La alegría del momento - Jacques Brosse - E-Book

La alegría del momento E-Book

Jacques Brosse

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Beschreibung

El bonheur-du-jour es, además del título original de este libro, un pequeño mueble con cajones en el que se guardan papeles y pequeños objetos a los que se les tiene cariño, un tipo de mueble que dejó de fabricarse a finales del siglo XVIII. Justo la misma función que cumple este curioso dietario, que va de marzo a marzo, en el que Jacques Brosse guarda los momentos en que se maravilla al presenciar el espectáculo de la vida de las plantas, los pájaros y el paisaje de su verde región del Périgord, en el interior del suroeste francés. El vivo azul de las verónicas, el susurro de las hojas, el rojo resplandor de la puesta de sol, la majestuosidad de los nísperos, el negro brillante de los plumajes, el verde jade de los amentos del avellano, el aroma de los higos que estallan al sol o el límpido canto de la alondra irrumpen exultantes en las páginas de este volumen, en el que Brosse entabla un amoroso diálogo con la fauna y la flora que lo circunda, y se lo ofrece al lector a través de pequeñas máximas filosóficas que presentan las cualidades más seductoras que puede poseer el espíritu humano, esas que son fruto de una rara aleación de serenidad y fervor. Frente a los desmanes del progreso y los peajes del modo de vida contemporáneo, que nos obliga en todo momento a estar al corriente, nos hipnotiza y nos arrastra a una vida que ya casi no nos pertenece, Brosse preconiza una saludable ética de la desposesión y una plena consciencia de lo efímero. Con sencillez, belleza y una profunda inmersión en la naturaleza, La alegría del momento nos impele al acto más subversivo que se pueda acometer hoy en día: el revolucionario arte de la contemplación.

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Seitenzahl: 136

Veröffentlichungsjahr: 2025

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LARGO RECORRIDO, 207

Jacques Brosse

LA ALEGRÍA DEL MOMENTO

TRADUCCIÓN DE RAFAEL-JOSÉ DÍAZ

EDITORIAL PERIFÉRICA

PRIMERA EDICIÓN: marzo de 2025

TÍTULO ORIGINAL: Le Bonheur-du-jour

 

 

 

© Éditions de la Table Ronde, París, 2008

© de la traducción, Rafael-José Díaz, 2025

© de esta edición, Editorial Periférica, 2025. Cáceres

[email protected]

www.editorialperiferica.com

 

ISBN:978-84-10171-44-2

 

La editora autoriza la reproducción de este libro, total o parcialmente, por cualquier medio, actual o futuro, siempre y cuando sea para uso personal y no con fines comerciales.

 

 

 

MARZO

 

 

 

 

 

 

Jueves 15

Acaba de llegar de Senegal o de Níger. Al mirar por la ventana, lo he visto fuera picoteándola. Así nos hemos encontrado.

¿Quería avisarnos de su regreso? Parecería ridículo pensarlo. Y, sin embargo, inmediatamente después, se ha presentado en el otro extremo de la casa, revoloteando delante de la ventana de la habitación de Simonne, insistiendo para estar seguro de que ella lo ha visto. Con el mosquitero común, el primero de los pájaros migratorios, la primavera ha vuelto: está llamando a la ventana.

Viernes 16

El recién nacido no descubre a su madre: la reconoce; no descubre el mundo: lo vuelve a encontrar. Cada vez que lo recuerdo, me asombro por haber podido olvidarlo.

Sábado 17

En el silencio del crepúsculo, suena a intervalos regulares una sola nota, clara y aflautada; otras le responden en un tono ligeramente distinto; esto produce un alegre carillón, el ángelus vespertino. Los sapos parteros están en amores.

Domingo 18

Encima de la puerta de la habitación que me asignan durante los retiros se ha encendido una señal verde que nunca había visto. Indica: salida. ¿Seré, para quienes me visitan, una salida de emergencia?

