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En 1879 un grupo de aristócratas británicos llegó a la lejana colonia de Punta Arenas para realizar un recorrido inédito por el interior de una tierra desconocida para los turistas y el público general. Este libro abarca en profundidad la historia de quien lideró esta aventura: la excéntrica y multifacética viajera victoriana Lady Florence Dixie (1855-1905), primera mujer en realizar una travesía por la Patagonia y en escribir un testimonio literario sobre ello. Considerada como la primera turista de esta región, Dixie dio a conocer lugares que hoy constituyen grandes hitos turísticos del paisaje patagónico chileno, tales como las célebres Torres del Paine, cumbres que esta británica bautizó como "Agujas de Cleopatra". Tras la exitosa publicación de Across Patagonia (1880), Florence se convirtió en una famosa y polémica trotamundos, escritora, periodista y activista política que luchó por causas peculiares en ese entonces, como la defensa del mundo animal y del medio ambiente, y la total equidad entre el hombre y la mujer. A través de la comparación de su experiencia con la de otros viajeros victorianos, esta obra busca reconstruir, en un estilo dinámico y atractivo, la historia de los primeros en recorrer y apreciar, desde una perspectiva recreativa, un territorio caracterizado por siglos como remoto, seductor y misterioso.
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Seitenzahl: 693
Veröffentlichungsjahr: 2022
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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE
Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural
Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile
www.ediciones.uc.cl
Lady Patagonia
Florence Dixie. La primera turista de la región magallánica
María Eugenia Allende Correa
© Inscripción Nº 2022-A-5274
Derechos reservados
Julio 2022
ISBN Nº 978-956-14-2980-2
ISBN digital Nº 978-956-14-2981-9
Diseño: Francisca Galilea R.
CIP-Pontificia Universidad Católica de Chile
Allende Correa, María Eugenia, autor.
Lady Patagonia: Florence Dixie; la primera turista de la región magallánica / María Eugenia Allende Correa.
Incluye bibliografía.
Dixie, Florence, 1857-1905.
Patagonia (Argentina y Chile) - Descripciones y viajes - Siglo 19.
Tít.
2022 918.27+DDC23 RDA
Proyecto financiado por el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, Convocatoria 2022
Diagramación digital: ebooks [email protected]
A Amelia Allende González(1934-2021)
Agradecimientos
Este libro es fruto no solo de muchos años de trabajo e investigación, sino que también de la colaboración de muchas personas, que se involucraron y entusiasmaron con un proyecto que comenzó el año 2014, como parte de una propuesta en el marco de mi tesis doctoral. Estudiando el tema de las viajeras victorianas descubrí la vida y obra de Florence Dixie, dando inicio a una aventura fascinante, que me llevó no solo a revisar libros y documentos, sino que, además, a recorrer y seguir las huellas de esta viajera, desde la Patagonia hasta Inglaterra.
En primer lugar, quisiera agradecer a Ediciones UC por la posibilidad de publicar esta obra y por todo su trabajo editorial. Al Fondo del Libro y la Lectura que en el Concurso 2022 apoyó este proyecto. También al Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile y a sus profesores, por mis años de formación como historiadora.
En segundo lugar, agradezco al Instituto de Historia de la Universidad de los Andes, a su Dirección de Postgrados y Postítulos y a sus profesores, con quienes realicé mi doctorado en Historia.
En tercer lugar, a las bibliotecas que han facilitado este estudio, en especial, a la British Library de Londres, por darme acceso a manuscritos, archivos y fuentes que fueron de suma importancia para este trabajo.
También quisiera agradecer al destacado historiador Mateo Martinic, a quien entrevisté en Punta Arenas en enero del 2015, cuando esta investigación estaba recién comenzando. Esa grata conversación con él, sus sugerencias y su extensa obra dedicada a la historia patagónica fueron fundamentales en los comienzos de este trabajo. En la región de Magallanes pude visitar muchos de los lugares que fueron parte de las travesías de los viajeros estudiados, tanto en el Parque Nacional Torres del Paine como en sectores cercanos a Puerto Natales y Punta Arenas. También tuve la oportunidad de realizar un recorrido náutico por los fiordos magallánicos, apreciando extraordinarios paisajes, glaciares y vistas magníficas, tal como lo hicieran los viajeros británicos hace más de 140 años.
Les doy las gracias por sus aportes y recomendaciones a Joaquín Zuleta, Paula Baldwin e Isabel Cruz, quienes contribuyeron, desde la literatura y la historia del arte, con valiosas herramientas para complementar esta investigación. A Alejandra Eyzaguirre por sus consejos y ayuda durante esta etapa. Y a Isidora Puga por su amistad a lo largo de estos años de estudio.
Agradezco también a Valeria Maino. Sus sugerencias bibliográficas y sus conocimientos sobre autobiografías y diarios de viaje me llevaron a profundizar en el maravilloso género del travel writing.
Especial mención merece toda la ayuda y el trabajo de Alexandrine de la Taille, cuya guía fue fundamental en todo este proceso. Le agradezco su constante dedicación, sus correcciones, aportes, compromiso, acertados consejos y su apoyo incondicional. Nuestras conversaciones y reuniones fueron el pilar de este libro.
Mi gratitud con Amelia Allende G., querida madrina y tía abuela, va más allá de estas páginas. Durante la investigación, revisó cada capítulo con dedicación. Gran editora y sabia maestra, de ella aprendí no solo de redacción y edición, sino que a valorar la riqueza de la lengua castellana. Su dominio de este idioma, tanto de gramática como de vocabulario, siempre me asombraron. Quisiera agradecer, sobre todo, su cariño y apoyo. A ella va dedicado este libro, el cual no alcanzó a ver publicado. De igual modo, quiero dedicar esta obra a mi abuelo, Pedro Tomás Allende G. Si bien tampoco pudo ver esta publicación terminada, fue un entusiasta seguidor de este proyecto. De su amplia biblioteca pude recabar mucha información para este estudio. Asimismo, su amor por la flora y la botánica me llevó a conocer los Jardines Botánicos de Kew, donde pude apreciar la espectacular obra de otra viajera victoriana, Mariane North.
Mi máxima gratitud y reconocimiento van también para mi familia. A mis padres, por todo su apoyo y cariño incondicional. Ellos me transmitieron el amor por la lectura y la historia, y me alentaron a perseverar siempre. A mis suegros también les doy las gracias por su generosidad y gran ayuda. Agradezco de forma especial a mi marido, Eugenio Bascuñan R., quien me apoyó desde los comienzos de este proyecto, con paciencia y cariño. Me acompañó en todos mis recorridos por la Patagonia y me animó a viajar a Inglaterra. Compañero fundamental en este largo camino, le doy las gracias por su entusiasmo a toda prueba. Y a mis hijos, Amelia, Diego y Victoria, que nacieron mientras se iban escribiendo las palabras de este libro.
Índice
Introducción
Capítulo I. Los viajeros y turistas victorianos
1. Aventura y literatura al servicio del Imperio
2. Viajes masculinos y travesías femeninas: complemento y diferencia
Prejuicios y barreras: principales obstáculos de los viajes femeninos
Elementos diferenciadores: críticas y recepción
Complementos: “Qué” y “Dónde” frente a “Cómo” y “Por qué”
3. Del Grand Tour al turismo moderno: la masificación del turismo en la era victoriana
Turismo y anti-turismo
Viajeros de élite en busca de lo exótico
4. Lady Florence Dixie: una viajera excéntrica
Los Douglas: una familia de escándalos
Infancia y juventud: escritora precoz y atleta talentosa
Del matrimonio a los viajes
Capítulo II. ¿Por qué la Patagonia?
