La organización desterritorializada - William Rojas Rojas - E-Book

La organización desterritorializada E-Book

William Rojas Rojas

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Beschreibung

Hay una innovación mayor en el sistema productivo mundial y en el cual la organización contemporánea juega un papel protagónico: la desterritorialización del proceso de producción. Pero no se trata simplemente de la tercerización, las redes de franquicias y las maquiladoras. Es esto y mucho más. Con la desterritorialización de la producción y la relocalización de las organizaciones como fenómeno planetario, se materializaron en paralelo un sinnúmero de efectos patógenos sobre los que ya habían advertido desde hace medio siglo Gilles Deleuze y Félix Guattari en su examen sobre la relación entre "capitalismo y esquizofrenia" en su Antiedipo. Según ellos, el problema del socius siempre (desde la "máquina territorial primitiva") había sido codificar los flujos del deseo, registrarlos, regularlos. Pero la "máquina capitalista" causó la decodificación y desterritorialización de tales flujos. El orden necesario para la estructuración social se impone, entonces, con una violencia inédita, que se deja ver no solo en lo físico, sino que, al ejercerse sobre el imaginario social, está presente en el inconsciente colectivo. El pensamiento administrativo y organizacional parece que no se ha percatado del reto ante semejante mutación. Justamente sobre esto, los autores de los trabajos reunidos en La organización desterritorializada quieren llamar la atención, al concentrarse en problemas como tiempo, en la hipermodernidad, la gestión del éxito, el examen del discurso, la organización como territorio, el menosprecio, las relaciones laborales y la contabilidad crítica, entre otros.

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Seitenzahl: 319

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Rojas Rojas, William

La organización desterritorializada / William Rojas

Rojas, Héctor L. Bermúdez.

Cali : Programa Editorial Universidad del Valle, 2020.

180 páginas ; 24 cm-- (Colección Ciencias de la Administración - Nuevo pensamiento administrativo)

1. Organizaciones empresariales - 2. Desterritorialización - 3. Cambio generacional - 4. Éxito en la administración - 5. Competitividad - 6. Análisis del discurso -7. Entorno organizacional

658.409 cd 22 ed.R741

Universidad del Valle - Biblioteca Mario Carvajal

La organización desterritorializada

© Universidad del Valle

© Facultad de Ciencias de la Administración

© Fernando Cruz Kronfly, Vanina Papalini, Elvira Narvaja de Amoux, Yvon Pesqueux, Rafael Carvajal Baeza, Gilberto Cardozo, Jorge Manuel Gil

ISBN 978-958-5168-94-7Primera edición, mayo 2021UNIVERSIDAD DEL VALLE

Comité de publicaciones de la Facultad de Ciencias de la Administración

Edgar Varela Barrios Ph.D.

Rector Universidad del Valle

Omar de Jesús Montilla Galvis

Decano y Presidente del Comité de Publicaciones

Carlos Arango Pastrana

Vicedecano de Investigaciones y Posgrados

Carlos Hernán González Campo

Editor Revista Cuadernos de Administración

Bairon Otálvaro Marín

Representante Departamento de Administración y Organizaciones

Alvaro Pio Gómez

Representante Departamento de Administración y Organizaciones

Jorge Alberto Rivera Godoy

Representante Departamento de Contabilidad y Finanzas

Maritza Rengifo Millán

Representante Departamento de Contabilidad y Finanzas

Sara Alejandra Alzate

Técnico de apoyo del Comité de Publicaciones

Facultad de Ciencias de la Administración

Calle 4B No 36-00

Sede San Fernando, Edificio 124.

http://administracion.univalle.edu.co/

Cali, Valle del Cauca

Colombia

Carátula

‘De la serie “Bajo la luna”, detalle.

Luis Fernando Peláez 2009

Fotografía, Carlos Tobón’

Diagramación, corrección de estilo e impresión

Artes Gráficas del Valle S.A.S.

Tel: 333 2742

Cali, Valle del Cauca

Colombia

El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión del autor y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad del Valle, ni genera su responsabilidad frente a terceros. El autor asume la responsabilidad por los derechos de autor y conexos contenidos en la obra, así como por la eventual información sensible publicada en ella. Este libro, o parte de él, no puede ser reproducido por ningún medio sin autorización escrita de la Universidad del Valle.

Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions

TABLA DE CONTENIDO

PRESENTACIÓN

1. EL TIEMPO, LAS GENERACIONES, LAS ORGANIZACIONES Y EL TRABAJO

Fernando Cruz Kronfly

2. LA GESTIÓN DEL ÉXITO Y SUS RITUALES

Vanina Papalini

3. ANÁLISIS DEL DISCURSO: UNA PERSPECTIVA TRANSDISCIPLINAR EN LAS CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES

Elvira Narvaja de Amoux

4. EL TERRITORIO COMO NUEVA FRONTERA DE LAS ORGANIZACIONES

Yvon Pesqueux

5. LA ESTRUCTURA ORGANIZACIONAL INTERROGADA. A PROPÓSITO DEL MENOSPRECIO

Rafael Carvajal Baeza

6. EN ARGOS LA REALIDAD LABORAL CAMBIA. DE LA RUPTURA DE LA MASACRE DE SANTA BÁRBARA AL ACUERDO DE LA CONVENCIÓN COLECTIVA ÚNICA

Gilberto Cardozo

7. ¿PUEDE LA CONTABILIDAD CRÍTICA AMPLIAR LOS HORIZONTES DEL PENSAMIENTO ADMINISTRATIVO?

