiento de aquello que necesitamos realmente...

Al terminar la experiencia con la Fuerza, permanecieron un largo rato en silencio, sobrecogidos por la experiencia, en un elevado estado de conciencia, sintiendo como la fuerza circulaba con una enorme intensidad por su interior y entre ellos, algunos muy conmovidos y disfrutando de esa enorme luminosidad interior que los había invadido. Un inmenso agradecimiento los invadió a todos en medio de esa atmósfera, donde los cuerpos se habían difuminado para dejar paso a esa Fuerza interior que todos habían descubierto dentro de sí.

Poco a poco fueron abriendo los ojos y volviendo de la poderosa experiencia, reenfocando la vista para volver a la realidad. Se miraban entre ellos sin hablar y era como estar compartiendo algo con mucha claridad con los otros, sin necesidad de palabras…Era como tener dentro un ciclotrón de energía poderosísimo, que hizo que su interior se expandiera de forma infinita en una explosión de luz, vida y amor. Era tan poderosa, fuerte y conmovedora la experiencia que los dejó a todos sin palabras.

—¿Cómo es posible que dentro de nosotros haya esa enorme Fuerza, ese poderoso fuego interior, ese fuego de los Dioses, sin que nos diéramos cuenta? ¿Cómo es posible que, con todo este poder interior, sintiéramos que no valemos nada, que no somos nada? —se preguntaban maravillados.

Ahora se entendía más lo que quería decir el profe Federico con esas palabras: Eres el sentido del mundo y cuando aclaras tu sentido, iluminas la Tierra.

Mientras se miraban los unos a los otros asombrados, el profe les regaló esta frase:

Así hoy vuela hacia las estrellas el héroe de esta edad. Vuela a través de regiones antes ignoradas.

Vuela hacia afuera de su mundo y, sin saberlo, va impulsado hasta el interno y luminoso centro.

Se quedaron todos meditando en esas palabras tan poderosas, inspiradoras, sugerentes y certeras, respecto de lo que estaban sintiendo, comprendiendo y reinterpretando de sí mismos.

—¿Hay alguien que todavía sienta que no vale nada, que es una pobre hormiguita? —preguntó el profe.

Y de repente todos estallaron en risas, rieron y rieron, hasta que se les saltaron las lágrimas, se acercaban a los compañeros y se daban golpecitos en la espalda, se miraban, se apuntaban con los dedos y se doblaban de risa, no podían parar. Esta catarsis de risa, duró unos cinco minutos. Con su risa tenían la sensación de que estaban purificando y borrando todas las tristezas, todos los dolores, todos los sufrimientos y pesares, todas las angustias y desazones, para sentirse limpios internamente, colmados de luz y de bienestar. Los ojos de todos expresaban esa nueva sabiduría, proveniente del nuevo estado de conciencia al que habían accedido…

—Esta es una pequeña parte de nuestro legado —prosiguió Federico—, el legado de toda la humanidad, es la sabiduría que La Escuela ha preservado a lo largo de la historia y que una y otra vez resurge transmitiendo los procedimientos para conectar con Lo Profundo, con el fuego sagrado que se grafica en el mito de Prometeo, el que nos pone en contacto con nuestro dios Interior. El ser humano no es una cosa, no es un animal, es algo más —prosiguió—, como un dios encadenado que tiene que liberarse—haciendo el gesto de las muñecas atadas y luego separándolas—, tiene que desencadenarse, pero para eso, debe tener otra actitud. Para liberarse necesita otra mirada. No es una imagen que se pueda trabajar con ejercicios o prácticas, es algo que uno siente y ese registro se produce por meternos en otra mirada—haciendo un gesto con la mano bajando desde los ojos hacia el corazón como una ola—. Una mirada hacia el otro en la cual el otro es algo más que quiere liberarse. Este sistema deshumanizado no tiene esta mirada, para el sistema el ser humano es solo su trabajo, su situación económica, una hormiga, paciente, consumidor y ahora finalmente es algo que sobra. Pero el ser humano es algo más, no es su dolor de muelas, ni su hambre, es algo más que sus problemas y cuando nos metemos en esa mirada un poco especial, todo cambia. Uno mismo se siente como algo más. Hay que hablar con la gente de sus cosas profundas, de las cosas importantes de su vida, sin ningún miedo, con convicción, con mucha fuerza y habrá gente que quedará shockeada. Mejor eso a que no les pase nada. Hay que buscar ese registro, hay que buscar esa mirada hacia el otro y allí pasarán cosas interesantes, al compartir estos temas con toda la fuerza. A este sistema, no le interesa que la gente crezca, despierte, se sienta algo enorme, grande y maravilloso, porque pierde control y manejo. La gente conectada con su fuego interior no es controlable, no es predecible. Se les escapa de las manos, porque al ser un fenómeno que no controlan ni entienden, les asusta y por lo tanto tratan de evitar que estas cosas se difundan y se multipliquen, es una larga lucha a lo largo de la historia humana. Cambian las personas, pero los emplazamientos permanecen. Por un lado, La Escuela que aflora en los momentos más críticos de la historia y por otro, el sistema, los que tratan de controlar, de manejar las cosas, de cosificar a la humanidad para sus propios fines. Es el sí y el no, es la libertad y la imposición. Evidentemente, el sí y el no están también dentro de cada uno de nosotros, somos parte de este sistema, pero al tomar contacto con nuestro Dios interior, se produce un Despertar, es como sacar la cabeza del agua, levantarla y pasear la mirada por el horizonte. En esos momentos aparece la posibilidad de elegir, de ejercer nuestra libertad. Mientras no salgamos de la caverna, no vamos a ver del mundo y de la realidad más que sombras, reflejos de reflejos y en esto nos convertimos, en espectros, en seres que caminan, que comen que se reproducen, que trabajan, pero que no tienen vida propia, que no tienen un Propósito propio, que sus acciones no tienen un sentido, un significado, una dirección, una trascendencia…

