Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Este libro recoge los resultados de una investigación en torno a un tema de gran actualidad: la posverdad, abordado desde tres ámbitos importantes del saber humano: la TEOLOGÍA —la posverdad como contraposición entre verdad y mentira—, la FILOSOFÍA —presencia de la posverdad en la filosofía actual— y el DERECHO —tránsito desde la posverdad a la posverdad judicial—. El relato posverdadero, según el Oxford Dictionary, se configura, no a partir de los hechos, sino de los sentimientos y creencias de los individuos, y su fin último se ordena a modelar y determinar el rumbo de las conductas sociales. Ya no se trata de ofrecer un discurso que tenga correspondencia con los hechos; por el contrario, la consideración de lo real deja de ser un problema. En su lugar, se construye un discurso que es el producto de un consenso de los dialogantes para lograr un criterio intrínseco que sea aceptable para todos. De este modo, el proceso discursivo viene a reemplazar la visión directa de lo real, pero… ¿es un discurso convincente y avalado por la comunidad necesariamente verdadero? Es este uno de los más importantes desafíos que nos plantea nuestra circunstancia presente y nuestros autores dejan aquí un valioso aporte.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 186
Veröffentlichungsjahr: 2022
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Este libro recoge los resultados de una investigación en torno a un tema de gran actualidad: la posverdad, abordado desde tres ámbitos importantes del saber humano: la TEOLOGÍA —la posverdad como contraposición entre verdad y mentira—, la FILOSOFÍA —presencia de la posverdad en la filosofía actual— y el DERECHO —tránsito desde la posverdad a la posverdad judicial—.
El relato posverdadero, según el Oxford Dictionary, se configura, no a partir de los hechos, sino de los sentimientos y creencias de los individuos, y su fin último se ordena a modelar y determinar el rumbo de las conductas sociales.
Ya no se trata de ofrecer un discurso que tenga correspondencia con los hechos; por el contrario, la consideración de lo real deja de ser un problema. En su lugar, se construye un discurso que es el producto de un consenso de los dialogantes para lograr un criterio intrínseco que sea aceptable para todos.
De este modo, el proceso discursivo viene a reemplazar la visión directa de lo real, pero… ¿es un discurso convincente y avalado por la comunidad necesariamente verdadero? Es este uno de los más importantes desafíos que nos plantea nuestra circunstancia presente y nuestros autores dejan aquí un valioso aporte.
ESCRIBEN ESTE LIBRO:
CARLOS ALBERTO FORCATO
MARÍA LAURA PICÓN
ARMANDO S. ANDRUET (H.)
Carlos Daniel Lasa (coordinador)
Doctor en Filosofía, Universidad Católica de Córdoba, 1993. Investigador independiente del CONICET. Profesor investigador con categoría I del Programa Nacional de Incentivos del Ministerio de Educación de la Nación Argentina.
Decano del Instituto de Ciencias Humanas de la Univ. Nacional de Villa María. Períodos: 2003-2007 y 2007-2011. Profesor titular de Filosofía y profesor del Doctorado en Pedagogía (Univ. Nacional de Villa María). Profesor de Filosofía en la Univ. Católica de Salta (UCASAL), Sede Villa María, y profesor en la Maestría en Investigación Educativa de la Univ. Católica de Córdoba.
Miembro de la Comisión Evaluadora de Humanidades de “Agencia Córdoba Ciencia”. Miembro del Comité Científico de la revista Notes et documents (Roma, Italia). Miembro del Comité Scientifique de la Bibliothèque de Philosophie Comparèe, Univ. Bordeaux Montesquieu (Francia).
Miembro del Comité Científico de la revista Studi Scciaciani, Univ. De Génova. Miembro del Comité Científico de la revista La razón histórica (Univ. De Murcia). Autor de ocho libros y más de sesenta artículos de filosofía publicados en revistas especializadas de Argentina, Chile, México, España, Italia, Francia y Alemania.
