La caja de los hilos - Antonio Moreno Ruiz - E-Book

La caja de los hilos E-Book

Antonio Moreno Ruiz

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Beschreibung

Este es un libro-paradoja: los textos que lo componen no fueron escritos para ser publicados en un libro, ni siquiera fueron concebidos para ser leídos sobre el papel, ni deslizando el dedo sobre un e-book. Estas historias fueron pensadas para el último arte narrativo creado: la 'tuiteratura'.La llamada 'tuiteratura' es un formato nacido en Internet, en la red social Twitter, y que se concreta en un 'hilo': una sucesión de pequeños mensajes de no más de 280 caracteres que se van hilvanando hasta formar un relato más largo de mensajes multimedia (el texto puede ir acompañado de imágenes, sonidos, emoticonos, vídeos, encuestas...). En definitiva, una forma realmente nueva de contar cosas: más rica, más divertida, más actual, más acorde al lenguaje que millones de personas usan a diario en sus comunicaciones.Los famosos hilos evangelizadores del periodista malagueño Antonio Moreno están dedicados a la Navidad, la Cuaresma, el Bautismo, personajes bíblicos, la misericordia, fiestas cristianas... Leídos por miles de personas en España y Latinoamérica, le han valido el Premio ¡Bravo! de Nuevas Tecnologías 2019, concedido por la Conferencia Episcopal Española.Algunos de los hilos más significativos de Moreno dan el salto al papel en esta obra. "Lo que tienes en tus manos es mi corazón impreso -confiesa el autor-. Dos años de intensa actividad en la red, miles de tuits tejidos a golpe de oración, estudio y tecla".Y añade en el prólogo el obispo Ginés García Beltrán: "¿De qué serviría transmitir la fe si los hombres de hoy no la pueden entender?".

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Seitenzahl: 361

Veröffentlichungsjahr: 2021

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A Isabel, mi esposa, fuente de la que bebo

y en cuyas aguas veo reflejado a cada instante

Presentación

No cabe duda. Estamos viviendo un cambio de época. No es que estemos inmersos en una época de cambios, no. Es una época, un tiempo, diferente. Lo podemos ver y experimentar en cualquier ámbito de la existencia, pero no erramos al decir que el cambio se ve claramente en el modo de comunicarnos. El mundo de los medios de comunicación es un nuevo areópago donde se enfrentan la nueva cultura, la imagen del hombre, y la misma idea de Dios.

¿Son las comunicaciones sociales el nuevo centro de poder? Quizás no exactamente, pero sí que son instrumentos al servicio del poder, de cualquier poder. En un mundo marcado por los descubrimientos científicos y el avance tecnológico, la comunicación premiará lo técnico. En un mundo basado en una economía autista –ganar solo para sí mismos–, la comunicación se basará en ganar más y más, en influir desde el poder, tantas veces oculto.

Y aquí está el reto: servirse de los nuevos medios de comunicación para el bien, para hacer el bien, para transmitirlo, para performar la sociedad y el corazón del hombre. Romper la dinámica del egoísmo y del enfrentamiento para volver al fundamento de la verdadera comunicación humana. Una comunicación humana al servicio de lo humano, donde el hombre, su dignidad y sus derechos, sea el objetivo principal. Una comunicación que construya puentes y derribe muros, una comunicación para el encuentro, como le gusta decir al papa Francisco.

Para la Iglesia, los nuevos medios de comunicación no son un peligro ni una dificultad; por el contrario, son una posibilidad nueva y renovada de anunciar a Jesucristo, de transmitir la fe. El “no temáis” vale también para nuestra relación con las nuevas comunicaciones. Esto no significa cerrar los ojos y reconocer el mal que puede suponer la mala utilización de las nuevas tecnologías, pero ¿qué no tiene peligros?

El autor de este libro que ahora presentamos, y al que agradezco de corazón la invitación a hacerme presente en él, se ha tomado en serio los nuevos modos de comunicar, pero con un objetivo: ponerlos al servicio de la evangelización. Antonio Moreno es un cristiano, hijo, esposo y padre que quiere transmitir lo que ha recibido, y lo hace utilizando un nuevo lenguaje. Nueva época, nuevo lenguaje. Su fe vivida en la Iglesia le invita a no callar, a hacerse entender por los hombres de hoy.

Todo comenzó con unos hilos puestos en las redes sociales en su momento y en su contexto. Los hilos, casi sin darse cuenta, fueron siendo cada vez más y se fueron entrelazando. Tirar de los hilos, pasar de un hilo a otro, abrirte a nuevos hilos hasta formar un tapiz precioso que es este libro que tienes en tus manos, querido lector.

He leído con verdadero y creciente gusto esta obra. Me ha hecho pensar, he recordado historias y datos que conocía, otros los he descubierto. Confieso que en algunos momentos me he emocionado, y hasta ha sido una invitación a rezar. Es un libro para leer sorbo a sorbo, para volver sobre la historia. En estas páginas hay teología, historia, tradición, narración, y mucha imaginación de la buena, mezclada con profundidad y dulzura.

En los hilos de Antonio Moreno vas a encontrar la fe de la Iglesia, lo que ha creído y cree la Iglesia, y vas a encontrar un diálogo de la fe, que no cambia porque no puede cambiar, con la cultura y el lenguaje del hombre de hoy. ¿De qué serviría transmitir la fe si los hombres de hoy no la pueden entender? Este es el gran reto de la evangelización: llevar la fe de siempre a la cultura de cada época, y hacerlo en fidelidad.

