La rueca migratoria - Alberto Ares Mateos - E-Book

La rueca migratoria E-Book

Alberto Ares Mateos

0,0

Beschreibung

El autor acompaña la vida, las historias, los estilos de vida de diversas comunidades -ecuatorianos en Madrid, salvadoreños en Boston y marroquíes en Valladolid-, presentando una propuesta, el modelo de integración mixto que reconoce tres tipos de conductas, o incluso de iconos de personas en el proceso de incorporación: asimilacionistas, multiculturales y de proyecto. La metáfora en torno al tejer historias y las experiencias de integración anima a poner nuestras capacidades para zambullirnos en la complejidad humana, permitiendo a las personas conectarse con su propia realidad, su propia diversidad y sus propias raíces. Desde esta mirada, el modelo propuesto plantea que habría tantos procesos de integración como personas que emigran. Ningún proceso de integración personal es igual a otro. A modo de recomendación, se plantean cinco propuestas: la necesidad de atender y gestionar la diversidad, fomentar una ciudadanía inclusiva y de acceso a derechos básicos, la importancia de la educación y la formación en liderazgo que impulse con mayor vigor la construcción de cohesión social, el cuidado de los elementos culturales dentro de las tradiciones celebrativas familiares y comunitarias, las devociones religiosas como potentes elementos de construcción de identidad y sentido; y la importancia del empoderamiento y promoción de la mujer como potente agente catalizador y de transformación social.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 630

Veröffentlichungsjahr: 2018

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



LA RUECA MIGRATORIA

Tejiendo historias y experienciasde integración

Servicio de Biblioteca. Universidad Pontificia Comillas de Madrid

ARES MATEOS, Alberto.

La rueca migratoria : tejiendo historias y experiencias de integración / Alberto Ares Mateos. -- Madrid : Universidad Pontificia Comillas, 2017.

360 p. -- (Migraciones y sociedad ; 3)

Bibliografía: p. 345-360.

D.L. M 38990-2016. -- ISBN 978-84-8468-659-0

1. Migraciones. 2. Integración social. 3. Aspectos antropológicos. I. Título

Esta editorial es miembro de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE), lo que garantiza la difusión y comercialización de sus publicaciones a nivel nacional e internacional

© 2017 ALBERTO ARES MATEOS

© 2017 UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS

Universidad Comillas, 3

28049 MADRID

Diseño de cubierta: Manuel Martínez Herrera

ISBN: 978-84-8468-659-0

Depósito Legal: M. 38990-2016

Maquetación e impresión: Imprenta Kadmos

Reservados todos los derechos. Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier sistema de almacenamiento o recuperación de la información, sin permiso escrito de la UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS.

INDICE

Agradecimientos

PRÓLOGO

Acrónimos empleados en este libro

PARTE PRIMERA

MARCO GENERAL

CAPÍTULO 1

1.Integración, ¿Utopía o realidad?: el eterno dilema

1.1. Introducción

1.2. Motivación

1.3. El estado de la cuestión sobre la integración

2.¿A qué nos referimos cuándo hablamos de integración?

3.Una nueva propuesta de integración

CAPÍTULO 2

1.¿Por qué hablar de consumo cuando se quiere medir la integración?: una propuesta metodológica

1.1. Introducción

1.2. La bondad de los bienes materiales en la era del consumo

1.3. Diferentes perspectivas sobre el consumo

1.4. ¿Consumo compulsivo vs. Consumo responsable?

1.5. Estudios de aculturación: el modelo de aculturación a través del consumo de Peñaloza/Saldaña

1.6. Entre la aculturación y la integración

PARTE SEGUNDA

INVESTIGACIÓN ETNOGRÁFICA

CAPÍTULO 3

1.Metodología

1.1. Introducción

1.2. Trabajo de campo

CAPÍTULO 4

1.La comunidad salvadoreña en Boston

1.1. Introducción

1.2. Antecedentes

1.3. Proceso de integración

CAPÍTULO 5

1.La comunidad marroquí en Valladolid

1.1. Introducción

1.2. Antecedentes

1.3. Proceso de Integración

CAPÍTULO 6

1.La comunidad ecuatoriana en Madrid

1.1. Introducción

1.2. Antecedentes

1.3. Proceso de integración

A MODO DE CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

Migraciones e integración

Consumo y migraciones

Ecuatorianos, marroquíes y salvadoreños

Metodología cualitativa

Instituciones consultadas

Documentación y legislación consultada

AGRADECIMIENTOS

Me gustaría comenzar agradeciendo a Mercedes Fernández y Julio Martínez por su guía y apoyo en la investigación que ha dado como fruto este libro. Ambos, han sido extremadamente eficientes, evocadores y comprensivos. Asimismo, hay una serie de profesores y colegas a los que me gustaría agradecer por su generosidad y apoyo. Nancy Dorsinville, Rocío Calvo, Thomas Massaro, Gasper Lo Biondo, Pablo Veiga, Hosffman Ospino, Fernando Verdugo, Daniel Izuzquiza, John A. Coleman, Nuria Lores, Carlos Junquera y Fernando Franco me han ayudado a centrar mi trabajo desde los inicios. Del mismo modo, Margaret Guider ha sido una sugerente y creativa fuente de ideas y de bibliografía, y es la profesora que me ha introducido en la obra de Juan Luis Segundo. Agradecer especialmente al profesor Amartya Sen por sus consejos a la hora de acercarme al modelo de las capacidades y por interesarse por mi trabajo. Christian Green, Michael Bouzigard, Dulce Saldaña y Carlos Ballesteros han sido una fuente de ideas originales y de libros sobre consumo. Estoy especialmente agradecido al profesor Ballesteros por haberme acercado a los modelos de aculturación a través del consumo y a la CCT. Asimismo, los profesores Juan Iglesias, Fernando Vidal y Carmen Meneses han constituido un continuo apoyo en el diseño de mi trabajo sobre metodología cualitativa, aportando valiosos consejos y guías, y realizando un buen número de observaciones que me han empujado a reflexionar continuamente y a seguir adelante en la investigación.

Christopher Larsen, Georgina Bozzo, Luis Duclos, Margarita González, Pilar de la Torre y Luis Tampe me recuerdan que todavía existen ángeles en este mundo, y han hecho un trabajo increíble asistiendo algunas de mis traducciones. Por otra parte, agradezco encarecidamente a Ana Altés, Ana Campillo, M.ª Ignacia Santiago, Teresa Corona, Esther Sánchez, Javier Cantón, Eduardo Menchaca, Camino Orbis, Almudena Mateos, Alberto Vallejo, Chema Lucas, Soledad Mateos, Gracia Rodríguez, M.ª Paz Llorente, Cecilia Campmajó, Belén García, Anunci Díez, Nuria Sutil, Elena Pintos, Anuari Chagraoui y la familia Saiddat, Antonio Mediavilla, Andrea Otero, Julio Alberto Hernández, Jesús Landáburu, Tamara González, Julieta Fuertes, Pedro Mendoza y Klaudia Daka, por sus labores de apoyo en las trascripciones y revisiones de las entrevistas y borradores, además de otros elementos del trabajo de campo.

Una mención especial para el Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia Comillas y todo el equipo humano que lo compone, por su apoyo diario y su comprensión. Asimismo, agradezco a Harvard University y a Boston College, por la estancia de investigación y por las facilidades que me han brindado en las labores de acceso y recopilación de documentación bibliográfica relevante.

Me encuentro en deuda también con diversas instituciones como el SJM España, la Fundación Red Íncola en Valladolid, el Centro Pueblos Unidos en Madrid, el Consulado de El Salvador en Boston, la Parroquia de San Francisco Javier en Madrid, Centro Presente en Somerville, la Asociación hispano ecuatoriana Rumiñahui en Madrid, la Parroquia de San Benito en Somerville, la Oficina del Apostolado Hispano en el Arquidiócesis de Boston, el SJM México, el Albergue Decanal Guadalupano en Tierra Blanca (México) y el Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad de Valladolid. Su compromiso y profesionalidad han ayudado a poner suelo firme a mi trabajo.

