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Un recorrido por la historia del proyecto de unidad europea desde sus orígenes hasta la actualidad, con sus éxitos, sus fracasos, y sus desafíos futuros. Francisco Aldecoa nos guía por la historia de la Unión Europea, desde los proyectos embrionarios discutidos en los grandes salones intelectuales, hasta la respuesta al desafío planteado por la guerra de Ucrania. Deteniéndose en los principales hitos de ese recorrido, como la constitución de una primera "pequeña Europa" tras la Segunda Guerra Mundial, la caída del Muro de Berlín o la firma del Tratado de Maastricht, este libro nos narra cómo Europa ha pasado de ser —en palabras de Jacques Delors— un «sujeto pasivo» en la sociedad internacional a un actor cada vez más decisivo en la política mundial. Un proyecto de unidad que se ha convertido, con todos sus límites, en un actor global, normativo y diplomático indispensable para la paz y la estabilidad mundial, la prosperidad y el desarrollo sostenible, y que ha mostrado una notable resiliencia frente a los enormes retos de la última década (la pandemia, el Brexit y la guerra de Ucrania). El libro que el lector tiene en sus manos trata de esta historia fascinante, con sus fundamentos, sus éxitos y sus fracasos hasta el día de hoy. Pero es también la reivindicación de una experiencia única en la historia, en la que, por primera vez, un grupo de Estados, voluntariamente, sin hacer uso de la fuerza, se unen para crear una organización política por encima de ellos, compartiendo soberanía.
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Seitenzahl: 368
Veröffentlichungsjahr: 2023
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LA UNIÓN EUROPEA
LA UNIÓN EUROPEA
De la idea utópica de Europa a la Unión Europea como potencia mundial
FRANCISCO ALDECOA
CON LA COLABORACIÓN DE EDUARDO GARCÍA CANCELA
Prólogo de ENRIQUE BARÓN CRESPO
La Unión Europea. De la idea utópica de Europa a la Unión Europea como potencia mundial
© Francisco Aldecoa con la colaboración de Eduardo García Cancela, 2023.
© del prólogo, Enrique Barón Crespo.
© de esta edición, Shackleton Books, S. L., 2023
@Shackletonbooks
www.shackletonbooks.com
Diseño de cubierta: Pau Taverna
Diseño de tripa: Kira Riera
Maquetación: reverté-aguilar
Conversión a ebook: Iglú ebooks
© Fotografías: Las imágenes de este libro son de dominio público, excepto las de las páginas 47(a: Nicku/Shutterstock, b: Morphart Creation/Shutterstock, c: Stocksnapper/Shutterstock); p. 85, Bundesarchiv, Bild 183-19000-2453 [CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0]/Wikimedia Commons; p. 93, JLogan (Trabajo propio) [d. p.]/Wikimedia Commons; p. 102, CC BY-SA 3.0; p. 136, Parlamento Europeo; p. 143, Kolja21, trabajo derivado de: Kolja21 (EC12-1986_European_Community_map.svg) [CC BY 3.0]/Wikimedia Commons; p. 147, Dozura (Trabajo propio) [CC BY-SA 4.0]/Wikimedia Commons; p. 174, nvpswitzerland [CC BY-SA 3.0]/ Wikimedia Commons; p. 178, Europe_countries.svg: Júlio Reis, trabajo derivado de: Kolja21 (EU15-1995_European_Union_map.svg) [CC BY-SA 2.5]/Wikimedia Commons; p. 209, Júlio Reis (trabajo derivado del de: Kolja21 (EU25-2004_European_Union_map.svg)) [CC BY-SA 2.5]/ Wikimedia Commonsp. 228 y 290, Union Europea, [CC BY 2.0]/Wikimedia Commons.
ISBN: 978-84-1361-258-4
Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento y su distribución mediante alquiler o préstamo públicos.
Este libro es un ensayo profesoral, visionario y con tintes autobiográficos. Su autor, Francisco Aldecoa, define desde el principio su perspectiva: federalista, académica y vinculada a la sociedad civil. Una mirada que hemos compartido en nuestro largo caminar desde el Congreso del Movimiento Europeo de 1962 (el Contubernio de Múnich), clave en el despertar de nuestras conciencias democráticas y europeístas.
Hoy seguimos participando en el sugestivo proceso constituyente abierto que está transformando «la idea utópica de Europa en la UE como potencia mundial», como reza el subtítulo de este volumen. La sistematización en seis capítulos de las principales etapas de los proyectos de unidad europea que presenta el libro tiene la ventaja de dar una idea de proceso constructivo, ausente en el usual relato a base de una letanía de tratados que no da idea de cómo fueron gestados y desarrollados, al no insertarlos en su época histórica y sus vicisitudes, «a merced de los factores endógenos y exógenos». La mejor imagen para explicar este efecto que elude el contexto es la del romero que se encuentra a dos albañiles trabajando y les pregunta qué hacen, el primero contesta «un muro», el segundo «una catedral», sin duda el edificio más emblemático europeo.