Lunes 19

Ya no veo el narciso blanco que desde hacía varios días estaba frente a mí sobre la mesa mientras, frente a él, yo me narciseaba en el papel. Lo había recogido en el jardín como prototipo de todos los que allí florecen ahora mismo, tal vez porque su blancura me había conmovido como un recuerdo perdido.

Lo había olvidado, cuando, en un tren, cerrando los ojos, se me apareció. Ya no era él, sino su boceto, de un blanco aún más blanco. Ya no era un narciso: era el Verbo, la Palabra que nadie escucha, expresándose a través de esa boca abierta y silenciosa. A su alrededor, los dos pétalos multiplicados por tres, las seis alas del serafín, estaban colocados uno encima del otro. ¿Se había vuelto angelical el pagano narciso?

Sabía bien que esa idea del narciso era absurda, y mis palabras, una locura. Esa boca era sólo una corona y, en ese orificio, no era una lengua lo que veía, sino un órgano femenino, el pistilo. Sin embargo, me quedé atónito, porque había vislumbrado, con los ojos cerrados, la presencia del misterio. De repente me eché a reír. Había olvidado que era un narciso de los prados. Luego recordé que, en Siena, en el hotel Santa Caterina, nos habían reservado la camera dei tre narcise, aunque sólo éramos dos.

Martes 20

En el alféizar, los herrerillos comunes vienen a buscar las rosadas migas de las galletas de Reims que picotearán entre las rosadas flores del ciruelo.

Miércoles 21

El escritorio tocador1 es «un pequeño mueble con cajones en el que guardamos cartas y pequeños recuerdos a los que damos valor». Desafortunadamente, sólo se encuentran en anticuarios; desde finales del siglo XVIII ya no se fabrican.

Jueves 22

Las enérgicas iniciales rojas inscritas sobre un fondo gris en el respaldo del asiento que tengo delante en el tren son un grafiti, hecho, pues, a toda prisa, clandestinamente. Sin embargo, la caligrafía es perfecta; un mensaje que sólo tiene significado para la persona que lo escribió. Quienes han querido borrar estos grafitis han desistido: había demasiados; eran demasiado bellos.

Viernes 23

Cuando esta mañana temprano partía hacia la estación, la luz clara que, al devorar los edificios parisinos, les devolvía el resplandor de lo nuevo al tiempo que lo purificaba y transfiguraba todo, suscitó en mí una sensación imprevista que, desde hacía varias décadas, no tenía. Creo que me recuerda algo que no consigo recobrar, algo así como un momento de dicha olvidado.

De repente, de las profundidades resurge el recuerdo. Esa luz es exactamente la misma que la de una mañana de primavera en Milán. Yo tenía veintitrés años. La claridad cristalina que hacía ver a las personas y las cosas tal como eran en todo su esplendor me parecía haberla descubierto aquel día, que era, lo recuerdo, un Jueves Santo. Me sumió en un estado de euforia que creía no haber experimentado nunca y me trajo al pensamiento cierta melodía de Vivaldi que mi amigo Francesco me había puesto aquella mañana. Había intentado dar de nuevo con esa música, pero en vano, pues ni siquiera sabía su título, y había llegado a preguntarme si era realmente de Vivaldi, si existía siquiera en algún lugar que no fuera mi memoria. Entonces, un día, un disco que acababa de comprar me la recordó por casualidad. Era la Sinfonia alla rustica. Desde entonces, sólo de vez en cuando escucho esta música, que me es tan preciada, para que no pierda su frescura. Hace mucho que no me la pongo.

No hay nada sorprendente en todo esto, salvo que, cincuenta años después, esa luz haya reaparecido exactamente igual y me haya provocado el mismo júbilo sin más motivo que su sola presencia, como si hubiera florecido en mí algo que creía irremediablemente marchito.