Agradezco a Claudia Kohli Reichenbach, Daisy Gómez, Amado A. Picón, Yurina Rodríguez, Bradley Schaeffer, Carlos Ares, Rafael Moreno, Dolores Palencia y Pedro Arriaga por ayudarme a vivir desde una mirada dialogante, un gesto comprensivo y una actitud abierta a lo diverso. Sin el apoyo de la Compañía de Jesús y especialmente en estos últimos años de mis compañeros jesuitas en Valladolid, Vigo, Boston, México, Coruña y Madrid, nada de esto hubiera sido posible.

En el punto central de este trabajo están todas las personas y familias inmigrantes, así como los informantes privilegiados que de una u otra manera han colaborado con el mismo. Agradezco su cálido recibimiento y generosa disposición para contribuir con esta investigación.

He dejado para el final la cuestión más importante: mi familia, especialmente mis padres. A ellos agradezco la oportunidad que me han brindado de asomarme a la vida, de transmitirme su legado, de creer en mí y de educarme en la diversidad desde los comienzos.

A todos, muchas gracias.

PRÓLOGO

Este libro dice mucho de su autor y de su entrega a la causa migrante, una entrega de mente y corazón, como bien puede esperarse de un jesuita. Nadie lo explica mejor que el propio Alberto Ares cuando dice que su ilusión es «tender puentes entre el mundo académico y la realidad social con los migrantes. Creo que en ese mundo he sido un privilegiado pues siento esas dos llamadas: la de dejarme afectar por la vida cotidiana de las personas, de las comunidades migrantes que me cuestionan, que plantean interrogantes, etc. Y a la vez tratar de poner luz desde la investigación, desde la mirada académica que intenta tematizar, influir en las políticas públicas de integración, en la sensibilización social y en la defensa de los derechos de los migrantes más desfavorecidos». Uno descubre en un modo así de entender y realizar su misión abundantes dosis de razón y pasión, junto a una conjunción primorosa de acción y reflexión, totalmente en sintonía con el modo ignaciano de estar presente en el mundo en toda su complejidad y diversidad.

Esta doble vocación es el hilo conductor en la vida del autor de esta obra. Alberto entra en la Compañía de Jesús en 1997, animado por el ejemplo de vida de algunos jesuitas. Su andadura en el compartir con los migrantes comienza muy poco después, en 1999, en Salamanca, trabajando en contextos de exclusión. Desde entonces su actividad ha ido ganando en calidad y cualidad de presencia: Pueblos Unidos en Madrid (primera etapa del 2003-2006), principalmente con población ecuatoriana; Boston, con la comunidad salvadoreña (desde el 2006) y con alguna visita a la frontera entre USA y México (Brownsville-Matamoros); Valladolid, como director de la Fundación Red Íncola (2008-2011)… Disfrutando y compartiendo penas y alegrías con la gente, pero saboreando en todo momento múltiples entornos y contextos diversos y profundamente enriquecedores y, a la vez, encontrando a Dios en todos y cada uno de esos hermanos y de sus historias.

Alberto vive de un modo tremendamente intenso y pleno; en su existencia continuamente se produce un cruce de identidades y funciones, todas integradas desde su centro personal. Comienza el día en su comunidad de jesuitas, pasa parte del día trabajando en organizaciones de atención al migrante, estudiando y departiendo con académicos después y, por fin, regresar a su comunidad al final del día. De hecho, así ha sido –y sigue siendo- su vida. Infatigable estudioso de la cuestión migratoria –que tan bien conoce en la práctica- cursa el Máster en Migraciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas en el año 2009-2010, culminándolo con un trabajo sobre los hábitos de consumo de la comunidad marroquí. Este trabajo, dirigido por uno de los autores de este prólogo, y fruto de su actividad con la comunidad marroquí en Valladolid cuando dirigía Red Íncola, sirvió posteriormente como base para realizar una de las partes de su tesis doctoral y como elemento para animarle en esa titánica tarea.

En 2012 hace en México su última etapa de formación como jesuita («la tercera probación»), y allí puede conocer de primera mano la cara más cruda de la migración, gracias a su trabajo en un albergue para migrantes centroamericanos en tránsito en el camino del tren de la «Bestia» (Tierra Blanca – Veracruz). De aquella época cuenta: «Las historias que oyes a diario te dejan elcorazón en un puño: intentos de secuestros de los grupos de crimen organizado, asesinatos en el mismo techo del tren, violaciones,… También oyes historias de amistades que han comenzado en el techo de los trenes, de verdadera amistad y compañerismo,… Y reflexiona… Contemplar, escuchar, acompañar, apasionarse, ser compasivo, tomar aliento… pero a la vez movilizarse, actuar, luchar por la justicia, comprometerse con la realidad, con la gente, con la vida. Una tensión que nos presenta ante uno de los grandes retos de la vida: ¿Cómo encontrar a Dios en nuestro día a día, en lo cotidiano, en la vida y en la muerte, en nuestro sufrimiento y en el ajeno, en la parada del metro y en la consulta del médico, en la cola de la pescadería y en nuestra iglesia, mezquita o templo, en nuestro trabajo estresante y en las horas de ocio?». En esas reflexiones se expresa el fuego que le arde dentro y que le lleva a no conformarse con la mediocridad sino a tender en todo hacia el «mayor servicio».

Entre medias, Alberto había comenzado su tesis doctoral, codirigida por quienes esto escriben. En ella ha podido volcar todas esas «múltiples vidas» que lleva en la mochila tras la búsqueda de nuevos paradigmas de integración a través del estudio comparado de tres comunidades migrantes. Vuelve a la comunidad marroquí de Valladolid y revisita a los ecuatorianos en Madrid. Para estudiar a los salvadoreños se traslada de nuevo a Estados Unidos, realizando una estancia de tres meses en Boston College. Ahí se nota una vez más lo mucho que disfruta con lo académico, por ejemplo, cuando considera una «suerte de realizar buena parte de mi investigación bibliográfica en la universidad de Harvard, en su biblioteca central Widener Library». Y a la vez comparte día y noche su vida con los salvadoreños, especialmente sus momentos más íntimos, de ocio y celebración, «abrumado por la hospitalidad de la gente más sencilla, aprendiendo de la profundidad de su fe», mientras convive con sus compañeros jesuitas.

En este compaginar de las dos esferas, la reflexión y la acción, y en esta su gran capacidad para multiplicarse, en junio de 2013 inicia su andadura como director de Pueblos Unidos… y tres meses más tarde como delegado del Sector Social de la Provincia de España en septiembre de 2013. Con estos encargos todavía frescos, defiende brillantemente su tesis el 11 de octubre de 2013.

Desde entonces comienza una colaboración fructífera con el IUEM (Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones) de Comillas, como investigador afiliado, profesor del máster de Migraciones y colaborador en el de Cooperación al Desarrollo. Además de colaborador con el Observatorio de la Movilidad humana, las Migraciones y el Desarrollo, OBIMID (donde ha coeditado un libro sobre fronteras), escribiendo artículos en revistas científicas y de divulgación, dirigiendo trabajos de máster y doctorado, organizando y participando en seminarios, congresos y entrevistas… Ahora colabora con la recién creada Cátedra de Refugiados y Migrantes Forzosos.

La obra que el lector tiene en sus manos viene a ser, pues, el decantado de la vida de su autor y de su interés por clarificar y ahondar en los procesos de integración de personas migrantes desde una mirada multidimensional. Sus vivencias con los migrantes de múltiples nacionalidades y en contextos diferentes, su compartir con ellos alegrías y tristezas, momentos íntimos… Todo ello unido a su conocimiento riguroso de las teorías migratorias y de las herramientas de investigación. Nos encontramos ante un estudio pormenorizado, artesanal, exhaustivo, encarnado, de primera mano, que nos permite comparar las pautas de integración de tres comunidades migrantes: salvadoreños en Boston, marroquíes en Valladolid, ecuatorianos en Madrid. Pero es un trabajo que va más allá, pues intenta describir, de manera holística e inductiva, el complejo proceso de integración, sus dimensiones y sus consecuencias en la trayectoria vital del individuo. En palabras de su autor, «a veces no es fácil reconocer que la capacidad para hacer frente a la complejidad humana permite a las personas conectarse con su propia realidad, su propia diversidad y sus propias raíces».

