Las emociones - Azucena García Palacios - E-Book

Las emociones E-Book

Azucena García Palacios

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¿Por qué lloramos, nos enfadamos, reímos o amamos? Porque nos emocionamos. Las emociones pueden ser un tren arrollador o un remanso de paz y debemos aprender a reconocerlas, compartirlas y gestionarlas. Este libro propone las mejores y más exitosas habilidades que se aprenden de forma progresiva a través de un recorrido por historias que vivirá y resolverá como si fueran suyas. ¿Cómo reconocen las emociones los niños y cómo se sumergen en ellas los adolescentes? ¿Cómo ayudan o perjudican los padres en este proceso? ¿Por qué el equilibrio emocional del futuro se gesta en la infancia, y por qué los estilos adultos ansiosos o fríos son los más afectados? Se puede conseguir una armonía emocional con una gestión adecuada. Este libro ayuda a identificar lo positivo y negativo de las emociones y que sepamos expresarlas sin que nos agobien. Podemos vivirlas en el tiempo presente sin temor a lo incierto y saber comprender con empatía las de los demás.

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Seitenzahl: 209

Veröffentlichungsjahr: 2022

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LAS EMOCIONES

¿Cómo gestionarlas?

Azucena García Palacios y Jorge J. Osma

Siglantana

© Editorial Siglantana S. L., 2019

www.siglantana.com

Ilustración de la cubierta: Silvia Ospina Amaya

Ilustraciones: Carmen Ledesma

Maquetación y preimpresión: José Mª Díaz de Mendívil Pérez

Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).

Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar a través de la web www.conlicencia.com o por teléfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47.

ISBN (Siglantana): 978-84-18556-73-9

Depósito legal: B-4988-2019

Impreso en España - Printed in Spain

AGRADECIMIENTOS

Me gustaría dedicar este libro a quienes más saben de las emociones, esos locos bajitos de mi vida, mis sobrinos: Lucía, Pablo, Marcos, Raúl, Marta, Gonzalo y Rodrigo.

También quería hacer un agradecimiento especial a mi compañero y gran investigador Albert Costa, que nos dejó recientemente y demasiado pronto. Gracias por todos esos ratos de conversaciones intensas sobre las emociones y por los acertados comentarios para mejorar varias partes del libro. Gracias por los momentos divertidos y por tu apoyo en el tiempo que tuve la suerte de conocerte.

Azucena García Palacios

Sirva este libro para honrar la memoria de mi madre, no sería quién soy sin ella. Se fue sin quejarse y muy agradecida de lo que había conseguido. De ella aprendí a ser tenaz, honrado y a sacrificarme por lo que merece la pena. También a ilusionarme por lo que hago y a compartir las alegrías de la vida con quienes me rodean. Sin saberlo, me enseñó mucho de regulación emocional. Gracias Ama, en este libro hay un poco de ti.

Jorge J. Osma López

Los dos queremos también agradecer a Josep María Farré todo el trabajo de revisión y sus excelentes recomendaciones, que han contribuido de forma importante a la mejora del libro. Muchas gracias.

ÍNDICE

Capítulo 1

Las emociones.

¿Por qué lloramos, nos enfadamos, reímos, amamos…?

Azucena García Palacios

Capítulo 2

Emociones y cerebro

Magdalena Méndez-López y Marta Méndez

Capítulo 3

¿Cómo gestionamos las emociones?

La regulación emocional

Azucena García Palacios

Capítulo 4

El niño, el adolescente y las emociones

Azucena García Palacios

Capítulo 5

Cuando las emociones perturban nuestra vida.

La educación emocional de los niños y adolescentes como elemento protector

Jorge Osma

Capítulo 6

Una mejor gestión de las emociones.

Los trastornos de ansiedad y la depresión

Jorge Osma

Capítulo 7

Una mejor gestión de las emociones.

Disregulación emocional persistente

Azucena García Palacios

Capítulo 8

A modo de conclusión.

Emociones y bienestar

Cristina Botella

Capítulo 1

Las emociones

¿Por qué lloramos, nos enfadamos, reímos, amamos….?

Azucena García Palacios

Universitat Jaume I

Alcanzó a reconocerla en el tumulto a través de las lágrimasdel dolor irrepetible de morirse sin ella, y la miró por última vez para siempre jamás con los ojos más luminosos, más tristes y más agradecidos que ella no le vio nunca en medio siglo de vida en común, y alcanzóa decirle con el último aliento: sólo Dios sabe cuánto te quise.

