Inflight Hacking - Paul W. Provo - E-Book

Inflight Hacking E-Book

Paul W. Provo

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Beschreibung

Inglés Inflight Hacking is an epic novel about combatting new-age terrorism in an unsuspecting country in the South China Sea. The intelligent goal behind IS´s plan to remotely hack an airliner,a Spice Air Boembrair 900 while in flight, causes the president of Taishan, Nyugen Gunshai, to enter into a state of white-knuckled fear and general dismay. The story is fantastically engaging, accentuated with Mossad and CIA´s involvement and the airborne cockpit scenes battling a major storm over Typhoon Alley, creating a fantastically thrilling plot gauranteed to leave readers spell-bound and wanting more! Español Hackeo en Vuelo es una novela épica relatando el plan siniestro sin paralelo del Estado Islamico de secuestrar, por control remoto, un Boembrair 900 de la compañia Spice Air, en vuelo entre Taishan y Martinella. Las escenas desde la cabina de vuelo cruzando Typhoon Alley en turbulencia extrema pone los pelos de punta, mientras el presidente de Taishan, Nyugen Gunshai se encuentra extremadamente preocupado y decide reúne con urgencia a sus hombres de seguridad nacional para informarles sobre las advertencias de la CIA. Descripcion Inflight Hacking/ Hackeo en Vuelo, es un thriller aeronautico publicado en dos idiomas, Inglés y Castellano, concepto Flip-It, pensando en mis muchos lectores y amigos pilotos. Inflight Hacking/Hackeo Aereo is an aeronautical thriller published in two languages, English and Spanish, in a flip-it concept for the enjoyment of my readers and buddy pilots

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Seitenzahl: 261

Veröffentlichungsjahr: 2022

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Paul Provo

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz

Diseño de portada: Rubén García

Supervisión de corrección: Ana Castañeda

ISBN: 978-84-1144-566-5

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

Letrame Editorial no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones del autor o con el texto de la publicación, recordando siempre que la obra que tiene en sus manos puede ser una novela de ficción o un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales y subjetivas.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

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Agradecimientos especiales a mi amiga, colaboradora y traductora Mari Cordero. Sin su paciencia y asistencia técnica y talento natural este libro se hubiera quedado en mi mente, en el armario de mis creaciones literarias.

Prólogo

República Democrática de Taishan

Mar del Sur de China

Localizado entre Filipinas y Vietnam, en el Mar del Sur de China, el pequeño paraíso de Taishan luchaba por mantener su independencia y expandir su economía en estos tiempos difíciles.

El archipiélago de dos islas, llamadas Taishan y Martinella, era el principal exportador de especias del mundo. Más de tres mil variedades de plantas y una rica fauna, junto con ondulantes colinas verdes y millas de costa e innumerables playas limpias de guijarros negros, proporcionaban pura naturaleza y ocio a los saludables visitantes que querían escapar del ajetreo de la vida de las grandes ciudades. Un seductor lago central estaba flanqueado por tentadores cayos de arena; magníficos arrecifes de coral intactos y un paisaje tropical que esperaban a cualquiera que necesitaba algo de paz y descanso.

Entre los problemas crecientes, el compromiso del presidente de Taishan, Nguyen Gunshai, con una inversión estatal para promover la creación de pequeños resorts por todo el país y evitar el desarrollo de los grandes complejos hoteleros que había visto en Europa y en el Caribe, era exitoso hasta que llegó ISIS. Para garantizar el bienestar de sus ciudadanos en un mundo cada vez más global, incluso los paraísos como Taishan eran incapaces de escapar de las amenazas del terror.

Junto con la magnífica producción gestionada por los agricultores locales, la mayoría de ellos descendientes de vietnamitas y chinos, que había fortalecido y estabilizado ampliamente la economía del pequeño país, el presidente Nguyen Gunshai tenía otro proyecto especial en mente: la marihuana medicinal. Ahora, tras el gran trastorno causado por el virus chino, tenía planes algo polémicos destinados a incrementar la estabilidad económica de su país a pesar de una nueva amenaza que se aproximaba, una muy peligrosa.

