Huerto sin labrar - Estela Delga - E-Book

Huerto sin labrar E-Book

Estela Delga

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Beschreibung

La primera guía que nos ilustra paso a paso cómo cultivar alimentos nutritivos a partir de la labranza cero, una forma de sembrar sin arar que no perturba la vida en el suelo. No solo aprenderás a cultivar hortalizas, también encontrarás información sobre cómo hacer la transición a una vida rural y las realidades que conlleva. En Huerto sin labrar la autora se basa en la agricultura regenerativa y despliega su enorme potencial a la hora de restaurar la vida en el suelo y con ello la calidad de los nutrientes de los alimentos que cultivamos.

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Veröffentlichungsjahr: 2023

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HUERTO SIN LABRAR

Cultiva la tierra y tu bienestar

ESTELA DELGA

Fundadora de la Escuela Hortelana Vidaverdi

© de esta edición:

Editorial Diente de León, S. L. U., 2023

Calle Santa Engracia, 17

Madrid 28010

www.editorialdientedeleon.com

Primera edición: mayo 2023

© Estela Delga, 2023

© de las fotografías: Aina Pons, 2023

© de las ilustraciones: Estela Delga, 2023

Diseño de cubierta: Jaime Cruz

ISBN eBook: 978-84-123669-9-0

La editorial Diente de León está comprometida con la ecología y la salud, lo que significa reducir al mínimo nuestro impacto medioambiental.

Reservados todos los derechos en lengua castellana. No está permitido la reproducción total ni parcial de esta obra, ni su tratamiento o transmisión por ningún medio o método sin la autorización por escrito de la editorial.

La editorial agradece todos los comentarios y observaciones:

[email protected]

Un agradecimiento especial a Aina, que me ayudó a plasmar la belleza de la huerta en este libro a través de sus fotografías.

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

I. DE URBANITA A RURAL

Mi historia como hortelana

Descubriendo la permacultura

El salto a la montaña

Consejos para dar el salto al campo

II. DISEÑAR UNA HUERTA

La permacultura como guía

Conoce tu clima y espacio

Evaluación del tipo de tierra

Los principios de diseño: aprovecha al máximo tu espacio

Zonificación

Elementos esenciales de la huerta

Mapa mental para elegir la técnica

III. HORTALIZAS Y PLANTAS DE LA HUERTA ORGÁNICA

Los tiempos de cada hortaliza

Plantas para mejorar la biodiversidad

Asociar hortalizas

Planificar la huerta

IV. CREAR UN SUELO FÉRTIL

No labrar y sus beneficios

Claves para mantener un suelo sano y vivo

El ciclo de fertilidad de la tierra

La magia de la fotosíntesis

El acolchado

V. ABONOS Y HERRAMIENTAS

Cómo elegir el mejor abono

La magia del compost

Herramientas y sus usos

VI. PREPARACIÓN Y CONSTRUCCIÓN

Jardineras

Bancal lasaña

Bancal permanente

Mantener la tierra nutrida

Eliminar las hierbas no deseadas

VII. CONOCE TUS PLANTAS

Los primeros pasos para cultivar

Guía de hortalizas por estaciones

Primavera-verano

Verano-otoño

Otoño-invierno

Invierno-primavera

Hierbas aromáticas culinarias

VIII. EL HORTELANO AUTOSUFICIENTE

Los animales y la huerta

Conseguir tus semillas

Crear un plantel

CONCLUSIONES

CALENDARIO HORTELANO

GLOSARIO

RECURSOS EXTRA

BIBLIOGRAFÍA

Para todas las mujeres que sembraron y siguen sembrando vida, salud y hogar. En especial, a mi madre.

Para todas las personas que me apoyan en mis aventuras.

En especial, a mi compañero de camino, Adrià.

INTRODUCCIÓN

La fiebre del hortelano a veces empieza por el deseo de volver a comer unos ricos tomates como los que te traía tu abuelo en verano, o porque sientes la necesidad de dar un paso más allá por el bien del planeta. Cuando este sentimiento aflora y uno lo va nutriendo de experiencias, sin darse cuenta se convierte en todo un experto de las hortalizas y el mundillo de la huerta.

Tradicionalmente se ha identificado el trabajo de la tierra con una ocupación que te esclaviza y que te deteriora físicamente por su dureza. Pero al igual que otros ámbitos, la horticultura y sus técnicas también han evolucionado.

