Ironía y sarcasmo - Roger Kreuz - E-Book

Ironía y sarcasmo E-Book

Roger Kreuz

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Beschreibung

Una biografía de dos palabras problemáticas. ¿No es irónico? ¿O lo es? No importa, solo estoy siendo sarcástico (¿o no?). La ironía y el sarcasmo son dos de las palabras más mal utilizadas, aplicadas y entendidas en nuestro léxico conversacional. En este volumen de la serie Conocimientos esenciales de MIT Press, el psicolingüista Roger Kreuz desarrolla un esclarecedor y conciso panorama de la historia de estos dos términos, mapeando su evolución desde la filosofía griega y la retórica romana hasta la crítica literaria moderna y los emojis. Kreuz describe ocho formas diferentes en las que se ha utilizado la ironía a lo largo de los siglos, desde la ironía socrática hasta la dramática y la cósmica. Explica que la ironía verbal —ironía tal como se entiende tradicionalmente— se refiere a afirmaciones que significan algo diferente (con frecuencia lo contrario) de lo que se pretende literalmente e incluye el sarcasmo dentro de este concepto. También define los requisitos previos para la ironía y el sarcasmo (uno de los cuales es un marco de referencia compartido); aclara qué no es ironía (coincidencia, paradoja, sátira) y qué sí puede serlo (entre otras cosas, una forma socialmente aceptable de expresar hostilidad); expone algunas formas en que las personas pueden señalar sus intenciones irónicas; y considera las dificultades de la ironía en internet. Finalmente, se cuestiona si el hecho de que la palabra ironía aluda a tantos fenómenos diferentes hará que las personas dejen gradualmente de usarla y entonces el sarcasmo quede a cargo de sus deberes verbales.

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Seitenzahl: 218

Veröffentlichungsjahr: 2024

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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural

Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile

[email protected]

www.ediciones.uc.cl

IRONÍA Y SARCASMO.

MIT Press / Conocimientos esenciales

ROGER KREUZ

© 2020 Massachusetts Institute of Technology

Inscripción N° 2023-A-9407

Derechos reservados

Agosto 2023

ISBN 978-956-14-3112-6

ISBN digital 978-956-14-3113-3

Traducción: English UC Language Center

Ilustración de portada: Joaquín Rosas Sotomayor

Diseño y diagramación: versión productora gráfica SpA

CIP - Pontificia Universidad Católica de Chile

Kreuz, Roger J., autor.

Ironía y sarcasmo / Roger Kreuz. Serie de conocimientos esenciales de MIT Press.

Incluye bibliografía.

1. Ironía y sarcasmo.

I. t.

II. Irony and Sarcasm. Español.

2020 123.5 + DDC23 RDA

La reproducción total o parcial de esta obra está prohibida por ley. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y respetar el derecho de autor.

Diagramación digital: ebooks [email protected]

CONTENIDOS

Prólogo de la serie

Agradecimientos

Introducción

Capítulo 1:Algunos conceptos preliminares

Capítulo 2:Los tipos de experiencia irónica

Capítulo 3:Condiciones previas para la ironía

Capítulo 4:Condiciones previas para el sarcasmo

Capítulo 5:Lo que no es ironía

Capítulo 6:Lo que puede ser ironía

Capítulo 7:Ironía de los signos

Capítulo 8:La ironía en el mundo digital

Capítulo 9:

PRÓLOGO DE LA SERIE

La serie Conocimientos esenciales de MIT Press ofrece libros accesibles, concisos y atractivos sobre temas de interés actual. Escritos por destacados pensadores, los libros de esta colección entregan una visión general de expertos sobre los más variados temas que van desde lo cultural e histórico a lo científico y técnico.

En la era actual de información instantánea, accedemos fácilmente a opiniones, racionalizaciones y descripciones superficiales, mientras que el conocimiento fundamental que brinda una comprensión del mundo basada en principios es mucho más difícil de encontrar. Los libros de esta serie satisfacen esta necesidad. Al sintetizar conceptos especializados para un público no experto y abordar temas críticos a través de sus fundamentos, cada uno de estos volúmenes compactos ofrece a los lectores un punto de acceso a ideas complejas.