Los hilos que tienes delante tienen sabor bíblico –la Escritura es hilo conductor que da unidad y sentido a todo–, y sabor sapiencial al tiempo que popular. A Antonio, lo confiesa él mismo, le inspiran los Santos Padres de la Iglesia y las homilías de los últimos papas, a lo que une la experiencia cristiana de los siglos hecha creación: literatura, arte, piedad popular.

Al ponerme a escribir estas letras tengo la tentación de traer muchos de los hilos, pero no caeré en ella. Sin embargo, no me resisto a nombrar los sugerentes hilos de las imágenes de la fe con figuras bíblicas vistas desde el arte cristiano, o las recreaciones libres e imaginativas de la Navidad, sin olvidar las meditaciones, porque también eso son los hilos, de la Cuaresma o la Semana Santa. Y los hilos dedicados a María, de especial belleza.

Decía que Antonio es padre, padre cristiano que transmite la fe a sus hijos, junto con su esposa, por eso nos trae preciosas imágenes hechas de hilos sobre los evangelios de los domingos, que son el fruto de la oración y la catequesis familiar. Hilos que no solo han servido a su familia, sino a otras familias y a otras comunidades.

Querido lector, en estas páginas encontrarás realidad y ficción, actualidad e historia en un lenguaje periodístico que muestra el buen hacer y el corazón de un comunicador de y en la Iglesia. No es extraño que nuestro autor sea este año Premio Bravo a las Nuevas Tecnologías, premio que concede la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española.

Enhorabuena, Antonio. Felicidades también a la editorial PPC por la publicación de esta obra.

Dejadme terminar esta presentación recomendando uno de los últimos hilos, de esos que se quedan en el cajón, lo titula: “¿Qué significa ser padre?”. Y una reflexión sobre la Asunción de la Virgen María, que bien parece una lección de microbiología sobre las células, pero que es algo más: “¿Cómo influirían las células de Jesús en el corazón roto de María en la Pasión? ¿Cómo la ayudarían a sobrellevar tal dolor? ¿No fue la pasión algo “de dos”?”, se pregunta el autor. María está en Jesús, y Jesús en María.

+ Ginés García Beltrán

Obispo de Getafe

y Presidente de la Comisión Episcopal

de Medios de Comunicación Social

Introducción

Has de saber, querido lector, que este libro no es un libro. O, al menos, no es un libro cualquiera. Los textos que lo componen no fueron escritos para ser publicados en un libro, ni los concebí para ser leídos sobre el papel, ni para ser deslizados página a página, con el dedo, sobre el e-book.

Estas historias fueron pensadas para ser publicadas en otro formato. Un formato que nació en internet, concretamente en la red social Twitter, y que se conoce con el nombre genérico de “hilo”. Consiste en una sucesión de pequeños mensajes de no más de 280 caracteres que se van hilvanando hasta formar un relato más largo. Cada mensaje es multimedia. Puede ir acompañado de imágenes, sonidos, emoticonos, vídeos… Incluso pueden incluir encuestas, configurando una forma realmente nueva de contar cosas: más rica, más divertida, más actual, más acorde al lenguaje que usamos a diario en nuestras comunicaciones.

La insistencia de los lectores por hacer llegar estos relatos al gran público nos ha obligado a hacer un ejercicio de conversión de formatos. Y como en cualquier traducción, se pierden matices y ritmos; como en cualquier conversión de moneda, se pierden céntimos que hay que redondear arriba o abajo. Es el precio que hemos tenido que pagar para que tú (permítame que le tutee pues ese es el tratamiento habitual en la red Twitter y así le hablaré, en singular o en plural, a lo largo del libro) puedas trasladarte hoy a los distintos mundos a los que ya viajaron quienes leyeron originalmente estas narraciones en su medio natal, la red.

En primer lugar, hemos seleccionado solo algunos de los hilos que soportarían el trasplante sin perder su soporte vital. Otros, siempre seguirán teniendo sentido solo en el universo tuitero.

En segundo lugar, hemos perdido la referencia temporal. Los hilos están escritos para ser leídos un día concreto, a una hora concreta incluso. Los textos suelen tener referencias al contexto en el que yo esperaba que los lectores los leyeran. Referencias temporales que, en algunos casos, hemos suprimido para que puedas leer los textos cuando el libro caiga en tus manos. Al final del libro encontrarás, no obstante, un índice a modo de calendario que te ayudará a encontrar el hilo perfecto para cada fecha.

En tercer lugar, la disposición de los hilos no corresponde a un orden cronológico de publicación, ni a una división por géneros literarios, sino que los hemos agrupado por temáticas o estilos, tratando de buscar un orden donde no lo hay estrictamente. Algunos podrían estar perfectamente en dos capítulos a la vez. En cualquier caso, te recomiendo que los leas salteados. Busca en los títulos o en las breves introducciones que acompañan cada hilo algo que te despierte curiosidad, que tenga que ver con tu momento vital, con tus recuerdos, con tus circunstancias... Los mensajes te llegarán así más oportunamente y no te embotarán.

Lo que tienes en tus manos es mi corazón impreso. Dos años de intensa actividad en la red, miles de “tuits” tejidos a golpe de oración, estudio y tecla. No obstante, nada de lo que leerás es mío. Todo lo he recibido de otros, de quienes me han acompañado en mi camino de fe y a quienes debo agradecer tanto: mi familia, mis catequistas, mi comunidad, mis compañeras de trabajo, los sacerdotes que Dios ha cruzado en mi camino, los autores de las lecturas que han ido cayendo en mis manos… Y es que soy lo que otros son en mí.

