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Como historiador, Polibio puede mirar frente a frente a los grandes autores griegos clásicos, y está muy por encima de cualquiera de sus contemporáneos del siglo II a. C. Comprendió como nadie el glorioso futuro que le esperaba a Roma y tanto su técnica narrativa, alejada de artificios innecesarios, como su método historiográfico convierten sus Historias en una obra clave para la evolución del género. Gredos pone a disposición de los lectores la única traducción moderna completa de la obra conservada de Polibio. En este primer volumen, además de una introducción general que contextualiza al autor, están reunidos los cuatro primeros libros de Historias, que comienzan con la Primera Guerra Púnica.
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Seitenzahl: 798
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Índice
Introducción
Bibliografía
Libro I
Libro II
Libro III
Libro IV
Notas
© de esta edición: RBA Libros y Publicaciones, S. L. U., 2025
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
Primera edición en libro electrónico: octubre de 2025
REF.: GEBO728
ISBN: 979-13-8789-610-2
Composición digital: www.acatia.es
Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47). Todos los derechos reservados.
I. VIDA DE POLIBIO
1. En la batalla de Pidna, en el año 168 a. C., el cónsul romano Paulo Emilio venció al rey Perseo de Macedonia. Este acontecimiento fue trascendente para la Hélade, en general, y crucial para Polibio: un año más tarde, en el 167, es llevado como rehén a Roma por no haberse mostrado abiertamente filorromano en dicha batalla. La vida, pues, de Polibio queda así dividida en dos grandes etapas: una anterior, en su patria y como hombre de acción y con mirada hacia el futuro; la otra, posterior, en Roma, como hombre de análisis y con mirada histórica y retrospectiva. El año 168, pues, es determinante en la vida de Polibio.
2. Su fecha de nacimiento1 la podemos situar entre 210 y 200 a. C. Ello se deduce de los siguientes datos: a) Polibio fue elegido embajador2, en misión diplomática ante Ptolomeo V Epífanes, con su padre Licortas y Arato, hijo del famoso Arato de Sición, en el año 181 y «cuando —se dice textualmente— aún no tenía la edad legal»; b) Polibio fue nombrado hiparco3 de la Liga aquea en el año 170. Ahora bien, dado que, según doctrina común4, era inadmisible participar en asambleas federales antes de los treinta años, parece congruente deducir que Polibio no pudo nacer antes del 210, pues en ese caso ya tendría la edad legal para ser embajador, pero tampoco después del año 200, porque entonces habría sido hiparco antes de la edad de treinta años y embajador a los diecinueve, una edad demasiado ilegal.
3. Sin embargo, cabe precisar algo más dentro del margen de tiempo entre 210-200. Y ello, porque hay que suponer que tenía al menos dieciocho años cuando se encontró5 en Sardes con Quiomara, la mujer del rey galo Ortiagonte, encuentro que, en opinión de Mioni6, se sitúa en el año 190-189. Puede deducirse, en consecuencia, que Polibio nació hacia el 209 o 208 a. C., fecha bastante diferente de la propuesta por Walbank7, que defiende con argumentos no muy convincentes que Polibio no pudo nacer antes del año 200. Y si la fecha del 209 o 208 de su nacimiento se combina con la noticia de Ps. Luciano8 de que el historiador vivió ochenta y dos años, entonces Polibio debió de morir hacia el año 127 a. C.
4. Polibio nace en Megalópolis, capital de la Liga aquea, en Arcadia, región ideal de la poesía bucólica. Fue hijo de Licortas, un hombre honrado, hiparco9 en el año 192 y estratego en el 184-182. Fue, de otro lado, discípulo de Filopemen, militar consumado10, que luchó en Selasia11 en el año 222, completó la obra de Arato12, reformó el ejército aqueo13 y fue considerado como un auténtico hombre de estado14 en la segunda centuria. El ambiente familiar, pues, no podía serle más propicio y adecuado para adquirir una formación política y militar.
5. Sin embargo, los estudiosos hablan también de una formación literaria y filosófica de Polibio. En este punto todas las precauciones son pocas. Desde luego en su obra se dice que había estudiado música15 y que le gustaba la medicina y la geografía. Igualmente, el propio Polibio hace referencia, ya a poetas célebres, como Homero, Simónides, Píndaro y otros, ya a historiadores como Heródoto16, Tucídides17, Jenofonte18. Con todo, estas citas y alusiones no deben entenderse en el sentido de que Polibio poseía una educación literaria profunda. Una cultura dada genera un ambiente del que, sin necesidad de un conocimiento directo, cualquier hombre de formación media participa. Cuestión muy diferente implica las alusiones a historiadores como Timeo, Filarco, Teopompo y Éforo: a estos los estudia y critica desde una concepción historiográfica propia.
6. Y se ha discutido hasta la saciedad si esta concepción historiográfica propia la elabora Polibio desde posturas estoicas o peripatéticas. Me inclino a pensar, frente a autores como Hirzel19 y otros, que si hoy hay que hablar de una concepción filosófica, esta debe ser la filosofía peripatética. Pues, de un lado, en general cita a autores peripatéticos, como Aristóteles, Teofrasto y Dicearco y, de otro, Megalópolis recibe un código de leyes elaborado por el peripatético Prítanis20. Y, además, la fórmula básica21 de cuándo, cómo y por qué, con la que quedan enmarcados los hechos históricos, remeda de cerca las célebres categorías aristotélicas22.
7. Ello no quiere decir que Polibio conociera a fondo la filosofía de Aristóteles ni que desconociera totalmente la doctrina estoica. Pero sí parece que su concepción historiográfica se conjuga y se explica mejor a partir de los postulados de la filosofía peripatética, porque incluso el contenido de Fortuna, del que tanto se insiste como de procedencia estoica, se ve racionalizado en Polibio.
8. De su ambiente familiar podría deducirse que Polibio intervino intensamente en la vida política. Sin embargo, aparte su nombramiento de embajador, en el año 181, ante la corte de Ptolomeo, su actividad política se reduce a los años 170-168. En el 170 es elegido hiparco de la Liga aquea. Pero es un momento clave: por entonces se desarrollaba la tercera guerra macedónica, una guerra entre Roma y Macedonia, ciertamente, mas con irradiación a toda Grecia. La Liga aquea, que había manifestado una postura de neutralidad, al fin decide enviar una embajada al cónsul Q. Marcio Filipo poniendo a su disposición el ejército. Polibio marchó sana, 1902, págs. 76-94, donde se discute la tesis de Hirzel. En adelante, en esa embajada. Pero fue demasiado tarde23, porque ya el cónsul acampaba en la propia Macedonia y no necesitaba de aliados. Se permitió, incluso, la arrogancia de pedir a la Liga aquea que negara el envío de cinco mil soldados que Apio Claudio Centón, entonces en el Epiro, había solicitado.
9. En el año 168, Paulo Emilio vence a Perseo y todo quedó decidido24. Se felicitó al cónsul romano, pero también le fue entregada una lista, en número de mil, con los nombres de aquellos que habían seguido un comportamiento tibio para con Roma. Estos sospechosos, entre los que iba Polibio, debían justificarse en Roma, justificación que duró diecisiete años.
10. Polibio llegó a Roma en el año 167 y en el 150, junto con trescientos prisioneros que aún sobrevivían, recuperó la libertad oficial, sin duda debido a la influencia de P. Cornelio Escipión Emiliano y a la de Catón. Su estancia en Roma, frente a sus compañeros que fueron recluidos en ciudades de Etruria, fue, por tanto, bastante larga, pero en modo alguno dura, es decir, no privada totalmente de libertad.
