Integración Psiquedélica - Marc Aixalà - E-Book

Integración Psiquedélica E-Book

Marc Aixalà

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Beschreibung

La psiquiatría actual vuelve a interesarse por los psiquedélicos y la investigación de sus capacidades terapéuticas es un campo de creciente interés. Las medicinas psiquedélicas han vuelto a entrar en la escena pública y han llegado para quedarse. Esto supone una esperanza sin precedentes en el tratamiento de algunos de los trastornos psicológicos más comunes como la depresión, la adicción, la ansiedad y el estrés postraumático. Marc Aixalà expone de manera brillante los retos a los que nos enfrentamos en la integración de las experiencias psiquedélicas reflexionando acerca de sus dimensiones e implicaciones. Expone conceptos teóricos útiles para comprender su uso terapéutico de una forma más amplia, sintetiza distintas escuelas de pensamiento y describe las intervenciones útiles en los procesos de integración revisando los efectos adversos que pueden producirse también tras estas experiencias. «La terapia psicodélica se encuentra en un punto de inflexión crítico; tras décadas de duro trabajo en todos los frentes, el éxito de los ensayos clínicos de fase II y III, junto con las historias personales de quienes han recibido ayuda de estas sustancias, han cautivado la atención y la imaginación de periodistas, científicos, responsables políticos y profesionales médico por igual. El trabajo esclarecedor y pionero de Marc ilumina el camino hacia los siguientes pasos en este viaje colectivo: asegurarse de que con el mayor acceso a estas poderosas sustancias terapéuticas, tengamos también un mayor acceso a métodos de integración compasivos, fundamentados e igualmente poderosos. El libro de Marc es una contribución única y muy necesaria al campo emergente de la terapia asistida por psicodélicos». —Rick Doblin, PhD, Fundador y Director Ejecutivo de la Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos (MAPS) «En la construcción de su modelo teórico psicológico integrador, con un golpe de genio, Marc incorpora uno de los modelos más creativos y divertidos de la psicología: la terapia breve estratégica de la escuela de Palo Alto. Marc va un paso más allá, escribiendo un manual de psicología sobre la integración de la experiencia psicodélica, que también incluye algunos modelos de las tradiciones espirituales. Magistral. Este libro es, pues, un verdadero manual». —José Carlos Bouso. Director científico del International Center for Ethnobotanical Education, Research & Service. «Una vez legalizada la terapia psicodélica, el estudio y la práctica de la integración se convertirán en el centro de atención. Con "Integración Psicodélica", Marc ofrece una importante, detallada y completa visión de las teorías y prácticas de integración. También nos lleva un paso más allá al compartir experiencias personales de trabajo con personas que han tenido efectos adversos, y nos ilumina en el proceso de integración de experiencias psicodélicas y enteogénicas desafiantes. Este libro muestra la importancia del proceso de integración para facilitar la transición desde la experiencia hasta un cambio profundo, sostenible y a largo plazo. El libro de Marc es una lectura esencial para cualquiera que sea, o aspire a ser, terapeuta psiquedélico o profesional de la integración». —Ido Cohen, PsyD, fundador de The Integration Circle

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Seitenzahl: 757

Veröffentlichungsjahr: 2023

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LIBRERÍAS:

THEMA: JMT: Psicología: Estados de conciencia

BISAC: PSY045030 PSICOLOGÍA / Corrientes / Transpersonal

TEMAS: Psicología/Psicoterapia psiquedélica/ Investigación psiquedélica

Copyright © 2020 Marc B. Aixalà. Todos los derechos reservados.

Copyright © Imagen de cubierta: Shutterstock.com/ fractal-an

Copyright © Imagen pág. 85: istock.com/rolandtopor

Copyright © Imagen pág. 86: istock.com/ArtHead-

Copyright de la presente edición en español:

© 2022 EDITORIAL ELEFTHERIA, S.L.

Todos los derechos reservados. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

EDITORIAL ELEFTHERIA, S.L.

Sitges, Barcelona, España

www.editorialeleftheria.com

Primera edición: Abril de 2022

Diseño de cubierta: Juan Mauricio Restrepo

Maquetación: M. I. Maquetación, S. L.

ISBN: 978-84-126778-1-2

DL: B 7460-2022

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Índice

Integración psiquedélica

Prólogo

Prefacio

Agradecimientos

Capítulo 1: Orígenes y evolución de la integración

Orígenes de la integración: las psicoterapias psicolítica y psiquedélica

La integración en la psicoterapia psicolítica

La integración en la psicoterapia psiquedélica

El renacimiento psiquedélico

Integración en la moderna investigación psiquedélica

Integración en otros contextos

Capítulo 2: Acerca de la integración

¿Qué es la integración?

Preparación

La preparación y el screening

Una visión más amplia del screening. La actitud holotrópica

A modo de conclusión

Sesión

Integración

Distinguir integración de psicoterapia

Metáforas útiles para comprender la integración

Integración ontológica vs. integración terapéutica

Necesidades durante la integración

Dimensiones de la integración

Capítulo 3: Fundamentos teóricos de la intervención terapéutica

La necesidad de un paradigma teórico para el trabajo en integración

Paradigmas habituales

Un paradigma integrador

Experiencias psiquedélicas y psicoterapia: conflicto de lógicas

Paradojas: El miedo al síntoma

Conceptos teóricos útiles

Realidades de primer y segundo orden

Mecanismos de cambio: Cambio tipo 1 y cambio tipo 2

Soluciones y problemas

Mecanismos terapéuticos en la psicoterapia psiquedélica y de integración

Experiencia emocional correctiva

Inducción de un cambio tipo 2

Catarsis, abreacción y elaboración

Reestructuración cognitiva/emocional

Capítulo 4: Maximizando los beneficios

Necesidad de integración tras experiencias positivas

Los riesgos de la no-integración

No aprovechamiento de la experiencia

Inflación del ego

Bypass espiritual

Apego y adicción a las experiencias

Inmanencia y trascendencia

Niveles de consciencia

Escuelas trascendentes y escuelas inmanentes

Técnicas y herramientas útiles para la integración

Técnicas de atención a las necesidades fisiológicas y físicas

Técnicas de procesamiento cognitivo/emocional y creación de sentido

Técnicas de expresión, procesamiento emocional e insight

Técnicas en la dimensión social

Técnicas para favorecer la integración espiritual

Intervenciones terapeúticas a nivel ontológico

Capítulo 5: Cartografía de los efectos adversos

Efectos adversos tras una experiencia psiquedélica

Cartografía de los efectos adversos, una revisión

Problemáticas comunes en integración: una nueva cartografía a partir de la experiencia clínica

Falta de preparación o contexto

Experiencia difícil no resuelta

Emergencia de una memoria traumática desconocida

Abuso por parte de facilitadores/chamanes y otras dificultades interpersonales

Experiencia muy traumática con disociación

Experiencias repetidas sin integración

Trastorno mental previo

Hic Sunt Leones: emergencias espirituales, psicosis e integración

Capítulo 6: Intervención y psicoterapia de integración

Contexto en el que se desarrolló el formato de intervención

La evolución del método terapéutico

Principios básicos de intervención

Acerca del número de sesiones y la duración del tratamiento

Respeto radical hacia el cliente, su experiencia y su cosmovisión

La necesidad de una clara definición del problema

Abordaje bottom-up y top-down: Síntomas y relato

No apresurarse, «Go slow»

El uso del lenguaje: Comunicación sugestiva, reestructuraciones y prescripciones paradójicas

Intervención en los distintos escenarios

Falta de preparación o contexto

Experiencia difícil no resuelta

Emergencia de una experiencia traumática desconocida

Abuso por parte de facilitadores

Experiencia muy traumática con disociación

Experiencias repetidas sin integración

Trastorno mental previo

Resumen y conclusiones

Epílogo

Apéndice I: Formulario médico para el proceso de screening

Apéndice II: Recursos adicionales de integración

Referencias

Cuadernillo

Notas

Prólogo

Por José Carlos Bouso

En el número de abril de 2010 de la revista norteamericana de entretenimiento para adultos Playboy apareció un artículo, firmado por Steven Kotler, que llevaba por título: «The new psychedelic renaissance». El artículo se iniciaba con la historia de Mara, una mujer de 33 años con un cáncer de colon terminal diagnosticado un año antes, una situación médica muy inusual para alguien tan joven. Mara se encontraba a punto de tomar 110 mg de MDMA en una sesión underground (al margen de la ley) para trabajar su situación emocional en el final de su vida. El artículo se hacía eco del trabajo terapéutico con alucinógenos (más adelante discutiremos este término) que se estaba haciendo, por parte de terapeutas underground, durante los últimos cuarenta años, desde que se prohibiera su uso por considerarse drogas peligrosas. Asimismo, el texto ilustraba igualmente casos de terapia underground con LSD y psilocibina, y no menos importante, daba a conocer a un público general cómo la investigación terapéutica con este tipo de sustancias, después de esos cuarenta años, volvía al terreno de la investigación científica autorizada por los gobiernos —en este caso, el norteamericano—.  

