Histe(ó)ricas - Dana Hart - E-Book

Histe(ó)ricas E-Book

Dana Hart

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Beschreibung

Durante toda la historia de la humanidad, las mujeres han sido señaladas y juzgadas por su condición "femenina". En el siglo pasado era común que a las mujeres que no querían procrear o que no estaban dispuestas a dedicarse exclusivamente a las labores domésticas las encerraran en manicomios, las trataran con lobotomías o medicación tan fuerte que les destruían los órganos internos, el cuerpo, el deseo sexual, las emociones y hasta el alma. Actualmente, las mujeres disidentes son señaladas como histéricas, histriónicas, dramáticas, bipolares, conflictivas, irritables, "feminazis", depresivas y más. ¿Cuán cierto es esto? Descúbrelo en esta publicación de Dana Hart. En "Histe(ó)ricas haremos terapia con Virginia Woolf, Simone de Beauvoir y Melanie Klein", tres grandes feministas cuyas vidas han dejado huella y que demuestran que el verdadero enfermo es el patriarcado. Los temas que surgen en estas sesiones son el miedo, la violencia sexual, las relaciones de diversa índole, la maternidad, el lesbianismo, las frustraciones, las fortalezas, el techo de cristal, los amores y más. Temas con los que las mujeres luchan constantemente y a los que se enfrentan sin importar la edad, el país donde viven o, incluso, la clase social a la que pertenecen. "Las mal llamadas depresiones, bipolaridades o histerias no se nos quitan tomando pastillas, con meditación, leyendo el mejor libro de autoayuda jamás escrito, con las terapias basadas a secas en Freud, con un buen programa en la televisión o con la copa de vino más cara. ¡No! No es tan sencillo". Dana Hart nació en Argentina y, actualmente, radica en Chile. Es licenciada en Educación y profesora de Historia y Ciencias Sociales con mención en patrimonio cultural. Es especialista en acompañamiento a mujeres y disidentes con perspectiva feminista. Ha estudiado un diplomado sobre los orígenes del patriarcado. Asimismo, es propulsora del Museo del Trabajo Itinerante e integrante de la marea verde feminista por la legalización del aborto y los derechos reproductivos. Es activista por la defensa de las niñas violentadas sexualmente e impulsora de psicoterapias feministas virtuales y presenciales. Ha publicado el libro Sexualidad feminista.

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Veröffentlichungsjahr: 2020

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HISTE(Ó)RICAS

Gafas Moradas

Dana Hart

HISTE(Ó)RICAS

Virginia Woolf, Simone de Beauvoir y Melanie Klein en el diván

Histe(ó)ricas

Virginia Woolf, Simone de Beauvoir y Melanie Klein al diván

© Dana Hart, 2020

De esta edición: © Editorial Gafas Moradas EIRL, 2020

Calle Navarra 277-301, Pueblo Libre

[email protected]

Primera edición: julio de 2020

Imagen de la portada: Saúl Herrera en Istockphoto

Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de la editorial.

ISBN: 978-612-00-5233-4

Nota de la editora

El libro que está en tus manos es un texto escrito por Dana Hart, psicoterapeuta de mujeres y disidentes. Su experiencia profesional la ha llevado a escribir sobre las historias de muchas mujeres que han pasado por su consulta. Como buena y ética terapeuta, no puede revelar las identidades de sus pacientes, pero no es necesario que lo haga. Muchas de las historias que leerás en las siguientes páginas las hemos vivido las mujeres históricamente. Si eres mujer, seguramente te reconocerás en alguna de ellas.

Este texto es un diario de terapia. Las protagonistas (y pacientes) son la escritora británica Virginia Woolf, la filósofa francesa Simone de Beauvoir y la psicoanalista austriaca Melanie Klein, tres mujeres referentes del feminismo. Cada una de ellas se «reúne» con Dana y habla sobre sus miedos, sus frustaciones, sus relaciones, sus fortalezas y más.

Ponte las gafas moradas. Nosotras te acompañamos a mirar el mundo diferente.

Virginia Lunes 23 de marzo, 18 horas

—¿Por dónde le gustaría comenzar? Generalmente, empiezo por el motivo de consulta, pero esta vez ambas lo tenemos bastante claro, ¿verdad? Usted intentó acabar con su vida y escogió, nada más y nada menos, llenarse los bolsillos de piedras y lanzarse al río.

Entiendo que, afortunadamente, pasó por allí una vecina justo a tiempo...

Me llama la atención que haya escogido el método con el que fracasó Mary Wollstonecraft. ¿Tal vez, inconscientemente, creyó que el abrigo largo podría salvarla?

—Permanentemente, he sentido el peso de una bota encima de mí: es esa sensación de caminar con un fardo inmenso sobre la espalda. A veces es tan pesado que no puedo andar. No me gobierno, no domino mis piernas.

Antes pensaba que era algo químico, físico, que me faltaba comer mejor, que tal vez con un poco de hierro en la alimentación mejoraría, pero no. No he mejorado ni con suplementos vitamínicos ni nada.

Es el peso del entorno social imponiendo sus cadenas desde hace tanto tiempo y de múltiples formas, pues he sido explotada de muchas maneras. Ya sé que mi condición confunde y parezco, a todas luces, una mujer burguesa que nada tiene de falta y de carencia, pero la verdad es que fui explotada toda la vida.

Yo nunca tuve dinero y, para colmo de males, me casé con un hombre que tampoco lo tenía. Al margen de esto, he sido exprimida desde mucho antes de casarme. Podría decir que desde que nací. Primero, lo fui sexualmente. Sí, en mis más tempranos años de la infancia. Luego, mi vida ha sido un constante desgaste por la cantidad de trabajo no remunerado que he realizado desde que mis manos pudieron agarrar una esponja.

Siempre estuve obligada a lavar, cocinar, barrer, pasar el trapo por cada objeto y mesa de la casa. Lo he hecho desde que tengo uso de razón. Ya no me acuerdo cómo era antes de eso. Esa rutina me convirtió en la mujer eficiente que soy ahora, ¿verdad?

El problema es el cansancio que no me deja respirar, que se apoya sobre mis hombros cuando miro, duermo, bebo, como y camino. ¡Qué se le va a hacer! Es un peso gigante.

Eso y, bueno, ya sabe, las perspectivas. Esa imposibilidad de despertar en la mañana y sentirme tranquila con lo que tengo, con lo que soy, pues como un espíritu impulsivo me arrojo inmediatamente por más, más, porque sé que hay algo más afuera, algo que debo alcanzar, algo que me espera.

Es bastante difícil para mí alejarme del impulso grotesco de perseguir ese «algo más». Es una inquietud por afluir como el agua de un río,y en él está esa intensidad que me devora por dentro; aunque está limitada por mi cuerpo de mujer oprimida. Créame, no es fuego, porque no me quema; es agua, pues me ahoga.

Busco el consejo sobre cómo evitar el desborde, el hundimiento. Intento encontrar la manera de dejarme fluir sin barreras, de soltar la carga que me estanca, que me lleva directo al fondo.

—¿Las piedras en los bolsillos representan esa gran carga?

—Creí que me iba a hundir o, mejor dicho, que ya estaba hundida. Padezco de una doble ansiedad, ¿sabe usted? No solo ante el temor a la depredación como cualquier ser humano, sino una angustia ante la posibilidad permanente de violación, de abuso sexual. Doble pánico, doble ansiedad, doble temor.

Miro por la ventana y busco una sombra por los rincones oscuros del paisaje, un asechador, pues siempre creo que hay un espía, alguien capaz de producir un gran daño.