De modo consecuente, la visión de Aldecoa no comienza con el usual relato mítico del rapto de la princesa fenicia a lomos del toro Zeus. Parte del debate de la Europa del Renacimiento, con los humanistas, consejeros de los emperadores y reyes. La elección de Tomás Moro es significativa por el título de su obra Utopía, ¿perfección o sueño no realizado?
No es visión ilusoria, un sueño de la razón, porque Utopía es un libro de profunda crítica social sobre la división de Europa, escrito en Flandes, en diálogo con sus grandes amigos Erasmo de Róterdam y Luis Vives, el humanista converso valenciano, consejero de Enrique VIII y Catalina de Aragón que escribió en Las disensiones de Europa la lapidaria frase «cada cual es enemigo de sí mismo». Un debate digno de la pluma de Stefan Zweig. Para comprender su significado basta con visitar el Museo del Prado y contemplar el cuadro de Brueghel el Viejo El triunfo de la muerte.
Europa vivió la mayor parte de su historia en guerra, aun cuando sus sucesivos líderes deseaban ser aclamados como pacificadores mientras mandaban. El Emperador, Rey o Dictador reinantes la sacralizaban como Pax Romana, Pax Imperialis, Pax Hispanica, Pax Gallica, Pax Britannica, la Santa Alianza, Pax Germanica y… el Reich de los mil años. Por esa razón titulé mi conferencia sobre la Unión Europea en la Universidad para la Paz-ONU, en 2013: «La UE, tejedora de paz».
La concesión del Premio Nobel de la Paz en 2012 a la Unión Europea (UE) «por haber contribuido durante seis décadas al avance de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa» reconoció este cambio histórico. Definición que en este momento alcanza más valor, si cabe, porque la vemos amenazada y con el riesgo de una vuelta al pasado bajo un nuevo Sacro imperio ruso ortodoxo.
Situar el Congreso de Europa de 1948, magna asamblea constituyente de la sociedad civil, punto de inflexión y paso del nacionalismo con la razón de Estado, como dogma a la construcción de un proyecto común de paz y prosperidad basado en valores comunes es acertado no solo para Europa, también para España. Este relato rompe con la usual cantinela de la Europa de los mercaderes como base del proyecto europeo y le da toda su dimensión y perspectiva histórica.
Especialmente relevante me parece la reflexión sobre el Consejo Federal del Movimiento Europeo (CFEME), que desde su creación en la sede del Gobierno vasco (PNV, PSOE) en el exilio en París en 1949 ha sido un decisivo «impulsor de la democracia, la adhesión a la CE y la profundización federal hasta nuestros días» (capítulo diez). El estudio de su papel en la transición es una asignatura pendiente para la historiografía española.
Los siguientes capítulos recogen un proceso de construcción y vertebración —términos orteguianos que prefiero al de «profundización», porque no se trata de buscar petróleo— que hemos recorrido juntos en un sugestivo debate abierto, tratando siempre de ver la catedral cuando poníamos un ladrillo tras otro y a veces se nos caía un trozo de muro y… vuelta a empezar. Considero especialmente acertado el capítulo cuatro sobre el Nacimiento de la Unión Europea porque explica en su contexto el «nacimiento de la UE en Maastricht, transformando la Comunidad Económica en Unión política», logrando una Constitución en el Tratado de Lisboa, aunque sea sin nombre.
Justamente lo que yo pensaba en la ceremonia de la firma en el Monasterio de los Jerónimos, cuando los 10 miembros del entonces Consejo Europeo, tras firmar el Tratado, se pusieron en pie para saludar la bandera de las 12 estrellas y escuchar el Himno de la Alegría que acababan de eliminar de su articulado. ¡La paradoja como método europeo!
Mi acuerdo con el autor no es solo de análisis político, también en las vivencias personales en los debates que siguen abiertos: el primero, sobre el Brexit y su reversibilidad; el sustancial sobre la federalización, que no es una utopía de futuro sino un fortalecimiento del edificio sobre la voluntad de compartir un destino a partir de valores comunes en «una unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa» (precisamente la enmienda de supresión conservadora británica del artículo 1º del TUE en el Tratado de Lisboa). Esta es la base para poder hablar de consolidar la UE como potencia normativa, diplomática y global. Ahora, los ucranios son los más ardientes defensores de este proyecto. Seamos consecuentes con el compromiso que hemos contraído con ellos.