11. Y debe quedar claro que Polibio gozó en Roma de libertad de movimientos, porque ello implica el que pueda entenderse con ciertas garantías25 el cómo fueron redactadas las Historias. Las pruebas son bastantes convincentes. He aquí las más significativas: a) A diferencia de los otros rehenes, él se queda en Roma y además entra en el círculo de los influyentes y cultos Escipiones. Llegó a ser maestro26 de Escipión Emiliano. b) Podía salir de caza con Escipión, según dice el propio historiador, que cita el lugar, esto es, la región27 de Agnania. Esto sucede en el año 162 y, por la misma época, se permite el riesgo de preparar la huida del príncipe seléucida Demetrio28. c) Visitó en varias ocasiones29 a los locros epizefirios, considerados compatriotas suyos. d) El propio Polibio afirma que hizo el recorrido a través de los Alpes para informarse de las vicisitudes que había sufrido Aníbal cuando este los cruzó en el año 218. Esta visita debe situarse antes del año 150 como bien opina Pédech30. e) Asimismo puede afirmarse que Polibio vino a España en el año 151, en compañía de Escipión Emiliano, a la sazón tribuno militar31 de Licinio Lúculo.
12. Parece, pues, demostrado que el confinamiento de Polibio en Roma no fue el de un hombre retenido en el Lacio bajo pena de muerte, como opina Cuntz32, sino que, por el contrario, gozó de máxima libertad, con la excepción de poder marchar a Grecia. Y no cabe duda de que esa libertad de movimientos le permitió adquirir, ya del círculo culto en que se movía, ya de sus numerosos viajes, un bagaje de conocimientos y noticias, de primera mano, muy útiles para la elaboración de su obra histórica.
13. En el año 150, Polibio regresa a Grecia. Y, claro está, vuelve cargado de evidencias culturales y políticas. No es el mismo hombre que un día tuvo que abandonar su patria. Ahora, de una parte, siente agradecimiento hacia Roma y, de otra, se percata de que Roma, se constituye en atalaya desde la que todo el acontecer histórico del momento recibe explicación. Mas, al mismo tiempo, mantiene vivo su amor a la tierra de sus mayores. De aquí que pueda estar tanto del lado de Roma como de Grecia.
14. Esta bipolaridad personal de Polibio enmarca su actuación a partir de su libertad oficial. Durante la segunda guerra púnica fue solicitado por Roma como experto militar y acudió sin reservas. Acompañó a Escipión Emiliano y así pudo conocer la zona norte de África. Por el propio Polibio sabemos que estuvo presente en el asedio33 y destrucción de Cartago en el año 146. Pero, mientras Polibio había compartido con su acción el triunfo de Roma sobre Cartago, en su propia tierra, la ciudad de Corinto, orgullosa de patriotismo, caía calcinada bajo el mismo poder, en septiembre del mismo año 146. Y el historiador, en persona, según nos cuenta34, asistió igualmente a la quema y saqueo de Corinto: no deja de ser una jugada irónica de la Fortuna. Polibio no aprobó la conducta soberbia de Roma, pero tampoco el comportamiento orgulloso de los griegos.
15. Esta situación casi trágica de los últimos años de Polibio encuentra su síntesis en el encargo que le hizo el Senado de conciliar los derechos de vencedores y vencidos, lo que le permitió volver, una vez más, a Roma35. Esta función de conciliador la comprendieron bien los propios griegos, al grabar al pie de una estatua levantada en su honor, en Megalópolis, lo siguiente36: «Grecia, de haber seguido los consejos de Polibio desde el principio, no habría decaído, y cuando Grecia erró, solo él pudo ayudarla algo». O aquellas otras palabras, en versos elegiacos, que, según Pausanías37, rezaban en otra estatua colocada en el ágora de su ciudad natal: «recorrió toda la tierra y el mar, fue aliado de los romanos e hizo cesar la cólera contra los griegos». Nada más congruente y sintético.
16. Poco más se sabe de Polibio hasta su muerte. Según Estrabón38, estuvo en Alejandría, probablemente hacia el 140 a. C. También quizá en Rodas, donde consultó los archivos de la ciudad conforme deducen algunos del propio Polibio39. Su viaje a Numancia es hipotético, y de acuerdo con la cronología establecida por nosotros, de que murió hacia el año 127, muy poco probable40.
II. LA OBRA DE POLIBIO
A) Estructura de las «Historias»
1. Polibio es conocido por su magna obra las Historias. Cierto es que escribió tratados menores, de los que no ha sobrevivido nada. Lo sabemos ya por el propio Polibio, ya por otras fuentes: por ejemplo, en X 21, 5-8, dice el historiador que no se entretiene sobre el estratego Filopemen, porque acerca de él ya ha compuesto una monografía en tres libros. Al respecto, resulta interesante observar que este tipo de tratados, aunque no subsista fragmento alguno, tuvo su influencia. La vida de Filopemen de Plutarco está basada fundamentalmente en el tratado de Polibio, de tal suerte que Pédech41 ha podido, creo que con éxito, reconstruir, a partir de la de Plutarco, la de Polibio. Con todo, no siempre el caso es tan simple. A veces los estudiosos deducen consecuencias arriesgadas a partir de hipótesis. La obra La Guerra de Numancia, que Cicerón atribuye a Polibio y solo por aquel es mencionada, no resulta seguro que Polibio la hubiera escrito. Sin embargo, sobre esa hipotética obra se analizan las fuentes de La Historia de Iberia de Apiano42, lo que, de otra parte, indica la autoridad que los estudiosos han atribuido a Polibio en materia historiográfica. Autoridad fundamentada en su gran obra histórica.
2. Las Historias fueron divididas por su autor en cuarenta libros43. De ellos se conservan completos los cinco primeros; del VI al XVIII se disponen de extractos antiguos, amplios y en los que se registra el libro al que pertenecen los extractos, lo que garantiza su orden propio. A partir del XVIII solo se conservan fragmentos que provienen de los florilegios realizados por orden de Constantino Porfirogéneta44.
3. La obra polibiana narra la realidad histórica que va desde el año 265, comienzo de la primera guerra púnica, hasta el año 146, final de la tercera guerra púnica y destrucción de Corinto. Esa es la realidad histórica y el período narrado por Polibio en cuanto resultado. Pues, desde el punto de vista del propósito original del historiador, esa realidad, en cuanto totalidad, no fue concebida así; le que implica revisión de propósitos sobre la misma elaboración de las Historias. Y esta programación y revisión la proporciona el propio Polibio ya desde el libro primero45 y de forma detallada en los tres capítulos del libro tercero46. Su esclarecimiento tiene gran interés.
4. El propósito central fue historiar el período que abarca desde el año 220, comienzo de la segunda guerra púnica, hasta el 168, que coincide con la batalla de Pidna. A la parte de la obra, libros III-XXX, que narra ese período, la llama Polibio «la obra propia»47. Pero antes contamos con los dos primeros libros, I-II, que constituyen una especie de «preparación», de «introducción», donde los hechos son narrados por encima y con la intención de que sirvan de antecedentes explicativos de lo que viene después. La realidad histórica de estos dos primeros libros es la que va desde el año 265, y así continúa la Historia de Timeo, hasta el año 220, donde terminan los últimos hechos narrados por Arato de Sición y comienza su obra propiamente dicha, hasta el año 168.
5. Cabe preguntar cómo se distribuye este período real en la obra histórica. Los capítulos segundo y tercero del libro III nos servirán de guía. Y en efecto, de su análisis queda claro que el hilo conductor es la segunda guerra púnica. Todo el libro tercero se dedica al estudio etiológico de esta guerra y termina cuando los cartagineses han invadido Italia y han puesto a los romanos48, tras la batalla de Cannas, en un peligro grave. A este peligro alude Polibio con las siguientes palabras: «A continuación —comienzo del libro III—, intentaremos explicar cómo, en esta época, Filipo de Macedonia libró una guerra contra los etolios, tras la cual dispuso los asuntos de Grecia y se lanzó a compartir las esperanzas de los cartagineses».