1. La representación del espacio patagónico en la literatura de viajes: mitos y leyendas
Los gigantes patagones y los caníbales fueguinos
La ciudad perdida de Los Césares
El lugar más apartado del mundo
2. De Gran Bretaña a Magallanes
Chile y el “Imperio informal”
Exploradores, misioneros y aventureros británicos en la Patagonia: una soberanía incierta
Punta Arenas: el empuje económico y migratorio británico en Magallanes
Bajo la tutela de Darwin
Capítulo III. La Patagonia como destino turístico
1. Relatos turísticos en el fin del mundo
Travesías en yate: los turistas náuticos
Recorridos ecuestres por la pampa patagónica
Annie y Florence: dos viajeras en los parajes magallánicos
Across Patagonia como relato turístico: un texto sin contexto
2. Turistas románticos
3. Antecedentes del turismo en Chile y en la Patagonia: Magallanes y Aysén
Capítulo IV. Después de la Patagonia
1. De viajera a escritora y activista
La aventura africana
La lucha por las mujeres
2. Florence Dixie y las viajeras victorianas: desafiando las convenciones
Victoriana en las apariencias
Sin modestia ni protección
La causa feminista en un escrito patagónico
La cazadora que se hizo vegetariana
Epílogo
Fuentes y bibliografía
Introducción
“Entiendo por viajero no solo el que camina leguas con sus pies en busca de adelantos, sino también el que las recorre, con su imaginación, haciendo progresar los conocimientos que han de ir sometiendo a nuestro imperio los demás elementos de la naturaleza, para llevarnos al goce pleno de la libertad del mundo” (Francisco P. Moreno, Viaje a la Patagonia Austral, 1879)1.
Durante el siglo XIX tanto los europeos como los americanos fueron testigos de una creciente afición por los viajes, que tuvo a Gran Bretaña como principal promotor y protagonista de expediciones de exploración, colonización, investigación y, con el correr de las décadas, también de índole turística y recreativa. Los viajeros fueron importantes actores en esta centuria, que contribuyeron con sus testimonios y relatos, no solo a incentivar aventuras fuera de la patria, sino también a promover el conocimiento de regiones ignotas y lejanas.
No solo los hombres fueron destacados trotamundos. Las mujeres y, en especial las inglesas, también se entregaron con entusiasmo a esta pasión que les abrió las puertas para involucrarse en otros ámbitos fuera del hogar. Una de las británicas que dejó de lado los prejuicios y desafió como ninguna las convenciones de su tiempo, fue la viajera y escritora feminista Lady Florence Dixie (1855-1905), cuya figura y su inédito viaje a la Patagonia en 1879, constituyen el tema central del presente libro. Calificada como la “primera turista” de esta remota tierra, fue además la primera mujer en escribir una narrativa acerca de este lugar. En 1880 publicó Across Patagonia, obra que tuvo mucho éxito en ese entonces, pero que luego quedó en el olvido por varias décadas. La autora, una mujer audaz, no solo representa un modelo alternativo y muy diferente a otras aventureras victorianas, sino que, además, puede ser calificada como una viajera anómala y original en el contexto de los relatos patagónicos del siglo XIX.
Su travesía es considerada pionera por varias razones. En primer lugar, ninguna mujer antes que Dixie había elegido la Patagonia como principal destino de viaje, del que dejó un importante registro literario. Antes de su experiencia, todos los textos referidos a este territorio habían sido escritos por hombres. Por otra parte, su recorrido fue principalmente turístico, hecho inusual en el ámbito literario patagónico hasta ese entonces. En un viaje que la llevó a visitar Brasil, Montevideo, Paraná, entre otros, fue la Patagonia el centro de su aventura. Allí cabalgó kilómetros de pampas, llevando consigo solo lo básico para subsistir y dependiendo de las cacerías para alimentarse. Pasó todo tipo de contratiempos, desde un terremoto en plenas llanuras hasta un incendio que casi destruyó su campamento. Fue la primera en describir sectores de la Patagonia que hoy son importantes enclaves turísticos, como las famosas Torres del Paine y sus alrededores. Por esta razón, es considerada como auténtica descubridora de parajes que en aquella época solo eran conocidos por indígenas y baqueanos. Y puso de relieve una nueva perspectiva en las travesías de la región austral: privilegiar un viaje que no contemplaba objetivos científicos, políticos o económicos, sino la idea de gozar sin preocupaciones de un lugar único y especial.
Florence Dixie es una figura que ha llamado la atención en el mundo anglosajón y está presente en numerosas publicaciones relacionadas con las trotamundos inglesas y con diversos estudios acerca del feminismo victoriano2. Sin embargo, hasta ahora la mayoría de los estudios referidos al viaje de Dixie a la Patagonia han analizado su obra y su experiencia desde una perspectiva literaria y estética más que histórica. O bien, han considerado su narrativa como un hecho inusual, pero sin profundizar en sus aportes, ni en sus rasgos distintivos, contexto histórico y legado. Tampoco se ha valorado con justicia la representación iconográfica que hace Lady Dixie de la Patagonia. Se busca, por lo tanto, rescatar sus aportes y particularidades.
Por otra parte, este libro se propone comparar su experiencia con la de otros victorianos que también, como ella, se embarcaron a esta zona en busca de un tiempo de recreo y placer. En estricto rigor, desde un punto de vista cronológico, Florence Dixie no fue la primera turista de la Patagonia. Antes que ella, su compatriota Annie Brassey (1836-1887) visitó algunos sectores de la región magallánica y de Aysén en 1876. Casada con uno de los hombres más ricos de Gran Bretaña, esta dama inglesa se embarcó con su familia en una lujosa travesía alrededor del mundo que los llevó a recorrer América, la Polinesia y Asia. Su obra A Voyage in the Sunbeam (1878), uno de los relatos femeninos más leídos de su época, contiene las primeras descripciones de los fiordos y canales patagónicos desde una perspectiva turística. Tras los Brassey, el ingeniero británico Julius Beerbohm (1854-1906) visitó la Patagonia en 1877 y dejó como testimonio Wanderings in Patagonia (1879), obra que describe sus azares y aventuras junto a un grupo de cazadores de ñandúes, un texto que también deja entrever motivaciones recreativas. Beerbohm retornó a estas tierras poco después de publicar este libro, pues fue quien entusiasmó a Lady Dixie a emprender su aventura patagónica. Por último, destaca también la experiencia del empresario inglés Charles J. Lambert (1826-1888), quien visitó las tierras magallánicas en 1880, mientras realizaba un periplo alrededor del globo, que dio por finalizado en 1882. Tras su viaje publicó The Voyage of the Wanderer (1883).
Estos cuatro británicos arribaron al territorio austral en tiempos en los que solo recibía la visita ocasional de exploradores, científicos y colonizadores. Gracias a ellos no solo se inicia el turismo en esta zona, sino que también surge una nueva forma de apreciar este territorio y su riqueza natural. Comparar y contrastar las visiones de los turistas victorianos con las impresiones y experiencias de aventureros, autoridades políticas y científicos de la región magallánica, así como valorar su aporte y contribuciones en la historia patagónica, han constituido objetivos fundamentales para esta obra. De igual modo, se realizó un esfuerzo por apreciar y realzar el patrimonio natural de la Patagonia chilena, en particular de la zona magallánica, sobre la base de estos testimonios y sus registros gráficos.
