Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
"Claudio logra en este libro sumergirnos en el mundo del juego. Sin duda alguna, el juego es fundamental para el aprendizaje y desarrollo. Es necesario en el momento actual resignificar el juego en la vida adulta y en la vida del trabajo para darle mayor cabida como catalizador del desarrollo de habilidades individuales y grupales. Es justamente este último el principal aporte de Claudio, que nos lleva a recorrer un camino que va desde las teorías que explican el rol y la importancia del juego en nuestro desarrollo, al role-playing, los Legos, los juegos para empresas, la Play y ¡hasta las criptomonedas! Es un libro escrito con toda la esperanza de alentar a jugar más" (Paula Molinari, fundadora y presidenta de Whalecom. Docente en la Escuela de Negocios de la UTDT. Autora del bestseller El Salto del Dueño).
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 309
Veröffentlichungsjahr: 2024
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Claudio Guz
¿Jugamos?
Transformando empresas a través del juego
Claudio Guz
¿Jugamos? : transformando empresas a través del juego / Claudio Guz. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Temas Grupo Editorial, 2024.
Libro digital, Amazon Kindle
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-8387-84-0
1. Creatividad. 2. Juegos. I. Título.
CDD 790.19
© Claudio Guz, 2024
© TEMAS Grupo Editorial SRL, 2025.
Cerrito 136 Piso 3°A. Ciudad Autónoma de Buenos Aires C1010AAD. República Argentina Teléfonos: (5411) 4381.1182 o 4383.6336www.editorialtemas.com
ISBN 978-987-8387-84-0
1ra. edición, septiembre de 2025
Comité TEMAS Grupo Editorial
Dirección : Jorge Scarfi
Supervisión general: Betiana Cabutti
Diagramación editorial: Editorial Autores de Argentina
Conversión a formato digital: Numerikes
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723 Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este libro en cualquier forma y medio sin previo permiso por escrito de los autores y/o titulares de Copyright.
Cubierta
Portada
Créditos
Prólogo
Prefacio
Introducción
La historia lúdica personal
Trabajar menos y jugar más
Jugar es play
Las reglas que ponen orden
Las reglas del juego según Graciela Scheines
El concepto de juego según Bernard Suits
La teoría del juego de Roger Caillois
Jugar en la vida cotidiana
Ganar y perder
Subir o bajar, ¿quién sabe?
El juego en la educación
Aprendizaje basado en juegos
Emociones y pensamiento en juego
Experimento de Damásio sobre lesiones cerebrales y toma de decisiones
Estudio de Ledoux sobre la vía rápida y lenta del miedo
Estudio de Loftus sobre la influencia de las emociones en la memoria
Estudio de Bargh sobre priming inconsciente
Sesgos cognitivos
Trabajar o jugar
Problemas en juego
Los miedos en la toma de decisiones
Pensamiento flexible
Flexibilidad cognitiva
Disposición al cambio de las personas flexibles
Ventajas respecto de la flexibilidad:
Hay seis tipos de pensamientos relacionados con el pensamiento flexible
El juego de los emprendedores
¿Cómo se relaciona el ser emprendedor con jugar?
Miedo a emprender
Fracasar es parte del juego
Análisis organizacional
Dinámica de las organizaciones
La organización como plataforma
La organización como juego
Posiciones claves para ganar
Agilidad en juego
Beneficios para las organizaciones
Digital mindset y las emociones
Juegos digitales de impacto cognitivo
Las habilidades que se pueden mejorar jugando a estos juegos, son las siguientes:
Humor y juegos
Metodologías y herramientas
Fotografía en juego
Juego serio con lego
Psicología de los videojuegos
Aprendizaje experiencial
El juego de roles
Juegos y criptomonedas
Final del juego
Agradecimientos
Bibliografía
Sobre este libro
Sobre Claudio Guz
Tabla de contenidos
Conocí a Claudio Guz hace algunos años, en ocasión de su interés por cursar una Maestría en Psicología Organizacional. Luego de una extensa conversación me quedó una sensación clara: Claudio era un apasionado del conocimiento.
Adicionalmente, la conclusión de aquel encuentro dejó un halo de paradoja: Claudio quería estudiar psicología organizacional, pero en sus relatos ya mostraba profundas intuiciones sobre ese objeto de estudio, que parecían derivar más de viajes intelectuales de vuelo propio que de lecturas académicas cristalizadas.
Conforme seguí conociéndolo fui corroborando aquellas impresiones. Hasta que supe que planeaba escribir un libro sobre el juego.
Acudió a mi mente una ocurrencia anticipatoria sobre el carácter que, a mi juicio, transmitiría su proyecto. Para Claudio el conocimiento era un juego apasionante. Y el juego era una puerta capaz de conducir a múltiples realidades. Una sed de conocer en clave de disfrute. De eso trata su libro.