Jorge Manuel Gil

NOTAS AL PIE

PRESENTACIÓN

La organización desterritorializada es un nuevo libro de la colección dirigida por el Grupo de Investigación Nuevo Pensamiento Administrativo. Es de resaltar que la colección sigue cumpliendo su objetivo de divulgación de trabajos investigativos con el auspicio de las directivas de la Universidad del Valle y especialmente de la Facultad de Ciencias de la Administración. Agradecemos a los (as) autores (as) que contribuyen a que el Grupo de Investigación continúe mostrando una perspectiva crítica de ciertos fenómenos actuales inherentes a la organización y al pensamiento administrativo, como la mutación del tiempo en la hipermodernidad, la gestión del éxito, el examen crítico del discurso, la organización como territorio, el menosprecio, las relaciones laborales y la problematización de las concepciones de contabilidad y administración, entre otros.

Heredero de la ingeniería, el management, desde sus orígenes, se ha preocupado por comprender la estructura de la organización. De lo contrario, ¿cómo dirigirla? Históricamente, el material de ideas con el que está construido incluye siempre esa postura epistemológica. Por eso, los estudiosos de las ciencias de la dirección y de la organización deliran con los conceptos de estructura, sistema, forma, procesos, etc. No echar mano de ellos es el caos, y el caos es la antítesis de la administración. La organización tiene que parecerse entonces a un territorio, tanto en lo macro, como en lo micro es decir, esta tiene que ser un terreno concreto, delimitable, localizable. No importa si se trata de las grandes firmas multinacionales, de los enormes chaebols, de las redes de franquicias, de las PYMES o las microempresas. A pesar de la globalización de los mercados, de la deslocalización de la producción y la atomización de la distribución, etc., algo deberá constituir la identidad de las empresas, llámese la marca, la impronta, el distintivo, etc.

Sin embargo, la mencionada globalización de los mercados, en paralelo con la revolución de las comunicaciones, ha conducido, en tiempos de vértigo, a lo que hace ya medio siglo, en su Anti-Edipo, Gilles Deleuze y Félix Guattari (1972) llamaron “la desterritorialización” de todo tipo de flujos, lo cual, desde luego, ha revolucionado igualmente el universo de las organizaciones, protagonistas de la sociedad desde la industrialización del capitalismo. Las maneras ortodoxas de dirigir las empresas se vieron obligadas a ceder el paso a nuevas figuras de dominación que exigen ser estudiadas también desde nuevas perspectivas.

Así, el primer capítulo de este libro, El tiempo, las generaciones, las organizaciones y el trabajo, de autoría de Fernando Cruz Kronfly, resulta importante para los gerentes, académicos y consultores, porque facilita pensar los problemas de gestión que emergen en la organización de nuestros tiempos y que no tienen una única explicación ni salida. Se acepta que la organización necesita de una subjetividad comprometida con el trabajo, sin embargo, el autor advierte que el mercado –y especialmente la ideología del consumo– ha resultado un “embudo” que atrapa a las generaciones que asumen un cierto desencanto con los valores modernos y la cosmovisión que entendía el compromiso con la empresa moderna. Entonces, plantea la tesis según la cual resulta fundamental entender que, en la organización, hay un encuentro complejo entre mentalidades, fruto de diversas formas de comprender y representarse el trabajo y la relación de subordinación. El autor advierte que la organización contemporánea está en presencia de un nuevo tipo de subjetividad que necesita pensarse y re-proyectarse en el marco de un encuentro complejo: el respeto a la individualidad hipermoderna y las obligaciones postuladas al sujeto trabajador moderno. Las organizaciones en las que se exige el trabajo disciplinado, comprometido y esforzado, deben entender que el pensar-vivir contemporáneo se ha alejado del sujeto que caía de hinojos ante los programas de motivación e intervención psíquica que prohijaba el frenesí ante el trabajo, es decir, frente a las lógicas de lealtad y compromiso duradero que se suponía en el capitalismo sólido. Salirse de lo instrumental y beber de la sociología, la antropología cultural (urbana) y el psicoanálisis, es la apuesta teórica del autor para pensar los derechos y las obligaciones en el trabajo actual.

Vanina Papalini es la autora del segundo capítulo, titulado La gestión del éxito y sus rituales. En su trabajo advierte que en la conceptualización managerial, que cose la vida organizacional, hay una premisa sobre el éxito que necesita ser problematizada. En sintonía con el primer capítulo, la autora se refiere al sujeto, pues es a él a quien se le hace responsable de los logros y pérdidas relacionadas con su trabajo. La importancia de este texto se puede resumir en que filosófica y sociológicamente se muestra que los postulados manageriales se presentan como higiénicos y esterilizados en la promoción y control del éxito (exitismo) que se demanda en nuestros tiempos. Entonces, la investigación se enfrenta a desenmarañar la algarabía sobre la cual y desde la cual la persona trabajadora es invitada y evaluada, bajo el amparo de constituirse objetivamente en un “empresario de sí mismo”. El conjunto de ideas y el camino que se traza para revelar el “sujeto ideal” que requiere o exige el éxito, se decanta en un llamado implícito para entender las aporías antinaturales. Entonces, la autora, recorriendo teorías del psicoanálisis, la socio-psicología clínica, la filosofía y los estudios culturales, invita a pensar cómo la empresa, los managers y el espíritu del capitalismo pueden desnaturalizar la vida y los procesos de subjetividad que daban identidad a la empresa que se proyectó como cuidadora de la dignidad humana y social.