LA POSVERDAD
en la Teología, la Filosofía y el Derecho
UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA
AUTORIDADES
Rector
Ing. Rodolfo Gallo Cornejo
Vicerrectora Académica
Mg. Prof. Lilian Constanza Diedrich
Vicerrector Administrativo
Dr. Darío Eugenio Arias
Vicerrector de Formación
Pbro. Dr. Cristian Arnaldo Gallardo
Vicerrector de Investigación y Desarrollo
Mg. Lic. Daniel R. Sánchez Fernández
Director General del Sistema de Educación a Distancia
Ing. Lic. Daniel Torres Jiménez
Secretaria General
Lic. Silvia Milagro Álvarez
EDITORIAL EUCASA
Directora
Lic. Rosanna Caramella
Comercialización
Lic. Mariana Remaggi
Administración
Lic. Agostina Joaquín
LA POSVERDAD
en la Teología, la Filosofía y el Derecho
CARLOS DANIEL LASA
Coordinador
La posverdad en la Teología, la Filosofía y el Derecho / Carlos Daniel Lasa ... [et al.] ;
compilación de Carlos Daniel Lasa. - 1a ed. - Salta : EUCASA-Ediciones Universidad Católica de Salta, 2022.
Libro digail, ePUB - (EUCASA Identidad)
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-950-623-275-7
1. Teología. 2. Derecho. 3. Filosofía de la Religión. I. Lasa, Carlos Daniel II. Lasa, Carlos Daniel, comp.
CDD 170.4
Para citar este libro:
Lasa, C. D. (Coord.) (2022). La posverdad en la teología, la filosofía y el derecho. Salta: EUCASA (Ediciones Universidad Católica de Salta)
© 2022, por EUCASA (EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA)
Colección: EUCASA Base / Filosofía
Resolución Rectoral 1350/2021
Diseño interior: Favio Viale ([email protected]) Arte de tapa: Flavio Burstein STEREOTYPO (www.stereotypo.com.ar)
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto 451
Primera edición en formato digital: noviembre de 2022
Domicilio editorial: Campus Universitario Castañares - 4400 Salta, Argentina
Web: www.ucasal.edu.ar/eucasa
Tel./fax: (54-387) 426 8607
e-mail: [email protected]
Depósito Ley 11.723
ISBN: 978-950-623-275-7
Este libro no puede ser reproducido, total o parcialmente, sin autorización escrita del editor.
INTRODUCCIÓN
CARLOS DANIEL LASA
En el 2020, la coordinadora de la sede UCASAL de Villa María, Prof.a Lic. Soledad Barbero, y el presidente del Instituto Argentino «Jacques Maritain», Dr. Julio Plaza, les solicitaron a algunos profesores de la Argentina una investigación acerca de un tema de actualidad: la posverdad.
Los resultados de dichas investigaciones son comunicados hoy a través de la presente publicación. Me enorgullece presentar este libro, que contiene tres destacados trabajos sobre el tema de la posverdad en tres ámbitos importantes del saber humano: la teología, la filosofía y el derecho.
En el capítulo I, el Pbro. Lic. Carlos Alberto Forcato se refiere ―como así lo indica el título mismo― a la contraposición entre la verdad y la mentira, entre la verdad que edifica y la mentira que empobrece.
En el capítulo II, la Prof.a Dr.a María Laura Picón se ocupa del tratamiento de la presencia de la posverdad en la filosofía actual.
Finalmente, en el capítulo III, el Prof. Dr. Armando S. Andruet (h) trata la cuestión del tránsito desde la posverdad a la posverdad judicial.
Me permito, antes de pasar al capítulo I del presente libro, hacer una breve reflexión general en torno a este problema que se conoce como posverdad.
¿QUÉ ES ESO DE LA POSVERDAD?