Todas las enseñanzas aquí recogidas están basadas en la permacultura y la agricultura regenerativa. Con este libro aprenderás a aprovechar los recursos de la naturaleza, trabajar con menos esfuerzo y conseguir mejores cosechas, al mismo tiempo que cuidas del entorno y la vida del suelo, y aportando tu granito de arena para capturar carbono de la atmósfera y cuidar del planeta.

La naturaleza actúa en la tierra con el mínimo impacto y sin grandes alborotos, consiguiendo crear bosques llenos de fertilidad y autosuficientes.

Ve al bosque y observa: está lleno de vida y nadie ha ido allí a labrar el suelo ni con la sulfatadora. La naturaleza es resiliente, fuerte, trabaja de manera cooperativa y aprovecha todos los recursos. Debemos aprender más de ella e imitar ese patrón en nuestra huerta.

Es cierto que cuando partes de cero es difícil llegar a comprender y asimilar algunos conceptos. Como exurbanita sé que a veces puedes sentirte muy confuso porque hay demasiadas cosas que aprender, pero con este libro como guía y practicando, verás que cultivar hortalizas es una actividad muy intuitiva.

Como especie, llevamos más años siendo agricultores que trabajando en fábricas o delante de un ordenador. La conexión con la naturaleza y las plantas está en nuestro ADN. Todos llevamos dentro la semilla de hortelano, solo la debes regar y nutrir con un poco de cariño para que florezca.

PARTE I

DE URBANITA A RURAL

MI HISTORIA COMO HORTELANA

La huerta me dio paz y tranquilidad cuando más lo necesitaba. A los veinte años empecé a trabajar como diseñadora gráfica textil. Para mí era un sueño porque encontrar trabajo como ilustradora no era nada fácil.

Poco después de mudarme con mi pareja a la nueva ciudad, alquilamos una pequeña parcela de cien metros cuadrados en las huertas municipales de Girona.

A pesar de que el huerto no estaba en el mismo espacio, yo sentía que esa parcela era como una extensión del piso. Como si fuera mi pequeño jardín. De hecho, íbamos muchas veces allí a comer y a pasar los fines de semana.

Pero mi historia como hortelana no empieza ahí, sino unos años antes, cuando todavía era estudiante.

Una de esas casualidades de la vida me llevó a leer un artículo donde explicaban que las zanahorias que comemos hoy, las de color naranja, son una creación humana, y que las zanahorias tienen múltiples variedades de colores: desde el color rojo a un morado oscuro.

Me fascinó saber que existen muchas más hortalizas, pero al mismo tiempo me entristeció ver que las variedades antiguas, las auténticas, se estaban perdiendo por nuestro mero capricho.

Entonces se me ocurrió la fascinante idea de cultivar mi propia comida para descubrir más hortalizas y empezar a entender qué comemos realmente. No encontré mejor manera que haciendo una huerta, porque es el punto donde se encuentran la sabiduría de la gastronomía y la ecología.

Y ya me ves, en la terraza de un piso de estudiantes cultivando mis propias lechugas, cebollas, fresas y otras hortalizas. Yo, que nunca había pisado una huerta en mi vida ni sabía distinguir una tomatera de una planta de pimientos. A pesar de ese gran desconocimiento y de que alguna planta se me muriese, la huerta me enganchó tanto que revolucionó mi vida.

DESCUBRIENDO LA PERMACULTURA

A pesar de estar alegre por trabajar en algo creativo, no tardé mucho tiempo en sufrir las consecuencias. A veces en la empresa había fuertes discusiones y eso me producía mucho malestar. Veía cómo mis superiores faltaban al respeto a mis compañeros y jugaban con el miedo para que, según ellos, se concentraran mejor en el trabajo y fueran más productivos. La ansiedad que me producían esos momentos de estrés la terminaba arrastrando a casa y algunos días me era muy difícil dejar de pensar en los problemas del trabajo. Incluso algunas veces antes de irme a dormir iba recordando la discusión que había tenido y analizando si podría haber actuado de otra manera para evitar el conflicto.

Cuando tenía un mal día, iba a la huerta, porque allí podía dejar la mente en blanco y pensar en otras cosas. Disfrutar del aire libre, asombrarme de cómo crecían las plantas y pasar un rato de calidad con mi pareja.