El tercer capítulo, denominado El análisis del discurso: una perspectiva transdisciplinar en las ciencias humanas y sociales, elaborado por Elvira Narvaja de Arnoux, es fundamental para pensar desde una orilla transdisciplinar lo que pasa, se obvia y se puede esconder en los estudios organizacionales que no tienen en cuenta la “carne” inmanente al discurso. Con rigor, la autora demuestra que el análisis del discurso se ha constituido como un campo académico apoyado en disciplinas lingüísticas y no lingüísticas, que aborda de manera crítica la dimensión discursiva de las actividades sociales y de los modos de comunicación (organizacionales). La discursividad empresarial nunca podrá considerarse monodisciplinar, de ahí que en este texto se entienda que puede ser humanamente muy tóxico asumir al discurso empresarial y gerencial como un mero instrumento con el que se busca objetivar el trabajo y la gestión. Dicho de otro modo, el trabajo de la investigadora facilita entender que el pensar las prácticas organizacionales requiere de desterritorializaciones que solo emergen de categorías transdisciplinares que indagan la fuerza, técnica e intencionalidad.

El territorio como nueva frontera de las organizaciones, de Yvon Pesqueux, es el cuarto capítulo de esta obra, el cual problematiza las concepciones inherentes a una noción como la de desterritorialización. El autor no desfallece ante el aparente consenso con el cual se ha aceptado y cultivado la ampliación del concepto de territorio en la modernidad y la hipermodernidad, pues considera que hacerlo contribuye a la legitimación de una “monstruosidad democrática”, que promueve consensos en torno a la indiferenciación que exige la globalización económica del mercado. Pesqueux desdobla el resultado de su pesquisa para demostrar que es necesario huir de la noción de territorio como un espacio de reconocimiento neutral. Recurriendo a la filosofía, el autor muestra que el territorio ha sido un concepto que se transforma en procesos de inclusión y exclusión, propios de un espíritu capitalista homogeneizador e innovador.

El autor señala que las organizaciones se pueden desterritorializar en nombre de la libertad e integración, empero, tal pretensión no evita el trazado de fronteras que les es inmanente; comprender el borrado y el remarcado de los límites facilita entender que la organización ocupa y explota espacios y culturas vecinas. En general señala la necesidad de pensar el entretejido de ciertas dinámicas organizacionales que polarizan y delimitan a la fuerza el arraigamiento de grupos y sociedades humanas que, de una u otra manera, se han visto expuestas al “tecno-mestizaje”. Con la reflexión sobre la noción de territorio, el autor problematiza el concepto de límite, pues es desde él que se puede hacer visible la aparición y reaparición de nuevas restricciones, barreras y censuras, que modifican y erosionan el orden de las significaciones que entronizan la civilización científico-tecnológica, centrada en la creatividad de espacios para el mercado. Como lo sostiene Pesqueux, “el territorio es el que autoriza la dualidad ‘identidad-alteridad’ donde el límite es el que permite abrir ese juego”. Juego que deshumaniza muy sutilmente la identidad que reconocía la alteridad, por tanto, la diferencia humana.

Rafael Carvajal Baeza es el autor del quinto capítulo, titulado La estructura organizacional interrogada. A propósito del menosprecio. El trabajo se propone demostrar que en el seno de la estructura organizacional –representada en los organigramas– emana y se cultiva el menosprecio a la vida humana. Para abordar el tema el autor recurre a los factores socioeconómicos que para Marx median entre una disposición administrativa mercantilizada –la estructura orgánica de la empresa– y la erosión de la dignidad humana. Resulta interesante observar cómo Carvajal Baeza problematiza la estructura orgánica como un núcleo paradigmático que, en el marco del mercado desregulado, muy pocos investigadores se atreven a cuestionar. Bajo la rejilla de la economía de la organización industrial, se sostiene que la organización se potencia haciendo permanentes reconfiguraciones de la estructura que, si bien la mantienen e incrementan su fuerza en el mercado, también facilitan la emergencia de prácticas y acuerdos colusorios que resultan tóxicos para la dignidad de muchas personas que soportan y sufren la economía de mercado. El autor se compromete a demostrar que la mirada objetivista y neutra de la estructura orgánica del diseño empresarial y de control implica un enceguecimiento frente a las variables sociales, económicas, legales y éticas que deslegitiman y legitiman el quehacer organizacional.

En el capítulo sexto, denominado En Argos la realidad laboral cambia: de la ruptura de la masacre de Santa Bárbara al acuerdo de la Convención Colectiva Única, Gilberto Cardozo hace gala de su experiencia como gerente de personal, al alzar su pluma para la reconstrucción de un caso muy importante para el pensamiento organizacional colombiano. Reconstruir desde un conocimiento reflexivo directo facilita visibilizar la transformación de las relaciones de trabajo durante cerca de 20 años en Cementos Argos. El autor muestra que el imaginario gerencial que no pierde la orientación humanista y crítica, puede lanzarse a entender un acontecimiento que marcó un punto de inflexión para defender y promover relaciones humanas respetuosas de diferencias propias de la relación de subordinación. Resulta interesante observar cómo el autor se empeña en demostrar que ampararse en principios y valores dignificantes facilita el encuentro sindicato-empresa. Por supuesto, su pensamiento contribuye a entender cómo las políticas de relaciones laborales pueden tejer de manera compleja el accionar de una empresa capitalista ortodoxa (conservadora y en expansión) con las reivindicaciones de los trabajadores que se sindicalizan.