6. La obra, en este punto, deja como una atmósfera de amenaza sobre Roma y pasa a narrar los acontecimientos de Grecia y Asia: en Grecia se da razón de la guerra de los aliados, narrada en IV 3-37, 57-58, y V 1-30, 91-106, y que termina con la paz de Naupacto en el año 217. En Asia, se trata de la guerra que se inició en el año 219 entre Antíoco y Ptolomeo Filopátor por la Celesiria, narrada en V 31-87, y de la guerra de los rodios y Prusias contra Bizancio, narrada en V 38-52. Por tanto, la atmósfera amenazante con que termina el libro III, se agrava aún más en el IV y V con una posible alianza entre Filipo y Aníbal como, según hemos visto, explícita el propio Polibio49. Desde un punto de vista historiográfico, la explicitación alberga un efecto extraordinario en función del libro VI. El historiador, sin duda, quiere resaltar que grande fue el peligro que se cernía sobre Roma, pero mayor y más efectiva fue la uirtus romana que permitió conjurar la amenaza. Y esa uirtus romana, esa virtualidad constitucional y política es la que Polibio describe en el libro VI. Este libro, al igual que el libro XII, constituye una especie de escorzo en la linealidad histórica, pero supone aguda visión de historiador, no solo por el contenido, sino precisamente por su posición dentro de la obra. Este libro viene a dar razón de por qué la amenaza se tornó éxito: «Aquí — anuncia Polibio50, precisamente, al comienzo del libro III—, detendremos nuestra exposición y trataremos de la constitución romana; demostraremos luego que las características de esta constitución contribuyeron, al máximo, no solo a que los romanos dominaran Italia y Sicilia, sino también a que extendieran su imperio a los iberos y a los galos, y además a que, tras derrotar militarmente a los cartagineses, llegaran a concebir el proyecto de dominar el universo».
7. Esta recuperación ocupa el relato de los libros VIIXV, pues el libro XV pone fin a la guerra anibálica en la célebre batalla de Zama, con lo que el peligro que amenazaba a Roma desaparece. En medio, se narra la conquista de Italia y Sicilia: estas conquistas configuran el trenzado principal que se realiza en los libros VII al XIV; de forma intercalada y en un segundo plano, se historia la conquista de Iberia en VIII 38; IX 11; X 2-20, 34-40; XI 24-33. También la conquista de la Galia cuyo texto no ha sobrevivido. De otra parte, se insertan narraciones, sin duda exigidas en el plano cronológico, sobre la ruina de Hierón, las rebeliones en Egipto y acerca de la ambición de Antíoco y Filipo.
8. Como puede observarse, Polibio, en un primer propósito, polariza su quehacer histórico en torno de Roma y su contexto más próximo hasta la batalla de Zama: los libros III al V presentan los hechos que sitúan a Roma en una situación límite. El libro VI pone en primer plano el vigor y la excelencia de la constitución romana que salva esa situación límite, y los libros VII al XV —excepción hecha del XII— narran los acontecimientos triunfales de Roma hasta la batalla de Zama que son consecuencia de la excelencia de la constitución romana.
9. Mas la victoria sobre Cartago entraña un punto de partida para trazar una nueva dirección historiográfica. Al comienzo del capítulo51 tercero del libro III, Polibio anuncia que cambiará el escenario histórico hacia Grecia y sus contornos, lo que, en verdad, implica la realización del propósito universalista romano: hasta aquí Roma tenía puestas sus ambiciones en Occidente; ahora, asegurada su posición, mira con fuerza hacia Oriente. Y como no podía ser menos, esta realización se distribuye en tres momentos bien diferenciados. En primer lugar, la segunda guerra macedónica entre Roma y Filipo, habida entre los años 200-197, por la que la hegemonía de Macedonia sobre Grecia se pierde. Su expresión histórica se encuentra en el libro XVI, donde da comienzo; en el libro XVIII 1-12, 16-27, 33-39, donde se narra el período de acción bélica, y en XVIII 42-48, que cuenta el final de dicha guerra.
10. En segundo lugar, la guerra contra Antíoco, entre los años 192-187. En tomo a esta guerra se narra una serie de acontecimientos por los que los romanos adquieren indiscutible supremacía en Asia Menor. Esta guerra y sus acciones paralelas debieron ocupar, en cuanto expresión literaria, los libros XV al XXV. Por último y en tercer lugar, se registra la tercera guerra macedónica con el triunfo sobre Perseo en la batalla de Pidna y la ruina total de Macedonia, entre los años 171-168. Esta última realidad histórica habría sido narrada en los libros XXVII al XXIX. El libro XXX se dedicó a la celebración del triunfo de Paulo Emilio por los propios griegos.
11. Estos tres momentos, en su conjunto, ocuparían, pues, los libros XV al XXX. Y, con ello, termina el programa que había sido trazado en el libro III: en una primera travesía, Roma, en Occidente, logra la victoria sobre Cartago; en una segunda, Roma, en Oriente, logra la victoria sobre Perseo. Y, así, se cum plió «el que los romanos en cincuenta y tres años no completos pusieron bajo su dominio el mundo habitado»52.
12. Mas la obra polibiana no termina con la narración de los acontecimientos que cierran el año 168. Polibio decide ampliar su obra hasta el año 146, con diez libros más, hasta el XL. Y da razón del porqué de esta ampliación: de un lado, para explicitar la conducta del vencedor absoluto; de otro, porque fue testigo ocular de los hechos y participó en muchas de las acciones53. Sin duda, son razones que la capacidad historiográfica de Polibio no podía dejar de aprovechar. Si bien, desde un punto de vista objetivo, esta tercera travesía implica como el resultado sintético del dinamismo dialéctico de las dos primeras travesías. Pues ahora, en ese período, tanto Occidente como Oriente quedan absorbidos dentro del poderío romano: Cartago es totalmente destruida y Corinto —y, con ello, toda Grecia pierde su libertad— saqueada y arrasada. Roma se torna dueña y señora del mundo conocido. Mas ello lleva una responsabilidad y es, quizá, el modo como se comportó Roma lo que más interesó a Polibio.
13. Sin embargo, esta parte de las Historias ha llegado muy fragmentaria y se vuelve difícil descubrir su estructura originaria. Con todo, parecen seguros los siguientes momentos: que el libro XXXIV constituía una monografía dedicada a describir los lugares conquistados54, y que el libro XL, del que no se conserva fragmento alguno, recopilaba toda la obra de las Historias. Y no resulta aventurado aceptar que el libro XXXIV serviría para dividir este período en dos vertientes: la primera, de dominación tranquila por parte de Roma de los estados conquistados, durante los años 168-151; la segunda vertiente, de nuevas alteraciones y alborotos, lo que pudo influir en el cambio que se observa en Polibio respecto a la excelencia de la constitución política romana.
14. He aquí, de manera muy apretada, de un lado, la realidad histórica y, de otro, su conformación historiográfica; un período que va desde el año 265 hasta el 146. Su expresión literaria recorta dicho período en varias facetas: los dos primeros libros, a modo de introducción, los años 265-220; los libros III-XXX, los años 220-168, en dos momentos claros: el primero hasta la batalla de Zama, libro XV, y el segundo, hasta la batalla de Pidna, libro XXX55. Y, por último, los libros XXXI-XL, los años 168-146, con la destrucción total de Cartago y Corinto.