Hay personas que creen que estamos predestinados a llevar la vida que tenemos. Yo soy de las que creen que uno tiene la vida que se construye, pero es cierto que a veces hay casualidades tan asombrosas que uno no puede ni creer que sea producto del azar.

No suelo ver documentales emitidos por televisión, pero un buen día me dio por ver la tele y salió uno del programa Escarabajo Verde donde hablaban de permacultura.

Por aquel entonces yo nunca había escuchado esa palabra, pero todos los conceptos me resonaban porque hacía poco que había empezado a reducir los residuos de casa y seguía el movimiento Zero Waste. Por lo tanto, me atraía conocer todo lo referente a un estilo de vida más sostenible y respetuoso con el planeta.

En el documental aparecía el Instituto de Permacultura de Montsant. Hablaban de casas bioclimáticas, váteres secos, huertas orgánicas… Todo lo que me interesaba estaba allí, en ese documental de permacultura.

Desde ese día empecé a investigar si había más gente que practicara permacultura en España, a buscar libros, vídeos en YouTube… Quería aprender más y aplicarlo en casa.

Estuve varios meses leyendo sobre permacultura y experimentando en la huerta. Hasta hice un taller de iniciación para impregnarme de esas nociones.

Un buen día las cosas en casa cambiaron por completo. Por diferentes motivos, tanto yo como mi pareja dejamos nuestros trabajos. Sabíamos que eso era un pequeño bache y que fácilmente lo superaríamos, éramos jóvenes y teníamos un buen currículum. No sufríamos por el hecho de quedarnos en el paro, más bien nos preocupaba encontrar un trabajo afín a nuestros valores, que en ese momento eran muy diferentes a los que tuvimos años atrás.

Ahí lo vimos claro, esa era una oportunidad de las que pocas veces se presentan. Nos liamos la manta a la cabeza e iniciamos un nuevo rumbo.

Nos fuimos a estudiar el curso de Diseño en Permacultura en el Instituto de Permacultura del Montsant. Quién me iba a decir a mí que terminaría yendo a ese espacio que casualmente había visto por la televisión. Y que, además, esa aventura la viviría junto a mi pareja. Todavía me sigue pareciendo algo fascinante.

EL SALTO A LA MONTAÑA

Nunca imaginé que viviría en la montaña, y menos aún que me pudiera gustar. Desde bien jovencita mi aspiración siempre fue vivir en la ciudad, no en una muy grande, pero sí en un sitio que lo tuviera todo a un paso. Me gustaba la idea de estar en un entorno lleno de tiendas, restaurantes, cafeterías y todo el ocio que quisiera. Vaya, lo que viene a ser una vida urbanita.

Y lo conseguí: estuve varios años viviendo en un piso en el centro de Girona, una ciudad donde hay de todo, pero lo suficientemente pequeña como para conocerla en un fin de semana. Era lo que siempre había soñado: un piso en la ciudad y un trabajo relacionado con lo que había estudiado.

A pesar del ruido de los coches, el bullicio de la gente y el calor infernal del verano, me gustaba vivir allí. En ese momento ese entorno me daba lo que yo buscaba y necesitaba.

No te voy a mentir, no me fui de la ciudad porque no me gustara, me fui porque mis necesidades y deseos evolucionaron. Sentía que ya no encajaba y debía marcharme porque ya no me podía ofrecer lo que deseaba.

La primera vez que tuve una experiencia de vivir en el ámbito rural fue gracias al Instituto de Permacultura Montsant. Se encuentra en medio de la naturaleza, y cada mes pasábamos un fin de semana completo en esa zona.

Allí pude ver y vivir una experiencia más rural. Pero no solo eso, aprendí a convivir en armonía con la naturaleza y respetar los recursos que nos regala, como por ejemplo el agua.

Estar rodeado de naturaleza no significa que vivas de «manera» rural. Para eso es necesaria una coherencia entre los hábitos y el entorno.

Como el que no quiere la cosa, empecé a buscar opciones para vivir en un espacio más rural. Nos planteamos todas las opciones: las ecoaldeas, vivir en comunidad, alquilar una finca, la masovería…

Hasta que un buen día encontré en Internet un anuncio de trabajo que buscaba masovero para una masía situada en la montaña. Fuimos a ver el enclave y, a pesar de que estaba aislado, nos encantó y nos lanzamos de lleno a la aventura.

En cuestión de unas semanas dejamos el bullicio de Girona por el resonar de los cencerros de las vacas y los conciertos de los pajaritos.

