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• Analizar el contexto en el que se sitúa la colonia de Nueva Francia, una región estratégica geográfica y económicamente que genera enfrentamientos entre Francia e Inglaterra
• Descubrir los momentos clave de la batalla de las Llanuras de Abraham, que se salda con la victoria británica y que marca el punto final de imperio francés en Norteamérica
• Evaluar el impacto de la entrada de los británicos en Quebec, que acaba dibujando la configuración actual de Canadá
SOBRE en50MINUTOS.ES | Historia
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Seitenzahl: 37
Veröffentlichungsjahr: 2017
La batalla de las Llanuras de Abraham sella el futuro de la presencia francesa en Canadá. Se inscribe en un conflicto decisivo que opone a Francia e Inglaterra, es decir, a las mayores potencias coloniales del siglo XVIII. Para los protagonistas, está en juego el control de las tierras canadienses.
Desde el mes de junio de 1759, Quebec sufre el asedio del Ejército británico. Los franceses, liderados por el teniente general Louis Joseph de Montcalm (1712-1759), aguantan estoicamente su posición a pesar de la superioridad numérica y material de los asaltantes. Montcalm tiene la intención de alargar el asedio hasta el invierno y espera que los ingleses den media vuelta. Pero tras 3 meses de bombardeos, el general inglés James Wolfe (1727-1759) ordena el desembarco de sus tropas en las llanuras de Abraham, una meseta situada en la orilla oeste del río San Lorenzo, para gran sorpresa de las tropas francesas: en efecto, el terreno que han escogido los ingleses es irregular y poco practicable.
La situación se vuelve todavía más crítica por la información equivocada que tiene en su poder Louis Joseph de Montcalm, que lo anima a distribuir sus fuerzas de defensa de manera poco estratégica. El enfrentamiento será breve y desigual: el efecto sorpresa ayuda y la victoria británica es clara, ya que además las tropas inglesas están en mejor forma. Las pérdidas francesas son cuantiosas, tanto desde un punto de vista humano como estratégico: en efecto, la batalla de las Llanuras de Abraham significa la caída de Quebec. El acontecimiento marca también una etapa determinante de lo que los habitantes de Quebec llaman todavía hoy en día la guerre de la Conquête (1754-1763) —«guerra de la Conquista»—.
Mientras los primeros enfrentamientos entre ingleses y franceses en Norteamérica se remontan a finales del siglo XVII, el año 1744 marca un momento clave en las actividades militares de las fuerzas colonialistas. Esta fecha coincide con la guerra de Sucesión de Austria. Este conflicto, que va de 1740 a 1748, se inicia con la muerte del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos VI (1685-1740). Su hija, María Teresa de Austria (1717-1780), decide confiar el poder a su marido, Francisco Esteban de Lorena (1708-1765), duque de Lorena y de Bar. Pero los hermanos de la heredera también quieren gobernar el Imperio. Entre los candidatos a la sucesión, se encuentran:
Felipe V de España (1683-1746);Federico II de Prusia (1712-1786);Augusto III de Sajonia y de Polonia (1696-1763);y Carlos Alberto (1697-1745), príncipe elector de Baviera.Este último recibe el apoyo de Francia, que entra en el conflicto, igual que Prusia, que aprovecha para invadir Silesia, una rica región minera del sur de Polonia. Por su parte, los ingleses y los holandeses apoyan la causa austriaca para oponerse a los intereses franceses. Poco a poco, el conflicto se extiende y cada Estado europeo se posiciona a favor de uno de los dos bandos.
Finalmente, se firma la paz con el Tratado de Aquisgrán en 1748 y el conflicto acaba sin que haya un perdedor real: María Teresa de Austria mantiene sus prerrogativas y Prusia firma una tregua ventajosa que le garantiza el control sobre los territorios conquistados. A pesar de que Francia no ha vivido grandes reveses militares, lo cierto es que sale debilitada diplomática y económicamente de este conflicto.
Mientras las grandes potencias se desgarran entre ellas en el Viejo Continente, también deciden reforzar su presencia militar en Norteamérica, dado que Inglaterra está muy decidida a poner punto final a la hegemonía francesa en esta región. En efecto, considera que la presencia francesa en este continente es un peligro constante.