Te invito a tomar el extremo de alguno de los hilos que lanzo. No para pescarte, no hay anzuelo al final del sedal, sino para que, tú por un lado y yo por otro, comencemos a hacer un ovillo y, liando, liando, lleguemos a encontrarnos. Bienvenida. Bienvenido.

Antonio Moreno

CAPÍTULO I

LOS HILOS DE MARÍA

Te propongo comenzar por el principio: María. Ella es una gran fuente de inspiración para los hilos porque es una figura llena de misterio, querida por las masas, exaltada a veces en demasía y otras tantas muy desconocida o estereotipada. Estudiar a María, conocer a esta chiquilla de Nazaret, es adentrarse en el misterio del amor de Dios que hizo obras grandes por ella.

Tres fiestas marianas nos sirven de soporte para contar muchas cosas que quizá nunca te habías planteado:

#HilodelaInmaculada

¿Cómo ocurriría la preservación sin mancha de la Virgen María en atención a los méritos futuros de su Hijo? Un viaje en el tiempo en una historia de amor protagonizada por unos jóvenes, Joaquín y Ana.

#HilodelaAsunción

Hablamos de la Resurrección de Cristo, pero ¿y la de María? Si decimos que está en el cielo en cuerpo y alma, ¿por qué no hablamos de su resurrección? Interesante hilo con tintes científicos.

#HilodelRocío

En el día de Pentecostés conocemos los orígenes judíos de esta fiesta y nos acercamos a la advocación de la Virgen del Rocío que guarda estrecha relación con esta fiesta del Espíritu Santo.

1

Joaquín y Ana, un Amor de cuento

#HilodelaInmaculada

–¡Ana, sal a despedir a tus tíos!

Caleb y Judith eran en realidad tíos de su, desde ayer, marido Joaquín, y volvían a Nazaret después de la boda. Había que despedirlos con honores pues habían sido los más generosos con los regalos. El resto de invitados se quedaría de celebración en Belén al menos una semana, pero estos familiares tenían que adelantar su regreso porque la enfermedad de Judith le impedía pasar largas temporadas fuera de casa.

–Gracias por todo, Ana –sonrió Judith–. Lo hemos pasado muy bien y volvemos encantados por vuestra acogida. Que Adonai bendiga vuestro matrimonio y os haga fecundos, que Él no aparte nunca su mano de vuestras cabezas. Mi sobrino es un buen hombre, pero tú eres una mujer excepcional. ¡Qué buen partido se ha llevado!

–Gracias a ti, Judith –respondió Ana sin perder aún el sonrojo–. Mi tío Caleb y tú habéis sido muy generosos con nosotros. Espero que el viaje no se te haga pesado y puedas descansar pronto en casa.

–¡Ay, sí! Gracias hija –contestó–. Es lo que más deseo en el mundo. Poder estar ya en casa. Cuando pase todo esto y os establezcáis por fin en Nazaret espero que vengáis mucho por casa.

–Así lo haremos, tía. Adiós, buen viaje –dijo Ana mientras la abrazaba.

Mientras que la caravana se iba alejando, la música comenzaba a sonar de nuevo en casa de Joaquín, donde se había celebrado el enlace. El olor a vino y a cabrito asado impregnaba el ambiente. Mientras paseaba por la casa saludando a los invitados, Ana no podía dejar de pensar en el día más maravilloso de su vida. ¡Qué hermoso lo vivido! ¡Cuánta emoción ayer en la dulce espera de su esposo rodeada de sus hermanas, de sus primas, de sus amigas del alma!

Cuando al fin oyeron los primeros sones de la música venir de tras la colina, el corazón parecía que se le iba a salir del pecho. Y, enseguida, las primeras lucecitas, allá a lo lejos, en lo alto del cerro. Los amigos de Joaquín, todos elegantes, guapísimos, con sus antorchas encendidas, bajaban cantando con tambores y cítaras: “¡Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta! Que mi cabeza está cubierta de rocío y mis bucles del relente de la noche” 1.

–¡Ya viene Joaquín! ¡Ya viene Joaquín! –gritaban las primas chicas–.

¡Ay, qué gozo! ¡Qué ilusión cumplida! Solo podía rezar y dar gracias al Señor del universo:

–Pon en mi corazón la capacidad de amar, dale a mi espíritu el don del perdón –rezaba Ana en su interior–.

Ella sabía por experiencia que el perdón era muy necesario en el matrimonio. Lo había vivido en el de sus padres. Peleaban a diario, tenían un carácter fuerte; pero a la luz del fuego, en la noche de Nazaret, había visto a su padre pedir perdón y a su madre perdonar, había visto a su madre pedir perdón, y a su padre perdonar.

–¡Qué galante Joaquín! –pensaba Ana–. Me trató como a una reina en el camino desde mi casa hasta casa de su padre. En medio de la comitiva, rodeados de todos los invitados con luces encendidas. Yo ya sabía quién era él. Le había visto trabajar por su casa, honrar a sus padres, cuidar de sus hermanas pequeñas. Nunca decía no a hacer algo por los demás, y ¡qué ojos!

La mirada de Joaquín tenía algo especial, parecía penetrarte hasta el fondo de tu ser para reírse contigo cuando estabas alegre y llorar contigo cuando estabas triste.

Muchas casamenteras habían intentado echarle el lazo, pero a él no le interesaban ni las dotes de los padres, ni la belleza de las candidatas, ni que fueran la más hacendosas del pueblo. Él y sus padres primaban una mujer que temiera al Señor, porque “engañosa es la gracia y vana la belleza” 2.