El Amor en los Tiempos del Cólera,

Gabriel García Márquez

La fuerza de estas líneas está en su carga emocional. Las emociones que describen, en el momento en el que suceden, y la habilidad en cómo lo cuenta, nos provoca una reacción emocional. Es por eso que a muchos de nosotros nos encantan las historias: por su argumento, sí, pero también porque nos hacen sentir emociones.

Si nos pidieran que nombráramos emociones, lo haríamos inmediatamente: alegría, tristeza, miedo, enfado, amor, odio, culpa… No nombraríamos otras emociones en un primer momento, aunque las reconociéramos, como son la sorpresa o el aburrimiento. Sin embargo, casi nunca nombramos como emoción una que solemos relacionar más con un estado meramente físico: el asco.

Las emociones están presentes en cada actividad humana. Existen ámbitos en los que tienen una gran predominancia. El arte en sus distintas manifestaciones, pintura, música, escultura, danza, literatura…, tiene como denominador común la facultad de invocar las emociones de una forma directa, en algunos casos sin casi intermediación, como en la pintura o la música, y en otros con la mediación del lenguaje, como en la literatura. Mis dos libros favoritos, Las mil y una noches y El amor en los tiempos del cólera, tienen como hilo conductor dos poderosas emociones: la curiosidad, en el caso de Las mil y una noches, y el amor, en el caso de El amor en los tiempos del cólera.

En Las mil y una noches, Sherezade consigue despertar la curiosidad del sultán cada amanecer al contarle un cuento inacabado. El sultán, llevado por esa curiosidad, no puede seguir su plan de matar cada día a una mujer distinta con la que se desposa cada noche. En ese caso, la curiosidad se enfrenta y vence a otra emoción, compleja y terrible: la venganza. El sultán fue engañado por su esposa y, tras hacerla matar, decide casarse cada noche con una distinta y ejecutarla al amanecer, para que no pueda serle infiel.

En El amor en los tiempos del cólera, Florentino Ariza espera y espera a su amada, Fermina Daza, a lo largo de los años. El triunfo del amor es accidentado y en algunos momentos, angustiante, además de ser un amor adornado y tamizado por la intensidad del Caribe. García Márquez retrata como nadie y sin edulcorantes esa emoción que reúne todo el tumulto que nos generan las emociones. El amor es alegre, arrebatador, pero también angustiante, implacable.

Las emociones están en muchos ámbitos comunes, sociales, y también forman parte de cada uno de nosotros a un nivel individual. Llegamos al mundo llorando, las emociones son nuestra primera forma de comunicación con los demás. Los procesos de apego, que se han revelado como tan importantes en nuestro desarrollo, se fundamentan en una conexión íntima y emocional con nuestros primeros cuidadores. Cuando somos bebés, manifestamos nuestro malestar y nuestro agrado expresando emociones. Nuestro llanto o nuestra sonrisa consiguen maravillas: que nos limpien, nos alimenten, nos conforten, nos hagan mimos, etc.

Crecer implica aprender a caminar, a comer sólidos, a hacer pipí y popó en el orinal, a hablar… y también a gestionar las emociones. La forma en que nos dejan expresar las emociones de pequeños no tiene nada que ver con lo que se nos permite de mayores.

Nos enseñan a modular la expresión emocional, a no llorar o reírnos sin control en situaciones formales, como podría ser una clase de mates. Nos instruyen a tolerar emociones desagradables como la frustración o el aburrimiento, y así aprendemos que no podemos tener lo que queremos en el momento que lo queremos (creo que asimilar esto es uno de los momentos cruciales en nuestras vidas, un momento terrible, pero sumamente importante para una buena salud mental). Este aprendizaje, aunque muy natural, no es instintivo: nos enseñan a gestionar las emociones y es un proceso de aprendizaje que corre en paralelo con nuestra maduración. Cuando ya sabemos hablar, empezamos a aprender cómo se llaman las emociones, y comenzamos a distinguirlas: la tristeza no es lo mismo que la alegría, ni lo mismo que el enfado. También nos enseñan a clasificar las emociones en negativas (tristeza, enfado, miedo…) y positivas (alegría, sorpresa…). Y en algún momento… aparece la razón: Piensa antes de actuar…. No te dejes llevar por las emociones…

La razón y las emociones son una dicotomía muy presente en nuestra cultura desde hace siglos. Empieza con los griegos, como casi todo. Platón planteó la distinción entre la filosofía (racional) y la poesía (emocional). Darwin, en su libro La expresión de las emociones en los animales y el hombre, plantea el papel universal y la utilidad que tienen las emociones para sobrevivir y adaptarse, una visión mucho más positiva del mundo emocional. Antonio Damasio, en su célebre libro El error de Descartes: emoción, razón y el cerebro humano, reconcilia a las emociones y la razón. Actualmente, la propia psicología y las neurociencias nos señalan que la razón no es nada sin las emociones… y viceversa.