Finalmente, en el capítulo siete el profesor Jorge Manuel Gil presenta su trabajo titulado ¿Puede la contabilidad crítica ampliar los horizontes del pensamiento administrativo? Allí el autor parte de reconocer que para él los enfoques ortodoxos, clásicos y positivistas del pensamiento administrativo y contable consolidan el establishment y el espíritu universitario contemporáneo. Sin embargo, se considera fundamental el pensamiento crítico para el desarrollo de una postura que trata de obturar un pensar difuso que parece anclarse en lo instrumental, que no problematiza el método y las consecuencias del sistema capitalista. El balcón desde el cual se despliega este trabajo es el de reconocer que todo conocimiento profesional humanista requiere debatir los postulados y prácticas que ordenan y afectan la vida en sociedad y el entorno natural. Reconociendo que la administración estructura una forma de acción ex ante y que la contabilidad orienta la interpretación ex post, el autor desafía la objetividad con la que aparentemente se decide y se actúa en el mundo actual. Y es desde allí que se atreve, filosóficamente, a revivir el debate que abren Changeaux y Ricoeur respecto de la naturaleza y norma en relación con la suerte que se le define al pensar y actuar social. Resaltando la centralidad de la sociedad, el autor propone un cavilar dialéctico que facilite identificar que, tanto la administración como la contabilidad, se encuentran condicionadas, más no por eso tendrían que quedarse en el cerrojo finito de las instituciones y sus significaciones más instrumentales.

Esperamos, con este libro, mostrar a los lectores que el Grupo de Investigación Nuevo Pensamiento Administrativo avanza en las preocupaciones en busca de un pensamiento organizacional, y que se aferra a corrientes intelectuales que ensayan a comprender lo que determina la crisis de lo social y lo humano en nuestros tiempos. Esto implica continuar creando reflexiones que se rebelen frente al pensamiento de aquellos que consideran ineludible la erosión de la dignidad humana –como si fuera una fatalidad– en la permanente desterritorialización moral que impone el mercado.

En esta oportunidad el grupo de investigación ha invitado como co-editor al profesor Héctor L. Bermúdez, porque considera que su trabajo ha permitido ampliar la difusión del pensamiento que busca movilizarse en torno a deconstrucciones ortodoxas que paralizan, en medio del declive de la dignificación de la humano-organizacional.

 

William Rojas Rojas

Profesor. Grupo de Investigación Nuevo Pensamiento AdministrativoUniversidad del Valle

Héctor Bermúdez.

Profesor. Grupo de Investigación Comportamiento Humano OrganizacionalUniversidad de Antioquia

1. EL TIEMPO, LAS GENERACIONES, LAS ORGANIZACIONES Y EL TRABAJO

Fernando Cruz Kronfly

1.1 RESUMEN

Se pretende demostrar que no es el simple paso del tiempo la causa principal de las líneas que separan las generaciones. Hubo épocas históricas en que el tiempo parecía estar quieto y la humanidad vivía inmersa en tradiciones inamovibles. Pasaban siglos y las generaciones solo se diferenciaban por las edades pero no por su modo de representarse el mundo. Los padres legaban a sus hijos sus mismas cosmovisiones y modos de pensar y de vivir. Y la voz hegemónica de Dios estaba detrás de la quietud del mundo y el orden establecido. Pero hubo un momento en la historia de Occidente en que el tiempo se puso en marcha y empezaron a modificarse las representaciones del mundo. Detrás de estas transformaciones y nuevas velocidades estuvo la economía, la ciencia y la técnica, las cuales produjeron un cambio en la mentalidad y el modo de representarse el mundo y vivir. Es decir, un nuevo tipo de subjetividad. Se pretende, entonces, demostrar que la línea de separación, cada vez más profunda entre las generaciones, no la produce el simple paso del tiempo, sino el advenimiento de nuevas subjetividades, entendidas como modos de representarse el mundo, y desde allí nuevas formas de actuar y de vivir.

1.2 EL TIEMPO

Hubo una época en que el tiempo era una embarcación a remo en un mar sin término. Los días, los meses, los años y los siglos parecían estar quietos. La moda, señala Lipovetski, no consistía en la velocidad innovadora de lo mismo, sino en vestirse siempre calcando la manera de hacerlo de los antepasados. La agricultura se repetía a sí misma en los procedimientos y los artesanos trabajaban cantando en los talleres, con el fin de producir justo lo necesario para presentarse a las ferias locales a intercambiar sus productos en diferentes formas de trueque. La velocidad de las caravanas de los mercaderes que iban de feria en feria, digamos de Florencia a Gante, con sus pies polvorientos, no superaba los diez kilómetros diarios, y nadie se preocupaba de aquella lentitud que, además, ningún comerciante veía negativamente, como algo posible de ser modificado. El mundo tenía el ritmo de las cosas sabiamente dispuestas por Dios. Todo alrededor se suponía gobernado desde afuera del mundo humano, por una especie de voluntad, intención e inteligencia extra-mundana que sabía lo que hacía, por qué lo hacía y, ante todo, cómo lo hacía. Acerca de esta especie de destino los seres humanos nada podían hacer.

