India - Eva Borreguero - E-Book

India E-Book

Eva Borreguero

0,0
7,99 €

oder
-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

Pocas historias son tan complejas como la de la civilización india. La vasta extensión del territorio en el que se ha desarrollado, su antigüedad y las constantes interacciones con otras culturas hacen que sea un auténtico desafío enhebrar un relato que refleje toda la riqueza y diversidad de su pasado. Sintetizar más de cuatro mil años de historia de una región en la que han llegado a existir simultáneamente cuarenta dinastías es una tarea que se antoja ingente.  Ese es precisamente el reto en este libro, dónde la historiadora Eva Borreguero, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, examina las etapas más destacadas de la historia antigua y clásica, y se abordan aquellos aspectos que ilustran la estructura social, religiosa y familiar de la India antigua. La autora ha ordenado y seleccionado para el lector los acontecimientos más relevantes de ese maravilloso pasado, acompañándolos de un análisis de los aspectos culturales más sobresalientes y de ciertos patrones de la historia en la región. La historia de India no solamente es el fascinante relato de una gran civilización: en la actualidad también es la historia de más de una quinta parte de la población del planeta.

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB

Veröffentlichungsjahr: 2022

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



INDIA

INDIA

Historia de una civilización

Eva Borreguero Sancho

India. Historia de una civilización

© Eva Borreguero Sancho, 2019

© de esta edición, Shackleton Books, S. L., 2022

@Shackletonbooks

www.shackletonbooks.com

Diseño de cubierta: Pau Taverna

Diseño de tripa y maquetación: Kira Riera

Conversión a ebook: Iglú ebooks

© Fotografías (las referencias a la página corresponden a la edición de papel): Todas las imágenes son de dominio público a excepción de las de Jawwad Ali/Shutterstock.com (p. 29); Trish Mayo [CC BY 2.0]/Wikimedia Commons (p. 31); Gary Todd, [CC0]/Wikimedia Commons (p. 32); ChrisO/Rowanwindwhistler [CC BY-SA 4.0]/Wikimedia Commons (p. 56); saiko3p/Shutterstock (p. 63); Gunawan Kartapranata [GFDL o CC BY-SA 4.0]/Wikimedia Commons (p. 67); Harjeetsinghnarang [CC BY-SA 3.0]/Wikimedia Commons (pp. 70-71); Maxxl2/Rowanwindwhistler [CC BY-SA 3.0] /Wikimedia Commons (p. 80); wisdom duomai [279-212 BCE]-PHGCOM [CC BY-SA 3.0] /Wikimedia Commons (p.83); Chrisi1964 [CC BY-SA 4.0]/Wikimedia Commons (p. 89); AnilD/Shutterstock y saiko3p/Shutterstock (p. 99); Jayakumar/Shutterstock (p. 111); Los Angeles County Museum of Art [d.p.] (p. 117); ImagesofIndia/Shutterstock (p. 124); Metropolitan Museum of Art, [CC0]/Wikimedia Commons (p. 142); SvetlanaSF/Shutterstock (p. 145); CPA Media Pte Ltd/Alamy Stock Photo (p. 187); Los Angeles County Museum of Art [d.p.] (p. 193); World Archive/Alamy Stock Photo (p. 199).

Cartografía incluida en las pp. 194-195 y en los apéndices: Geotec

ISBN: 978-84-1361-204-1

Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento y su distribución mediante alquiler o préstamo públicos.