B) Fecha de composición de las Historias
1. Se trata de un problema difícil y complejo, pues al no disponer de notificación explícita, su análisis debe partir de los datos que la obra proporciona. Y estos datos se encuentran en las alusiones a hechos históricos, en general bien fechados; a los viajes de Polibio y en las descripciones geográficas56.
2. Pues bien, la postura que hoy es más aceptada al respecto podría resumirse así: a) Que Polibio comenzó a escribir las Historias en el exilio y, con más probabilidad, hacia su final. b) Que los quince primeros libros los compuso antes del año 146. c) Que los restantes los redactó después del año 146.
3. Esta postura, en líneas generales, puede ser defendida con los siguientes hechos. Respecto al aserto a), de que Polibio no comenzó a escribir su obra antes del año 168, queda claro por el pasaje I 1, 5, donde se dice que el objetivo de la obra es narrar cómo Roma en cincuenta y tres años se hizo dueña de casi todo el mundo habitado. Pero esos cincuenta y dos años terminan con la destrucción del reino de Macedonia. En cuanto al aserto b), que los quince primeros libros fueron escritos antes del 146, parece probado porque, de un lado, se habla de la Confederación aquea como floreciente aún57 y, de otro, porque, en IV 74, 8, Polibio aconseja a los eleos que procuren recobrar su inmunidad al saqueo. Asimismo, porque, en XV 30, 10, se cuenta que los niños en Cartago y Alejandría participan en los tumultos ciudadanos no menos que los hombres. Y, claro es, se vuelven difíciles estas apreciaciones en una Grecia sometida a Roma y en una Cartago destruida. A su vez, en lo que respecta al aserto c), esto es: que los libros restantes, XVI-XL, fueron compuestos después del año 146, se apoya, de una parte, en que no hay indicio alguno de que fueran compuestos antes y, de otra, en que, en XVIII 25, 9 y en XXIX 12, 8, se alude a la destrucción de Cartago. Por lo demás, el hecho es meridiano para los diez últimos libros conforme a lo que hemos dicho58.
4. Con todo, debe aceptarse una vez más que esta tesis es admisible en líneas generales. Porque surge una dificultad en la claridad del razonamiento. Me refiero al hecho de que se producen varios pasajes que contradicen esta tesis. De estos solo voy a citar cuatro, en la medida en que por oposición esclarecen el razonamiento. Contradicen el aserto b) los pasajes III 4, que presentan las razones por las que se amplía la obra hasta el ciño 146; III 5, que adelanta el programa, y sobre todo, III 32, 2, donde Polibio habla de su obra compuesta de cuarenta libros. Contradice el aserto c) XXXI 11-15: aquí se narra el episodio de la huida de Demetrio. Su descripción es tan viva que no se tiene dudas de que fue escrito al tiempo de su realidad. Esta sucedió en 162. Pero, según la tesis general, el libro XXXI fue escrito después del año 146.
5. Ahora bien, puesta en parangón la tesis general con estos pasajes que perturban la propia tesis general, la solución que aportan los estudiosos es que dichos pasajes han sido insertados una vez que la obra había sido terminada. Es, desde luego, la solución tópica en este tipo de problemas. Sin embargo, mi opinión59, ya expuesta en otra ocasión, difiere en parte. Para mí —y me apoyo sobre todo en el episodio de Demetrio— la elaboración definitiva de la obra no tuvo lugar antes del año 146. Seguro, por supuesto, para los diez últimos libros. Los anteriores, en cambio, y a excepción hecha de I-II, habían ido siendo redactados por partes conforme a la información y las circunstancias de los hechos y, sobre todo, desde la perspectiva del cómputo por olimpíadas. Así Polibio dispuso de un material ya ordenado y en parte redactado. Mas la redacción definitiva, con el ensamblaje de toda la labor previa, tuvo lugar después del año 146. Por tanto, los pasajes que hay que considerar como inserciones tardías no son tales, sino producto de una elaboración total y definitiva. La explicación propuesta no contradice, en realidad, la tesis general, sino que la apoya y da sentido a los numerosos pasajes considerados como inserciones60.
C) Concepción historiográfica de Polibio
1. Polibio, dentro de la historiografía antigua, ocupa un lugar destacado por su concepción del fenómeno histórico y su manera peculiar de interpretarlo. Ya desde el comienzo mismo de su obra propia61 define su posición: «el trabajo y objeto de nuestra empresa consiste única y exclusivamente en escribir el cómo, el cuándo y el porqué todas las partes conocidas del mundo habitado vinieron a caer bajo la dominación romana». Roma, pues, significa la realidad energética que genera las acciones históricas, pero es misión del historiador no solo captar esa realidad, sino el dar cuenta razonable de los hechos históricamente dados. Para ello, Polibio configura, quizá conforme a modelo peripatético62, una especie de categorías que, de forma constante, enmarcan los fenómenos de suerte que estos se encuentren encuadrados en esas categorías y, a la vez, expliciten su razón de ser. Y esas categorías o dimensiones son modo, tiempo y causa.
2. Cabe, sin embargo, una observación urgente, pues podría parecer que las tres categorías se encuentran en el mismo plano de importancia e, incluso, que se trata de tres dimensiones discretas. Y no es así. La dimensión de causa trasciende a las dos primeras, pues no basta decir cuándo un hecho sucedió, ni tampoco cómo, sino que se hace necesario aclarar el porqué ese cuándo y el porqué ese cómo. El cómo y el cuándo son como los moldes en que se insertan los fenómenos históricos; la causa, por el contrario, no solo explícita el acontecimiento en sí, sino la forma que toman tales moldes: «afirmamos63 que los elementos más necesados de la historia... son sobre todo los relativos a las causas».
3. Mas la dimensión de causa se relaciona con otras dos dimensiones, la de inicio y la de pretexto. Su análisis, pues, requiere un enfoque global y no por separado. En efecto, el texto que mejor refleja el pensamiento polibiano al respecto se encuentra en III 6-7. Polibio comenta que algunos historiadores de Aníbal, cuando exponen las causas de la guerra entablada entre Roma y Cartago, aducen como primera causa el sitio de Sagunto por los cartagineses y como segunda el paso del río Ebro. Polibio observa aquí que estos dos hechos son los inicios, pero no las causas. Es como si se admitiera —añade el historiador— que el paso de Alejandro a Asia hubiera sido la causa de la guerra contra los persas. «Estas son cosas —cito textualmente— propias de hombres que no han descubierto en qué se diferencia y cuánto se contrapone el inicio de la causa y del pretexto. Porque la causa y el pretexto son lo primero de todo, y el inicio, en cambio, la última parte de las mencionadas. Yo sostengo —continúa Polibio— que los inicios de todo son los primeros intentos y la ejecución de obras ya decididas; causas, en cambio, lo que antecede y conduce hacia los juicios y las opiniones; me refiero a nuestras concepciones y disposiciones y a los cálculos relacionados con ellas».
4. El texto es explícito y no necesita de un comentario exhaustivo. Basta deducir las conclusiones. Y estas son: a) Que lo más relevante es la noción de causa y que esta se diferencia del inicio no solo porque, paradójicamente, es anterior, sino porque está en la base de toda acción. b) Que la causa la constituye una serie de operaciones mentales, ideas, razonamientos, sentimientos, que, apoyándose en la realidad, abocan a una decisión que determina el fenómeno histórico: el que los griegos pudieran retirarse de Asia sin encontrar oposición y el paso cómodo de Agesilao, permiten a Alejandro conformar un plan razonado de marchar contra los persas. La causa, pues, es una operación mental pero no gratuita ni utópica. El inicio, por el contrario, se mueve en el plano de la acción y de lo real; la toma de Sagunto es el comienzo de la segunda guerra púnica. La causa hay que buscarla en las consideraciones de todo tipo que se hacen en tomo al poderío de Cartago y a las aspiraciones romanas. En este nivel teórico se encuentra, asimismo, la noción de pretexto que es el otro término que aparece en el pasaje citado. La noción de pretexto se descubre, ciertamente, en el plano intelectual, al igual que la causa, pero frente a la noción de principio. Mas la causa da lugar a la acción, mientras que el pretexto justifica la causa y el inicio a la vez: adquiere un carácter axiológico evidente. Alejandro formula como pretexto de la guerra contra Asia el castigar las injurias64 de los persas contra los griegos.