Mirando en Netflixel documental Eventos de la Segunda Guerra Mundial a todo color, llegué al no tan conocido bombardeo de Dresde. Entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, las fuerzas aéreas de Gran Bretaña y de los Estados Unidos dejaron caer sobre Dresde (Alemania) cerca de cuatro mil toneladas de bombas. Resultado: el horror. Alrededor de veinticinco mil civiles murieron en esa tormenta de fuego.
Ni lerdo ni perezoso, el ladero de Hitler, Joseph Goebbels, tomó el guante e hizo del terrible hecho una poderosa arma propagandística: aseguró que habían muerto doscientas mil personas. Esta propaganda fue altamente efectiva y repetida insistentemente.
Ahí pensé: «Goebbels fue uno de los primeros abanderados de la posverdad». En este sentido, Maurizio Ferraris (2017: 21) ha señalado, con acierto, que la posverdad no es más que la popularización del principio capital de la posmodernidad: «No existen los hechos, sino las interpretaciones».
Por su parte, para la posverdad, de acuerdo con la definición dada por el Oxford Dictionary, los hechos objetivos y reales tienen menos credibilidad o influencia que los sentimientos y creencias de los individuos al momento de formular una opinión pública o determinar una postura social. El relato posverdadero no está configurado a partir de los hechos, sino de los sentimientos y creencias de los individuos, y su fin último está dirigido a modelar y determinar el rumbo de las conductas sociales.
Vuelvo a Goebbels: la manipulación de los hechos apuntaba, claramente, a direccionar sentimientos, afirmar creencias y reorientar el curso de determinadas acciones.
NOVEDAD DE LA POSVERDAD
¿Cuál sería la novedad que estaría introduciendo la noción de «posverdad»? Ciertamente, que no es la afirmación del desinterés por la realidad. Bástenos recordar que, a partir de Kant, ya se había declarado la imposibilidad de un juicio de existencia, es decir, de un juicio que fuera capaz de alcanzar la verdad de lo real, la verdad del ser. Para Kant, la mente humana no puede conocer ninguna trama de lo real, aun cuando la hubiere.
En la línea de Kant, la filosofía hermenéutica de Gadamer sostiene que el sentido de toda proposición singular no debe ser comprendida en referencia directa a una verdad del ser que mi mente aprehende, sino en relación con la totalidad del discurso. La mente humana, en realidad, se encuentra encerrada en el ámbito del puro lenguaje y es a partir de este lenguaje que deberá descubrir la verdad.
Ya no se trata de ofrecer un discurso que se corresponda con los hechos; por el contrario, la consideración de lo real deja de ser un problema. En su lugar, se construye un discurso que no es la expresión de la verdad de las cosas, sino el producto de un proceso que exige de los dialogantes un consenso —¡palabra mágica!— respecto de la existencia de un criterio intrínseco que sea aceptable para todos (y todas). De este modo, el proceso discursivo viene a remplazar la visión directa de lo real y pone en un primerísimo lugar la fase de construcción.
Que nos quede claro: ya no existe una realidad, una sustancia que sea accesible al hombre a través de un acto intuitivo de su alma. La verdad solo existe en los discursos porque la realidad deriva de las interpretaciones.
Esta nueva concepción de «razón» es procedimental. ¿Qué significa esto? Que no le exige al hombre convertirse en un contemplador del orden cósmico, sino que lo reta a ser un sujeto capaz de construir una imagen de las cosas de acuerdo con un determinado proceso del pensar.
PRIMERA CONSECUENCIA DE LA POSVERDAD
La primera y más obvia consecuencia de la posverdad es que ha licuado la verdad en tanto adecuación con lo que existe. La consecuente derivación más perceptible de esto es el vaciamiento de la verdad y la absoluta crisis de valores.
Es más, la posverdad ya no se sostiene a partir de creencias, presupuestos o paradigmas socioculturales que guardan cierta univocidad, sino que estos se van fragmentando y generan una pluralidad de verdades en torno de las mismas cosas.