Ana siempre decía que fue un ángel quien los unió. El ángel era Peraj, la hermana pequeña de Ana, que a sus dos añitos era un torbellino, una enorme fuente de vida. Ana tenía devoción por su hermanita, pero hace tres años el Señor –alabado sea su nombre– se la llevó en un desgraciado accidente. A Abir, el hermano mayor de Joaquín, le gustaban mucho los caballos. Era la oveja negra de la familia, poco amigo del trabajo y mucho de las juergas. Uno de los días de borrachera, Abir se había apostado con uno de sus amigos a ver quién llegaba antes a la fuente de los siete caños, en la parte baja del pueblo. La pequeña Peraj estaba en la puerta de la casa jugando con el gato cuando este, al escuchar el galope de los caballos, se asustó y salió corriendo. Ana fue testigo desde la ventana del horrible desenlace. La pequeña se levantó tras el gato con la mala suerte de que se metió bajo los cascos del caballo de Abir, que ni la vio.

La familia prohibió a Abir y a Joaquín y a sus hermanas acercarse a su casa de por vida. Sin embargo, Joaquín pasó los dos días en que duró la agonía de la pequeña, tirado en el suelo, rezando, frente a la casa de Ana. Cuando al fin Peraj dio su último suspiro, Ana salió a llorar sola y se encontró a Joaquín en la puerta, arrodillado.

–¿Qué haces aquí?

–Lo siento, Ana. Perdónanos.

–¿Perdónanos? ¿Qué has tenido tú que ver en los líos de tu hermano?

–No hemos sabido educarlo, no hemos sabido retenerlo.

–No digas tonterías, Joaquín, yo a tu hermano lo perdono.

–No tiene perdón. La niña era inocente.

–No digas barbaridades. Si “Dios es misericordioso y compasivo, lento a la ira y rico en misericordia y fidelidad” 3, ¿quién soy yo para juzgar a tu hermano? ¿Y quién eres tú para hacerlo?

–Pero… “Ojo por ojo y diente por diente” 4.

–¡Joaquín! –le regañó Ana entre lágrimas–. Nadie va a echar más de menos a Peraj que yo, pero “¡Misericordia quiero y no sacrificio!” 5.

–¡Te perdono, Joaquín! ¡Lo perdono a él y te perdono a ti!

En ese momento, una tonelada de peso cayó de sobre los hombros del muchacho, que rompió a llorar. Ella nunca olvidaría esos ojos inundados. Esos preciosos ojos llenos de lágrimas la mirabaan de una forma en que nunca nadie la había mirado. Desde aquella noche, Joaquín y Ana fueron inseparables, el yugo del odio dio paso al yugo suave del perdón y del amor. Los padres de Ana entendieron enseguida que la muerte de la pequeña Peraj y el encuentro de su hija con Joaquín escondían la voluntad del Todopoderoso y admitieron el desposorio.

Anoche, cuando al fin se quedaron Joaquín y ella solos en el “cheder”, la habitación nupcial, fue un momento mágico. Joaquín había decorado la cámara con cientos de flores. Peraj en hebreo significa flor. Era un homenaje a la pequeña hermana de Ana y a la obra de reconciliación y amor que propició. El lecho nupcial estaba cubierto de pétalos de azucenas que llenaban de su dulce aroma la habitación. El encuentro fue místico e inolvidable. ¡Cuánto amor tanto tiempo esperado y derrochado por fin en el cheder! Fuera quedaron la búsqueda de sí y los egoísmos, dentro la donación, la entrega y el proyecto común. Dulzura, ternura, devoción mutua, respeto… Entendieron aquello que tantas veces habían cantado: “Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si alguien ofreciera todos los haberes de su casa por el amor, se granjearía desprecio” 6.

–Ana, ¿dónde estabas? Llevo un rato buscándote. –La pregunta de Joaquín sacó a Ana de su ensueño–.

–Pues ¿dónde voy a estar, esposo mío? Despidiendo a los invitados –respondió ella con una sonrisa complacida.

–¿Por qué no nos vamos a dar un paseo para poder charlar y bajar un poco la comida? ¡Que llevo dos días sin parar de comer! –Exclamó Joaquín mientras se tocaba la barriga.

–Espera que salude a mis primos de Siquem y nos escapamos –contestó Ana con tono de complicidad.

El paseo les llevó hasta las cercanas piscinas del Rey Salomón. Unos enormes depósitos de agua alimentados por un manantial subterráneo y ubicados en un jardín frondoso, lleno de árboles frutales. Iban caminando al borde del agua haciendo chistes sobre el estrafalario atuendo de algún invitado y las ingeniosas frases de felicitación de algún familiar más bebido de la cuenta, cuando... en un instante, una serpiente salió de entre unas matas y mordió a Ana en el talón. Al tratar de apartarse en un movimiento reflejo, cayó al agua sin que Joaquín tuviera tiempo ni de tratar de agarrarla. Cayó y se hundió como plomo hasta el fondo. Mientras se hundía, Ana tenía la sensación de estar cayendo también en un profundo sueño. Sus sentidos se embotaron y todo se volvía cada vez más oscuro y tenebroso.

En el sueño aparecía un ajusticiamiento. Un hombre ensangrentado, completamente magullado, con heridas horribles, estaba siendo clavado en una cruz. No podía verle el rostro porque los soldados romanos no se apartaban de delante de él.