Alberto Ares nos propone un nuevo paradigma de integración, un paradigma sintético pero no ecléctico. Cierto es, tiene elementos de todos los modelos anteriores, pero incorpora dos prismas adicionales, pues analiza la integración a través de la experiencia cotidiana, del día a día (ocio, celebración, consumo), entreverándola con la dimensión trascendente de la persona (las conductas proyecto, frente a las conductas mayoritarias) y con la actitud de ésta ante la vida y, por supuesto, ante sus apuestas y perspectivas de futuro.

En suma, hay un gran trabajo bajo este original título de La rueca migratoria. Tejiendo historias y experiencias de integración. Se trata de un título de poder simbólico y no poca sonoridad, en el que acaso eso de «rueca» no sea de fácil comprensión para un lector contemporáneo. En realidad refiere la integración a las acciones del «tejer» con paciencia y «experimentar» humanamente, de ahí lo de «tejiendo historias» y «experiencias» en el subtítulo. Esas imágenes y las palabras que las nombran le dicen mucho al autor, porque le gusta lo artesanal y porque son metáforas que rezuman carácter dinámico, palabras que sugieren movimiento y vida, método y política a favor de las personas. También porque imprimen la idea de un continuo dar vueltas o no parar como le viene a pasar a un mundo metido en tan galopantes transformaciones y a millones de personas dentro de él que se desplazan de unos lugares a otros, buscando mejores condiciones de vida para ellos y sus familias, que salen de sus tierras bien por afán de conocer otras culturas o sociedades, bien por deseo de formarse o bien por escapar de la violencia, los ultrajes o la miseria…. Muchas vueltas y viajes de seres humanos. Junto a la rueca nos puede suceder, como a la Bella durmiente, que caigamos dormidos o hechizados, pero también puede ocurrir que reaccionemos poniendo lo mejor al servicio de los demás mediante la hospitalidad; o lo peor, activando cobardemente los miedos al extraño, los temores y odios que conducen a la xenofobia y al atrincheramiento.

Tal vez no sea sencillo ese símbolo de la rueca en una sociedad tan tecnologizada como la nuestra, pero es bonito y certero, pues evoca nuestras raíces que nos recuerdan nuestro pasado de pueblo migrante. La rueca tiene una simbología que nos remonta a la historia de la humanidad: Santa Isabel de Hungría hilaba para los pobres; Gandhi y el símbolo de la rueca como elemento de identidad nacional… Ojalá esta metáfora en torno al «tejer historias» y las «experiencias de integración» actúe como elemento de atracción y provocación para que mucha gente se adentre en las páginas de esta interesantísima obra donde hay mucho estudio y más compromiso con las personas por amor a Dios y al prójimo.

Para nosotros ha sido una suerte poder acompañar y ser interlocutores cualificados de la aventura de investigación que sostiene este libro y ahora se convierte en un placer prologarlo. Estamos seguros de que quien se adentre en sus páginas quedará generosamente recompensado y colmado: no solamente conocerá a muchos tejedores y tejedoras de historias sino que se verá invitado a tejer la suya propia con verdad y amor.

ACRÓNIMOS EMPLEADOS EN ESTE LIBRO

CCT:

Consumer Culture Theory.

CMA:

Conductas mayoritarias asimilacionistas.

CMM:

Conductas mayoritarias multiculturales.

CMP:

Conductas minoritarias proyecto.

DIGESTYC:

Dirección general de estadística y censos.

EAPN:

European anti-poverty network.

ENEMDUR:

Encuenta nacional de empleo, desempleo y subempleo.

ENI:

Encuesta nacional de inmigración.

INE:

Instituto nacional de estadística.

INEC:

Instituto nacional de estadística y censos.

MIM:

Modelo de integración mixto.

OIM:

Organización internacional para las migraciones.

OP:

Observación participante.

PCS CAMEX:

«Project counselling service» Centroamérica y México.

PECI:

Plan estratégico de ciudadanía e integración.

PNUD:

Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo.

SENAMI:

Secretaría nacional del migrante.

SENPLADES:

Secretaría nacional de planificación y desarrollo.

SJM:

Servicio jesuita a migrantes.

TIC:

Tecnologías de la información y la comunicación.

TPS:

Temporary protected status.

Parte Primera

MARCO GENERAL

«De mí a mí mismo hay un abismo que nada ha podido llenar» (Maurice Blondel, La acción).

CAPÍTULO 1

1. INTEGRACIÓN, ¿uTOPÍA O REALIDAD?: EL ETERNO DILEMA

1.1. Introducción

Las migraciones son un elemento esencial de la vida de los pueblos, y sin duda, un principio constitutivo de la historia de la humanidad. Dicho esto, no es menos cierto que estos procesos migratorios han alcanzado dimensiones globales gracias a los asombrosos y fulgurantes adelantos en el campo de las comunicaciones y los medios de transporte. La información y las personas pueden surcar hoy el planeta en un abrir y cerrar de ojos. Esta situación era inimaginable hace menos de un siglo. La globalización ha creado un caldo de cultivo especial para el desarrollo de los procesos y flujos migratorios a nivel mundial (Ares y Eguren, 2016). Algunos sociólogos han denominado a esta época la «era de las migraciones» (Castles, Stephen y Miller, 2003). Otros, como Julio Martínez, describen la migración como la cara humana de la globalización (Martínez, 2007: 51).

El origen de esta investigación partió del interés por clarificar y ahondar en los procesos de integración de personas migrantes en el trabajo realizado durante décadas con diversas comunidades de migrantes y desplazados en distintos rincones del planeta. El objetivo principal de este trabajo es el de aportar evidencias que puedan complementar, enriquecer y, en su caso, cuestionar los procesos de integración desde la percepción que las propias personas que emigran tienen de su proceso de incorporación.

La propia experiencia personal con comunidades migrantes y el estudio de los modelos clásicos de integración han sido el caldo de cultivo en el que se ha fraguado el modelo de integración mixto (MIM). Desde esa experiencia con la realidad migratoria, se percibía que ningún modelo teórico clásico era capaz de dar cuenta de manera integral de los fenómenos de integración. Por esa razón, el deseo por clarificar y comprender los procesos de integración, hizo que emergiera la propuesta del modelo de integración mixto. En una primera parte de este trabajo se desarrollará el itinerario teórico que ha ayudado a consolidar la propuesta del MIM.

Asimismo, se ha percibido la bondad de testar esa propuesta teórica en los procesos reales de integración percibidos por las propias personas que emigran a través de sus estilos de vida en una investigación cualitativa (Ares, 2015c). Para ello, se han estudiado los estilos de vida de la comunidad salvadoreña en Boston, la comunidad ecuatoriana en Madrid y la comunidad marroquí en Valladolid. El trabajo de campo se ha realizado a través de un enfoque multimétodo apoyado en metodología etnográfica clásica, virtual y multisituada y de informantes privilegiados.

Finalmente se han extraído unos resultados y conclusiones que intentarán clarificar, comprender y avanzar en el debate de los procesos de integración de las personas migrantes a través de la propuesta del modelo de integración mixto.

1.2. Motivación

1.2.1.Historia de un proceso

Figura 1

ESQUEMA DEL ITINERARIO EN LA REALIZACIÓN DEL TRABAJO

Fuente: elaboración propia.

1. Hace algunos años asistí a una conferencia en Valladolid. No recuerdo el nombre exacto de la exposición, pero el título era algo así: «¿Qué dimensiones de la vida son más importantes para ser feliz?» En ese discurso, el conferenciante planteó diferentes ámbitos desde los que entender nuestra existencia, pero sin duda la que para él tenía un peso especial era la dimensión económica. Me dejó impresionado la manera cómo el profesor entendía la economía de mercado. Estaba convencido de que sólo el crecimiento económico podía estimular el desarrollo y sacar a la gente de la pobreza. Mi propia experiencia personal, las tareas que tuve la oportunidad de acompañar en Karnátaka (India) con «dalits» (intocables), en Scutari (Albania) con personas discapacitadas, y en distintas partes de Perú con niños y jóvenes en precariedad, entre otras, me sugerían que esta afirmación era errónea. Mi experiencia vital contrastaba con aquella máxima de que el crecimiento económico era la única vía para el desarrollo y la felicidad. No podía entender cómo la educación, la sanidad y otras dimensiones personales fueran ajenas a ese desarrollo.