Aquí se quedó callado unos instantes. Estaba serio, su expresión se había ensombrecido como viendo algo que solo él veía. Sacudió la cabeza como alejando algunos pensamientos poco gratos y sonrió exorcizando esos temores.

—Pero hoy estamos celebrando nuestro Despertar y nuestro Propósito de ayudar a despertar a otros, de tener vida propia y no de preocuparnos ahora por estos siniestros personajes del sistema. Yo ahora me retiro. Lorién tiene mi número telefónico por si alguien necesita intercambiar algo conmigo. Nos vemos prontamente.

Lorién se dirigió a él y le dio un apretado y sentido abrazo mientras le susurraba gracias al oído. Él lo miró con su sonrisa resplandeciente diciendo:

—Gracias a ti, Lorién, y a todos estos maravillosos amigos, que renuevan y fortalecen nuestra dirección de vida.

Los demás amigos se fueron despidiendo del profe con un abrazo. Una vez que se fue, todos se quedaron conversando sobre lo extraordinario de lo que habían vivido, de lo increíble que era el contraste con la vida de cada uno solo hace un rato y la que sentían palpitando dentro de sí en esos momentos. Era como que todos se habían hecho conscientes de la vida que hay dentro de ellos y en el mundo, del milagro que cada uno es y del milagro que los rodea y del que son parte. Era como que veían el mundo por primera vez, todo tenía otro brillo, otra profundidad; el mundo chato, gris y plano había desaparecido. No podían creer como habían estado tan ciegos y por tanto tiempo…

El domingo fue un día distinto para Lorién, esa noche se durmió temprano, pero tuvo unos sueños muy vívidos. En uno de ellos tuvo una experiencia con la Fuerza, enorme, tanto que se despertó completamente electrificado, sintiendo esa enorme cantidad de energía alrededor y dentro de él. Se puso a pensar en el destino de la especie humana. Veía que el ser humano llevaba dentro de sí el germen para desarrollarse evolutivamente, para convertirse en un verdadero Ser Humano. Que todos lo llevamos dentro, pero que muy pocos son capaces de hacerse conscientes de ello. Agradeció profundamente la enorme fortuna que le había deparado la suerte de poder despertar a ese Destino Mayor, a esa posibilidad mayor de desarrollo.

Después de un buen rato meditando sobre estos temas, finalmente se durmió y despertó a media mañana. Se despertó luminoso, sintiendo como que estaba más grande, como que se sentía más amplio, distendido y feliz. Cayó en cuenta que esto tenía que ver con las experiencias con la Fuerza, que de alguna forma le hacían conectar e identificarse con la energía y como ésta se ampliaba. Era como que su cuerpo se había difuminado un poco, para pasar a estar en segundo plano y esa sensación de la energía estuviera en primer plano.

Desayunó reflexionando sobre estas cosas y le dieron ganas de dar un paseo por el campo. Así que se fue a caminar en dirección a unos bosques de pinos que había a unos diez kilómetros de distancia. Caminó calmado, sin prisas, disfrutando de todo a su alrededor, del fresco del día, del sol que lo iluminaba y le daba su calidez, de los pájaros, de las montañas que lo rodeaban, de la belleza y de la vida en su totalidad. Poco a poco, se fue alejando de la ciudad para internarse en unas sendas en el campo, ya en completa soledad. En un momento dado se detuvo y cerró los ojos en medio de ese silencio que lo conectaba con todo. Sintió como su Ser se expandía y se fundía con todo lo que le rodeaba, que tenía que ver con todo lo existente, que todo estaba bien. Tuvo una tremenda conmoción interna al comprender esto, que todo estaba bien. No supo cuánto tiempo estuvo así, cuando volvió a larealidadse dio cuenta que tenía sus ojos arrasados de lágrimas, que le habían corrido silenciosas por las mejillas y sentía un agradecimiento y una emoción tan grande en su interior que por momentos creía iba a explotar.