BRUCE TIDORProfesor de Ingeniería Biológica e InformáticaInstituto de Tecnología de Massachusetts

AGRADECIMIENTOS

Durante las últimas tres décadas, he tenido conversaciones con amigos y colegas sobre la ironía verbal y el sarcasmo que me han beneficiado muchísimo. Me gustaría agradecerles, en particular a Herb Clark, Sam Glucksberg, Jeff Hancock, Albert Katz y Penny Pexman. También estoy especialmente en deuda con mis antiguos y actuales estudiantes de postgrado, con quienes he realizado investigaciones sobre la ironía. Este grupo incluye a Gina Caucci, Megan Dress, Alex Johnson, Max Kassler, David Kovaz, Kristen Link Logan, Debbie Long, Monica Riordan y Richard Roberts. En lo que respecta a este libro en particular, Alex, Gina y Richard tuvieron la amabilidad de leer los borradores del manuscrito y hacer sugerencias y pequeñas correcciones cuando fue necesario. Probablemente debería haber escuchado sus consejos más a menudo de lo que lo hice.

También me gustaría darle las gracias a Phil Laughlin, del MIT Press, por darme la oportunidad de escribir un libro sobre la ironía. Phil, aprecio mucho tu apoyo incondicional. También tengo que darle las gracias a William Henry por haber editado mi manuscrito de una manera tan hábil. Para terminar, hubo cuatro revisores anónimos que me dieron retroalimentación detallada y útil (y no, no estoy siendo sarcástico).

INTRODUCCIÓN

Este libro es la biografía de una palabra problemática. Si bien es cierto que “Ironía” es un término que todo el mundo utiliza y parece entender, es un concepto notablemente difícil de definir. Al igual que el personaje de Winona Ryder en la comedia romántica de 1994 La dura realidad, cuya incapacidad para describir la ironía le cuesta una entrevista de trabajo, la reconocemos cuando la vemos, pero nos cuesta explicarla. Peor aún, pareciera que el mismo término se utiliza para describir cosas muy diferentes. Es más, buscar la definición en el diccionario, el clásico consejo de mamá, puede confundirnos aún más.

La ironía no es una palabra solitaria, pasa mucho tiempo en compañía de un pariente turbio con una reputación dudosa. De hecho, la naturaleza de su relación es confusa. El sarcasmo podría considerarse el gemelo malvado de la ironía. Aunque tal vez sea mejor describir su parentesco como el de hermanos o simplemente primos. El sarcasmo también tiene dos caras y una tendencia a la hostilidad y el humor. La revista estadounidense Psychology Today ha caracterizado el sarcasmo como “uno de los peores destructores de la intimidad”1.Por otro lado, un artículo reciente del periódico estadounidense Washington Post describía el sarcasmo como una característica deseable en las parejas románticas2.También se le ha descrito como la forma más simple de ingenio y la forma más elevada de inteligencia. Esta observación se ha atribuido a menudo a Oscar Wilde; irónicamente, no aparece en su obra publicada. No obstante, capta muy bien el yin y el yang del sarcasmo.

La ironía no es una palabra solitaria, pasa mucho tiempo en compañía de un pariente turbio con una reputación dudosa.

Ejemplos que ilustran la confusión que existe entre ambos términos aparecen regularmente en las noticias y en la cultura popular. Un presidente estadounidense publica un tuit con la frase “¿No es irónico?” y es ridiculizado por usar mal el término. Cuando lo critican por agradecerle a Rusia por expulsar diplomáticos de las embajadas estadounidenses de ese país, asegura que estaba siendo sarcástico. Un dictador norcoreano prohíbe el sarcasmo dirigido a él y a su régimen porque teme que la gente solo esté de acuerdo con él de manera irónica. Una canción sobre la ironía es objeto de burla porque su letra contiene ejemplos que no son irónicos. Y un personaje de una de las series más populares de la televisión es un físico brillante que no entiende el sarcasmo. En resumen, podemos encontrar confusión sobre la ironía y el sarcasmo en casi todas partes.

