La mecedora de Beckett - Fernando Abascal - E-Book

La mecedora de Beckett E-Book

Fernando Abascal

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Este volumen no es un ensayo académico, ni lo pretende. Uno tiene el suficiente pudor para manifestar que nada sustancial sabría añadir a lo mucho dicho y escrito sobre la obra de Samuel Beckett, un creador de perenne vitalidad que supo descolonizar el lenguaje, devolver a las palabras su pureza germinal a la vez que su desolador silencio, y mostrarnos, desde una turbadora perplejidad, incluso mediante una lengua ajena a la suya propia, la incomunicabilidad trágica, no exenta de humor y parodia, del ser humano. Más bien, este libro insólito es el resultado de una lectura muy personal y tal vez algo impertinente y redundante, sin notas a pie de página y conscientemente huérfana de bibliografía, de la obra del irrepetible autor irlandés y de la resonancia que en mí generan su escritura y su pensamiento. Mi propósito es abrir una conversación sobre algunos conceptos nucleares en su obra: el lenguaje, el silencio, el espacio, el tiempo, los personajes, las cosas. Acunados por el vaivén de la mecedora, sabiendo de la imposibilidad de entender y reflejar estética y ontológicamente el mundo a través del lenguaje; descreyendo de las mismas palabras; a pesar de todo y de nada, incluso del mismo silencio, atrevámonos a enunciar lo indecible y hablemos. La obra incluye sendos trabajos pictóricos de otros tantos creadores cántabros: Jesús Alberto Pérez Castaños, Rafael Leonardo Setién, Eloy Velázquez, Pelayo Fernández Arrizabalaga, Carlos y Sofía Abascal Peiró.

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Seitenzahl: 78

Veröffentlichungsjahr: 2023

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La mecedora de Beckett

TEXTOS INSÓLITOS / XIII

La mecedora de Beckett

Enunciados de lo indecible

Fernando Abascal

EL DESVELO EDICIONES

 

 

Primera edición en papel, febrero de 2023

Primera edición digital, julio de 2023

© de la obra, Fernando Abascal, 2023

© de la coordinación editorial, Adelina Calvo Salvador, Rafael Manrique Solana y Carlos Rodríguez-Hoyos, 2023

© de la imagen de cubierta, Domstock (iStock-Getty Images), 2022

© de las imágenes de interior, Eloy Velázquez, Sofía Abscal Peiró, Carlos Abascal Peiró, Jesús Alberto Pértez Castaños, Rafael Leonardo Setién y Pelayo Fernández Arrizabalaga, 2023

© del diseño de la colección, Bleak House, 2023

© de la presente edición, El Desvelo Ediciones

& Bodega del Riojano, 2023

ISBN papel: 978-126553-0-8

ISBN digital: 978-127246-4-6

eISBN: 978-84-127246-46

IBIC: DNF

Thema: DNL

Confección ePub: Booqlab

Colección Textos Insólitos

El Desvelo Ediciones

Paseo de Canalejas, 13

39004 — Santander (Cantabria)

www.eldesvelo.es

[email protected]

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).

© Jesús Alberto Pérez Castaños.

 

 

Para Manuel y Ana, mis hermanos.

A Eva Guillermina, claridad y vuelo.

© Eloy Velázquez

I. ANTES DE (LA) NADA

Samuel Beckett estrenó en 1981 Rockaby, su primera obra teatral en verso y uno de sus monólogos para mujeres más intensos. Escrita en inglés, su título, traducido a nuestra lengua como Nana, remite a las canciones de cuna. En este drama, una mujer prematuramente envejecida y despeinada, con unos grandes ojos en su rostro blanco e inexpresivo, enlutada con su mejor negro e identificada como 'W' (inicial de «mujer» en inglés), agoniza junto a una ventana en la soledad de una habitación en penumbra. Permanece sentada en una mecedora mecánica –unos brazos al fin–, un recurso reiterado en las obras de Beckett y de fértil simbolismo –senectud, sosiego, paso del tiempo, sueño, ritmo, latido, etc.– que el autor utilizó por primera vez en su novela Murphy (1938).

La mujer escucha una voz femenina en una cinta pregrabada que se identifica como 'V' (inicial de «voz» en inglés) y que, tal vez, represente el fluir sonoro de su propia conciencia. La voz narra la vida solitaria y dolorida de esta anciana que, acunada por el vaivén del balancín y por el tono sosegado de las palabras de la cinta, recuerda a su madre muerta, otra como ella misma. Sospechando que su existencia está a punto de acabar, al inicio de cada una de las cuatro secciones de la obra, la mujer repite, a modo de plegaria o demanda infantil, More («Más»), tal vez para dilatar su final y seguir escuchando la voz de la cinta. Tengamos en cuenta que la recurrencia, el reforzamiento de los enunciados mediante su repetición, es una de las estrategias literarias más empleadas en la escritura beckettiana. El final de la pieza, abierto y ambiguo, no nos permite saber si la anciana, en el fondo una niña perdida que está buscando a su madre, se ha dormido o ha fallecido.

Pongamos, amable lector, que es el mismo Samuel Beckett quien se balancea en su mecedora y quien, desde dentro y desde fuera de sí mismo, en una dislocada alteridad y cuestionando el sistema de representación del lenguaje, nos habla a ti y a mí –¿qué es hablar?– de la imposibilidad de toda tentativa de comunicación verbal, de lo fallido de nuestras percepciones y de la defunción de la esperanza, toda una poética del silencio y del fracaso, ese credo estético del fracasa mejor que enunció en su breve novela-poema Rumbo a peor (1983) y que nos recuerda, salvando distancias y propósitos, el título de un libro de ensayos, El divino fracaso (1918), de nuestro incomparable Rafael Cansinos-Assens.