Esto puede constatarse en la diversificación de una información que ya no es filtrada por una agencia de noticias, sino que se emite directamente por particulares o desde poderosos centros de poder que generan noticias, algunas completamente falsas (las conocidas fake news).
¿NO VIMOS VENIR LA POSVERDAD?
Podemos preguntarnos, entonces, ¿no es que la existencia de la posverdad ya estaba contenida, en germen, en la concepción kantiana de la verdad como coherencia? Creo que sí. Esa conciencia de disponer de un poder para desnaturalizarel lenguaje y convertirlo en un instrumento de construcción de la realidad (en lugar de ser expresión de esta) abre las puertas al escenario de la posverdad.
Si la realidad extramental (o sea, los hechos, aquello que es) se encuentra totalmente fuera de nuestro pensar y de nuestro decir ―tal como nos enseñó el constructivismo a partir de Kant―, entonces, ¿qué nos impide que nuestros sentimientos y creencias subjetivas sean el elemento principal al momento de configurar un discurso, una noticia?, ¿acaso los mismos constructivistas no nos han enseñado que los hechos son, en realidad, las propias interpretaciones?
La pensadora italiana Ana Maria Lorusso, que valora de modo negativo la aparición de la posverdad, reafirma sin prurito casi al final de su escrito:
… realidad y verdad no son la misma cosa, y no pueden serlo; no pueden corresponderse. El punto discriminante es que la verdad es un juicio y se da dentro de un sistema discursivo; la realidad, por el contrario, es inalcanzable (2018: 99).
Apoyándose en su maestro Umberto Eco, Lorusso considera que bastan la coherencia narrativa (una historia convincente) y la aceptación del discurso por parte de la comunidad para hacerlo verdadero, sin necesidad de que haya una referencia a la realidad extradiscursiva (sería la misma comunidad la que autorizaría determinados discursos y rechazaría otros).
UNA SEGUNDA (Y MÁS TEMIBLE) CONSECUENCIA DE LA POSVERDAD
Me permito darle una vuelta de tuerca a la aseveración de Lorusso y sacar una consecuencia que es más peligrosa: ¿es un discurso convincente y avalado por la comunidad necesariamente verdadero?, ¿acaso la coherencia intrínseca de un discurso y su aprobación social tienen la suficiente fuerza como para neutralizar la furia de la posverdad?, ¿no será que el hombre tiene que hacer una verdadera metanoia y reorientar su espíritu en dirección al conocimiento de la verdad de las cosas?
Creo que, de no proceder de este modo, no llegaremos a ser personas capaces de frenar la furia de la destrucción que estamos viendo que ha desatado la posverdad (en este punto, recuerdo a Hegel y el desconcierto que sintió frente al desaforamiento de la libertad que arrasaba con todo).
Si la posverdad ha dado paso a la apoteosis del querer, tendremos como resultado, como bien lo señala Ferraris, el absolutismo de la razón del más fuerte (2017: 11).
Dentro de este mundo alumbrado por una voluntad de poder anética, ¿cómo nos resultará posible cultivar la justicia y la amistad social, pilares de una sana convivencia política y ciudadana?, ¿cómo podremos mantener la distinción entre el bien y el mal, entre la honestidad y la corrupción?
Tengo la impresión de que la desorientación y desilusión de Hegel, horrorizado por las atrocidades cometidas por Robespierre, será un idílico cuento de niños frente a las cabezas que veremos rodar.
CAPÍTULO I
LA TEOLOGÍA ANTE LA POSVERDAD
Una verdad recibida, implicatoria y personal frente a una mentira fabricada, sensiblera y efímera
CARLOS ALBERTO FORCATO (1)
Si la teología tiene como misión principal ocuparse constantemente de buscar y encontrar la verdad de Dios, y, a la luz de su verdad, mirar e interpretar la realidad, parece inviable que ella pueda seguir cumpliendo su cometido en la era de la posverdad.