Es preciso mencionar que este libro busca relacionar el pasado y presente de la Patagonia chilena desde una perspectiva gráfica. Estos victorianos fueron los primeros en retratar parajes que hoy constituyen grandes atractivos turísticos. Muchos de los sitios visitados por Dixie y por los otros viajeros mencionados, son muy frecuentados en la actualidad. Por esta razón, emprender excursiones a algunos de estos lugares, como Punta Arenas, Puerto Natales, el Parque Nacional Torres del Paine y realizar un recorrido náutico por sectores de la región magallánica, permitió comparar iconográficamente fotografías actuales con las ilustraciones presentes en los relatos analizados y, en particular, con las de Across Patagonia, lo cual constituyó un aporte significativo para esta investigación. Se siguió la línea propuesta por Peter Burke en Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico para comprender la relevancia de la imagen como fuente histórica3; de igual modo, la publicación Patrimonio artístico en Chile4de la historiadora Isabel Cruz, fue un referente para resaltar el rol de lo visual en la disciplina histórica.
Las fuentes mencionadas son relatos de viaje relativamente conocidos, pero la comparación entre ellas constituye una novedad. Todos estos relatos, exitosas publicaciones en Inglaterra, son un aporte original y distinto en la tradición literaria de la región, pues presentan las impresiones de viajeros que expusieron una nueva perspectiva en la historia de este territorio. Asimismo, se buscó descubrir y destacar aquello que hace de estos textos, relatos turísticos diferentes a otras narrativas de índole recreativa. Si bien sus travesías contaban con numerosos elementos propios del turismo, la elección de este lugar los sitúa en la categoría de turistas de élite, distintos al turista promedio. Movidos por la curiosidad y el deseo de aventura, se embarcaron en un viaje que requería de una gran preparación, más allá de los límites del mundo conocido.
Por otro lado, para indagar en las características que hacen de Florence Dixie una viajera distinta a sus pares, se acudió a la prensa de época, con el propósito de identificar aquello por lo que se destacó y de estudiar qué imagen proyectó a sus contemporáneos5. Las constantes menciones que aparecen en las publicaciones periódicas sobre ella dan cuenta de que era una figura conocida y muy controvertida. Por ejemplo, fue una de las mujeres que más sacó a relucir sus habilidades como deportista, especialmente en las cacerías. Aunque hubo otras que también se destacaron como cazadoras, es ella quien más subraya dicho aspecto. Gran parte de los hechos descritos en Across Patagonia corresponden a episodios de caza. Para sorpresa de sus contemporáneos, años después de su visita a América del Sur, dejó este pasatiempo y se convirtió en una férrea opositora de tal actividad. Abandonando paulatinamente sus viajes, esta inglesa terminó siendo una feminista muy polémica para aquel entondes y se adelantó a la lucha que tendrían las sufragistas en las primeras décadas del siglo XX. Tras su muerte en 1905, The Times la definió como una mujer de atractiva personalidad, pero “un tanto peculiar”6, frase que resume cómo la describían sus contemporáneos y algunos medios. Se ha procurado estudiar aquello que la hizo ser una victoriana inusual y también aquellas similitudes que compartió con sus compatriotas.
Parte de su increíble biografía ha sido abarcada en publicaciones relacionadas con algunos miembros de su familia, como The Mad Bad Line: the Family of Lord Alfred Douglas (1981) de Brian Roberts y The Marquess of Queensberry: Wilde’s Nemesis (2013) de Linda Stratmann7. Ambas se centran en la vida de su hermano, el marqués de Queensberry, padre de Alfred Douglas, cuya relación con el reconocido escritor Oscar Wilde constituyó uno de los episodios más comentados de su controversial familia. Aunque el estudio de su biografía no constituyó el objetivo principal de este libro, sí fue importante para comprender y contextualizar de manera más completa su viaje a América del Sur. No es este un trabajo meramente biográfico, pero la vida de Lady Florence Dixie nos da algunas luces para analizar mejor las motivaciones de su travesía, sus contribuciones a las narrativas de la Patagonia y sus diferencias con respecto a otras viajeras de su entorno.
Han iluminado esta investigación diversas obras referidas a los relatos de viajes. Destaca en particular la publicación Testimonios del Yo8, de la historiadora y geógrafa Valeria Maino, que analiza relatos de viajes relativos a Chile y explica por qué este género literario es de índole autobiográfica. Esto es relevante porque la gran mayoría de los trotamundos británicos no concebían sus recorridos sin plasmar un registro sobre ellos. En el periodo estudiado existe una abundante producción de estos escritos, nacidos a veces de un diario íntimo y que luego se constituían en un texto para ser publicado, o también se complementaban sobre la base de la correspondencia intercambiada durante el trayecto. El viajero decimonónico, al igual que el cronista del siglo XVI y el explorador-científico de la era ilustrada, tenía la necesidad de dejar un testimonio de su travesía.
Se ha discutido en el ámbito literario cuál es el concepto más apropiado para catalogar este tipo de textos, pues se los define a veces como literatura de viajes y otras como relatos. En realidad, el concepto más adecuado sería el de “relato de viaje”, pues es un género no ficticio que tiene como base un hecho factual. Hablar de literatura sería demasiado amplio. Aunque el autor altere ciertos hechos o invente algunos sucesos, sigue siendo un escrito sobre una experiencia real9. Para efectos de este libro, se utilizarán ambas nociones, literatura y relato, como sinónimos para facilitar la lectura, considerando que el mejor concepto es el de “relato de viaje”.
Los relatos de viaje tuvieron una gran acogida y repercusión en Gran Bretaña, país en donde el mayor número de publicaciones de travel writing vieron la luz10. Esta nación vivía un periodo de esplendor, la famosa “era victoriana” (1837-1901), que hizo del Imperio británico la principal potencia del siglo XIX. Tal prosperidad generó una sensación de éxito que se tradujo en descubrimientos geográficos, expansión de dominios y colonización de culturas consideradas como “inferiores”. Su amor por la aventura y el “vagabundeo” llevó a los británicos a ser autores de valiosos testimonios que los pusieron a la cabeza de este género literario.
Un conjunto de factores determinó que fuera este un periodo rico en travesías. Primero, porque comenzaron a sentirse con más fuerza que en el siglo anterior los efectos de la Revolución Industrial, generándose una modernización de los medios de transporte, junto con la invención de nuevos instrumentos científicos y el descubrimiento de mejores fuentes de energía, que hicieron más factible salir hacia los más variados destinos. En segundo lugar, esta es también la era del Romanticismo, movimiento cultural que jugó un rol fundamental en la búsqueda de lugares en donde recrear la imaginación y en el placer de gozar de una naturaleza sublime. Además, esta corriente promovió con ímpetu el individualismo que, en el contexto literario, se reflejó en la importancia otorgada durante esas décadas a las autobiografías y al “Yo” como principal sujeto de la narración. Esto sitúa los relatos de viajes decimonónicos como textos autobiográficos, en los que el autor registra no solo lo que ve, sino lo que siente y lo que significa para él la experiencia de conocer otras tierras. Como afirma Arnold Hauser en Historia social de la literatura y el arte, “desde el gótico, el desarrollo de la sensibilidad no había recibido un impulso tan fuerte, y el derecho del artista a seguir la voz de sus sentimientos y su disposición individual nunca fue probablemente acentuado de manera tan incondicional”11. Gracias a esta influencia, el viaje se constituyó en una forma de descubrimiento personal.