¿QUÉ ES UNA EMOCIÓN?

Las emociones tienen una difícil definición, las conocemos y experimentamos, pero ponerles palabras no es fácil. Pese a que ya hay mucha investigación sobre ellas, siguen siendo escurridizas (y por eso son tan fascinantes).

Algunos de los componentes de las emociones son más fácilmente observables y medibles. A saber:

El

lenguaje emocional

, expresivo (expresiones faciales, posturales y el lenguaje verbal).

Los cambios

fisiológicos

asociados a la emoción (las sensaciones físicas como la aceleración del corazón y la respiración, la dilatación de las pupilas, etc.).

La

conducta

(aproximarse, escapar, esconderse, etc.).

¿Y el sentimiento? Es lo más reconocible de la emoción; es la experiencia subjetiva, cómo nos sentimos, pero también más difícil de medir. El conjunto de estos apartados conforman la naturaleza multidimensional de las emociones. Un ejemplo claro son los cambios producidos por el miedo como palpitaciones y sudoración, una experiencia (sentimiento de angustia), cambios faciales como la elevación de las cejas y la apertura de los ojos, y un impulso a ciertas conductas como huir o atacar.

¿Qué diferencia hay entre la emoción y el sentimiento?

El sentimiento es la experiencia subjetiva de la emoción, de aquello que sentimos, por lo que, a diferencia de la emoción, es más difícil medir de manera objetiva.

Es importante también considerar cuándo ocurren: se refiere a que son fenómenos que se producen cuando una persona valora una situación como relevante para una meta concreta. Por ejemplo, el miedo que se desencadena ante la posibilidad de que un coche me atropelle tiene que ver con una meta personal, permanente y tan simple como es «preservar la vida». El amor que siento por mis amigos está relacionado con una meta compleja como es «obtener apoyo de personas cercanas». La ansiedad que siento ante un examen está relacionada con una meta transitoria como es «aprobar el examen».

¿Y CUÁNTAS EMOCIONES HAY?

Al pensar en cuántas emociones hay, me viene a la memoria mi experiencia traduciendo un manual psicoterapéutico para el tratamiento de personas que presentan problemas emocionales graves (el programa STEPPS de Nancee Blum). En el módulo para aprender a gestionar emociones, una parte está destinada a la educación sobre las emociones y presenta un ejercicio fantástico, ya que además de servir para aprender sobre las emociones, es muy útil para acercarse a ellas de una forma lúdica, lo que ayuda a desactivar los prejuicios y miedos relacionados con las mismas. El ejercicio se llama: Formas de comunicar las emociones. Se presenta un listado de emociones y se pide a los participantes que ejemplifiquen cada emoción con distintos aspectos: sensaciones físicas (por ejemplo, sensaciones físicas asociadas al aburrimiento), un color (por ejemplo, ¿de qué color es la culpa?), relacionar los sentidos con cada emoción (por ejemplo, ¿a qué huele la tristeza?), una canción que exprese esa emoción concreta, y una experiencia o situación que provoque esa emoción (por ejemplo, ¿qué situaciones nos hacen sentir curiosidad?). Les reproduzco aquí el ejercicio y les animo a que lo practiquen con sus familiares y amigos (y con los niños, ellos son los que mejor partido le sacan). La tabla que les presento sólo tiene una muestra del gran número de emociones que existen. Además, se pueden hacer modificaciones al ejercicio, añadiendo o eliminando emociones. Por ejemplo, con niños pequeños pondríamos sólo las emociones más conocidas como la alegría, la tristeza, el enfado, la sorpresa, y el miedo.

Tabla 1. Formas de comunicar las emociones. Del manual: Blum, N. et al. (2012). Systems training for emotional predictability & problem solving. Blum Books.