Ya estaban en marcha los estudios de MAPS (Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies) con MDMA —la droga conocida popularmente como éxtasis— para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático (TEPT) y las investigaciones con psilocibina, recuperando el estudio de su potencial misticomimético, que podría servir para calmar la angustia existencial de personas que se encontraban en el final de su vida, así como para el tratamiento de personas que deseaban abandonar la dependencia de drogas, incluyendo alcohol y tabaco. Cuarenta años de prohibición de unas sustancias que habían sido condenadas al ostracismo científico, que nunca habían dejado de utilizarse en contextos recreativos ni en contextos de terapias underground, pero que estaban volviendo con renovado interés al terreno de la investigación terapéutica. El artículo de Playboy se diseminó como la pólvora entre la comunidad psiquedélica porque sacaba estas sustancias del sustantivo contracultural para devolverles su dignidad epistémica: el conocimiento que ofrecen al iniciado le aporta no sólo transformación terapéutica, sino sentido ontológico y por tanto existencial. «Renacimiento psiquedélico» se convirtió desde entonces en un meme que han utilizado numerosos autores y autoras para titular sus escritos, ya sean artículos divulgativos, papers académicos o libros (no siempre, o más bien casi nunca, citando la fuente original de la expresión).

En ese mismo mes, abril de 2010, se celebró la primera conferencia llamada «Psychedelic Science», organizada por MAPS, la fundación sin ánimo de lucro y con carácter de utilidad pública que estaba impulsando el desarrollo de MDMA como medicamento, a la que asistieron los principales investigadores psiquedélicos del momento y más de mil personas de público. Una auténtica fiesta de celebración que inauguraba definitivamente la era del renacimiento psiquedélico. Y si 2010 fue la era del renacimiento psiquedélico, la década de 2020 está siendo el cámbrico, como veremos también más adelante.

Pero llegar hasta allí no había sido fácil. Como tan magistralmente cuenta Marc Aixalà en el primer capítulo de este libro —y por ello aquí no me detendré—, durante las décadas de 1950, 1960 y la primera mitad de 1970, los alucinógenos se utilizaban amplia y profusamente en investigación básica (farmacológica) y aplicada (terapéutica) en la mayoría de las universidades norteamericanas, europeas y sudamericanas. Una mezcla de presiones políticas y de complejidades administrativas cuya descripción se escapa de la intención de este texto[1] hizo que durante décadas dejara de investigarse con este tipo de sustancias, investigación que se reanudó durante la década de 1990. El artículo de Kotler omite la mayoría de estas investigaciones, probablemente por haber ocurrido fuera de territorio norteamericano. Pero estas investigaciones fueron las que sentaron las bases para que el renacimiento pudiera ocurrir. Diferentes grupos de investigación de Estados Unidos, Suiza, Alemania y España realizaron estudios clínicos farmacológicos que garantizaban la seguridad de estas sustancias cuando se utilizaban en un contexto clínico controlado. El doctor Strassman, en la Universidad de Nuevo México, investigaba la farmacología de la DMT (N,N-dimetiltriptamina), un alucinógeno que administrado por inhalación o por vía intravenosa suscitaba una intensidad extrema en un tiempo breve de entre 10 y 20 minutos. El doctor Charles Grob, en la UCLA, reiniciaba la investigación neurofarmacológica con MDMA y planteaba un primer protocolo para su utilización en enfermos terminales que nunca llegaría a poner en práctica. El grupo del doctor Franz Vollenweider, en el Hospital Psiquiátrico de Zúrich, Suiza, realizaba los primeros estudios utilizando técnicas de neuroimagen con psilocibina, MDMA y ketamina. Lo propio hacía la doctora Euphrosyne Gouzoulis-Mayfrank en la Universidad de Colonia, Alemania, con psilocibina, ketamina, DMT y MDE (un análogo de la MDMA). Y en el Instituto Municipal de Investigaciones Médicas de Barcelona, España, el doctor Magí Farré y su equipo caracterizaban la farmacología de la MDMA, mientras que en el Centro de Investigación de Medicamentos del Hospital de Sant Pau, también en Barcelona, el doctor Jordi Riba realizaba los primeros estudios sobre la neurofarmacología de la ayahuasca. Había otros grupos, sobre todo en Estados Unidos, como los del doctor Manuel Tancer, en la Universidad Estatal Wayne, o del doctor John Mendelson, en la Universidad de California, en San Francisco, que hicieron estudios, aunque menos sistemáticos, también con MDMA. Antes de terminar la década, en 1999, un servidor inició el primer estudio terapéutico con estas sustancias, concretamente con MDMA para el tratamiento del TEPT en mujeres víctimas de una agresión sexual, pero la mano negra política lo interrumpió prematuramente al poco de iniciarse y cuando se llevaban tratadas sólo 6 de las 29 mujeres previstas en el protocolo.

Con las bases asentadas, como ya se ha dicho, respecto a la seguridad de la utilización de estas sustancias en contextos clínicos, la década de 2010 dio lugar a la realización de los estudios clínicos de MAPS con MDMA para el tratamiento del TEPT. Fueron liderados por el incombustible doctor Rick Doblin y el muy querido investigador principal doctor Michael Mithoefer (junto con Ann, su mujer, Marcela Ot’alora, Bruce Poulter…). Los estudios del grupo de la Universidad Johns Hopkins con psilocibina —con Roland Griffiths a la cabeza y el entrañable Bill Richards como terapeuta principal—sirvieron para explorar su potencial misticomiético y su aplicación en personas en el final de su vida, investigación a la que se sumó el grupo de Stephen Ross de la Universidad de Nueva York. También se inició una línea de investigación de sumo interés y que era impensable apenas unos años antes: la investigación de los efectos prosociales de la MDMA primero, y de la LSD y la psilocibina después. La conducta prosocial comprende comportamientos de conducta social positiva, como el altruismo, la empatía, las actividades cooperativas o el reconocimiento de emociones y de intenciones. Una droga que hasta hacía pocos años se consideraba popularmente la droga más de moda responsable de destruir los valores de los jóvenes, que la utilizaban en fiestas nocturnas interminables bailando al ritmo de música electrónica (raves), de repente servía como modelo farmacológico para estudiar qué es lo que hace singular al ser humano con relación a otras especies animales, y en cuya alteración se puede encontrar la explicación a los problemas asociados con numerosas enfermedades neurológicas, como el autismo o el párkinson y trastornos psicopatológicos, como la esquizofrenia o la depresión.[2]