Al mismo tiempo, cuando el conferenciante hizo un repaso sobre la convivencia social, planteaba la corriente clásica asimilacionista como único modelo válido de gestionar la diversidad y la integración de comunidades inmigrantes en nuestras sociedades. Este enfoque unidimensional de la existencia humana me ha hecho pensar y reflexionar mucho durante años. Con el paso del tiempo me he dado cuenta, no sólo en mi vida sino en la de las personas con las que me ha tocado convivir, que la existencia es una compleja mezcla de experiencias, sentimientos, acontecimientos y circunstancias1. Todo ello me hace muy difícil afirmar que un enfoque unidimensional puede explicar nuestra complejidad no sólo como seres humanos a nivel personal, sino también en el mundo de las relaciones sociales.

Diversas experiencias a través de la vida cotidiana de muchas personas en Estados Unidos, España, India, México, Albania, Perú y Ecuador, entre otros, me han ayudado a estudiar y escribir este trabajo. A menudo existe la tentación de primar unilateralmente una faceta de nuestra vida, aparcando las demás. Siempre existe la tentación de dibujar dualismos que simplifican la realidad. En mi opinión, la mayoría de nuestros intentos por encontrar una manera auténtica de vivir en contraposición a una falsa, se basa principalmente en la ansiedad que nos causa nuestra propia ambigüedad2. Por tanto, se hace necesario el desarrollo de modelos que conecten las diversas dimensiones de nuestra realidad como seres humanos. A veces no es fácil reconocer que la capacidad para hacer frente a la complejidad humana permite a las personas conectarse con su propia realidad, su propia diversidad y sus propias raíces.

El origen de esta investigación partió de estos encuentros en diversos escenarios y del interés por clarificar y ahondar en los procesos de integración de personas migrantes desde una mirada multidimensional.

2. El estudio de los modelos de integración clásicos me ayudó a entender algunas facetas o dimensiones que apreciaba en la convivencia y el trabajo diario con familias migrantes, pero bajo mi punto de vista ningún modelo por si solo lograba explicar o dar cuenta de manera integral del complejo proceso de incorporación de una persona migrante. En otras palabras, ninguno de los modelos clásicos de integración por separado eran capaces de revelar, referir y explicar una realidad multidimensional, abierta, como es el proceso de incorporación de una persona migrante a una nueva sociedad de acogida.

Fue entonces cuando comencé a balbucear y componer un nuevo modelo que integraba componentes de los modelos clásicos junto a otros. La propuesta fue bautizada con el nombre de modelo de integración mixto (MIM), haciendo alusión a la multiplicidad de dimensiones que integraba.

3. El siguiente paso me llevó a regresar a la realidad migratoria con el MIM de la mano, en un intento de contrastar el modelo teórico de integración propuesto, con la percepción que las propias personas inmigrantes tenían de su proceso de integración. Para ello analicé la realidad social que viven las personas migrantes en el quehacer cotidiano y en sus estilos de vida, aplicando una metodología cualitativa, centrada en la etnografía «clásica» desde la triangulación o multimétodo y asistida en diversos ámbitos por la etnografía virtual (netnografía) y la etnografía multisituada. Asimismo, la técnica de los informantes privilegiados incorporó importantes labores de mediación y de información clave sobre la población objeto de estudio.

4. Finalmente, se apreciaron similitudes entre sujetos en su proceso de incorporación, pero constatando que ningún proceso de integración personal era igual a otro. Se podría decir que existirían tantos procesos de integración como personas que emigran. El elemento central en la investigación presenta indicios para afirmar que el modelo mixto de integración, que valora diversos elementos de los modelos clásicos de integración, pero sin enmarcarse unilateralmente en ninguno de ellos, puede ser un instrumento válido para enriquecer la comprensión y análisis de los procesos de integración de las personas migrantes.

Este libro nace, por tanto, con el objetivo general de aportar evidencias que puedan complementar, enriquecer y, en su caso, cuestionar los procesos de integración de comunidades migrantes desde la percepción que las propias personas que emigran tienen de su proceso de incorporación.

1.3. El estado de la cuestión sobre la integración

«No quiero mi casa amurallada por todos lados, ni mis ventanas cerradas. Yo quiero que las culturas de todo el mundo soplen sobre mi hogar tan libremente como sea posible, pero me niego a ser barrido por ninguna de ellas». (Mahatma Gandhi)

El debate sobre la integración ha estado muy arraigado en la historia de los pueblos (Ares, 2015b). En nuestros días dentro de un contexto globalizado toma unos matices específicos. La era de las migraciones ha presentado un gran reto y una oportunidad en la incorporación de las personas migrantes en nuestras sociedades, como uno de los ejes centrales de la convivencia social.

1.1.1.Riqueza y oportunidad

Caminar por las calles de cualquier ciudad, acercarse a la parada del autobús, convivir dentro del aula, o sentarse en la sala de espera de la consulta del médico, entre otras situaciones cotidianas, nos abre a una realidad donde conviven en nuestro propio entorno una pluralidad de acentos, de culturas, de formas de ver la vida, difícilmente imaginables hace pocos años. Esta diversidad y riqueza plantea diferentes oportunidades y retos en nuestra convivencia, y más en concreto en la manera que cimentamos la cohesión social y una visión compartida de ciudadanía.

1.1.2.El arte de la diversidad

Esta riqueza y pluralidad de acentos y de maneras de encarar la realidad está dejando huella, por ejemplo, en las distintas expresiones artísticas de nuestras sociedades. Acercarse a las letras de algunas canciones, contemplar distintas escenas de películas de actualidad o gustar de algunas novelas o literatura, se ha convertido en muchos casos en una manera de adentrarse en la percepción que los seres humanos tenemos sobre la integración y la convivencia en nuestras sociedades, desde múltiples rincones del planeta.

1.1.3.La música

El campo musical ha sido muy prolijo a este respecto y desde diversos ámbitos hemos escuchado cómo el mundo de los migrantes ha tomado una voz desde la propuesta, la convivencia y en muchos casos la denuncia o el grito. Algunos ejemplos desde la perspectiva del castellano y el inglés: The refugee (U2), Papeles mojados (Chambao), Americano (Lady Gaga), Prayer of the refugee (Rise Against), Yes we can (Willie Nelson, Carlos Santana, Los Lonely Boys, De Castillo), Rabia (Cooper), Fíjate bien (Juanes), Migra (Santana), Cuando pienses en volver (Pedro Suárez), El inmigrante (Celtas Cortos), Claro que se puede (Ramón Ayala y sus Bravos del Norte), Clandestino (Manu Chao), El mojado (Ricardo Arjona), Immigrant song (Led Zeppelin), Pal Norte (Calle 13), El extranjero (Enrique Bunbury), Extranjeros (Pedro Guerra), El emigrante (Juanito Valderrama), My people (The Presets), Contamíname (Ana Belén y Víctor Manuel), Para que no llores así (Alejandro Sanz y Antoni Carmona), Vente conmigo (Estrella Morente), Idas y venidas (Baret Da Cru), Pobre Juan (Maná), No me llames extranjero (Rafael Amor), Diversidad - The experience album (European Urban Experience) y Frontera (Jorge Drexler), entre otros.

1.1.4.El cine

Es significativa la presencia del mundo de los migrantes y la pregunta sobre la integración y la convivencia en el ámbito cinematográfico. El profesor de periodismo David Felipe Arranz (2012) ha publicado un libro titulado «las cien mejores películas sobre migración». En él «pretende mostrar la multiplicidad de tipos de movimientos migratorios representados en el cine: su comportamiento, motivaciones, coincidencias, transformaciones, intersecciones y especificidades». En esta lista se encuentran clásicos como «The Inmigrant» (Charles Chaplin) y «América, América» (Elia Kazan), junto a otros títulos más actuales como «Regreso a Ítaca» (Laurent Cantet), «Welcome» (Philipe Lioret), «La jaula de oro» (Diego Quemada-Díez), «Un franco, 14 pesetas» (Carlos Iglesias), «The visitor» (Thomas McCarthy), «Al otro lado» (Fatih Akin), «Cuscús» (Abdel Kechiche) o «14 kilómetros» (Gerardo Olivares).