Por otra parte, este siglo es también testigo del nacimiento de una renovada manera de viajar: el turismo. Si bien este fenómeno tiene sus antecedentes en el Imperio romano, los orígenes del turismo moderno se encuentran en la época victoriana. Los británicos fueron pioneros en el desarrollo de esta industria recreativa y no solo son considerados los primeros turistas de la historia contemporánea, sino que además los más numerosos. El término turismo hace alusión a un viaje de “ida y vuelta” o a un round trip como dirían los ingleses. La expresión tour, de origen francés, significa “ir de paseo”. Dicha noción se puede rastrear hasta mediados del siglo XVII, en que el tour hacía referencia a un viaje particular que terminaba donde mismo había empezado. Pero el término de “turista” probablemente no apareció hasta principios del siglo XIX12. Una palabra clave para comprender este concepto es la de leasure (placer-ocio). Turista es todo aquel que viaja por ocio y placer. Es un periplo que comporta aventura, pero moderada. Sobre todo, implica disfrutar de un tiempo de recreo.
Lo que diferencia al turismo moderno de otras maneras de viajar es, principalmente, que “involucra a más personas, está basado en otros motivos e incluye un rango de experiencias y deseos que no eran comunes en el pasado”13. Estos nuevos elementos están asociados a la idea de un viaje más masivo, al alcance de todos. La voluntad de partir, la curiosidad, la aspiración de escapar momentáneamente de la rutina cotidiana y de vivir una grata experiencia se convierten en algunos de sus rasgos característicos. La incertidumbre deja de ser algo inherente al viaje. Gracias a la irrupción de la energía a vapor, trenes y barcos facilitaron los traslados y redujeron las distancias. El surgimiento de agencias y guías turísticas, junto con una nueva valorización del tiempo libre, permitieron la proliferación de los viajes recreativos. Todos estos factores fueron determinantes en la expansión del turismo.
Esta particularidad implica una reflexión sobre el concepto de viaje. En el siglo XIX conviven al mismo tiempo los términos exploración, viaje y turismo. Y esa misma coexistencia a veces dificulta distinguir estas tres experiencias. El explorador es quien halla algo nuevo, investiga, averigua, es decir, va en busca de un descubrimiento. El viajero es aquel que se abre a las maravillas del lugar que visita y no solo observa, sino que contempla y valora el carácter único de aquello que recorre14. Ambas nociones están relacionadas también con el aventurero, quien se caracteriza por arriesgarse y enfrentar el peligro. Muy vinculado a la práctica del viaje está también el aprendizaje intelectual y la noción del self-improvement, es decir, mejorar y perfeccionarse a través de esta vivencia. Efectivamente, “el viaje es una experiencia paradigmática, el modelo de una práctica genuina y directa, que transforma a quien la ha vivido”15.
Con respecto al turismo, se presenta comúnmente como una experiencia en donde no hay tantos imprevistos y todo es más programado que un viaje de aventuras o de exploración. Implica “trasladarse sin cambiar de medio, sin conocer lo nuevo, sin apreciar lo único”16. Esto tiene relevancia para confrontar este concepto con el turismo del siglo XIX, que a veces sí conllevaba riesgos e inseguridades. De igual modo, también es importante enfatizar que a veces los estudios históricos han tratado de manera despectiva las travesías turísticas. Se exalta al explorador-aventurero y al viajero, pero se considera que el turista está asociado a algo masivo y superficial y, por lo tanto, el término tiene una connotación peyorativa.
Este libro se hace cargo de una visión del turismo diferente a la que ha predominado en la historiografía reciente. Por esta razón, se puso énfasis en la idea de que los relatos turísticos estudiados no solo tienen muchos componentes de travesías de exploración y de viaje propiamente tales, sino que además son experiencias que es preciso poner en valor.
Comprender el turismo desde la mirada de la historia, conlleva preocuparse de un asunto que tiene gran relevancia en la actualidad, cuyo desarrollo está estrechamente vinculado no solo a una gran industria, sino a la globalización y todo lo que esta representa. La resistencia cultural, las alteraciones en el medio ambiente, la transformación de las culturas, entre otros, son algunos de los factores asociados a la expansión del turismo que están tomando reconocimiento en los estudios históricos17.
En el siglo XIX, cuando el turista se incorpora en el mundo de los viajes, aquellos que se ven a sí mismos como “verdaderos viajeros” se sienten amenazados. Advierten que una práctica antes exclusiva, original y auténtica, se convierte en algo cotidiano, “democrático”, popular. Lo que antes implicaba gran esfuerzo, una tarea ardua o era más difícil de lograr por motivos económicos, se convierte en un fenómeno multitudinario. Es desde entonces que se ha tendido a mirar despectivamente la experiencia turística. En la era decimonónica, los “viajeros” se sienten superiores a los “turistas”, pero es preciso aclarar que en ocasiones las diferencias entre ambos conceptos son ilusorias y, a veces, un aventurero podía ser al mismo tiempo viajero y turista. Este es el caso de los victorianos analizados, quienes como otros “turistas de élite”, buscaron distinguirse de la masa y se embarcaron hacia lugares no frecuentados por el público general. Tanto Dixie, como Brassey, Lambert y Beerbohm, emprendieron viajes recreativos porque la curiosidad y el concepto de leasure envuelve gran parte de sus experiencias, pero son turistas diferentes porque sus travesías los condujeron a un destino absolutamente atípico y lejano para la industria turística victoriana.
Asimismo, es trascendental considerar el escenario geográfico al cual llegan Florence Dixie y sus compatriotas. Hacia finales de la década de 1870, el sitio más remoto de América del Sur era aún un lugar prácticamente desconocido, cuya geografía seguía siendo en gran parte, un misterio. Era una zona en donde primaba la vastedad, la soledad y lo inesperado, cualidades que fueron creando una imagen asociada a que era esta una tierra incógnita, en donde solo los aventureros más valientes se habían adentrado. En este sentido, es importante destacar que por siglos “las regiones australes del continente americano fueron objeto de encontrados juicios, entre los que predominaron aquellos inspirados en la fantasía, que atribuían a las tierras, aguas y a los seres que en ellas habitaban las más absurdas particularidades, haciéndose relaciones extravagantes y creándose una idea deformada de la realidad”18. Desde esta perspectiva, una definición del concepto de Patagonia requiere no solo de un adecuado contexto geográfico e histórico, sino también de un enfoque literario. Para ello se le considera como un territorio que por siglos fue recreado y reinventado en los relatos de viajes; una zona rodeada de misterios. Aunque el siglo XIX dio paso a una visión más científica y objetiva, Lady Florence y los otros ingleses mencionados, llegan con toda la carga de ese trasfondo mítico que ha caracterizado a este lugar. La obra de Ernesto Livon Grosman, Geografías imaginarias: El relato de viaje y la construcción del espacio patagónico (2003), constituyó una importante referencia para estudiar cómo las narrativas de viaje contribuyeron a imaginar este espacio como un sitio enigmático.
Por otra parte, el aspecto geopolítico también ha tenido relevancia para el estudio de este lugar. La soberanía de dicha región ha sido ampliamente investigada tanto por la historiografía chilena como argentina19. Esta controversia comenzó a tener una resolución definitiva dos años después del viaje de Dixie, con la firma del tratado de 1881. Mediante este acuerdo, “Argentina obtenía en tal virtud casi toda la Patagonia oriental y parte de la Tierra del Fuego, mientras Chile conservaba solo una décima parte del territorio patagónico oriental, el Estrecho entero, aunque con la prohibición de fortificarlo, y algo más de la mitad de la Tierra del Fuego”20. Finalmente, tras un laudo arbitral a principios del siglo XX, la Patagonia chilena pasó a comprender las actuales regiones X, XIV, XI y XII de su territorio, lo que corresponde principalmente al lado occidental; mientras que Argentina dejó bajo su dominio casi todo el sector oriental, que hoy comprende las provincias de Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. En este estudio se ha puesto especial énfasis en aquellos aspectos que tienen relación con la situación de los límites patagónicos en la época de la visita de los viajeros británicos, especialmente, la influencia de Punta Arenas y los intereses criollos e ingleses sobre la zona; a fin de comprender en su real magnitud los alcances territoriales del viaje de Dixie y sus contemporáneos.