Enrique Barón Crespo
El libro que tiene el lector en sus manos realiza un recorrido a lo largo del proyecto europeo. Comienzo reflexionando sobre la idea de Europa y sus inicios utópicos, que se remontan varios siglos atrás, para después estudiar su aplicación en todas las fases del proceso de construcción europea, que se viene produciendo desde hace cien años, con el impulso que le da la obra Paneuropa de Richard Coudenhove-Kalergi en 1923 y que llega hasta nuestros días.
Dedico especialmente el análisis a los últimos setenta y cinco años, desde el Congreso de Europa celebrado en La Haya en 1948 debido al impulso de la sociedad civil organizada, considerando este hito primera piedra de la construcción europea a la que da vida la Unión Europea (UE) que conocemos hoy.
En este camino del pasado hacia el presente conviene detenerse en los procesos políticos, económicos y sociales que han impulsado el proyecto europeo, cuyo hilo conductor es el federalismo, esto es, la puesta en común de la soberanía de los Estados miembros en aras de la dimensión supraestatal. Son tres los hechos que han propiciado esta nueva situación: el referéndum del Brexit en 2016, la pandemia de la Covid-19 desde 2020 y la agresión rusa a Ucrania desde 2022.
Hace cien años era difícil imaginar que la idea utópica de una Europa se podría convertir en realidad. La UE en la actualidad tiene muchos elementos de esa idea utópica. En este libro se descubre cómo la Unión se ha edificado a través de seis fases que responden al porqué y para qué de los avances en cada fase.
La primera (1923-1948), con la sociedad civil como protagonista, explica la puesta en marcha del proyecto europeo para evitar nuevas guerras, a través de la superación de la soberanía nacional. La segunda (1948-1979), cómo la Declaración Schuman propone un proyecto basado en la solidaridad de hecho para evitar la guerra mediante la comunitarización del carbón y el acero, mediante la puesta en marcha de un sistema supranacional —puesta en común de soberanía a través de un sistema institucional— y con el Tratado de Roma surge el mercado común, método de trabajo económico sin perder su finalidad política.
La tercera (1979-1992), el paso de una comunidad de naturaleza económica a una de naturaleza política, gracias a los cambios producidos en el mundo como consecuencia del final de la Guerra Fría. La cuarta (1992-2001), el nacimiento del euro como instrumento federal de profundización económica aunque a través de una decisión política.
La quinta (2001-2016), el porqué de la iniciativa de la Constitución —para acercar Europa al ciudadano, hacer posible la gran ampliación al Este y ejercer un liderazgo internacional— cuyos elementos centrales rescata el Tratado de Lisboa, la denominada «Constitución sin nombre».
Y la sexta (2016-actualidad), el nuevo ciclo político, marcado por la respuesta al Brexit, el aumento de la legitimidad de origen del sistema político a consecuencia de los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo de 2019, la pandemia de la Covid-19 y la agresión rusa a Ucrania.
Empecemos por el principio. En esta introducción presento el porqué del título, cuáles son los factores que tengo en cuenta en el análisis de este proceso político y por qué lo estructuro en torno a las seis fases de la construcción europea que he enunciado anteriormente. Además, explico por qué considero que este enfoque es singular y que contiene un valor añadido respecto a otras visiones.
Primero, porque mi perspectiva —federalista, académica y vinculada a la sociedad civil— tiene una unidad como interpretación reciente del proyecto europeo en su conjunto. En segundo lugar, porque se enriquece el texto principal con añadidos de suma importancia: mapas, citas, textos, una cronología y una bibliografía recomendada.
La unidad europea es una meta muy antigua, de cuando Europa nació como concepto no solo geográfico, sino también político. Esta noción de Europa ha ido evolucionando a lo largo de los siglos, proyectando la unidad europea. En definitiva, proyectar es idear, trazar, proponer un plan y los medios para la ejecución de algo.
Así ha sido también en el caso de Europa. Lo que comienza siendo una idea asentada sobre la utopía, acaba convirtiéndose en un proyecto real —todavía en parte utópico— de carácter económico, político y social. La aportación de Tomás Moro y Erasmo de Róterdam fundamenta el trabajo cuando se desprende que la utopía es irrealizable de momento, pero puede servir para inspirar y guiar las transformaciones presentes y futuras.
El libro refleja cada una de las fases que se han ido dando en el proceso de integración europea, sin detallar de forma exhaustiva cada una de las políticas, sino únicamente las iniciativas que han servido para configurar y modelar el proyecto de unidad de Europa, aunque algunas de ellas hayan fracasado inicialmente. En particular, me detengo en los procesos que tienen como objeto una mayor profundización, más unidad europea.