Índice

Introducción
De la prehistoria al mundo védico
Las ciudades del Indo: Mohenjo-Daro y Harappa
El mundo védico
Los comienzos de la historia: Buddha, Alejandro y Ashoka
El budismo
El jainismo
El encuentro con Occidente: Alejandro Magno
El Imperio maurya. Ashoka, el amado de los dioses
Del período clásico al medievo indio
La edad de oro Gupta
India meridional
Los reinos regionales del norte y el «medievo» indio
Sociedad, religión y poder
Sociedad: la familia, las castas y la mujer
La familia
Las castas
La mujer
La «religión del sacrificio», «de la renuncia» y «la devoción»
El poder
La India de los sultanes y los mogoles
Mahmud de Gazni, un debate abierto
El Sultanato de Delhi
Los mogoles, cénit de la cultura indoislámica
Babur
Humayun
Akbar
Apéndices

«Cuando llegamos (al Hindustán) un nuevo mundo apareció ante la vista, diferentes plantas, diferentes árboles, diferentes animales y aves, diferentes tribus y pueblos, diferentes costumbres y modales. Era increíble, verdaderamente increíble.»

Babur, Baburnama

Introducción

A diferencia de la cultura occidental, donde la historia y el devenir del tiempo en el que se desarrolla son percibidos como una secuencia de cambios con profundas implicaciones transformadoras para sus protagonistas, en la India antigua ambas nociones se enmarcan en un plano muy distinto. En los Veda, los textos más antiguos de su civilización, no existe ninguna palabra que se pueda traducir por «tiempo». El término que se utilizará más adelante, kala, aparece en un par de ocasiones indicando el «turno» o «momento en el que toca hacer algo», refiriéndose en concreto al juego de dados. Los relatos míticos que aluden a los procesos cosmogónicos no hablan de un tiempo de creación, sino que narran cómo algo eterno, el «ser», surgió o se desplegó de otra eternidad, el «no-ser».

En fases posteriores, aparecerá la concepción cíclica popular, la «rueda eterna de las reencarnaciones» y, en términos cósmicos, el ciclo de las Edades del tiempo o yugas, en las que se atraviesan estadios de creación, manifestación y destrucción del ser, seguidas de una inmersión en la noche absoluta de lo no manifestado, hasta que tiene lugar un nuevo comienzo del proceso. Todo ello medido en eones, unidades de extensión temporal inabarcables para la conciencia humana, más propias de la astrofísica moderna que del acontecer terrenal. No en vano los indios crearon los conceptos de cero e infinito.

Lo real, manifiestan las Upanishads, es «lo absoluto», de ahí que en la India la existencia temporal se considere en cierta medida ilusoria. Como nos recuerda Ana Agud, todo conocimiento ha de comenzar por la admisión de esta particularidad, y la sabiduría residirá en «la meditación estática sobre esta verdad absoluta».1

Desde este marco temporal, la dimensión histórica tiene un valor muy marginal. A diferencia de otras disciplinas, como las matemáticas, la astronomía, la gramática o la medicina, en la India no existió una historiografía como área de estudio académica. Apenas existen testimonios fiables que nos informen sobre la política y los sucesos del período antiguo. No hay textos históricos ni documentos descriptivos como los que se redactaron en Grecia, Roma y China; solo en algunos lugares y momentos puntuales, alguna dinastía reinante encargó su crónica, como el Rajatarangini (‘Río de los reyes’), compuesta por el cachemir Kalhana en el siglo XII, la única obra india producida antes de la dominación islámica que posee un verdadero planteamiento histórico, y que describe los acontecimientos políticos y sociales de la región. Habrá que esperar a la llegada de los musulmanes para contar con material histórico fiable. Hasta entonces, la historia de la India es una exploración que se abre camino entre una copiosísima literatura, tanto religiosa como profana, pero, por razones obvias, de valor documental escaso como fuente historiográfica. Hablamos, por lo tanto, de una historia que se supone, se deduce y se intuye, pues no existe base documental que vaya más allá de los testimonios indirectos. Además, hasta el siglo XII la información de que disponemos es muy fragmentaria, con enormes lagunas tanto en el tiempo como en el espacio, por lo que no hay continuidad en las fuentes de información, ni en el relato histórico.