“¿Jugamos?” es una invitación a compartir cómo la pasión lúdica representa una llave hacia el conocimiento en todos sus ámbitos y niveles. El juego es la columna vertebral de ese viaje. Para Claudio el juego está omnipresente en el trabajo, en el aprendizaje, en los emprendimientos, en las decisiones, en la política y en la vida misma. Este libro nos recuerda también el hilo invisible entre el niño que alguna vez fuimos y el adulto que no renuncia a la pasión infantil de jugar.
“¿Jugamos?” nos conduce a un vertiginoso viaje donde los guías son la curiosidad, la exploración la y la creatividad.
A medida que avanzamos en el texto, descubrimos cómo el juego enlaza con nuestra vida cotidiana, nuestra educación, nuestras decisiones y nuestras emociones.
Con una prosa clara y amena, se abordan múltiples manifestaciones del juego, incluyéndose tópicos heterogéneos y fascinantes como la relación entre juego y trabajo, juego y vida cotidiana, la naturaleza lúdica de la pasión emprendedora, el rol del juego en la educación, la psicología del juego, el entramado que enhebra emociones y pensamientos con el juego, los juegos digitales, la importancia del juego en el aprendizaje organizacional, el significado de ganar y perder, los juegos de la vida, etc.
Como suele ocurrir en otras obras auténticas, Claudio Guz le imprime un tono autobiográfico a sus exploraciones, mostrando al lector la trama que conduce desde el goce infantil de sus primeros juegos hasta su puesta en valor en su vida profesional.
Finalizaré este prólogo con dos citas que aplican al perfil de Claudio Guz.
En el prólogo de “El Principito”, Antoine de Saint Exupéry, recuerda la frase de un amigo: “Todos hemos sido niños alguna vez, pero pocos lo recuerdan”. Claudio representa un claro ejemplo de ese selecto grupo que siempre alberga al niño que alguna vez fue.
En “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, la exquisita mente ficcional de Jorge Luis Borges nos revela un rasgo definitorio de los habitantes de un universo mítico: “Los metafísicos de Tlön no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro”. Mientras se lee “¿Jugamos?”, se asisten a dos posibles asombros: el que parece animar cada frase del texto escrita por Claudio y el que surge en la mente de quien lo lee. Asombros que, en este caso, parecen también alineados con la búsqueda de la verdad y la utilidad del paisaje que se presenta.
FEDERICO GONZÁLEZ
Profesor de Psicología General en la
Facultad de Psicología de Universidad de Buenos Aires (UBA).
Creador y Director de la
Maestría en Psicología Organizacional de la Universidad Abierta Interamericana (UAI)
“En el juego, y quizá” solo en él, el niño o el adulto están en libertad de ser creadores.”
Hace varios años atrás conocí el significado de la palabra Polisemia. La misma hace referencia a aquello que posee múltiples y posibles significados. Desde luego que el juego es sin duda de los fenómenos más polisémicos, rizomáticos y multifacéticos que existen. No sólo por la amplitud de acepciones, nociones o significados que posee, sino también por la gran posibilidad de construir otros sentidos posibles, hacer trastabillar cualquier orden, poner en tensión incluso el orden establecido de las cosas para ensayar modos de estar, hacer, sentir y pensar.
Basta darse el permiso para zambullirse, en palabras de Claudio, en el “Circulo Encantado”, para que cualquier universo que esté al alcance de lo que nuestra imaginación nos permita se haga presente.
La obra que tenés en tus manos es realmente polisémica, coral y variada. Una fiel representación de quien la escribe.
Con Claudio nos conocimos jugando a conversar, puntapié que dio apertura a una yuxtaposición de miradas y concepciones acerca del juego de la vida que se propusieron danzar al son de una melodía común: la lúdica. En la misma podía vislumbrarse cómo su recorrido, experiencia, sabiduría, curiosidad y, en palabras de Pavía: Espíritu de travesura, propio de quien juega y se la juega, alimentaban mucho del contenido que recorre las páginas de este libro.
Emprender la aventura de escribir sobre el juego y el jugar es un acto de valentía, ya que todo intento de definirlo, conceptualizarlo, abarcarlo o encapsularlo implica alejarse de aquello que lo caracteriza. Por lo cual, resulta interesante el riesgo al que se entrega Claudio al aproximarse al mundo del juego desde una amplia variedad de puntos de vista y campos del saber, que invitan a quienes se entreguen a la odisea de leerlo a contagiarse de ganas por seguir expandiendo acepciones vinculadas a dicho fenómeno.