5. Asi pues, la concepción historiográfica de Polibio se ve teñida de gran dosis de intelectualismo, en la medida en que la dimensión de causalidad reposa en el plano de las ideas y de los razonamientos. Sin embargo, este intelectualismo no implica una formulación tan abstracta como del texto citado podría conjeturarse. Polibio tiene gran cuidado en dejar claro que se trata de una formulación, fruto de su pensar historiográfico, sin duda, y que, en cuanto tal, le sirve de categoría acusadora y explicativa para preguntar a la realidad histórica. De tal suerte que esa formulación recibe contenido concreto e histórico, ya mediante los personajes y protagonistas de los acontecimientos que encaman y proyectan ese plano intelectual, ya mediante las constituciones que permiten que ese plano intelectual se realice.
6. La atribución, pues, de un excesivo intelectualismo a Polibio no es correcto. Lo que acontece es que Polibio es un historiador que, no solo descubre lo que constituye el contenido del cuándo y cómo, sino que interpreta y, para ello, necesita de categorías formales de pensamiento que, en dialéctica real, encama en los personajes históricos y en las instituciones políticas.
7. En efecto, el individuo, como personaje histórico, es el forjador de un conjunto de operaciones mentales que conforman la dimensión de causa. Se explica que sea llamado «causante» y «responsable» de la acción65 y se explica, asimismo, que grandes acontecimientos históricos reciban el nombre del agente histórico principal: la segunda guerra púnica es llamada con el nombre de «guerra66 de Aníbal». Y se habla, igualmente, de la guerra de Cleómenes67, de la de Filipo68 y de la de Perseo69. No debe extrañar, por tanto, que un estudio de los personajes históricos en Polibio coincida necesariamente con el análisis de la causalidad histórica, en cuanto que aquellos son forjadores y encarnan el plano intelectual.
8. Si se opera con inteligencia y con previsión70, es probable acertar en el éxito: Antígono es para los lacedemonios causante de los mayores bienes71, y Filipo, el hijo de Amintas, es el que da origen a la grandeza del reino de Macedonia72. Y, por supuesto, es igualmente válido el caso contrario: si se opera con ignorancia e irreflexión, el fracaso es casi seguro. Claudio73 fracasa en Drépana porque actúa al «azar y sin cálculo». Perseo emprende sus acciones sin congruencia y con falta de cálculo, y ello le conduce al fracaso total.
9. De otra parte, la causalidad histórica alcanza también su plasmación real en las constituciones políticas. Polibio concede, en su obra, particular atención a este tema, si bien deben distinguirse dos aspectos fundamentales. El primero, la constitución como plasmación de causalidad y su mutua interacción. El segundo, la constitución política en sí, en cuanto se analiza su origen, su composición, perfección y evolución, aspecto este último tratado de forma original en el libro VI.
10. Tocante al primer aspecto, el capítulo segundo del libro VI (y en concreto los parágrafos 8-10) es revelador. Dice textualmente: «lo que atrae y reporta utilidad a los estudiosos es precisamente el estudio de las causas y la elección de lo mejor en cada caso. Pues ha de considerarse en todo asunto como causa suprema tanto para el éxito como para el fracaso la estructura de la constitución política, pues de ella, como de una fuente, no solo surgen todas las intenciones y proyectos de los actos, sino también el resultado». Este texto74 desmiente de raíz la opinión de Hercord75 de que Polibio es poco explícito respecto a la interacción entre constitución política y causalidad. Aquí, por el contrario, Polibio defiende que la constitución política es no solo causa histórica, sino causa suprema, en la medida en que es fuente de la que surge el plano intelectual, donde se forjan las operaciones mentales de que hemos hablado. El resurgir de Roma después del desastre de Cannas se debió a la constitución romana, y la Liga aquea logra la adhesión de todo el Peloponeso gracias a sus leyes.
11. Mas tampoco la constitución es una formulación abstracta. Pues «los fundamentos76 de toda constitución son las costumbres y las leyes. Porque —se añade77 más adelante— cuando observamos que las leyes y costumbres de un pueblo son acertadas, juzgamos sin temor que por ellas sus hombres también serán rectos y su constitución acertada». De nuevo se observa en Poübio esa dialéctica real de relación entre plano intelectual y realización concreta. Es más, Polibio llega a puntualizar que una constitución casi perfecta como la romana, si no hubiera dispuesto de hombres como Escipión que la proyectaran con su virtualidad en la realidad histórica, habría rendido muchos menos éxitos a Roma78. El hecho queda demostrado por las derrotas de Roma ante Cartago hasta la llegada a escena dé Escipión.
12. Tocante al segundo aspecto, esto es, al análisis de la constitución política en cuanto a origen, composición y evolución, Polibio le dedica el libro VI de su obra. El tema es complejo y aquí solo lo esbozamos. Para un estudio más detallado remito a K. von Fritz79, cuyo trabajo, pese al título, está dedicado casi enteramente a Polibio. También a K. F. Eisen80 y a un artículo mío81, donde hago un estudio de tipo filológico concreto. Pues bien, Polibio dedica la parte central del libro VI a la descripción de la constitución política romana. Pero observa que dicha constitución es una resultante a partir de estadios anteriores y de combinaciones de regímenes más simples. Al estudio de estos estadios y elementos simples, a su devenir cíclico y a la constitución mixta se dedican los diez primeros capítulos del libro. En primer lugar, el autor presenta y discute el número de elementos simples que habrán de intervenir en el proceso cíclico y ofrece82 como constituciones simples y originarias, «la realeza», «la aristocracia» y «la democracia». Todas ellas históricamente documentadas. Sin embargo, Polibio se hace una objeción: que, de un lado, las tales constituciones no son las mejores y más perfectas, pues la constitución óptima resulta del sincretismo de lo más pertinente de las tres mencionadas. Se refiere, por supuesto, a la constitución mixta. De otro lado, que tampoco son las únicas, porque se realizan otras, semejantes en apariencia, pero que objetivamente conforman su degradación, como «la tiranía», «la oligarquía» y «la oclocracia». Se trata, pues, de dos series paralelas, cada una en su nivel ético, que se corresponden en sentido vertical: a la realeza corresponde la tiranía; a la aristocracia, la oligarquía, y a la democracia, la oclocracia o gobierno desordenado de la muchedumbre. Y es en esta correlación donde se produce el fenómeno cíclico de las constituciones y en la que se reproduce, no obstante, la posibilidad de que el fenómeno cíclico, casi de tipo natural, se interrumpa. Esta interrupción se efectúa —observa Polibio— bajo presión racional, y entonces provoca la constitución mixta: esta viene a ser una selección racional de lo mejor de las constituciones consideradas perfectas83.