En cambio, sí que contamos con evidencias arqueológicas, así como abundancia de monumentos artísticos, de los que es posible inferir alguna información indirecta. En el caso de la civilización del valle del Indo, la primera cultura urbana que se conoce de la península, sabemos de importantes y numerosos núcleos de ruinas, pero no hay más testimonios gráficos que unos sellos indescifrables, por lo que nos referimos a esa etapa como la prehistoria.

Sobre la llegada a la India de los «indoarios» o «arios indios», la literatura apenas ayuda a situar acontecimientos históricos en el espacio y el tiempo, aunque sí aporta información valiosa acerca de los más diversos aspectos culturales y sociales. En esta etapa, la principal fuente son los Veda, el testimonio literario más antiguo, consistente en himnos para la liturgia, compuestos en una forma arcaica del sánscrito y transmitidos oralmente durante siglos. A través de estos himnos se puede reconstruir la organización de estas tribus y qué dioses tenían los «pueblos del Rigveda» que llegaron a la India procedentes de las estepas de Eurasia. Con una limitación, los Veda reflejan los intereses muy específicos de la clase sacerdotal brahmánica. Por lo demás, no existe sobre ellos evidencia arqueológica, ni templos ni edificios, pues el propio ritual ordenaba no dejar residuos y destruir todo lo que había rodeado al sacrificio.

Las fuentes de conocimiento de la expansión hacia el Este y sedentarización de las poblaciones arias, siguen siendo los documentos litúrgicos: la «literatura védica» (Brahmanas, Arankayas, Upanishad, Shrautasutra, Grhyasutras) y las leyendas épicas y puránicas. Textos que cubren una amplia franja cronológica, entre el 1000 y 500-400 a. C., y de nuevo, reflejan lo que resultaba relevante para la cultura brahmánica noroccidental.

Los textos redactados en la «edad de oro» Gupta contienen materiales procedentes del final del período védico y de los siglos en que la India fue oficialmente budista (desde el IV a. C.). Este es el caso de las dos grandes gestas de la Antigüedad, el Ramayana y el Mahabharta, que mezclan datos reales y ficticios sobre lugares y acontecimientos. También de obras como el Código de Manu o Manusmitri, tratado jurídico que proporciona una información precisa, aunque sesgada, sobre el derecho de la sociedad de castas más temprana, el Arthashastra, manual del arte de la política, y la literatura erótica del Kamasutra. Todos ellos informan con cierta amplitud sobre costumbres y relaciones de poder, pero solo para algunas épocas y zonas geográficas.

Hasta la llegada de Alejandro Magno en el 327 a. C., no hay un evento cuya fecha se pueda concretar. Sabemos de los imperios antiguos por los materiales épicos y puránicos, por las noticias asociadas a la campaña de Alejandro, las leyendas budistas, y por Ashoka (siglo III a. C), un gobernante que sí dejó registros historiográficos. En realidad, solo durante su reinado, los historiadores de la India antigua cuentan con algo parecido a una documentación histórica. Por lo general, las dataciones se establecen principalmente por fuentes extranjeras: los contactos comerciales de los reinos del sur con el Imperio romano en torno al cambio de era; la literatura budista de China y Tíbet, que contiene referencias a hechos y lugares; y para períodos más tardíos, los relatos del árabe Al Biruni y los chinos Fa Hsien y Xuanzang. Pero no existía la práctica de situar los textos en contextos sociopolíticos determinados. Lo mismo ocurre con la literatura india postvédica: abundan genealogías, pero no se redactaron crónicas que fijasen las actuaciones.

Una de las razones que explican el rechazo a dejar constancia escrita se encuentra en el papel que jugaron los brahmanes en la historia india. Esta minoría ostentaba el monopolio del conocimiento sagrado de carácter «esotérico» y defendía mantener ocultos los saberes, lo que le garantizaba preservar su estatus en la cúspide de la jerarquía social. Presionados por la competencia que representaba el budismo, los brahmanes decidieron consignar por escrito sus textos en devanagari, escritura diseñada para la lengua sánscrita, en torno al siglo II d. C. No obstante, la enseñanza siguió siendo sobre todo oral.