El juego en las organizaciones, en la educación, en la salud, en los vínculos, en las capacitaciones, los juegos de palabras, de pensamiento, de poder, de ingenio, de estrategia, de negociación, los juegos digitales, cómicos, matemáticos, finitos e infinitos, biografía lúdica son sólo algunos de los tópicos que encontrarán en este escrito donde dialogan los constructos de autores actuales y clásicos de la temática en conjunto, con el siempre nutritivo posicionamiento que Claudio aporta.
Tanto para quienes estén interesados en aproximarse a los estudios sobre el juego y el jugar como para quienes deseen profundizar desde una óptica variada y multidisciplinar, este libro tiene valor para aportar. En sus páginas abundan conceptualizaciones, experiencias de vida, citas bibliográficas, ejemplos de juegos, siendo cada frase una posibilidad de aprendizaje y una motivante invitación para “abrir la puerta para salir a jugar” al juego más estimulante, misterioso y sorpresivo. Un juego al que nadie puede jugar por nosotros. Un juego que requiere hacernos partícipes, protagonistas y responsables. Un juego que siempre trae consigo, cuando se está disponible y atento, alguna enseñanza: EL JUEGO DE LA VIDA.
Como todo juego, siempre es más interesante, potente, desafiante y convocante cuando se puede compartir con otros. Aquí Claudio nos comparte pistas, posibilidades de acción, preguntas estimulantes, estrategias y caminos factibles de ser explorados, para que en cada partida nos volvamos mejores jugadores, encontrando así, en palabras de Scheines: Rumbo, llenado y orden frente a la deriva, el caos y el vacío.
La invitación está hecha, las fichas están repartidas, el tablero de juego está a disposición, solo cabe hacer una pregunta: ¿Jugamos?
ADRIEL MONTERO
Licenciado en Educación y Recreólogo
Facilitador de procesos de aprendizaje y capacitación utilizando herramientas lúdicas y no convencionales.
Coach Ontológico profesional y Agile Coach avalado por ICF
“El trabajo es un juego para las personas que aman lo que hacen”
La elección del título de este libro está inspirada en la doble interpretación y el sentido de la pregunta: ¿Jugamos?
Por un lado, está dirigida hacia los otros y a su vez, nos hace pensar en nosotros mismos. Puede ser interpretada como una invitación: ¿Querés jugar conmigo? ¿Jugamos? Así como dicen los niños, que sin conocerse cuando se encuentran en una plaza, se acercan unos a otros y se invitan a jugar. ¿Los adultos hacemos esto?
Asimismo, es un cuestionamiento, un desafío: ¿Jugamos? ¿En verdad jugamos lo suficiente? ¿Cuánto tiempo repartimos entre trabajo y juego? Y entendamos que el juego es el tiempo para disfrutar, para divertirse, para la creatividad y el placer, por eso, el título de la obra puede tener múltiples miradas. La idea es pensar juntos cómo manejamos la relación entre el juego y el trabajo en nuestras vidas. ¿Jugamos lo suficiente en la cotidianeidad o vivimos preocupados por los temas laborales y económicos? ¿Le brindamos espacio al juego? Considero al juego a toda actividad placentera, creativa, tema que abordaremos más adelante en profundidad.
También me interesa plantear la idea de “juego” como tiempo libre. Me gusta la canción de María Elena Walsh que dice: “Quiero tiempo, pero tiempo no apurado, tiempo de jugar que es el mejor”. El tema hace referencia al tiempo que le dedicamos a las distintas actividades porque nuestra jornada, mayormente, está ocupada por lo laboral. ¿Qué pasa si no le dedicamos un espacio a la recreación? Dejamos de crear, de jugar. No se puede ser creativo si no se juega. La creación es el resultado de un acto lúdico. También el trabajo puede ser un acto creativo. Si un escritor tiene como trabajo sentarse a escribir todos los días, lo puede ver como un trabajo y también como un juego porque eso sucede cuando disfruta de lo que hace en su vida diaria. Cuando el trabajo es algo pesado, aburrido, impuesto, pierde su característica de juego. El acto creativo tiene una condición fundamental: la libertad, y esto es lo que genera que el trabajo se convierta en juego porque cada día que comienza se ve como una oportunidad de hacer algo nuevo. Pensemos en esos casos de personas que estuvieron privadas de su libertad, por ejemplo, en un campo de concentración y aun así encontraban un motivo para seguir porque había algo que no le habían apresado: la imaginación. Imaginar. Jugar. Volar. ¿Cómo no hacerlo nosotros, si otros en condiciones inhumanas lo realizaron? ¿Cómo no poder librarse de un trabajo esclavizante teniendo todos los medios y las condiciones para hacerlo? Y les pregunto, ¿cuánta de nuestra energía está destinada al disfrute? Sucede que el juego está relacionado con algo improductivo, con un ocio que nada aporta, pero ¿es el juego una actividad no productiva? Definitivamente, no. El juego me atraviesa y me transforma, me hace superar obstáculos, me hace crecer. Por eso, la intención de este libro es que te lleve a replantearte o a interpelarte sobre la importancia del “juego” en la vida porque, como bien siempre decimos, la vida en sí misma es un juego. Debido a que nadie sabe cuál es el sentido de la vida, pues elijamos este sentido: ¡Vinimos a este planeta para Jugar!