13. Polibio habla también de otro tipo de constitución que llama «monarquía» o gobierno de uno solo y que tiene lugar «espontánea y naturalmente». En ella se constituye jefe el hombre que sobresale en fortaleza física y en valor. Mas este tipo de constitución queda un tanto desligado de la serie de seis y sirve para abrir y cerrar el fenómeno cíclico. Polibio es muy claro en este sentido: «la monarquía es el primer sistema que espontánea84 y naturalmente se establece». Y en otro pasaje85, una vez que ha sobrevenido la oclocracia, afirma: «se mantiene esta —la oclocracia— hasta que, sumida en una total degeneración salvaje, encuentra de nuevo un amo y monarca». Es evidente que así el ciclo se cierra: el final, el sistema de uno solo, es, a su vez, el principio y viceversa y, en medio, un proceso rítmico que consiste en la degradación de un régimen simple seguido de la ascensión de otra forma simple originaria. Y si se da la posibilidad de que este ritmo, casi biológico, sea interrumpido por la razón, entonces surge la constitución mixta.
D) Historia pragmática y método apodíctico
1. Polibio habla con frecuencia de historia pragmática. Y es de observar que no ha resultado fácil delimitar con exactitud este sintagma. Los estudiosos parten, en general, del pasaje IX 1, 2, donde se hace referencia a tres tipos de narraciones históricas: un tipo que trata de genealogías, otro que trata de fundaciones de colonias y otro que versa sobre las acciones de los pueblos, los estados y personajes políticos. Este último tipo es el que más atrae al hombre que se ocupa de cuestiones de estado.
2. Pues bien, de los tres tipos, Polibio ha elegido el último, y sobre él versa su quehacer histórico. De suerte que por historia pragmática ha de entenderse la narración de las acciones que han llevado a cabo los distintos pueblos y los distintos dirigentes. Y, claro es, desde este punto de vista, la historia es útil, pues enseña cómo han actuado los personajes históricos y cómo se han comportado los estados, tanto bajo el aspecto de éxitos como de fracasos. Por ello, resulta extraño —comenta Polibio86— que «los que escriben de fundaciones callen la educación de los hombres que manejaron los asuntos en general».
3. De nuevo observamos en Polibio un historiador, no tanto descriptivo cuanto intérprete de la interacción entre agente histórico y sus realizaciones, lo que permite, a mi modo de ver, centrar y definir lo que Polibio entiende por historia pragmática: «la narración de los hechos políticos y militares encuadrados en cuanto hechos, en la triple dimensión de modo, tiempo y causa y bajo la dirección87 de una mente rectora».
4. De otra parte, el concepto de método apodíctico también ha sido muy discutido. En principio hay que decir que no se trata de historia apodíctica88, sino de método apodíctico. Pero, además, dicho método es aplicado en la historia propia y ni siquiera en los dos primeros libros que le sirven de introducción, pues en estos solo se recuerdan por encima los acontecimientos 89. En cambio, en el libro III 1, 3, cuando comienza la verdadera historia, tras señalar cuál fue la función de los dos primeros libros, dice que ahora intentará exponer los hechos «con demostración». Por lo tanto, la historia en su sentido más estricto requiere demostración, no las biografías ni las narraciones someras. Y si la verdadera historia consiste en enmarcar los hechos en las categorías de tiempo, modo y causa y, además, bajo un plano intelectual en cuanto operaciones mentales y bajo qué tipo de constitución, parece congruente deducir que el método apodíctico consiste en demostrar que ese cómo y ese cuándo y esa causa y esas operaciones mentales y esa constitución política son las dimensiones que realmente dan razón y demuestran el fenómeno histórico.
E) La noción de Fortuna en la historiografía polibiana
1. Nuestro intento de presentar la concepción historiográfica de Polibio como fruto de elaboración coherente y lógica parece derrumbarse con la noción de Fortuna. Pues sorprende que, dentro de una dimensión pragmática, apodíctica y etiológica de la historia, tenga cabida un contenido como el de Fortuna que apunta a una vertiente no racional. Sin embargo, la cuestión no es tan sorprendente.
2. Mucho se ha discutido sobre este tema y desde todos los ángulos. Aquí podríamos resumir las distintas posturas a tres: a) La que sostiene90 que Polibio atribuye a la Fortuna una entidad objetiva y personal y determinante del destino humano. Casi un ser supremo; algo parecido, como anticipación, al Dios cristiano que rige el universo. Esta postura, sin duda radical, es suavizada por Von Scala91 en el sentido de que, si bien admite ese poder personal de la Fortuna, lo circunscribe a la influencia de Demetrio Falereo, pero que después, bajo influencia romana, la noción de Fortuna queda relegada a un azar caprichoso. b) La segunda postura defiende el extremo opuesto: que para Polibio la Fortuna no es más que un término de expresión92 cómoda o, a lo sumo, representaría lo contingente y desconocido del fenómeno histórico93 o, con palabras de A Rover94, «sería la X de la historia». c) Por último, se da una tercera postura, la más moderna y que, en realidad, es una postura de compromiso y dualista. Se apoya esta postura en un pasaje de Polibio del libro XXXV 17, donde se dice que debe atribuirse a la Fortuna y a la Divinidad lo que queda fuera de la mente y de la previsión humanas. Y se ofrecen dos ejemplos: uno, los fenómenos naturales, y otro, la rebelión de los macedonios bajo un falso Filipo. El propio Polibio, quizá sin percatarse de ello, provoca un dualismo en la noción de Fortuna.
3. Así lo interpreta Mioni95 cuando habla de la Fortuna como naturaleza de un lado, y de la Fortuna como lo desconocido, de otro. Igualmente, Siegfried96, al distinguir el automaton absoluto y el automaton relativo. En la misma línea, Walbank97 sostiene que unas veces la Fortuna significa azar y casualidad, y otras, un poder superior que determina los hechos históricos. Por último Pédech98, con más finura, observa que, en unas ocasiones, la Fortuna adquiere una función finalista99 y, en otras, adquiere la misión de llenar los vacíos que las otras formas de causalidad, individuos y constituciones, dejan en la argumentación de los hechos. Se carga, entonces, del contenido de «causa100 adyuvante».
4. Como puede observarse, los distintos análisis no presentan una solución convincente de la noción de Fortuna. Por mi parte101, he desarrollado un intento de síntesis y de explicación. En resumen, mi tesis es la siguiente: en primer lugar, que hay que partir de la propia opinión de Polibio sobre la Fortuna, cuando dice que «quiere tratar sobre la cuestión de la Fortuna en cuanto el género de historia pragmática lo permite». Y añade en el texto citado102 que es lícito recurrir a la Fortuna solo cuando el hombre, en cuanto tal, no puede captar las causas de un hecho o, con otras palabras, cuando la explicación de los acontecimientos caen fuera de las operaciones mentales. Luego la Fortuna no contradice el principio de causalidad sino, por el contrario, lo presupone.
5. En segundo lugar, el contenido de la Fortuna puede manifestarse en forma adjetival. Esto es, que en una empresa bien calculada y meditada, por tanto bajo el análisis racional, un pequeño accidente o suceso puede aparecer «inesperadamente» y «de forma casual». Aníbal, un personaje que opera racionalmente y prototipo histórico para Polibio, sitiaba Capua; de repente, levanta el asedio y marcha sobre Roma y acampa cerca de la capital103. Pero en el día fijado para atacar la ciudad, entran Gneo Fulvio y P. Sulpicio con una legión. De este hecho dice Polibio que «fue una coincidencia inesperada y casual». Aníbal había sopesado los mínimos detalles y en función de sus operaciones mentales se desarrollaban los hechos históricos. Mas una sombra en esa claridad racional hecha por tierra sus propósitos y su realización. Luego también ese hecho casual, inesperado, no calculado, desde el punto de vista objetivo, funciona como causa. La Fortuna actúa, pues, aquí como factor histórico, pero de forma adjetiva y no total.