El descenso terminó y Ana tenía la sensación de haber caído sobre un fondo limoso. Trató de ponerse de pie, pero la capa de lodo era profunda y, cuanto más trataba de enderezarse, más se hundía. El barro le cubría casi hasta el pecho mientras que la visión se hacía cada vez más nítida. El hombre fue levantado en la cruz junto a otros dos. Al verlo ahí arriba Ana sintió una fuerte punzada en el lugar de la mordedura de la serpiente y el dolor y la hinchazón desaparecieron de repente.

Enseguida, la noche sobre el monte de los crucificados se hizo cerrada y empezó a llover. Paradójicamente, estando en el fondo de la cisterna, Ana sentía cómo la lluvia la mojaba. No era agua, parecían gotas de perfume de nardo puro. De ese que su tía Judith le había regalado en un caro tarro de alabastro. Las gotas iban limpiándole el barro, hasta que desapareció por completo. Nunca se había sentido tan limpia y pura. Ni siquiera en la Mikvah (el baño ritual judío) del día antes de la boda, donde sus primas le habían preparado los mejores aromas.

De repente, un fuerte grito dio paso a la oscuridad total y a un silencio sepulcral que inundó todos sus sentidos. Muerte y desolación, tristeza y angustia, abandono y desesperanza. Borbotones de estos sentimientos, más profundos que en la más profunda de las muertes, brotaron de su corazón durante un día, dos, tres… ¿O fueron tres segundos? La percepción del tiempo no era la habitual, se estiraba como la masa del pan y se volvía a juntar. Un segundo parecía un día entero; 50 años, un suspiro.

Dos hombres, con vestiduras deslumbrantes aparecieron de entre la oscuridad y empujaron una gran piedra que dejó entrar de nuevo luz al abismo. Desde esa luz, una mano comenzó a llamarla, a pedirle que se acercara. Su cuerpo empezó a hacerse ligero y a elevarse hacia la luz, hacia esa mano que la llamaba. La fuerza que tiraba de ella hacia arriba parecía venirle desde su vientre, como si una burbuja de aire dentro le empujara hacia la superficie. Conforme se acercaba y la luz celeste iba abriéndose paso entre las tinieblas comenzó a reconocer al personaje que la llamaba. Era el hombre de la cruz al que por fin podía ver el rostro. Le era tremendamente familiar, casi todos sus rasgos, pero especialmente sus ojos… ¡Eran los ojos de Joaquín! Estiró la mano y sintió cómo el hombre la agarraba fuertemente y tiraba de ella hacia arriba.

–¡Ana! ¿Estás bien? ¡Déjame que te vea la mordedura! ¡Tenemos que ir al pueblo! –Ametralló Joaquín mientras la terminaba de sacar del agua y la tumbaba sobre su manto.

–¡Joaquín! ¿Eres tú? –Balbuceó Ana.

–¡Claro que soy yo! ¿Quién va a ser? Estás delirando, el veneno te está afectando. Déjame que vea la herida.

–¿Pero qué herida? No me duele nada.

Ciertamente, junto a los orificios de los colmillos de la serpiente no había ni rastro de hinchazón, y su aspecto era rosado y sano.

–Has tenido suerte –respiró Joaquín aliviado–. Se ve que la serpiente acababa de morder a otra presa y no le quedaba veneno.

–¿Cuánto tiempo he estado en el agua? –pregunta Ana con la mirada aún perdida.

–¿Cuánto tiempo? Si ha sido un instante. Has llegado al fondo y has vuelto a subir en un pestañear de ojos –soltó sorprendido el recién casado.

–¿En serio? A mí me ha parecido una eternidad. Y ese hombre, Joaquín… –dijo mientras le tomaba la cara con ambas manos– ¡Se parecía a ti!

–Sí, sí, se parecía a mí –le siguió la corriente su joven esposo mientras la ayudaba a levantarse–. Anda, vámonos para la casa a ponerte ropa seca y a que te vea mi primo Absalón, que es médico porque yo no me quedo tranquilo.

Los dos jóvenes novios volvieron junto a los invitados a la boda que acabó felizmente, a su tiempo, quedando el episodio de la serpiente y la piscina en una más de las múltiples anécdotas familiares.

Esta historia de Joaquín y Ana me la contó mi madre, que es la partera de Nazaret. Nueve meses después de este episodio, un 8 de septiembre, nació un precioso bebé al que pusieron por nombre María. Mi madre, me contó que nunca vio a una madre tan feliz de ver que su primogénito no era un varón. Y en el parto ocurrió algo excepcional, al romper aguas, la sala se inundó de olor a nardo. Nardo puro como nunca mi madre había olido cosa igual.

A la niña yo la he visto varias veces por el pueblo, y es verdad que tiene los ojos del padre. Cuando la gente se lo menciona, Ana siempre responde lo mismo: “Los ojos, de Joaquín; y la boca y la nariz de un ángel. De mi pequeña hermanita ángel Peraj”.

“Virgen niña”, Colegio Obispo San Patricio, Málaga.

2

El cuerpo

#HilodelaAsunción

De Jesús, sabemos que murió, resucitó, visitó a los suyos y luego ascendió al cielo; pero ¿y de María? Si murió, ¿por qué no visitamos su tumba? Y, si vive, ¿por qué no hablamos de su resurrección? Te lo explico:

Venerar las reliquias de los santos es una de las tradiciones más arraigadas en el cristianismo. Millones de fieles acuden cada año a Roma, a rezar ante la tumba de san Pedro y san Pablo; o a Santiago, donde reposan los restos del apóstol que da nombre a la ciudad. Las catacumbas romanas nos hablan de la importancia que daban los primeros cristianos a los enterramientos. Aquellas que albergaban los cuerpos de los santos más populares, pronto se convirtieron en lugar de culto y peregrinación.