¿Cómo está organizado este libro?
Te cuento que contiene cada capítulo, para que puedas entender que vas a encontrar en ellos:
Comienza con un capítulo acerca de La historia lúdica personal que ayuda a comprender los elementos fundacionales de nuestra historia para evaluar cómo jugamos, desde qué lugar cada individuo juega y de qué forma los juegos que disfrutamos de jóvenes nos marcan e impactan en nuestra vida adulta.
Luego, en Trabajar menos y jugar más, vamos a comenzar a responder la pregunta del título para evaluar el lugar que destinamos al juego y al trabajo en nuestra vida.
En la sección siguiente: Jugar es play, iremos a definir las características del juego desde el punto de vista de la educación, la psicología y la filosofía. Veremos que cantar, dibujar, actuar, escribir, investigar y cualquier otra actividad creativa es una forma refinada del juego. Vamos a hablar acerca de la diferencia entre gamificación y aprendizaje basado en juegos, tema central de esta obra.
En la sección: Las reglas que ponen orden, iremos a conocer a Johan Huizinga, Graciela Scheines, Bernard Suits y Roger Caíllos, cuatro referentes claves en el desarrollo del esquema conceptual de la actividad lúdica.
Jugar en la vida cotidiana nos ayuda a descubrir el juego en cada actividad diaria y a repasar las categorías que Eric Berne define en su libro “Los Juegos que la gente Juega”.
Veremos que Ganar y perder son parte del juego pero que todo depende de cómo nos posicionemos. Se puede Perder y Ganar al mismo tiempo. Haremos la distinción entre Juegos Finitos y Juegos Infinitos y comenzaremos a descubrir el Juego de la vida.
La educación ha adoptado el juego por ser el medio básico y fundamental de la forma en la cual aprendemos. En este capítulo tomamos a Winicott, desde el enfoque psicológico, que nos va a hablar del objeto transicional. También aquí traemos a Vygotsky con su teoría del espacio de desarrollo próximo.
Uno de los temas centrales de esta obra, es el Aprendizaje basado en juegos. En esta sección me ocupo de definirlo con diez características fundamentales que luego iremos relacionando con las organizaciones, la filosofía ágil y el mindset digital.
Existe en el mundo académico una controversia en relación al tema de las emociones y los pensamientos con respecto al orden de aparición entre ellos: ¿quién condiciona a quién?, ¿quién aparece primero? Intentaremos hablar de eso en este capítulo trayendo evidencia científica de una postura y de la opuesta.
¿Trabajar o jugar? Esa es la cuestión. En esta sección veremos en qué se parecen y en qué se oponen.
Resolver problemas es una habilidad fundamental para cualquiera, ya sea en el ámbito laboral o personal. Durante años ha sido seleccionada por el foro económico mundial como una habilidad clave para triunfar.
Los miedos en la toma de decisiones nos permiten comprender la dificultad que aparece al momento de la toma de decisiones por la cantidad de temores involucrados en ella. Tomar decisiones es clave ya que de ello depende el futuro de nuestras acciones y el desarrollo de nuestra vida.
Pero no todo está perdido, aún con las dificultades en la resolución de problemas y los “errores” que podamos cometer al decidir. Si trabajamos para reforzar el Pensamiento flexible podremos corregir el rumbo y aprender de cada tropiezo.
Ese tema lo vamos a expandir en la sección en la que hablamos del mundo de los emprendedores porque todo lo dicho anteriormente se pone en juego al emprender.
Podemos tomar la decisión de emprender un proyecto o decidir ser parte de una organización. Por ello, es importante entender el juego que se juega en las empresas. En esta sección vamos a presentar un modelo de análisis organizacional para poder fundar un esquema desde el cuál evaluar y corregir las acciones.
Todos queremos triunfar. Para ello hay que ocupar posiciones claves para ganar. Saber cómo moverse, qué piezas jugar, qué actitudes tener, qué estrategia es la adecuada para cada juego. En esta sección daremos ejemplos de esto.
Agilidad en juego: en este capítulo vamos a presentar los fundamentos del Manifiesto Agile y una infografía que permite relacionar estos fundamentos con aquello que presentamos en la sección del aprendizaje basado en juego.
Muchos se preguntan ¿cuáles son los beneficios de introducir la ludificación en las organizaciones? En esta sección presentamos algunas respuestas.