Es relevante considerar que los problemas limítrofes contribuyeron, por un lado, a que la Patagonia se percibiera como un espacio vacío y, por otro, a que fuera objeto de las ambiciones de otras potencias. En cuanto al primer punto, se busca destacar que Florence Dixie es la viajera que más refuerza esta visión. Con respecto a la segunda idea, se subraya la importante presencia inglesa en estas tierras, particularmente en la zona magallánica, que por entonces y hoy, forma parte de Chile. Durante la era decimonónica, constituyó uno de los destinos que llamó fuertemente la atención de los británicos y fue objeto de expediciones científicas, soberanas y de exploración. Los súbditos de Gran Bretaña dejaron una profunda huella en esta área y realizaron grandes aportes en el conocimiento del territorio y en su crecimiento económico.
Con respecto a los lugares específicos que conocieron estos aventureros victorianos, es preciso señalar que el centro de sus travesías se situó en Chile, específicamente en la zona magallánica. Dixie y Beerbohm visitaron distritos como Punta Arenas y el sector de Última Esperanza (provincia de la XII Región de Chile), en cuyas tierras se encuentra el afamado Parque Nacional Torres del Paine. Lady Brassey y Charles J. Lambert, por otra parte, estuvieron de paso en Magallanes y dejaron escritas sus impresiones sobre Punta Arenas y los alrededores, como la isla Magdalena, los fiordos, canales y glaciares cercanos al Estrecho, además de navegar por las islas y costas de la Región de Aysén. En el caso particular de Florence Dixie, aunque realizó un recorrido en el cual cruzó varias veces la frontera actual entre un país y el otro, los momentos más importantes de su viaje los vivió en territorio chileno, siendo el avistamiento de las cumbres conocidas como Torres del Paine, el hito central de su viaje. Por esta razón, la realidad geográfica de este libro se sitúa más en Chile que en la nación trasandina, principalmente en lo que hoy es la XII Región.
La llegada de estos extranjeros a la Patagonia precisamente en estas décadas, da cuenta de que la presencia inglesa no solo contribuyó para conocer mejor esta zona, sino también para poner en valor su potencial en el más amplio sentido. Con su experiencia y sus relatos, los británicos incorporaron una nueva representación del espacio patagónico, descubriendo mediante sus narraciones, escenarios de gran belleza. En parte, gracias a ellos, fue posible sacar a la luz un territorio que merecía atención.
Otro asunto significativo vinculado al espacio patagónico tiene relación con el mundo indígena. Un estudio sobre la realidad de la Patagonia en esta época no sería completo sin referirse a sus habitantes nativos, en particular, a los tehuelches meridionales o aónikenk, conocidos históricamente como patagones. Estos dominaban muchos de los sitios visitados por los victorianos mencionados y existían distritos conocidos exclusivamente por ellos. En las últimas décadas del siglo XIX, esta etnia austral aún no se extinguía y la mayoría de los visitantes de la zona tuvo la posibilidad de tener breves encuentros con estos nativos, así como también con indígenas fueguinos. La mirada que presentan estos victorianos de élite es una visión imperialista propia de la era decimonónica. Los ingleses se veían a sí mismos como conquistadores del mundo y representantes genuinos de la “civilización”, razón por la cual consideraban otras culturas como inferiores y “bárbaras”. Es preciso aclarar que, cuando los viajeros estudiados manifestaban su deseo de conocer espacios vírgenes, libres de todo vestigio humano, se referían a que están libres del hombre civilizado, no así de pueblos indígenas, a quienes consideran como parte natural del paisaje. La oposición entre civilización y barbarie21 se refleja de manera patente en estos testimonios, pero dado que no son relatos científicos ni políticos, tienen particularidades que los distinguen de otras narrativas. Esto se aprecia principalmente en el caso de Dixie, quien le da especial protagonismo a la mujer indígena.
Por otra parte, el análisis de estas obras conduce al estudio del Romanticismo y a su influencia en los relatos de viaje, pues estos presentan características propias de este movimiento artístico. Dado que el Romanticismo es un término complejo de definir, puesto que se caracteriza por su diversidad, se analiza sobre la base de sus principales rasgos. “Conceder un valor primordial a los sentimientos, a la exaltación pasional, la fantasía, la evasión hacia épocas y lugares remotos y la preponderancia de lo exótico”22, junto con una visión del paisaje en donde primaba el goce de los sublime y la búsqueda de autoexploración, son elementos que están presentes en las narraciones e ilustraciones de los viajeros británicos investigados.Tanto en el aspecto iconográfico como en las descripciones de los parajes visitados, estos viajeros, en especial Dixie, manifiestan la búsqueda de un paisaje natural sublime, no intervenido por el hombre, un tópico propio de la plástica romántica y una de las aspiraciones de aquellos que soñaban con visitar lugares exóticos y lejanos.
Gravitante para este libro es la aproximación al estudio de la historia de la mujer, en particular de la mujer victoriana durante el siglo XIX. Los rasgos propios del mundo británico en la época del Imperialismo, tales como el amor por la vida al aire libre, el espíritu inquieto, el gusto por las actividades deportivas y el interés por aprender, son cualidades que se reflejan en la literatura de viajes femenina de esta centuria. A pesar de que con el correr de las décadas la práctica del viaje comenzó a sumar cada vez más adeptas, las mujeres debieron sortear muchísimas barreras para viajar y obtener el mismo reconocimiento que los hombres, pues desde niñas se enfrentaban con prejuicios y convenciones que limitaban sus posibilidades. “Veían cómo la masculinidad era sinónimo de libertad física y geográfica: ropa cómoda y cuerpo atlético, paso seguro a los espacios públicos, que los hombres hacían ver como peligrosos para quienes llevaban faldas”23. En la Inglaterra victoriana, las mujeres debían cumplir, principalmente, con sus deberes de esposa y madre. El deporte era parte de la rutina diaria, pero se creía que si realizaban juegos muy activos corrían el riesgo de dañar sus cuerpos y no podrían cumplir con su función más importante: la procreación24. Incluso se consideraban necesarios implementos en el vestuario femenino que les afirmasen mejor sus órganos, siendo el incómodo y asfixiante corset una prenda no solo estéticamente aceptada y a la moda, sino también útil para este fin. Con el paso del tiempo, estas ideas evolucionaron y se llegó a la convicción de que el ejercicio también era fundamental para su salud, siempre y cuando se hiciera de forma decorosa y recatada, con vestimenta adecuada para la ocasión, sin perder por ello los estándares de femineidad de ese entonces.
Al ahondar en la línea historiográfica de la historia de las mujeres se evidencian prácticas victorianas calificadas en su tiempo poco femeninas. Por ejemplo, las mujeres podían cabalgar y era muy corriente entre las damas de la élite, pero debían hacerlo en una silla lateral; la caza, el gran deporte de la alta sociedad, estaba reservada a los hombres, pocas mujeres participaron de este pasatiempo durante este siglo. Si bien hubo viajeras que se hicieron conocidas por acompañar a sus maridos en safaris y cacerías, por lo general, trataban de mantenerse en un segundo plano. A veces, la aprensión frente a la crítica social las hacía omitir ciertos hechos y esconder anécdotas para evitar ser desacreditadas. Es el caso de Mary Kingsley (1862-1900) una conocida aventurera victoriana, pionera por su exploración e investigación en el occidente africano, que excluyó algunas partes de su obra Travels in West Africa (1897) por miedo a que la acusaran de mentirosa. Entre los episodios que ocultó al público, están aquel en que salvó a unos hombres de ser devorados por un cocodrilo y un incidente en el cual logró contener a un hipopótamo con su paraguas25.