Sábado 24

Hace tres días, mientras yo estaba fuera, Simonne se encontró con la primera golondrina, que la saludó con un piar impetuoso en cuanto la vio. Al día siguiente, desapareció. Hoy han llegado cuatro más. Éstas se han apoderado inmediatamente del establo. Así ocurre todos los años. La golondrina solitaria es sólo una exploradora, encargada de reconocer la zona. Esta mañana, cerca de la casa, se oye el canto acidulado de la primera curruca capirotada; en el prado, brilla el púrpura de la primera orquídea del año.

Domingo 25

Johann Caspar Fischer, «maestro de capilla de Su Alteza Serenísima el Príncipe Luis, margrave de Baden», publicó en Augsburgo, en 1685, Le Journal du printemps, una suite para orquesta de cuerdas, con «trompetas a piacere». El compositor expresa mucho mejor que yo lo que estoy intentando decir aquí.

Lunes 26

En ningún momento del año el verde será tan vibrante, tan luminoso. Este verde innato, el verde de hoy, no podrá sino desvaírse.

Martes 27

Estaba examinando el extremo del tallo de las primaveras, nuestra Primula officinalis, su largo cáliz tubular, de color verde pálido, abultado, acanalado y dentado, de cuya base emerge la corola, de color amarillo anaranjado, cuando lo he oído cantar. Lo estaba esperando, tenía la suerte de mi lado. Ambos anuncian el «inicio de la primavera», la prima vera.

Miércoles 28

Por fin, los dos ciervos que viven en el bosque se han acercado insidiosamente y se están comiendo las manzanas que hay caídas a unos pasos de la casa. Sin movernos, en silencio, observamos de lejos los blancos espejos de sus cuartos traseros y los movimientos de cuello que hacen para ver y oír mejor, exactamente como nuestras cabras cuando están al acecho.

Jueves 29

Debemos, dicen algunos, estar al corriente. La actualidad, la moda, los medios de comunicación, la publicidad, internet: ésta es la corriente que los hipnotiza y los arrastra a una vida que ya no les pertenece. ¿Saben siquiera que las golondrinas han vuelto? Y dicen ir con los nuevos vientos. ¡Todo se lo lleva el viento!2

Viernes 30

La hierba, brillante, salpicada de margaritas, de dientes de león y de verónicas de un azul vivo que un conejito se está comiendo, parece la tierra del paraíso en un tapiz flamenco todavía en el telar de angelicales tejedores.

Sábado 31

Está desesperado por entrar en el baño. Golpea la ventana. Sus grandes y redondos ojos anillados de amarillo contra el negro brillante del plumaje.

 

 

 

ABRIL

 

 

 

 

 

 

Domingo 1

Nuestro destino es la ejecución de una partitura que no descubrimos hasta que la interpretamos. Somos el instrumento y el intérprete. Pero ¿quién es el compositor?

Lunes 2

¿Cuándo he tenido un yo? Antes de los veinticinco años estaba todavía formándose. A los cincuenta lo he perdido. Desde entonces no lo encuentro.

¡Ojalá fuera verdad!

Martes 3

Desde lo alto de un farol que alumbra el mercado, la golondrina, con voz apresurada, le cuenta a quien desee escucharla que ha vuelto a encontrar el nido del año pasado, que acaba de restaurarlo y que allí pondrá sus huevos. Pero nadie la oye, nadie la ve, salvo yo, que le respondo y la felicito. Luego, confundida, la golondrina finge buscar debajo de su ala un piojo que no tiene.

Miércoles 4

El tulipero de Virginia que planté en noviembre ya tiene pequeñas hojas. Me encanta que siga creciendo, pero me preocupa. ¿No ha echado brotes demasiado pronto? ¿Soportará las heladas tardías? Mientras estuvo encerrado en sí mismo, no arriesgaba nada. A un árbol recién plantado no le ha dado tiempo a echar raíces. Un repentino golpe de frío puede matarlo.

Jueves 5

Los artistas no sirven más que para mostrarnos lo que no hemos visto, y eso nos molesta.