Por fin, durante la segunda década del siglo XXI explosiona la investigación psiquedélica. Surgen nuevos grupos de investigación, algunos como derivaciones de investigadores que pertenecían a los grupos pioneros de la década de 1990, quienes dan continuidad a aquellos trabajos con sus propios programas de investigación. Además, se multiplican las conferencias sobre psiquedélicos tanto en Estados Unidos como en Europa con un público creciente. Por ejemplo, la «3.ª Conferencia Mundial de Ayahuasca», celebrada en 2019 en la ciudad de Girona, España, y organizada por la fundación ICEERS (International Center for Ethnobotanical Education, Research, and Service), congregó a unos 1200 asistentes, albergó una representación indígena de diferentes culturas amazónicas y una sala de exposiciones artísticas, y sólo trataba monográficamente la ayahuasca. Esta explosión sitúa a la MDMA y a la psilocibina como dos sustancias de inminente regulación médica. Antes incluso de que esto ocurra, la FDA norteamericana, que es la agencia que regula la comercialización de los medicamentos en Estados Unidos, califica la MDMA y la psilocibina como breakthrough therapies, calificativo que se otorga a las medicinas que tienen un potencial sustancial por encima de las medicinas existentes para tratar patologías clínicas serias, como es el caso del TEPT para la primera, o de la depresión resistente al tratamiento para la segunda. Actualmente, la MDMA se encuentra en fase 3 de ensayos clínicos en Estados Unidos y la psilocibina en fase 3 también en Estados Unidos y en fase 2 en Europa. Algunos de los pequeños laboratorios de investigación van creciendo para transformarse en centros de investigación psiquedélica, como es el caso del grupo del Imperial College, que se transforma en Centre for Psychedelic Research; el de la Johns Hopkins en el Center for Psychedelic and Consciousness Research; o el de la Universidad de Yale, otro foco importante de investigación incipiente, que lo hace en The Yale Psychedelic Science Group, entre otros muchos. Se ensaya la psilocibina para el tratamiento de la dependencia al tabaco o del alcoholismo, en Brasil emergen grupos que investigan la ayahuasca en el tratamiento de la depresión resistente al tratamiento y el espectro de investigación se abre a otras moléculas, como son la salvinorina A (principio activo de la Salvia divinorum) o la 5-MeO-DMT. En ICEERS, en colaboración con el Hospital Sant Joan de Reus, España, se inicia el primer ensayo clínico para tratar la dependencia de opiáceos con ibogaína; y la Universidad de São Paulo, en Riberão Preto, Brasil, en colaboración con ICEERS, aprueba el primer ensayo clínico para tratar también con ibogaína la dependencia del alcohol, la droga más problemática a nivel mundial. Se investigan los mecanismos psicológicos subyacentes al cambio terapéutico inducido por psiquedélicos (algo que se trata en profundidad en este libro) y, no menos importante, se avanza notablemente en los mecanismos moleculares de la acción cerebral de estas drogas —así como utilizando tecnología de neuroimagen— en el conocimiento de las redes neurales y las áreas cerebrales que aquéllas modulan.

El entusiasmo que despiertan estas sustancias en el campo de la psiquiatría viene inversamente correlacionado, además, con una triste realidad que aún hoy en día le cuesta reconocer al gremio más reaccionario de la psiquiatría: que los tratamientos farmacológicos al uso no sólo no mejoran las condiciones clínicas de los pacientes, sino que a medio y largo plazo son más responsables de la perpetuación del problema que de su solución.[3] Las principales industrias farmacéuticas dejan de invertir en investigación psiquiátrica, primero, por la ineficacia y los problemas a largo plazo que conllevan estos fármacos, y segundo, por las multas astronómicas que tienen que pagar por el fraude asociado a su promoción, con el consiguiente desprestigio social. La investigación básica y aplicada ya está consolidada, los resultados se publican en las revistas especializadas más prestigiosas, los medios de comunicación dejan de difundir reportajes sobre sus daños y se centran en sus beneficios (para inducir experiencias espirituales transformadoras, para tratar la depresión y el TEPT), mucha gente que padece dichos trastornos y que consume las noticias no quiere esperar a que estén autorizadas y se pone en manos de terapeutas underground y, aprovechando todo esto, surgen empresas millonarias que invierten en el desarrollo de estas drogas para transformarlas en medicamentos como alternativas a las medicaciones psiquiátricas clásicas. Grupos de investigación de universidades europeas prestigiosas, como el Imperial College de Londres o el Hospital Psiquiátrico de Basilea, se asocian con estas empresas, como COMPASS Pathaways o MindMed, y se multiplican los ensayos clínicos con MDMA, LSD y psilocibina, principalmente para investigar su potencial terapéutico en todo tipo de trastornos psiquiátricos y neurológicos. La investigación hoy día es tan profusa que cuesta seguirla, y surgen empresas más grandes que se comen a las pequeñas, como es el caso de ATAI. Si Kotler en su artículo de Playboy visibilizaba el renacimiento psiquedélico en 2010, es el autor de best seller Michael Polan quien, con su libro Cómo cambiar tu mente, presenta todo este nuevo panorama al gran público en 2018. Un libro, de nuevo, como le pasaba al artículo de Kotler, sesgado hacia la investigación norteamericana y algo, sólo algo, de la europea, que toma la parte por el todo. Con la entrada en acción de los grandes tiburones empresariales se desdibuja el viejo sueño de que los psiquedélicos serán algún día patrimonio de la humanidad, para pasar a ser patrimonio del capital. Las normativas sobre la regulación de los ensayos clínicos obligan a que sólo la gran industria —en manos de empresas millonarias privadas— pueda convertir un fármaco en un medicamento, una restricción que ha alcanzado también a los psiquedélicos. Salvo MAPS, que está a punto de ver la MDMA convertida en un medicamento, y Usona, que hace lo propio con la psilocibina, ambas organizaciones sin ánimo de lucro, el resto de las compañías ya tienen en sus planes de investigación y desarrollo la agenda repleta de investigaciones con las que esperan, mediante sus inversiones millonarias, perpetuar su lucro. Toda la investigación de la que parten se había realizado con dinero público, de organizaciones sin ánimo de lucro o de filántropos. ¿Recuerdas los estudios de Strassman, Grob, Vollenveider, Gouzoulis-Mayfrank, Farré y Riba, y de los que vinieron después investigando la conducta prosocial y la psicología positiva? ¿Los que sentaron las bases para que se produjera el nuevo renacimiento psiquedélico? La Big Pharma psiquedélica está aprovechando todo ese conocimiento para generar sus patentes, sus ensayos clínicos y el desarrollo de sus medicamentos. ¿Devolverán algo de toda esta inversión social a la sociedad? 

Y, en paralelo, también durante la década de 2010, aunque su origen se sitúa igualmente en la década de 1990, ha ido poco a poco instalándose y creciendo un nuevo y no menos renaciente fenómeno: el interés por los rituales ancestrales que involucran plantas de uso tradicional como la ayahuasca, la iboga o el peyote, así como el reconocimiento de las culturas que utilizan estas plantas como modelos de salud integral, organización comunitaria y espiritualidad, asociado a valores como la ecología, las epistemologías descolonizadoras, las ontologías antiextractivistas y la desmedicalización de la vida. Si el desarrollo de medicamentos psiquedélicos persigue la medicalización de las drogas alucinógenas, reduciendo su uso a paradigmas biomédicos, la expansión, popularización y, hasta cierto punto, banalización de las ceremonias con plantas de uso tradicional persigue reintegrarlas a la comunidad, a la sociedad civil, devolviendo estas plantas al lugar de donde vienen y del que, por otra parte, nunca han salido: al de la medicina popular. Aunque se trata de desprestigiarlas acusándolas de pseudoterapias, demasiada gente está interesada en ellas como para despreciarlas así, de un plumazo. Éste es el contexto en el que aparece ICEERS, pretendiendo restablecer las relaciones que las sociedades contemporáneas tienen con las plantas psicoactivas (de nuevo, retomaremos más adelante el problema conceptual) de uso tradicional. En las culturas indígenas no es el sujeto el que enferma, ni es al sujeto al que hay que curar. No hay una tradición de la salud considerada como una enfermedad del cuerpo ni del cerebro: lo intrapsíquico simplemente no existe. Ni existe la salud siquiera. Lo que existe es la armonía, que no es otra cosa que el alineamiento de la persona, la comunidad, el ecosistema y el territorio geográfico. Cuando uno de estos niveles de experiencia —y todos estos niveles son niveles de experiencia— se altera, se instala la enfermedad. El interés por las plantas medicinales psiquedélicas, como se las llama ahora a falta de un calificativo mejor (algo que, de nuevo, más adelante abordaré), no es un interés por la sustancia, como ocurre en el ámbito de la biomedicina: es un interés y una búsqueda por sistemas de salud y sistemas de conocimiento que no se reducen a las plantas, sino que tienen que ver con el marco ontológico en el que se usan. Una búsqueda del bienestar que no tiene tanto que ver con el placer como con el autocuidado. Donde quien administra la medicina no es el médico ni la psiquiatra ni los psicólogos y psicólogas, sino las y los representantes de la comunidad, que los ha validado como expertos no por sus títulos académicos o diplomas, sino por su experticia como tecnólogos del mundo espiritual. Y, además, no se puede obviar: arrastramos una larga tradición, fomentada por el prohibicionismo e incluso alentada por él, de psiconautas, chamanes urbanos, químicos de garaje y curiosos cósmicos que, fuera del ritual, han perfeccionado las técnicas extáticas, tanto provenientes de fuentes naturales como sintéticas, poniéndolas al alcance de cualquiera. La experiencia psiquedélica nunca se ha encontrado tan democratizada y accesible como lo está ahora. Y no hay visos de que esto frene, sino lo contrario. La libertad de conciencia se ha convertido en un derecho humano universal que, por encima de leyes y de persecuciones legales, resulta actualmente accesible para casi todo ciudadano del planeta, si se me permite la hipérbole, pues, lamentablemente, los objetivos de la agenda 2030 para el desarrollo sostenible cada vez son más una cuestión de ficción que de realidad.