La historia del proyecto de unidad europea nos enseña que su desarrollo no es lineal, sino dialéctico. Se suele decir coloquialmente que se ha conseguido dando dos pasos hacia delante y uno hacia atrás. Pero, en todo caso, hasta ahora nunca se ha detenido. Como decía el jurista y profesor Antonio Truyol y Serra, la dinámica comunitaria es como el funcionamiento de una bicicleta, si se para, caería el ocupante. O como también defendió José Ortega y Gasset: «Europa es camino y no posada».
Aunque a veces a corto plazo no lo parezca, como ocurrió con los fracasos de la Comunidad Política Europea o la Comunidad Europea de Defensa, el Tratado Constitucional en 2005 o el Brexit en 2016, la profundización europea está siendo irreversible, e incluso se podría decir que inevitable. Por lo tanto, la idea utópica de Europa se ha embarcado en un proceso político que se transforma paulatinamente en un proyecto federal dotado también de una dimensión internacional. Es, en definitiva, la historia de una Europa federal inacabada. Una innovación que merece ser contada, ya que es la primera vez en la historia de la humanidad que un grupo de Estados, voluntariamente, sin hacer uso de la fuerza, se une para crear una organización política supranacional1, compartiendo para ello lo más importante que tienen: su soberanía.
La unidad europea va mucho más allá de la cooperación interestatal que defendían los llamados «unionistas», especialmente británicos, después de la Segunda Guerra Mundial, cuya perspectiva acabó impulsando organizaciones internacionales como la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE) en 1947, la Unión Europea Occidental (UEO) en 1948, el Consejo de Europa (1949), la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) en 1960 o la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) de 1973. La principal diferencia de estas organizaciones respecto a la UE es que no conllevan una cesión de soberanía.
Es decir, la UE es una entidad política sui generis, única en la historia, y no comparable con otras organizaciones internacionales. Esto hace que sea un proyecto totalmente distinto y, a la vez, compatible con los demás. Por un lado, el proyecto federal de unidad Europea —la realización de la idea utópica— lo encarna en gran medida la Unión Europea, mientras que las organizaciones anteriormente mencionadas, o la nueva Comunidad Política Europea (CPE) impulsada recientemente, en 2022, representan el vínculo confederal, que no toma, a mi juicio, el sentido último hacia la federación que sí orienta a la UE.
En los cien años transcurridos desde la publicación de Paneuropa, que representa el impulso concreto a la idea utópica de Europa a través de una propuesta de organización, y en los setenta y cinco de la construcción formal de la UE, iniciada por la sociedad civil en el Congreso de La Haya, el proyecto europeo no solo se ha puesto en marcha, sino que ha ganado una relevancia global. Hoy se considera a la UE una potencia mundial que representa unos valores determinados y que tiene una identidad propia. Ese camino, de la idea utópica de Europa a la UE como potencia mundial, es el que realizo en este libro, y así lo ilustra su título.
Los factores que condicionan el desarrollo del proceso de unidad europea son tanto endógenos, es decir, que nacen desde dentro, por razones económicas, políticas o sociales, como exógenos, provenientes de fuera y debidos a condicionantes internacionales. En la construcción europea los factores exógenos han tenido muchísima importancia. A título de ejemplo, la Segunda Guerra Mundial condiciona su nacimiento, la muerte de Stalin paraliza la creación de la Comunidad Europea de Defensa, y la caída del Muro de Berlín rescata el proyecto del Tratado de la Unión Europea de 1984 de Spinelli, rechazado inicialmente por ser adelantado a su tiempo, transformándolo en el Tratado de la Unión Europea firmado en Maastricht en 1992.
También los factores endógenos han sido muy relevantes. Por ejemplo, por citar solo algunos, el episodio de la «silla vacía» en 1965, cuando la Francia de De Gaulle abandona las reuniones del Consejo durante seis meses por diferencias en la política agrícola, los dos referéndums negativos en Países Bajos y Francia que impidieron la entrada en vigor del Tratado Constitucional en 2005 o el referéndum del Brexit en 2016, que implicó, por primera vez, la salida de un Estado miembro.
Por ello, quiero revalorizar la noción de «proyecto», ya que, aunque diferentes iniciativas no tuvieron éxito cuando surgieron inicialmente, se alcanzaron años después, cuando las circunstancias internas y externas los favorecieron, y tuvieron una gran incidencia en las reformas finalmente adoptadas. Este es el caso de los proyectos de Coudenhove-Kalergi en 1923, Aristide Briand en 1930, Spinelli y Rossi en 1941, el Proyecto de Tratado de la Unión Europea de 1984, también de Spinelli, o la ya mencionada Constitución europea, firmada por todos los representantes de los Estados miembros en 2004, entre otros.