Como veremos, el término “ironía” se ha aplicado a diversos fenómenos a lo largo del tiempo y, como etiqueta, se ha ampliado para dar cabida a varios sentidos nuevos. Pero ¿pertenecen todos ellos realmente al mismo paraguas conceptual? ¿En qué se diferencia exactamente la ironía del sarcasmo, así como de conceptos afines como coincidencia, paradoja, sátira y parodia?

El filósofo Ludwig Wittgenstein propuso que los miembros de una categoría comparten un parecido familiar; es decir, los miembros de una familia se parecen más entre sí que a otros que no forman parte de su clan3.No todos los miembros de una misma familia comparten la misma nariz, orejas o mentón. Puede que no todos tengan la misma estatura o complexión. Pero tendrán una serie de similitudes que, en su conjunto, sugieren fuertemente que un determinado individuo forma parte de una familia concreta.

Wittgenstein utilizó originalmente la noción de parecido familiar para dar sentido a conceptos problemáticos como “juegos”. El número de jugadores, las reglas, el equipo y la puntuación pueden variar mucho, pero aun así nos referimos al solitario, al póquer, al ajedrez y al fútbol como miembros de una misma categoría: juegos. Podemos aplicar convenientemente una lógica similar para desentrañar el concepto de ironía en sus múltiples formas4.Este enfoque también puede ayudarnos a diferenciar fenómenos que a menudo se consideran relacionados con la ironía.

El parecido familiar puede ayudarnos a entender por qué, por ejemplo, tiene sentido referirse a determinadas situaciones y construcciones verbales como irónicas. Y puede ayudar a explicar por qué ciertos fenómenos no irónicos, como la paradoja, la sátira y la parodia, se caracterizan a veces como miembros de la familia de la ironía. Para Wittgenstein, la pertenencia a una categoría es probabilística y no absoluta. Por lo tanto, si un miembro que no pertenece a la familia posee varios atributos característicos del concepto, es muy probable que se genere un error de identidad. Uno de los objetivos del libro es identificar los atributos que constituyen un parecido familiar con el concepto de ironía.

Esta obra también examina la investigación empírica que se está realizando sobre la ironía y el sarcasmo. El sarcasmo, en particular, es un tema de investigación para los psicólogos experimentales y los lingüistas, porque esclarece muchos aspectos importantes de la buena y mala comunicación. Saber por qué las personas deciden expresarse de esa manera y cómo manifiestan estas intenciones, enriquecerá enormemente nuestra comprensión del lenguaje y el comportamiento.

La historia de la ironía es fascinante y tiene una gran diversidad de matices. Abarca la filosofía griega antigua y la retórica romana, así como la crítica literaria moderna y los estudios sobre los medios de comunicación. También ha evolucionado y se ha adaptado, pasando de ser una figura verbal a tener formas escritas y digitales. Además, como actitud, sigue siendo admirada y denostada a la vez. En resumen, su naturaleza polifacética puede decirnos mucho sobre lo que significa ser humano.

ROGER KREUZMarzo, 2019Memphis, Tennessee

CAPÍTULO 1

Algunos conceptos preliminares

Lenguaje no literal

Usamos la ironía verbal y el sarcasmo para decir cosas que no queremos decir literalmente. Aunque los estudiosos debaten el significado de la palabra “literal”, para nuestros propósitos la definiremos como un lenguaje simple, directo y sin ambigüedades. Un mensaje literal no requiere ningún contexto adicional para entenderse y no tiene ningún motivo o intención escondidos que debamos inferir. El mensaje es el mensaje. Dos y dos son cuatro.

A primera vista, podría parecer que el lenguaje literal sería la forma ideal de comunicación: es claro, fácil de entender y es poco probable que se malinterprete. Sin embargo, si solo empleáramos el lenguaje literal, la comunicación carecería de matices, insinuaciones, humor y giros poéticos. La comunicación sería simple, pero también increíblemente aburrida. Los giros no literales, al igual que la variedad, son la chispa de la vida y del lenguaje.

Si solo empleáramos el lenguaje literal, la comunicación carecería de matices, insinuaciones, humor y giros poéticos.