Y es que, si en las décadas de 1980 y 1990, cuando nacen las iniciativas de MAPS para conseguir que la MDMA se convierta en un medicamento de prescripción y de otra asociación similar que busca lo propio con la psilocibina(el Heffter Research Institute, que podría haber aparecido antes en el texto pero aparece ahora), el contexto sociopolítico obliga a que la lucha por el reconocimiento social de los psiquedélicos pase por su reconocimiento como medicinas de prescripción médica, toda una nueva generación formada en el análisis de las políticas de drogas fue abriendo otra brecha: la del reconocimiento a su vez de los derechos civiles, instalando las políticas de drogas en el marco de la defensa por los derechos humanos, entre los que se incluye, en su versión más contemporánea, el del derecho a la ciencia.[4] La regulación de las drogas en general, y la de los psiquedélicos en particular, ya no constituye dominio exclusivo de la biomedicina, sino que pertenece a la sociedad civil, y su regulación no tiene que ser biomédica, sino social y cultural. Movimientos recientes como el de Decriminalize Nature están consiguiendo la legalización de facto de plantas psicoactivas, obligando a convivir a la comercialización biomédica de medicamentos psiquedélicos con su instauración cultural accesible para todas y todos.

Todo esto no está, por otra parte, exento de problemas. Ya antes de que Perú declarara las prácticas médicas tradicionales con ayahuasca como patrimonio cultural del país, turistas a la búsqueda de iluminación espiritual chamánica desembarcaban masivamente en la Amazonía (en busca de revelaciones ayahuasqueras), en Gabón (con iboga) o en México (con peyote), con todos los problemas de interculturalidad derivados que no pretendo describir aquí. Esto también ha ocasionado el giro de un paradigma que se creía hegemónico y que se precipita vertiginosamente hacia un abismo en cuyo fondo sólo encontrará vacío: el de la salud mental global, que pretende exportar modelos psiquiátricos propios del Norte Global a territorios del Sur Global. Si la psiquiatría farmacológica ha fracasado en sus territorios de origen, la pretensión de exportarla a territorios externos, por su propia arrogancia, está condenada a sucumbir. Al revés, los sistemas de salud tradicionales basados en plantas psicoactivas están ejerciendo un mecanismo de «colonización inversa» en el que son precisamente estos sistemas los que encandilan al Norte Global. Pero los gestores político-médicos del Norte Global aún no se enteran. Como no se enteran de la instalación de los psiquedélicos en las sociedades contemporáneas. Por eso, todos estos fenómenos descritos hasta aquí tampoco son inocuos. De ahí la importancia de este libro. Pero, también en esto, volveré a ello más adelante. Antes, permíteme hablar un poco, por fin, y ya más técnicamente, de a qué tipo de sustancias y prácticas nos estamos refiriendo.  

«En ocasiones, los sueños son más sabios que la vigilia».

Alce Negro[5]

Y es que estas sustancias, compuestos químicos, plantas, secreciones de animales, setas y hongos se escapan a cualquier intento de sustantivación. Nuestro presidente en ICEERS, el doctor Joan Obiols, ha llegado a contabilizar decenas de nombres diferentes para referirse a ellos. Los más comunes son alucinógenos, psiquedélicos y enteógenos, pero también se han propuesto nombres como enteodélicos, cosmodélicos, phantastica, delirógenos, psicotomiméticos, psicodislépticos, eidéticos, disperceptinógenos… El término «enteógeno» se refiere a su capacidad para hacer emerger la divinidad interior, algo que los que propusieron este término dicen que hace. «Psiquedélico», término acuñado por el psiquiatra Humphry Osmond, significa que desvela el contenido de la mente. Y alucinógenos es la clasificación farmacológica que se refiere a la capacidad de estas sustancias para inducir experiencias que no provienen de los sentidos, o sea, alucinaciones. Personalmente, utilizo indistintamente los términos «psiquedélico» y «alucinógeno», y bastante poco el término «enteógeno», aunque suelo emplear más el término «psiquedélico» cuando hablo de sus usos en psicoterapia y «alucinógeno» cuando hablo de investigación básica, aunque, como ya digo, no siempre cumplo la norma. Tampoco me siento incómodo con el término «alucinógeno». Quien piense que estas sustancias no producen alucinaciones es porque, o bien nunca ha tomado la dosis apropiada, o simplemente se engaña. El término «alucinógeno» está muy desprestigiado porque ha servido para estigmatizar a este grupo de sustancias, al asumir con ese nombre que lo que producen es de naturaleza psicopatológica. Pero considero que hay que dignificar el término «alucinógeno». Las alucinaciones no necesariamente son patológicas ni necesariamente no se relacionan unívocamente con la realidad. Al contrario: las alucinaciones que inducen los alucinógenos, cuando se producen en un contexto apropiado y con la adecuada preparación, conectan a la persona con realidades que no por no acceder a ellas de manera ordinaria, o sea, a través de los sentidos, resultan menos reales. Los espacios en los que estas sustancias instalan a la persona, como ya digo, si se hace un buen uso (aunque no es condición ni necesaria ni suficiente, y de cómo desarrollar a priori este buen uso se ocupa en parte este libro), están poblados de realidades tan reales o más que la realidad ordinaria, una realidad que, lejos de ser ajena al sujeto, está atávicamente atada a él, como lo están los sueños, por poner el ejemplo que más acertadamente puede relacionarse con la naturaleza y la significación de las alucinaciones inducidas por alucinógenos. Y de estas realidades la persona suele venir renovada. Algunos las llaman experiencias místicas, otros, espirituales, algunas, de resoluciones autobiográficas, otras, de conocimiento ontológico profundo, y otros, de un valor psicoterapéutico de incalculable valor y profundidad. Si esto es así, después de todo, las alucinaciones a lo mejor no constituyen manifestaciones patológicas de la psique, sino manifestaciones sanadoras. Y que las alucinaciones sean un síntoma de trastornos psiquiátricos no quiere decir que no puedan serlo también de fortalecimiento mental. El trabajo con estas sustancias consiste precisamente en aprovechar la alucinación en su sentido curativo. Así es como las incontables culturas del planeta han utilizado plantas psicoactivas en sus medicinas tradicionales: principalmente, precisamente, como medicina. Y aquí es donde nos encontramos con otro escollo. Con ninguno de los términos propuestos para referirse a estas sustancias se identifican ni reconocen ninguna de las culturas indígenas que las usan. En la mentalidad animista no cabe el término alucinación, pues la realidad es real siempre, y las medicinas indígenas, como ya comenté más arriba, no operan sobre el individuo, sino en el alineamiento individuo-comunidad-ecosistema-territorio. Así que cualquier término que se quiera proponer desde «este lado» está condenado a ser rechazado por ellos. En consecuencia, en lo que a esto respecta, lo dejo aquí.