El viaje en sí mismo no se consideraba reñido con la femineidad; sin embargo, la ausencia de hombres en una travesía; el hecho de que fuera comandada por una mujer y las actividades que conllevaban los traslados y excursiones, podían convertir a esta actividad en un pasatiempo “poco femenino”. Por lo mismo, a la hora de publicar un relato de viaje, muchas escritoras se cuidaban de no incluir detalles que pusieran en duda su decoro y prestigio. Además, su condición de mujer les hacía más difícil lograr una buena recepción de sus publicaciones. No todas las viajeras inglesas adoptaban una actitud cautelosa con respecto a sus logros y silenciaban hechos extraordinarios. Aunque la gran mayoría prefería seguir manteniendo las mismas costumbres cuando regresaban a sus hogares, hay “un amplio catálogo de literatura de viajes escrita por mujeres que parecían olvidar tales limitaciones”26. Son estas mujeres, algunas de ellas destacadas viajeras, quienes parecen cuestionar la idea de que la mujer del siglo XIX estaba recluida en su hogar, dedicada exclusivamente a la crianza de los niños y al cuidado de la casa. Múltiples testimonios son una manifestación de que el viaje fue para ellas un medio de emancipación, que no solo les permitió disfrutar de una experiencia única, sino también involucrarse en asuntos del ámbito público, seguir una carrera profesional o bien perfeccionar su educación27.
A diferencia de gran parte de sus contemporáneas, Florence Dixie fue una mujer audaz y polémica, que defendió con sus escritos y actividades posturas distintas y a veces opuestas a los ideales de su sociedad. No solo fue una célebre viajera, sino también una activista y feminista, planteando reformas muy osadas en aquel entonces. Dentro de lo que se conoce como primera ola del feminismo —movimiento que tuvo lugar entre fines del siglo XIX y principios del XX y que exigía para las mujeres igualdad de derechos28— esta inglesa fue más radical que la mayoría de sus contemporáneas. Por ejemplo, propuso para su sociedad el control de la natalidad, el derecho de divorcio para las mujeres y todo tipo de luchas que tomarían fuerza años después de su muerte. Fue una de las pocas viajeras que, tras hacerse conocida por sus recorridos por el mundo, se dedicó luego a un activismo intenso. Era una figura conocida y muy controvertida.
Por esta razón, el feminismo fue uno de los elementos que se consideraron relevantes para estudiar su vida y legado. Tratar este aspecto es significativo por dos razones. Primero, porque incidió de manera trascendental en su obra y, en segundo lugar, porque hoy la corriente feminista vive un momento trascendente y es un tema de contingencia actual. Abordarlo desde una perspectiva histórica y analizar su influencia en la vida de esta mujer refuerza la importancia de la disciplina histórica no solo para conocer el pasado, sino también para comprender el presente.
En cuanto al feminismo decimonónico, viene al caso precisar que en las últimas décadas del siglo XIX este movimiento vivía sus primeras batallas, centradas en mejorar la educación de las mujeres y en lograr el derecho a voto. No obstante, el feminismo victoriano no era rupturista ni radical. Tendía a ser más cauto y cuidadoso en sus propuestas, principalmente por las críticas, pero también por la mentalidad de la época, en la cual la mujer era considerada como el “Ángel del Hogar”. Era un mundo hostil hacia el avance de los derechos políticos femeninos, lo que dificultó que las mujeres tuviesen acceso a ellos aun hasta principios del siglo XX. La mayoría de las viajeras no eran militantes, pues eran conservadoras en su diario vivir, y no se involucraban en temas como el sufragio femenino. Incluso, hay un número importante de ellas que se oponían a los derechos políticos de su propio sexo.
Por esta razón, indagar en aquello que hizo de Lady Dixie una victoriana y una feminista diferente a sus pares, es un aspecto relevante para el trabajo que se presenta. Precisamente, una de las particularidades de Across Patagonia es que su autora busca a través de su relato, resaltar las capacidades de las mujeres, propósito que se hará patente en la mayoría de sus escritos posteriores.
Por otra parte, la presente obra es deudora de todo el trabajo historiográfico de Mateo Martinic, por sus estudios acerca de la Patagonia y sus referencias a Florence Dixie en textos como Mujeres magallánicas y Última Esperanza en el tiempo29. Fue él además, uno de los promotores de la traducción del testimonio de Dixie al español, que editó la Universidad de Magallanes30 en 1996. Exceptuando la obra de Martinic, en Chile son pocos los trabajos que han analizado el legado de Florence Dixie. Entre las publicaciones nacionales que mencionan su viaje como un hito turístico, se cuentan algunos artículos tales como “El conocimiento geográfico de la Patagonia interior y la construcción de la imagen de Torres del Paine como patrimonio natural a conservar”, de Daniel Ferrer, y “El lugar de los parques nacionales en la representación de una Patagonia turística, discusión y habilitación del paisaje patagónico durante el siglo XX” de Gabriela Álvarez31. Estos estudios entregan significativos aportes a la comprensión de la Patagonia como destino turístico y consideran a Dixie como un antecedente en este sentido, pero no incluyen un análisis profundo de su relato. A pesar de que se la destaca como una mujer pionera, su recorrido solo se ha considerado como una experiencia que no va más allá de lo anecdótico.
En cuanto a la estructura, este libro propone un orden lógico más que un criterio cronológico. Si bien el marco temporal general es el siglo XIX, especialmente, su segunda mitad; para el estudio de la Patagonia y los viajeros se pone énfasis en el periodo comprendido entre 1870 y 1890, décadas en las cuales la mayoría de los británicos presentes en este estudio visitaron la región austral. Además, son los decenios en los cuales Florence Dixie publicó la mayoría de sus obras y figuró en múltiples noticias y artículos de prensa. Fueron las décadas en las que se hizo conocida como viajera y luego como activista. En un sentido estricto, los años que tienen mayor relevancia en el análisis abarcan desde 1876 y 1883, es decir, desde que los Brassey emprendieron su viaje alrededor del mundo hasta que Charles J. Lambert publicó The Voyage of the Wanderer.
La presente obra se organiza en cuatro capítulos. El primero se refiere al imperialismo británico y los viajeros y turistas victorianos. Es necesario abordar el contexto histórico en el cual se desenvolvió Dixie y detallar las principales características de su época. Fundamental es también destacar el rol que jugaron las viajeras en los inicios de la emancipación femenina y las dificultades que debieron enfrentar para ser consideradas en el ámbito público. Este capítulo se centra en sistematizar los rasgos más característicos de estos testimonios, considerando los escritos de las trotamundos más conocidas. También se busca explicar los inicios del turismo moderno en la era victoriana. Asimismo, la última sección está dedicada a introducir al personaje de Lady Dixie y presentar algunos aspectos biográficos y sus principales características.