Aunque el prefijo «pos» no hace referencia a algo cronológico en el sentido de posterior, el contenido al que remite está en relación, explícita o implícitamente, con la llamada «mentira emocional» y la subjetividad, ya que no importan tanto los hechos objetivos o los grandes relatos, sino lo que se siente, gusta y satisface las necesidades.
Por tanto, en la era de la subjetividad, de la relatividad en torno a la verdad, pareciera no tener lugar la teología que se ocupa de una verdad objetiva recibida que afecta la subjetividad del sujeto que la descubre y la recibe. Si lo objetivo es desplazado subjetivamente apelando a las emociones, entonces la teología no tendría qué decir. No porque su contenido no implique a un sujeto que piensa y siente, sino porque dichos pensamientos y emociones se fundan en la objetividad de una revelación. Si así fuera, entonces, aquí tendríamos que detener la escritura de este aporte. Pero, como la verdad es inquieta y nos inquieta, no podemos dejar de iluminar, desde la verdad de Dios, la cuestión actual de la posverdad. La verdad está en condiciones de dar una palabra a la posverdad.
Descubrimos, igualmente, que, así como alguno podrá decirnos que, en la era de la posverdad, ya no hay verdades absolutas, sino relativas que dependen de los sujetos que la receptan o no, también podremos decir que la postura de la posverdad es una verdad, aunque no quiera tomar tal título para sí. Porque, para muchos que la proponen o la profesan aun sin saberlo, se convierte en su verdad, incluso reduciendo, lamentablemente, la verdad a su expresión más mínima o, peor aún, tergiversando su contenido, camuflando la mentira, reduciendo lo que dicen a su expresión más mínima y mostrando así una cosmovisión muy individual, sesgada, cerrada, ideológica y con pocos horizontes. Llamativamente, los discípulos de la posverdad ―tan enemigos de verdades absolutas o de grandes relatos, como también de la imposición de la verdad―, sutil, atractiva, camufladamente, nos imponen la verdad de la posverdad, que, paradójicamente, es mentira. Y esa es la mentira de la posverdad que queremos destapar con la verdad.
Para comenzar, entonces, con el tema que nos acucia y que tiene que ver con preguntarnos acerca de la teología ante la posverdad, partimos proponiendo algunas preguntas: ¿puede haber, en la teología católica o en el cristianismo, características de posverdad? La idea de la verdad parece muy problemática. ¿Existe algo así como la verdad? ¿Existe una sola verdad? ¿Esta idea no lleva a la intolerancia y a la violencia? ¿Puede haber una verdad absoluta en la historia? Si la verdad es hija del tiempo, ¿no pierde necesariamente su carácter único y absoluto? ¿Esta pretensión de presentar a Cristo como verdad absoluta no supone una agresión frente a otras comprensiones de la realidad? (Cfr. Comisión Teológica Internacional, 2012: 71; Cordovilla, 2012: 29-32)(2).
No sabemos si podremos responder profundamente a estos interrogantes en este sencillo trabajo, pero sí creemos necesario hacer un limitado y sintético desarrollo del concepto de «verdad» que maneja la teología. Partimos del hecho de una verdad recibida y no creada, que implica profundamente al ser humano y lo anima a dar una respuesta. Dicho de otro modo, la teología es la ciencia de la revelación cristiana, responde a la necesidad más profunda del ser humano, que es buscar la verdad, y le da palabra, fundamento y explicación a eso que experimenta el ser humano: la fe (3).