Una forma científica que está ganando popularidad recientemente para referirse a estas sustancias es la de «psiquedélicos serotoninérgicos», y ello es porque sustancias como LSD, psilocibina, mescalina, DMT, etc., tienen un principio de acción común, que es su acción sobre los receptores 5-HT2A de la serotonina. Hay otros alucinógenos, como la Salvia divinorum o las daturas, pero sus acciones neurobiológicas son diferentes. Cuando hablamos de psiquedélicos, generalmente serán serotoninérgicos, porque son los que se están investigando más sistemáticamente. La activación de los receptores 5-HT2A produce una liberación de glutamato, que hace que aumente la tasa de disparo neuronal, de ahí la sensación de muchos iniciados de estar recibiendo algún tipo de información única, cosa que es real. El glutamato es responsable de la consolidación de recuerdos y de la plasticidad neuronal, por eso se está investigando el potencial de estas drogas como posibles fármacos antidemencia. Funcionalmente, los psiquedélicos serotoninérgicos modifican la conexión de las redes neurales, haciendo que la información viaje por circuitos por los que normalmente no viaja, lo cual, en términos clínicos, está demostrando servir de utilidad en el tratamiento de trastornos psicopatológicos como la depresión. Anatómicamente, se activa la corteza prefrontal, que es donde residen las funciones filogenéticamente más evolucionadas de nuestro cerebro: la organización de la realidad, el pensamiento abstracto, la planificación de tareas, la toma de decisiones y buena parte del repertorio de lo ya comentado como conducta prosocial. No en vano, los alucinógenos forman parte de los mitos de creación de tantas culturas del planeta.[6] Lo que hacen estas sustancias en el plano psicológico no lo voy a explicar, porque ya lo hace estupendamente Marc Aixalà en este libro.

Hay una excepción a este efecto, que es el caso de la ibogaína, un alcaloide presente en la planta africana Tabernanthe iboga. Aunque la ibogaína tiene también acción sobre los receptores 5-HT2A y su molécula química resulta similar a la de los psiquedélicos serotoninérgicos, que son todos bien triptaminas (de estructura similar a la serotonina), bien feniletilaminas (de estructura similar a la dopamina, la adrenalina y la noradrenalina), su efecto no es como el de los psiquedélicos serotoninérgicos. Actúa sobre múltiples sistemas de neurotransmisión, pero tiene un efecto muy peculiar que no tienen otros alucinógenos (ni ningún otro compuesto conocido): eliminan el síndrome de abstinencia a opiáceos y el craving (o deseo de consumo) de psicoestimulantes y alcohol. Se podría decir que la ibogaína es una antidroga. Tras ingerirla, al menos durante un tiempo, que puede variar desde unos días a varios meses, abre una ventana terapéutica en que la persona se encuentra libre de síndromes de abstinencia y de deseos de consumo, lo cual permite trabajar terapéuticamente. Diversas razones de índole de política de la ciencia en las que no voy a entrar hacen que la ibogaína no esté disponible hoy día como tratamiento de la dependencia a drogas (quizás porque el que descubrió sus efectos antiadictivos no fue un médico, sino un yonqui callejero). Cada día, sólo en Estados Unidos mueren al día 200 personas por sobredosis de opiáceos. Ningún tratamiento, por tóxico que sea, lo será tanto como para producir esta escabechina. Pero se prefiere seguir dejando morir a la gente. Hay toda una subcultura médica de la ibogaína que ofrece tratamientos underground, y en países como México existen centenares de clínicas donde acuden, sobre todo, pacientes norteamericanos, porque la ibogaína está prohibida en Estados Unidos (no lo está en la ley internacional ni en la mayoría de los países, aunque sí en unos cuantos —en España, no——). Como en todo, hay proveedores de tratamiento más honestos y que cuidan más a sus pacientes y otros menos. A diferencia del resto de psiquedélicos serotoninérgicos, que resultan incuestionablemente seguros y poco tóxicos en el plano orgánico —y para la mayoría de los cuales no se conoce sobredosis letal—, la ibogaína tiene un perfil de toxicidad que es necesario monitorizar cuando se realiza un tratamiento. Aunque actualmente el interés en la ibogaína resulta minoritario comparado con el que suscitan los psiquedélicos clásicos, la crisis de opiáceos que estamos viviendo en algunos países muy ricos sin duda está haciendo crecer la demanda de tratamientos.

Se me olvidaba: la MDMA también tiene su propio mecanismo de acción diferente al de los psiquedélicos serotoninérgicos. Inhibe la recaptación de serotonina (como los antidepresivos de farmacia), a la vez que promueve la liberación de serotonina. A pesar de que la MDMA constituye una droga de síntesis, paradójicamente su mecanismo de acción neurobiológico resulta más «natural» que el de los psiquedélicos clásicos. En éstos, son sus principios activos los que se unen a los receptores. En la MDMA, es la propia serotonina que libera la MDMA la que lo hace. Digamos que la MDMA actúa como catalizador de procesos endógenos. La liberación de serotonina que produce hace que se libere también la hormona oxitocina (vasopresina en los hombres) y, con ello, que se desplieguen todos los procesos psicológicos asociados, tan característicos, de tipo prosocial.

Por resumir: hoy día, observamos que estas sustancias están siendo investigadas en universidades y centros públicos y privados de investigación; en los primeros casos, con fines puramente científico-sociales y, en los segundos, puramente comerciales (con el consiguiente riesgo de que la industria cometa las mismas tropelías que históricamente ha cometido en el desarrollo de otros fármacos psiquiátricos). A la vez, un número incalculable de personas viaja cada año a los lugares donde se realizan rituales con plantas psicoactivas. Estos rituales han viajado también fuera de sus lugares de origen, se han reinventado, y hoy en día es fácil encontrar ceremonias, principalmente de ayahuasca, en casi cada ciudad europea y americana, y en muchas africanas y asiáticas. Asimismo, los métodos de extracción de principios activos de plantas o el cultivo casero de algunas de ellas (como es el caso de la extracción de DMT, o el cultivo de hongos psilocibios, que contienen psilocibina) se han popularizado y resultan baratos y accesibles a cualquiera. Por su parte, en los países —como España o Países Bajos— donde el consumo de drogas no está penalizado, han proliferado los terapeutas underground que ofrecen ceremonias con diferentes productos, y también los químicos clandestinos interesados en psiconáutica han ido perfeccionando y haciendo accesibles compuestos análogos a los prohibidos, pero aún legales, inutilizando de facto la prohibición. Al mismo tiempo, los medios de comunicación, debido al progreso científico, se hacen eco de dichos avances, habiendo conseguido desestigmatizar el uso de estas sustancias con fines terapéuticos y mover a legiones de personas a buscar en ellas remedios para sus dificultades vitales. Además, la cultura psiquedélica ha llegado a las plataformas digitales de contenidos audiovisuales y a la cultura mainstream en forma de libros que se han convertido en best sellers, las iniciativas descriminalizadoras proliferan… En este contexto de popularización de masas, es fácil caer en la banalización y, con ella, claro, empiezan los accidentes. La experiencia psiquedélica comprende una vivencia profunda, que toca los pilares del ser y de la realidad, y que le sitúa a uno mismo —o a una misma— ante la esencia más destilada de la existencia. Y eso tiene sus beneficios existenciales, pero también sus riesgos, que no voy a describir porque para eso tienes este libro, que tan bien los describe, invitando a aprovecharlos para sacar de ellos un beneficio en vez de que se produzca un daño.