Emoción / Me siento… – Sensación física – Color – Sentidos – Música – Experiencia

Abrumado

Aburrido

Afligido

Agradecido

Aislado

Alegre

Animado

Asqueado

Asustado

Avergonzado

Cansado

Cariñoso

Celoso

Contento

Culpable

Curioso

Decepcionado

Enamorado

Enfadado

Excitado

Feliz

Frustrado

Humillado

Interesado

Involucrado

Irritable

Nervioso

Orgulloso

Preocupado

Relajado

Satisfecho

Seguro

Solo

Sorprendido

Triste

Vacío

Mis sobrinos de 6 y 4 años, Gonzalo y Rodrigo, lo tienen claro, la tristeza es azul, la alegría amarilla, el miedo negro, la calma verde y el enfado rojo. No tiene precio verlos ejemplificar con sus caritas cada una de las emociones. Las emociones favoritas de Rodrigo son la calma y la alegría y las de Gonzalo la alegría y el miedo.

¿Podríamos ampliar ese listado de emociones? La respuesta es sí. Entonces, ¿cuántas emociones hay?, probablemente, no lo sabemos.

Estas emociones básicas se complican cuando entra en juego la cultura, que moldea la experiencia emocional. Ejemplificaremos con algunos términos que serían propios de culturas específicas. Una de mis favoritas es el awumbuk, término que utilizan los baining de Papúa Nueva Guinea para referirse a la emoción de vacío agridulce que queda cuando se va un invitado. Otra sería el dolce far niente, un término perfecto que tienen los italianos para describir esa emoción agradable, como un aburrimiento placentero que se siente cuando no tienes nada que hacer (que falta nos hace a algunos el dolce far niente). Otra palabra misteriosa y fascinante es la saudade del portugués. Describe una emoción de melancolía que ocurre cuando te separas de alguien o algo querido y sientes la necesidad de volver a verlo. Tiene el matiz de saber que quizás no volverás a verlo. Es parecido a la añoranza... pero no exactamente.

EN DEFINITIVA…

Parece que cuanto más nos adentramos en el estudio de las emociones, más preguntas aparecen.

No tenemos una respuesta a cuántas emociones hay.

Aunque parecía muy establecida la teoría de la universalidad de las emociones básicas, nuevas miradas y nuevos métodos de investigación están poniendo en duda algunos aspectos de esta. Parece que la cultura tiene mucho que decir también.

Lo más adecuado, es acercarse a las emociones entendiéndolas, no como algo estático, sino como procesos dinámicos en los que influyen múltiples aspectos.

DIMENSIONES DE LAS EMOCIONES: AGRADO E INTENSIDAD

Relacionado con entender las emociones como procesos dinámicos está el estudio de las dimensiones de las emociones. Se refiere a que en la tarea de entender las emociones parece muy útil tener en cuenta dos dimensiones que se han encontrado reiteradamente, una relacionada con la valencia emocional (agrado-desagrado) y otra, con la activación o alerta (activación alta-activación baja). Cada emoción podría entonces entenderse desde esas dos dimensiones. Por ejemplo, la alegría sería una emoción con alta valencia (agrado) y alta activación, mientras que la tristeza tendría una baja valencia (desagrado) y moderada-baja activación. El hecho de conceptualizar las emociones de forma dimensional tiene implicaciones importantes para su comprensión. Pensemos en los niños; antes de etiquetar las emociones (de ponerles nombre), saben decirnos si se sienten bien o mal. Puede ser que no nos sepan decir que están tristes, porque su repertorio léxico aún no les permite ese etiquetaje, pero sí nos expresan con palabras o con conductas un estado de valencia positiva o negativa y una intensidad de la activación fisiológica alta o baja (por ejemplo, aprendo que un sentimiento agradable e intenso se llama alegría).

¿PARA QUÉ SIRVEN LAS EMOCIONES?

Llevamos ya un rato hablando de las emociones. Vemos que el mundo emocional es complejo y muy difícil de apresar. Ni siquiera sabemos cuántas emociones hay. Pero parece claro que es algo muy importante en el funcionamiento cotidiano de los seres humanos. Tener emociones es como tener ojos, forma parte de nosotros. La estrategia de suprimirlas parece que no funciona.

Si las emociones están aquí para quedarse, seguramente es porque tienen alguna utilidad.