En la actualidad, las consecuencias del Brexit, factor endógeno, o de la pandemia de la Covid-19 o la guerra provocada por la agresión rusa a Ucrania, factores exógenos, están fomentando la profundización del proyecto europeo en clave federal. Por ejemplo, el Plan de Recuperación y el fondo Next Generation de 2020, como respuesta a la pandemia, suponen un avance de facto del proyecto federal. Al mismo tiempo, el apoyo a Ucrania frente a la agresión rusa está sirviendo para acercar la convergencia entre los Estados miembros, fortalecer su cohesión interna y dinamizar la diplomacia común y su política exterior, incluso comunitarizar algunos de los aspectos de la política de defensa europea.
Como decía unas líneas más arriba, en este libro realizo un recorrido por las que considero, a mi juicio, las seis etapas de la construcción europea. No obstante, dedico el primer capítulo a reflexionar sobre sus antecedentes, es decir, el desarrollo de la idea de Europa, en gran medida utópica, por pensadores como Erasmo de Róterdam, Immanuel Kant, Carlos Krause, Henri Sant-Simon, el abad de Saint-Pierre, Jean-Jacques Rousseau o Victor Hugo. Sus pensamientos han inspirado y permitido configurar la UE de hoy. Algunas reflexiones de estos autores mantienen cierta vigencia aún en la actualidad.
Una vez explicados los antecedentes, dedico un capítulo a cada fase de la construcción europea, con excepción de la última —la sexta— que, dada su novedad y la escasez de publicaciones al respecto con perspectivas similares a la mía, requiere una mayor extensión y abarca dos capítulos (el siete y el ocho). Cada fase comprende periodos de tiempo que varían sustancialmente en cuanto a su duración. Ello es debido a que la construcción europea no puede dividirse en compartimentos estancos, por décadas, por ejemplo, sino que son los avances federales y sus consecuencias los que van a marcar los cambios entre la etapas.
En el capítulo dos examino la primera etapa de la construcción europea (1923-1948), en la que los movimientos federalistas de la sociedad civil organizada ponen en marcha el proyecto europeo. Abarca desde el ya mencionado libro Paneuropa de Coudenhove-Kalergi, de 1923, casi revestido de un carácter premonitorio, al Congreso de La Haya de 1948, inicio de la construcción europea y de la UE como la entendemos hoy en día. Curiosamente, en 2023, cuando se escriben estas líneas, se cumplen cien años de la publicación de Paneuropa y setenta y cinco del Congreso de La Haya, por lo que, más allá de su gran relevancia histórica, este periodo goza actualmente de una atención renovada.
La segunda etapa (1950-1979) se desarrolla en el capítulo tres, desde la Declaración Schuman de 1950, que pone en marcha la «pequeña Europa», al éxito que supone la firma de los Tratados de París y Roma de 1951 y 1957, respectivamente, y sus desarrollos hasta 1979. Estos tratados fundan formalmente las Comunidades Europeas, que llamamos UE desde 1992, y que tienen por primera vez carácter supranacional. Es decir, aplican una nueva noción de soberanía que implica la puesta en común de las soberanías de los Estados a través de la creación de instituciones comunes, que ya surgen en ese momento y que posteriormente terminan denominándose como en nuestros días: la Comisión, el Consejo, el Parlamento y el Tribunal de Justicia, aunque al principio se le diesen nombres algo diferentes.
El capítulo cuatro corresponde a la tercera etapa (1979-1992), que empieza con las primeras elecciones al Parlamento Europeo en 1979, a partir de las cuales se fundamenta la legitimidad democrática del proyecto, y alcanza hasta 1992, con la firma del Tratado de la Unión Europea en Maastricht y la consecución del mercado interior. Maastricht trae grandes avances y es en parte consecuencia de los cambios ocurridos en Europa y en el mundo tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. Esencialmente, transforma lo que hasta entonces era una Comunidad Europea de naturaleza económica en una Unión de naturaleza política y democrática, aunque incompleta.