Aún recuerdo la extraña euforia cuando decidimos que nos íbamos a vivir a la montaña. La ilusión de iniciar algo nuevo, mezclada con una gran incertidumbre sobre si estaríamos a la altura.

Nos fuimos como masoveros a una masía rodeada de hayas centenarias y unos prados kilométricos con caballos semisalvajes. Todo un paraíso en medio de la naturaleza, y yo me sentía como Heidi en versión catalana.

A pesar de ese cambio radical, nos acomodamos al nuevo espacio muy rápido. Aprendí que vivir en un entorno natural significa convivir con sus luces y sombras. Porque la naturaleza tiene eso: momentos mágicos situaciones complicadas que deberás afrontar, sobre todo si tienes animales.

Descubrí las plantas de alta montaña, como el ajo silvestre, la carlina, el falso azafrán, el lirio de nieve…, el sonido de los corzos, los buitres, y el olor del bosque después de una lluvia. Disfruté como nunca el inicio de la primavera, observando cómo estallan las yemas de los árboles y volvía a la vida el bosque después de estar dormido durante los meses del invierno.

Me encontraba, ni más ni menos, a 1276 metros de altitud. La masía estaba completamente aislada y el sitio más cercano para abastecernos estaba a cuarenta minutos en coche por un camino lleno de curvas. Y por si fuera poca la aventura, en invierno era normal quedarse incomunicados un par de semanas a causa de las nevadas.

Estuvimos dos inviernos viviendo en la montaña, pero al final decidimos marchar para encontrar un equilibrio entre lo que deseábamos y lo que necesitábamos. A pesar de estar en medio de un paraíso y pasar ratos agradables, nuestra rutina se vio más afectada de lo que imaginamos.

No me arrepiento para nada de haber tomado aquella decisión, para mí fue necesaria, y esa experiencia me enseñó muchas cosas que si no hubiera estado allí no habría vivido.

Encontré el equilibrio en un pequeño pueblo de la Alta Garrotxa, rodeado de naturaleza y con aquellas cosas que para mí son importantes para nuestro día a día.

Es importante escuchar tus deseos, pero también decirte a ti mismo la verdad. Ser realista sobre si eso que te gustaría hacer será de verdad sostenible y beneficioso para ti. Si ese cambio se debe a un simple deseo o a que tus valores han cambiado y sientes la necesidad de vivir de otra forma. Cuando ese sentimiento es real, la transición es fluida y positiva porque todo se alinea.

CONSEJOS PARA DAR EL SALTO AL CAMPO

Si tienes la ilusión de ir a vivir en la montaña o en algún lugar más tranquilo, el momento de ponerse a trabajar en ello es ahora.

Lo primero de todo, para absorber parte del conocimiento que necesitarás. Vivir en el campo o en un espacio más rural es un tanto diferente a cuando estás en la ciudad. Por ejemplo, cuando vives en un piso tienes la responsabilidad de que la escalera esté limpia; en cambio, en la montaña debes vigilar que el pastor eléctrico funcione para que no entre un jabalí en tu huerta. Cuando vives en la naturaleza o cerca de ella, pasas a ser responsable de la seguridad y buena convivencia de ese entorno.

Por eso empezar a investigar las costumbres y quehaceres hará que tu transición sea mucho más fluida. Porque imagínate llegar a la casa y no saber encender la estufa de leña para calentarte. Al final aprenderás, pero es mejor ahorrarse un mal trago.

CONCEPTOS BÁSICOS PARA VIVIR EN EL CAMPO

Encender un fuego. Te será de gran utilidad, sobre todo si el único medio para calentarse es una estufa.

Cortar leña. En algunas fincas rústicas tienes la posibilidad de producir tu propia leña. Saber utilizar una motosierra para cortar troncos y un hacha para astillar es algo básico.

Recolectar. Las plantas silvestres y las setas han sido siempre un aliado en la cocina rural. Conocer las fechas cuando salen los espárragos, el momento ideal de recolectar las hierbas culinarias… es un conocimiento muy útil cuando vives en el campo y además puede convertirse en un pasatiempo divertido.

Cocinar. La base de la supervivencia es una buena alimentación, para ello es importante cocinar alimentos nutritivos; depende de dónde estés, no habrá comida a domicilio.