¿No es curioso entonces que no se conserve el cuerpo de María, la madre de Jesucristo?

Quienes se jugaron la vida por conservar las reliquias de los primeros mártires, ¿olvidaron guardar las de aquella de la que el Evangelio dice que será felicitada por “todas las generaciones” 7? ¿No tiene mucha lógica, verdad?

Lo cierto es que, desde los primeros siglos, la tradición de la Iglesia creyó en el acontecimiento que celebramos cada año el 15 de agosto; aunque no fue hasta hace relativamente muy poco (1950) cuando la Iglesia proclamó solemnemente el dogma de la Asunción corporal de María. Es decir, ese día celebramos que María está en el cielo no solo en alma (como el resto de los que han muerto y han sido merecedores de dicho destino), sino también en cuerpo. Exactamente igual que Jesús.

Te recuerdo que los cristianos creemos en la “resurrección de la carne”. Así lo proclamamos en el credo y así será al final de los tiempos, cuando tu cuerpo y tu alma, temporalmente separados por la muerte, se reúnan. Por eso, lo de María es un singular privilegio. Su cuerpo no ha experimentado la corrupción (lo que no haga un hijo por su madre…).

Pero entonces, si estaba viva y ahora está en el cielo, ¿por qué nunca hemos escuchado hablar de la resurrección de María? La razón es inquietante… Y es que no podemos afirmar categóricamente que María muriese.

–¡Bang! ¡Qué notición! ¿Decís los cristianos que hay una mujer, María de Nazaret, que lleva 2.000 años viviendo? Una razón más para pensar que estáis zumbados.

–¡Quieto, que lo explico!

Resulta que en los orígenes de esta fiesta está la celebración de la “Dormición de María”. Suponía esta efeméride que María no llegó a morir, sino que su asunción o “tránsito” se produjo tras quedarse “dormida”.

La justificación teológica es que, si la muerte se considera consecuencia del pecado (la desobediencia de Adán y Eva), y María fue preservada de todo pecado desde su concepción (Inmaculada), la muerte no debería haberle hecho mella. Sin embargo, esta misma ausencia de pecado la tuvo su hijo Jesús. Y él sí que fue sometido a la muerte y recibió sepultura. Lo lógico, por tanto, es suponer que María también murió, como ser humano que es. Y, de hecho, son muchas las fuentes antiguas y los testimonios de teólogos insignes que se refieren a la Asunción usando términos alusivos a su muerte y posterior resurrección.

Pero ojo a cómo en la definición solemne del dogma (un dogma es una verdad de fe contra la que no se puede ir en contra), el papa Pío XII evita hablar de qué ocurrió físicamente: Dice el texto: “pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de revelación divina que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste”.

“Cumplido el curso de su vida terrena”, dice. Así evita decir si murió o si se durmió. ¡Listo el Papa!

Tienes que entender que un dogma no se proclama todos los días y que hay que afinar mucho las palabras para decir solo lo que sabemos al 100%. Y, si caben dudas, aunque sean mínimas, mejor no mojarse.

Aquí la cosa estaba muy clara. La fe nos lleva a afirmar la Asunción de María por la tradición milenaria, el testimonio ininterrumpido de santos, teólogos y del pueblo de Dios… ¡Si hasta se hizo una encuesta a todos los obispos del mundo para que opinaran!

Es muy bonito leer el texto completo que acompaña la proclamación de este dogma y que explica que esto no es una verdad de fe porque se le haya ocurrido a un Papa sino porque es lo que ha creído, cree y seguirá creyendo toda la Iglesia 8.

Quienes no conocen la Iglesia, piensan que la doctrina eclesial es vertical, que unos pocos (la jerarquía) dice a la mayoría (los fieles) en qué tienen que creer. Desconocen que el sentido común de los fieles o “sensus fidei” es, en muchas ocasiones, quien mueve a los Papas a pronunciarse.

Así pasó también con el dogma de la Inmaculada Concepción que tanto promovieron los fieles españoles. Por eso, incluso antes de su proclamación solemne, el Papa puso a España bajo su patronazgo. Y no es que las verdades de fe sean como los puntos de un programa electoral que se votan democráticamente, sino que el Espíritu Santo sopla sobre la Iglesia toda, no solo sobre los obispos. Y cuando hay una verdad de fe creída, celebrada y vivida por la amplia mayoría de los creyentes, el magisterio con su debido discernimiento no puede más que considerar ese “instinto de la fe” como verdad revelada.

En este caso, el papel de la jerarquía se parecería al de la Real Academia de la Lengua Española, con su lema: “Limpia, fija y da esplendor”.

Volviendo al texto de definición del dogma, si te paras a leerlo detenidamente, es curioso que use el verbo “asumir” en pasiva. Dice que María “fue asunta en cuerpo y alma…”. Y es importante porque, si bien Cristo “ascendió a los cielos”, María “fue asunta”. El sujeto es Dios. Él es el protagonista.

Y es que existe el peligro de exaltar tanto a la Virgen que perdamos la perspectiva. La fe en el misterio de María siempre es una afirmación de la fe en Cristo. Nunca la ponemos delante de él, pero siempre la estudiamos en relación con él. Madre e Hijo van siempre de la mano y no se puede conocer bien a María sin mirar a Jesús. En general, no se puede comprender a una madre sin conocer a sus hijos.