Con el quinto capítulo se llega a la cuarta etapa (1992-2001), muy corta, pero que concentra desarrollos que siguieron al Tratado de Maastricht con gran relevancia federal, como la consecución de la Europa sin fronteras con el Espacio Schengen en 1995 o el nacimiento de la Unión Económica y Monetaria (UEM), elemento federal, con la creación en 1999 del euro y su puesta en circulación en 2002. La moneda única simboliza la primera expresión federal de la construcción europea. Es el mejor ejemplo de la importancia de la decisión política ya que, entonces, muchos decían que era imposible su realización y, después, que su diseño era erróneo. Sin embargo, su puesta en marcha ha sido imprescindible para fortalecer el proyecto europeo y hacer frente a las crisis posteriores, contra los que hubiera sido imposible lidiar sin este paso.
La penúltima fase, la quinta (2001-2014), aparece en el capítulo seis, marcado por el proceso constituyente que se inicia con la Declaración de Laeken en 2001 y que abarca los desarrollos tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa en 2009. Laeken, condicionado por los atentados del 11-S en Estados Unidos, impulsa la Segunda Convención Europea (2002-2003), que alumbra el Proyecto de Tratado de una Constitución para Europa. Este tratado, firmado en octubre de 2004, no llegó a entrar en vigor por su no aprobación como consecuencia de los referéndums negativos en Francia y Países Bajos en la primavera de 2005. Sin embargo, sus elementos centrales se rescataron a través del Tratado de Lisboa, firmado en 2007, que algunos denominamos «la Constitución sin nombre», ya que recoge los elementos fundamentales de esa iniciativa.
El Tratado de Lisboa, a pesar de todo, es posiblemente la profundización del proyecto de unidad europea más importante hasta la fecha, tanto por su alcance como por sus contenidos. Refuerza el perfil político de la Unión, a la que dota de personalidad jurídica y le atribuye unos valores y objetivos. También reforma el sistema institucional, fortaleciendo el papel del Parlamento Europeo y de los parlamentos nacionales e introduce importantes novedades en la toma de decisiones, como la mayoría cualificada en algunos ámbitos, o el refuerzo de la política exterior, a través de la puesta en marcha de la diplomacia común europea.
Por último, la sexta etapa (2014-2023) comprende lo que denomino el «nuevo ciclo político», que se produce especialmente en la novena legislatura europea, desde 2019 y que llega hasta la actualidad. No obstante, la legislatura anterior, la octava (2014-2019), establece los antecedentes necesarios para que se produzca dicho nuevo ciclo político —entendiéndose este como un periodo en el que se da tal desarrollo de las políticas que lo diferencia de forma importante de los anteriores.
No obstante, como he avanzado al inicio, a diferencia de las otras cinco etapas, esta abarca dos capítulos, por tres razones de peso: existe muy poco análisis publicado sobre este tema, es un proceso vivo en desarrollo y, lo más importante, mantengo la hipótesis de que va a ser trascendental en las próximas décadas de Europa. Es decir, con el nuevo ciclo político estamos viviendo una aceleración histórica de la progresiva federalización de facto del proyecto europeo desde al menos 2019.
Así, el capítulo siete trata los antecedentes inmediatos al nuevo ciclo político, que se producen durante la octava legislatura y, especialmente, desde el referéndum del Brexit del 23 de junio de 2016. Lo que inicialmente, en septiembre de 2016, se definía como una «crisis existencial», en palabras del entonces Presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, se ha convertido en lo que llamamos la «paradoja del Brexit». Esta expresión indica que, en realidad, el resultado del referéndum ha permitido dar avances federales de gran calado, como la decisión de establecer la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO) en materia de política exterior y de seguridad y defensa en 2017, o las medidas que se toman en la siguiente legislatura, inimaginables si el Reino Unido se hubiera mantenido dentro de la Unión.
En el octavo capítulo analizo la novena legislatura europea (2019-2024), en la que eclosiona el nuevo ciclo político, empezando por la importante subida en la participación en las elecciones al Parlamento Europeo de 2019, que alteró la tendencia decreciente que se daba desde 1994 y produjo un reforzamiento de la legitimidad de origen del conjunto del proyecto europeo. Además, la pandemia de la Covid-19 desde 2020 y la agresión rusa a Ucrania, desde 2022, han favorecido la adopción de medidas de expresión de solidaridad federal como el Plan de Recuperación o el apoyo político, diplomático, humanitario, macrofinanciero y militar sin fisuras a Ucrania. La respuesta, a menudo en clave federal, a ambas tragedias está marcando el desarrollo de la UE en el futuro, tanto en su política sanitaria como en la fiscal, energética, exterior, de seguridad y defensa e incluso de ampliación, entre otras.