Luego llegamos a uno de los capítulos centrales de esta obra ya que tiene una relación directa entre cuatro dominios claves: Los juegos, el mindset digital, las emociones y la filosofía ágil.
Mi trabajo de tesis en la maestría de Psicología Cognitiva está resumido en el siguiente capítulo llamado: “Juegos digitales de impacto cognitivo”.
El tema de Psicología de los videojuegos es el resultado de una conversación que mantuvimos con Nicolas Crescenzi, docente de “Taller de diseño conceptual de videojuegos” e “Historia de los juegos y videojuegos”.
A continuación, vamos a conocer varias herramientas lúdicas y distintas metodologías: Points of You®, Lego Serious Play®, Mta Learning.
Por último, veremos la relación del juego con las criptomonedas. ¡Que lo disfrutes!
“Vivir es jugar, y el juego es trabajar el alma.”
Frecuentemente, les pregunto a las personas acerca de los juegos que les apasionaba jugar cuando eran niños.
¿A qué jugaban? ¿Cuáles eran sus juegos y juguetes preferidos? Esos a los que les dedicaban muchas horas hasta perder la noción del tiempo. Luego, los invito a pensar de qué forma pueden relacionar esos juegos con las actividades que realizan en la actualidad. ¿Cómo impactaron esos juegos en su forma de ser? ¿Cómo se relacionan con su vocación, con la carrera que eligieron, con sus trabajos, con sus temas preferidos, con sus hobbies?
Te invito a hacer una pausa en la lectura, dedicar unos minutos de tu tiempo ahora, cerrar los ojos y tratar de recordar cómo te sentías jugando a esos juegos. ¿Con quién jugabas? ¿Dónde lo hacías? ¿Por qué lo disfrutabas?
Luego podés releer las preguntas del párrafo anterior y buscar tus propias respuestas. ¿Cómo influyeron en tu vida? El resultado de este ejercicio puede ser a veces sorprendente y revelador.
Una vez, en una reunión de trabajo con un cliente, le hice esta pregunta al grupo y uno de los participantes, luego de pensar durante unos minutos, quedó perplejo y me dijo: “Yo jugaba muchas horas al juego ‘Buscando a Wally (o Waldo)’, ese libro en el cual había que encontrar al joven de anteojos, sombrero y remera a rayas naranjas, dentro de un escenario lleno de objetos. ¿Sabés a qué me dedico ahora en el banco en el cual trabajo? Soy gerente de auditoría, me ocupo de buscar a ‘Wally’ en los reportes y los informes que investigo”. Ese comentario y el descubrimiento fueron maravillosos.
Yo mismo recuerdo las horas que compartía con mi abuelo, por las tardes, jugando con los naipes españoles en la mesa del comedor a la escoba del 15, al truco, al tute cabrero y al tute remate.
Este último juego, similar a las bazas o al bridge, consistía en: calcular, en el momento de repartir las cartas, cuántos puntos cada uno pensaba que podría alcanzar en la jugada. Había un palo de la baraja que era el “triunfo”, se podía cantar “las 40”, hacer “capote”, ganar “las 10” de última. Tenía muchas formas de sumar puntos y dependía de muchas variables. Había que calcular y especular en forma rápida cuántas manos uno pensaba que iba a ganar y cuántos puntos iban a sumar al final. Había que pensar también una estrategia para lograrlo y dependía mucho de quién iba a comenzar lanzando la primera carta.
Recuerdo a mi abuelo por los días y las horas que nos pasábamos jugando a ese juego. Me di cuenta, muchos años después, cómo me había servido para aprender matemática y cultivar mi amor por los juegos de estrategia.
También recuerdo el juego de Experimentos de química, el Cerebro mágico, el Estanciero, el Mecano, la colección de autitos Matchbox, las piezas de mis ladrillos, los soldaditos de plástico, y una gran variedad de juegos de cartas y de tablero, como el juego de la oca, el ludomatic, el dominó, las damas y el ajedrez.
De cada uno de estos juegos aprendí distintas habilidades. El Mecano me enseñó intuitivamente los principios de la mecánica y de la física. En especial, cuando armé un avión, lo quise probar, se estrelló contra la ventana de mi habitación y rompió el vidrio en mil pedazos. Ahí comprobé que el metal no atraviesa el vidrio y mi mamá se dio cuenta de que yo no iba a ser piloto comercial ni astronauta.
Con los experimentos de química, mezclaba distintas sustancias, ácidos y alcalinos. Recuerdo que traía tubos de ensayo y papel tornasol que podían medir el pH. Alguna vez, mezclando cosas, me dio una terrible erupción en la mano. La química, como profesión, también quedó descartada.