Es precisamente en este contexto, en el que la experiencia psiquedélica ya está al alcance de cualquiera, en el que este libro se hace imprescindible y, sobre todo, oportuno. Llega cuando tenía que llegar escrito por quien tenía que escribirlo: Marc Aixalà, un joven psicólogo e ingeniero de telecomunicaciones (curioso, ¿no?, pues los psiquedélicos, después de todo, y entre otras cosas, son sistemas de telecomunicación), con una experiencia sin parangón en las trincheras de la psiquedelia, como cuenta de manera modesta en su presentación. Sin embargo, los que estábamos allí cerca mientras él hacía su trabajo (sus compañeros de fatigas en ICEERS) somos testigos de cómo, a base de tesón, profunda preocupación y compromiso con su formación como profesional, con altas dosis de autodidactismo y creatividad, rigurosidad, seriedad y profesionalidad, atendía tan humanamente los casos más complicados que pudiéramos imaginar sobre experiencias desafiantes, como se las llama ahora para tratar de no mencionar su nombre correcto, esto es, adversas. Una experiencia, de más de diez años, que le autoriza a escribir este libro pionero, el cual considero que inaugura un nuevo género bibliográfico, que en el futuro oscilará del cientifismo al esoterismo más puros, y que inundará las bibliotecas en los años venideros, pues la integración está de moda.  

Para ir terminando, sólo hacer algún comentario sobre la disciplina en la que se encuadra el libro sobre integración que te dispones a leer ahora. Que es, de nuevo, el género en el que debía encuadrarse el libro que inaugurara la disciplina: en la psicología. Como explica Marc en su libro, hay un lío tremendo con esto de qué es la integración, y hay integradores e integradoras de toda naturaleza y condición. Si no está claro que tenga que ser un psicólogo o una psicóloga, o un/una psiquiatra, los responsables de administrar alucinógenos a la gente, rotundamente sí son los más preparados para practicar integraciones. El conocimiento de la tecnología alucinógena sólo lo conoce en profundidad el chamán, y al chamán lo legitima la comunidad, no un título ni una academia. La psiquiatría y la psicología clínica, que tradicionalmente se han ocupado de patologizar cualquier tipo de estado alterado de conciencia, y cuyas medicinas y técnicas consisten precisamente en erradicarlas, no pueden ser las disciplinas responsables de guiar viajes psiquedélicos. Pero sí las de, en caso de dificultades, no sólo devolver a la normalidad a la persona, sino utilizar la experiencia para hacerla más fuerte psicológicamente. En esto sí están entrenados. Para que una práctica se considere psicológica, aparte de mucho arte, tiene que haber una teoría que la sustente. Si no, podrá ser muchas cosas, pero no psicología. Y las cosas que no están sólidamente sustentadas en una teoría es fácil que caigan en el engaño, en la autoidolatración y en el prefijo «pseudo». Por eso, no queda otra alternativa que elaborar una teoría psicológica de la integración psiquedélica. Y esa teoría psicológica no tiene que reducirse rígidamente a un único modelo teórico. Por fin, los que estudian estas disciplinas reconocen el valor de la integración de modelos, cada uno con su base teórica sustentándolo. Marc se sustenta en modelos integrativos, y en la construcción de su modelo teórico psicológico integrativo tiene la genialidad de incorporar uno de los modelos más creativos y divertidos de la psicología: el de la terapia breve estratégica de Palo Alto. Pero hasta aquí quiero contar sobre el modelo teórico, pues tendrás el placer de poder disfrutar leyéndolo en palabras del propio autor.

Por último, por mucho que un libro de integración, al menos el primero, deba ser un libro de psicología, al tratarse de sustancias psiquedélicas, no podía no incorporarse una perspectiva espiritual. Marc da entonces una vuelta más a la espiral, escribiendo un manual de psicología de la integración de la experiencia psiquedélica en cuyo modelo se incluyen también tradiciones espirituales. Magistral. Este libro constituye, pues, un auténtico manual. Como tal, deberá seguir perfeccionándose y deseablemente ese perfeccionamiento deberá venir nutrido de la investigación. Al tratarse de un manual, no sólo puede aquí aprenderse teóricamente cómo realizar integraciones psiquedélicas, sino que constituye todo un programa de investigación, que debería desarrollar toda una disciplina, pues contará con una demanda impepinable en la década que empezamos, donde la experiencia psiquedélica se convertirá en una práctica de total normalidad. Quienes se están preparando para conducir esas experiencias ya tienen una obligación irrenunciable: leer este libro.

José Carlos Bouso 

Director científico de ICEERS

Prefacio 

«Dichoso aquel que recuerda a sus antepasados con agrado, que gustosamente habla de sus acciones y de su grandeza y que serenamente se alegra viéndose al final de tan hermosa fila».

Goethe 

«El hombre no contiene al muchacho, sino a los hombres que lo precedieron. La historia empezó hace mucho».

Philip K. Dick 

Mi interés por las sustancias psicoactivas y los estados no ordinarios de consciencia empezó en el sótano de la farmacia de mi madre, donde tenía el laboratorio en el que preparaba las fórmulas magistrales. De pequeño pasaba horas ayudándola a pesar polvos y mezclarlos con el mortero, preparando cápsulas y limpiándolas después para que no supieran amargas cuando la persona las tomara. También hacía ahí mis deberes, y cuando las tareas escolares eran demasiado aburridas, me paseaba entre los estantes llenos de botes con principios activos de nombres impronunciables imaginando para qué deberían servir. Una tarde encontré un libro llamado Plantas medicinales. El Dioscórides renovado, de Pius Font Quer, y en la introducción leí el relato del encuentro entre Gordon Wasson y María Sabina y la primera experiencia con hongos mágicos contada por un hombre blanco. Esa historia tuvo un profundo impacto en mí y durante las semanas siguientes me sumergí en el Dioscórides, leyendo acerca de plantas que provocaban efectos asombrosos. Eso se convirtió en mi secreta pasión.

En el año 2000, mientras estudiaba Ingeniería de Telecomunicaciones, tuve mi primer contacto personal con los mundos que había leído en el Dioscórides. Mi primera experiencia fue de una belleza sublime y marcó un antes y un después en mi vida. Pude empezar a superar unas circunstancias personales difíciles que estaba atravesando y sentí que mi verdadera vocación estaba en el estudio de los estados no ordinarios y su aplicación terapéutica.

Durante el tiempo que se prolongaron mis estudios en Ingeniería de Telecomunicaciones, seguí teniendo experiencias en distintos contextos y empecé a aprender de personas que se dedicaban a ofrecer este tipo de trabajo. En el año 2006 acudí por primera vez al Boom Festival (un festival de música psytrance y cultura psiquedélica) y supuso otra experiencia crucial en mi vida. A partir de aquel año he acudido en cada ocasión, principalmente como voluntario del servicio de emergencias psicológicas llamado Kosmicare. Posteriormente he sido team leader y formador/supervisor de los equipos de voluntarios. El trabajo en este servicio ha resultado una experiencia enormemente formativa, puesto que he podido observar y apoyar las experiencias psiquedélicas difíciles que pueden constituir el origen de problemas posteriores.

En el transcurso de esos años, leí a Stanislav Grof y me quedé perplejo al ver descritas con un detalle asombroso en su cartografía expandida de la psique mis experiencias más íntimas. Esto me animó a conocer más su trabajo y en 2005 participé por primera vez en un taller de Respiración Holotrópica. El formato de trabajo propuesto por Grof mediante la respiración se convirtió en un eje vertebrador de todas mis experiencias anteriores. Pude empezar a dar contexto a lo que había vivido hasta aquel entonces, por lo que desarrollé el concepto de proceso y, en él, la necesidad de integración. Desde 2006 hasta 2012 estuve formándome como facilitador de Respiración Holotrópica y posteriormente me he dedicado a ofrecer talleres y formaciones, también como miembro del equipo de Grof Transpersonal Training.