Los dos últimos capítulos del libro se desarrollan con una lógica diferente a la de los anteriores, ya que no es cronológica, y por tanto no se centran en las etapas de la construcción europea. Por un lado, en el capítulo nueve presento la UE como una potencia mundial, teniendo en cuenta, en primer lugar, las sucesivas ampliaciones que la han constituido. Seguidamente, se analiza el desarrollo de la política exterior y de seguridad y defensa. En cincuenta años, desde la primera ampliación en 1973 hasta nuestros días, se ha pasado de una Comunidad de seis Estados, con aproximadamente ciento treinta millones de habitantes, a una Unión formada por veintisiete países y más de cuatrocientos cincuenta millones de ciudadanos.
A lo largo de los años, especialmente después de la Guerra Fría, se ha configurado un modelo europeo diferente a los dos otros modelos políticos que existen en el mundo: el modelo asiático, caracterizado por la adopción bajo estricto control gubernamental de diferentes medidas dirigidas a favorecer la integración y liberalización de sus economías, asumiendo que el costo social de las mismas será reabsorbido sin mayor impacto sobre el sistema político. Y el modelo norteamericano, que se centra fundamentalmente en la liberalización del comercio, prioriza el mercado como objetivo central del proceso y reduce las eventuales adaptaciones del sistema político y social a las estrictamente necesarias para el logro de los objetivos económicos.
Frente a estos dos planteamientos, el modelo europeo se caracteriza por un equilibrio entre mercado, sociedad y Estado, en el que es la sociedad la que configura el conjunto de las relaciones, y el mercado y el propio sistema político son instrumentos para la reestructuración del mismo poniendo en marcha el modelo de sociedad del bienestar.
Esto ha permitido desarrollar, por el peso global no solo de su población, sino también de su economía, la dimensión internacional del proyecto de unidad europea. Así, en palabras de Jacques Delors, Europa pasa de ser un «sujeto pasivo» en la sociedad internacional a un actor cada vez más decisivo en la política mundial, desde la desaparición de los bloques de la Guerra Fría en 1989 y, sobre todo, con la segunda década del siglo XXI, cuando está convirtiéndose, aun con todas sus limitaciones, en un actor global, normativo y diplomático indispensable para la paz y la estabilidad mundial, la prosperidad y el desarrollo sostenible.
Finalmente, el capítulo diez trata sobre el futuro de Europa: hacia dónde va la UE y la necesidad de la profundización federal y la reforma de los tratados en la posible Tercera Convención Europea, como ha propuesto el Parlamento Europeo en mayo y junio de 2022, tras la Conferencia sobre el Futuro de Europa (CoFoE), que se desarrolló en los años anteriores.
Por último, debo mencionar que el lector encontrará en de cada capítulo extractos de textos y documentos originales. Se refieren especialmente a los cien años del proyecto de unidad europea, comenzando por un extracto de Paneuropa de 1923 de Coudenhove-Kalergi y siguiendo con una serie de textos fundamentales de los siguientes setenta y cinco años del proceso de construcción europea.
Se trata de presentar los extractos más significativos de estos documentos, que no son los más conocidos, pero que explican la inspiración federal y ponen de manifiesto su alcance en cada una de las etapas. Subrayo el papel de la sociedad civil europea al impulsar el proyecto, la importancia del Parlamento Europeo como motor de sus transformaciones, que refuerzan el carácter político federal de soberanía compartida, y de la UE como unidad de derecho, de democracia y de valores compartidos, los principios inspiradores del proceso.
Al final del libro hemos incluido los perfiles de algunos de los protagonistas de estas diversas fases. Se trata de poner cara y ojos a algunos de los que han tomado las decisiones políticas más relevantes en este proceso.
Asimismo, en los apéndices del final, el lector encontrará una cronología que también obedece a unos criterios: las fechas tienen una relación directa con la narración e inciden en los cambios políticos fundamentales de las distintas fases. El último periodo de la cronología es mucho más extenso pues, al elegir las fechas a incluir, estoy también señalando los aspectos más importantes que quedan pendientes para el futuro.
En cuanto a la bibliografía, que puede ser casi infinita, he elegido únicamente las publicaciones que o han inspirado la redacción de los capítulos o han influido en mi concepción sobre el proceso político. Se trata únicamente de una pequeña selección, ya que la bibliografía existente sobre este tema es inmensa, por lo que soy consciente de que omito muchas obras dignas de mención. En cualquier caso, el objetivo es facilitar el trabajo al lector que quiera continuar indagando sobre la idea y el proyecto de Europa.
Escribo este libro como profesor con casi cincuenta años de experiencia, catedrático de Relaciones Internacionales durante más de treinta y tres años, que ha participado en el proceso político que narro, en calidad de miembro de la sociedad civil organizada, lo que me permite tener una perspectiva singular —académica, de la sociedad civil y federalista— para entender por qué surgen y elijo unos hechos y no otros.