1.1.5.La literatura

El mundo de la literatura está plagado de episodios donde se narran procesos migratorios. Desde clásicos como los encuentros de Quijote y Sancho con personajes venidos de otras tierras en el «Quijote» de Cervantes, pasando por Rosalía de Castro en «Follas Novas», donde se trasparenta la «morriña» del que deja su tierra. En nuestro contexto español actual existe también una amplia literatura que narra la convivencia de varias culturas. Algunos ejemplos son: «El último patriarca» de Hachmi donde se percibe la convivencia de dos culturas a través de una familia marroquí; «La bestia del corazón» de Müller en la cual la autora rumana nos permite adentrarnos en los esquemas culturales de la sociedad rumana; o «Contra el viento» de Caso donde se deja entrever el sufrimiento y la vulneración de derechos, el miedo a denunciar y la necesidad de solidaridad con los que dejan su tierra. Estos tres títulos son sólo un pequeño botón de muestra de la literatura sobre migraciones en nuestro contexto más cercano.

2. ¿A QUÉ NOS REFERIMOS CUANDO HABLAMOS DE INTEGRACIÓN?

Esta diversidad, ha sido motivada, en gran medida, por el fenómeno de la inmigración. Éste se ha convertido en una oportunidad y un reto para la mayoría de las sociedades desarrolladas, que muchas veces no se han preparado para acoger estos procesos.

El proceso de integración de las personas inmigrantes ha sido objeto de investigación desde hace más de un siglo. Cuestiones como la interacción entre los diferentes grupos o la exclusión por motivos raciales o étnicos, comenzaron a ser estudiadas en 1920 por la Escuela de Chicago (McKenzie, 1928; Hughes 1952). En la actualidad la integración sigue siendo una cuestión central de los estudios de ciencias sociales, afirmándose que sigue siendo un término complejo y controvertido (Erdal y Oeppen, 2013).

En los procesos de integración es usual la utilización de términos como asimilación, aculturación, gestión de la diversidad, multiculturalidad, acomodación, identidad, inclusión, cohesión social, interculturalidad, hospitalidad y ciudadanía, entre otros. Estos conceptos se refieren al desarrollo de un conjunto de pautas de convivencia entre los distintos grupos étnicos en una sociedad determinada. Todos ellos hacen referencia a un gran abanico de aspectos económicos, jurídicos, geográficos, psicosociales y culturales que dotan de gran complejidad al estudio de los flujos migratorios y los procesos de incorporación en las sociedades de destino.

En la tabla que sigue a continuación se recogen los principales modelos de políticas de integración que van, en un extremo, desde la exclusión y segregación y, por el otro, el interculturalismo como ejemplo de modelo inclusivo que más promovería la integración:

Tabla 1

LOS MODELOS DE INTEGRACIÓN

MODELOS DE EXCLUSIÓN(Obstáculos a la incorporación)

SEGREGACIÓN Y EXCLUSIÓN DIFERENCIAL

– Sociedades segmentadas en torno a líneas étnicas y culturales, en grupos relativamente autónomos, unos dominantes y otros subordinados.

– Cierto grado de interacción en la esfera económica.

MODELOS INCLUSIVOS (Promoción de la incorporación)

MODELOS NO PLURALISTAS

ASIMILACIÓN (Escuela

de Chicago)

– Adaptación unilateral de los inmigrantes a los valores, la cultura y el estilo de vida de la sociedad de acogida.

– Gradual eliminación de la diferencia.

MELTING POT

– Proceso de interacción bidireccional en el que los sectores dominantes y subordinados interactúan para configurar una nueva nación.

– Instaura el acuerdo de un estatus de igualdad formal.

MODELOS PLURALISTAS

MULTICULTURALISMO

– Modelo de relaciones interétnicas que apoya la igualdad social y la igualdad de oportunidades a la par que el derecho a la diferencia.

– Promoción de las culturas originarias de las minorías.

– Mantenimiento de un marco de referencia compartido.

INTERCULTURALISMO

– Concepción dinámica de la cultura.

– Creación de una nueva síntesis cultural.

– Principio de convergencia a través de la construcción de una unidad social que pone el acento en los aspectos comunes.

Fuente: elaboración propia a partir de Giménez (1998).

3. UNA NUEVA PROPUESTA DE INTEGRACIÓN

Todos estos modelos de integración tienen en común el «encasillamiento» en una u otra categoría, en función de las características principales que presenta el modelo. Esto promueve el que se definan sociedades multiculturalistas, o sociedades plurales y diversas. Si bien todas ellas carecen de la suficiente flexibilidad que permita explicar, de una manera más exacta, cómo es el proceso de integración de las personas migrantes.

El modelo de integración mixto plantea que no hay un solo modelo que logre explicar de forma integral el proceso de integración o incorporación de una persona migrante. En la práctica se da un modelo mixto con actitudes tanto asimilacionistas, como multiculturales, o aquellas que se abren a un nuevo proyecto vital deseado por el individuo.

Según el MIM, se podría afirmar que la persona migrante se incorpora al proceso de integración desde unas conductas mayoritarias y minoritarias que le constituyen (Juan Luis Segundo, 1973). Unas conductas que no son universalizables para todos los individuos. Cada persona presenta unas particularidades en el proceso migratorio que la convierten en única. Esta situación no excluye que se perciban ciertas similitudes en los procesos de incorporación. A lo que apunta el MIM es a valorar y reconocer elementos de los modelos clásicos de integración, pero sin encasillarse exclusivamente en ninguno de ellos.

En la práctica se da un modelo de integración mixto con actitudes y conductas tanto asimilacionistas, multiculturales, y de proyecto. Como indicábamos anteriormente, y apoyados en Segundo, se podría decir que la persona migrante se incorpora al proceso de integración desde unas conductas mayoritarias y minoritarias que la constituyen. Tal vez una persona viva los hábitos de consumo como un elemento en el que es fácilmente asimilable (comienza pronto a comer la tortilla de patatas y la paella, comidas típicas en España, y a cocinarlas en casa dejando los platos típicos de su cultura de referencia), pero para otros puede ser un elemento que no tiene discusión. Ni se plantearán abandonar sus pupusas, su cuscús o su ceviche, sin incorporar apenas variaciones en su dieta, buscando todos los ingredientes, cueste lo que cueste. Sin embargo, habrá otros que se planteen disfrutar de sus platos preferidos en sus países de origen, pero sin miedo a introducir nuevos ingredientes, incorporando a su dieta nuevos platos, nuevos sabores y olores, haciéndola dialogar con su cocina y elaborando una nueva síntesis.

El trabajo que se propone en este libro, busca contrastar los modelos teóricos de integración expuestos, con la percepción que las propias personas inmigrantes tienen de su proceso de integración. La idea central es recalcar un modelo de integración mixto que reconoce elementos de los modelos clásicos de integración, pero sin encasillarse exclusivamente en ninguno de ellos. Ninguno por si solo es capaz de explicar, describir y dar sentido a un proceso multidimensional, abierto, como es el proyecto de incorporación a una nueva sociedad, y las dinámicas que este proceso genera. (Sen, 2011: 24).

CAPÍTULO 2

1. ¿POR QUÉ HABLAR DE CONSUMO CUANDO SE QUIERE MEDIR LA INTEGRACIÓN?: UNA PROPUESTA METODOLÓGICA

1.1. Introducción

«La transformación de nuestra cultura y nuestra sociedad tendrá que ocurrir a diversos niveles. Si sólo sucediera en las mentes de los individuos (como ya ha pasado en cierta medida), sería impotente. Si obedeciera sólo a la iniciativa del estado, sería tiránica. La transformación personal en grandes números es esencial, y no debe ser sólo una transformación de la conciencia, sino que también ha de implicar la acción individual. Pero los individuos necesitan el alimento de los grupos que llevan consigo una tradición moral que refuerza sus propias aspiraciones». (Bellah et al., 1985)

Las raíces teóricas del MIM se asientan en el modelo de masas y minorías de Segundo (1973), el modelo de capacidades de Amartya Sen (2000) y el modelo de consumo responsable (Schor, 2010; Ballesteros, 2010).