6. En tercer lugar, que la Fortuna puede realizarse no en un suceso aislado y, por tanto, adjetival, sino que puede trascender el proceso histórico en su conjunto. En ese caso, la Fortuna se substantiva y adquiere misión totalizadora de causa indeterminada de la realidad, que el hombre no acaba de comprender. La empresa de Roma en su total complejidad, incluida la propia existencia de Roma y por qué en ese tiempo y no en otro, queda fuera de la causalidad humana pero no, obsérvese, de la realidad histórica.
7. La Fortuna, pues, sustituye la imposibilidad racional del hombre, ya de forma adjetival, ya substantiva. Pero del hecho de que el agente histórico o el historiador ignoren la razón de la presencia de un acontecimiento, no se desprende que ese acontecimiento no funcione como causa en el plano objetivo de la realidad. La noción de Fortuna, por tanto y aunque parezca paradójico, solo tiene sentido en una concepción intelectualista de la historia. Es el caso de Polibio.
F) El concepto de historia universal
1. Polibio plantea, en varias ocasiones, la distinción entre historia universal e historia particular, como puede ser la de las monografías. Y, por supuesto, considera de mayor utilidad y más científica la historia universal. El autor104 lo expresa con un símil: así como no es posible contemplar la belleza y lozanía de un cuerpo viviente, viendo solo sus miembros, del mismo modo el conocimiento de las partes de la historia solo procura una noción, no una ciencia. No es extraño, pues, que Polibio critique a los autores de crónicas locales e, incluso, a aquellos que, pese a extenderse en el tiempo y en el espacio, presentan los hechos desconexos y aislados.
2. A mi modo de ver, deben distinguirse dos nociones básicas en el concepto de historia universal en Polibio. De una parte, lo universal en cuanto los propios acontecimientos abarcan la zona espacial conocida o, al menos, influyente en ese momento y se entretejen mutuamente. De otra, lo universal en cuanto categoría formal histórica y propia de la sagacidad del historiador para descubrir aquellos factores que proporcionan unidad y conexión.
3. Respecto al primer aspecto de realidad objetiva, el propio Polibio es consciente. Observa105 que antes del año 220 a. C. los acontecimientos del mundo habitado se producen desligados, pues en Occidente se enfrentan Roma y Cartago, mientras que en Oriente se producen la guerra de los aliados y la lucha por la Celesiria. Son dos zonas espaciales que tienen su órbita propia, aunque se da una primera aproximación cuando Roma pasó a Iliria106. Con todo, dentro de cada órbita, Polibio procura encadenar los acontecimientos: la primera guerra púnica tiene su origen107 en la conquista de Italia por Roma; esta, a su vez, produce la guerra de los mercenarios en Cartago y esta, asimismo, incita a los romanos a conquistar Cerdeña, lo que enciende el odio que desemboca en la segunda guerra púnica.
4. En Grecia, mientras tanto, la rivalidad entre ambas Ligas, la de aqueos y etolios, da lugar a la guerra de Cleómenes, y esta obliga a una alianza entre aqueos y macedonios108. Mas, a partir de aquí, ambas órbitas se cruzan y los acontecimientos se entretejen como «un todo orgánico». La expresión de esta conexión se encuentra en el discurso de Agelao en la conferencia de Naupacto109. Advierte Agelao que los griegos deben «evitar las luchas intestinas y percatarse del peligro que se avecina desde Occidente, pues sea el vencedor Roma o Cartago, no se conformará con sus límites». Estas palabras iban dirigidas fundamentalmente a Filipo de Macedonia y tuvieron la virtud de adivinar los puntos concretos en los que había de producirse la conexión histórica y universal del momento.
5. Respecto al segundo aspecto, Polibio capta, desde muy pronto, que los acontecimientos que se producen en el período narrado en su obra penden de dos factores básicos que le permiten contemplar de «forma sinóptica»110 los hechos históricos. De un lado, la Fortuna, la voluntad ciega de la propia realidad histórica, que dirigió casi todos los acontecimientos hacia una sola parte y a todos inclinó hacia un único y mismo fin111. De otro, Roma, que, dotada de una constitución política excelente y con hombres reflexivos y llenos de ideas, camina casi inexorablemente hacia el éxito total. Conexión, pues, de los hechos históricos y mirada sinóptica constituyen las dos características fundamentales del concepto de historia universal en Polibio.
G) Las fuentes de la historiografía polibiana
1. Esta cuestión es harto difícil. Parece evidente que Polibio utilizó fuentes literarias, documentos oficiales y archivos. Pero cuáles y en qué medida, es tema en el que no hay ni seguridad ni unanimidad entre los estudiosos. Como observa Walbank112, «la vasta literatura que existe sobre las fuentes de Polibio es quizá desproporcionada respecto a los resultados conseguidos».
2. Mas de lo que no cabe duda es de que Polibio tenía, incluso, un criterio personal en el uso de esas fuentes. Un pasaje del libro XII es elocuente en este sentido. Dice113 así: «como la medicina, la historia pragmática comprende también tres elementos: el primero consiste en la información por las fuentes escritas y la yuxtaposición del material de las mismas; el segundo, en la visita a las ciudades y a los países para conocer los ríos y los puertos y, en general, las peculiaridades y la distancia de tierra y mar, y el tercero se aplica a la actividad política».
3. Se me antoja que así es como procedió Polibio y así es como se debe enfocar el análisis de las Dientes polibianas. Que Polibio utilizó fuentes literarias es claro y, sobre todo, para los dos primeros libros. Sin duda Arato de Sición, fundador de la Confederación aquea y que escribió sus Memorias en treinta libros, así como Filarco, autor de una historia de Grecia y Asia en veintiocho libros y que abarcaba el período que va desde 272-220, constituyeron una fuente para los asuntos de Grecia114. Igualmente, Fabio Pictor, que muestra una predilección por la tradición romana, y Filino de Agrigento que, por el contrario, descubre simpatía por Cartago, debieron servir de antecedentes históricos para la narración de los asuntos de Occidente. Desde luego, Polibio se inclina más por Fabio que por Filino. No obstante, se torna difícil saber, con exactitud, lo que Polibio toma de uno o de otro. Los autores115, en este punto, difieren mucho, aparte de que casi todos admiten que Polibio utilizó otras fuentes literarias.
4. Porque, en efecto, no resulta sorprendente el que tomara noticias e información de Timeo, sobre todo en lo relativo a Hierón116, pese a que Polibio muestra cierta aversión hacia él. En la misma línea pudo utilizar a Éforo, de quien tomó, al menos, la idea de historia universal y la de dedicar un libro a la geografía117.
5. A partir del libro II y, concretamente, respecto a la segunda guerra púnica, se acepta que, por el lado romano, siguieron siendo fuente principal118 Fabio Pictor y L. Cincio Alimento que, pretor en Sicilia en 210/9 y prisionero119 de Aníbal, escribió una historia de Roma desde sus orígenes. Por el lado cartaginés, además del ya citado Filino, también Sósilo120 de Lacedemonia, que, según Diodoro121, narró en siete libros las empresas de Aníbal. Quizá Sileno de Calacte, como testigo ocular de las hazañas de Aníbal, pudo informar directamente a Polibio122.
6. De otra parte y ahora no referente a la guerra anibálica, cabe suponer que Polibio conoció la obra de C. Acilio, que escribió en griego una historia romana desde sus comienzos123 hasta el año 184, pese a los reparos de Walbank124. Asimismo, A. Postumio Albino, autor de una historia pragmática125. Estas son las líneas principales de las fuentes literarias. Mas debe observarse que Polibio asume, frente a las fuentes, una postura crítica y nunca de yuxtaposición textual. Baste comparar las opiniones de Fabio y también las de los historiadores de Aníbal sobre las causas de la segunda guerra púnica, para comprender su modo de operar. Para aquellos, la causa fundamental fue el ataque a Sagunto y la ambición de Asdrúbal y Aníbal. Para Polibio, en cambio, es precisamente la primera guerra púnica, con sus secuelas de odio en los cartagineses y de ambición en los romanos, sobre todo con la toma de Cerdeña126.