Desde finales de los años setenta, muy influido por los ecos del «Contubernio de Múnich» de 1962, he participado activamente en el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo (CFEME), organización que actualmente tengo el honor de presidir. En esos primeros años, también participé en la creación de la sección de Jóvenes Europeos Federalistas (JEF) en España y en el establecimiento de la Asociación Española de Integración Europea (AIE), de la que fui presidente. También he participado en muchas actividades del Movimiento Europeo Internacional (MEI), como, por ejemplo, en las manifestaciones en Milán a favor de la profundización federal en Europa en 1985.
En la década de los ochenta, seguí de cerca la elaboración del Proyecto del Tratado de la Unión Europea (PTUE) de Spinelli, de lo que surgió mi libro La Unión Europea y la reforma de la Comunidad Europea, publicado en Madrid en 1985. También fue importante la publicación, en 2002, del segundo tomo de La integración europea: análisis histórico-institucional con textos y documentos. Génesis y desarrollo de la Unión Europea (1979-2002), que me encargó el Profesor Antonio Truyol y Serra para dar continuidad al primer volumen escrito por él, que abordaba la integración europea de 1951 a 1979.
En esa época, entre 1986 y 1987, fui asistente del eurodiputado Carlos María Bru Purón, perteneciente al primer grupo de eurodiputados españoles en el Parlamento Europeo, tras la adhesión de España a las Comunidades Europeas. Posteriormente, en 1994, fui designado, por consenso de los partidos políticos en el Parlamento Vasco, Secretario General del Consejo Vasco del Movimiento Europeo, con objeto de reiniciar la actividad del mismo, que estaba en hibernación. Desempeñé este cargo hasta 2002, cuando conseguí la plaza de catedrático en la Universidad Complutense de Madrid y fui elegido a la vez decano de esa Facultad hasta 2010. Y, desde 2004, en sustitución de Fernando Morán, he sido miembro de la Comisión Ejecutiva del CFEME, llegando a ser Vicepresidente en 2012 bajo la Presidencia de Eugenio Nasarre y, desde julio de 2018, y como ya se ha anticipado anteriormente, Presidente del mismo. Desde 2020, formo parte del board del MEI. También soy miembro del Consejo Federal de la UEF. Estos cargos me permiten estar prácticamente una vez al mes en Bruselas o en otras capitales europeas, siguiendo no solo la perspectiva académica sino también la vida política.
Por último, conozco muy de cerca los últimos desarrollos en la Unión Europea y, especialmente, los debates sobre su futuro y su reforma. En abril de 2021 fui nombrado por el Gobierno de España representante de la sociedad civil española en la Conferencia sobre el Futuro de Europa (CoFoE), dada mi calidad de Presidente del CFEME, que duró hasta diciembre de 2022. Tuvimos ocho sesiones en Estrasburgo, una primera en Lisboa y una última, de evaluación, en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas; asistí a todas e intervine en la mayoría, tanto en plenos como en comisiones.
Por lo tanto, por un lado, he tenido una carrera académica intensa. Fui profesor no numerario desde 1973 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), profesor titular de Relaciones Internacionales desde 1983 en la misma Facultad y Universidad, catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad del País Vasco (UPV) desde 1990 y en la misma especialidad en la UCM desde 2001. También he ejercido cargos académicos como director de departamento, rector en funciones de la Universidad del País Vasco y Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM de 2002 a 2010, entre otros.
Por estos motivos, este es un libro que explica la construcción europea, en el que realizo un análisis como profesor dedicado a la enseñanza y a la investigación de la integración europea, además de ejercer cargos académicos, nunca cargos políticos, y como activo integrante de la sociedad civil organizada. En la medida en la que soy participante activo de la sociedad civil aplico una perspectiva no solo teórica sino vinculada a las demandas de la misma sobre el proyecto europeo, tal y como he resaltado anteriormente, tanto en el Movimiento Europeo como en la UEF.
Por último he de mencionar que Eduardo García Cancela, investigador y doctorando de la UCM a quien le dirijo la tesis y que comparte mi visión de Europa, me ha acompañado en la elaboración de este libro, y le agradezco sinceramente su ayuda.
Antes de convertirse en proyecto y en realidad, Europa fue una idea. O, mejor dicho, un conjunto de ideas. Estas reflejaban lo que se entendía que debía ser Europa a lo largo de las distintas etapas de su historia. Por lo tanto, es imprescindible analizar primero la aportación de la «idea de Europa», que inspira de un modo u otro la construcción de la unidad europea estudiada en los capítulos siguientes.