Amartya Sen señala que la libertad va acompañada por la responsabilidad (Sen, 2000: 284). La economía de mercado moderna presenta una infinita variedad de productos en oferta aparentemente constante. En este contexto, la dimensión a la que se refiere Sen se manifiesta en el consumo responsable. Para tomar en serio esta tarea, uno empieza a preguntarse qué se necesita para ser un consumidor responsable.

¿Qué se puede hacer hoy día para ser un consumidor consciente y sensato? ¿Cómo se puede ser un buen ciudadano? En un mundo globalizado, dentro del cual el consumo ejerce un rol prominente dentro de la economía, igual que en toda la sociedad, ser un consumidor serio y responsable también ocupa un papel importante, ayudando al individuo a adquirir la calidad de vida que desea y valora. En cambio, la idea de que la soberanía del consumo del individuo sea la meta principal de la economía está guiando el mundo hacia un callejón sin salida.

El objetivo perseguido en este capítulo es clarificar y describir el importantísimo papel que el consumo tiene en nuestra sociedad. Se tratará de demostrar que el desarrollo de un modo consciente de consumir es la mejor manera de integrar el auténtico desarrollo humano dentro de una compresión integral de la persona.

Los estilos de vida de las personas y sus hábitos de consumo encierran todo un complejo sistema de símbolos y mecanismos que dicen de la propia forma de ser y de cómo toman decisiones los seres humanos. Entender estos procesos y poner luz en las variables que los condicionan son elementos básicos para comprender cómo las personas conforman sus estilos de vida, y en este caso concreto, especialmente entre las personas inmigrantes que comparten un contexto cultural nuevo.

1.2. La bondad de los bienes materiales en la era del consumo

El bienestar humano se puede entender desde distintas perspectivas. En los dos extremos se encuentran las visiones materialistas y antimaterialistas. El materialismo puro sugiere que el bienestar se mide en términos económicos. Esta versión «identifica el bienestar con el comprar, tener y exponer bienes de consumo, especialmente aquellos que aportan confort y comodidad» (Crocker y Linden, 1998: 368). En el boom económico de posguerra de 1955, Victor Lebow escribió:

«Nuestra enormemente productiva economía (…) exige que hagamos del consumo nuestra forma de vivir, que convirtamos en ritos la compra y el uso de bienes, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, la satisfacción de nuestro ego, en el consumo (…) Necesitamos que los bienes se consuman, se quemen, se gasten, se recambien y se tiren a un ritmo cada vez mayor». (Lebow, 1955: 7)

En cambio, el antimaterialismo extremo concibe la «buena vida» como un proceso de liberarse de las ataduras a los bienes y la reducción de los niveles de consumo material. En general, los enfoques religiosos se han ubicado dentro de esta perspectiva.

«Los cristianos hoy día son generalmente percibidos como personas temerosas de la carnosidad, de la sensualidad del cuerpo, aún –a menudo– que son personas malsanas y reservadas, de manera sorprendente, respecto a la sexualidad, escépticas del valor espiritual del placer físico, y ocupadas en una guerra de baja intensidad contra lo físico». (Beaudoin, 2003: 70)

Ambas perspectivas, la materialista y la antimaterialista, tienen sus pros y sus contras. En mi opinión, se debe evitar la obsesión por los bienes materiales (por lo menos, si se tienen cubiertas las necesidades básicas). Pero a la vez, se ha de reconocer el papel positivo y necesario de las cosas que disponemos. «De lo contrario, corremos el riesgo de adoptar una crítica del consumismo que esté en gran desacuerdo con nuestros propios sensatos juicios» (Crocker et al., 1998: 370). ¿Cómo se podría resolver la dicotomía de estas dos perspectivas: del consumo como algo bueno que se ha de potenciar al máximo o del consumo como un mal que se ha de minimizar?

En mi opinión, Ignacio de Loyola hace una contribución clave acerca de cómo entender el bienestar. En el «Principio y fundamento» de sus Ejercicios espirituales (Loyola, 1990: 57-58), Ignacio considera que los seres humanos pueden utilizar las cosas, los bienes, las posesiones como un medio para conseguir el fin que buscan en la vida. Básicamente, todo puede ser un medio para conseguir un fin. Pero el hacerse indiferentes hacia los medios es uno de los mayores retos en esta vida. De este modo, los bienes materiales no son malos ni buenos, sino en comparación con el fin que se persigue. Aunque algunas relaciones entre los bienes materiales y el poder suelen ser corruptas, se debería ganar en libertad (hacerse indiferente) para utilizarlas de la forma más justa y correcta. Las cosas no son ni buenas ni malas en sí, sino que dependen de la forma en la cual uno se relaciona con ellas.

1.3. Diferentes perspectivas sobre el consumo

¿Qué se entiende por la palabra consumir? «Consumir» tiene su origen en el latín, consumere, que significa devorar, desperdiciar, agotar. Fue una palabra utilizada con un significado negativo para describir los efectos debilitantes de la tuberculosis (Ares, 2007 y 2008). En el siglo XVIII la palabra se empezó a usar por economistas sin la connotación peyorativa. El consumo se convirtió en el homólogo de la producción (Aldridge, 2003: 2). En el siglo XX, el consumidor se transformó en el comprador de bienes. Hoy día el término consumo (consumir, consumidor, consumismo) aún tiene un tono negativo para los críticos sociales y la opinión pública, aunque los economistas suelen usar la palabra en un sentido neutro.

A lo largo de la historia, en función de los diferentes enfoques económicos predominantes, se ha ido enfocando el consumo, y al consumidor, delimitando el poder que éste tenía sobre la producción y sobre su comportamiento.

Se pueden distinguir, al menos, tres tipos de consumidores, en función del enfoque económico que se adopte:

1) El consumidor «soberano»;

2) el consumidor «vasallo»;

3) el consumidor «vanguardista».

El consumidor como «soberano», se centra en el enfoque neoliberal, en el que la economía se rige principalmente por los deseos de los consumidores. Existe una creencia común según la cual el fin último de la economía es la satisfacción del consumidor. La soberanía del consumidor afirma la libertad de consumir. En este contexto, la libertad significa la autonomía para consumir libremente.

Por el contrario, el consumidor como «vasallo» es un producto del marketing. John Kenneth Galbraith, basado en la Escuela de Frankfurt, afirma que la publicidad ha convertido al consumidor en un mero vasallo de la dictadura del productor. El marketing ha creado necesidades y ha manipulado los comportamientos de los consumidores. La Era del consumismo significa un momento en que el «ethos» consumista está coloreando todos los ámbitos de la vida.

En La sociedad opulenta, Galbraith sostiene que los deseos de los consumidores ya no son urgentes, o intrínsecos, porque una vez que una sociedad está satisfecha y las necesidades urgentes se satisfacen, los nuevos deseos son creados por la publicidad y la presión comercial de las multinacionales. «El marketing genera la atracción y el –deseo por automóviles más elegantes, comida más exótica, ropa más erótica, ocio más elaborado– para toda la moderna variedad de deseos tanto sensuales, edificantes, como letales» (Galbraith, 1985).

En mi opinión, la crítica de Galbraith sobre la soberanía del consumidor clarifica la creación de dependencias, la fragmentación de los deseos y los objetivos secretos de los medios de comunicación, entre otros. El problema de este enfoque es un excesivo determinismo que aniquila la libertad. Como muestra Adela Cortina (2002: 142), es importante distinguir entre los factores determinantes y los factores condicionantes. La publicidad condiciona la libertad humana, pero nunca la determina completamente.

Si los consumidores se decidieran a unir sus fuerzas y cambiar su comportamiento consumista, éstos podrían cambiar las formas de producción. Si, en el pasado, los trabajadores fueron la vanguardia de la historia, hoy en día este papel es asumido por los consumidores; es el consumidor «vanguardista», capaz de ser el protagonista y apropiarse de los medios de producción y modificarla (Ballesteros, 2007).

1.4. ¿Consumo compulsivo vs. consumo responsable?