La subjetividad humana derivada de esta manera de ocurrir el tiempo, no se preocupaba más de lo debido de las cosas de este mundo, porque el destino humano consistía, ante todo y por sobre todo, en salvar el alma. Este era el proyecto esencial. Crear riqueza y apegarse a ella y a lo material, equivalía a un desvío de lo fundamental y a un evidente alejamiento de Dios. El dinero era definido como el “excremento del demonio”, y la ganancia en los pequeños intercambios y trueques ocurridos de las ferias era vista como un desequilibrio inmoral. En el siglo XIII, Santo Tomás, en su obra Del gobierno de los príncipes, considera inconveniente a los ojos de Dios, el comercio o intercambio de objetos del cual se derive una ganancia a favor de alguno de los intercambiantes en las ferias.

Paralela a esta mirada y voz monofónica del dogma sobre lo humano y sus asuntos, hacia el siglo XIV, y al ritmo de las ferias, empieza a observarse una dinámica comercial de relativa importancia. Este mundo encarnaba a su modo la ambivalencia humana, pues, mientras el comercio y la ganancia eran mal vistos a los ojos de Dios, y las monedas sonaban en las alforjas de los comerciantes como la sucia ebullición del estiércol del demonio, iba naciendo de este proceso una nueva clase social, diferente de la basada en la nobleza de los linajes y apellidos. Esta nueva clase social, de origen plebeyo en términos sociológicos, terminó por crecer y por consolidarse en paralelo con la aristocracia.

1.3 LOS PRELUDIOS DEL RENACIMIENTO

Estamos en los preludios del denominado Renacimiento, período en el cual empieza a surgir y consolidarse lo que Alfred Von Martin, en su estudio de caso sobre Florencia, denomina como una “nueva mentalidad”. Esta nueva mentalidad, que se desarrolla en paralelo con la mentalidad tradicional que venía de la denominada Edad Media en descomposición, empieza a representarse el mundo de una manera absolutamente diferente. Sobre todo, y de manera fundamental, aunque no única, el mundo económico y la generación de riqueza. Dicho de otro modo, el mundo económico, científico y técnico del Renacimiento da origen a un nuevo tipo de subjetividad. Entendida esta nueva subjetividad, entendida esta como un nuevo tejido de representaciones del mundo en las cuales se instalan a vivir los hombres y mujeres del Renacimiento, y desde donde actúan y deciden redefinir sus existencias. Nace entonces en el Renacimiento, entendido como una ruptura aguda de paradigmas y cosmovisión del mundo una nueva generación humana con la cual empieza en Occidente la modernidad mental.

Veamos:

Pico de la Mirandola abre un capítulo de confianza en la razón humana, en cuanto inteligencia capaz de construir un mundo humano con relativa autonomía frente a la inteligencia divina. Esta inteligencia o razón intramundana, puesta en marcha por los seres humanos, se supone capaz de fundar un mundo humano a su medida. Un mundo de pensamiento, de acción y de construcción humana, paralelo al divino. La Razón subjetiva humana toma confianza en sí misma y he ahí un componente sustancial del Renacimiento. Maquiavelo piensa la política por fuera de la mano de Dios, que quita y pone a su antojo príncipes y reyes. Descartes refunda la filosofía desde la tabula rasa que se propuso, para decir “pienso, luego existo”. Leonardo Da Vinci recupera a María Magdalena como el apóstol brazo derecho de Cristo y compañera suya. De la mano de un telescopio hecho con las uñas, y guiado por la matemática, Copérnico rompió el paradigma geocéntrico de siglos, donde el tiempo no pasaba linealmente como tiempo histórico, sino míticamente en busca del origen, y, como dice Thomas Kuhn, copernizó la mirada sobre el mundo, y el cielo de antes empezó a ser espacio. Gütemberg puso en marcha la imprenta y permitió la lectura individual y solitaria; la lectura ensimismada que fortaleció la maduración del principio de individuación. Cervantes puso a caminar a don Alonso Quijada, no hacia el bien y la salvación de su alma, sino hacia el azar y la casualidad del mundo, con lo cual dio origen a la novela como un nuevo género literario de la modernidad. Shakespeare hizo que Hamlet hablara consigo mismo, de tal manera que a través de este hablar interior se auto-transformara y descubriera parte sustancial de la compleja condición humana. Montaigne, al escribir sobre sus propios puntos de vista y no acerca de los puntos de vista de la tradición sagrada, fundó el ensayo como género. Y, a propósito he dejado de últimos a Calvino y Lucero, reformadores religiosos, tema del cual se ocupa el sociólogo Max Weber en su demostración sobre la relación existente entre el desarrollo y consolidación de la modernidad capitalista y la reforma moral que Calvino y Lucero se propusieron y lograron.

La apretada síntesis que precede solo pretende dar cuenta de lo que se presenta a continuación.