El segundo capítulo busca comprender por qué esta británica decidió dirigirse a la Patagonia. Para ello, es fundamental realizar un análisis histórico, geográfico y literario sobre esta región, especialmente durante el siglo XIX. Los temas centrales de este estudio son la representación del espacio patagónico en la literatura de viajes, la presencia inglesa y la soberanía de esta zona hacia 1879. En esta segunda parte también se procura sintetizar temas historiográficos ampliamente estudiados, pero que son relevantes para comprender el viaje de Florence Dixie y sus motivaciones. La relación entre Chile y Gran Bretaña durante el siglo XIX, los intereses soberanos, exploratorios y económicos de esta potencia imperialista y el empuje migratorio británico en Magallanes, son algunos de los tópicos principales de esta sección.
El tercer capítulo constituye el centro del presente libro. Su propósito principal es analizar a la Patagonia como un destino turístico a partir del estudio de los textos de Dixie, Annie Brassey, Julius Beerbohm y Charles J. Lambert. Se comparan las travesías en yate de Brassey y Lambert con los recorridos ecuestres de Dixie y Beerbohm y se intenta subrayar aquellos elementos que hacen de estas experiencias viajes turísticos, pero distintos a las travesías recreativas de quienes visitaban lugares más frecuentados y conocidos. Explicar por qué son turistas de élite y por qué sus viajes representan una transición entre el relato explorador-aventurero y el relato turístico, es uno de los objetivos primordiales de esta sección. Igualmente es significativo destacar la complementariedad existente entre los escritos de científicos y viajeros del siglo XIX y obras de mujeres también viajeras. Dicha comparación es importante, pues la mayoría de los testimonios literarios de la Patagonia son masculinos, por lo que el aporte de Florence Dixie y Lady Brassey adquiere especial relevancia. Asimismo, se indaga en los rasgos distintivos que diferencian el relato de Dixie de los de otros aventureros de este territorio. Una de sus principales peculiaridades, es la casi completa omisión del contexto que la rodea, siendo el suyo el único testimonio que no cita a otros autores y no menciona los aportes ni la obra de Charles Darwin, el más famoso de los viajeros patagónicos del siglo XIX.
Por último, esta sección intenta explicar algunos de los principales antecedentes del turismo en Chile, particularmente en las regiones de Magallanes y Aysén. Los primeros indicios de la industria turística moderna en estas zonas, se encuentran en los testimonios de los británicos investigados.
Finalmente, el capítulo cuarto analiza la vida de Dixie tras su viaje a la Patagonia y el significado que tuvo para ella esta experiencia. Su transformación de viajera en activista sorprendió a sus contemporáneos y le significó ser criticada por su sociedad. Su lucha por causas calificadas de bizarras o liberales en aquel entonces la convirtieron en una mujer atípica. Tras sus recorridos, Dixie se centró en estas batallas y se dedicó a escribir sobre esos temas tanto en libros, como artículos y novelas infantiles. Estudiar la causa feminista en su narrativa patagónica y en otras de sus obras, es uno de los propósitos de este capítulo.
El análisis de Across Patagonia constituyó un desafío importante principalmente por dos razones: en primer lugar, porque su autora no alude a otros escritores patagónicos y no considera el contexto histórico y geográfico de la zona; y luego, porque su personalidad tendiente a la exageración y a situarse ella como heroína de toda aventura, nubla parte de la verdad. En este sentido, el problema historiográfico de la verosimilitud está más presente que en otros textos de viajes. En el siglo XIX, los relatos femeninos eran constantemente cuestionados y se dudaba de ellos, lo cual hacía difícil que tuvieran una recepción justa. La escritora Sara Mills, autora de Discourses of Difference: An Analysis of Women’s Travel Writing and Colonialism, explica que analizar los diarios de travel writing de las mujeres es un asunto complejo, porque en la mayoría de los casos escribían bajo el peso de presiones sociales y críticas, influyendo en su narrativa. Es por esta razón, que Mills afirma que los relatos de viajes femeninos tienen una problemática relación con la verdad: “debido a estas limitaciones, las mujeres se ven obligadas a escribir sus textos dentro de una serie de parámetros conflictivos”32. Across Patagonia presenta muchos de los defectos asociados, injustamente en muchos casos, a las narrativas femeninas del periodo analizado: distorsión, omisión, exageración y falta de objetividad con respecto a sucesos y descripciones, además de un egocentrismo literario, al situarse como la protagonista indiscutida de la trama.
Pese a ello, son precisamente aquellos “defectos” los que proporcionan aportes valiosos para estudiar su obra y sus motivaciones. Su tendencia a exagerar, pone de manifiesto cuáles son los asuntos que más le interesan. Su narcisismo, es un reflejo no solo de su personalidad, sino también de su esfuerzo por destacar las capacidades femeninas en una época en la que la mujer no tenía los mismos derechos que el hombre. Su distorsión de algunos sucesos, sirve para contrastar su testimonio con los de otros relatos contemporáneos. Y esa voluntad por resaltar en su narrativa aspectos diferentes, permite entre otras cosas, vislumbrar de manera más clara, las particularidades de su testimonio literario. Al mismo tiempo, sus silencios son igualmente una contribución significativa, porque aquello que Dixie calla también es importante para comprender de manera más completa su vida, obra y personalidad. Por esta razón, el estudio de esta fuente obligó a reflexionar acerca del real valor de un documento histórico. Sus limitaciones terminaron siendo excelentes aportes porque condujeron a realizar un análisis superior y más profundo de dicha fuente.
Hasta su viaje, todos los testimonios acerca de este territorio eran masculinos, de aventureros que arribaban a la región con objetivos científicos, colonizadores, patrióticos o de exploración. Across Patagonia es un texto diferente, que pone de relieve aspectos antes no tomados en cuenta y expone una perspectiva nueva dentro del contexto patagónico: la turística. Se busca destacar entonces, cómo Florence Dixie, al apreciar la singularidad de un lugar desolado, misterioso y único, ha dejado un legado particular dentro de las narrativas de la Patagonia del siglo XIX.
CAPÍTULO I
Los viajeros y turistas victorianos
“Los ingleses están en todas partes, excepto en Londres” (Theophile Gautier, escritor francés, 1840)33.
1. Aventura y literatura al servicio del Imperio
La época victoriana fue para Gran Bretaña un periodo de esplendor y prosperidad, en el cual esta nación se encumbró como la más grande de las potencias imperialistas. En lo político, económico y cultural, el Reino Unido estaba a la cabeza del mundo. Era el Estado de mayor prestigio e influencia; su economía, el paradigma de la modernización, y su cultura se propagaba hasta los rincones más desconocidos de la tierra. Todo ese desarrollo y solidez se reflejó con magnificencia en las celebraciones del jubileo de diamante de la Reina Victoria en 1897, cuyo gobierno representó la unidad de un Imperio mundial en permanente crecimiento. Esta continuidad en el poder, junto con los grandiosos progresos de esas décadas, le merecieron a este tiempo ser considerado una “era”; llamada por los mismos victorianos como “el siglo de las maravillas”.
Durante el siglo XIX, renació nuevamente en Europa la idea de proyectarse también en otros continentes y fue Inglaterra el país que lideró con mayor fuerza este ímpetu. Los avances de la Revolución Industrial, una acelerada urbanización, el crecimiento de la población, el auge del nacionalismo y la necesidad de ampliar los mercados económicos, condujeron a los británicos a la conquista de múltiples territorios. Gran Bretaña llevó la delantera en una carrera en la que participaron todas las grandes naciones europeas y más tarde también Estados Unidos y Japón. Como afirma Eric Hosbawn, “en este periodo surgió una nueva forma de relación colonial, en donde la conquista formal, la anexión y administración se convirtieron en la relación más común entre Gran Bretaña y algunos otros países, e Inglaterra se declaró a sí misma como una nación imperial”34. De esta manera, el Imperio británico pudo tener bajo su potestad regiones como Egipto, Sudán, Kenia, Sudáfrica, la India, Afganistán, Australia, Jamaica y Canadá, entre otras. Había nacido un imperialismo sin precedentes, que alcanzaría su punto cúlmine entre 1880 y 1914.