Si eres madre, seguro que sabes de qué te hablo. Los hijos configuran las vidas de las madres de una forma muy distinta a como lo hacen con los padres. Llevar nueve meses a la criatura en vuestro seno y amamantarlo es una experiencia a la que nosotros jamás podremos acceder y que os da una ventaja insuperable.

Siendo la figura del padre insustituible, la relación de un hijo con su madre biológica no tiene parangón. Decimos que hay una conexión, una “química” especial. Pues bien, recientes estudios demuestran que esta “química” no es solo una metáfora, sino que es real y no se limita solo al momento del embarazo y la lactancia, sino que se mantiene a lo largo de toda la vida de la madre.

El fenómeno se llama “microquimerismo fetal” y fue descubierto en los años 90. Para saber más puedes buscar en Google el término y leer alguno de los cientos de artículos que aparecen. Yo te recomiendo uno publicado por el diario El País 9 que aparece entre los primeros resultados.

Resulta que las mujeres embarazadas adquieren células del feto que sobreviven en su cuerpo durante toda su vida. Se estudia incluso que esas células trabajan el cuerpo de la madre en beneficio de ese hijo estimulando, por ejemplo, la producción de leche o elevando su temperatura corporal para estar más calentito.

¿Y a qué viene esto? Pensarás. ¿Un tema de microbiología en un hilo sobre la Virgen María?

Pues sí que tiene implicaciones muy interesantes porque es un argumento más para afirmar la necesidad de que María esté hoy viva en cuerpo y alma. Si afirmamos, con la Iglesia, que Jesús es Dios, que murió, resucitó y ascendió con su cuerpo glorioso al cielo y que, como dicen los estudios, María portaba células vivas de Jesús actuando en su interior, en su corazón, en su cerebro…

¿No resulta casi necesario que ese cuerpo entero fuera preservado de la corrupción y fuera resucitado junto al de su Hijo? Si lees más sobre el asunto, se pueden pensar mil implicaciones de este fenómeno. Las dejo a tu imaginación.

Pero me quedo con un dato. Estas células del hijo suelen migrar a los tejidos dañados de la madre y repararlos e incluso requisar vías neuronales e influir en las emociones y comportamiento de la madre…

¿Cómo influirían las células de Jesús en el corazón roto de María en la Pasión? ¿Cómo la ayudarían a sobrellevar tal dolor? ¿No fue la Pasión algo “de dos”?

En la película “La Pasión de Cristo”, hay un momento en el que se recoge muy bien esa “química” no solo de dos almas, sino de dos cuerpos que están en sintonía. Es cuando María apoya la cara en el suelo justo en el lugar bajo el que “sabe” que se encuentra Jesús apresado…

“La Pasión de Cristo” (2004), de Mel Gibson

Decía san Juan Damasceno que “era necesario que aquella que había visto a su Hijo en la cruz, recibiendo en el corazón aquella espada de dolor (…), lo contemplase sentado a la diestra del Padre”. Y eso es lo que celebramos el día de la Asunción. Que ella lo contempla ya sentado en su trono.

Dos almas y dos cuerpos tan íntimamente unidos que no pueden sino estar juntos, para toda la eternidad.

Una gran fiesta para toda la familia humana de la que tú también eres partícipe. Así que: ¡Felicidades! Felicidades porque, contemplando a María hoy en la gloria del cielo, junto a su Hijo, comprendemos que tampoco es para nosotros la tierra nuestra casa definitiva, sino que nos espera la resurrección en esa tierra nueva.

Donde nos aguarda con los brazos abiertos nuestro Padre ¡y también nuestra Madre! ¡Nuestra querida y amada Virgen María!

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María y el Espíritu Santo, “la blanca paloma”

#HilodelRocío

¡Qué pena que Pentecostés, la tercera fiesta cristiana más importante (rivalizando con la Navidad en la segunda posición), sea tan desconocida para tantos! Por eso, quiero explicar algunas cosas de ella con la ayuda de María.

El domingo de Pentecostés marca el final de la cincuentena pascual, el tiempo litúrgico que sigue a la fiesta más importante del año para los cristianos: la Pascua de resurrección del Señor. Pentecostés significa, de hecho, quincuagésimo, el día 50. Los cristianos conmemoramos el envío del Espíritu Santo sobre los discípulos reunidos. Pero, si leemos el libro de los Hechos de los Apóstoles que narra el episodio, ya dice que este sucedió “al llegar el día de Pentecostés”.

O sea, que la fiesta ya existía antes, pero con un significado distinto que ya estaban celebrando los apóstoles, junto con María, en el cenáculo. Conocer las costumbres judías que Jesús, María, José y los apóstoles practicaban como buenos judíos, nos puede ayudar mucho a entender qué nos quieren decir hoy aquellos sucesos.

El “Pentecostés” judío se llama también Shavuot (que significa semanas), en referencia a las 7 semanas desde la Pascua, y conmemora la entrega de las tablas de la ley a Israel en el Sinaí tras su salida de Egipto y la elección de este pueblo como la “propiedad personal” de Dios. También era una fiesta agrícola pues coincidía con la recogida de la cosecha. Esos primeros frutos de la tierra, las primeras gavillas, se presentaban en el Templo de Jerusalén. Por eso se llama también la “Fiesta de las Primicias”, que se entregaban a Dios. El Shavuot era una fiesta judía de primer orden junto al Pesaj (la Pascua, que recuerda la salida de Egipto) y el Sucot (fiesta de las tiendas, que rememora los 40 años en el desierto).