Pasé un año en Perú, en 2007, para realizar mi proyecto final de carrera sobre telemedicina en zonas rurales. Ello me permitió visitar durante algo más de un mes distintas comunidades de la cuenca del río Napo. Conocí a comunidades shipibo y tuve mi primer contacto con la ayahuasca y la práctica de la medicina tradicional. Mi camino no ha sido el chamanismo, pero desde aquel momento desarrollé un profundo respeto por las tradiciones indígenas y su conocimiento ancestral.

Tras terminar mis estudios de ingeniero y trabajar unos años como tal, me di cuenta de que debía seguir realmente mi vocación y hacer caso de todas las señales y experiencias que había tenido hasta aquel entonces. Decidí cambiar por completo de campo profesional y dedicarme a la psicología, la psicoterapia y los estados no ordinarios de consciencia. Así que volví a la universidad para estudiar Psicología. Me licencié en 2012, abrí mi consulta privada y seguí formándome en terapia integrativa, terapia breve estratégica y otras disciplinas.

En 2012 empecé también a colaborar con ICEERS (International Center for Ethnobotanical Education, Research and Service). Mi tarea era apoyar a las personas que nos contactaban por correo electrónico y por teléfono. Recibíamos todo tipo de preguntas acerca del uso de sustancias psicoactivas, así como relatos de dificultades tras experiencias complejas con ayahuasca y otras sustancias. Creamos un servicio de apoyo que entonces se llamaba «Help Center» y posteriormente fue el «Servicio de integración y apoyo». En este servicio he atendido a lo largo de los años a más de 700 personas que necesitaban algún tipo de apoyo, tanto en la preparación como en la integración de sus experiencias.

Tuve la suerte también de poder formarme en psicoterapia asistida con MDMA en 2015 en un seminario al que fui invitado por MAPS y que impartieron Michael y Annie Mithoefer. Y unos años después empecé a trabajar como terapeuta en un estudio con psilocibina para tratar la depresión mayor, en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. Así pude tener una visión más metódica y científica de lo que implica la investigación en esta disciplina.

Cuento esto con la intención de ilustrar cómo mi propia historia es un ejemplo de la integración progresiva de mis experiencias a lo largo de más de quince años. Sólo con el tiempo he podido materializar algunas de las realizaciones que ocurrieron en esas singulares horas.

A lo largo de la última década, la necesidad de integración de las experiencias psiquedélicas se ha convertido en una cuestión de interés creciente. Y de una forma no premeditada he ido especializándome en ello, a través de mi experiencia en mi consulta privada, mi labor como facilitador de Respiración Holotrópica y el trabajo en el servicio de integración de ICEERS.

El campo de la integración es un campo muy joven y está poco desarrollado. Si bien utilizamos muy a menudo el concepto «integración», cada terapeuta tiene su propia idea de qué significa y cómo hay que llevarla a cabo. Utilizamos una misma palabra para prácticas y concepciones totalmente dispares. Además, no hay libros que traten específicamente sobre integración ni escuelas que aborden esta parte de la terapia psiquedélica. Si uno quiere aprender sobre integración, ¿a dónde acude? Ésta era una pregunta que me habían hecho a menudo en mis charlas. Por esto me pareció adecuado tratar de resumir y sistematizar mi modo de comprender la integración en un libro y que pudiera servir de inspiración para que otras personas siguieran desarrollando este campo. Pensaba que tenía mucho conocimiento que aportar y que mi cabeza estaba llena de buenas y novedosas ideas.

Me tomé unos meses sabáticos y me fui de viaje. Una tarde me encontraba en el Bodhi Zendo, un monasterio zen en Tamil Nadu, en India. Estaba leyendo un texto de Ramakrishna y encontré el concepto de yoga-brashtas, «los caídos del yoga». Sorprendentemente, su descripción era muy similar a una de las situaciones problemáticas en integración que yo venía denominando «experiencias repetidas sin integración». Esto, por un lado, me emocionó, al ver validadas mis observaciones independientes, pero por otro lado me hizo poner en duda la novedad de mis aportaciones. Ese texto me hizo replantear todo el libro. Más que simplemente contar mis reflexiones acerca de la integración, debía primero ver qué es lo que se había escrito en el pasado sobre esto que denominamos «integración».

A la vuelta de mi viaje, empecé una documentación tan exhaustiva como me resultó posible. Consulté libros clásicos sobre terapia psiquedélica, así como artículos científicos desde los años cincuenta y textos de tradiciones espirituales. Buscaba en estos textos referencias específicas a prácticas de integración o cualquier tipo de conocimiento relacionado. En la literatura psiquedélica abundan las descripciones de la fenomenología de las experiencias, así como metodologías para conducir sesiones con sustancias y descripciones de métodos de investigación y sus resultados. Sin embargo, las prácticas terapéuticas llevadas a cabo durante las sesiones de preparación e integración resultan mucho más crípticas. Así que mi lectura de la literatura se focalizó principalmente en comprender la conceptualización de la integración y las prácticas específicas.

El resultado de esta tarea de documentación me dejó con una sensación tanto de asombro como de humildad. Muchas de las ideas que pensé haber descubierto en mis años de trabajo práctico estaban descritas en textos de hacía más de cincuenta años, o incluso formaban parte de aspectos formales de tradiciones espirituales milenarias.  

Por tanto, más que contar lo que yo pensaba acerca de la integración, decidí que la prioridad de este libro debía ser mostrar sus múltiples facetas e interpretaciones y honrar el trabajo de los pioneros que vinieron antes. Además, presentaría también mi propia versión de ello y la sistematización de mi trabajo terapéutico en los últimos años.  

Este libro contiene una perspectiva psicológica y terapéutica, así como una perspectiva espiritual. Hay también algunas tangentes históricas, que personalmente me parecen apasionantes. He tratado de ser descriptivo y preciso a la vez que ameno, y deseo que las incongruencias que pueda haber a lo largo de esta peculiar síntesis sean fuente de curiosidad y reflexión, más que un engorro durante la lectura.

En el primer capítulo hago un repaso histórico de las escuelas psicolíticas y psiquedélicas, haciendo un especial énfasis en su particular visión de la integración.

El segundo capítulo contiene una reflexión acerca de qué es la integración y sus necesidades, dimensiones e implicaciones. Con ello, pretendo proporcionar elementos para una concepción más compleja y comprensiva de la integración.

El tercer capítulo es algo más técnico y el lector no interesado puede saltárselo. Contiene conceptos teóricos útiles para comprender la intervención terapéutica de una forma más amplia y pretende ser una síntesis de distintas escuelas de pensamiento. Las incoherencias que pueda haber en este capítulo son responsabilidad mía, no de las escuelas que describo. Soy consciente de que el contenido de este capítulo puede generar cierta polémica y resistencias en aquellos lectores que sean terapeutas. Mi modelo teórico ha estado en constante evolución y sigue estándolo, así que lo que describo no pretende constituir una visión finalista, sino una muestra de las reflexiones actuales acerca de qué modelos teóricos utilizar para aproximarnos a la intervención terapéutica.

El capítulo cuarto se centra en las prácticas de maximización de beneficios y puede resultar útil tanto para terapeutas como para legos. Se describen distintas herramientas que pueden utilizarse en los procesos de integración de experiencias que no han implicado dificultades específicas. Se describen también algunos riesgos de la no integración.

En el capítulo quinto he tratado de hacer una revisión acerca de los efectos adversos que pueden producirse tras experiencias psiquedélicas. Por un lado, presento distintas visiones que varios pioneros tuvieron cuando analizaron este fenómeno. Y, por otro lado, presento mi propia clasificación, basada en la experiencia clínica de los últimos años.

El capítulo sexto, de nuevo bastante más técnico, consiste en una descripción de distintas intervenciones terapéuticas que han resultado útiles en los procesos en los que he trabajado. En él puede encontrarse también la evolución de mi método terapéutico, que ha ido variando a lo largo de los años y sigue todavía en evolución. De nuevo, pretende ser más una inspiración que un manual de intervención.