Los monumentos compensan de modo escaso la falta de textos históricos. Por ejemplo, en el sur de la India, el templo de Rajarajeshwara, en Tanjore, nos informa sobre la dinastía Chola por medio de inscripciones en el pavimento de los soportales, que registran información sobre expediciones, donaciones fastuosas, y algunas cuestiones de organización.

Reconstruir el pasado a partir de materiales tan inconexos como las monedas, fragmentos sueltos de inscripciones, tradiciones orales, composiciones literarias, textos religiosos y épicos, no solo es difícil. A diferencia de los libros de historia occidentales, los que intentan narrar los hechos pasados de la India para casi todo lo anterior al siglo XII, apenas pueden hacer otra cosa que reconstruir, como en un mosaico, cuadros o estampas de épocas culturales de extensión y localización bastante poco precisas.

Por su extensión territorial, interacción con otras culturas y antigüedad de su civilización, la historia india es extensa, rica y diversa. Más diversa de lo que suelen creer los propios indios, casi siempre empeñados en enfatizar, cuando no en construir, una presunta continuidad tanto temporal como cultural e ideológica. Por una parte, las investigaciones recientes van poniendo de manifiesto al menos tres civilizaciones antiguas que confluyeron en lo que ahora conocemos por India antigua: la preindoeuropea de Harappa y Mohenjo Daro, de la que no hay más que vestigios arqueológicos; la indoeuropea de los Veda, documentada en extensión y que se impuso ampliamente; y la del reino de Magadha, más afín a Asia Central y probable origen de elementos tan extraños a los arios como las tradiciones místicas y ascéticas. A diferencia del Egipto, la Grecia o la Mesopotamia de la Antigüedad, en muchos aspectos la civilización india se mantiene viva. Los brahmanes repiten las mismas fórmulas que sus antepasados védicos, y la sociedad sigue en gran medida anclada en el sistema de castas, de origen incierto pero muy antiguo, cuyas justificaciones garantizan todavía hoy un complejo grado de cohesión social y cultural. Sin embargo, esta ideología continuista se monta sobre la ignorancia o negación de profundas cesuras culturales tanto en el tiempo como en el espacio.

La India ha recibido una intensa influencia del exterior, sobre todo por medio de guerras y comercio. Desde la llegada de los pueblos indoeuropeos en el segundo milenio antes de Cristo se sucedieron continuas invasiones de fuerzas extranjeras: persas, griegos, hunos, árabes, pueblos turcos, portugueses, franceses, británicos... Todos dejaron su impronta ayudando a formar lo que probablemente es el primer y mayor melting pot de la historia. Y a la inversa, la civilización india se ha proyectado más allá de sus fronteras y sus aportaciones al acervo cultural de la humanidad son numerosas y notables. Tierra natal de dos grandes religiones, el budismo y el hinduismo, una se extendió por Asia Central, Oriental y del Sudeste, y la segunda hacia el Sudeste Asiático. Las narraciones literarias indias dieron lugar a colecciones de cuentos en otras partes de Asia y Europa. Sus formas de espiritualidad y autocontrol siguen ganando adeptos en todos los continentes. Sin olvidar la invención del sistema decimal y del cero, fundamento de la ciencia moderna.

El subcontinente indio posee una de las biodiversidades más ricas del planeta, con especies conocidas como el elefante asiático, el tigre de Bengala —que vagaba por gran parte de la península—, el león asiático, el pavo real, el leopardo y el rinoceronte, ya presentes desde la literatura postvédica, y con frecuencia asociados al panteón de dioses en calidad de vehículos portadores.

