La batalla de Tsushima - Chrystelle LeRoy - E-Book

La batalla de Tsushima E-Book

Chrystelle LeRoy

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Beschreibung

"Miré de nuevo al mar. La flota se adentraba en la noche y la incertidumbre. Estaba abrumada por emociones contradictorias. Una mezcla de miedo y deseo recorría mi cuerpo." A bordo de uno de los barcos de la Armada Imperial Rusa, la condesa Irina Rostova, memorialista oficial de la Corte de San Petersburgo, se prepara para la batalla contra la Armada Imperial Japonesa. Sin embargo, siendo una mujer rodeada de oficiales supersticiosos, se enfrenta a un falso pretexto. La condesa interroga al capitán Voronov para averiguar qué le están escondiendo, pero ¿encontrará consuelo en las horas oscuras que se avecinan? ¿Un cuerpo dónde poder atracar en medio de la tormenta?

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Seitenzahl: 32

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Chrystelle LeRoy

La batalla de Tsushima

LUST

La batalla de Tsushima

Original title:

La Bataille de Tsushima

 

Translated by Adrián Vico

Copyright © 2019 Chrystelle LeRoy, 2020 LUST, Copenhagen.

All rights reserved ISBN 9788726330557

 

1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0

 

No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

 

La batalla de Tsushima

 

—Levanto mi copa en honor a la condesa Irina Rostova, cuya valentía solo es superada por su belleza, y a quien el zar ha designado para que haga que la batalla en la que nos veremos envueltos de forma inminente sea recordada. ¡A por la victoria!

Todos repitieron la última frase, que se escuchó en todo el comedor del acorazado. Después del almirante Rojenski, otro oficial brindó por la Armada Imperial. La cena del cuartel general de la flota llegaba a su fin, lo que provocó que los brindis se sucedieran uno tras otro. Alguien más decidió rendir homenaje a mi elegancia y me definió como un símbolo del resplandor de la patria; un poeta.

No me dejé llevar a pesar de los homenajes, las sonrisas y el brillo del lujo exhibido para la ocasión. La mayoría de los oficiales no eran extremadamente supersticiosos, pero creían que tener una mujer a bordo era mala suerte, por lo tanto, desaprobaban mi presencia. Una mujer no debía pisar pie en un buque de guerra. La idea de que estuviera allí para informar sobre la batalla naval que iba a tener lugar contra la Armada Imperial Japonesa les parecía ridícula. No les importaba que fuera la memorialista oficial de la Corte de San Petersburgo.

Pronto llegaríamos al estrecho de Tsushima, así que el almirante Rojenski insistió en reunirse formalmente con sus oficiales antes de que el acorazado Suvarov y los otros cuarenta y tantos barcos de nuestra flota entraran en contacto directo con la Armada Imperial Japonesa, la cual estaba asentada en la sede central de Port Arthur, Corea, desde hace meses. La tensión se podía palpar en el ambiente; por no hablar de la incomodidad que producía mi presencia allí. Puede que fuera por el poco tiempo que quedaba para la batalla, pero parecía que había algo que se me escapaba. No tenía experiencia en la armada ni había presenciado una guerra antes, por lo que no era capaz de entender exactamente qué estaba ocurriendo.  

 

Habían limpiado el comedor de los oficiales a fondo, al igual que mi camarote, pero todavía olía a carbón. Habían acumulado grandes cantidades de combustible durante semanas para abastecer las calderas del barco en su largo viaje alrededor del mundo, llegando hasta Vladivostok desde el mar Báltico. Fueron ocho largos meses en el mar.

Yo me uní a la flota en su escala en Indochina. Había insistido mucho en que el zar me diera permiso para acompañar a la flota, cuya misión era tomar el control de las aguas del Pacífico entre Corea y Vladivostok. Los japoneses, desafortunadamente, tenían la misma idea en mente, y la confrontación era inevitable.