Un sinnúmero de factores contribuyeron al éxito de la colonización inglesa. No solo contaban con una excelente marina y con un enorme potencial económico y tecnológico, sino que además con un fuerte sentimiento nacionalista, manifestado en la idea de que pertenecían a una civilización superior y que debían expandirse para hacer de su patria una gran potencia. Esa confianza y orgullo vino acompañada por la creencia de que era posible un progreso indefinido. Representantes del Imperio se embarcaron hacia los más variados destinos como colonizadores, evangelizadores, científicos, comerciantes o exploradores, convencidos de que toda esta expansión geográfica y económica, tenía el respaldo de una “misión divina”. “Para los imperialistas, era sorprendentemente fácil fusionar raza, nación e Imperio y usar la noción de la superioridad blanca europea para justificar todo”35. Se creía firmemente en la supremacía inglesa bajo esta consigna: “el Imperio británico es, después de la Providencia, el bien más grande que ha habido en el mundo”36.
Todo este inmenso poderío llegó acompañado de una afición por la aventura y lo desconocido que se tradujo en numerosas travesías. El deseo de recorrer y conocer lugares distantes fue uno de los fenómenos más característicos de esta era. Resurgió el interés en las historias de los famosos navegantes del pasado, como Colón, Magallanes y Francis Drake. Personajes como James Cook, Alejandro Malaspina y John Byron, se convirtieron en referentes para la exploración de nuevas tierras y mares. De esta manera, llegar a sitios antes inaccesibles se transformó en toda una obsesión. Producto de esta exaltación colonizadora, la época victoriana fue testigo de un movimiento masivo y de largo alcance, en el cual hombres y mujeres partieron a conquistar el resto del mundo. Gran Bretaña encabezó este proceso no solo por ser la nación más rica de Europa, sino también porque los ingleses fueron los viajeros más entusiastas.
Uno de los acontecimientos determinantes en el inicio de este frenesí europeo —y sobre todo británico— por los viajes, fue la travesía de Alexander von Humboldt a América (1799-1804). Su estadía de casi cinco años en el continente americano, junto con el botánico francés Amié Bonpland, dio inicio a los viajes de exploración del siglo XIX. Su biografía, fiel reflejo de este interés por las travesías y nuevos descubrimientos, fue determinante en la búsqueda de paisajes lejanos y tierras exóticas. Y también lo fue ese espíritu romántico que impregnó las últimas décadas del siglo XVIII y el periodo decimonónico. Como afirmaba Humboldt en sus memorias, en su juventud estaba impaciente por vivir una experiencia fuera de su patria:
Ansia incierta por lo lejano y lo desconocido, por todo cuanto excitaba fuertemente mi fantasía: el peligro del mar, el deseo de salir airoso de aventuras, de transportarme de una naturaleza cotidiana y común a un mundo maravilloso […] el encanto romántico de aquellos valles bordeados de peñascos, causaron en mí un estado de ánimo tal que hubiera podido ser peligroso para el desarrollo de mis facultades mentales37.
Intelectual, geógrafo y naturalista, este prusiano reconocido también como el “descubridor científico de América” o un “segundo Colón” para sus contemporáneos, contagió con su ejemplo a otros muchos que también destacarían como hombres de ciencias y exploradores. En este sentido, la lectura de relatos de viajes tuvo una enorme importancia como elemento clave para que muchos se atrevieran a dejar temporalmente —o quizá definitivamente— su hogar. El testimonio de Humboldt, que se tradujo en una extensa obra titulada Personal Narrative of Travel to the Equinoctial Regions of the New Continent (1807), tuvo un enorme éxito en Europa y contribuyó a propagar el interés por lo desconocido. Sus textos fueron leídos por el mundo intelectual europeo y tuvieron una influencia decisiva en nuevas travesías. A su regreso “se convirtió en una celebridad continental. La avidez de información de primera mano sobre América del Sur era difundida e intensa y Humboldt llegó a ser una suerte de enciclopedia ambulante”38. Por esta razón, se afirma que fue él quien abrió las puertas a los viajes de esta era.
Este tipo de literatura, travel writing para los ingleses, fue uno de los géneros narrativos preferidos y más fructíferos de la época, y su lectura constituyó el primer paso de personajes que luego serían destacados viajeros, como Charles Darwin. Este científico señaló en una ocasión, “que el rumbo de su vida se debió a haber leído y releído en su juventud”39 el legado del prusiano, cuya obra tuvo un enorme influjo en la labor de los naturalistas que visitaron el cono sur durante el siglo XIX. El recorrido de Darwin por América a bordo del Beagle (1831-1836), en la única aventura que realizara lejos de su tierra natal, fue también un fiel reflejo de este entusiasmo tan propio del espíritu imperialista británico. Su estancia en el continente americano, “fue el acontecimiento configurador de la vida de Darwin. Aquel viaje le dio la oportunidad incomparable de realizar observaciones, coleccionar animales y plantas, y explorar algunos de los más hermosos, desolados y aislados parajes del mundo”40. Lo observado y estudiado en América lo mantendría ocupado durante toda su vida y sería crucial al momento de elaborar su famosa teoría de la evolución. “Ha determinado toda mi carrera”, como él mismo llegó a afirmar en su autobiografía41.
La obra de Darwin, The Voyage of the Beagle (1839), tuvo gran acogida y se convirtió en uno de los textos más leídos de aquel entonces. Para los victorianos este viaje representó no solo un gran ejemplo de aventura y descubrimientos científicos, sino que también incentivó a muchos a salir de excursión, escalar montañas y encontrar fósiles, tal como lo había hecho el naturalista en sus años en América del Sur42.
Además del ilustre naturalista, otros tantos ejemplos demuestran el ascendiente de estos testimonios en jóvenes y adultos. Constance Gordon Cumming (1837-1924), conocida viajera de la segunda mitad del siglo XIX, afirmaba que desde niña se fascinó con el libro del capitán Cook, Voyage to the South Sea. Gertrude Bell (1868-1926), otra trotamundos famosa, recordaba que por sus lecturas infantiles miraba el mundo fuera de su patria como una región mágica y fascinante, llena de posibilidades43. También las novelas más célebres de aquellas décadas, reflejaban la importancia del viaje en la literatura victoriana. Por ejemplo, en Jane Eyre (1847), de Charlote Bontrë, la protagonista recibe la propuesta de ir a la India, aunque un importante acontecimiento le impedirá partir. La popular obra Last Days of Pompeii (1834) de Edward Bulwer-Lytton (1803-1873), “explotó la fascinación del público por las excavaciones de antiguas ciudades italianas enterradas bajo la lava”44, motivó a sus lectores a recorrer los sectores de Europa descritos en este libro y llevó a muchos ingleses a realizar un tour por el sur de Italia. Al mismo tiempo, además de las novelas históricas, los libros preferidos de los niños y niñas de la era victoriana, fueron aquellos que narraban travesías en el mar y aventuras en tierras lejanas45. Y algunos textos de Charles Dickens —el gran retratista de la vida doméstica y el autor predilecto de los británicos en este siglo— plasmaron cómo las travesías hacia otros continentes comenzaron a formar parte de la sociedad y mentalidad británica. En su novela Bleak House (1853) el escritor nos muestra cómo se destruye una familia, los Jellyby, cuando la madre decide dejar el hogar para ir a África a hacer obras de caridad.