Conservar el alimento. Saber hacer conservas, fermentados, deshidratar la comida son nociones útiles, sobre todo si vives en una casa aislada.

Horticultura. Cuando vives lejos de los supermercados, es complicado ir a comprar cada semana. Una huerta te proveerá de hortalizas frescas.

Reducir los residuos. Esto nos lo tendríamos que aplicar todos, pero en algunas zonas los contenedores están muy lejos de casa y es un engorro ir acumulando basura.

Ser un manitas. En algunas localidades puede ser bastante caro que te atienda un fontanero. Unas nociones básicas para posibles imprevistos nunca están de más.

Reconocer la flora silvestre. Vivir en la naturaleza cobra otra magnitud cuando la observas y reconoces en ella plantas que te pueden ser de utilidad.

Seguramente habrá más nociones que te puedan ir bien; dependiendo de tu situación y de lo aislado que estés puedes necesitar más conocimientos de supervivencia para ser lo más autosuficiente posible.

Todo ello requiere un tiempo de aprendizaje, poco a poco puedes ir empezando a aprender aquellas cosas que te serán necesarias y experimentar en talleres o campamentos. No hay tiempo que perder.

Antes de decidir adónde ir, es importante que hagas una lista de aquellas cosas de las que no quieres prescindir y de aquellas otras que necesitas para tu día a día. Desde ir a buscar el pan a tener un hospital cerca. Porque no es lo mismo una pareja joven sin hijos que una pareja con dos niños que van al colegio. Sus necesidades y rutinas serán bastante diferentes.

Cuando haces un cambio así, siempre dejas cosas atrás y ganas otras. Encontrar el equilibrio es clave para que sea sostenible a largo plazo.

Para vivir en el campo no es necesario estar aislado, en España hay muchos pueblos rurales en plena naturaleza. Y desgraciadamente hay algunas zonas donde las escuelas y otros centros deben cerrar por falta de población. Algunos llegan al punto de perder toda su población y convertirse en pueblos fantasma.

Entre 2011 y 2020 la población española en los municipios urbanos ha crecido un 2,1 por ciento; en cambio, en los rurales ha descendido un 7,1 por ciento según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Las ciudades están cada vez más pobladas y en el mundo rural hay menos gente.

El hecho de que cada vez haya menos personas viviendo en el ámbito rural también afecta a otros aspectos, como por ejemplo los trabajos ligados a este territorio. En los últimos cuarenta años, se han abandonado más de cuatro millones de hectáreas de tierras de cultivo y se han perdido más de dos millones de explotaciones ganaderas. Tal como recoge un estudio de Greenpeace, más del ochenta por ciento de los espacios forestales en España no tienen planes de ordenación.

Este abandono ha hecho crecer las masas forestales inestables, que son vulnerables ante sucesos provocados por la crisis climática. Por ejemplo, ha aumentado el riesgo de que se produzcan más incendios de alta densidad debido a que estas zonas ya no son explotadas.

Los pastores y agricultores cuidan los márgenes, el sotobosque y otras áreas forestales, despejando las plantas que potencian este tipo de incendios. Sin personas que hagan esta gestión, los incendios cada vez serán más difíciles de controlar.

Y es que el medio rural representa solo el 15,9 por ciento de la población española pero ocupa más del 82 por ciento del territorio. Como puedes ver, es mucha gestión para un porcentaje tan reducido de habitantes. Lamentablemente, la inercia es que las personas se acumulan en un territorio reducido y el resto va quedando cada vez más abandonado.

Por ello quiero resaltar también otro motivo importante para recuperar los oficios y trabajos del ámbito rural. No solo repoblar, también participar en las tareas para mantener estas zonas fuera de peligro y cuidar los ecosistemas.

 

Limitaciones

Beneficios

Montaña

•Mayor dependencia de los vehículos.

•Estar aislado de otras personas y de la comunidad.

•Tener lejos los centros de servicios (hospital, tiendas de alimentación…).

•Estar más expuesto a los fenómenos meteorológicos.

•Oportunidad de poner en marcha un proyecto ganadero.

•Recolección silvestre a pie de casa (setas, plantas…).

•Un espacio lleno de oportunidades de diseño.

•Disponibilidad de un espacio de cultivo mayor.

Pueblo rural

•Dependencia de los vehículos para ciertas gestiones.

•Falta de oportunidades laborales.

•Menos diversidad cultural.

•Carencia de transporte público o servicio escaso.