Mi hermana un día recibió de regalo una muñeca que tenía un botón, el cual, al presionarlo, accionaba un mecanismo que pronunciaba ciertas frases. Decidimos llamarla Lucy, “la muñeca que habla”. Mi espíritu de investigador fue más fuerte que el respeto a la intimidad de Lucy. Así que, con destornillador en mano, me dispuse a descubrir cómo funcionaba aquello. Ya podrán imaginarse cómo terminó la historia. Por ende, descartamos la medicina como profesión e incorporamos algo de psicología para explicarle a mi hermana por qué Lucy estaba ofendida y ya no quería hablar más con ella.
A partir de ahí, mi viejo me puso un nuevo apodo: “RompeTuti”.
Ese apodo fue clave, luego, en los primeros años laborales ya que, al salir de la secundaria con mi flamante título de “Técnico en electrónica”, comencé a trabajar en una empresa en el área de servicio técnico de computadoras. Profesión a la que dediqué muchos años de mi vida.
Cuando estaba en la secundaria, recibí una invitación del director de mi escuela primaria para participar un verano como coordinador de un grupo de chicos en una colonia de vacaciones en la ciudad de Córdoba.
¡Mi primera experiencia en el manejo de grupos! ¡Qué emoción! ¡Mi primer trabajo a los quince años! (qué loco el que me dejó hacer esto).
A partir de allí, comenzó mi otra vocación: el trabajo en educación no formal y la aplicación de juegos de dinámica grupal.
Esos fueron años en los cuales mi vida tuvo dos escenarios. Uno, dentro de la escuela técnica ORT, estudiando para recibirme de técnico en electrónica y el otro, mi trabajo en el centro juvenil durante los fines de semana.
Hacíamos actividades de educación no formal, campamentos y juegos. Fueron años de enorme aprendizaje.
A los diecinueve años, estando en el último año de la escuela secundaria, ingresé a la escuela de Psicología Social de Enrique Pichón Riviére. Mi satisfacción fue enorme cuando encontré un marco teórico que le daba soporte a muchas de las vivencias que ya estaba experimentando de forma intuitiva.
Desde chiquito fui muy curioso. Me gustaba la naturaleza, el espacio exterior y ya leía los libros de editorial Sigmar: 100 preguntas y respuestas sobre el cuerpo humano, 100 preguntas y respuestas sobre la naturalezay el espacio exterior. Eran libros infantiles, pero traían temas de biología, de física, de astronomía; amaba todo lo que tuviese relación con las naves espaciales y los planetas.
Era muy curioso con todo en general. De hecho, desarmaba todo lo que podía para entender los mecanismos y ver cómo era por dentro.
Cuando elegí la secundaria me decidí por una escuela técnica y quise estudiar electrónica ya que, me gustaba mucho experimentar, manejar herramientas. Desde ahí pase de ser un “RompeTuti” a un “ArreglaTuti”. Ahora, a veces, soy como “MacGyver”: me das un escarbadientes, la gotita y te arreglo cualquier cosa.
Apenas salí del secundario, con el título de Técnico en Electrónica, trabajé durante un tiempo en servicio técnico en una empresa que se llama NCR (tenía los cajeros automáticos en la década del 80). Mi tarea consistía en reparar la computadora del centro de cómputos (no existían las computadoras personales). Aquí fue cuando me empezó a gustar mucho la computación.
¿Cómo llegué a los juegos? A partir de los dieciséis años me dediqué a trabajar con grupos, a desarrollar actividades con juegos. Por ejemplo, agarraba los billetes del Estanciero e inventaba un juego de intercambio de valores; comprar y vender aspectos de tu ser.
Llevaba a los chicos de campamento y los hacía hacer macramé, batik en la remera, juegos scouticos. Siempre estaba inventando juegos.
Cuando tenía dieciocho años, en 1978, gané una beca para viajar durante todo un año a un curso de liderazgo en Israel, más precisamente a Jerusalém. Para mí fue una experiencia increíble porque pasaba de estar en un país bajo una dictadura militar a vivir en otro que era libre, en el que se podía decir lo que vos quisieras, en donde se podía salir a cualquier lado. Mis papás estaban lejos. Por lo tanto, tenía la posibilidad de hacer lo que quería. En este curso tomé una materia de juegos.
Después de muchos años pude volver a lo que realmente me gustaba. Dejé lo tecnológico y retomé aquello que hacía cuando era más joven.
Para cerrar esta sección, te planteo que esta lectura sea un diálogo. Si bien no puedo escucharte ahora, trataré de imaginar tus respuestas y así compartir un tiempo juntos en el cual iremos aprendiendo, profundizando y también jugando.
“El juego y el trabajo son dos palabras que describen la misma cosa, bajo diferentes aspectos.”
Hace mucho tiempo que estoy promocionando la idea de “Jugar más y trabajar sólo lo necesario”. He intentado en estos últimos años tener una jornada laboral de cuatro días y dejar tres días para el fin de semana. Para alguien workaholic como yo no ha resultado nada fácil.