La teología responde a la necesidad de comprender lo que creemos. De allí la expresión de San Agustín: «Intellige, ut credas; crede, ut intelligas» (entiende para creer; cree para entender) (4). Y, porque en esta propuesta que se nos hace desde el Instituto Maritain de pensar acerca de la posverdad se comprende lo anterior, agradecemos que se le haya dado lugar a la teología, ya que ella «no debe consolarse con un retorno de la religión y retirarse a lo privado de una religión consoladora» (5), sino realizar su aporte porque nada de lo humano y de lo que sucede en la historia de la humanidad le es ajeno. En este sentido, la teología no está llamada al gueto y cerrazón de la opinión religiosa, sino a mirar, comprender y aportar, desde la óptica de la fe, a lo que se refiere a la verdad del mundo, de la persona y de Dios. Es por eso por lo que esperamos que este aporte contribuya con la comunicación de una alegría: la alegría de la verdad tal como el papa Francisco lo ha expresado en el proemio del reciente documento sobre las universidades y facultades eclesiásticas: «La alegría de la verdad ―Veritatis gaudium― manifiesta el deseo vehemente que deja inquieto el corazón del hombre hasta que encuentre, habite y comparta con todos la Luz de Dios» (Francisco, 2018a: 1).
Hay mucho escrito sobre la misión de la teología, muchos teólogos y teólogas que han desarrollado importantes trabajos, muchas intervenciones magisteriales, la rica tradición de los padres de la Iglesia, pero deberemos ceñirnos a retomar puntos principales para no abundar e intentar dar un marco orientador con el fin de comprender cuáles son los desafíos de la teología en la era de la posverdad. Tal vez el lector podrá recriminarnos, legítimamente, que no hemos citado a tal o cual teólogo, tal o cual intervención magisterial, tal o cual padre de la Iglesia, pero no hemos querido hacer una síntesis de la teología, sino marcar puntos que nos interesan y teólogos e intervenciones que nos parecen que pueden ayudar a iluminar el objetivo de este artículo.
Nos proponemos estructurar este aporte colocando adjetivos a la verdad teológica de frente a lo que podría decirse acerca de la verdad (o mentira) de la posverdad. A la verdad en teología se la podría considerar como una verdad recibida o donada, una verdad implicatoria o vinculante al sujeto que la escucha, la recepta o la recibe y una verdad que es personal frente a la verdad (o mentira) de la posverdad muchas veces fabricada, sensiblera e impersonal.
VERDAD REVELADA, RECIBIDA, DONADA FRENTE A LA VERDAD (O MENTIRA) FABRICADA DE LA POSVERDAD
a) Verdad: ni estática ni monolítica, dinámica e in crescendo
La verdad primera, que es Dios, objeto-sujeto de la teología, no es una verdad elaborada o creada por la propia razón, sino recibida como don en la revelación que Él hace de sí mismo. Lo interesante de la teología es que se puede definir como la ciencia de la revelación de Otro que gratuitamente se devela, se muestra, se manifiesta, habla y actúa.
El documento de la Santa Sede sobre la formación teológica de los futuros sacerdotes sostiene que
… por su naturaleza y por su función, la teología es una ciencia unitaria que se nutre en las fuentes de la Revelación y organiza los datos que encuentra allí ad lumen fidei, tanto en el proceso de investigación como en el de elaboración especulativa. La teología es, por consiguiente «positiva» y sistemática a la vez (Sagrada Congregación para la Educación Católica, 1976, II, 2) (6).
Por eso,
… es de suma importancia que el teólogo en su trabajo sepa evitar los escollos del puro positivismo e historicismo, el cual gusta de explicar todos los fenómenos del pensamiento y de la moral únicamente con causas y condiciones históricas, y esto hasta el punto de reducir cualquier verdad de valor permanente y objetivo a la relatividad de las contingencias históricas (Sagrada Congregación para la Educación Católica, 1976, II, 2, 3).
Entonces, desde el momento en que la revelación, objeto de la reflexión teológica, no es solo una suma de verdades dirigidas al entendimiento, sino también, y sobre todo, una comunicación que Dios hace de sí mismo a nosotros, en primer lugar, hablamos de una verdad que no siempre implica búsqueda, sino que significa un dejarse encontrar.
En segundo lugar, esa verdad no correrá el peligro de ser encerrada en los límites de la propia razón, ya que siempre es y será una verdad que «sobrepasa ciertamente las capacidades de conocimiento del hombre, pero no se opone a la razón humana» (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, 1990) (7)