Las emociones se consideran como disposiciones a la acción, es decir, como la gasolina que nos impulsa a realizar ciertas conductas. Así, el miedo nos impulsa a escapar, la tristeza a pararnos, el enfado a atacar, la curiosidad a acercarnos, el afecto por los hijos a cuidarlos, etc. Existe pues una relación íntima entre la emoción y la motivación. Sí, parece que la emoción nos motiva a actuar de distintas maneras. Esa es la utilidad más relevante de las emociones. Sin ellas no podríamos hacer casi nada. Son importantes aquí de nuevo las dos dimensiones de valencia y activación. La valencia tiene que ver con que una emoción vaya dirigida hacia una meta (si es agradable me lleva a acercarme y si es desagradable a alejarme) y la activación con la fuerza de la motivación para hacerlo.

Por ejemplo, veo a una persona querida por la calle que hace tiempo que no he visto y siento una emoción positiva, primero de sorpresa y luego de alegría y cariño (alto agrado, alta activación), que me impulsa a cruzar la calle y acercarme para saludarle y darle un abrazo. Por eso es muy importante escuchar a las emociones y no huir de ellas; lo que nos dicen es muy relevante para nuestro bienestar, incluso lo que nos dicen las emociones negativas (desagradables). Y ojo, porque, aunque esto parezca lógico, estamos asistiendo desde hace un tiempo en nuestra cultura occidental a una tendencia a huir de las emociones negativas, a no hacerles caso. Por ejemplo, me interesa mucho el caso del duelo, la tristeza profunda que sentimos cuando perdemos a alguien querido (una emoción de valencia negativa e intensa). Esa emoción nos va a decir que paremos, y parar es duro, pero tiene una utilidad, hay que hacer caso a la emoción. Algo importantísimo en nuestro ambiente (la persona fallecida) ya no está y necesitamos tiempo para reorganizarnos, para colocarnos de nuevo en el mundo sin esa persona.

Lo que nos dice la tristeza es: «¡Para!, necesitas tiempo para mirar a tu alrededor y recolocarte». Es algo muy útil que compartimos con otras especies como nuestros primos los simios y otros mamíferos. Muchas culturas, incluida la nuestra, favorecen que se produzca ese duelo de forma adecuada con los ritos y convenciones que se han establecido como ir al entierro, velar al muerto, o brindar ayuda a los familiares más cercanos para que puedan dejar de hacer por un tiempo las tareas cotidianas (hacerles la comida, darle días libres en el trabajo, etc.). Poco a poco, vamos elaborando la pérdida, no sólo racionalmente (aceptando que ya no volveremos a ver a esa persona) sino también emocionalmente (la tristeza va bajando su intensidad hasta que se convierte en una tristeza serena, que nos permite continuar con nuestras vidas). No parecen entonces adecuadas algunas de las cosas a las que asistimos actualmente, como, por ejemplo, que el familiar que se encuentra muy mal, no vaya al entierro, darle enseguida pastillas para que no sienta, o que vuelva a sus tareas cotidianas inmediatamente. Aunque la intención es buena (evitar sufrimiento), el sufrimiento se mitigará a corto plazo, pero hay muchas posibilidades de que vuelva, a veces en la forma de un duelo que denominamos patológico y que se considera una condición clínica que necesita tratamiento profesional.

Es decir, no hay emociones buenas ni malas, hay emociones agradables y desagradables, pero todas tienen una utilidad. Tenemos que aprender a reconocerlas y escucharlas, no es una buena solución huir de ellas o suprimirlas.

Las emociones son, pues, una guía en nuestra estructura psicológica, nos indican cosas relevantes, después nosotros decidimos cómo actuar ante esa información. La buena gestión emocional, la regulación sana de las emociones comienza por ser capaces de aceptar que las emociones están ahí y que tenemos que escucharlas. La segunda parte es aprender qué es lo mejor que podemos hacer con la información que nos proporcionan.

Hasta aquí hemos visto la función comunicativa que tiene la emoción con nosotros mismos. Las emociones «nos dicen» cosas. Pero también «dicen cosas a los demás».

Las emociones también sirven para comunicarnos con los demás. El duelo nos sirve otra vez para ejemplificarlo. La expresión de dolor y tristeza comunica a los demás que estoy experimentando una emoción de valencia negativa. Eso hace que el grupo social, primero preste atención, y luego reaccione con las conductas de apoyo que hemos comentado antes. Un aspecto muy relevante en la comunicación emocional es la empatía (la capacidad de entender los sentimientos del otro, poder identificarme con otra persona y compartir en alguna medida esos sentimientos). Expresar las emociones sirve para comunicarme con los demás. Algunas personas aprenden a suprimir la expresión de las emociones y eso les genera mucho sufrimiento, porque se lo pasan mal pero los demás no lo saben, y eso les hace sentir enormemente solos. Otras personas que tienen alta intensidad emocional y dificultades en regularla expresan tan intensamente sus emociones que los demás no pueden empatizar (les parece demasiado), y también se sienten rechazadas y poco entendidas. Aquí aparece un problema en el lenguaje emocional, a veces, hablamos idiomas emocionales distintos, y no nos entendemos.