Con la irrupción de la pandemia del Covid, el mundo laboral sufrió un impacto significativo y han sido varios los paradigmas que se pusieron en tela de juicio.
El primero de estos paradigmas es el de relacionar el trabajo con un espacio físico. Decimos “voy a la oficina”, “voy al negocio”, “estoy yendo al trabajo”. En realidad, no siempre “estar” en el trabajo es “estar trabajando”. El trabajo siempre fue un lugar, un espacio al cual debemos viajar, entrar y salir. El caso más significativo es la tarjeta que marca el horario. Si no estamos ahí, no trabajamos, estamos “ausentes”.
En el caso de los trabajos digitales estar trabajando es estar conectados. Ya no importa en qué lugar nos encontremos, sino que podemos hacerlo desde cualquier sitio.
El segundo paradigma tiene que ver con el horario de trabajo. En cualquier entrevista laboral se pregunta acerca de este tema. El trabajar tiene una hora inicial y una hora final. Fuera de eso, somos dueños de nuestro tiempo. Si queremos hacer algo distinto en el horario laboral debemos solicitar autorización. La transacción es cambiar tu tiempo por dinero. No importa lo que pase en ese tiempo.
Con la pandemia y el trabajo remoto podíamos estar trabajando a la madrugada o altas horas de la noche ya que, estábamos en nuestra casa. Los horarios se hicieron más flexibles y pasamos a ser dueños de nuestro tiempo.
El tercer paradigma que se rompe es la relación uno a uno, empleado empleador. Los trabajos digitales han permitido que se pueda trabajar para varias empresas a la vez, trabajando part-time, algunos días para uno, algunas horas para otro.
Otro de los cambios que nos trajo la globalización y la transformación digital es que se puede trabajar para empresas de otros países. Si uno trabaja desde la casa y se comunica por medios digitales, poco importa si la empresa está en la esquina de tu casa o a diez mil kilómetros de distancia.
Las empresas y los empleados han descubierto algo ya sabido desde siempre. Las horas que uno trabaja no son productivas al cien por cien. Hay mucho tiempo dentro del horario laboral que está destinado a otras tareas no productivas, pero sí muy importantes para las relaciones y el vínculo entre los colaboradores.
Ese ha sido el shock más fuerte del trabajo remoto. ¿Dónde han quedado los encuentros en la cafetería, las charlas de pasillo y las reuniones interminables para discutir temas superfluos o súper importantes?
Creo que hay otro paradigma que en algunos países ya se está comenzando a cuestionar y que está relacionado con la semana laboral de cinco días. ¿Para qué trabajamos cinco días a la semana?
En la Biblia dice que Dios trabajó seis días y el séptimo descansó. De ahí viene el Shabat. En Israel se trabaja los domingos y lo llaman el día “primero” de la semana. El viernes es llamado día seis.
En El Nuevo Testamento, la resurrección de Jesucristo ocurrió un domingo, algunos cristianos consideran que este día es especial y lo observan como el “Día del Señor”. Por lo tanto, la tradición cristiana, a lo largo de los siglos, ha llevado a muchos a abstenerse de trabajar los domingos, como una forma de honrar y observar el día de reposo.
¿Y qué pasaría si también incluimos a los musulmanes en nuestra fórmula y dejáramos de trabajar los viernes?
Tendríamos una semana laboral de cuatro días y tres de fin de semana. Imagínense cuántas nuevas actividades y emprendimientos se crearían para ese tercer día de fin de semana. Podríamos tener más tiempo de calidad con nuestros hijos, más salidas al aire libre, más tiempo de recreación. Más tiempo para jugar y trabajar sólo lo necesario.
En los cuatro días de trabajo se produciría lo mismo que en cinco actuales. No bajaría la productividad, sino que podríamos usar más la inteligencia artificial y los robots para que nos saquen de encima las actividades rutinarias y pesadas.
De hecho, los robots hace tiempo que se han incorporado en varias industrias productivas. A nadie le importó demasiado si los obreros estaban siendo reemplazados por robots durante tantos años.
En estos últimos tiempos, con la irrupción de la inteligencia artificial generativa de ChatGPT y otras plataformas, se han puesto a la defensiva otros niveles de trabajadores más sofisticados: los profesionales. Abogados, médicos, consultores, ingenieros, periodistas, programadores, desarrolladores web y especialistas en marketing. La inteligencia artificial ahora puede resolver problemas y ayudar a profesiones que antes eran intocables.
En lo referente al juego, se cree que cuando una persona no juega significa que algo está pasando y esto se aplica tanto para chicos como para adultos. En general, los adultos dicen que jugar es cosa de chicos. En realidad, el juego no tiene edad, se puede jugar hasta el último día que uno vive y esto está relacionado con la vergüenza, con el qué dirán.