Viernes 6

El hombre es, según dicen, el culmen de la evolución, su obra maestra. Al no poder mejorar esa creación, la evolución no fue más allá. Pero el hombre, valientemente, tomó el relevo, continuó solo y logró la proeza de poder destruirse a sí mismo y a la Tierra consigo. Como señala un evolucionista consecuente, Stephen Jay Gould, «la Tierra y sus bacterias pronto se reirán de nosotros como si fuéramos una locura pasajera de la evolución».

Sábado 7

Cada pareja ha delimitado ahora su territorio, definido en función de la necesidad de orugas de sus futuras crías, y lo defiende ferozmente. Surge así una geografía sutil que sólo existirá mientras duren las nidadas. El sentimiento de propiedad del hombre también es instintivo, pero de forma permanente.

Domingo 8

Cuando me despierto, ya está allí, aferrado al borde de la ventana, haciendo volar las semillas de girasol. Lleva una en las garras y, utilizando el pico a modo de martillo, la picotea repetidamente hasta que la abre.

Tengo tiempo de sobra para examinar su rostro, que parece pintado: mejillas blancas perfiladas en negro, un píleo negro del que sobresale un plumaje rojo que desciende por la nuca. Con su expresiva mirada amarilla, el pico picapinos es un personaje casi humano.

Lunes 9

No vivimos nuestras pasiones: son ellas las que nos viven a nosotros. Al poseernos, nos desposeen, y ya no nos pertenecemos a nosotros mismos. Hablar del objeto de la pasión es una ilusión; él es el sujeto, y nosotros, el objeto.

Sin embargo, nuestras pasiones nos exaltan, nos elevan por encima de nuestro ser, hasta el punto de que, mientras duran, sentimos que por fin estamos vivos. Luego, magullados, guardamos para siempre nostalgia de ellas.

Martes 10

Mi casa es el punto de reunión de los pájaros. Aquí encuentran comida, bebida e incluso agua para bañarse. De año en año, vienen en bandadas cada vez mayores. Los habituales, sedentarios, atraen a los que están de paso. Al final del invierno aparecen las especies que sólo vemos en esa época: jilgueros lúganos, picogordos, mitos, carboneros garrapinos. Ahora todos están ocupados con las nidadas y vienen muchos menos. En unas semanas volverán en mayor número, trayendo a sus crías.

Miércoles 11

Tranquilo, lo estoy sólo a ras de suelo. Tendido cuan largo soy, de cara al cielo, soy un estanque. Mis aguas, se dice, están dormidas. Reflejan los altos álamos que tiemblan con todas sus hojas, las nubes que pasan. Son lo único que conozco del mundo, además de la garza, posada en un solo pie cerca de la orilla, y las ranas que croan en primavera.

Pero ¿quién conoce lo profundo de mi ser? ¿La carpa centenaria cuyas escamas brillan como pepitas entre las hojas muertas…? ¿Acaso la luna, que cada mes viene a iluminar los oscuros abismos que había olvidado? ¿El limo en el que echa raíces el nenúfar que florecerá al sol en mis aguas? Estoy tumbado, soy estanque, soy ente.3

Jueves 12

El empuje, obstinado, surgido de las profundidades, se ha vuelto irrefrenable; destruye las callosidades y revienta los brotes. La necesidad que siente el árbol, después del largo recogimiento invernal, de exteriorizarse, de salir de sí mismo, necesidad que, al mismo tiempo, nos estremece y nos hace suspirar.

Viernes Santo

Mientras permanezca fuera de nosotros, es incognoscible; cuando lo percibimos desde dentro, se vuelve consustancial a nosotros y, por tanto, igualmente irreconocible. Lo único que podemos aprehender es la presencia de una ausencia, o la ausencia de una presencia.