De hecho, la ironía verbal no es más que un ejemplo dentro de una familia mucho más amplia de formas discursivas que se desvían del significado literal. Este lenguaje figurado o no literal ha sido objeto de estudio durante milenios. Tradicionalmente, era terreno de la poesía y la crítica literaria. Más recientemente, se ha convertido en un tema de investigación para los científicos cognitivos y los lingüistas computacionales. En su conjunto, estos giros se denominan figuras retóricas y constituyen una parte importante de la disciplina moderna de la retórica. Debido a esta rica y variada historia, se ha desarrollado un vocabulario extraordinariamente denso para catalogar las múltiples formas que puede adoptar dicho lenguaje. Se han descrito y estudiado muchas docenas, y posiblemente cientos, de estas figuras.

Afortunadamente, no necesitamos tener en cuenta todas esas figuras retóricas para lograr nuestros objetivos. Muchas de ellas, como la aliteración, tienen un carácter principalmente ornamental. Podríamos sustituir una frase como “mi mamá me mima” por “mi mamá me consiente” sin cambiar su significado. Sin embargo, es la repetición de sonidos en la primera expresión lo que hace que la frase sea notable o memorable.

El objetivo de esta sección es destacar solo las formas de lenguaje no literal que se desvían del significado literal del hablante. Este es el atributo que estas formas de lenguaje comparten con la ironía verbal y muchas se utilizan al servicio de la ironía. Por lo tanto, antes de continuar, será útil presentar el elenco de formas figurativas a las que se asocia frecuentemente la ironía.

Comencemos con la metáfora. Una afirmación como “La conferencia fue un somnífero” no es literalmente cierta: un discurso no es un medicamento. Pero la frase tiene sentido si asignamos un atributo destacado de los somníferos (que inducen a la somnolencia) al concepto de las conferencias, con lo que se quiere decir que la lección fue excesivamente tediosa o aburrida. En el caso de la metáfora, esa comparación es implícita. Podemos lograr un truco similar utilizando un símil pero en este caso la comparación es explícita, como en “La conferencia fue como un somnífero”.

En otros casos, una declaración puede aludir a algo de una manera más arbitraria. Los modismos son expresiones como “ser pan comido” o “pedir peras al olmo”, por mencionar dos ejemplos relacionados con la comida. No tienen una conexión obvia con sus referentes, como algo que es fácil de conseguir o pedir algo imposible, pero sin embargo se han asociado a ellos. De la misma manera, frases como “irse al patio de los callados”, “pasar a mejor vida” o “estirar la pata” son eufemismos que utilizamos para evitar hablar directamente de temas desagradables, como la muerte.

En lugar de afirmar que A es B o que A es como B, el lenguaje no literal también puede estirar la verdad de otras maneras. Este tipo de lenguaje puede hacer que los atributos de algo, como sus dimensiones o su duración, sean mayores o menores de lo que realmente son. Una clienta sedienta que visita un restaurante, al contar su penuria, podría afirmar que tuvo que esperar “un millón de años” antes de que el mesero le trajera agua. Esta forma de lenguaje no literal recibe diversos nombres, como exageración e hipérbole. Decir lo contrario también es una táctica frecuentemente empleada. Alguien que comenta que un tren va “un poco atrasado” cuando en realidad lleva varias horas de retraso estaría empleando eufemismo. Esta forma de lenguaje no literal también recibe otros nombres, como meiosis y lítotes.

Luego tenemos las preguntas que no son realmente preguntas. Una afirmación como “¿No hace calor aquí?” puede funcionar literalmente como una observación sobre la temperatura. Sin embargo, estos comentarios suelen ser solicitudes para que alguien haga algo, como abrir una ventana. En idiomas como el español, las peticiones indirectas —como “¿Sabes qué hora es?” o “¿Me puedes pasar la mostaza?”— son formas educadas de dar órdenes. Otras preguntas aparentes son preguntas retóricas como “¿Cuántos años tienes, tres?” o “¿Quién te crees que eres?”. En estos casos, el hablante está expresando su frustración o molestia y no espera (o desea) otra respuesta que no sea una disculpa.