1.3.1 DERIVACIONES DE LA RUPTURA PARADIGMÁTICA MODERNA

En el Renacimiento ha surgido una “nueva mentalidad”. Esta nueva mentalidad es la moderna. La ruptura paradigmática que esto significa instaló una brecha generacional de las más profundas dimensiones, y el tiempo se puso en movimiento. Esta mentalidad moderna aboga por el conocimiento humano y su aplicación en la transformación del mundo a través de la ciencia y la técnica. Deja atrás los prejuicios morales sobre el apego a los bienes denominados materiales y formula una nueva ética acerca de la ganancia y el apego a los bienes materiales. Sin esta ruptura en los paradigmas morales de la tradición religiosa precedente, el capitalismo no hubiese logrado ser legítimo y posible.

El trabajo humano ahora deja de ser representado como aquel castigo infringido por Dios por los días míticos de la pérdida del Edén, y empieza a ser considerado como aquello que da sentido a la existencia y otorga dignidad a la vida.

El pasado ya no es la dimensión sagrada del tiempo del origen, sino la época oscura del atraso que debe ser en todo momento superado. El futuro se convierte en el horizonte del tiempo hacia donde es preciso marchar, porque al final de ese horizonte se otea una especie de salida liberadora de las penurias humanas que el conocimiento, la ciencia, la técnica y la economía habrán de producir.

Surge así la mítica moderna del “progreso” material y moral de la humanidad, consistente en suponer, en primer lugar, que la humanidad avanza desde el atraso originario hacia metas de liberación y felicidad como logros derivados de la progresión material misma, y en segundo lugar, que la humanidad avanza hacia el triunfo definitivo y sostenido del bien sobre mal, y el trabajo humano es el camino y el método para alcanzar esas metas. La idea de progreso y su mítica obraron sobre los cinco siglos del mundo moderno occidental como un imán poderoso detrás del cual se organizó y puso en marcha el proyecto moderno en su conjunto, tanto en sus componentes económicos y técnicos, gobernados por la racionalidad productiva instrumental de medios y fines, como el componente cultural de la modernidad, en términos artísticos, filosóficos y científicos.

Ha llegado el momento de hacer las siguientes precisiones preliminares que considero fundamentales.

1.3.2 PRECISIONES PRELIMINARES

a. La primera es que el motor de fondo que impulsa y aúpa esta nueva mirada sobre el mundo, es decir esta novedosa mentalidad que funda la generación mentalmente moderna, es el motor económico. Este pone en movimiento el tiempo estable y congelado de la Edad Media y obliga a agilizar las operaciones mercantiles porque, desde aquellos días, el tiempo es oro. Pero no solo la idea acerca del tiempo necesita redefinirse. El espacio donde ocurre el comercio, debido al mal estado de las vías, requiere mejoramiento con el fin de garantizar la nueva velocidad de las caravanas. Espacio y tiempo ya no son categorías inamovibles e intocables por la mano del hombre, definidas por Dios desde afuera de este mundo humano, sino que, por el contrario, pasan a convertirse en algo susceptible de hechura humana, de obra humana. Los hombres del comercio y la burguesía naciente se apoderan del tiempo y del espacio y lo hacen suyo. Los moldean y los configuran a su medida, según sus necesidades.

b. La segunda consideración, de absoluta importancia, es que en todo lo dicho hasta ahora ha quedado implícito el tema de que estamos en presencia de un proceso histórico que devino desde entonces en una sostenida carrera conducente a la frenética puesta en movimiento del tiempo. Tiempo que en el presente contemporáneo, denominado hipermoderno, se ha vuelto exhalación.La vida humana ha quedado convertida en un perpetuo instante. Igualmente, asistimos a la casi desaparición del espacio. Tiempo y espacio se licuan. Pierden todo tipo de consistencia y solidez. Ambos desaparecen del mundo humano hipermoderno contemporáneo, como los “antiguos” limitantes y barreras que en otros tiempos fueron.

c. En tercer lugar, y como derivación de lo anterior, es posible concluir que la demolición del tiempo y espacio como dimensiones objetivamente limitantes, conduce al advenimiento de un nuevo tipo de subjetividad, en este caso la hipermoderna. En el entendido de que la subjetividad se define, para los fines de esta reflexión, como un determinado modo de representarse el mundo sin tiempo ni espacio, de instalarse en dichas representaciones y de vivir la vida y entablar relaciones con los demás a partir de allí.

1.3.3 CONSIDERACIONES COMPLEMENTARIAS

La puesta en velocidad del tiempo y el espacio durante las diferentes modernidades de los siglos XVIII, XIX y XX, en cuanto barreras y límites, la mitología moderna sobre el progreso material y moral de la humanidad como un axioma cultural indiscutible, la organización de la vida alrededor de la racionalidad productiva instrumental, el trabajo humano como dimensión liberadora capaz de otorgar dignidad a la vida y sentido a la existencia, en fin, todo esto ingresó a la subjetividad moderna como marco básico de representación del mundo, como estructura dentro de la cual el ser humano moderno se vino a vivir la vida a manera de nueva morada de refugio.