•Disponibilidad de encontrar un terreno agrícola cerca.

•Sensación de comunidad y seguridad al conocer a los vecinos.

•Cercanía a la naturaleza para disfrutar de sus recursos y experiencias.

•Centro de servicios más cerca de casa.

Masovero

•Muchos acuerdos son de palabra. En caso de tener un contrato suele ser deficitario.

•No hay separación entre trabajo y casa.

•Salario bajo.

•La vivienda es gratuita.

•Flexibilidad horaria, trabajas a tu ritmo.

•Vivir en el entorno rural, a un paso de la naturaleza.

•Oportunidad de tener un huerto al lado de casa o animales para autoconsumo.

Ecoaldea o cooperativa de vivienda rural

•Dependencia de los vehículos para ciertas gestiones.

•En algunas ocasiones, los recursos financieros son compartidos.

•Menor diversidad cultural.

•A veces se requiere una inversión económica.

•Tener unos vecinos con los que compartes valores.

•Mayor sensación de comunidad y seguridad.

•Vivir en una casa y comunidad más respetuosa con el entorno.

•Oportunidad de tener un huerto al lado de casa o animales para autoconsumo.

PARTE II

DISEÑAR UNA HUERTA

LA PERMACULTURA COMO GUÍA

Cada vez aparecen más en los medios de comunicación palabras como cambio climático, sostenibilidad, ecología, etcétera. Realmente hace muchos años que se habla de ello entre científicos y grupos ambientalistas, pero hasta hace muy poco no se había difundido tanto. En parte me alegra porque hay personas para las que la prensa, la radio y la televisión son su único canal para conocer lo que está sucediendo. Sin embargo, estas problemáticas han tardado en aparecer y creo que sigue sin dársele la importancia que tienen.

Nos guste o no, es la realidad que ya estamos viviendo, una crisis climática que afecta a todos. Pobres, ricos, gente del norte o del sur. Todos padecemos sus consecuencias y en algunos lugares más acusadamente. Enormes incendios, inundaciones, sequías… Y, por desgracia, parece que tan solo acaba de empezar. Según los científicos, esto es como una bola de nieve que baja a toda velocidad y que cada vez se hará más grande si no hacemos nada.

Cultivar nuestra comida va a ser todo un reto, tanto a nivel familiar como para la venta. Ya no son nada extrañas las noticias sobre cultivos de árboles frutales que florecen antes de tiempo, y a consecuencia de ello sufre la producción. Los hortelanos nos enfrentamos a un escenario con arenas movedizas porque no sabemos cómo será el clima de cada año.

Dentro de este paradigma que estamos viviendo, por suerte hay personas que llevan años trabajando en diseñar un modelo de vida más sostenible y resiliente. Y eso es, muy resumidamente, la permacultura. Es por ello que a la hora de crear una huerta la permacultura nos puede ser de gran ayuda.

El objetivo del diseño en permacultura es vivir en armonía con la naturaleza, sus recursos y las personas.

Se podría decir que es un estilo de vida sostenible y que para conseguirlo hay una caja de herramientas donde encuentras soluciones para los diferentes problemas o retos.

EL DISEÑO ES LA CLAVE

La permacultura no tendría sentido sin el diseño. Es el mismo caso de aquel que quiere coser una prenda: tiene un tejido al que dar forma. Antes de empezar a cortar a lo loco, hay un proceso de investigación para ver cuál es el patrón más favorable, el tipo de tejido, si poner botones o no, todo un conjunto de elementos que harán que esa pieza de tela se convierta en un vestido. Parece sencillo, pero es un largo proceso y a veces hay varias personas trabajando en ello. Lo digo por experiencia propia.

Por lo tanto, la permacultura es un sistema de diseño, lo que significa que hay unos patrones que se adecúan a cada situación y la persona debe saber elegir entre ellos. No es una pieza estándar, sino hecha a medida. Por ello muchas veces los permacultores debemos utilizar la palabra «depende». Porque lo que me va bien a mí puede ser que para ti no sea factible. Cada escenario es un nuevo reto.

Justamente uno de los errores más frecuentes que observo en los hortelanos primerizos es que imitan las técnicas de otros hortelanos sin pararse a pensar si van a ser adecuadas para su huerta. Por ejemplo: el acolchado puede ser muy buen aliado en climas cálidos o mediterráneos, pero te puede dar problemas si lo aplicas en un clima húmedo.