La selva emergía como un muro frente a la civilización, una frontera natural habitada por apátridas, renunciantes, marginados o exiliados, bandidos y criminales. También eremitas, buscadores de conocimiento, meditadores y ascetas. A veces, lugar sagrado de residencia para algunas de las deidades más temidas, tierra de animales feroces, por donde merodea el pavoroso tigre. En las culturas védica y brahmánica lo selvático encarna lo ignoto y peligroso, y las poblaciones tribales, arrinconadas en los espacios boscosos, quedaron fuera del ordenamiento social de las castas y pasaron a ser considerados mleccha, bárbaros. En la actualidad existen tribus denominadas adivasis, descendientes de estos «primeros habitantes», de organización social menos compleja y más igualitaria y que continúan posicionados en los últimos eslabones de la sociedad.

El fenómeno climatológico dominante de la India es el monzón. La economía, la agricultura y el bienestar de la población dependen de las precipitaciones estacionales de este viento portador de lluvias que sopla desde el océano Índico y recorre el subcontinente de junio a septiembre. El año indio se ha dividido tradicionalmente en cinco estaciones: el otoño (la estación bella y sugerente por excelencia y, junto con la primavera, la de mayor significación lírica y erótica); el invierno —tiempo de guerra—; una corta primavera; la estación de las lluvias, que marcaba el ciclo de la agricultura, y por lo tanto se asociaba con la vida y la fertilidad; y un verano abrasador, período de baja actividad, por ser el más duro del año para humanos, plantas y animales.

Este libro pretende ofrecer una panorámica sucinta de la historia de la civilización india, desde la conciencia de las mencionadas dificultades de enhebrar una historiografía coherente. Por eso, como hacen la mayor parte de los historiadores, intenta acercarse más a los aspectos culturales sobresalientes y a los patrones de la historia que a hechos históricos concretos. La periodización sigue el criterio de presentar épocas culturales, en lugar de franjas cronológicas, que se sitúan en el tiempo de un modo aproximado. En este sentido, me atengo a las fechas consideradas habitualmente, teniendo en cuenta que estas, por lo general, varían en función de los autores y las perspectivas. Los primeros tres capítulos examinan las etapas más destacadas de la historia antigua y clásica. El capítulo cuarto, a modo de síntesis de los anteriores, aborda aspectos que ilustran la estructura social, religiosa y familiar de la India «hindú». Por hinduismo me refiero a un sistema de creencias que algunos han denominado henoteísta (muchos dioses, pero siempre uno principal), que acoge preceptos y doctrinas de distinta índole que suelen compartir la centralidad de la literatura de los Veda y la noción de dharma. Cabe tener en cuenta que el término «hinduismo» surge a mediados del siglo XIX en el contexto de los movimientos de reforma religiosa de la India. Finalmente, el último capítulo ofrece el período de los gobernantes musulmanes: los sultanes y emperadores mogoles.

Por ser este un libro de divulgación, y para facilitar la lectura, las palabras en sánscrito no han sido transliteradas. Los nombres de lugares, personas y textos indios se han deletreado fonéticamente, omitiendo signos diacríticos.

El título de la obra alude a la civilización india. «Civilización» es un término controvertido, por la carga de valores que conlleva y por la dicotomía que se ha establecido a lo largo de la historia entre civilización y barbarie. En este libro, el término se emplea en el sentido utilizado por Thomas R. Trautmann (India Brief History of a Civilization), para referirse a una cultura antropológica común, esto es, a un conjunto de creencias, valores y normas distintivas, dentro de un sistema social complejo, con jerarquías sólidas, que abarca un área geográfica muy extensa.

Al hablar de civilización india nos referimos al territorio habitado por el o los pueblos que conforman esa cultura, no al territorio de la República India, creada en el siglo XX. La India mencionada incluye, además de la actual República India, los territorios de Pakistán, Bangladesh, Sri Lanka, Nepal, Bután y las Maldivas; se corresponde con la denominación actual de la región de Asia Meridional. La historia de la India no es solo el relato de una gran civilización: en la actualidad, también es la historia de más de una quinta parte de la población del planeta.