Dentro de esta nueva subjetividad moderna, el trabajo y la generación de ingresos personales pasó a convertirse en un motor de generación de individualidad que llenó de sentido la existencia. Para las mujeres, sobre todo, el trabajo, por duro que fuese, pasó a convertirse en un factor fundamental, relacionado con su emancipación de los dominios masculinos. Desde el trabajo, hombres y mujeres decidieron vivir con dignidad y gozar racionalmente la vida. El trabajo como un valor emancipador fue la morada del hombre moderno desde mediados del siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XX. Pero, en el sistema de representaciones mentales contemporáneo hipermoderno, ha ocurrido un cambio sustancial. Estas nuevas representaciones del mundo, que incluyen el trabajo, son vistas por algunos estudiosos como una especie de “mutación” generacional. Una mutación provocada, inducida, precipitada por los mass media y por las ideologías ligadas o anexas al consumismo.

Pero, volvamos un poco atrás. Esta nueva subjetividad moderna posrenacentista produjo una generación de hombres y mujeres definida, mucho más en razón de la configuración de su subjetividad, que por consideraciones y coordenadas de edad. Los hombres y mujeres modernos se unificaron como generación a partir de esta nueva mentalidad que, si bien se inició en el Renacimiento, maduró y se volvió casi hegemónica después de la segunda mitad del siglo XVIII y hasta mediados del siglo XX. Los hombres y mujeres modernos tuvieron esperanza y confianza suprema en la mítica moderna del progreso material y moral de la humanidad. Fueron optimistas antropológicos y creyeron en el futuro. Ligaron su sentido de vivir a esta esperanza y encontraron en el trabajo humano aquello que les daba dignidad, libertad y sensaciones de emancipación.

Sin embargo, las cosas son hoy muy diferentes. Dominique Méda, en su libro sobre el trabajo como un valor en extinción, hace énfasis en que para las nuevas generaciones el trabajo ya no es un valor, sino apenas una forma de ganarse la vida para gozar el presente en términos hedonistas.

Y, es aquí donde el concepto de generación vuelve a quedar problematizado, cuando se lo piensa en términos exclusivamente cronológicos, motivo por el cual es preferible utilizar para el análisis otro paradigma diferente, pues el simple referente cronológico lo reduce todo al mero paso del tiempo y no deja ver las transformaciones tan profundas que han ocurrido en la subjetividad hipermoderna contemporánea. Y no tanto esas transformaciones, sino los motores que las están causando.

Me refiero al paradigma conceptual denominado subjetividad, entendido como ese campo de representaciones del mundo propias del mundo contemporáneo, en el que los seres humanos se han instalado a vivir la vida y a relacionarse con los demás, pues lo que define, a mi entender, a las nuevas generaciones denominadas hipermodernas, es precisamente ese nuevo campo psíquico y cultural de representaciones del mundo que ha surgido con posterioridad a la mitad del siglo XX, y que se ha venido agudizando hasta nuestros días. Un paralelo con la subjetividad moderna podría en este momento ser útil, por lo tanto, se presenta a continuación.

Para el sujeto moderno posrenacentista la dimensión del tiempo más importante es el futuro, el cual es representado como horizonte de salida del progreso humano, para dirigirse hacia él y darle sentido secular a la existencia. Esto hace al sujeto humano moderno previsivo y ahorrativo de vida y de dinero. La vida queda futurizada.

En cambio, para el sujeto hipermoderno contemporáneo la dimensión del tiempo más importante es el presente. Para él, el futuro no existe aún, es por demás incierto e inasible y el pasado ya se fue. El presente es representado mentalmente como la dimensión temporal del goce de la vida, ya mismo y ahora mismo. La vida no debe ahorrarse ni diferirse, sino, por el contrario, gastarse ahora mismo en el advenimiento y provocación de sucesivos instantes veloces e intensos.

Para el sujeto moderno, su Yo psíquico deviene como una construcción profundamente derivada de la relación con la otredad. Dany-Robert Dufour define este Yo moderno como esencialmente binario. En tanto que el Yo propio de la subjetividad hiper-moderna es sustancialmente unario, en cuanto se configura a partir de una relación de desapego respecto del Otro, que sigue siendo necesario pero cada vez menos. Esa otredad es cada vez más virtual, ya que el sujeto contemporáneo quiere ser cada vez más autónomo y libre respecto de los límites, apegos y deberes que la presencia real del Otro impone. El Otro queda convertido, de esta manera, en una especie de espejo donde mirarse sin comprometerse.

Lo anterior conduce a la siguiente consideración adicional:

El sujeto moderno vive un relativo equilibrio entre los derechos que reclama y los deberes a los que se siente vinculado y obligado respecto de la alteridad. En cambio, en el sistema de representaciones del sujeto hipermoderno, hedonista y presentista, en el que el peso de la otredad ha palidecido, se observa un claro desequilibrio de la balanza entre derechos y deberes, de tal manera que pesan más para él los derechos que exige y espera, que los deberes que lo limitan.

La ética del sujeto hipermoderno no es pues “sacrificial”, como la define Lipovetski, puesto que no está dispuesto a sacrificarse por nada ni por nadie, en cuanto ha devenido como sujeto en extremo narciso e hiperindividualista.

El sociólogo norteamericano Richard Sennett, en su libro La corrosión del carácter, lleva a cabo un paralelo comparativo entre los obreros y empleados de una generación a la siguiente, para concluir en una radical diferencia generacional entre los padres y los hijos. La pregunta que uno se hace es a qué podría deberse esta radical diferencia de apenas una generación a la siguiente, habida cuenta de que en épocas anteriores el tiempo era más lento y las generaciones de hijos eran tan similares a las de sus padres.