En este discurso sobre el consumo, se han clarificado las diferencias y las conexiones entre la forma soberana-compulsiva de consumir y la forma responsable. Es hora de condensar y articular el enfoque de consumo responsable.

1.4.1.El consumidor «responsable»

¿Cuáles son los ingredientes que definirían a un «consumidor responsable»? En mi opinión, existirían seis ingredientes que responderían a estas seis preguntas3: 1) ¿ayuda el consumo a las personas para que éstas sean agentes de su propio futuro?, 2) ¿es el consumo una experiencia liberadora?, 3) ¿es justo el consumo?, 4) ¿es el consumo responsable con los demás y con el medio ambiente?, 5) ¿me está ayudando el consumo a ser co-responsable con los demás?, 6) ¿el consumo ayuda a alcanzar la felicidad? Los consumidores «ciudadanos» contestarían a estas preguntas afirmativamente.

a) Agente

Primero, tal como Sen y el enfoque de las capacidades sugieren, el consumo y los bienes (en general) juegan un papel importante en la vida, pero representan sólo una de las variables que integran la existencia humana. El consumo es un medio, un elemento que ayuda a los seres humanos a adquirir cosas que éstos valoran. Las mujeres y los hombres somos seres complejos, y cualquier intento por tomar en cuenta su diversidad tiene que plantearse su propia capacidad para elegir la calidad de vida que ellos buscan. Un consumidor adulto responsable debe tener la capacidad de elegir los «funcionamientos» que él valora dentro de una pluralidad de opciones. La razón por la que la agencia es tan importante se debe a que, «los adultos responsables deben estar a cargo de su propio bienestar: sólo a ellos les toca decidir cómo utilizan sus capacidades». (Sen, 2000: 288)

b) Liberador

Segundo, el consumo debe ser liberador. Es tremendamente importante ser consciente del por qué uno consume y del papel del consumo en nuestra sociedad. La formación de la identidad, la satisfacción de las necesidades, el estatus y la diferenciación, el consumo imitativo, la selección social y sexual, la cohesión social y de pertenencia, la práctica social y la rutina, los sueños y deseos hedonistas, la negociación de lo sagrado y lo profano, la búsqueda de sentido, etc., son elementos que definen la forma en que se consume. Ser conscientes de toda esta realidad ayuda a que el consumo sea liberador.

c) Justo

Tercero, todo proceso de consumo debe ser justo. Uno de los primeros artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos es el derecho a la vida. Se puede fácilmente reconocer que si bien es un derecho, un grupo mayoritario de personas en el mundo no puede ejercer este derecho. El consumo tiene que ver con esta situación. Sólo cuando nuestro comportamiento como consumidores se pueda universalizar, entonces podremos ofrecer un futuro mejor para todos. Se necesita, por tanto, una forma de consumir que cualquier persona pueda ejercitar. No se está pensando en el consumo como un hábito malo. El consumo es bueno y presenta muchas ventajas, pero sus beneficios deben ser extendidos a todos. Los científicos y el sentido común nos dicen que tenemos que consumir menos en algunas partes del planeta, para poder compartir con los demás y así preservar nuestro medio ambiente.

d) Responsable

Cuarto, el consumo tiene que ser responsable con uno mismo, con los demás y con el medio ambiente. La gente debe ejercer la responsabilidad del desarrollo y el cambio del mundo en el que viven (Sen, 2000: 282). El sentido de responsabilidad no tiene que estar limitado a las aflicciones que causan nuestras acciones (medio ambiente), sino también de forma más general con la miseria que vemos a nuestro alrededor y que está a nuestro alcance remediar (otros) (Sen, 2000: 283). La responsabilidad no consiste en tener un conjunto de reglas para determinar cómo debemos comportarnos, sino que tenemos que caer en la cuenta de lo importante que es nuestra humanidad compartida para tomar las decisiones que nosotros valoramos como sociedad.

e) Corresponsable

Quinto, el papel de la corresponsabilidad se presenta de vital importancia para el consumidor. Una sola persona puede cambiar muy pocas cosas, pero el unirse a un grupo, una asociación, una institución, puede hacer cambiar la situación radicalmente. Por tanto, es importante enfatizar el elemento de la corresponsabilidad. «El pez grande se come a los pequeños.» Sólo cuando los peces pequeños se organizan y van en la misma dirección pueden realmente cambiar su futuro.

f) Que aporte felicidad

Finalmente, el consumo debe aumentar la felicidad humana. Aristóteles habló de la felicidad hace más de veinte siglos atrás. Sen y el enfoque de las capacidades explican cómo el consumo y los bienes en general son los medios que ayudan a los seres humanos a obtener la calidad de vida que valoran. Nuestra felicidad no puede tener su meta en el mero consumo de bienes y servicios. No se puede pedir algo a alguien que intrínsecamente es incapaz de satisfacer. Como dice el refrán popular: «No se le pueden pedir peras al olmo». Cortina (2002) ha investigado algunas conexiones entre la felicidad y el consumo. Sus resultados muestran que la felicidad no tiene relación directa con el consumo de artículos de lujo. En general, las personas valoran más las actividades que tienen vínculos con las relaciones humanas (personas que uno ama), actividades de ocio (que a menudo no requieren de productos de lujo), y con las experiencias solidarias (trabajar con otros).

Una investigación realizada por Calvo et al. (2012), apoyada en datos de la Gallup World Poll en 142 países confirman estos resultados: «Llegamos a la conclusión de que tener alguna persona con la que poder contar en caso de necesidad y altos niveles de confianza social se asocian a mejores valoraciones sobre la vida y más sentimientos positivos y una ausencia de sentimientos negativos en la mayoría de países del mundo» (Calvo et al., 2012: 9).

Juliet Schor (2010) en su obra Plenitude plantea cómo la crisis vivida en los últimos años golpeó duramente los cimientos de las leyes económicas, presentando unas consecuencias ecológicas, de producción y consumo. Las directrices marcadas por la economía, anteriores a la crisis, a su modo de ver, no son una opción viable para enfrentar los retos económicos y ecológicos que plantea el mundo actual, ni para encarar el futuro. Por eso cree que el bienestar de las personas y por ende su felicidad, deberían estar apoyados en el concepto de «plenitud». Schor propone cuatro pilares sobre los que apoyar esta plenitud: 1) un uso diferente del tiempo, que ayude a equilibrar el horario de trabajo, con las relaciones sociales; 2) buscar alternativas a los modelos de producción masivos a través de lo que ella denomina autoabastecimiento de alta tecnología (High-Tech self-provisioning), es decir, desarrollar maneras alternativas de producción aprovechando mercados locales y generando energía alternativa en la propia casa, entre otros; 3) crear mayores lazos sociales y comunitarios que ayuden a reconstruir economías locales y nuevas conexiones, que pueden estar en la base de una mayor solidaridad y apoyo en tiempos de crisis; 4) y consumir de una forma diferente que reduzca la huella ecológica y también la deuda de los consumidores: compartiendo productos que entran en desuso, comprando bienes que duren más tiempo, compartiendo recursos como calderas y medios de transporte, entre otros.

El consumo responsable no sólo rescata las buenas intuiciones de una manera compulsiva de consumir, sino que abre su unidimensionalidad a una más amplia comprensión del ser humano. El consumo es sólo un medio para adquirir las cosas que uno valora. Por lo tanto, un consumidor responsable es la persona que tiene la capacidad de elegir la calidad de vida que él mismo valora. En este enfoque, el consumidor se convierte en un agente de su propia manera de comprar e interactuar con los temas económicos. La libertad y la agencia tienen un papel importante cuando tratamos con la diversidad humana. A veces se puede pensar que es más fácil consumir compulsivamente. Nuestra vida diaria hace que sea difícil para nosotros el hacer frente a la complejidad de la existencia humana. Ser consciente de la forma en que se consume y la forma en que la publicidad invita a comprar, en ocasiones roba mucho tiempo y energías.

Algunas personas brillantes responderían que las cosas esenciales en nuestra vida son gratis, pero se necesita tiempo para adquirirlas. La capacidad para enfrentar la complejidad humana permite a la gente conectarse con su propia realidad, su propia diversidad y sus propias raíces.