Imaginemos que es Samuel Beckett quien, en 1989, año de su fallecimiento, solo en la habitación que con monástica sencillez ocupaba en una residencia de ancianos municipal de París, persevera tercamente en su capacidad de decir, de seguir hablando, ese aún, di aún, palabras con las que comienza la novela anteriormente mencionada, una de las más profundas reflexiones sobre el lenguaje y la muerte escritas en el siglo XX.

Resulta imposible cercar la obra abierta de Beckett o inmovilizar su escritura, una escritura de penuria que asedia la razón narrativa y en la que es más importante el decir que lo dicho; que se resiste al análisis –«que nadie busque símbolos donde no los hay», afirma la voz que cierra su novela Watt (1945)– y que se sitúa en el límite mismo de la comunicación. Y es que Beckett rechaza que sus obras sean discutidas en términos de reductoras claves hermenéuticas; antes bien, juega desde la parodia y la ironía con la inestabilidad de los significados y se empecina no solo en incomodar a los lectores y a los críticos, sino en derrocar el estatuto del autor y de la propia literatura.

Sentados, pues, junto al octogenario Beckett en su mecedora, una naturaleza muerta que, plena de connotaciones, tanto nos remite al propio escritor y a su escritura repetitiva como a la forma y estructura de su obra, pongámonos a la escucha de esa voz preafásica y escindida que, aun sabiendo que ha perdido el aval de las palabras, no solo dialoga con nosotros y nos interpela, sino que lo hace consigo misma y con los personajes que en ella se manifiestan, su gente, como el autor los denominaba.

Excavemos, como él hizo, en sus textos cada vez más breves y enigmáticos, en las toperas y en los desagües de la lengua, en las ranuras de lo entredicho. Cortemos el cordón umbilical que anuda lenguaje y realidad y descendamos a través de los albañales de las palabras, hasta ese fondo de silencio mineral en el que solo brilla el resplandor de lo innombrable.

Este breve volumen no es un ensayo académico, ni tampoco lo pretende. Uno tiene el suficiente pudor para manifestar que nada sustancial sabría añadir a lo mucho dicho y escrito, un auténtico diluvio crítico, sobre la obra del irrepetible autor irlandés, un creador de perenne vitalidad que supo descolonizar el lenguaje, devolver a las palabras su pureza germinal a la vez que su desolador silencio, y mostrarnos, desde una turbadora perplejidad, renunciando a los automatismos inherentes de su lengua materna y aceptando, por tanto, el extrañamiento que produce un nuevo código lingüístico, la incomunicabilidad trágica, no exenta de humor, del ser humano.

Mas bien, este libro insólito es el resultado de una lectura muy personal, creativa y, tal vez, algo impertinente y redundante, sin notas a pie de página y conscientemente huérfana de bibliografía, de la obra de Samuel Beckett y de la resonancia que en mí generan su escritura y el pensamiento que a través de ella o, mejor, en ella, se despliegan. Una obra que no solo abarca la poesía, el teatro, la narrativa, el ensayo o la traducción, sino que se prolonga en textos y guiones escritos para la radio, la televisión o el cine, incluso en un libreto de ópera.

Quizá estas palabras no sean más que un borrador, un esbozo que surge de una doble imposibilidad: la de analizar una obra fecunda, profundamente coherente y compleja y, a la vez, la de penetrar en su silencio y en su lenguaje, que, como toda representación, no solo es sospechoso de fraude, sino reflejo de su propia crisis, en cuanto se ve reducido a un espejismo o vacío en el que el sujeto hablante se siente encarcelado por las mismas palabras, pues, como escribe el autor en Murphy: «nada es decible».

Uno, modestamente, también aspira a superar la contradicción beckettiana entre la imposibilidad y la obligación de decir y, a partir de esa épica de la desintegración que constituye su obra, dar cuenta de la lucha de las palabras, esas «gotas de silencio a través del silencio», contra sí mismas, como lo hace el personaje de Jacques Moran cuando escribe al final de Molloy (1951): «Es medianoche. La lluvia azota los cristales. No era medianoche. No llovía».

Un poema suyo titulado Cómo decir, datado a finales de octubre de 1989 –el autor fallecería dos meses después– expresa muy bien las balbuceantes letanías, tan frecuentes en su obra, sobre el qué y cómo decir, a la manera de aquellas respuestas interrogativas de las que hablaba el poeta francés René Char.

Lejos allá allá abajo apenas qué–

locura de querer creer entrever en ello qué–

qué–

cómo decir–

cómo decir.

¿Cómo no quedar marcados ante las lúcidas preguntas, las contradicciones, los silencios, los razonamientos circulares o las recurrencias que esa literatura liberada de palabras, despalabrada, nos plantea? Una escritura árida y cada vez más enflaquecida que tiene su correlato, por referir solo dos ejemplos, en los microgramas de Robert Walser o en esa falta de confianza en el lenguaje que atraviesa la prosa, la poesía y los ensayos de Henri Michaux.

El mismo Becket manifestó que su escritura «no es acerca de algo», sino «algo en sí misma» que tiene mucho de ritmo poético y pendular –no pierdas de vista, lector, la imagen de la mecedora– en la elaborada transparencia de su discurso; escritura exenta de retórica que elimina transiciones innecesarias y que, con gran economía expresiva, nos habla del agotamiento de las palabras y del profundo hiato entre lenguaje y realidad; escritura que añora su desaparición o final para, así, convertirse en ex-critura, y en la que forma y contenido, lo individual y lo universal, se constituyen como partes inseparables.