¿Qué es lo que hace, entonces, que una generación termine siendo tan diferente a la que inmediatamente la precede en el tiempo?

¿Esto lo produce, automáticamente, el simple paso del tiempo? Veamos:

Por supuesto que todo proceso histórico de la humanidad, mental y material, así como todo proceso de la naturaleza y de la materia en sí misma, están instalados en el tiempo. Pero, hay algo más en el mundo humano, diferente del simple paso del tiempo en cuanto medición humana del movimiento, capaz de producir tan profundas mutaciones y casi abismos entre una generación y la siguiente, como ocurre en el caso del sujeto hipermoderno contemporáneo.

Este algo más es, sin lugar a dudas, la emergencia de un nuevo sistema de representaciones del mundo en el que los “jóvenes”, desde mediados del siglo XX, se instalaron para vivir la vida y desde allí actuar, comportarse y entrar en relaciones con la alteridad.

1.4 LA FÁBRICA SOCIAL DE UN NUEVO CAMPO DE REPRESENTACIONES

Todo indica que estas nuevas representaciones del mundo parecen haber sido fabricadas intencionalmente. Algunos autores sostienen que estamos en presencia de una actual producción industrial de representaciones del mundo a las que las “nuevas generaciones” son inducidas y donde ellas se instalan. Una de estas representaciones, quizás la más fuerte, aunque no la única, es la que surge de la ideología que lleva al consumo como escenario de realización feliz y lograda de la vida. Consumir en vivir. La intensa experiencia de la vida es casi imposible por fuera del consumo. Consumir permite gozar ya mismo. El consumo tiene el poder de producir psíquicamente sensaciones ciertas de vida ahora mismo. Sensaciones de inclusión social, además, para sentirse in y no out. El poder simbólico de las marcas suma a este mundo de representaciones y el cuerpo se convierte en el representante del Yo. Es decir, el cuerpo es el lugar donde el Yo psíquico se traslada a vivir. Templo y objeto de culto estético inducido y provocado, el cuerpo ha devenido en el lugar del goce de la vida y de la individualidad extrema narcisista.

Esta constelación de representaciones, que constituye un campo psíquico y cultural en el que se instala a vivir y a relacionarse con el mundo la subjetividad hipermoderna, nada tiene de ingenua ni de espontánea. Parece ser un campo de representaciones mentales inducido, provocado y auspiciado desde las fábricas de producción de subjetividad.

1.5 SUBJETIVIDAD HIPER-MODERNA Y TRABAJO

Instalados en este nuevo campo psíquico y cultural, los sujetos hipermodernos devienen especialmente difíciles para la vida organizacional y del trabajo disciplinado y esforzado. Estos sujetos contemporáneos son ideales, es cierto, para el consumo ansioso y el uso y abuso del dinero plástico, pero apenas funcionales para el trabajo disciplinado.

En consecuencia, el abismo generacional en nuestro tiempo es demasiado profundo y se muestra casi intempestivo. Hay autores que, incluso, hablan de una “mutación” en la subjetividad contemporánea, siempre en el entendido de que no se trata de una mutación en términos genéticos o biológicos, sino del campo o constelación del mundo de las representaciones mentales al que las nuevas generaciones se vinieron a vivir y desde las cuales no solo ven el mundo, sino que actúan en él y se relacionan con los demás.

Lo que me he propuesto es, entonces, situar el tema de las generaciones actuales y el mundo del trabajo, en coordenadas diferentes del simple paso natural del tiempo. Los cambios en la subjetividad actual, que permiten hablar de la hipermodernidad, han sido al parecer inducidos y provocados por la ideología del consumo, principalmente. Ideología instalada en un mundo “mass mediático” y en una tecnología que ha triturado las dimensiones tradicionales del tiempo y el espacio. Esta ideología ha provocado una mutación cultural narcisista y hedonista, unaria y presentista, que se interiorizó como un nuevo tipo de subjetividad diferente de la moderna, sin desprenderse por completo de la matriz moderna. Y la tecnología ha permitido la conversión de la realidad objetiva y real en virtual, de tal manera que los apegos y compromisos con la alteridad se debilitan y los seres humanos con los que se entra en relación terminan convertidos apenas en imágenes de pantalla, en lejanos receptores de mensajes que no incomodan ni limitan, es decir en apenas medios útiles para el goce y afirmación del Yo narciso. En los “perfiles” y en el facebook los sujetos hipermodernos gritan y dicen al mundo quienes son a partir de sí mismos y desde su propio ensimismamiento, sin que en la generación de esta imagen apenas autoconstruida haya participado la alteridad. Dicho de otro modo, la tecnología ha profundizado el camino del ensimismamiento y de la casi eliminación del peso de la alteridad.

1.6 IMPLICACIONES DE LA SUBJETIVIDAD HIPER-MODERNA EN EL TRABAJO

Si intentamos ahora un resumen, que permita relacionar los rasgos de la subjetividad hipermoderna contemporánea como, una generación y el trabajo, podría concluirse:

a. El trabajo ya no es un valor que otorga sentido a la existencia, sino apenas una forma de obtener ingresos para vivir y gozarse la vida de modo narcisista. Dominique Méda se refiere a este punto diciendo que el trabajo es un valor en extinción. No es que el trabajo en sí mismo se encuentre en extinción, sino la representación psíquica y cultural de él como un valor capaz de dar sentido a la existencia.

b.