La risa de la Medusa - Hélène Cixous - E-Book

La risa de la Medusa E-Book

Hélène Cixous

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Beschreibung

"Basta con mirar a la Medusa a la cara para verla: y no es mortal. Es bella y ríe". Publicado por primera vez en 1975, este texto esencial del pensamiento feminista contemporáneo, que conoció un gran éxito internacional y es sin duda la obra más emblemática de Hélène Cixous, se publica aquí por primera vez en castellano. En él, la autora lanza una defensa lúcida, vibrante y provocadora de la escritura femenina, capaz de desafiar el lenguaje dominante y abrir espacio a nuevas maneras de pensar y de decir. Con un estilo poético, desbordante y lúdico, Cixous subvierte las formas del discurso para liberar el pensamiento y el deseo. Su juego con las palabras tiene un valor filosófico y político, pues no solo desmonta la lógica patriarcal: propone una nueva. Escribir, para ella, es un gesto de insumisión: una manera de desarmar el orden establecido, de afrontar el miedo heredado, de dar nuevos sentidos al mundo y de reír como acto de subversión.

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Seitenzahl: 49

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Hélène Cixous

La risa de la Medusa

Manifiesto de 1975

Traducción de Arnau Pons y Marta Segarra

EDICIONES CÁTEDRA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA

Índice

Nota a esta edición

La risa de la Medusa

Créditos

Nota a esta edición

Este libro recoge por primera vez en castellano el célebre manifiesto poético de Hélène Cixous La risa de la Medusa, publicado originalmente en francés en 1975 bajo el título «Le rire de la Méduse». A pesar de su influencia determinante en el pensamiento feminista contemporáneo y en los estudios de género y literatura, este texto no había sido traducido y publicado en lengua española hasta hoy.

En 1995 la editorial Anthropos publicó un volumen titulado La risa de la Medusa, que, si bien reunía una cuidada selección de ensayos de Cixous, no incluía el texto homónimo. Esta circunstancia ha generado cierta confusión en torno a su disponibilidad en el ámbito hispano.

Con esta edición se restituye el lugar central que ocupa La risa de la Medusa dentro de la obra de Hélène Cixous, ofreciendo al lectorado de habla hispana la posibilidad de acceder por fin, de forma rigurosa, a uno de los textos fundacionales del pensamiento feminista contemporáneo.

La risa de la Medusa

A bordo de este texto, la Medusa se fugó en 1975 y, desde entonces, a través de tiempos de paz y a través de tantas guerras, sigue aleteando

No sé bajo qué cielo llegará en qué siglo si es que llega

¿En qué lengua en qué lenguas se reirá la Medusa? ¿Se reirá?

¿De qué nuevos colores serán las vocales? ¿Las Vocellas? ¿A irá de negro E de azul o de verde y al revés?

¿Habría artículos definidos, pronombres personales? El día en que ella pierda la doble ele de sus alas ya no estaré aquí

¿Dirá algún día a qué hora «ya estamos aquí»?

¿Cuál será su futuro número de teléfono? Y de este modo soñé yo en 2025 que venía un próximo año próximo

La Medusa ladrona volaba

No solo la Medusa no estaba muerta sino que se rejuvenecía todavía más

Hélène Cixous, 2024

Voy a hablar de la escritura femenina: de lo que hará. La mujer debe escribirse: que la mujer escriba sobre la mujer y lleve a las mujeres a la escritura —si las han alejado de ella tan violentamente como de sus cuerpos, es por las mismas razones, por la misma ley, con el mismo propósito mortal—. La mujer debe ponerse manos al texto —como al mundo, y a la historia— desde su propio movimiento.

No se debe permitir que el pasado continúe haciendo el futuro. No discuto que los efectos del pasado sigan ahí. Pero me niego a consolidarlos repitiéndolos; a otorgarles una inamovilidad equivalente a un destino; a confundir lo biológico con lo cultural. Urge anticiparse.

Estas reflexiones, al aventurarse por una región que justo está por descubrir, llevan necesariamente la marca del tiempo intermedio que vivimos, ese en que lo nuevo se desprende de lo viejo, y más exactamente la buena nueva de lo viejo. Por eso, como no hay lugar desde el cual instalar un discurso, sino un árido terreno de mil años por horadar, lo que digo tiene al menos dos caras y dos visiones: destruir, romper; prever lo imprevisto, proyectar.

Escribo esto como mujer hacia las mujeres. Cuando digo «la mujer», me refiero a la mujer en su inevitable lucha con el hombre clásico; y a una mujer-sujeto universal, que debe facilitar el advenimiento de la mujer a su(s) sentido(s) y a su historia. Pero hay que decir, ante todo, que, a pesar de la enormidad de la represión para mantenerlas en esa «negrura» que quieren hacerles reconocer como atributo, hoy día no existe una mujer general, una mujer típica. Lo que ellas tienen en común, lo diré. Pero lo que me llama la atención es la infinita riqueza de sus constituciones singulares: no se puede hablar de una sexualidad femenina, uniforme, homogénea, con un recorrido codificable, como tampoco se puede hablar de un inconsciente similar. La imaginación de las mujeres es inagotable, como la música, la pintura, la escritura: sus flujos fantasmáticos son inauditos. Más de una vez me ha maravillado lo que una mujer me describía de aquel mundo suyo en el que ella merodeaba en secreto desde su más tierna infancia. Un mundo de investigación, de elaboración de un saber, basado en la experimentación sistemática de las maneras de funcionar del cuerpo, en un examen preciso y apasionado de su erogeneidad. Esta práctica, de una riqueza inventiva extraordinaria, en particular de la masturbación, va seguida o acompañada de una producción de formas, una verdadera actividad estética, en la que cada momento de placer inscribe una visión sonora, una composición, algo bello. La belleza ya no estará prohibida. Por eso deseaba que ella escribiera y proclamara este imperio único. Para que otras mujeres, otras soberanas inconfesadas, puedan gritar: yo también desbordo, mis deseos han inventado nuevos deseos, mi cuerpo conoce cantos inauditos, yo también me he sentido tantas veces llena a reventar de torrentes luminosos, de formas mucho más bellas que las que se venden enmarcadas por una apestosa fortuna. Y tampoco yo dije nada, no mostré nada; no abrí la boca, no re-pinté mi mitad del mundo. Sentí vergüenza. Tuve miedo y me di un atracón de vergüenza y miedo. Me decía a mí misma: ¡qué loca estás! ¿Qué son estas subidas, estas inundaciones, estos arrebatos? ¿Qué mujer burbujeante e infinita no se ha avergonzado de su poderío,