Llegó al bosque de pinos y caminó y caminó sin rumbo entre ellos, viendo como cada uno aportaba a la preservación del bosque en su totalidad, en una rara, pero perfecta sinergia. Cada árbol era importante, cada uno entregaba al conjunto algo distinto, los sentía vivos, así como a los animales que vivían en su interior.

—Qué perfección, qué maravilla —se admiraba.

Así estuvo disfrutando del bosque, de las montañas, del día, de los animales y de sí mismo, como nunca había disfrutado, en total plenitud. Al atardecer, comenzó su regreso, lentamente, todavía disfrutando, aunque ya había perdido parte de la enorme inspiración que le había sobrevenido en la mañana.

Cuando llegó a las afueras de Teruel, ya era de noche. Pensó en irse directamente a su casa, pero de pronto, a pesar de estar muy cansado por la enorme caminata del día, sintió la necesidad de dar un pequeño paseo por el óvalo, quizás porque días atrás se había encontrado con el profe allí. Se empezó a acordar de todo lo vivido desde que él había aparecido en su vida, así se encontró en el óvalo. Era noche cerrada y hacía mucho frío, pero se sentó en un banco a contemplar la ribera del río que se adivinaba entre las penumbras. Después de unos cinco minutos le pareció escuchar como un siseo, ptssshh,ptssshh, miró a su alrededor, pero no vio nada, de pronto asomó una sombra a través de la barbacana.Ptssshhrepitió, le resulto familiar la silueta y de repente lo vio, ¡era el profe! Se acercó lentamente, dada la forma misteriosa de comportarse de él y se apoyó de forma casual en la barbacana. Una vez allí el profe le habló muy quedo.

—Qué bueno que llegaste Lorién!, ya estaba desesperando que fueras a hacerlo. No mires hacia donde estoy, sigue mirando al río y al horizonte como si estuvieras solo—le susurró desde las sombras—. Lorién, escucha con atención. Me están buscando, estoy en una situación muy peligrosa. —Le habló del sistema y de los personajes siniestros que siempre quieren parar la evolución y el desarrollo humano—. Ellos hace rato que están tras de mí. Pensé que esta vez los había despistado, pero me encontraron mucho más rápido de lo que pensaba.

Se interrumpió unos instantes y después prosiguió:

—Escucha, como te dije, La Escuela ha preservado los procedimientos para acceder a lo Sagrado y estos sicarios buscan apoderarse de ellos para controlarlos y hacerlos inaccesibles a las personas. Este tesoro de la humanidad se sintetizó hace miles de años en cuatro Disciplinas de Acceso a Lo Profundo. Para evitar que nadie se las apropie, están ocultas en distintas partes del mundo y protegidas por un iniciado cada una de ellas. En el pendriveque hay al lado de tu mano derecha, tómalo sin mirar, está la introducción y las pistas para llegar al lugar donde se oculta la primera de ellas. Dada la peligrosidad de la situación te pido que no hables con nadie de esto y que busques, preserves y ayudes a que lleguen a todo el mundo las cuatro Disciplinas. Lamento entregarte una tarea tan pesada y peligrosa, pero algo me dice que eres la persona indicada. Te repito que tengas mucho cuidado y que no hables con nadie de esto. Si logro escapar, trataré de ayudarte en tu cometido, pero tú actúa como si yo no existiera, sigue el camino con corazón y ese camino te guiará cuando no sepas que hacer, como hiciste ahora: te trajo al lugar en que yo te esperaba. Cuando consultes elpendrive, desconecta Internet, es muy importante para que no logren tener acceso a ti y al material. Esta es una apuesta muy arriesgada. Nuestra ventaja es que nadie va a sospechar que le entregamos esta enorme responsabilidad a alguien tan joven y que apenas conocemos. Confío plenamente en ti, cuando quieras encontrarte conmigo, haz la experiencia de fuerza y en ese vacío, evócame y pregúntame lo que necesites, siempre estaré contigo. Te deseo paz en el corazón y luz en el entendimiento…

Al llegar aquí a Lorién le caían las lágrimas a raudales por sus mejillas, de forma silenciosa, pero no se atrevía a moverse para no delatar al profe. Después de algunos segundos no pudo evitar mirar al lugar de donde venía su voz y para su sorpresa no había nadie. Miró alrededor entre los arbustos y por la cuesta y no se veía ni rastro de él. Pensó que podía haber sido una alucinación, pero en su mano derecha sintió el pendrive, lo guardó en su bolsillo con un movimiento casual, se secó las lágrimas con dos manotazos y se dio vuelta de forma brusca. Alcanzó a vislumbrar a una persona alta, vestida de oscuro, que se perdía a la vuelta de una esquina. No sabía si tendría que ver con ellos o no, en ese momento se sentía en un estado de paranoia total, desconfiaba de todo y de todos, veía ojos y sonidos raros por todos lados. Echó a caminar en dirección a un bar que frecuentaba, porque estaba muerto de miedo. Mientras caminaba se decía que esto no podía estar pasando, que era una ilusión.

—Estoy soñando, ya despertaré y habrá pasado todo

Pero algo le decía en su interior que estaba despierto y bien despierto. Seguía caminando mientras sentía alrededor todo tipo de ruidos y miradas, se devolvió varias veces, pero no vio más que gente andando normalmente. Aun así, su corazón andaba desbocado a mil por hora, con el estómago completamente apretado, casi hasta la náusea y unas ganas inmensas de llorar. Por fin llegó al bar. Al entrar lo recibió el poderoso estruendo de la música y el calor del ambiente. Pidió un cubata al camarero.

—¿Qué te pasa Lorién, que traes esa cara? ¿Estás enfermo? ¿Has visto un fantasma?

—¿Se me nota mucho? —preguntó.

—Bueno, la verdad es que sí, estás muy pálido y andas con los ojos nerviosos como un cervatillo acechado por lobos, estás transpirando y la noche está fría, andas mirando para todos lados como esperando que en cualquier momento algo se te eche encima… ¿Quieres que siga? ¡Jajajá!

—Tienes razón, Fernando, la verdad es que me he llevado un buen susto y todavía no me repongo, ¡Jajajá! pero al ver tu fea cara se me van aclarando las ideas —dijo Lorién con una sonrisa desganada.

—Me alegra que mi hermosa cara sirva para algo. ¡Jajajá! —contestó el camarero con buen humor, mientras le servía su bebida y se alejaba para atender a otro cliente.

—Tengo que calmarme —se dijo Lorién—, si Fernando se ha dado cuenta, cualquiera lo puede ver y más esa gente de la que me advirtió el profe.

Respiró profundo y trató de conectar con la sensación de la Fuerza expandiéndose por su cuerpo. Sintió como se ampliaba su respiración y se volvía más sosegada, poco a poco se fue relajando, con la ayuda y el calorcito del alcohol, volvió a sentir cierto dominio de sí mismo.

—Tengo que pensar con claridad, sin acelerarme. Todo esto es increíble, no me puede estar pasando a mí, que soy una persona insignificante, viviendo en esta pequeña y ridícula ciudad. Espera un momento, de nuevo te dejaste llevar por lo que el sistema dice de ti —se dijo—. A ver, vamos a recapitular todo lo que ha sucedido desde que conocí al profe. Fernando, ¿tienes una hoja de papel en blanco?

—Claro, hombre, aquí está, ya tienes mejor color, ¿son buenos mis cubatas, ehh? ¡Jajajá!

Comenzó a anotar lo más importante de lo que había dicho el profe y de lo que había sucedido desde entonces. Era impresionante, solo habían pasado dos semanas y cómo había cambiado su vida, la percepción de sí mismo y del mundo. ¡Como se había acelerado todo! ¡Era increíble! Al evocar las palabras del profe, del milagro que somos cada uno, que somos el sentido del mundo y que cuando aclaramos nuestro sentido iluminamos el mundo, le fue invadiendo de nuevo esa sensación de fuerza interior.

—Somos como dioses encadenados que se quieren liberar —se dijo.

Volvió a conectar con el fuego interior puesto ahí por los dioses…

—Bien Lorién, bien, ya estamos un poco mejor.

Levantó la cabeza para saludar a un conocido que pasaba. Siguió recordando y anotando en el papel los eventos y situaciones más importantes y se le fue aclarando el panorama.

—Bien—se dijo—, por un lado, tenemos los grupos en marcha que iniciamos el sábado, por otro está la enorme responsabilidad que el profe depositó en mis manos, de una gran peligrosidad, por cierto, que ni siquiera sé de qué se trata lo que está en el pendrive…Vamos despejando temas. El primero, el proyecto de humanizar la ciudad, no me necesita y puede seguir sin mí. El tema central es esto que me ha endilgado Federico, ¿qué hago, tiro elpendrivea la basura? Si vienen a por mí, ¿lo entrego, lo escondo, hago mía la responsabilidad o me hago el loco como que no tengo nada que ver con esto? ¿Lo hago solo, le digo a los compañeros?