Otra forma de lenguaje no literal es la antífrasis, que consiste en decir lo contrario de lo que se quiere decir literalmente. Aunque esto se aplica a muchos casos de ironía verbal y sarcasmo, es importante señalar que estos términos no son sinónimos. Muchos enunciados irónicos no significan lo contrario de lo que se dice literalmente, cuestión sobre la que volveremos más adelante. Además, no todos los ejemplos de antífrasis son irónicos. Cuando alguien expresa una queja a una compañera de trabajo afable y esta le responde “¡cuéntamelo todo!”, lo que realmente pretende es lo contrario (es decir: no me lo cuentes). La antífrasis, sin embargo, no es irónica; la persona que responde está empleando una expresión convencional para expresar su aprobación y quizás su solidaridad. Del mismo modo, una afirmación como “¡No está mal!” es una forma rutinaria de declarar que algo es bastante bueno. No tiene mucho sentido categorizar “No está mal” y otras expresiones similares como irónicas; podemos caracterizarlas con más precisión como ejemplos de antífrasis o eufemismo o incluso como clichés. La verdadera ironía implica otras condiciones previas e intenciones, como veremos en capítulos posteriores.

¿Guías para los perplejos?

Diccionario: opinión expresada como verdad en orden alfabético.

—John Ralston Saul, Diccionario del que duda (1994)

Como veremos en el próximo capítulo, el término ironía y sus variantes se han utilizado, a lo largo del tiempo, para referirse a una serie de conceptos diferentes. Estas distinciones de significado son a veces sutiles y también son cambiantes. Es razonable suponer, por tanto, que los lectores curiosos y los escritores cuidadosos buscarán orientación en obras de referencia como los diccionarios. Los escritores y periodistas profesionales pueden ir más allá y consultar guías de estilo que ofrecen sugerencias sobre el uso para publicaciones específicas, como revistas y periódicos. En general, estos libros de referencia son extremadamente útiles, pero en el caso de conceptos resbaladizos como la ironía, encontramos una considerable variación en la cuota de orientación que proporcionan. Una de las razones de esta discrepancia tiene que ver con dos escuelas de pensamiento que compiten entre sí sobre el propósito de estos libros.

Todo el mundo tiene un sentido intuitivo sobre el uso adecuado del lenguaje al hablar y escribir, por muy nebuloso que sea ese concepto. Este sentido nos lleva a pensar que una forma estandarizada y correcta de la lengua puede codificarse en una obra de referencia como un diccionario. Las personas que tienen opiniones firmes sobre este asunto se denominan prescriptivistas: creen que el propósito de los diccionarios es pronunciarse sin ambigüedades sobre el uso adecuado de las palabras. La tarea del lexicógrafo, por lo tanto, debe ser decretar lo que es correcto y estándar y excluir lo que es dialéctico y coloquial y lo que no es gramatical y estándar.

En general, los diccionarios elaborados hasta mediados del siglo XX eran de carácter prescriptivo y los usos que se percibían como no estándar se señalaban claramente como tales. Un buen ejemplo es el tratamiento tradicional de “francamente”. Su uso correcto se decretó como un adverbio que significa “con franqueza”, como “Habló francamente conmigo”. Sin embargo, su uso como adverbio de frase, en el sentido de “honestamente” (“Francamente, lo detesto”) se ha considerado no estándar y algo que se debe evitar. Un problema obvio con tales distinciones es que muchos tipos de uso no estándar, como el empleo de “francamente” como adverbio de frase, son extremadamente comunes y son utilizados por un gran número de personas cultas.

Un cambio en el campo de la lingüística ha empujado a los practicantes de la disciplina en una dirección diferente. En lugar de decidir lo que la gente debe decir y escribir, muchos lingüistas creen que su objetivo debe ser documentar y describir cómo la gente usa el lenguaje y cómo este uso cambia con el tiempo. Esto se llama descriptivismo y es un anatema para los que se inclinan por el prescriptivismo. Los prescriptivistas sostienen que el descriptivismo supone abdicar de la responsabilidad lingüística, rendirse a las fuerzas de la subjetividad y el relativismo y claudicar ante los bárbaros que pretenden degradar alguna forma pura de la lengua.

El debate entre prescriptivistas y descriptivistas pone a los lexicógrafos en una posición incómoda. ¿Deben seguir desempeñando su papel tradicional de guardianes lingüísticos y decidiendo imparcialmente cómo se debe usar el lenguaje? ¿O deberían aceptar la lengua como un organismo vivo y cambiante? En resumen, ¿deben considerarse árbitros o biólogos?