A lo largo de todo el texto, se pueden encontrar también casos clínicos, así como dibujos, mandalas y otras expresiones artísticas de pacientes, que espero puedan ayudar a ilustrar mejor el contenido teórico expuesto.

Apreciado lector: quiero expresar mi más sincero agradecimiento por tu interés en este libro. Espero que te resulte tan emocionante leerlo como para mí ha sido el proceso de escribirlo.  

Marc Aixalà 

Sitges, mayo de 2020 

Agradecimientos 

Tras meses de trabajo, miro hacia atrás y quiero mostrar mi gratitud a todas aquellas personas que han contribuido a este libro o que de alguna u otra forma han hecho que pudiera ser una realidad.

Mi más profundo agradecimiento a la fundación ICEERS y a los compañeros con los que tengo el honor de trabajar y compartir experiencias vitales. Todos sin excepción son personas singulares que me inspiran continuamente con sus conocimientos, sus inquietudes y su forma de vivir en concordancia con sus valores y principios. Agradezco también en especial los esfuerzos y paciencia de Benjamin de Loenen y de todo el equipo para que yo pudiera disponer de los recursos y el tiempo para dedicarme a este proyecto. ICEERS no sólo es un ejemplo de trabajo bien hecho, sino también de valores humanos, respeto e integridad. Y eso es posible gracias a todas las personas que forman parte de ella. Jamás hubiera imaginado un contexto como ICEERS en el que poder llevar a cabo mi labor, con flexibilidad, seriedad y buen humor. Gracias también a Genís Oña, por su revisión y comentarios del capítulo primero.

Quiero expresar mi admiración por José Carlos Bouso, amigo, mentor y referente, cuyos conocimientos, humildad y dedicación constituyen una fuente constante de inspiración. José Carlos es sin duda un pionero en muchos campos y es un honor para mí cada minuto compartido con él. Sin su apoyo, muchas de las experiencias que me han permitido escribir este libro no habrían ocurrido jamás y seguramente hoy no sería ni la persona ni el profesional que soy. José Carlos me facilitó el acceso a la formación de MAPS de psicoterapia asistida por MDMA y fue quien permitió que participara como terapeuta en un ensayo clínico de psilocibina para el tratamiento de la depresión. Por ello, por su minuciosa revisión del manuscrito y por muchas otras cosas, quedo siempre en deuda con él y le muestro eterno agradecimiento por la confianza que siempre ha depositado en mí.

Este libro no habría sido posible sin la generosa donación de la fundación Francisco Javier Crespo Royo. Gracias a su apoyo, he podido trabajar con tranquilidad y dedicación en este proyecto. Mi gratitud especial hacia Pat Escudero por su generosidad y confianza, pues fue ella quien propuso esta colaboración. Sin ella, este libro no habría llegado jamás a ser una realidad.

Mis profesores y maestros de Respiración Holotrópica han desempeñado un rol crucial en mi vida. Me han respaldado en mi proceso personal y me han enseñado con paciencia y ejemplo impecable el arte de apoyar a personas en estados no ordinarios. Sus enseñanzas permanecerán siempre conmigo y ojalá que mi trabajo se encuentre alineado con los valores y actitudes que me han transmitido y pueda ser motivo de satisfacción para ellos. Mi sentido agradecimiento a Tav Sparks, Jean Farrell, Diana Medina, Nienke Merbis, Juanjo Segura, Sitara Blasco y Stan y Christina Grof.

Mención especial merecen Juanjo Segura y Sitara Blasco, que además de maestros han sido amigos y mentores en distintas etapas de mi vida y sin ellos no estaría donde estoy ahora. Es un honor compartir y aprender a su lado y constituyen siempre un ejemplo a seguir. Gracias a Sitara por las valiosas horas de edición, correcciones, supervisión y comentarios acerca de las ideas expuestas en este libro.

Débora González, además de una buena amiga, es una investigadora apasionada. Gracias a ella, he podido trabajar en contextos en los que jamás hubiera imaginado. Su tesón y calidez en el estudio que llevamos a cabo para el tratamiento del duelo complicado nos permitieron superar las dificultades del proyecto. Muchos de los aprendizajes de aquellos meses y las experiencias que he tenido con ella en nuestro viaje por la Amazonía brasileña han inspirado partes de este libro.

Toni Piera, Víctor Amat, Agustí Camino y M.ª José Pubill, cada uno a su manera, despertaron mi interés en formas no convencionales de terapia y me enseñaron a trabajar con personas con una actitud de curiosidad, respeto y pasión. Les debo mucho en cuanto a mi praxis clínica y desarrollo intelectual.

Muchos de los conocimientos que se reflejan en este libro me han sido transmitidos por terapeutas, psicólogos, facilitadores y chamanes que he conocido a lo largo de los años. Su trabajo en primera línea con personas y grupos en los que se realizan sesiones y ceremonias me ha permitido confrontar los aspectos teóricos de mi trabajo con realidades prácticas. Gracias a ello, he podido alcanzar mayor comprensión acerca de las necesidades tanto de quien ofrece el trabajo como de quien lo recibe. Mi sincero agradecimiento a estas personas, que en las presentes circunstancias deben permanecer anónimas.

Un agradecimiento especial va dirigido a todas aquellas personas con las que he podido compartir mi trabajo y, si Dios quiere, he podido ayudarlas en su sufrimiento. A todos los pacientes del servicio de integración y apoyo de ICEERS, todos los participantes en las sesiones de Respiración Holotrópica, los participantes en los estudios clínicos y todas aquellas personas que en algún momento han confiado en que mi trabajo podía aportarles mayor bienestar. Desde luego, este libro no existiría sin cada uno de ellos y quedo eternamente agradecido por su confianza y coraje.

Y a mi amada compañera Marina, que ha estado pacientemente a mi lado durante todas las horas de trabajo, con su sonrisa, una taza de té caliente en los fríos días de invierno, un paseo por la playa cuando necesitábamos aclarar nuestra cabeza y un sinfín de momentos bonitos que quedan en la memoria. Eres la mejor compañía del mundo.

Marc Aixalà 

Sitges, octubre de 2020 

CAPÍTULO 1

Orígenes y evolución de la integración

«Quizás el futuro nos enseñe a influir en forma directa, por medio de sustancias químicas específicas, sobre los volúmenes de energía y sus distribuciones dentro del aparato anímico. Puede que se abran para la terapia otras insospechadas posibilidades».

Sigmund Freud (1940) 

«We are the latest of generations of experimenters who, from before the dawn of history, in every part of the world, have sought for means by which a man could alter, explore, and control the workings of his own mind, thus enlarging his experience of the universe».[7]

Humphry Osmond (1957) 

ORÍGENES DE LA INTEGRACIÓN: LAS PSICOTERAPIAS PSICOLÍTICA Y PSIQUEDÉLICA

Los primeros experimentos con sustancias psicoactivas en la cultura occidental moderna los realizó el psiquiatra francés Moreau de Tours a finales del siglo XIX en su estudio del hachís, el cloroformo, el éter, el opio y las solanáceas. Por ello, se le considera uno de los padres de la psicofarmacología. Estas sustancias se utilizaron con la intención de inducir el trance hipnótico, así como los barbitúricos se utilizaron en el llamado «narcoanálisis» para tratar los conflictos reprimidos y sobre todo la «neurosis de guerra» (Passie, 1997), una categoría diagnóstica precursora del trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Más adelante, en los años veinte del siglo XX se llevaron a cabo experimentos con sustancias psiquedélicas, que por aquel entonces se conocían como Phantastica (Lewin, 1924), principalmente la mescalina (Bentall, 1990; Passie, 1997; Carhart-Harris y Goodwin, 2017). Los dramáticos efectos de la mescalina suscitaron un gran interés inicial en describir sus efectos específicos y la fenomenología de la experiencia, aunque no se entendía todavía como una manifestación de fenómenos intrapsíquicos, sino como meros efectos farmacológicos. Pronto aparecieron las primeras intuiciones acerca del potencial de estas sustancias en el contexto clínico (Beringer, 1927) y psicoanalítico (Baroni, 1931).