Capítulo 1

El sol naciente iluminó con delicadeza un nuevo día en Guan-Chu, la capital de Taishan. Se estiró en la cama después de una noche incómoda de dar vueltas y vueltas. El presidente Nguyen Gunshai abrió los ojos y se entregó lentamente a la realidad de otro día agitado por delante. Miró hacia el mar, al cúmulo de nubes de tormenta que llenaba el horizonte. Era el comienzo de la temporada del monzón y las lluvias torrenciales estaban de camino hacia el pequeño archipiélago, parte integrante del salvaje frente frío que se acercaba y que crecía en tamaño y ferocidad sin ninguna señal de diluirse. El Presidente notó que ni un solo pájaro volaba por los jardines de palacio, muestra inequívoca de que el brutal sistema de bajas presiones los golpearía en unas pocas horas.

Se había quedado despierto casi toda la noche preparándose para la reunión urgente de emergencia del día para enfrentar los asuntos urgentes con su equipo de seguridad nacional. Lo estarían esperando en la sala de reuniones. La seguridad y el bienestar de su país y sus desprevenidos habitantes era lo más importante en su cabeza. El mundo entero estaba bajo la amenaza constante del Estado Islámico. Se había vuelto algo personal; otro ingrediente desastroso para agregar a la lista. Era difícil de creer que, de entre todos los lugares, su pequeño y pacífico país estuviera, según la inteligencia de la CIA, bajo el ataque del peor de los malvados alborotadores: el Califato Islámico. Problemas, problemas y más problemas; más de los que nunca pensó posibles. La reciente invasión rusa de Ucrania; Europa y América del Norte enfrentándose a una crisis energética y los Estados miembros de la OTAN preparándose para una batalla total que fácilmente podría desencadenar la Tercera Guerra Mundial. La COVID todavía estaba entre ellos y la economía mundial estaba en ruinas, incapaz de recuperarse de la inestabilidad política y social del planeta. Un problema de último momento encontró su camino en su cerebro: Taishan había ganado la soberanía de Pekín hacía doce años, después de cuarenta y uno de autoritarismo chino y gobierno de puño de hierro.

El Presidente, así como el resto del mundo libre, observaba con ansiedad mientras los chinos continuaban construyendo aeródromos militares artificiales en los bajíos y atolones que cubrían más de tres acres y medio por día. Taishan ocupaba un lugar destacado en la lista de Pekín: las reservas de petróleo bajo el lecho marino ascendían a más de siete mil millones de barriles. Sabía que Pekín podría cambiar de opinión en cualquier momento y romper la concesión territorial que habían firmado. No había defensa si China decidía recuperar el país; no había nada que él o cualquier otra persona pudiera hacer para detenerlos. Mientras el mundo observaba en un silencio sumiso, el exprimidor chino continuaba ignorando descaradamente y de forma agresiva los tratados internacionales y los derechos territoriales soberanos, tan imparable como un monstruo depredador de la película Jurassic World.

El gobierno de los Estados Unidos estaba mostrando debilidad en todos los frentes con un presidente inútil, el número cuarenta y seis, y pensó que era solo cuestión de tiempo antes de que China recuperara Taiwán. Si eso sucedía, el Presidente sabía que Taishan sería el próximo. Arrastrando los pies, cogió sus gafas para leer y revisó el informe de la CIA una vez más. Sacudió la cabeza con miedo mientras entraba en el baño.

EMITIDA ALERTA DE CATEGORÍA 5 PARA LA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DE TAISHAN.

MOSSAD Y CIA URGENTEMENTE INVESTIGAN LA PRESENCIA DE UNO, POSIBLEMENTE DOS, LOBOS SOLITARIOS INFILTRADOS EN TAISHAN. UN MÓDULO DE CONTROL ALTAMENTE SECRETO, DENOMINADO U. A. S. O SISTEMA DE VUELO AUTOMÁTICO ININTERRUMPIBLE, ROBADO DE UNA REMOTA BASE AÉREA DE LAS FUERZAS DE EE. UU. EN YEMEN SE ENCUENTRA EN SUS MANOS.

SE SOSPECHA LA INTENCIÓN DE HACKEAR Y TOMAR EL CONTROL DE UNA AERONAVE EN VUELO, POSIBLEMENTE UNO DE LOS BOEMBRAIR 900 DE TAISHAN.

TENEMOS RAZONES PARA CREER QUE EL ATAQUE AÉREO ES INMINENTE.

CIA Y MOSSAD ENVÍAN EQUIPOS A TAISHAN.

A LA ESPERA DE MÁS INFORMACIÓN TÉCNICA DEL SISTEMA CON RESPECTO AL U. A. S.

OFICINA DE LA CIA EN ASIA.

KUALA LUMPUR.

FIN DEL MENSAJE.

Capítulo 2

Ngai Yamah, de treinta y un años, se despertó aturdido y mareado. Se frotó los ojos y se concentró en el ventilador de techo que daba vueltas sobre él intentando olvidar los acontecimientos de otra tumultuosa noche. Recordó los últimos segundos de su recurrente sueño, que siempre acababa un microsegundo antes de que impactara contra el agua helada, cubierto de sudor y mentalmente agotado. Instintivamente, buscó una sensación de normalidad mientras trataba de borrar de su mente los elementos perturbadores de la pesadilla. Ascendía por una pared vertical, en una región costera en alguna parte, y se agarraba desesperado con las yemas de los dedos ensangrentadas; pero todas las veces resbalaba mientras se aferraba con insistencia para conseguir una fuerte sujeción. Siempre acababa cayendo en un oscuro vacío y se despertaba justo antes del golpe mortal. A veces deseaba ese impacto: tal vez así sería capaz de poner fin a su pesadilla de una vez por todas. Los sueños parecían amplificarse con el efecto del alcohol; la celebración del sesenta cumpleaños de su padre la noche anterior no había ayudado mucho. Se arrepintió de haber bebido y guardó sus pesadillas para él, sin importar lo horribles que fueran, haciendo todos los esfuerzos por no despertar a su mujer, Lisa, que dormía a su lado.

Permaneció en la cama con la cabeza entre sus manos. Esa misma tarde ambos se encontrarían en el avión rumbo a la isla Martinella. Ngai lo había arreglado todo para que se encontraran en una emocionante cita durante la cual había planeado un recorrido tranquilo por la isla, su lugar de nacimiento. Estaba ansioso por mostrarle los lugares favoritos de su infancia y los escondites secretos que frecuentaba cuando era niño. Se deslizó de la cama y se acercó al cuarto de baño. Echó un vistazo a los manglares y a los helechos arborescentes que bordeaban el jardín delantero mientras orinaba. Estaba absorto en sus pensamientos sobre el vuelo de la tarde y los frondosos e imponentes árboles verdes que siempre lo tranquilizaban. Miró el reloj: tenía que ponerse el uniforme e irse.

Era un hombre decente, querido y admirado por todos sus amigos. Físicamente saludable, entrenaba con frecuencia y pasaba mucho de su tiempo ocioso, cuando no estaba volando, estudiando climatología. Se había convertido, contra su voluntad, en algo así como una celebridad nacional cuando cortejaba a la hija del Presidente, Kim Gunshai. A pesar de sus esfuerzos, la relación no funcionó. Él era carismático y creía en el trabajo duro para conseguir las metas, mientras que ella era muy inmadura porque durante toda su vida se lo habían dado todo. Él se había sentido abatido por las secciones de chismes que se publicaron en su día en el Guan-Chu Daily. Finalmente, rompieron y tomaron caminos diferentes, pero todavía sentía resentimiento hacia Sun-La por permitir que su periódico publicara una basura tan triste.

Estaba completamente inmerso con su idea: el TARP. Los estudios y la ética en el trabajo que su padre había demostrado toda su vida habían tenido un tremendo impacto en él. Era un trabajador tranquilo y diligente. Cuando era niño, raramente se perdía las responsabilidades de su padre los fines de semana en la torre del aeropuerto regional de Shu Dach. Le encantaba mirar como los aparatos despegaban y aterrizaban y, con catorce años, su padre, orgulloso, se jactaba con sus amigos de que su hijo Ngai podría manejar la torre él solo.

Comenzó su entrenamiento de vuelo cuando alcanzó la edad legal de dieciocho años. A los veintitrés, informó a sus padres de su intención de ir a Texas y obtener su licencia de piloto comercial. Todos sabían que lo iba a conseguir: tenía las horas, la actitud y la energía de un quinceañero; una habilidad natural para acabar las cosas. Cuando regresó a casa ocho meses después anunciando que estaba loco por una ardiente chica tejana llamada Lisa, todos observaron un cambio de madurez en él. Hablaban a diario hasta que, por fin, ella pudo recorrer los miles de millas que los separaban para estar juntos. Lisa no se había arrepentido jamás. Los padres de Ngai, Din y Lina, la aceptaron como si fuera una hija perdida y Spice Air le dio un trabajo gracias a sus credenciales como auxiliar de vuelo y su gran experiencia en Texas. Ngai nunca había hablado en nombre de nadie, pero Lisa enseguida sobresalió en el trabajo y se hizo querer dando lecciones de inglés a muchos de sus compañeros de aerolínea.

―¿Otra pesadilla? ―lo miró a los ojos con voz susurrante―. Voy a hacer que la olvides, te lo prometo.

Le preocupaba Ngai y lo que causaba esos sueños arraigados. Cuando él se acercó, le mordisqueó el lóbulo de la oreja.

―¡Eh! Vas a hacer que llegue tarde.

Ngai retiró la sábana y reveló su cuerpo desnudo. Ella palmeó en la cama invitándolo a quedarse.

―Por mi parte, me conformo con uno rápido ―contestó ella con una pícara sonrisa.

Durante los minutos en que hicieron el amor, se olvidaron del tiempo. Después de que ambos llegaran al final, Ngai salió de la cama y Lisa se hundió profundamente en el suave colchón, bostezó y dejó escapar un suspiro.

―¿Realmente tenemos que volar esta tarde? Me gustaría quedarme aquí y hacer el amor todo el día.

―Bueno, he cambiado el vuelo con el capitán Dylan, así que podremos quedarnos esta noche en Martinella juntos ―contestó mientras cogía su radiante rostro entre sus manos y besaba sus sonrientes labios. Luego, se puso en pie para vestirse―. Voy a llevarte a un tour completo mañana. ¡Te encantará Martinella! ―Ya le había dado una vivida descripción de lo que iban a visitar―. Y no tengas miedo: tendremos todo el tiempo del mundo para jugar.

Ya en la cocina, Lisa preparó una nueva cafetera. Ngai llegó por detrás y la envolvió con sus brazos. La sostuvo así y, tras besar su nuca durante unos segundos, le dijo:

―Bueno, cariño, te veo en el aeropuerto.

Se besaron.

―Yo voy a darme una ducha y lavarme el pelo. ―Lo miró mientras Ngai se bebía el café de un trago y recordó algo―. Oh, sí, no te olvides de dar las gracias al capitán Dylan por cambiarte el vuelo. ¡Se lo debemos! Sé que vamos a pasar un buen rato.

Besó a Lisa en la mejilla y se dirigió hacia la puerta, hacia su pequeño coche coreano. Solo llevaba siete meses como piloto de los Boembrair 900 tras ascender desde los 737, pero ella estaba emocionada. Se preguntó si hacía lo correcto al no decirle que iba a ser padre. Sabía perfectamente que iba a estallar de felicidad porque le encantaban los niños, pero decidió que se lo diría al día siguiente en Martinella, el lugar y el momento perfecto.

Ngai puso en marcha el coche y condujo a través de las carreteras embarradas hasta alcanzar la única vía de asfalto de Guan-Chu que le llevaría hasta el Centro de operaciones de Spice Air, localizado justo en las afueras de la ciudad principal. Mientras conducía a través de los asentamientos locales por la serpenteante carretera, sonrió y saludó a los granjeros. Adoraba su ciudad natal, Martinella, pero estaba contento en Shu Dach.

Él y Lisa iban a quedarse en el hotel Castle Island Resort y ya había programado para el día siguiente un recorrido en moto por las maravillas naturales de la isla. Tendrían tiempo de sobra hasta el viaje de regreso a Guan-Chu por la tarde. Compartían el amor por la naturaleza y pensó que a Lisa le gustaría explorar las tranquilas y solitarias calas donde él había pasado su infancia. En ellas, había luchado en vastas guerras imaginarias, como hacen los niños, y había soñado con viajar algún día a regiones lejanas. Después, cuando tenía catorce años, la familia se había mudado a Shu Dach, un pequeño pueblo de pescadores al sur de Guan-Chu, debido al papel de su padre en el Ministerio de Aviación Civil de Taishan. Su pasión por volar se hizo más profunda y supo que algún día elegiría ser piloto por encima de cualquier otra vocación.

Lisa se metió en la ducha y se lavó sus despeinados rizos rubios. Decidio añadir el tinte negro azabache que tanto le gustaba a Ngai. Giró a izquierda y derecha frente al espejo contemplando su esbelta figura, sus grandes caderas y senos. Su increíble secreto aún no se había revelado. Se secó mientras miraba el reloj de pared y se vistió y sirvió un vaso de papaya recién exprimida. No se molestó en cerrar la puerta con llave detrás de ella. En Taishan, un sistema de alarma era innecesario: nadie pasaba hambre y había mucho empleo. Había tratado de explicar estas cosas a sus familiares en Texas para asegurarles que estaba bien. Sin embargo, ¡había tantas diferencias culturales difíciles de describir! Ajustó el asiento de su VW Golf y condujo hasta el trabajo siguiendo la misma ruta que Ngai había tomado para ir a palacio. Estaba ansiosa por ver su lugar de nacimiento y conocer más cosas sobre él.

Capítulo 3

El Presidente cogió su cepillo de dientes. El espejo reveló un rostro redondo y jovial con su famosa nariz de gancho, de proporciones considerables, sobre unos labios gruesos y unos dientes con un mantenimiento costoso. Notó como su espeso cabello, blanco como la nieve, se estaba raleando a los lados y las arrugas marcadas en su rostro, creadas por el desgaste de las responsabilidades, grabadas sobre sus rasgos orientales como huellas dibujadas a lápiz en un antiguo y muy usado mapa de carreteras.

Después de años de sudor y esfuerzo bajo la opresión china cuando era joven, esclavizado por los conquistadores comunistas en su propia isla Martinella, sus profundos ojos grises, que fácilmente se volvían helados y penetrantes cuando eran cuestionados, estaban permanentemente entrecerrados. Él era el único responsable del traspaso sin problemas y esta nueva amenaza los ponía a todos en peligro. La concesión de China podría llegar a su fin en un instante. Ni siquiera la sólida calificación crediticia AAA de Taishan sería suficiente para protegerlos de la amenaza del Estado Islámico. Ninguna cantidad de dinero podría proporcionar suficiente protección.

Observó con detenimiento su propia cara en el espejo, un pequeño juego que disfrutaba. Las bolsas que habían comenzado a crecer debajo de sus ojos últimamente le preocupaban. Vio el rostro de un hombre que, de repente, tenía miedo de perder el control de su pequeño país y el bienestar de su gente; todo lo que había hecho en los veinticuatro años anteriores estaba ahora en peligro. Su matrimonio también estaba al borde de la desintegración debido a un enorme tira y afloja marital. Lady Nimisha, su esposa, dormía al otro lado del palacio. Daba por sentado que su distante esposa estaba involucrada en el consumo de drogas. Su personalidad había cambiado dramáticamente en el último año: era impaciente, irritable y generaba dificultades para el personal de palacio y no habían dormido juntos en décadas. Tenían una hija, Kim, la niña de sus ojos, la única que los mantenía unidos; de lo contrario, habría solicitado el divorcio hacía mucho tiempo.

Truenos repentinos lo sacaron de su alarmante estado mental. Volvió a la realidad y comenzó a afeitarse. Una de sus primeras prioridades en la reunión sería interrogar a Ngai Yamah sobre el mencionado U. A. S., el llamado Sistema de Vuelo Automático Ininterrumpible. Nunca había oído hablar de un artilugio de este tipo y, aunque no tenía motivos para desacreditar el informe de la CIA, se preguntaba cómo el EI, el Estado Islámico, podría haber introducido el equipo de contrabando sin ser detectado. Que los terroristas fueran absolutamente imparables era un eufemismo.

Se puso un traje de Tom Ford hecho a medida. Echó un vistazo al bullicioso paseo marítimo: cientos de contenedores cargados con artículos de especias de Taishan estaban ordenados a lo largo del muelle y eran cargados en buques con destino a puertos de todo el mundo. El mercado de las especias de Taishan se había desplomado desde la invasión de Ucrania, pero esa era la menor de sus preocupaciones. Antes de partir para la conferencia, llamó a Operaciones de Vuelo y solicitó que el Gulfstream presidencial tuviera combustible y estuviera listo para transportarlo a Beijing en las próximas horas. Debía asistir a una reunión de inversores multimillonarios para firmar la financiación de su proyecto de marihuana medicinal, un proyecto que generaría millones de dólares para Taishan y, al mismo tiempo, crearía puestos de trabajo. A pesar de la vehemente resistencia dentro de su propia administración e incluso de las potencias extranjeras cercanas, se mantuvo firme en su proceder. Había leído sobre las propiedades curativas milagrosas de la planta. Sin duda, estaba siendo beneficiosa para él.

El mayordomo llegó con su desayuno y se quedó en la puerta esperando obtener el permiso para entrar. Le tentaban los cruasanes de mantequilla recién hechos y la fruta, acompañados de un termo de plata con café humeante; pero decidió tomar un simple vaso de leche para ayudar a aliviar la sensación de ardor y gases en el estómago y la garganta. Acostumbrado durante mucho tiempo al dolor crónico y a pesar de los analgésicos recetados por el médico y los medicamentos, que tuvieron poco o ningún impacto en él, su último informe de biopsia estaría disponible en breve. Era plenamente consciente de que el resultado sería negativo. Solo Sun-La estaba al tanto de su enfermedad; todavía no le había dicho nada a su esposa e hija. Era un hombre que se había acostumbrado a sufrir en silencio.

―Li, me voy a Beijing. Ten mi equipaje listo para la salida a las once ―ordenó por teléfono a su secretario―. Por cierto, la reunión será corta: no tengo mucho tiempo. Mantén a los hombres cómodos hasta que llegue.

Colgó, se sentó por unos momentos y descansó su cabeza entre las manos ahuecadas. Sacudió la cabeza, desplazó la sensación de hundimiento y se obligó a concentrarse. Llamó al jefe de seguridad y rápidamente le explicó la situación:

―Estamos en el nivel 10. No hay tiempo que perder, ¡así que manos a la obra, Lee San! Ponte las pilas.

Después de la llamada, ignoró las órdenes insistentes de sus médicos para que abandonara el horrible hábito y encendió un gran cigarro cubano. Lento pero seguro, comenzó a sentirse como antes, un luchador que nunca huía de un desafío. Sus dos teléfonos móviles personales vibraban constantemente. «Todo puede esperar», pensó mientras se tragaba el resto de la leche y un pedazo de manzana. Rápidamente, calmó el dolor de su estómago. Si los militantes del califato realmente atacaban Taishan, habría una angustia inimaginable. El enfoque de todo o nada de los fanáticos islámicos era lo que los había hecho tan exitosos y peligrosos. La comunidad yihadista acechaba en todos los pueblos y ciudades del mundo, y se propagaban como una amenazante epidemia, como su propio cáncer, implacable e imparable.

Capítulo 4

Sun-La despertó al amanecer y se dirigió a la ducha. Tenía que asistir a la reunión urgente del Presidente a las siete y media. Un dolor de cabeza palpitante lo había tenido dando vueltas y vueltas en la cama toda la noche. Buscó a tientas por el dormitorio sus gafas. Al escuchar un trueno en la distancia, recordó que la radio anunciaba un enorme sistema de bajas presiones de camino. Se asomó por la ventana del baño e inhaló una profunda bocanada de aire húmedo. Sus ojos se dirigieron a su zarzo negro del norte, su acacia favorita, que se balanceaba con la brisa. Tendría que llevar un paraguas en su corta caminata a su oficina en el Guan-Chu Daily.

Los coloridos edificios de su bloque estaban flanqueados por árboles de sándalo y flamboyanes rojos de un siglo de antigüedad, algunos de los cuales se elevaban quince metros o más sobre el suelo y le brindaban una sensación de seguridad y pertenencia. Cualquier rastro de las inmundas tropas chinas que habían invadido Taishan y Martinella se había desvanecido. De niños, se vieron obligados a vivir en improvisadas casas con goteras, hechas de restos de madera. Sun-La nunca olvidaría la indescriptible pobreza y las dificultades que les impuso la dictadura comunista china; nunca olvidaría la falta de higiene básica, las espantosas letrinas públicas y las condiciones de inmundicia que dejaron los ocupantes. Había estado al borde de la hambruna durante años y había perdido la esperanza. Cada día de su vida le venía a la mente el peor de esos recuerdos.

Nguyen Gunshai había brindado estabilidad económica al pequeño archipiélago, lo cual fue una bendición. Era un hombre que creía en el Estado de derecho. Siendo él mismo un líder con visión de futuro, era partidario abierto de Trump. Los granjeros nativos de clase trabajadora lo adoraban y, después de décadas de enfrentar obstáculos políticos inconcebibles por parte de Beijing, Nyugen perseveró y finalmente construyó un gobierno legítimo con una agenda respaldada públicamente. Persuadió a los poderes en Beijing para que llegaran a un acuerdo y firmaron formalmente una concesión de treinta años. El éxito de Taishan aseguró la felicidad de China a medida que fluían millones de dólares. Sun-La, en cambio, temía que fuera ocupada una vez más. Los chinos estaban eliminando concesiones. Primero, recuperarían Taiwán y, luego, ¿por qué no Taishan? No podía obviar que el archipiélago estaba rodeado por los mares territoriales de Taishan, que tenían una enorme cantidad de petróleo, y China se estaba preparando para la independencia energética en un mundo dependiente de los combustibles fósiles.

Recurrió a pensamientos más productivos. Encendió la luz del baño y se tragó un par de aspirinas. El director del Guan-chu Daily, que se estaba quedando calvo y tenía cincuenta y dos años, se frotó los ojos y se miró en el espejo. Las bolsas debajo de sus ojos verde claro confirmaban su agotamiento crónico. Necesitaba hacer más ejercicio: se sentía agotado últimamente. Pellizcando sus michelines, hizo una mueca. No le gustó la grasa extra y se alejó del espejo. Simplemente, no tenía tiempo para cuidar de sí mismo. Para ser honesto, sabía que nunca lo haría, no con toda la responsabilidad sobre sus hombros. Bueno, al menos Tong-Ya lo amaba tal como era. Su amante de veintiocho años, un ejecutivo de finanzas, roncaba satisfecho después de su noche de copas en la fiesta de cumpleaños de Din Yamah. Tong-Ya no se movió cuando Sun-La se inclinó para cubrir sus hombros desnudos. Se vistió y salió de su casa para la reunión de emergencia.

Caminó hasta su lugar de trabajo y entró. Subió las escaleras hasta su oficina y agarró uno de los mensajes cifrados que le habían llamado especialmente la atención. Colocó las piernas sobre el ordenado escritorio. El mensaje era de su sobrino, Dan-Tien, en Washington. Había sido uno de los jóvenes afortunados que pudo huir de Taishan y escapar a Estados Unidos antes de que llegaran los chinos y el régimen comunista se hiciera cargo. La lealtad de Dan-Tien a Sun-La era incuestionable, casi sagrada. Aunque no se habían visto en años, su lealtad y confianza mutuas eran un hecho. Eran de la misma sangre. El joven llegó a Estados Unidos y se instaló como cualquier inmigrante legal. Asistió a la escuela secundaria entre trabajos ocasionales y, finalmente, se convirtió en ciudadano estadounidense. A los veintiún años, se unió con orgullo a los famosos Navy Seals.

Dan-Tien se había convertido en la fuente más confiable de Sun-La después de trabajar para la NSA durante diecisiete años. Siempre había demostrado ser bastante preciso con la información que entregaba. La comunicación más reciente de su sobrino advirtiendo de un complot de asesinato contra el presidente Gunshai lo dejó atónito. Mientras leía, Sun-La sintió como si los carámbanos le helaran la sangre. Las ramificaciones eran enormes. No le diría nada al presidente Gunshai durante su reunión de emergencia: su gran amigo ya tenía demasiadas cosas de las que preocuparse. No podía imaginar cómo iba a informar a Nguyen que su esposa, Lady Nimisha, era la mente pensante detrás del plan para asesinarlo.

Capítulo 5

Art Sanderman se tomó un descanso mientras desempaquetaba sus pertenencias. Su casa alquilada, con techo de paja, era pequeña y sencilla, justo como a él le gustaba. Estaba particularmente encantado con los tres grandes ventanales que daban al mar. Adoraba los suelos de teca que crujían y las puertas del armario del dormitorio que estaban atascadas a medio abrir. En Shu Dach, no había necesidad de un candado o una llave y sentía una enorme sensación de alivio por primera vez en mucho, mucho tiempo. El viento refrescaba la pequeña casa mientras Art reflexionaba sobre su pasado. La simpática descripción de Ngai de la vida en Taishan había despertado su curiosidad de inmediato. Se había sentido exprimido como un limón, al borde de un agotamiento personal en toda regla.

Art meditó. Su mente retrocedió en el tiempo mientras respiraba la fresca brisa del Pacífico. Realmente quería olvidarse del deprimente divorcio que lo había consumido a su regreso del servicio activo en la operación Tormenta del Desierto. Estaba ansioso por salir de los Estados Unidos y empezar de nuevo. Con el paso del tiempo, casi se había olvidado de su encuentro casual con Ngai en Meacham Field, Texas, que lo había llevado a su reciente llegada a Taishan. Casi había renunciado a la suerte cuando la llamada de larga distancia de Ngai apareció de la nada como un salvavidas arrojado a un marinero que se ahoga. Sus comentarios habían sido igualados por su pasión. Ngai comenzó emocionado:

―Me han dado el visto bueno para establecer un laboratorio de investigación climatológica multimillonario, financiado por el gobierno, llamado TARP (Typhoon Alert and Response Project).Podríamos usar a alguien con tus cualificaciones. Tengo la aprobación del presidente Gunshai para contratarte. Piénsalo. Por supuesto, significaría mudarte aquí a nuestro cargo, naturalmente, y de mutuo acuerdo. ―Hablaron brevemente de salario y condiciones generales, y Ngai enfatizó―. Responderás directamente ante el Presidente. Tu posición y salario serán acordes a tus responsabilidades.