Pesaj, Shavuot y Sucot son los “ShaloshRegalim” las tres peregrinaciones. Las tres fiestas judías más grandes en las que todo Israel peregrinaba al templo de Jerusalén.

Cuando digo todo Israel, digo todo Israel. Dicen que el país se quedaba prácticamente vacío durante estos días puesto que todos los judíos observantes de la ley acudían sin falta a la capital del reino.

Pero conozcamos mejor cómo eran aquellas peregrinaciones y lo vamos a hacer de la mano del Evangelio. Recordarás, por ejemplo, que Lucas nos cuenta cómo José y María iban “todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua” 10. En una de estas, concretamente –narra Lucas– en la del año en que Jesús cumplió los 12, ocurrió el episodio del niño perdido y hallado en el templo. Ya sabes: la Pascua terminó, los peregrinos emprendieron viaje de regreso, pero Jesús se quedó en Jerusalén.

José y María, “creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino y lo buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarlo se volvieron a Jerusalén en su busca” 11.

Hoy se nos pierde un niño de vista 5 minutos y nos creemos morir. Pero Jesús y María (mejores padres no se pueden tener) viajaban tranquilos, porque aquella forma de peregrinar era así. Todos eran parientes o conocidos, los niños iban jugando con los primos y los hijos de la vecina, se perdían un rato, y luego te los encontrabas más adelante.

En 2017 tuve la suerte de hacer el Camino de Santiago junto a mi mujer y mis hijos y 1.300 personas más en la gran peregrinación que organizó Acción Católica. Imagínate 1.300 personas caminando por una vereda de los bosques gallegos, la fila era a veces kilométrica.

El ambiente era estupendo. Jóvenes de parroquias, familias con sus hijos… Los niños se juntaban con los de su edad, iban más adelante o más atrás. Se ponían a cantar con unos, a charlar con otros… Y los padres igual, pero al final nos encontrábamos todos en la siguiente parada.

Esa peregrinación no fue solo un viaje personal al encuentro con Cristo (que también). Fue un viaje comunitario, como Iglesia, como pueblo de Dios. No se puede amar a Dios a quien no vemos sin amar al hermano a quien vemos. Por eso, el componente de convivencia que lleva consigo toda peregrinación tiene también un sentido pedagógico muy serio. Buscamos a Dios, pero juntos, como hermanos.

Bueno, y todo esto, ¿a qué venía?

¡Ah, ya! Yo estaba explicando que Pentecostés era una fiesta en la que todos peregrinaban a Jerusalén y que por eso estaban allí todos, María y los apóstoles. Nos lo cuenta también el evangelista Lucas que, por si no lo sabías, es el autor de los Hechos de los Apóstoles.

Y dice que, estando en la ciudad,

“De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírlos hablar a cada uno en su propia lengua” 12.

Impresionante, ¿verdad? Pero, ojo, que te puedes quedar solo en el hecho extraordinario, en los “efectos especiales”.

Si te gustan los FX, te recomiendo que veas “El ascenso de Skywalker” y disfrutarás mucho más. Los de Hollywood son los auténticos especialistas en prodigios visuales. Si lo que quieres, en cambio, es ver el verdadero milagro, el prodigio espiritual que sucedió esa noche, e ir más allá entendiendo lo que Lucas (no George) quiere explicar, sigue leyendo.

Porque aquí lo que está ocurriendo es un acontecimiento real que marcará un antes y un después en la historia humana, en tu historia personal.

Igual que la Pascua judía (la liberación del poder del faraón) adquiere un nuevo sentido en la Pascua de resurrección del Señor (la liberación del poder de la muerte), el Pentecostés judío (la entrega de la ley y la elección de Israel “entre todos los pueblos”) experimenta una “cristianización” (la entrega de la fuerza para cumplir esa ley y una nueva elección sobre el pueblo real y sacerdotal: la Iglesia).

Y se ve en los paralelismos entre ambas “teofanías” (entre ambas manifestaciones divinas).

En el Sinaí (ver Ex 19-20), cuando Dios entrega la ley a Moisés cincuenta días después de la Pascua, desciende “en el fuego” y manifiesta su poder con truenos, relámpagos y el sonar de la trompeta.

En el nuevo Pentecostés (Hch 2,1-11), 50 días después de la resurrección, Dios también desciende como fuego y en medio de un estruendo.

¿Y sabes dónde está situado el cenáculo, el lugar donde ocurrió la bajada del Espíritu Santo? En un monte: en el Monte Sion. Si vas hoy a Tierra Santa puedes visitarlo. Montes Sión y Monte Sinaí: otro paralelismo. Dios se manifiesta en “el monte”.

Si participas alguna vez en la vigilia extensa de Pentecostés, escucharás esta lectura del Éxodo que nos deja entrever su estrecha relación.

Y es que la ley, los mandamientos, son camino de vida para el hombre y la mujer. No son una imposición arbitraria, una norma de un Dios autoritario que quiere someternos a sus caprichos. El decálogo es la lista de consejos de un padre bueno que quiere la felicidad para sus hijos y que, conociéndolos mejor que ellos mismos, les advierte de dónde pueden meter la pata y qué peligros deben evitar.

Sin embargo, si de verdad te conoces, te das cuenta de que eres incapaz de cumplirlos. Quieres, pero no puedes. ¿Qué necesitas para cumplir la ley? ¡El Espíritu Santo!