Sábado 14

La zona de precaria calma en torno a la cual se arremolinan los vientos devastadores es el cubo vacío de la rueda. Cada tarde me retiro allí, me ausento; sólo allí estoy presente: soy presente, sin pasado ni futuro. Desde allí, el ojo purificado puede contemplar sin pestañear la efusión de fiebres, sufrimientos y negaciones, y reconocer en ella las consecuencias de oscuros impulsos imprudentemente desen­cadenados. Sólo apoyándonos en lo que nos ha hecho perder el equilibrio podremos recuperarlo.

Domingo de Pascua

Acercarse lo más posible al misterio, pero sin tocarlo: arde.

Lunes 16

Al final, sólo he sido un testigo, en griego martyros, un espectador, curioso de los demás y de mí mismo. Mi obra es un testimonio, lo que la hace ambigua para mí y para mis lectores. Evoluciona conmigo. Ya no me reconozco en mis viejos libros; para mí, son ruinas.

Martes 17

Cada día trae su deleite.4

Miércoles 18

¿No es el azar un modesto seudónimo de Dios?

Jueves 19

A veces nuestros ojos ven lo que no deben. Un momento de fatiga, y nuestra visión se vuelve borrosa. Pero ¿está realmente borrosa? Si creemos que sí es porque nos confunde lo que vemos.

Si nos fijáramos entonces en lo que realmente vemos… Si, por un momento, examináramos esas líneas entrecruzadas, esas geometrías aleatorias, esas perspectivas caprichosas, vertiginosas, escurridizas… Destellos tan deslumbrantes como los de unos espejos colocados en todo tipo de ángulos y que se reflejan sin cesar unos en otros, viguetas y tablones que construyen arquitecturas problemáticas, cuerpos luminosos que se disparan por el espacio o incluso, a veces, membranas translúcidas, fibrillas, floculaciones que tal vez sean las de la célula viva de la vida misma.

¿No serán esos ensamblajes elementales los que despiertan la imaginación del artista, los que le inspiran y a los que, sin saberlo, les saca provecho, los modelos que, interviniendo secretamente en su composición, le dan forma y le confieren esa originalidad que el espectador reconoce, pero no él?

Cuando nuestra visión se turba, cuando ha perdido sus puntos de referencia habituales, tomamos por caos lo que ven nuestros ojos. Sin embargo, si lo observamos más de cerca, se muestra organizado, incluso orgánico, sutil pero rigurosamente estructurado, comparable a lo que percibimos en el reverso de los párpados cuando los cerramos al sol, y también a lo que aparece al revelar una película fotográfica cuando hemos olvidado enfocar el objetivo, imágenes desconcertantes que un fotógrafo sensato se cuida de destruir, ya que considera que esas imágenes fortuitas son más instructivas que las que quería captar.

El proceso ordinario de la visión, ese enfoque que se produce automáticamente, se denomina acomodación. Esto lo dice todo, pues denuncia el artificio inconsciente que consiste en acomodar las cosas a nuestra percepción para que nuestra mente, limitada y condicionada, las asimile con mayor facilidad.

Pero ¿qué pasaría si dejáramos de acomodarnos? Si, superando las tiránicas exigencias de nuestra mente, dejáramos de intentar adaptar el mundo a nosotros y decidiéramos adaptarnos nosotros a él. ¿Qué ocurriría realmente?

¿Quedaríamos abandonados a los caprichos del azar? Pero ¿tiene el azar vida propia? ¿No es sólo un postulado que únicamente se confirma por nuestra negligencia? Lo que llamamos azar bien podría ser una cita perdida, un encuentro previsto que nunca llegó a producirse. ¿Y si este acontecimiento inesperado, la súbita reunión de lo que considerábamos distante, opuesto, y si esta convergencia repentina, esta coalescencia, este precipitado, al final fuera una oportunidad que dejamos escapar?

¿Dónde está el límite entre lo significativo y lo insignificante, entre lo visible y lo invisible, entre lo real y lo irreal, y quién podría fijarlo con total certeza, quién tendría derecho a hacerlo?