7. De otro tipo son las fuentes de los diversos tratados, grabados en placas de bronce. Se hallaban estas en el tabularium de los ediles curules sobre el Capitolio. No debe dudarse de que Polibio consultó estos tratados, pues son los únicos textos oficiales que cita literalmente127. Cierto es que, al respecto, ha surgido la dificultad de que el tratado de 212 entre romanos y etolios, cuyo texto se ha encontrado en Acarnania, no coincide con la versión que trasmite Livio, tomada al parecer de Polibio128. La dificultad sería, en verdad, grave, si el texto fuera el del propio Polibio.
8. Igualmente puede aceptarse que Polibio consultó los Anuales Maximi del pontífice Máximo, pese a que su publicación, a cargo de P. Mucio Escévola, debió de ser hecha entre 131-114. Y, por supuesto, pudo examinar los archivos privados129 de los Escipiones: Polibio cita130 la copia de dos cartas del Africano, una enviada al rey Filipo y otra al rey Prusias131.
9. Mucho más dudoso resulta el que Polibio consultara los archivos aqueos. El pasaje XXII 9-10, donde se describe con demasiado detalle una asamblea de la Liga aquea, podría apoyar una respuesta afirmativa. Son muchos los autores132 que defienden esta tesis. Sin embargo, el argumento a favor es débil; pues, de un lado, ese calor en la descripción, tratándose de la Liga aquea, puede explicarse de la propia vida familiar de Polibio133 y, de otro, una respuesta afirmativa obligaría a admitir que Polibio escribió su obra después del año 146, lo que contradice lo defendido anteriormente134.
10. Más problemático todavía resulta aceptar que el historiador griego consultó los archivos rodios y los archivos del Senado romano. En el primer caso, el pasaje XVI 15, 8, donde Polibio critica a Zenón y a Antístenes por considerar estos que fueron los rodios los vencedores en la batalla de Lade, «según —dice— se conserva en el Pritaneo de los rodios», no permite, sin más, claro es, una postura positiva. Respecto al segundo caso, la información de las sesiones del Senado podría haberla recibido Polibio del círculo de los Escipiones sin necesidad de una consulta directa. Que esta le estuviera permitida, no es extraño, pero no hay indicio alguno que lo pruebe.
III. TRANSMISIÓN DEL TEXTO DE LAS HISTORIAS DE POLIBIO
A) Tradición manuscrita
1. De Polibio, como es normal en una obra de la antigüedad, se dispone de citas de autores clásicos, algunas de interés, como la de Ateneo, porque indican el número del libro del que han sido tomadas. De otra parte, los papiros han sido poco generosos con Polibio: el más importante es el Pap. Berlin 9570, editado por U. Wilcken y que apoya conjeturas antiguas. Pero el texto de la obra histórica de Polibio nos ha llegado fundamentalmente a través de manuscritos. Y se impone señalar que sobre la tradición manuscrita de Polibio se cuenta con un libro de J. M. Moore135, que analiza todos los problemas al respecto, con especial atención a la mutua relación entre las distintas familias y, dentro de estas, de los diferentes manuscritos.
2. Pues bien, dentro de la tradición manuscrita cabe conformar tres grupos diferenciados, no ya por su contenido, sino también por su procedencia. El primer grupo lo constituyen los manuscritos que contienen íntegros los cinco primeros libros. Los más importantes son: Vaticanas Gr. 124 (A), del siglo X: se trata de un magnífico manuscrito en pergamino; Londinensis Gr. 11728 (B), del siglo XV, y procede directamente del anterior; Monacensis Gr. 157 (C), que, sobre base paleográfica, ha sido fechado en el siglo XV y gusta de correcciones propias; Monacensis Gr. 388 (D), del siglo XIV, que fue colacionado con la edición príncipe; Parisinus Gr. 1648 (E), de hacia finales del siglo XIV; Vaticanas Gr. 1005 (Z), de finales del siglo XIV, del que he colacionado136 la parte dedicada al libro I, y lo he utilizado en mi edición; Vindobonensis Phil. Gr. 59 (J), un manuscrito excelente del siglo XV: solo contiene el libro I y no completo, y la parte final del V 94, 9-111-10. También lo he colacionado137 y ha sido utilizado en mi edición. Este grupo, del que existen otros manuscritos muy recientes138, es dividido en dos secciones: una, los manuscritos A y B, con escolios, y otra, C D E Z J, sin escolios, y que recibe el nombre de tradición bizantina.
3. El segundo grupo lo forman aquellos manuscritos que derivan de un florilegio antiguo con extractos de los dieciocho primeros libros. A todo este grupo se le denomina excerpta antigua. Entre todos los códices sobresale el Urbinas 102 (F), quizá del siglo X, que es el único manuscrito que contiene extractos de los libros I-XVIII. Ninguno de los demás transmite fragmentos de los cinco primeros libros, y de aquí que el nombre de excerpta antigua se aplique, en general, a aquellos manuscritos que contienen fragmentos a partir del VI hasta el XVIII139. Con todo, no existe homogeneidad en este grupo, hasta el punto de que se lo divide en tres apartados: a) los manuscritos que contienen extractos de los libros VI-XVIII. Entre ellos, por citar algunos140, además del Urbinas 102, ya mencionado, están el Monacensis Gr. 338 (D), que tiene la particularidad —y, por eso, fue incluido en el primer grupo— de que transmite íntegros los cinco primeros libros. Lo mismo ha de decirse del Mediceus Laurentianus Gr. 699 (G). La diferencia entre el D y G consiste en que el D está escrito de la misma mano, mientras que el G presenta distinta mano a partir del VI. Por último, debe añadirse el Parisinus Bibl. Nat. Gr. 2967, posiblemente del siglo XV. b) Este apartado lo componen aquellos códices que transmiten extractos de los libros VII-XVIII, pero omiten141 los del libro VI. Son un total de trece y se les asigna la letra G con subíndice numérico. Entre ellos se encuentra un Matritensis Gr. 4741, del siglo XVI. c) El tercer apartado lo forman los manuscritos que ofrecen extractos de los libros VI, XVIII y X, por este orden. Son un total de trece. Se los designa con la letra H seguida de subíndice numérico. Los más básicos son Mediceus Laurentianus 80, 13 (H), Marcianas Gr. VII (H) y Leidensis Gr. 2 (H).
4. Como se sabe, la edición príncipe de los libros VIXVIII fue publicada por Hervagen, en Basilea, en el año 1549. Se admite, aunque con ciertas dificultades, que esta edición tuvo como fuente un manuscrito escurialense, numerado VIB6, perdido en el incendio de 1671. Si es así, lo que es previsible, la edición hervagiana sería un superviviente del manuscrito escurialense. De otro lado, conviene señalar que existen manuscritos142 que contienen pequeñas partes de los excerpta antiqua. Entre ellos se cuenta con un Scorialensis Y-III-10, posiblemente del siglo XVII y que presenta tres manos diferentes, correspondientes a los distintos extractos.
5. Finalmente, llegamos al tercer grupo, denominado excerpta constantiniana. Es la fuente principal para los libros XX-XXXIX, pues del XIX y XL no queda nada, salvo citas de autores antiguos. Estas compilaciones se hicieron por encargo de Constantino Porfirogéneta y abarcaban a los historiadores antiguos. Se dividieron en cincuenta y tres títulos, de los que solo han sobrevivido seis:
