Inmigrantes y refugiados - Vamik Volkan - E-Book

Inmigrantes y refugiados E-Book

Vamik Volkan

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Beschreibung

La así llamada "crisis de los refugiados" es un fenómeno que ha propiciado tajantes divisiones en la Unión Europea y que ha generado sentimientos de temor y repulsa hacia todo aquello ajeno a los valores culturales locales. Gran parte de nuestra sociedad desea tener una identidad nacional étnicamente pura o ser de un país compuesto solamente de personas selectas procedentes de lugares selectos. Es por ello por lo que resulta de vital importancia investigar y comprender los prejuicios benignos, hostiles o incluso maliciosos generados con respecto a los otros. El hecho de que los "grupos grandes" se pregunten "¿quiénes somos ahora?" se ha convertido en una cuestión clave en los asuntos mundiales de hoy en día. En efecto, ha provocado el resurgimiento de prácticas centenarias religiosas y culturales en un esfuerzo por estabilizar una "nueva" identidad, así como propiciar el miedo al otro. Por todo ello, este libro utiliza las herramientas de la psicología y el psicoanálisis para examinar los asuntos políticos y sociales relacionados con los colectivos, tanto desde el punto de vista de los inmigrantes y los refugiados como también el de los países receptores. Así, el lector encontrará en Inmigrantes y refugiados las herramientas de acción y reflexión necesarias para afrontar esta compleja y crítica situación.

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Seitenzahl: 300

Veröffentlichungsjahr: 2019

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VAMIK D. VOLKAN

Inmigrantes y refugiados

TRAUMA, DUELO PERMANENTE, PREJUICIO Y PSICOLOGÍA DE LAS FRONTERAS

Traducción de Agustina Luengo

Herder

Título original: Immigrants and Refugees. Trauma, Perennial Mourning, Prejudice, and Border Psychology

Traducción: Agustina Luengo

Diseño de la cubierta: Dani Sanchis

Edición digital: José Toribio Barba

© 2017, KARNAC BOOKS, LONDRES

© 2019, Herder Editorial, S.L., Barcelona

ISBN digital: 978-84-254-4073-1

1.ª edición digital, 2019

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com)

Herder

www.herdereditorial.com

Índice

AUTOR

PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA Jorge L. Tizón

INTRODUCCIÓN

PARTE I. RECIÉN LLEGADOS

1. TEORÍAS PSICOANALÍTICAS SOBRE LOS INMIGRANTES Y LOS REFUGIADOS ADULTOS

2. DUELO Y DUELO PERMANENTE

3. LOS OBJETOS VINCULANTES, LOS FENÓMENOS VINCULANTES Y LA NOSTALGIA DE LOS RECIÉN LLEGADOS

4. LOS NIÑOS TRASLADADOS Y SUS FANTASÍAS INCONSCIENTES

5. ESTATUAS VIVIENTES

6. EL DUELO DOBLE: LOS ADOLESCENTES EN CUANTO INMIGRANTES O REFUGIADOS

7. LA HISTORIA DE UNA FAMILIA DE REFUGIADOS

PARTE II. ANFITRIONES

8. EL PREJUICIO EN EL DIVÁN PSICOANALÍTICO

9. EL OTRO

10. LA PSICOLOGÍA DE LAS FRONTERAS Y EL TEMOR A LOS RECIÉN LLEGADOS

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE ONOMÁSTICO Y DE CONCEPTOS

AUTOR

Vamık D. Volkan, doctor en Medicina, DFLAPA, FACPsa, nació en Chipre. Antes de su llegada a Estados Unidos en 1957, recibió formación médica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Ankara, en Turquía. Es profesor emérito de Psiquiatría en la Universidad de Virginia en Charlottesville, Virginia, y analista didacta y supervisor emérito en el Washington Psychoanalytic Institute de Washington, D.C. Durante dieciocho de sus treinta y nueve años en la Universidad de Virginia, fue director médico del Blue Ridge Hospital de dicha universidad. Se jubiló en 2002 y, un año después, se convirtió en investigador sénior en el Erikson Institute del Austen Riggs Center en Stockbridge, Massachusetts; a lo largo de la última década, ha pasado allí de tres a seis meses por año.

A comienzos de la década de 1980 fue miembro y posteriormente presidente del Committee on Psychiatry and Foreign Affairs de la American Psychiatric Association. Este comité reunió a israelíes, egipcios y palestinos influyentes para propiciar negociaciones extraoficiales. En 1987 fundó el Center for the Study of Mind and Human Interaction (CSMHI) en la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia. El CSMHI aplicaba una creciente y comprobada base teórica de conocimiento a asuntos como la tensión étnica, el racismo, la identidad de los grupos grandes, el terrorismo, el trauma social, la inmigración, el duelo, las transmisiones transgeneracionales, la relaciones entre el líder y sus seguidores, y demás aspectos del conflicto nacional e internacional. El profesorado del CSMHI incluía a expertos en psicoanálisis, psiquiatría, psicología, diplomacia, historia, ciencias políticas y política medioambiental. En 1987 la duma soviética firmó un contrato con el CSMHI para examinar las dificultades existentes entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Posteriormente, los miembros del CSMHI trabajaron en las Repúblicas Bálticas, Kuwait, Albania, en la antigua Yugoslavia, Georgia, Osetia del Sur, Turquía y Grecia, entre otros lugares del mundo. Fundó la publicación periódica del CSMHI,Mind and Human Interaction, que examinaba la relación entre el psicoanálisis y la historia, la ciencia política y otros campos.

El Dr. Volkan fue miembro de la International Negotiation Network (INN) bajo la dirección del expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter (1989-2000); fue miembro del Grupo de Trabajo sobre el Terror y el Terrorismo de la International Psychoanalytic Association. Fue asesor temporal de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Albania y en Macedonia. En 2006, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, tuvo el honor de pronunciar el discurso de apertura en celebración de la vida de pacífica justicia del arzobispo Desmond Tutu y del décimo aniversario de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación. También tuvo el honor de ser nominado varias veces al Premio Nobel de la Paz, con cartas de apoyo de veintisiete países. Es doctor honoris causa por la Universidad de Kuopio de Finlandia (actualmente llamada Universidad de Finlandia Oriental), por la Universidad de Ankara, en Turquía, y por el Eastern European Psychoanalytic Institute, en Rusia. Fue presidente de la Turkish-American Neuropsychiatric Society, de la International Society of Political Psychology, de la Virginia Psychoanalytic Society y del American College of Psychoanalysts. Fue miembro inaugural del Centro de Estudios de Israel de Isaac Rabin, en Tel Aviv, Israel; profesor visitante de Derecho en la Universidad de Harvard, en Boston, Massachusetts; profesor visitante de Ciencias Políticas en la Universidad de Viena, en Viena, Austria, así como en la Universidad de Bahçeşeir, en Estambul, Turquía. Trabajó como profesor visitante de Psiquiatría en tres universidades de Turquía. En 2006 fue investigador visitante de Psicoanálisis en Fulbright/Sigmund Freud-Privatstiftung en Viena, Austria. En 2015 fue profesor visitante en la Universidad El Bosque, en Bogotá, Colombia.

Entre otros premios, ha recibido el Premio Nevitt Sanford, el Premio Elise M. Hayman, el Premio L. Bryce Boyer, el Premio de Literatura Margaret Mahler, el Premio Hans H. Strupp y el American College of Psychoanalysts’ Distinguished Officer Award del año 2014. También recibió el Premio Sigmund Freud, otorgado por la ciudad de Viena, Austria, en colaboración con el World Council of Psychotherapy, así como el Premio Mary S. Sigourney del año 2015. Recibió este último premio por su papel como «colaborador fecundo en la aplicación del pensamiento psicoanalítico a los conflictos entre países y culturas» y porque «su pensamiento clínico sobre el uso de la teoría de las relaciones objetales en los estados mentales primitivos ha potenciado nuestra comprensión de los trastornos severos de la personalidad».

El Dr. Volkan es autor, coautor, editor y coeditor de más de cincuenta libros sobre psicoanálisis y psicopolítica, algunos de los cuales han sido traducidos al turco, al alemán, al ruso, al español, al japonés, al griego y al finlandés. Ha escrito cientos de capítulos y de ensayos académicos. Ha formado parte del consejo editorial de dieciséis publicaciones periódicas profesionales, tanto nacionales como internacionales; entre ellas, Journal of the American Psychoanalytic Association; fue editor invitado del número especial del sexagésimo aniversario del American Journal of Psychoanalysis, en 2015.

Actualmente, es presidente emérito de International Dialogue Initiative (IDI), entidad que fundó en 2007. Los miembros de IDI son representantes extraoficiales de Irán, Israel, Alemania, Rusia, Turquía, Reino Unido, Estados Unidos y la Ribera Occidental. Se reúnen dos veces al año para examinar los asuntos mundiales, principalmente desde una perspectiva psicopolítica. El Dr. Volkan continúa impartiendo conferencias en el ámbito nacional e internacional.

Duelo migratorio y crecimiento personal y social

Jorge L. Tizón

Aquellas dolorosas raíces que llevaba fuera, rotas, expuestas a losvientos, al cabo de los años se vivifican, renacen, crecen, sellenan de hojas, de brotes nuevos, guías largas, inmensas, quepor encima del mar vuelan a ciegas a encontrase con aquellasotras desgajadas, partidas, que allá lejos quedaron. Y a pesarde las tremendas lejanías se juntan, se enmuñonan, estableciéndoseuna nueva corriente de sangres detenidas, que vivifican las distancias,creando al fin una flor, tan dolorosa a veces, pero que nunca morirá,alentada por el aire y el sol de la tierra en que queda, aromándolapara siempre...RAFAEL ALBERTI

La necesidad de estudiar las migraciones desde diversas perspectivas, tanto científicas como literarias y culturales no es cuestión reciente, sino que viene de lejos; viene de siglos. Ciñéndonos al campo que personalmente más conocemos, las repercusiones de la emigración sobre la salud y la salud mental, es una necesidad científica y sanitaria patente desde hace más de un siglo. En nuestro país, por ejemplo, ya desde el siglo XIX eran popularmente conocidos los cuadros psico(pato)lógicos del indiano, la morriña del emigrante gallego, la enyorança del emigrante catalán, las actuaciones maniacas para olvidar (aunque no se calificasen con este término).

Con el conflicto político y humanitario de las migraciones masivas producidas en los siglos XX y XXI por guerras, hambrunas y sequías provocadas por deletéreas motivaciones económicas, el interés popular por el tema ha vuelto a crecer enormemente. Y para ello, las presiones provienen de dos posturas o motivaciones opuestas y ampliamente contradictorias. Por un lado, la motivación de la solidaridad y la percepción de la humanidad como objeto total.1 Por otro lado, la contraria: el temor a los inmigrantes, la xenofobia, el racismo, el supremacismo, el nazismo y el fascismo… Al mismo tiempo, y a menudo sin una buena comunicación entre ambos campos, popular-mediático y científico, el interés y los estudios científicos sobe el tema también están creciendo de forma exponencial.

Por eso tenemos el placer de presentar e intentar contextualizar para nuestra cultura hispanohablante el libro de Vamik Volkan sobre el tema. Como muy bien se resume en la introducción, por un lado significa una puesta al día, divulgación y aplicación de los conocimientos científicos sobre ese ámbito. Pero, por otro lado, supone una excelente «segunda mirada» a sucesos y hechos que nos conmueven cada día desde los medios de comunicación.

En efecto: como emigrante (o «doble emigrante») que ha sido y es, Vamik Volkan desarrolla aquí una visión vivencial y actualizada del tema, pero teniendo en cuenta los conocimientos psicoanalíticos y psicológicos anteriores. Influyen para ello no solo su afición por este tipo de comunicación más vivencial, sino también su sensibilidad como profesional y como ser humano; máxime porque alguna de las migraciones, tanto de él mismo como de su familia, han sido directamente provocadas por el «factor de empuje» más poderoso para ellas durante el siglo XXI: las guerras y las masacres. Como recuerda Edward Shapiro:

A lo largo de su extraordinaria carrera, Vamik Volkan se ha encontrado con líderes políticos, refugiados, grupos traumatizados, familias, intelectuales y ciudadanos comunes de todas partes del mundo (…). Ha hecho acopio de un tesoro de informaciones íntimas, llenas de texturas, sobre nuestro compromiso colectivo con lo irracional, con la atención puesta en la dinámica de los grupos grandes y los orígenes inconscientes de las identidades étnicas en conflicto.

He ahí uno de los aspectos más originales de libro que prologamos. En él, Vamik Volkan ha intentado también algo teórica y vivencialmente ambicioso: vincular los sucesos migratorios con las vivencias psicosociales de los grupos grandes. En particular, tratando de visibilizar las fuentes de tantos y tantos prejuicios intergrupales, de la xenofobia, del supremacismo…

Sobre las motivaciones de las migraciones

En realidad, como muy bien nos recordaban hace años Espiago (1982) o Cebrián et al. (2000), las migraciones, los desplazamientos de grupos humanos de unas zonas a otras, con cambios en sus lugares de residencia, son fenómenos comprobables desde las épocas más remotas: al fin y al cabo, el hombre solo se hizo sedentario como resultado del asentamiento progresivo de las comunidades itinerantes de la prehistoria. Nomadismos, peregrinajes, transhumancias, traslados de esclavos, éxodos de minorías étnicas o religiosas, colonizaciones, corrientes de población relacionadas con el tráfico comercial y la expansión cultural o política más o menos imperialista, cuando no las catástrofes y hambrunas crónicas de determinados territorios, son los componentes fundamentales que pueden explicar el actual poblamiento de nuestro planeta. Son los «factores externos». En ese sentido, los mitos, leyendas y en general el folclore de casi todos los pueblos está lleno de referencias al tema migratorio, como hemos recogido en nuestros trabajos sobre el tema (Tizón et al., 1993; Atxotegui, 2005). Algunos de tales mitos han llegado a hacerse universales: Adán y Eva, Edipo, la Odisea y el «síndrome de Ulises» (Atxotegui, 2005), Moisés y Abraham, las diversas leyendas de exploradores y pioneros («la vuelta al mundo», el Mayflower, las leyendas del Far West...), la «odisea del espacio», la mitificada historia de «la Reconquista» ibérica, etc.

Todos los continentes han padecido este tipo de movimientos masivos, realizados de forma pacífica o bien mediante guerras: fenicios, sirios, griegos, celtas, itálicos, galos, romanos, judíos, germanos, pueblos bálticos y eslavos, vikingos, hunos, chinos, mogoles, árabes, bereberes, tribus africanas y americanas, etc., son exponentes de la incidencia y de la profusión de las migraciones en la Antigüedad y en la Edad Media.

Para todos esos movimientos poblacionales de los grupos humanos, sociólogos y antropólogos desarrollaron a finales del siglo XX una serie de conceptos científicos fundamentales, que nosotros recogimos en nuestros estudios de más de quince años sobre el tema de las migraciones interiores (en la península Ibérica). Entre ellos, los conceptos básicos para definir la causa de cada migración: si bien suele hablarse de «factores de empuje», «factores de atracción» y «obstáculos» (Espiago, 1982; Cardelús y Pascual, 1979; Solé, 1981), para poder utilizar esos conceptos a nivel no solo grupal, sino también individual y familiar (Sluzki, 1979), nosotros preferimos hablar de «factores externos» y «factores internos» (del individuo o grupo migrante). Los «factores internos» son sobre todo psicológicos, tanto conscientes como inconscientes, y tanto individuales como familiares, microgrupales y macrogrupales. Los factores «externos» son los factores de empuje y los factores de atracción, y ambos pueden ser políticos o económicos. Deteniendo las migraciones actúan los «obstáculos» que a su vez pueden poseer la misma serie de factores, tanto internos como externos (Tizón et al., 1993).

En ese sentido, las grandes migraciones de cada época han seguido rumbos determinados por dichos «factores de empuje» (económicos, políticos, religiosos...), pero la fantasía de la «tierra prometida» ha estado siempre en la base de dichas migraciones, tanto a nivel individual como social. Se suele emigrar a lugares considerados o fantaseados como más acogedores: de ahí que, al menos a nivel individual, la fantasía de la «tierra prometida» se haya puesto a menudo en relación con la fantasía inconsciente de la búsqueda de una madre-tierra nutricia y protectora, frecuentemente idealizada (Grinberg y Grinberg, 1984). Esa es una variable frecuentemente tenida en cuenta por los iniciales estudios psicoanalíticos sobre el tema pero, desde luego, no es la única.

En cualquier caso, a nivel microgrupal y a nivel individual siempre existen factores psicológicos particulares («factores internos») que, como poco, hacen que los factores externos se vivencien con la suficiente intensidad como para empujar a la decisión de emigrar. En efecto, suelen darse razones de tipo particular que determinan la migración de ciertos individuos o pequeños grupos. Por ejemplo, la de individuos que se encuentran en desacuerdo con su medio y quieren compensar las carencias que en él han sufrido (no tan solo económicas) mediante adquisiciones que solo pueden realizarse lejos de su lugar de origen. Esas motivaciones incluyen a menudo la carencia de medios de educación o promoción cultural adecuados, de medios de investigación, de libertades sociales, políticas, económicas o religiosas, etc. Muchos de los casos de las llamadas «fuga de cerebros», «emigración de élites» y «refugiados» tienen que ver con este tipo de elementos psicológicos conscientes (lo que tampoco excluye la existencia de otros factores «internos» o psicológicos más inconscientes).

Además, no siempre las motivaciones para emigrar son realistas. En realidad, la decisión de emigrar, si las causas o factores externos no son muy radicales y perentorios, si la migración no es masiva, solía ponerse en estrecha relación con factores psicosociales y de personalidad de los individuos y el microgrupo que emigra. En definitiva, para tomar la decisión de emigrar —y no, por ejemplo, la de «seguir aguantando»— la personalidad del individuo y la estructura grupal desempeñan un papel primordial.

A partir de ahí se comprende cómo, en la decisión de emigrar, pueden influir incluso sentimientos profundos del sujeto que va a hacerlo, emociones —y defensas— muy primitivas en su vida; por ejemplo, los sentimientos de desprecio, de envidia o de odio hacia el propio lugar de origen —y las representaciones internas con las que se relaciona: padre, madre, figuras u objetos internos queridos u odiados—. Asimismo, la rivalidad o los celos hacia compadres, parientes y amigos; o bien deseos ambiciosos y voraces de triunfo, que empujan a conquistar, por unos u otros medios, lo que otros ya poseen. Desde luego, lo más frecuente es buscar nuevos ámbitos para sobrevivir o para desarrollarse de un modo más adecuado.

Lo importante es tener en cuenta que, sea cual sea la causa determinante en última instancia, en cada migración y en cada individuo que emigra intervienen siempre este tipo de causas o factores «internos», en gran parte psicológicos. Y no solo factores psicológicos superficiales o conscientes, sino también relacionados con estructuras personales o tendencias muy profundas y primitivas en los individuos afectados (inconscientes y propios de sus «relaciones internas e introyectadas»). Y recordando que esos factores internos además pueden ser más o menos realistas o fantasiosos —en el sentido de más o menos basados en las realidades externas—. Del grado de concordancia entre estas fantasías y la realidad externa de la necesidad y los medios para emigrar dependerá una buena parte de las posibilidades de que el sujeto soporte el inevitable duelo migratorio y se adapte al nuevo medio de forma creativa. Si las fantasías, deseos y planes del futuro emigrante están basadas en los aspectos de su personalidad menos solidarios, menos en contacto y en relación con el medio, o más negadores de las propias emociones y limitaciones, las posibilidades de que la migración lo convierta en un desadaptado crónico son mayores que en otros sujetos que llegan a la decisión del cambio incluso con las mismas razones o factores externos presionantes.

Sin embargo, las migraciones masivas y arriesgadas de los siglos XX y XXI poseen al menos dos diferencias con respecto a gran parte de las anteriores migraciones; diferencias que complican abrumadoramente el cuadro. La primera de ellas, la brusquedad de las migraciones, en parte consecuencia de los modernos medios de transporte, pero sobre todo del hecho de que el principal «factor de empuje» es evitar una muerte inminente (por guerra o como consecuencia de las «guerras comerciales» y las hambrunas y sequías consecutivas). En ese sentido, utilizar los mismos términos para las migraciones actuales y las de la prehistoria puede resultar inexacto. Los cambios de hábitat hasta los últimos siglos se han venido desarrollando en períodos mucho más largos: no se trataba de desplazamientos masivos y rápidos, sino más bien de la constante deriva de grupos humanos hacia tierras nuevas, proceso que duraba a menudo siglos. Todavía hace unos treinta mil años, casi al final del pleistoceno, los diferentes grupos étnicos del paleolítico vivían aislados unos de otros: los caucasoides en Europa y Asia occidental, los mongoloides en China septentrional, los australoides en China sudoriental y los negroides en África. A partir de estas zonas geográficas se produjeron constantes movimientos de grupos humanos, dando lugar al mosaico actual del planeta Tierra.

El segundo rasgo peculiar de estas migraciones actuales —a diferencia, por ejemplo, de las meras migraciones del campo a la ciudad, hoy casi universales— lo provoca, precisamente, ese grave «factor de empuje» directo: la amenaza de la muerte inminente sobre individuos, familias, grupos y poblaciones (genocidios), hace que las migraciones se realicen tras sufrimientos y duelos acumulados y en circunstancias personales y sociales a menudo más «al límite» que las realizadas anteriormente por la humanidad.

En efecto, a diferencia de muchas de las migraciones de siglos anteriores, como ya hemos dicho, para gran parte de las migraciones de las que se habla en el presente libro el «factor de empuje» fundamental son los intentos imperialistas de reajustar el sistema capitalista mundial: de ahí las continuas guerras exportadas a los continentes o subcontinentes «no dominantes» (África, Sudamérica, Medio Oriente…) y las hambrunas y sequías crónicas provocadas por la especulación sobre las tierras, los alimentos, el agua y otros recursos naturales. El resultado frecuente es que la migración va precedida de graves duelos descompensadores, y en sí misma tiende a ser otro grave factor de sufrimiento psicológico. Desde luego, resulta enormemente agravada por la acumulación de duelos y traumas previos, simultáneos y posteriores a la migración. La masividad, rapidez y gravedad de muchas de las migraciones modernas tienen que ver con esas presiones militares y socioeconómicas brutales, desestructurantes de mentes individuales y de familias, clanes, tribus, grupos grandes, sociedades, culturas, subcontinentes…

Eso es lo que confiere la especial gravedad y vulnerabilidad de muchas de las migraciones actuales que uno de nosotros ha descrito con la metáfora del «síndrome de Ulises» (Atxotegui, 2005). Además, la situación viene agravada por los mecanismos de disociación excesivos que tienden a predominar en parte de la población de los países (más o menos) receptores. Como solemos resumir a menudo, el genocidio por lapidación es técnicamente imposible. Se necesita la colaboración de las armas automáticas, casi nunca fabricadas en los países «fuente de las migraciones masivas» actuales, sino en los países «ricos», como Estados Unidos, España o Alemania. Eso obliga a mecanismos psicológicos gravemente disociativos de la población general de los países «receptores», cuya población tiende a disociar altivamente esa realidad, y da pábulo y fuentes de riqueza a los grandes depredadores actuales de la humanidad: los fabricantes y traficantes de armas.

Las armas automáticas inundan los países de los que los emigrantes parten, hasta el extremo de que en 2014 los países «avanzados» del planeta fabricaban armas a un ritmo superior a los cuatro mil millones de euros al día, una cifra mayor que el presupuesto necesario para enfrentar el hambre en el mundo durante al menos un año. De ahí que el factor causante principal de las migraciones de las cuales venimos hablando, más que elementos y fenómenos de búsqueda de lo nuevo («factores de descubrimiento» y «atracción»), fruto de los «sistemas emocionales» de la indagación y el placer (por el cambio y lo nuevo), sean en realidad dolorosísimos o criminales procesos de desestructuración, destrucción y anomia poblacional.

De ahí la gran importancia de que también la población de los «países receptores», a menudo coincidente con los países productores de armas y exportadores de especulación sobre la tierra, el agua, los alimentos y los bienes naturales, puedan comprender y acercarse a ese tipo de procesos, un intento directo de Volkan, sobre todo en la segunda parte del libro. Los propios duelos de nuestras poblaciones están siendo alterados por exceso de disociación, lo que acaba repercutiendo siempre en la estructuración social y mental de nuestros países y nuestra cultura: ¿Cómo se puede lamentar lastimeramente que el Mediterráneo, el Mare Nostrum, haya llegado a convertirse durante la segunda década del siglo XXI en un inmenso cementerio, mientras se «mira hacia otro lado» de forma disociadora o incluso se defiende la fabricación de armas y su exportación, en función de los «puestos de trabajo» que crea esa industria? (Directamente dirigida a la muerte, no lo olvidemos).

Por eso es importante conocer esas realidades y magnitudes, tanto a nivel individual y familiar como a nivel político, económico y cultural. Y también es importante sufrir pudiendo empatizar con los inmigrados y sus destinos, con los muertos en el proceso y con la degradación moral de los países «imperiales». Solo así se podrán generar montos suficientes de vergüenza y culpa reparatoria (Klein, 1946, 1948; Grinberg y Grinberg, 1984; Tizón, 2011, 2015, 2018, 2019) como para que todos los que participan en la fabricación y tráfico de armas y demás especulaciones genocidas, o en su banalización, hayan (hayamos) de sentirse (sentirnos) avergonzados y culpables. Pero es que, como nos recuerda en este volumen Vamik Volkan, ya desde Melanie Klein (1940, 1948, 1957) sabemos que poder suportar la culpa y la vergüenza, así como la turbulencia afectiva del segundo momento del duelo (Tizón, 2011), resulta imprescindible para poder elaborarlo. Para poder elaborar, por ejemplo, nuestros mecanismos de defensa «psicóticos» con respecto a esa migración masiva: negación, disociación, proyección sobre los inmigrantes de todo lo malo y persecutorio de esos fenómenos, chauvinismo y sectarismos consecutivos… De ahí que ayudar a revivir el tema desde un punto de vista psicológico y vivencial, como intenta Volkan, sea de fundamental importancia.

Migraciones y procesos de duelo

Para Vamik Volkan, como para otros autores de este lado del Atlántico, el duelo y los procesos de duelo (psicológicos y psicosociales) siguen siendo conceptos básicos para entender amplias facetas de la psicología y psicosociología de las migraciones. Los conceptos de «duelo» y de «procesos de duelo» habían sido piedra angular ya en nuestros estudios de más de quince años sobre las migraciones interiores del siglo XX en la península Ibérica. En nuestro caso, partíamos para ello de las aportaciones pioneras de Francisco Calvo (1972), un psicoanalista español inmigrado a Cataluña, así como de los estudios y experiencias de nuestro grupo de investigación (el Colectivo de Investigaciones Psicopatológicas y Psicosociales, CIPP.2 Tizón, 1993). Los psicoanalistas y psicoterapeutas franceses habían lanzado esos estudios unos años antes (Daumezon, 1963, 1965) y, posteriormente, los esposos Grinberg, a su vez exiliados argentinos en España, habían desarrollado el tema, en parte con bases autobiográficas, en su magnífico volumen publicado… en el país de acogida.3

Uno de los ámbitos del sufrimiento migratorio que ha dado lugar a más estudios empíricos ha sido el de sus repercusiones sobre la salud y la salud (mental). Por ejemplo, como expresiones de la elaboración o falta de elaboración de los múltiples duelos que acaecen en una migración de esos tipos.

En realidad, desde al menos el siglo XVII diversos autores habían relacionado el cuadro clínico de la «nostalgia» con el hecho migratorio (Champion, 1958). La psiquiatría biocomercial puede calificar dicho fenómeno psicosocial con términos tales como «trastorno distímico», «trastorno distímico con somatizaciones», «depresión con manifestaciones somáticas» o incluso, más estrechamente, con el término de «trastorno por somatización» o «trastorno de síntomas somáticos» (APA, 1995, 2013). Pero el cuadro clínico había sido descrito ya por Harder en Suiza en 1678 y por Zwinger en 1710; por Colombier en los ejércitos franceses en el siglo XVIII, durante la Revolución francesa. En las unidades de origen bretón del ejército francés, por Guerbois y Therrin. Esquirol lo describió en la Salpêtrière también en pacientes de origen bretón, como hizo en Inglaterra Zimmermann en 1840 con enfermos procedentes de Escocia, o Meyer, en 1855, en alemanes llegados a Berlín como criados.

White, trabajando en medios hospitalarios en Toronto (Canadá), encontró en 1902 que el 50% de los hospitalizados eran inmigrantes. En el mismo sentido se suelen considerar los resultados de los trabajos ya clásicos de Pollock (citados en Daumezon, 1965): la proporción entre inmigrantes y autóctonos en los hospitales psiquiátricos de Nueva York era, según dichos trabajos, de 2 a 1.

En ese sentido, el propio F. Calvo es uno de los pocos autores sobre el tema que nos recordó que incluso Jaspers en su tesis Nostalgia y crimen, ya en 1909, había estudiado el comportamiento criminal, reactivo a su situación de desarraigo, de quince casos de jóvenes emigrantes del medio rural que trabajaban en el medio urbano. Desde la perspectiva de Jaspers, varios de sus crímenes, cometidos sobre niños que estaban a su cuidado, fueron realizados en estado de «nostalgia aguda» (¿duelo agudo?).

En definitiva, son perspectivas psiquiátricas y sanitarias para acercarse a los sufrimientos más o menos importantes que toda migración implica. Y esos sufrimientos pueden verse enormemente aumentados según los factores y obstáculos que dificultan el proceso migratorio. Por ejemplo, por la marginación, en cualquiera de sus formas: racismo, apartheid, discriminación económica o cultural, xenofobia, desconfianza, uso de los inmigrantes como «chivos emisarios» de culpas y problemas sociales… A nivel organizativo, por las leyes segregacionistas, la resistencia activa o pasiva de personas o grupos a la integración de los inmigrantes, etc. (Solé, 1981). Un resultado es la formación de «comunidades paralelas» de inmigrados y autóctonos y la creación de auténticos guetos para aquellos, tan notables hoy en varios países de la Unión Europea o Estados Unidos. Son factores que aumentan el riesgo de descompensación psico(pato)lógica del inmigrante (y del autóctono) y que se deberían evitar con adecuadas medidas sociales y sociopolíticas, como insiste Volkan.

Sin embargo, la masividad y brusquedad de las migraciones actuales, así como errores o perversiones groseras en su recepción y asentamiento, han llevado a que en todos los países más desarrollados del mundo existan bolsas de inmigrados e inmigrantes desarraigados, desadaptados, sumergidos, periféricos… Ello ha envejecido prematuramente incluso los objetivos solidarios de las primeras reacciones de los países europeos ante las migraciones extracomunitarias: trabajar por la integración. Hoy las políticas de varios de esos países «receptores» parecen dar por imposible la integración real, al menos en dos o tres generaciones. Al contrario, se insiste y se van ampliando las políticas marginadoras y disociadoras de los inmigrados, alimentadas por mecanismos defensivos cognitivo-afectivos de lo más primitivo y simplificador.

Al menos de momento, parece que nos estamos alejando incluso del nuevo paso del desarrollo solidario que se habría que dar imprescindiblemente en este campo: ¿Por qué el objetivo debe ser la «integración» de la cultura y hábitos del inmigrado y de las «culturas inmigradas» en las «culturas receptoras»? Evidentemente ahí, de forma inconsciente o inadvertida, volvemos a partir de una perspectiva supremacista: la que afirmaría que nuestra cultura «occidental y cristiana» es en estos momentos superior a la suya, algo que desde perspectivas no estrictamente económicas o militares sería ampliamente discutible. Pero un resultado de ese «supremacismo inconsciente» es que no se les proporciona posibilidades de inclusión solidarias. Se usan las diferencias interculturales, por definición pasajeras y cambiantes, como argumentos para el supremacismo, la disociación y la marginación. A menudo ni se menciona ya la posibilidad de que inmigrantes, migración y culturas diferentes a la nuestra sean vías de enriquecimiento y desarrollo de las sociedades receptoras y de la humanidad como «objeto total».

Sobre los sufrimientos de las migraciones

Dolça Catalunya

pàtria del meu cor

quan de tu s’allunya

d’enyorança es mor.

[…]

Adéu, germans: adéu-siau, mon pare,

no us veuré‚ mes!

Oh!, si al fossar on jau ma dolça mare,

jo el llit tingués!

Oh! mariners, lo vent que me’n desterra

que em fa sofrir!

estic malalt, mes ai! torneu-me a terra

que hi vull morir!

JACINT VERDAGUER, L’emigrant4

Aquellas estaciones españolas del sur o de la meseta, llenas de hombres y mujeres que pasaban en ellas horas y horas sentados en sus pobres maletas de cartón-piedra atadas con correas, junto a sus bultos liados con cuerdas y telas, junto a su fiambrera. Aquellas noches de Medina del Campo, de Ponferrada, de Astorga, Venta de Baños, Alcázar de San Juan o Linares, durmiendo todos apilados en malolientes «sales de espera», en los andenes incluso. Aquellas madrugadas de frío, de sueño, de suciedad y malestar generalizados, ocasionalmente interrumpidas por el «cante hondo» o por la boca que canta en los estómagos vacíos, gastríticos, tan apenados como sus dueños, hartos ya del pollo frito envuelto en la servilleta, de la tortilla o de la empanada hecha uno, dos o tres días antes. Aquellas noches, para quien las vivió, guardan seguramente un recuerdo indeleble. E indeleble no solo por la tristeza o por la rebeldía y la protesta que pueda sentirse ante la situación social que traducen tales escenas, sino imborrables también por el cúmulo de sentimientos profundos, encontrados, que se trasmiten a nivel no-verbal en los gestos, las actitudes, los rostros, «los modales», el ambiente... (Tizón, 1982)

Por causas ideológicas y mecanismos psicosociales grupales, a menudo se ha tendido a simplificar y cosificar los sufrimientos del inmigrante y los sufrimientos humanos producidos por las migraciones masivas. En ocasiones, la psiquiatría dominante, la psiquiatría biocomercial ha facilitado esa visión estereotipada del tema, que Volkan describe en su libro. Por ejemplo, desde el punto de vista científico, no está claro algo que se pensó durante decenios: que la incidencia y prevalencia de psicopatología y trastornos somáticos sea mayor entre los inmigrantes. En realidad, en trastornos somáticos, así como en enfermedades, parece que tal incidencia es menor, también en la frecuencia en que acuden al sistema sanitario. En psicopatología, sería un tema que habría que replantearse desde una psicopatología basada en la relación y no desde la psicopatología biocomercial al uso (Tizón, 2018).

Es esa psiquiatría la que ha tendido a confundir emociones primitivas con trastornos psiquiátricos; duelo con depresión; «enfermedad» con sufrimiento psicológico. Porque, desde luego, lo que sí podemos encontrar entre los inmigrados, tanto en nuestras investigaciones como en las de Volkan, son índices mayores de «procesos de duelo no elaborados». Por ejemplo, lo que hace unos años llamamos «indicadores psicosomáticos del duelo no resuelto» y los síntomas de duelos inadecuada y/o insuficientemente elaborados: síndromes «psicosomáticos», trastornos digestivos de tipo «psicofisiológico», trastornos circulatorios y óseos fundamentalmente «funcionales» (muchas de las «artrosis» y «cefaleas vasculares o tensionales», por ejemplo), estados de tristeza más o menos oscuros y atípicos, depresiones larvadas, cuadros adictivos y pasivo-dependientes… Sobre todo, la presentación del sufrimiento psicológico típica de la migración no elaborada que ya hace años habíamos resumido con la tríada «depresión-hipocondría-paranoia» (Tizon et al., 1993) y que tal vez hoy redefiniríamos como «duelo y melancolía-somatización-paranoidismo» (Tizón, 2018, 2019).

En el mismo sentido, parece que en determinados medios culturales la incidencia del suicidio y de los accidentes de trabajo es mayor entre los trasplantados. Igual ocurre con el alcoholismo descompensado, hecho significativo en la inmigración estudiada por nosotros, procedente en su mayoría de medios rurales de la península Ibérica y hoy ampliado por el uso de variadas drogas en las nuevas migraciones (Friessem, 1975; Beswick, 2001; Vijayakumar y Jotheeswaran, 2010).

De todas formas, ya decíamos que es discutible la mayor incidencia de trastornos mentales entre los inmigrantes y refugiados. Lo que los datos repiten en una y otra ocasión y se conoce ya desde los estudios de Friessem (1975) es que consultan menos por cuadros que la psiquiatría biocomercial califica como «leves» (trastornos «por ansiedad excesiva» o «neuróticos», trastornos psicosomáticos, reacciones y personalidades «anormales»). Y ni siquiera esto es seguro, y menos aún con las migraciones recientes: lo que tal vez pueda estar ocurriendo es que los inmigrantes y refugiados, sumergidos y marginados como se hallan, teniendo incluso que ocultarse y ocultar su identidad, tal vez consulten menos en los dispositivos «oficiales» por esos motivos, máxime cuando aquellos, en caso de que puedan atenderlos, se hallan hoy enormemente empobrecidos en los Estados Unidos y la Unión Europea del «neoliberalismo rampante». En ese caso, o simplemente no consultan o buscan otras vías para hacerlo: entre ellas, las «vías profanas» proporcionadas por su propia red de marginados y sumergidos. Aunque lo que se ha comprobado una y otra vez, y en diferentes culturas y sociedades, es que se les suelen atribuir los diagnósticos más graves, y entre ellos el de psicosis, en buena medida por las diferencias de clase social, cultura, expresión corporal, tipos de comunicación entre la cultura de los profesionales y la suya de proveniencia (Tizón, et al., 1993; Rogers y Pilgrim, 2014; Cohen et al., 2016; Jayawickrama y Rose, 2018).

Un resultado de esas variables es que la consulta en nuestros servicios médicos y psiquiátricos se hace muy tarde: cuando los problemas se han cronificado y resulta claro que no pueden resolverse sino con grandes dificultades. Por otra parte, ello sesga de forma compleja y contradictoria la expresión y lugar de consulta de sus quejas, haciendo que parezcan en ocasiones menores o menos prevalentes que las de los autóctonos. Ahí el desarraigo, la ignorancia, los desconocimientos y temores o las desconfianzas más o menos realistas con respecto al «sistema profesionalizado» y la legislación del país de llegada desempeñan un papel marginador y cronificador.

Ciertamente, incluso a nivel de expresión o comunicación, las pautas relacionales de la psicopatología vinculada al trasplante migratorio hoy se hacen complejas por una triple vía: por un lado, existen manifestaciones muy vinculadas a la cultura introyectada previamente al trasplante: la expresión somatizada de las quejas, mucho más frecuente en ciertas culturas, tendría que ver con este elemento y no solo con la amplia «cronificación medicalizada» a la que son empujados los inmigrantes y refugiados con problemas de salud o salud (mental). Por otro lado, se dan manifestaciones psicopatológicas ligadas a la cultura receptora, tales como la adicción a determinadas drogas, con los comportamientos sociales que lleva aparejadas. En tercer lugar, no hay que olvidar la posibilidad de que haya nuevas manifestaciones, «neosíntomas» procedentes de la nueva situación intercultural o multicultural.

Por supuesto que la delincuencia y casi cualquier forma de marginalidad o semimarginalidad, como ya habían percibido Jaspers y todos los autores clásicos, a menudo puede observarse aparatosamente como expresión psicosocial de la combinación entre la marginación económico-social y el trasplante migratorio, al menos en determinados barrios y lugares en los que dominan los inmigrados. En todos esos casos, habrá pues que tener en cuenta los componentes conflictivos de la ilegalización y la marginación que sufren numerosos inmigrantes de estas migraciones masivas recientes, con sus casi inevitables repercusiones deculturativas, anómicas y de inadaptación.

Salvo para el supremacismo y la psiquiatría más ranciamente biologista y biocomercial, todas esas explicaciones e hipótesis psicosociales son fácilmente asumibles. Por ejemplo, desde los diversos puntos de vista de una psicología del desarrollo, de las psicologías basadas en la relación y desde las diversas psicologías basadas en el sufrimiento cotidiano (Tizón, 2018, 2019; Johnstone et al., 2018). Las circunstancias extremas de estas migraciones de las que venimos hablando hacen revivir duelos y emociones primigenios, les añaden nuevos conflictos y traumas actuales y, en consecuencia, empujan a que aparezcan y dominen relaciones, modelos y organizaciones relacionales más primitivas e inestables: la organización (psicopatológica) incontinente, la organización paranoide, la organización melancólico-maníaca, el trastorno por inestabilidad emocional y la des-integración psicótica. El grado de vulnerabilidad previo de la persona o microgrupo, así como el tipo de atención que a él y a esa migración le está dando la cultura «de acogida», marcarán de forma radical el futuro. Y tanto en las poblaciones que emigran como en las poblaciones que reciben: por eso, comprender tales procesos posee una importancia tan grande para el bienestar de nuestras sociedades, y por eso Volkan ha realizado importantes aportaciones sobre ellos, tanto provenientes de la teoría como de su propia experiencia, con las dos partes de este libro: la referida a los «recién llegados» y la referida a los «anfitriones».

Adaptación, adaptación forzada, pseudoadaptación, integración, inclusión…