Ngai le había dicho que se tomara un par de semanas para arreglar todo si necesitaba tiempo y colgó, satisfecho de haber convencido a Art, un investigador climatológico muy aclamado, para que se uniera al proyecto. Diez días después, Art lo llamó con una respuesta afirmativa. La conversación fue corta y al grano; se había decidido. Todo iba muy rápido. No había vuelta atrás. Vendió su automóvil y su motocicleta y canceló el alquiler de su apartamento. Fue al bar Tiger-Flyers en el centro de Los Ángeles y lo petó con sus amigos por última vez. ¡Tenía muchas ganas de irse!

No tenía la menor idea de que lo habían engañado en Los Ángeles. Lo último que hubiera imaginado era que el tipo con el que había hablado a la ligera, tal vez demasiado abiertamente sobre su mudanza a Taishan, estaba a punto de ofrecerle una cantidad ridícula de dinero por entregar un simple pen drive a un hombre de negocios en la lejana Taishan. Le prometieron 200,000 dólares en una cuenta en el extranjero a su nombre; demasiado dinero para rechazar. El hombre extraño le prometió 25,000 por adelantado, garantizando el resto al entregar personalmente el pen drive. No se mencionó lo que el pendrive contenía. Art tampoco preguntó. Para demostrar su veracidad, el reclutador encubierto le entregó 25,000 dólares en cash en un sobre de manila; el pendrive estaba en el interior. Art no pudo resistirse. Algo le decía que se estaba metiendo en agua hirviendo, pero se había pasado toda la vida consiguiendo salir sin escaldarse.

Dejó de soñar despierto y comenzó a configurar los ordenadores y las pantallas, así como a probar la conexión a Internet. Siguió las instrucciones y estableció una fuerte conexión en el sitio web del gobierno de Taishan. Satisfecho, hizo espacio para la impresora y lo conectó todo. Eligió una pared para colocar un gran mapamundi y un mapa del mar de China meridional. Tendría que conocer la forma y el tamaño del pequeño archipiélago, así como la climatología de su nuevo hogar. Salió al aire libre para tomar un descanso y se sentó en una enorme silla de bambú para disfrutar de una cerveza y familiarizarse con su nueva morada. Una sensación de calma fue interrumpida por su teléfono móvil.

―¿Art? ¡Hola!, al habla Din Yamah. Espero que te estás acomodando bien. ―No había perdido ni un momento―. Escucha, el Presidente ha convocado una reunión de emergencia mañana por la mañana en el palacio. Ngai te recogerá a las siete. En estos momentos, ninguno sabemos de qué va. Ni idea de lo que pasa.

Charlaron unos momentos antes de colgar. Art tenía mariposas en el estómago. Sus sospechas crecientes sobre lo que contenía el pen drive lo estaban molestando. Algo no iba bien, pero era demasiado tarde. La entrega ya se había hecho. Una de las primeras cosas que hizo al llegar fue buscar el cibercafé de Shu Dach y preguntar por Gabir. Era un trato hecho: estaba comprometido e incluso ansioso por ver si cumplían con el pago inicial. Solo captó una mirada fugaz de Gabir, pero algo le dijo que se volverían a encontrar.

Mientras observaba a los campesinos locales que pasaban pedaleando en sus desvencijadas bicicletas, se agachaban para cortar el viento feroz y, aun así, devolvían el saludo, los árboles de mango que salpicaban la costa arenosa bailaban a merced de las rugientes ráfagas. No estaba acostumbrado a los extraños, pero Art sabía que, si tenían la oportunidad de conocerlo, se llevarían bien. Se fue a la cama después de una modesta cena a base de puré de patatas y solomillo. Puso su alarma a las seis en punto. Era su primer encuentro en persona con el Presidente, una oportunidad de aprender más sobre el tipo que había depositado tanta fe en él. Solo había escuchado cosas buenas sobre el hombre y estaba deseando conocerlo.

Capítulo 6