RECUERDE QUE…

Las emociones son

fenómenos esenciales para nuestro funcionamiento.

Definimos las emociones en función de sus

características

. Se producen cuando una persona evalúa una situación como relevante para una meta concreta y son multidimensionales (involucran a estructuras y funciones de todo el cuerpo).

No sabemos cuántas emociones hay.

Existen algunas expresiones emocionales (aunque menos de las que creíamos) que son universales, pero las emociones también están influenciadas por la cultura. Esto hace que las experiencias emocionales sean muy numerosas.

Las emociones se pueden entender en función de

dos dimensiones:

la valencia (agrado-desagrado) y la activación (alta-baja). El estudio a partir de estas dimensiones está proporcionando avances importantes en la comprensión de las emociones y de los problemas emocionales.

No hay emociones malas ni buenas,

todas son útiles.

Nos sirven de

guía para tomar decisiones

en nuestra vida cotidiana y

para comunicarnos con los demás.

Capítulo 2

Emociones y cerebro

Magdalena Méndez-López

Universidad de Zaragoza

Marta Méndez

Universidad de Oviedo

Los hombres deben saber que de nada más que de ahí viene las alegrías, delicias, risas y deportes, y tristezas, penas, desalientos y lamentaciones…Y por el mismo órgano nos volvemos locos y delirantes, y los miedos y terrores nos asaltan… Todas estas cosas perduran en el cerebro cuandono está saludable, sino más caliente, más frío, más húmedo o más seco que lo natural, o cuando sufre cualquier otra afección preternatural e inusual.

Hipócrates (460 a. C.-370 a. C.)

La preocupación por entender nuestras emociones y qué las provoca viene de antiguo, como se aprecia en estas líneas. Las conclusiones de Hipócrates, padre de la medicina occidental, suponen atribuir al cerebro las emociones y, también, las enfermedades relacionadas con la emoción. Esta forma de pensar de la Grecia antigua se adelantaba a lo que hoy se puede defender apoyado en evidencias científicas: la emoción tiene una base biológica y el protagonista es el cerebro. Además, ofrecía una idea optimista sobre el abordaje de las enfermedades mentales, al atribuirlas a lo físico (esto es: corporal) y no a un fenómeno mágico (por ejemplo: un hechizo o una imposición divina). Si un problema emocional tiene que ver con que el cerebro no está bien, si conocemos lo que va mal y se puede cambiar, el problema puede mejorar o resolverse.

Cuando hablamos, en nuestras conversaciones del día a día, también estamos defendiendo que lo emocional está ligado a lo corporal. Seguramente, el lector habrá utilizado en varias ocasiones expresiones como: «me dejó mal cuerpo», en referencia a una triste noticia, «perdí la cabeza», ante una reacción emocional inapropiada, o «no tiene sangre en las venas», cuando alguien no es compasivo, entre otras descripciones de este tipo.

Del lenguaje popular mencionado en el párrafo anterior se pueden obtener dos ideas: la primera, la emoción va acompañada de cambios en nuestro cuerpo (se puede ver en la expresión «me dejó mal cuerpo»); la segunda, el cerebro «controla» la emoción (con la frase: «perdí la cabeza»).

Vamos a describir el papel del cerebro en la expresión emocional básica, pero también en la regulación emocional. La descripción de la función del sistema nervioso en el estudio de la conducta emocional es pertinente en tanto que contribuye a la comprensión del comportamiento emocional.

LA IMPORTANCIA DE LA AMÍGDALA EN LA EMOCIÓN

La amígdala es una región situada en el interior del lóbulo temporal (tanto izquierdo como derecho, pues tenemos dos lóbulos temporales). Sus neuronas se activan al detectar estímulos relevantes desde un punto de vista biológico, como podría ser un perro que viene hacia nosotros en actitud agresiva o una botella de agua fresca en la nevera al regresar de una intensa caminata. En la Figura 1 mostramos una representación de la situación de la amígdala en el cerebro.

Figura 1. Situación de la amígdala.

En ocasiones, aprendemos a tener miedo a estímulos que no tienen por qué generarlo; está relacionado con experiencias personales que forman memorias de miedo