En la lengua inglesa, los primeros pasos hacia una lexicografía más descriptiva los dio G & C Merriam, editor de la principal obra de referencia no abreviada del inglés estadounidense. Su Nuevo Diccionario Internacional publicado en 1934, era un tomo tradicionalmente prescriptivo. La empresa dedicó varios años a preparar una revisión y la publicación del Nuevo Diccionario Internacional Webster en 1961 terminó en controversia. Los prescriptivistas consideraron la nueva obra como excesivamente permisiva, en parte porque se habían eliminado muchas de las notas de uso de la edición anterior, como “coloquial” e “impropio”. Las críticas dieron lugar a un intento por parte del editor de American Heritage de comprar Merriam para corregir estos errores. El fracaso de ese esfuerzo condujo a la aparición de un competidor, The American Heritage Dictionary of the English Language (AHD), publicado por primera vez en 1969. A diferencia del diccionario Merriam, American Heritage convocó a un panel de uso compuesto por destacados escritores, editores y académicos. El diccionario contiene varios centenares de notas de uso basadas en encuestas a este grupo. Otros editores de diccionarios se sitúan a medio camino entre los enfoques descriptivo y prescriptivo en sus propias obras de referencia.

En consecuencia, la información que se ofrece sobre palabras como ironía varía considerablemente según el diccionario. Los lectores que busquen “ironía” en AHD encontrarán varias definiciones, seguidas de una nota de uso de casi doscientas palabras, junto con datos del panel de uso del diccionario. La segunda edición del The Random House Webster’s Unabridged Dictionary (1987) ofrece una nota extensa que distingue entre ironía, sarcasmo y sátira, pero no cita a ningún experto para las sugerencias de uso. Las obras de referencia producidas por Merriam (ahora conocido como Merriam-Webster) suelen ofrecer ilustraciones de uso real, pero poca información adicional.

Pero ¿qué pasa con el diccionario de inglés más completo, el Oxford English Dictionary (OED) de varios volúmenes? Su primera edición se publicó por partes a lo largo de cuatro décadas y media, de 1884 a 1928. En 1989, se publicó una segunda edición con cuatro volúmenes de material nuevo. A lo largo de la década de 1990, se publicaron tres volúmenes de suplementos. En el año 2000, se empezó a trabajar en una tercera edición, una revisión completa que solo estará disponible en línea. Esta historia es relevante para considerar el tratamiento de la ironía en el OED, porque la sección que contiene palabras que van desde “inválido” hasta “judío” se publicó originalmente en diciembre de 1900. En consecuencia, el núcleo del OED en la edición de 1989 —el conjunto de veinte volúmenes que se encuentra en la mayoría de las bibliotecas— tiene más de un siglo de antigüedad. Ofrece al lector muchos ejemplos de obras literarias, pero ninguna guía de uso. El volumen complementario de 1993 añade una definición y ejemplos de ironía dramática. La actual edición en línea, disponible mediante subscripción pagada, fue revisada completamente en septiembre de 2013, e incluye una nota de uso que admite que “la aplicación precisa del término ha variado con el tiempo y sigue siendo objeto de mucho debate”.

¿Las guías de estilo, como las publicadas por el New York Times o Associated Press, ofrecen alguna sugerencia útil sobre cómo tratar la ironía y los términos relacionados con ella? Por definición, estas guías son prescriptivas, ya que definen un estilo interno particular o abogan por una norma específica. Estas guías de estilo tienen una larga historia en inglés, desde las opiniones exageradamente prescriptivas de H. W. Fowler, que se encuentran en su Dictionary of Modern English Usage5hasta las de su heredero intelectual, Bryan Garner6. Sin embargo, Garner reconoce que el lenguaje es un organismo vivo y que los criterios de aceptabilidad pueden cambiar con el tiempo. En su guía, emplea un índice de cambio lingüístico de cinco puntos para asignar puntuaciones a los casos de elección de palabras, que van desde “rechazado”, pasando por “generalizado”, hasta “totalmente aceptado”. Además, sus puntuaciones se basan en datos lingüísticos objetivos y verificables.