Por ello, antes de ponerte manos a la obra es importante conocer tu espacio y, si acaso, fijarte en hortelanos con experiencia que cultivan en un clima similar al tuyo.

LOS PRINCIPIOS ÉTICOS DE LA PERMACULTURA

La permacultura es un tema muy extenso y necesitaría otro libro entero para hablar sobre ella, pero me parece importante que conozcas sus principios. Algo básico y que son el motor del conjunto.

La permacultura se divide en siete ámbitos esenciales y son representados como los pétalos de una flor. Todos estos pétalos son desarrollados desde unos principios de ética; de esta manera toda acción y decisión tiene una coherencia. Es como la brújula de un barco que señala el norte.

Esta ética se divide en tres pilares: el cuidado de la tierra, el cuidado de las personas y la repartición equitativa (esta última a veces se describe en algunos libros como «repartición justa», pero tiene el mismo fundamento).

Las tres éticas se representan en la flor como su núcleo, porque todos los pétalos tienen en común los mismos principios éticos. Son como la base de la construcción.

Todos ellos son igual de importantes, y son similares a lo que se conoce como «los valores», aquellos valores que te hacen tomar ciertas decisiones, aceptar algunas cosas y rechazar otras con las que no estás de acuerdo o con las que no te sientes a gusto. Pero, a diferencia de los valores como individuo, estos principios de ética son aplicables a todo el mundo gracias a su flexibilidad y también porque son globales.

Justamente uno de los puntos que diferencian la permacultura de las técnicas de agricultura son sus éticas. Para tomar una decisión, primero se tiene en cuenta la ética y luego se incorpora la lógica. En cambio, en otros modelos, ante las adversidades no se paran a pensar qué repercusiones pueden tener sus decisiones a largo plazo, ya sea a nivel social o para el medioambiente. Estas éticas están elaboradas a partir de investigaciones sobre la ética de comunidades, aprendiendo de las culturas que han existido en equilibrio con su ambiente durante un periodo más largo que las civilizaciones más recientes. Esto no significa que tengamos que ignorar las enseñanzas de la modernidad, pero en la transición a un futuro más sustentable necesitamos tener una mirada más amplia que la actual.

Principio 1. Cuidado de la tierra

Algo que parece tan evidente no se tiene demasiado en cuenta en la sociedad actual. Porque esto va más allá de una agricultura sin productos químicos; nuestras decisiones como ciudadanos y nuestro modelo de consumo también afectan de manera directa al entorno. Ríos llenos de purines que contaminan las aguas, los microplásticos…, todos estos elementos negativos están enlazados directamente con nuestro modelo de consumo.

Por lo tanto, se trata de que nos responsabilicemos de los residuos que creamos y procuremos disminuir al máximo nuestra huella ambiental. Y esto engloba todo, desde la ropa que te compras a cómo gestionas las aguas de casa.

Todo aquel residuo que no sea biodegradable, reutilizable o reciclable es mejor que no se genere. Porque el mejor residuo es el que no se crea.

Principio 2. Cuidado de las personas

Los diseños de huerta permacultural tienen que cumplir las necesidades de la gente. Ya sea a nivel de casa o de un colectivo.

Un ejemplo en la ciudad sería una asociación de hortelanos de un barrio. Sería importante incluir un espacio para aprender y compartir experiencias. O en casa, si tienes hijos también hay que tenerlos en cuenta, para que ellos puedan disfrutar del espacio y aprender.

El compañerismo y el trabajo en comunidad son claves para crear el cambio. Porque el desafío no solo se trata de autorresponsabilidad, sino de crecer positivamente de manera comunitaria.

Principio 3. Repartición equitativa

Un excedente es cualquier materia o energía que sobra. Pueden ser unas hortalizas o ropa que tienes acumulada en el armario sin utilizar.

Por ejemplo, un árbol normalmente produce más fruta de la que uno necesita. ¿Para qué acaparar toda si luego no la vas a consumir? En lugar de ello, puedes compartirla con más gente o con la naturaleza (los pájaros o alimentando el compost).

Actualmente vivimos en una etapa de crecimiento infinito, eso significa que cada vez se necesita más y más para subsistir. Una era individualista y con mucho ego. Pero eso no es sostenible a largo plazo, ya que significa que vamos camino de destrozar todo lo que tenemos alrededor.