Hilda Zagaglia - Hilda Zagaglia - E-Book

Hilda Zagaglia E-Book

Hilda Zagaglia

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Esta publicación presenta una amplia selección de obras de la artista argentina Hilda Zagaglia. Se analizan sus modos de creación y las simbolizaciones que remiten a creencias y relatos de esta parte del mundo que la artista configura y resignifica. Lectores/espectadores percibirán colores y formas de pinturas, esculturas y cajas, con remisiones a la tierra y a lo que fructifica, junto a la sacralidad de lo mítico y aéreo. Se apreciarán valiosas consideraciones de dos investigadoras argentinas y de un crítico italiano e historiador de arte. Alejandra Ciriza en su ensayo muestra cómo Hilda asume en nuestra cultura el mestizaje de la herencia barroca, indígena, jesuita y afro. La investigadora resalta el trabajo artístico que se ancla en la historia de despojos referida a Latinoamérica. Natalia Encinas reflexiona acerca de las representaciones de las mujeres y desde una perspectiva de género sostiene la fuerza de una mirada crítica frente a un imaginario dominante. Renato Miracco ubica a Zagaglia en la vanguardia, en lo simbólico del arte del desecho y el don. La artista comparte sus reflexiones sobre modos de trabajar y los temas que la conmocionan y atraen.

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Seitenzahl: 102

Veröffentlichungsjahr: 2023

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HILDA ZAGAGLIA

de lo inasible a lo visible

HILDA ZAGAGLIA

de lo inasible a lo visible

Un arte político

El arte es como un viaje que nos transporta de un lugar y de un tiempo a otro y nos lleva hacia adelante en el intento de redimir lo silenciado, mostrar lo inefable, hacer visibles el olvido y la ausencia. Por eso a través de mi obra valorizo aspectos olvidados de la historia, el país, los mitos y discursos sobre la trascendencia

(Hilda Zagaglia, 2020).

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La dimensión humana del arte

Adriana Musitano

Construida a lo largo de cuarenta años, la obra de Hilda Zagaglia pre-senta un complejo entramado artístico-poético y filosófico que este libro busca poner de relieve. La publicación digital de Bosquemadura exhibe una amplia selección de obras inéditas y otras escasamente conocidas. En las pantallas se indica –con una señalización de palabras y conceptos destacados gráficamente– modos de creación y simbolizaciones que remiten a creencias y relatos de esta parte del mundo que la artista de Alta Gracia configura y resignifica. En primer plano lectores/especta-dores percibirán tanto la materialidad de la plástica, con sus colores y formas, como las remisiones a la tierra y a lo que fructifica, cuanto

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a la sacralidad de lo espiritual, mítico y aéreo. En otra instancia de lectura apreciarán valiosas consideraciones críticas de dos investi-gadoras argentinas y de un crítico italiano e historiador de arte.

Alejandra Cirizaen su ensayo muestra cómo Hilda asume en nuestra cultura el mestizaje de la herencia barroca, indígena, jesuita y afro. La investigadora de Cuyo resalta el trabajo artístico que se ancla en la his-toria de despojos referida a Latinoamérica, Argentina, Córdoba, Jesús María y Alta Gracia, regiones que se hacen presentes en las cajas, per-formances, pinturas e intervenciones, ya sea cuando denuncia la este-rilización que causan las semillas transgénicas o cuando revela la in-visibilidad cruenta sufrida por mujeres, esclavos y afrodescendientes. Desde una perspectiva feminista y situada, Ciriza afirma que la “tarea de síntesis y superposición [en] la artista opera a sabiendas, pero tam-bién bajo la idea de que los efectos de esas superposiciones no son del todo previsibles, como no lo son los avatares de la historia.”

Natalia Encinasreflexiona acerca de las representaciones de las muje-res en las obras y, desde una perspectiva de género, sostiene la fuerza de una mirada crítica frente a un imaginario dominante. Dice de la obra de Zagaglia: “las capas se superponen e instan a develar los sentidos. Mapas dibujados en papel, contornos y formas del cuerpo

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humano-mujer y animal alado, [presentan] las rugosidades de la geo-grafía humana de la tierra”. Indaga así en aquellas figuras de mujeres que tensionan o subvierten las iconografías patriarcales y da cuenta de la presencia en las pinturas de formas y figuras que remiten a plantas y animales, situados en diversos planos (míticos y simbólicos). Valora el aporte ético y estético de la artista ya que configura vínculos entre cuerpos, especies y dimensiones, toca el caos, sin descuidar los bordes y sutiles cruces de límites.

Renato Miraccorecorre momentos claves de la modernidad y vanguar-dia y relaciona la obra y pensamiento de Hilda Zagaglia con la de pin-tores relevantes del siglo XX. Su perspectiva abarca el mundo imagina-rio que la artista realiza plásticamente y con enfoque histórico-crítico, se detiene en la obra de arte como don, intercambio, homenaje y tes-timonio. El ensayista sostiene que el trabajo artístico de esta especie de chamana adquiere dimensiones simbólicas, recuperando figuras tanto ancestrales como propias de nuestro presente. Afirma que “en Hilda, la espiritualidad, en la acepción más amplia del término, no es la única fuente compositiva, sino que también destaca en sus obras el uso de los materiales como un trabajo de recalificación de elementos de des-carte por lo que los objetos de uso común son elevados a productos”.

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Se completa el libro con un texto de la propia Hilda Zagaglia en el que comparte reflexiones sobre sus modos de trabajar, algunos de los te-mas y problemas actuales que la conmocionan y atraen. Cerrando el li-bro, la artista entrega breves descripciones de obras claves, detallando materiales, formas, conceptos y simbolizaciones.

El equipo de Bosquemadura –a través del diseño y puesta en página– presenta reproducciones a pleno y detalles para un mayor disfrute sensorial, otras veces se introducen en página a todo color, palabras guías que enfatizan la poética política que relaciona arte/vida, transpa-rencia/ocultamiento al conectar prácticas de manipulación, engaño y seducción versus las de conocimiento. Podrá advertirse la energía de las representaciones visuales, incluso cuando presenta dolores y ma-les, espectros, seres monstruosos o situaciones cruentas.

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Lectores/espectadores –mediante las formas y el color– repararán cómo la artista metamorfosea escenas y muestra el paisaje cambian-te del mundo; juega con ecos y espejos; toma la niebla o nubes y hace veladuras, percibe los rumores y construye collagescon palabras leídas y oídas; acumula basuras y con esos desechos nos interpela.

Nuestro deseo al publicar este nuevo libro es que desde las pantallas se genere una experiencia que recupere la dimensión humana del arte.

Córdoba, noviembre de 2022

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Pampa y poder ·1982 · Acrílico sobre tela, 38 x 48 cm. Fotografía de Francisco Sapolski.

El teatro del mundo · 1986 · Óleo sobre tela, 100 x 120 cm. Fotografía de Pablo Becerra.

El teatro del mundo (detalle)· 1986 · Óleo sobre tela, 100 x 120 cm. Fotografía de Pablo Becerra.

Curubú, curubú, moriré · 2005 · Óleo sobre tela, 100 x 100 cm. Título, verso de jitanjáfora anónima. Fotografía de Pablo Becerra.

Y entró en su casa · 2006 · Óleo sobre tela, 100 x 120 cm. Titulada en otros casos Sin dioses ni destino. Fotografía de Pablo Becerra.

El bichito colorado · 2007 · Óleo sobre tela, 98 x 120 cm. Fotografía de Pablo Becerra.

TIERRAS Y

MEMORIA

TIERRAS Y

MEMORIA

Hilda Zagaglia: mapas, cajas, semillas y bolsas. Cartografiar el tiempo y el cuerpo

Alejandra Ciriza

Este ensayo ha sido organizado a partir de entrevistas a Hilda Zagaglia, una colectiva (Zagaglia, 2 de marzo de 2022) y otra publicada por Musitano y Domínguez (2022); además, con imágenes y datos de exposiciones suyas, presentaciones, conferencias; otros documentos y obras, en di-versos soportes digitales. El visionado de las obras, las lecturas y es-cucha fueron indispensables para obtener un panorama desde el cual indagar en el trabajo de la artista a partir de una suerte de conjetura que fue naciendo a lo largo de un proceso que ha llevado varios meses.

Recurren en la obra y en las palabras de Zagaglia la relación pasa-do-presente y la cuestión sobre los cuerpos de las mujeres, asociados al despojo, la violencia y la conquista, pero también a la expectativa de

regeneración, una clave que puede ser acompañada por diversas lec-turas desde los feminismos, incluida la mía propia en todos estos años de búsqueda de genealogías feministas desde el sur (Ciriza, 2015). La preocupación por la regeneración trae al escenario las reflexiones de

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Haraway (2019) a propósito de la crisis ecológica del planeta y de la po-sibilidad de una recuperación parcial que incluya el duelo por las irre-mediables pérdidas. Y resuenan las preguntas de Korol sobre la tierra y las semillas ( 2016), su insistencia por entablar lazos con el pasado en procura de las determinaciones históricas, espaciales y corporales de nuestras imágenes de feminidad, todo ello enlazado con mis propias interrogaciones en la búsqueda de genealogías feministas situadas (Ciriza, 2015).

En un libro publicado hace ya varios años Adriana Musitano (2011: 276-294) proporciona una interpretación de la obra de Zagaglia en relación con el tratamiento de los cuerpos, un asunto que la artista asume a partir de los efectos de la dictadura militar y de la tragedia que lxs in-sepultxs plantean a lxs sobrevivientes y a la sociedad entera. Desde la perspectiva analítica de Musitano, Zagaglia y otrxs artistas visuales y de la palabra –entre ellxs Alonso y Gambaro– construyen poéticas de lo cadavérico, verdaderas instancias de procesamiento y visibilización de lo acontecido en la historia argentina y regional.

En cuanto a Zagaglia, dice Musitano, se pueden distinguir tres series, una primera, integrada por pinturas, tintas y objetos realizados entre 1980 y 1990, que representan el cadáver y la tensión vida/muerte en relación

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con el terrorismo de Estado y el genocidio perpetrado por la última dictadura. Y una segunda y tercera series realizadas desde fines de los 90 y más allá del 2000, en las que el tema de la muerte avanza hacia otros espacios y tiempos, reconociendo diferentes modos del dominio y el exterminio vinculados a las transformaciones sufridas por el país al ritmo del menemismo y la depredación neoliberal del aparato pro-ductivo, con sus efectos de penurias, exilios y desarraigos. Esta suerte de crónica del despojo está habitada por una figura femenina, entre cortesana y virgen, pintada o esculpida, que abre otra dimensión en la representación de la relación entre vida y muerte. La imagen de la vir-gen, un ser intermediario entre lo humano y lo divino, convoca expec-tativas de redención que proceden del pasado y habitan en las vírgenes mestizas de Nuestra América, herederas de la Pachamama, la Ñuque Mapu y las múltiples divinidades proveedoras de la vida y contenedoras de la muerte, algo así como la tierra re-encantada, lugar de los huesos, lxs ancestrxs y las semillas. Me interesa ubicarme en ese momento de inflexión y atender, desde una perspectiva feminista situada en el sur –tensada por las múltiples y contenciosas genealogías en que solemos re-conocernos en estas tierras– a los hilos de la memoria que se tejen para Zagaglia en un arco de tiempo que va desde la época de la conquista hasta nuestros días. También, con una escucha abierta a los modos bajo los cuales el presente interroga al pasado, reconociendo las for-mas como este presente de la globalización capitalista conecta con el

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tiempo de la conquista. Esas conexiones precipitan en la búsque-da de imágenes que den cuenta de la América –cuerpo-maíz-fecundi-dad– y de la misma manera de la servidumbre, el racismo y el saqueo, tanto en el pasado como en el presente. Estas imágenes-símbolos es-tán abiertas al oxímoron benjaminiano de la cultura y la barbarie, de la construcción y el arrasamiento, de la utopía y el exterminio, cimentan memoria ante las tentativas recurrentes de borramiento de nuestras raíces indígenas y negras (Nordenflycht, 2010).

Los cuerpos que habitan la obra de Zagaglia son cuerpos desgarrados, atravesados por las cartografías de la conquista, rasgados y perforados por el despojo, desangrados por la violencia, pero a la vez portadores de la esperanza de regeneración, como sucede con los maíces ubicados sobre los mapas de la conquista. De allí la presencia recurrente de las vírgenes y la apelación a una estética que hunde sus raíces en la his-toria de las tierras americanas y remite al suelo que Hilda pisa en Alta Gracia, tierra de comechingones y personas afro esclavizadas, lugar de asentamiento de una de las estancias que integraban esa suerte de mundo paralelo edificado por los jesuitas en nuestras tierras, parte de la red que sustentaba una economía floreciente administrada por la orden durante unos 120 años, entre su arribo a Brasil, en 1549, y su ex-pulsión, en 1767 (Martínez Tornero, 2020).

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Cartografías de la memoria. Un territorio marcado por

el barroco

Hilda Zagaglia tiene una vastísima trayectoria como artista visual. Sus exploraciones estéticas no se detienen en la pintura: experimenta con distintos materiales, desde el acrílico al óleo, y apuesta al desplaza-miento hacia