Estas diversas definiciones y sugerencias de uso aparecerán en las secciones pertinentes de los capítulos siguientes. Francamente, espero que el contexto que he proporcionado aquí facilite la comprensión tanto de la utilidad como de los inconvenientes de utilizar obras de referencia para contener un concepto tan rebelde como la ironía.

CAPÍTULO 2

Los tipos de experiencia irónica

La ironía ha significado y significa tantas cosas diferentes para diferentes personas que rara vez hay una coincidencia de opiniones en cuanto a su sentido particular en una ocasión determinada.

—Jonathan Tittler, Approximately Irony (1985)

Enfrentarse a la ironía parece tener algo en común con recoger la niebla; hay mucho que agarrar si tan solo se pudiera.

—D. C. Muecke, The Compass of Irony (1969)

¿Qué significa referirse a una persona, una situación o una afirmación como irónica? En este capítulo, describo ocho formas diferentes de utilizar el término “ironía”. Como veremos, aunque estas formas de ironía se refieren a una amplia variedad de fenómenos diversos, comparten un conjunto de atributos que se superponen y crean un parecido de familia.

Ironía socrática

SÓCRATES: ¡Vaya, Hipias! ¿Podrías, por favor, no reírte de mí, si comprendo con dificultad lo que dices y te pregunto repetidamente? Intenta contestarme afable y complacientemente.

—Platón (atribuido), Hipias Menor

El filósofo griego Sócrates (aprox. 470-399 a. C.) es bien conocido como figura histórica, aunque no plasmó sus ideas en ningún medio escrito. Su principal mérito es haber protagonizado los diálogos (conversaciones ficticias) escritos por su alumno Platón. En muchas de estas obras, Sócrates realiza una extensa disquisición sobre un tema concreto, como la retórica (Gorgias) o la justicia (Crito, República). Aunque Sócrates utiliza varios estilos argumentativos en los diálogos, es bien conocido por una estrategia en particular: afirmar que desconoce un tema en particular para sacar a relucir las suposiciones y creencias de su interlocutor. En algunos casos, su afirmación de ignorancia puede haber sido genuina. En otros, sin embargo, parece que Sócrates solo fingía estar desinformado. Es esta táctica retórica la que se conoce como ironía socrática.

Las referencias a Sócrates y a la ironía aparecen varias veces en los escritos de Platón. En uno de los diálogos, Calicles amonesta a Sócrates por “intentar atrapar a la gente con palabras” y por ser irónico7.En otro, Trasímaco se refiere con desprecio a la “acostumbrada ironía” de Sócrates y afirma “[tú] harías todo más que contestar, si alguno te preguntaba”8.En el relato de Platón sobre los discursos pronunciados en un banquete, un Alcibíades borracho acusa a Sócrates de haberse pasado la vida “jugando a su pequeño juego de ironía y riéndose de todo el mundo”9.Y en muchos pasajes a lo largo de los diálogos, los efusivos elogios de Sócrates a sus interlocutores pueden leerse como una adulación falsa e irónica. Parece justo concluir que los demás personajes de los diálogos de Platón no estaban enamorados de esta estrategia oratoria.

Otro tipo de conexión entre Sócrates y la ironía aparece en los escritos de Aristóteles, alumno de Platón. En el libro 4 de la Ética a Nicómaco que data del año 350 a. C., Aristóteles habla de las virtudes morales. Compara al hombre veraz con dos tipos opuestos. Uno de ellos es el fanfarrón que exagera sus capacidades (alazón). El otro tipo es la persona excesivamente modesta y humilde que resta importancia a sus proezas (eíron). Estos dos tipos eran bien conocidos en la antigua Grecia, ya que representan personajes comunes que aparecían con frecuencia en obras de teatro cómicas, como las escritas por Aristófanes. En estos entretenimientos, el alazón engreído es a menudo derrotado por el ingenio y la astucia del modesto eíron. (Un ejemplo moderno del alazón sería el trabajador postal de la serie de televisión Cheers, mientras que el eíron lo ejemplifica Norm Peterson, su amigo y compañero de bar10).

En su descripción del eíron