Sin embargo, existe un fenómeno observable que tiene lugar cuando una persona va por la calle y ve un bebé. No es extraño que cambie la forma de hablar y hasta se mimetice con la del bebé. Eso no le provoca vergüenza, está como socialmente establecido. Lo mismo cuando se pone un disfraz porque nadie sabe quién está debajo de este y permite ocultar la vergüenza. En cierto modo está jugando.
De hecho, cuando somos chicos y vamos al jardín, vamos a jugar, no a estudiar. Pinto, recorto, canto y ese es el estudio del jardín de infantes: el juego. Me enseñan a compartir, a relacionarme con otros, a poder esperar, a no pegar, puro aprendizaje social.
En cambio, cuando vamos a la primaria, el juego queda relegado para el recreo. Acá tenemos tiempo de estudiar y de jugar. En el aula se estudia y en el patio se juega, se separan las dos cosas. Aparece así la primera disociación de lo lúdico y lo serio. En el patio corro, juego a las cartas, a las figuritas, y en el aula me siento derechito, escucho a la maestra y no me distraigo (estoy exagerando un poco ya que la educación primaria utiliza muchas actividades lúdicas en el aula)
Ya en el secundario esto del juego pasa a ser prácticamente nulo. En el recreo ni siquiera se juega, sólo se habla, quizá se juega, pero muy poco. El recreo pasa a ser el tiempo sin estudio y el juego desaparece. En la universidad desaparece del todo.
Observamos que en el sistema educativo hay un proceso para relegar el juego. Es muy raro en la universidad ver jugar a alguien en el pasillo porque no condice con el estatus de universitario y se lo relaciona con el crecimiento y con la madurez. El juego ya queda relegado para el fin de semana, para las salidas con los amigos, las actividades lúdicas fuera del sistema educativo. Hoy en día los adolescentes encuentran el juego en el celular, en la play, o en cualquier juego electrónico. Estos son juegos solitarios, no grupales, salvo en los que se conectan y juegan en red.
Conforme nos volvemos adultos, el juego está prohibido. Tu jefe en el trabajo te dice: “Acá no se viene a jugar sino a trabajar. Si quiere jugar vaya a su casa”. Sin embargo, los juegos en el trabajo existen. Por ejemplo, las empresas tecnológicas implementaron un área de juegos para los empleados, tal es el caso de Google, Facebook y tantas otras. Esto fue tremendamente exitoso porque aumentaba el rendimiento de los colaboradores. Otra opción de juegos es mediante la intervención del departamento de Recursos Humanos o consultores externos que organizan diferentes actividades; pasar un día al aire libre, el amigo invisible, un día de “ team building”, aventuras de liderazgo, etc.
Muchos creen que el juego no es productivo y acá incurren en un error. Sobre todo, las empresas de ingeniería o más duras que ven al juego como algo no contributivo al logro de los objetivos organizacionales y que terminan quemando las cabezas de los colaboradores. De hecho, existe el síndrome del burn out. Este podría evitarse si se implementaran el juego, de eso no tengo dudas. Por eso, podemos decir que el aspecto lúdico en las organizaciones proporciona una gran variedad de beneficios. Más adelante dedicaré todo un capítulo a este tema.
“La vida es más divertida si juegas a juegos.”
En función de la edad, de la técnica y de los encuadres específicos, el juego posee determinadas características y finalidades propias. Dentro de una vasta lista de cualidades se pueden enumerar las siguientes:
Funciona como fenómeno transicional (Winnicott)Facilita la preparación para las competencias futuras (Brown)Se maneja en un encuadre de tiempo y espacio definidoProvee un entorno cuidado de simulación de la realidadSe maneja mediante reglas y protocolos, que pueden ser implícitas o pautadas.Abre un mundo ilusorio e imaginario, donde los deseos irrealizables encuentran cabida (Vygotsky).Habilita un espacio representacionalFacilita la elaboración de síntomas o conflictosGenera un estado de Flow (Csikszentmihalyi)Permite el interjuego proyectivo del mundo interno y de la realidad.La educación y la psicología se han dedicado durante muchos años a la investigación del juego, pero también se han encarado los temas lúdicos desde la filosofía.
Se cree que Platón dijo: “En una hora de juego se puede descubrir más acerca de una persona que en un año de conversación”.
Jean Paul Sartre ha sido más contundente al relacionar el juego con la misma existencia y planteo: “No podemos ser nada sin jugar a serlo”.
Asimismo, Graciela Scheines, filósofa Argentina, en su obra Juegos Inocentes, Juegos terribles, nos dice: “Jugar es fundar un orden, y una vez fundado, someterse voluntariamente y con placer a él”.