Estamos ya preparados para dar respuesta a la cuestión que abre este capítulo: «¿por qué hablar de consumo cuando se quiere medir la integración?

1.5. Estudios de aculturación: el modelo de aculturación a través del consumo de Peñaloza/Saldaña

El estudio del comportamiento del consumidor a través de sus hábitos de compra y desde el ámbito de las microculturas ha tenido una recepción especial entre los etnólogos. Algunos de estos procesos han sido descritos por autores como Belk (1988) y Hill (1991).

En los últimos años se ha producido una evolución en el estudio del comportamiento del consumidor que se observa al estudiar los modelos de aculturación a través del consumo, desde una perspectiva etnográfica (Saldaña, Ares y Ballesteros, 2015). Algunos trabajos que dan cuenta de la realidad aculturativa de la población inmigrante desde la metodología etnográfica son:

• Procesos de toma de decisión familiares (Wilk, 1987).

• Análisis sociocultural de mercadillos (Sherry, 1990).

• Rituales de consumo en celebraciones (Reilly y Wallendorf, 1991).

• Personas sin hogar (Hill, 1993).

• Migrantes mexicanos residentes en Estados Unidos (Peñaloza, 1994).

• Tensiones que vive la comunidad pakistaní en su proceso de aculturación en Gran Bretaña (Chapman y Jamal, 1997).

• El significado del tatuaje para el consumidor (Velliquette, Murray y Creyer, 1998).

• Patrones de consumo de la nueva élite en Zimbawe (Belk, 2000).

• Significado que para los hombres estadounidenses tienen sus vehículos (Belk, 2004).

• Relación entre el aburguesamiento o elitización («gentrification») y el consumo en un barrio de Estambul (Ilkucan y Sandikci, 2005).

• Vínculos de familias transnacionales ecuatorianas y peruanas en España (Parella, 2007).

• Estudio crítico del proceso de aculturación desde el punto de vista de la clase social en Ankara (Ustuner y Holt, 2007).

• Estudio crítico desde la perspectiva histórica (Ozcaglar-Toulouse y Ustuner, 2009).

• Deseos, necesidades y esperanzas con migrantes empobrecidos (Tari y Omeraki, 2008).

• Influencia de las remesas en el consumo de familias transnacionales entre México y Estados Unidos (Peñaloza y Cavazos, 2011).

• Aculturación, religión y consumo en segundas generaciones indias en Gran Bretaña (Lindrige, 2009).

• Inmigración bosnia en Turquía (Dedeoglu y Ustundagli, 2011).

• Significado y efectos que la frontera tiene sobre el consumo transfronterizo (Ulusoy, 2011).

• Familias biculturales mexicano-españolas en Madrid (Saldaña y Ballesteros, 2005 y 2011).

Estos ejemplos son sólo una muestra de la importancia que la literatura de la aculturación a través del consumo representa en el avance del conocimiento del comportamiento de compra de las comunidades migrantes.

Algunos autores han dividido los estudios de aculturación en dos grupos: Asimilacionistas y postasimilacionistas (Askegaard et al., 2005; Dedeoglu y Ustundagli, 2011; Figueiredo y Cayla, 2011).

Los estudios asimilacionistas han mostrado que las comunidades migrantes tienen diferentes patrones de consumo que son importantes para segmentar mercados y lanzar campañas de publicidad. Muchos de estos trabajos entienden el proceso de aculturación como la progresiva asimilación de las personas inmigrantes en la cultura de la sociedad de acogida (Deshpande, Hoyer y Donthu, 1986; O’Guin y Faber, 1985).

Por su parte, los trabajos postasimilacionistas, suponen un reto para la línea asimilacionista clásica principalmente en tres vías (Figueiredo y Cayla, 2011): 1) los estudios postasimilacionistas han demostrado que los procesos de aculturación a través del consumo son fenómenos complejos en los que intervienen multitud de agentes y circunstancias (Askegaard et al., 2005; Peñaloza, 1994); 2) asimismo, han mostrado como los profesionales del marketing, los vendedores, los intermediarios, los productos y servicios, las marcas, condicionan y son condicionadas por los esfuerzos que los consumidores hacen por aculturarse (Peñaloza, 2000 y Visconti, 2006); 3) han descrito cómo diversas estructuras sociales e históricas pueden desembocar en diferentes patrones de aculturación a través del consumo (Ustuner y Holt, 2007; Ozcaglar-Toulouse y Ustuner, 2009).

Algunos autores intentan estudiar los procesos cambiantes de personas a las que les ha tocado vivir diversos procesos de movilidad cultural, es decir, personas inmigrantes que tienen que aculturarse más de una vez. Figueiredo y Cayla (2011) han descrito este modelo como multi-aculturación, describiendo el proceso de aculturación en contextos culturales múltiples. Esta situación no sólo se está dando entre empleados de corporaciones internacionales, sino entre personas inmigrantes que llegan a un país como España y en los años de la crisis se ven obligados a emprender un nuevo éxodo hacia otros países de la Unión Europea4.

Por último, Askegaard, Kjeldgaard y Arnould (2010) describen que los procesos de aculturación y multi-aculturación pueden guiar hacia procesos de metaculturación, es decir, una aculturación caracterizada por niveles elevados de reflexividad cultural en los cuales el consumidor «metaculturado» se haría consciente de diversos aspectos de su identidad cultural e intentaría guiar u organizar esos aspectos para construir su propia identidad cultural. En el fondo, el consumo de culturas se convertiría en una manera de construirse a uno mismo. (Figueiredo y Cayla, 2011).

1.5.1.El modelo de aculturación a través del consumo de Peñaloza

La aculturación del consumidor, según Peñaloza (1989, 1994), atañería a aquellas personas que se sumergen en una cultura diferente a la de su país de origen e intentarían conocer los procesos a través de los cuáles se adquieren conocimientos, nuevos significados (Moschis y Churchill, 1978) y destrezas desde el punto de vista del comportamiento del consumidor.

Algunos autores como Lisa Peñaloza reconocen que los individuos adquieren la cultura del país de recepción a través de la forma de consumir. De este modo, el consumo, se convierte en un elemento central a la hora de entender los procesos de aculturación.

Peñaloza desarrolla por primera vez su modelo teórico de aculturación a través del consumo en 1994, en un estudio sobre los hábitos de consumo de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos (Peñaloza, 1994: 33).

Figura 2

MODELO EMPÍRICO DE ACULTURACIÓN DEL CONSUMIDOR (PEÑALOZA)

Fuente: Peñaloza (1994: 48).

El modelo empírico de aculturación del consumidor propuesto por Peñaloza se despliega en cuatro etapas que se presentan en el cuadro de la Figura 2: 1) las diferencias o particularidades personales, tales como las variables demográficas (edad, sexo, etc.), la habilidad con el idioma, el tiempo de estancia en Estados Unidos, la identidad étnica y algunos factores medioambientales; 2) los agentes de aculturación desde la perspectiva de ambas culturas, la mexicana y la estadounidense. En ambas los agentes principales son la familia, los amigos, los medios de comunicación, y las instituciones tanto comerciales, como educativas y religiosas; 3) los procesos de aculturación, que se inician con el movimiento de un país al otro, seguido por uno de «traducción» o de desarrollo de nuevas capacidades de intercambio y finalmente una adaptación a los nuevos hábitos de consumo; y 4) los resultados del proceso de aculturación a través del consumo, que muestra a inmigrantes que por una parte asimilan muchos bienes y servicios asociados con la cultura dominante, otros que mantienen aspectos de su cultura mexicana, otros que presentan resistencia al cambio y por último, otros que están físicamente segregados.

Una de las grandes bondades del modelo de Peñaloza es haber conseguido un marco teórico exitoso en el estudio del comportamiento de compra de las personas inmigrantes en su proceso de incorporación a la sociedad de acogida. Después de Peñaloza muchos expertos en el campo de la aculturación a través del consumo presentan a esta profesora como un referente en la materia (Sojka y Tansuhaj, 1995; Brewer, 2001; Arnould y Thompson, 2005; Merino, 2009; Figueiredo y Cayla, 2011; Dedeoglu y Ustundagli, 2011; Saldaña y Ballesteros, 2011).

1.5.2.